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Día: 25 de noviembre de 2017 (página 1 de 1)

Rusia es el principal protagonista del mercado energético mundial

Rusia se ha convertido en el principal actor del mercado energético mundial, arrinconando a Arabia saudí tras más de medio siglo. Además, Rusia se ha aliado con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), convertiéndose en el país más influyente de dicha organización, a pesar de que no forma parte de ella.

“Putin es ahora el zar de la energía mundial”, sostiene Helima Croft, antigua analista de la CIA, que dirige la estrategia mundial de materias primas en el banco de inversión global RBC Capital Markets LLC.

Desde que a finales del pasado año, la OPEP y Rusia acordaron reducir la producción petrolera, Rusia se ha convertido en el país más influyente del mercado mundial.

Moscú va a jugar un papel clave el próximo 30 de noviembre cuando los países miembros y no miembros de la OPEP discutirán la prolongación de aquel acuerdo hasta finales del 2018.

La exportación de materias primas le ha permitido a Rusia practicar una política exterior capaz de contrarrestar la influencia de Estados Unidos en todo el mundo a través de medidas económicas, diplomáticas, militares y de inteligencia. Esa estrategia, respaldada por la vasta riqueza de recursos naturales de Rusia, está en pleno funcionamiento.

Pero a la monarquía saudí —el mayor productor de petróleo en el mundo— no le gusta la prolongación de este acuerdo. Por un lado, está descontenta con la extensa carga de los recortes asumidos, y por otro, dice que no todos los firmantes del convenio cumplen con ello.

Los saudíes necesitan un gran socio productor de petróleo para influir de manera efectiva en el mercado, mientras que para Rusia se presenta una gran oportunidad para jugar un papel económico y geopolítico creciente en Oriente Medio, afirma Edward C. Chow, miembro del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington.

Con el 13,2 por ciento de las exportaciones mundiales de petróleo y el 18,9 por ciento de las del gas, el año pasado Rusia encabezó ambos indicadores.

La extracción de crudo ha crecido en Rusia durante ocho años seguidos y ha marcado un nuevo registro tras la caída de la URSS con 11,2 millones de barriles diarios.

Una situación similar se registró en la extracción de gas: aumentó el 0,5 por ciento en 2016, situándose en el 5,2 por ciento de la mundial.

El aumento de la generación de energía procedente de fuentes renovables fue del 6,9 por ciento, en contra el promedio del 4 por ciento de los últimos 10 años.

https://www.bloomberg.com/news/articles/2017-11-24/putin-crowns-himself-opec-king

Estados Unidos es la mayor cárcel que ha conocido la historia

Con 2,2 millones de personas presas, Estados Unidos es el primer país en población carcelaria. Y gran parte de este número es población negra y latina. Desde las calles del país, decenas de organizaciones denuncian la discriminación existente en el sistema legal y penal estadounidense. Hablamos con Juan Cartagena, presidente de Latino Justice y una de las principales voces en la lucha contra el racismo institucional.

Estados Unidos es el país con mayor proporción de población penitenciaria, y de esta, una gran mayoría es latinoamericana y latina. ¿Hasta qué punto el sistema penal estadounidense está dirigido contra la población no blanca?

Vamos a empezar por el hecho de que este país tiene una actitud de castigar de forma muy severa a personas que han cometido errores que van contra las leyes penales. Es una actitud de castigo que sirve, no solamente para encarcelar personas, sino también para castigar mucho después de que salgan de prisión. Por una parte, a estas personas se les hace casi imposible encontrar trabajo, buscar vivienda pública y, en 48 de los 50 Estados, se les quita un derecho tan básico para la ciudadanía americana como es el derecho al voto. En 11 de estos Estados, se les quita el derecho a voto para siempre. En los otros hay diferentes maneras para restaurar este derecho después de un cierto tiempo.

En los dos Estados que permiten el voto a los presos, este se hace desde sus celdas, igual que en Puerto Rico, Canadá y Sudáfrica. Es solo un ejemplo de cómo este país en su totalidad sigue una actitud bastante severa en cuanto a castigar a personas que hayan cometido cualquier delito, muchas veces delitos no violentos, como posesión de drogas. En muchas ocasiones se castiga, incluso a personas que no tienen antecedentes, con sentencias de 10, 15 ó más de 20 años. En Estados Unidos tenemos, no solo la proporción de personas encarceladas más alta del mundo, sino también la cantidad total: 2,2 millones de personas están encarceladas hoy en día.

Estados Unidos es un país referente en cuanto a la privatización de las cárceles. Esta industria penitenciaria influirá en que la población de las cárceles sea tan alta.

Definitivamente, la cárcel es un negocio en diferentes maneras. En primer lugar existen corporaciones que tienen contratos con el Gobierno federal en particular. Esto afecta especialmente a la comunidad latina ya que la tasa de camas que existe en el sistema penitenciario privado es mucho más alta en los centros de detención de migrantes. Desde ese punto de vista, la inversiones del sector privado ha sido bastante alta. Con la administración del presidente Obama hubo un cambio. El gobierno federal estuvo a punto de terminar todos los contratos con el sector privado, pero cuando llegó Trump eso cambió drásticamente.

Me acuerdo, el anuncio se hizo en agosto de 2016. Entonces, ¿no se cumplíó esta promesa? ¿Las cárceles federales siguen siendo privadas?

Sí. Todo empezó por unos estudios que mostraban que la frecuencia de abuso a reos era mucho más alta en prisiones privadas que en las gestionadas por el gobierno. El Gobierno federal tuvo que pagar mucho dinero en indemnizaciones por los litigios que surgieron por violaciones de derechos a presos, por lo tanto, la Administración de Obama decidió terminar con estos contratos, pero con Trump se revocó esta decisión. Por otro lado, volviendo al tema de la industria penitenciaria y la alta población carcelaria, también la economía local de diferentes Estados muchas veces depende del hecho de contar con una prisión, sea de gestión pública o privada.

La prisión provee trabajo para las personas que trabajan en ellas, pero también para las industrias que se benefician de los las personas que visitan a familiares o amigos presos: restaurantes de comida rápida, hoteles, moteles, cadenas de autobuses… Existen pequeñas economías en sectores locales en los que el único negocio tal vez sea la prisión. Peor aún, el Gobierno federal, a la hora de determinar la población en el censo que vive en los distritos legislativos estatales para balancear la población para cada representante, cuenta también con las personas encarceladas como si fueran residentes del territorio donde está ubicada la cárcel, que suele estar a cinco o seis horas de los centros urbanos.

Volvamos ahora a la discriminación o criminalización de la población afroamericana y latina en el sistema penal. ¿Cuál es su punto de inicio?

Todo empieza precisamente con el perfil racial, es decir, el hecho de que la policía, ya sea estatal, federal o local, determina selectivamente cómo va a aplicar la ley penal, y muchas veces lo hacen basándose en estereotipos. Piensan que la cantidad de criminalidad en un vecindario tiene mucho que ver con la raza de las personas que viven en ese vecindario y tal vez con el hecho de que sean migrantes. Ese estereotipo ha sido probado muchas veces en las Cortes, incluso en litigios que hemos impulsado desde mi oficina. Es un prejuicio que no tiene sentido. Las personas cometen delitos sin importar su raza. El mejor ejemplo es el consumo de drogas. Se ha comprobado un sin número de veces que se da en igual proporción en cada raza y etnia en este país. Personas blancas americanas consumen, venden y compran drogas a sus vecinos blancos en proporciones iguales o incluso mayores que afroamericanos o latinos. Pero la aplicación de las leyes antidrogas se hace de manera totalmente selectiva.

Lo que se ve en las Cortes y en las cárceles es una gran mayoría de personas negras y latinoamericanas, la mayoría de veces por posesión de drogas. Segundo, también el sistema tiene mucho que ver con el poder económico, con tener dinero para pagar la fianza. Muchas personas están encarceladas porque no tienen dinero para pagar su libertad hasta que llegue la fecha de juicio. Las personas que se declaran culpables de delitos menores, que no tienen que ser por los que fueron acusados inicialmente, muchas veces lo hacen solo para salir libres de la cárcel antes, y no tienen acceso al dinero para pagar la fianza.

También hemos visto que mostrar mano dura contra el crimen es una ventaja en el terreno político. Hay muchos candidatos que prefieren encarcelar sin preocuparse de lo que las acciones que se dan las prisiones para rehabilitar a los presos. Lo hacen a propósito porque la mano dura siempre atrae votos. En las elecciones que tuvimos esta semana [la entrevista se realizó el 10 de noviembre] en New Jersey, Pensilvania y Virginia, los candidatos republicanos hicieron todo lo posible para pintar con una criminalidad excesiva a las comunidades migrantes de latinos: los relacionan con la mara Salvatrucha 13, utilizan imágenes de latinos indocumentados a las que a veces les pasan un filtro para oscurecer su piel diciendo que estas personas van a traer violencia… El campo político está bien controlado por mensajes y propaganda que mueven estos estereotipos de criminalidad latina.

Y esto también ha ido a peor con Trump.

Exacto, especialmente ha ido a peor con Trump. Trump cuando era candidato ya dijo que los latinoamericanos eran violadores y asesinos. Cuando vino a Nueva York [en julio] para expresar su mano dura contra las maras y dijo claramente a la policía que la próxima vez que detuvieran a personas de este perfil no se apuraran si golpeaban sus cabezas contra el techo de la patrulla, que no se preocuparan de tratarlos de manera justa. Lo dijo así, promoviendo el abuso policial.

Justo con el tema de la violencia policial, desde muchos colectivos estadounidenses se lleva mucho tiempo denunciando abusos, especialmente contra población negra y latina. ¿Alguna respuesta?

Si, pero muchas veces la respuesta viene de nosotros, de los abogados de derechos civiles y constitucionales que no estamos afiliados al Gobierno y tenemos la capacidad de impulsar demandas.

Ahora mismo tenemos litigios pendientes en las Cortes federales por perfil racial en contra de la Policía y fiscales. Este perfil racial se puede observar en cada una de las fases: en la decisión de arrestar o no arrestar, de meter en prisión, de acusar y de qué cargos, a la hora de marcar fianza o no, de procesar o no a la persona, hasta la sentencia. En cada una de estas fases el análisis demográfico muestra que la comunidad afroamericana en particular, y también muchas veces la latinoamericana tiene más proporción de personas que son tratadas de manera mucho más dura que los blancos, incluso cuando los blancos tengan antecedentes y una acusación inicial más graves. Se ve cómo en las Cortes muchas veces ser blanco en este país tiene muchas ventajas. Y lo hemos visto muchas veces.

Cuando llegamos al segundo mandato de Obama se intentó vigilar las prácticas policiales. La administración de Obama hizo cosas que nunca se habían visto antes: el propio gobierno presentó litigios contra diferentes departamentos de policía –lo hicieron en Puerto Rico, en Nueva Orleans, en Chicago, en Los Ángeles, en New Jersey y en Nueva York– y Obama fue el primer presidente de la historia de Estados Unidos que ha visitado una prisión federal y ha hablado directamente con los presos. Hubo un cambio que no fue tan rápido, pero lo hubo. Y ahora, no solamente tenemos al señor Trump, sino también el fiscal general que él mismo nombró, Jeff Sessions, de Alabama, que es muy conservador. Su actitud es como si estuviera en los años 40 ó 50, de mano dura con el crimen, sin dar tregua, cuando todo demuestra que esta necesidad insaciable de castigar está proveyendo menos seguridad pública.

La Administración general no ve un problema en que la tasa de encarcelación de Estados Unidos sea la más alta del mundo. Tenemos menos del 5 por ciento de la población mundial pero tenemos el 25 por ciento de todas las personas encarceladas del mundo y 42 por ciento de todos los que poseen armas a nivel mundial están en este país. No conozco a ninguna persona que no esté directamente afectada. Todo el mundo conoce a gente o tiene algún familiar en prisión. Yo mismo tengo familiares en las prisiones y he sufrido esta persecución por perfil racial caminando por la calle. Hay una presencia policial excesiva que tiene consecuencias. Hay 2,2 millones en las cárceles, pero además hay otros 70 millones que tienen antecedentes penales, que han pasado por la cárcel, han sido arrestadas en algún momento, han estado bajo vigilancia o han pagado una multa. Esas personas están buscando trabajo y en muchos Estados permiten preguntar en las solicitudes de empleo, no solamente si se ha estado preso por un delito, sino si alguna vez ha sido arrestado. Decir que sí la mayoría de veces resulta en que no consigas el empleo.

En Estados Unidos los jueces tienen bastante poder de interpretación, ¿puede tener también influencia que la judicatura sea mayoritariamente blanca o que en algunos Estados los jueces sean elegidos por la población?

En algunas partes del país los jueces son elegidos por los votantes, como los fiscales, y eso tiene unas consecuencias bastante grandes en el campo del sistema penal. Cada uno compite por ser más severo que el otro. Pero en los últimos 20 ó 30 años hasta los jueces se quejan de que no tienen poder para desviarse de las sentencias imperativas [sentencias mínimas obligatorias] que provee la legislatura. Por ejemplo, en este país hasta recientemente, para personas que consumen cocaína la sentencia fue más severa si es fumada –crack– que si se ingiere por la nariz o boca. Esa diferencia fue establecida por el Congreso durante la ola de consumo de crack. Todos sabían que el crack era más económico y su uso era más habitual en comunidades afroamericanas y latinas que en las comunidades blancas. En este tema, por ejemplo, un juzgado federal no tiene posibilidad de evitar esa condena mínima obligatoria y está obligado a sentenciar con la misma mano dura.Con 2,2 millones de personas presas, Estados Unidos es el primer país en población carcelaria. Y gran parte de este número es población negra y latina. Desde las calles del país, decenas de organizaciones denuncian la discriminación existente en el sistema legal y penal estadounidense. Hablamos con Juan Cartagena, presidente de Latino Justice y una de las principales voces en la lucha contra el racismo institucional.

Estados Unidos es el país con mayor proporción de población penitenciaria, y de esta, una gran mayoría es latinoamericana y latina. ¿Hasta qué punto el sistema penal estadounidense está dirigido contra la población no blanca?

Vamos a empezar por el hecho de que este país tiene una actitud de castigar de forma muy severa a personas que han cometido errores que van contra las leyes penales. Es una actitud de castigo que sirve, no solamente para encarcelar personas, sino también para castigar mucho después de que salgan de prisión. Por una parte, a estas personas se les hace casi imposible encontrar trabajo, buscar vivienda pública y, en 48 de los 50 Estados, se les quita un derecho tan básico para la ciudadanía americana como es el derecho al voto. En 11 de estos Estados, se les quita el derecho a voto para siempre. En los otros hay diferentes maneras para restaurar este derecho después de un cierto tiempo.

En los dos Estados que permiten el voto a los presos, este se hace desde sus celdas, igual que en Puerto Rico, Canadá y Sudáfrica. Es solo un ejemplo de cómo este país en su totalidad sigue una actitud bastante severa en cuanto a castigar a personas que hayan cometido cualquier delito, muchas veces delitos no violentos, como posesión de drogas. En muchas ocasiones se castiga, incluso a personas que no tienen antecedentes, con sentencias de 10, 15 ó más de 20 años. En Estados Unidos tenemos, no solo la proporción de personas encarceladas más alta del mundo, sino también la cantidad total: 2,2 millones de personas están encarceladas hoy en día.

Estados Unidos es un país referente en cuanto a la privatización de las cárceles. Esta industria penitenciaria influirá en que la población de las cárceles sea tan alta.

Definitivamente, la cárcel es un negocio en diferentes maneras. En primer lugar existen corporaciones que tienen contratos con el Gobierno federal en particular. Esto afecta especialmente a la comunidad latina ya que la tasa de camas que existe en el sistema penitenciario privado es mucho más alta en los centros de detención de migrantes. Desde ese punto de vista, la inversiones del sector privado ha sido bastante alta. Con la administración del presidente Obama hubo un cambio. El gobierno federal estuvo a punto de terminar todos los contratos con el sector privado, pero cuando llegó Trump eso cambió drásticamente.

Me acuerdo, el anuncio se hizo en agosto de 2016. Entonces, ¿no se cumplíó esta promesa? ¿Las cárceles federales siguen siendo privadas?

Sí. Todo empezó por unos estudios que mostraban que la frecuencia de abuso a reos era mucho más alta en prisiones privadas que en las gestionadas por el gobierno. El Gobierno federal tuvo que pagar mucho dinero en indemnizaciones por los litigios que surgieron por violaciones de derechos a presos, por lo tanto, la Administración de Obama decidió terminar con estos contratos, pero con Trump se revocó esta decisión. Por otro lado, volviendo al tema de la industria penitenciaria y la alta población carcelaria, también la economía local de diferentes Estados muchas veces depende del hecho de contar con una prisión, sea de gestión pública o privada.

La prisión provee trabajo para las personas que trabajan en ellas, pero también para las industrias que se benefician de los las personas que visitan a familiares o amigos presos: restaurantes de comida rápida, hoteles, moteles, cadenas de autobuses… Existen pequeñas economías en sectores locales en los que el único negocio tal vez sea la prisión. Peor aún, el Gobierno federal, a la hora de determinar la población en el censo que vive en los distritos legislativos estatales para balancear la población para cada representante, cuenta también con las personas encarceladas como si fueran residentes del territorio donde está ubicada la cárcel, que suele estar a cinco o seis horas de los centros urbanos.

Volvamos ahora a la discriminación o criminalización de la población afroamericana y latina en el sistema penal. ¿Cuál es su punto de inicio?

Todo empieza precisamente con el perfil racial, es decir, el hecho de que la policía, ya sea estatal, federal o local, determina selectivamente cómo va a aplicar la ley penal, y muchas veces lo hacen basándose en estereotipos. Piensan que la cantidad de criminalidad en un vecindario tiene mucho que ver con la raza de las personas que viven en ese vecindario y tal vez con el hecho de que sean migrantes. Ese estereotipo ha sido probado muchas veces en las Cortes, incluso en litigios que hemos impulsado desde mi oficina. Es un prejuicio que no tiene sentido. Las personas cometen delitos sin importar su raza. El mejor ejemplo es el consumo de drogas. Se ha comprobado un sin número de veces que se da en igual proporción en cada raza y etnia en este país. Personas blancas americanas consumen, venden y compran drogas a sus vecinos blancos en proporciones iguales o incluso mayores que afroamericanos o latinos. Pero la aplicación de las leyes antidrogas se hace de manera totalmente selectiva.

Lo que se ve en las Cortes y en las cárceles es una gran mayoría de personas negras y latinoamericanas, la mayoría de veces por posesión de drogas. Segundo, también el sistema tiene mucho que ver con el poder económico, con tener dinero para pagar la fianza. Muchas personas están encarceladas porque no tienen dinero para pagar su libertad hasta que llegue la fecha de juicio. Las personas que se declaran culpables de delitos menores, que no tienen que ser por los que fueron acusados inicialmente, muchas veces lo hacen solo para salir libres de la cárcel antes, y no tienen acceso al dinero para pagar la fianza.

También hemos visto que mostrar mano dura contra el crimen es una ventaja en el terreno político. Hay muchos candidatos que prefieren encarcelar sin preocuparse de lo que las acciones que se dan las prisiones para rehabilitar a los presos. Lo hacen a propósito porque la mano dura siempre atrae votos. En las elecciones que tuvimos esta semana [la entrevista se realizó el 10 de noviembre] en New Jersey, Pensilvania y Virginia, los candidatos republicanos hicieron todo lo posible para pintar con una criminalidad excesiva a las comunidades migrantes de latinos: los relacionan con la mara Salvatrucha 13, utilizan imágenes de latinos indocumentados a las que a veces les pasan un filtro para oscurecer su piel diciendo que estas personas van a traer violencia… El campo político está bien controlado por mensajes y propaganda que mueven estos estereotipos de criminalidad latina.

Y esto también ha ido a peor con Trump.

Exacto, especialmente ha ido a peor con Trump. Trump cuando era candidato ya dijo que los latinoamericanos eran violadores y asesinos. Cuando vino a Nueva York [en julio] para expresar su mano dura contra las maras y dijo claramente a la policía que la próxima vez que detuvieran a personas de este perfil no se apuraran si golpeaban sus cabezas contra el techo de la patrulla, que no se preocuparan de tratarlos de manera justa. Lo dijo así, promoviendo el abuso policial.

Justo con el tema de la violencia policial, desde muchos colectivos estadounidenses se lleva mucho tiempo denunciando abusos, especialmente contra población negra y latina. ¿Alguna respuesta?

Si, pero muchas veces la respuesta viene de nosotros, de los abogados de derechos civiles y constitucionales que no estamos afiliados al Gobierno y tenemos la capacidad de impulsar demandas.

Ahora mismo tenemos litigios pendientes en las Cortes federales por perfil racial en contra de la Policía y fiscales. Este perfil racial se puede observar en cada una de las fases: en la decisión de arrestar o no arrestar, de meter en prisión, de acusar y de qué cargos, a la hora de marcar fianza o no, de procesar o no a la persona, hasta la sentencia. En cada una de estas fases el análisis demográfico muestra que la comunidad afroamericana en particular, y también muchas veces la latinoamericana tiene más proporción de personas que son tratadas de manera mucho más dura que los blancos, incluso cuando los blancos tengan antecedentes y una acusación inicial más graves. Se ve cómo en las Cortes muchas veces ser blanco en este país tiene muchas ventajas. Y lo hemos visto muchas veces.

Cuando llegamos al segundo mandato de Obama se intentó vigilar las prácticas policiales. La administración de Obama hizo cosas que nunca se habían visto antes: el propio gobierno presentó litigios contra diferentes departamentos de policía –lo hicieron en Puerto Rico, en Nueva Orleans, en Chicago, en Los Ángeles, en New Jersey y en Nueva York– y Obama fue el primer presidente de la historia de Estados Unidos que ha visitado una prisión federal y ha hablado directamente con los presos. Hubo un cambio que no fue tan rápido, pero lo hubo. Y ahora, no solamente tenemos al señor Trump, sino también el fiscal general que él mismo nombró, Jeff Sessions, de Alabama, que es muy conservador. Su actitud es como si estuviera en los años 40 ó 50, de mano dura con el crimen, sin dar tregua, cuando todo demuestra que esta necesidad insaciable de castigar está proveyendo menos seguridad pública.

La Administración general no ve un problema en que la tasa de encarcelación de Estados Unidos sea la más alta del mundo. Tenemos menos del 5 por ciento de la población mundial pero tenemos el 25 por ciento de todas las personas encarceladas del mundo y 42 por ciento de todos los que poseen armas a nivel mundial están en este país. No conozco a ninguna persona que no esté directamente afectada. Todo el mundo conoce a gente o tiene algún familiar en prisión. Yo mismo tengo familiares en las prisiones y he sufrido esta persecución por perfil racial caminando por la calle. Hay una presencia policial excesiva que tiene consecuencias. Hay 2,2 millones en las cárceles, pero además hay otros 70 millones que tienen antecedentes penales, que han pasado por la cárcel, han sido arrestadas en algún momento, han estado bajo vigilancia o han pagado una multa. Esas personas están buscando trabajo y en muchos Estados permiten preguntar en las solicitudes de empleo, no solamente si se ha estado preso por un delito, sino si alguna vez ha sido arrestado. Decir que sí la mayoría de veces resulta en que no consigas el empleo.

En Estados Unidos los jueces tienen bastante poder de interpretación, ¿puede tener también influencia que la judicatura sea mayoritariamente blanca o que en algunos Estados los jueces sean elegidos por la población?

En algunas partes del país los jueces son elegidos por los votantes, como los fiscales, y eso tiene unas consecuencias bastante grandes en el campo del sistema penal. Cada uno compite por ser más severo que el otro. Pero en los últimos 20 ó 30 años hasta los jueces se quejan de que no tienen poder para desviarse de las sentencias imperativas [sentencias mínimas obligatorias] que provee la legislatura. Por ejemplo, en este país hasta recientemente, para personas que consumen cocaína la sentencia fue más severa si es fumada –crack– que si se ingiere por la nariz o boca. Esa diferencia fue establecida por el Congreso durante la ola de consumo de crack. Todos sabían que el crack era más económico y su uso era más habitual en comunidades afroamericanas y latinas que en las comunidades blancas. En este tema, por ejemplo, un juzgado federal no tiene posibilidad de evitar esa condena mínima obligatoria y está obligado a sentenciar con la misma mano dura.

—https://elsaltodiario.com/racismo/juan-cartagena-en-ee-uu-el-perfil-racial-se-observa-desde-el-momento-de-la-detencion-hasta-la-sentencia

Las grandes potencias se preparan para una guerra en el espacio exterior

Expertos de Australia, Canadá, Estados Unidos, Rusia y China, llevan a cabo un proyecto plurianual para regular el uso militar del espacio ultraterrestre, una especie de manual jurídico llamado MILAMOS que reduzca la posibilidad de una guerra en el espacio, o si ocurre, reducir el impacto en la infraestructura espacial.

En los países occidentales, entre un 6 y un 7 por ciento del PIB depende de la navegación por satélite y las señales de GPS para la navegación, la comunicación, la banca, la agricultura, los viajes y el propio internet.

Los satélites de comunicaciones se aplican no solo para televisión de transmisión directa, sino también para habilitar muchas redes terrestres. En áreas remotas del mundo son el único medio de comunicación.

En un futuro cercano, los satélites de comunicaciones podrían proporcionar a todo el mundo internet de banda ancha.

Los satélites ayudan a obtener pronósticos meteorológicos y mejorar la producción agrícola. También ayudan a planificar el alivio de desastres, encontrar y explotar recursos naturales, registran indicadores de medio ambiente y muchas otras aplicaciones.

También en el contexto militar, los satélites se han vuelto esenciales. En junio de este año, la secretaria de la Fuerza Aérea estadounidense, Heather Wilson, dijo que una futura guerra en el espacio es probable y que Estados Unidos está invirtiendo fuertemente en mantener su dominio militar en el espacio:

“Debemos esperar que la guerra, de cualquier tipo, se extienda al espacio en cualquier conflicto futuro, y tenemos que cambiar la forma en que pensamos y nos preparamos para esa eventualidad”.

En 1991 la Primera Guerra del Golfo se consideró como la primera guerra espacial, aunque en realidad no se luchó en el espacio exterior. Más bien, las fuerzas de la coalición y los Estados Unidos se basaron en gran medida en el GPS y otras tecnologías satelitales para dirigir esa guerra.

Desde entonces, los artefactos espaciales han permitido una capacidad aún mayor para las fuerzas terrestres, marítimas y aéreas. Dado el uso dual de muchos satélites, un conflicto armado en el espacio podría ser catastrófico para la vida moderna.

El proyecto MILAMOS está dirigido por tres universidades: Adelaide en Australia, McGill en Canadá y Exeter en el Reino Unido. Esta financiado con dinero de los gobiernos de Australia y Canadá, así como de donantes privados.

Acusan de pedofilia a Clinton y a altos dirigentes políticos y financieros mundiales

Nos tememos que los lectores no son aficionados al porno duro, por lo que empezaremos por el principio de un relato que tiene los rasgos del mejor guión de Hollywood “basado en hechos reales”, debiendo aclarar dos cosas para no perder de vista la perspectiva general:

(A) la trastienda de esta película es una contraofensiva mediática de Trump frente a la campaña que viene padeciendo por parte de los medios, del Partido Demócrata y de Hillary Clinton.

(B) suponemos que los lectores saben la primera parte (la ofensiva contra Trump), pero no la segunda (la contraofensiva de Trump).

Se trata, pues, de hablar de la cara oculta que casi nadie ha visto, ni va a ver nunca en los medios, cuyo argumento se basa en que el antiguo Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton realizó 26 viajes en el avión privado del reconocido pedófilo Jeffrey Epstein.

A dicho avión, ampliamente utilizado por los famosos de Washington, Hollywood y Wall Street, la prensa lo llama “Lolita Express”. En él Epstein instaló camas y cámaras para filmar las orgías de sus invitados con niñas y niños menores de edad en las que también participaban dirigentes de otros países, como el Príncipe Andrés de la Corona Británica.

Ahora mismo mencionar a Epstein es como una maldición en Estados Unidos. En 2008 al financiero de Wall Street le condenaron por haberle pedido relaciones sexuales a una niña menor de edad. Pasó 13 meses en prisión y está fichado como delincuente sexual del nivel 3, el más elevado de las alertas policiales.

Según Fox News, la cadena que mejor conoce estas intimidades, el financiero trabajaba en colaboración con una cadena de traficantes de niños para organizar con ellos orgías en una residencia de lujo que tenía en Little St. James, en las Islas Vírgenes. La llamaban “la isla de la orgía”, donde Epstein vive de manera casi permanente.

Clinton formaba parte del entorno de Epstein, a pesar de ser plenamente consciente de que Epstein es un pedófilo. Ambos eran tal para cual.

Las especulaciones sobre la pedofilia de Clinton, que eran un secreto a voces, se hicieron públicas el año pasado en un artículo titulado “Bill Clinton Was Here: The Elite One-Percent’s’ Orgy Island’s Exposed” (1) y Gawker, un periodista ya fallecido, le añadió el eslabón que faltaba: los vínculos entre Clinton y Epstein (2).

Clinton viajaba en el “Lolita Express” acompañado de una actriz porno cuyo nombre aparece en la agenda de Epstein, en una sección titulada “masajes”, decía Gawker, lo cual es hoy de conocimiento público en Estados Unidos porque ha llegado a la portada de las cadenas más importantes de televisión.

Los diarios de abordo del avión demuestran que Clinton compartió más de una docena de vuelos con una “madam” a la que la fiscalía considera como la encargada de aportar los niños y niñas a los que Epstein violaba.

Una de esas niñas violadas, Virgina Roberts, ha manifestado ante un tribunal Federal que Epstein la había reclutado como esclava sexual cuando tenía 15 años y que fue utilizada como mercancía con personas “políticamente conectadas y financieramente poderosas”, incluido el príncipe Andrés y el abogado Alan Dershowitz.

Dos mujeres asociadas a Epstein, la laborista británica Ghislaine Maxwell, y su antigua asistente, Sarah Kellen, han sido acusadas de actuar como proxenetas reclutando niños y niñas para él, y también para ellas mismas.

Eso tampoco es nada novedoso: en 2007 la policía de Palm Beach ya inició una investigación en contra Kellen, pero la fiscalía le garantizó la impunidad, un cheque en blanco para seguir adelante con las violaciones, bien por presiones de algún potentado, bien a cambio de que denunciara a otros. Lo único seguro es que durante diez años la fiscalía le ha permitido continuar violando niños de manera impune.

La laborista británica Ghislaine Maxwell es hija del conocido magnate de la prensa Robert Maxwell. En la trama descubierta hasta ahora desempeñaba el papel de enlace con la Casa Real británica. Virgina Roberts le acusa de fotografiar a los menores durante las orgías. El disco duro de su ordenador está llenó de pornografía infantil. Al mismo tiempo, participaba en violaciones lésbicas con las mismas menores que captaba para Epstein.

Entre 2002 y 2003 Clinton compartió al menos 11 vuelos con ambas proxenetas, Maxwell y Kellen, en el avión de Epstein, siempre según los diarios de abordo de los pilotos, que ahora están a disposiciones de los tribunales estadounidenses.

Por ejemplo, en enero de 2002 Clinton, su asistente Doug Band y los guardaespaldas del servicio secreto viajaron entre Japón y Hong Kong con Epstein, Maxwell, Kellen y dos mujeres que figuran como “Janice” y “Jessica”.

Un mes más tarde los archivos indican que Clinton viajó de Miami a Westchester en compañía de Epstein, Maxwell, Kellen y alguien a la que se describe como una “adolescente”.

Aquel mismo año, Epstein le prestó el avión a Clinton para que realizara una gira “benéfica” por África durante una semana para “luchar contra la pobreza y el SIDA” en compañía de millonario Ron Burkle, del consejero de Seguridad Nacional, Gayle Smith, y de otros, como el violador confeso de Hollywood Kevin Spacey (3).

El diario de abordo denota la presencia durante cinco días de dos mujeres, la mencionada Kellen y Chauntae Davis, la azafata de vuelo del avión “Lolita Express” que aparece en varios apartados del “libro negro” de Epstein entre las “masajistas” de California. Es más conocida como modelo de lencería, actriz de series de HBO y películas como “Exposed”, cuyo director utiliza un seudónimo muy poco sutil: “Clinton J.Williams” (el nombre de Bill Clinton al revés).

(1) https://www.intellihub.com/elites-orgy-island-exposed/
(2) http://gawker.com/flight-logs-put-clinton-dershowitz-on-pedophile-billio-1681039971
(3) http://nymag.com/nymetro/news/people/n_7912/



El Presidente Bill Clinton con una de sus víctimas,
antes y después de la mayoría de edad

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