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Día: 1 de noviembre de 2017 (página 1 de 1)

Los jueces no encuentran pruebas de la ‘trama rusa’ que interfirió en las elecciones de 2016

Paul Manafort, jefe de campaña de Trump
Hace unos días la CNN aseguraba que el fiscal especial sobre el “candidato manchú”, Robert Muller, estaba a puntito de acusar a los responsables de la campaña electoral de Trump y que las pruebas eran secretas, lo mismo que los nombres implicados en esa gran conspiración rusa.

La política moderna se teje con ese tipo de filtraciones, que no son otra cosa que insinuaciones y, en el mejor de los casos, rumores, casi siempre sucios, ya que la prensa está por medio, que no es cualquier clase de farsante sino medios de esta catadura:

– Injerencia rusa en elecciones presidenciales es ‘guerra’ (El Sol de Toluca)

– Rusia interfirió ‘descaradamente’ en las elecciones de EEUU, según el ex jefe de la CIA (El Mundo)
– Rusia interfirió en las elecciones de Estados Unidos para ayudar a Donald Trump, dice FBI (Nación)
– Cómo fue el ‘hackeo’ de piratas informáticos de Rusia durante las elecciones de Estados Unidos (BBC)
– La propaganda de la trama rusa llegó a 10 millones de perfiles en Facebook (El País)

Antiguamente a los juristas ese tipo de disquisiciones solía sorprenderles porque, puestos a buscar hechos, lo que aparece es el vacío absoluto. No hay más que informes, todos ellos procedentes de las fuentes más solventes que uno pueda imaginar, tanto más solventes cuanto más arriba se encuentran en la escala de mando.

Un informe no prueba nada, y menos en un juicio, donde hacen falta pruebas. Luego nos enteramos que, además, esos informes habían sido encargados y pagados por el Partido Demócrata, convertido en “juez y parte”.

Uno de los acusados es Paul Manafort, el jefe de campaña de Trump, que tras la acusación formal se entregó al juez voluntariamente. El New York Times publica íntegramente el acta de inculpación, en la que sobre todo se habla de malversación de fondos y fraude fiscal (*). Según el juez, Manafort recibió dinero procedente “de Europa del este”.

En un registro que llevó a cabo en julio el FBI en su vivienda, aparece que Manafort era un lobista no declarado y un consultor del antiguo Presidente de Ucrania Viktor Ianukovich que padeció un golpe de Estado fascista en 2014 porque le acusaban de ser demasiado pro-ruso.

La primera en la frente: los hechos que se le imputan a Manafort no sólo son anteriores a la campaña electoral de Trump, sino anteriores a dicho golpe de Estado. Por supuesto, son absolutamente ajenos a Rusia, al Kremlin y a Putin.

Otro de los acusados es George Papadopoulos, que ha colaborado lealmente con el FBI en la investigación, es decir, que está jugando el papel de chivato para salvar su propio pellejo involucrando a los demás, lo cual sería suficiente para estimar que su testimonio no se puede considerar como prueba válida.

Pero veamos lo que dice el soplón. Asegura que estaba en contacto con el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores y la embajada rusa en Londres para organizar contactos con el equipo de Trump si éste ganaba las elecciones, algo que, por cierto, ha ocurrido en todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde 1945, al menos.

Pero prosigamos: a Papadopopulos no le acusan de eso sino haber mentido al FBI y perjudicar la investigación. No había sido miembro del equipo de campaña sino que era un voluntario que no cobraba por echar una mano, por lo que su papel era insignificante.

Ítem plus: de los documentos aportados por el FBI se desprende que los contactos de Papadopoulos con funcionarios rusos no eran directos. Lo que hizo fue utilizar a un amigo que vivía en Londres, un profesor que tenía “vínculos” con algún miembro de la embajada rusa en Londres para organizar el referido encuentro que, por cierto, nunca se produjo.

Dice Papadopoulos que le presentaron a una sobrina de Putin, de cuya existencia o inexistencia nada más se sabe…

La guerra sicológica sin cuartel que ha empredido la prensa estadounidense sobre la “trama rusa” nada en el vacío más absoluto.
No se corten Ustedes. En lugar de la basura periodística, echen un vistazo al acta judicial a ver si a nosotros se nos ha escapado algo que demuestre esa patética infiltración rusa en la Casa Blanca que llena las primeras planas y abre los informativos de la tele.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2017/10/30/us/politics/document-paul-manafort-rick-gates-indictment.html

El Pentágono quiere llevar tropas al Donbás con el aval de la ONU

Tras su encuentro con Poroshenko, Kurt Volker, el enviado especial de la Casa Blanca, delaró que antes de finales de este año Washington va a presentar una resolución a la ONU para introducir “tropas de mantenimiento de la paz” en el Donbas. Por si alguien tiene dudas, Volker aclaró que dichas tropas irań armadas, se desplegarán en las zonas de combate y deberán controlar la frontera ruso-ucraniana.

Sin ningún género de dudas, Rusia bloqueará la decisión del Consejo de Seguridad si el control de la frontera se entrega a esas “tropas de la paz”, lo que no es otra cosa que un bloqueo del Donbás que conducirá a que el ejército ucraniano invada las dos repúblicas de Lugansk y Donetsk y provoque una matanza a gran escala.

El Kremlin se ha reafirmado en su apoyo a los acuerdos firmados en Minsk.

Volker aseguró también que Estados Unidos quiere suministrar armas al gobierno de Kiev, lo que es otra provocación más que descarada. Putin ha dejado bien claro en repetidas ocasiones que esa es una linea roja que dará lugar a una respuesta por parte de Moscú.

¿Qué tipo respuesta? Una de ellas es que el gobierno ruso entregue pasaportes de forma masiva a la población de ambas repúblicas, lo que otorga al ejército ruso el derecho a utilizar la fuerza para proteger a sus ciudadanos en el Donbás.

La otra es el reconocimiento diplomático de las repúblicas, una medida que cada vez es más invocada en los altos funcionarios y medios rusos. Dicha medida iría vinculada a la renuncia definitiva a los Acuerdos de Minsk y se podría aprobar este mismo otoño.

Si Estados Unidos entrega armamento a Kiev, Rusia hará lo propio con las milicias del Donbás.

Hasta la fecha, Estados Unidos ha vendido armamento “defensivo” al gobierno de Ucrania y el Congreso presiona a Trump para que no lo hata con armas “letales”.

En realidad, en los últimos días de su gobierno, Obama firmó un contrato con la empresa AirTronic para que suministrara armamento al ejército ucraniano. Bajo cuerda las entregas de armas comenzaron entonces. Hace algunas semanas llegaron 100 lanzagranadas antitanque PSRL-1 a manos de la Guardia Nacional y del Batallón nazi Azov.

El gobierno de Colombia autoriza los bombardeos aéreos contra disidentes de las FARC

El ministro de Defensa de Colombia ha promulgado una directiva que autoriza al ejército a bombardear a las columnas formadas por guerrilleros de las FARC que se oponen a los acuerdos con el gobierno, según informó ayer el diario El Tiempo.

Se acaba la política y empieza la guerra. En contra de la retórica oficial, la Directiva 37 no considera a las unidades disidentes de las FARC como “delincuentes comunes” sino como “una amenaza para la seguridad nacional”.

El ejército y las fuerzas de seguridad solo están autorizados a utilizar fuerzas letales contra un número limitado de columnas armadas, a las que califica como GOA (grupos armados organizados). Con la excepción del ELN, el ejército califica de esa manera a las unidades formadas durante otros procesos de negociación con movimientos guerrilleros, como el EPL, que se desmovilizó en 1991.

Las unidades guerrilleras más pequeñas se consideran como “organizaciones delictivas comunes” que son el blanco de la Policía Nacional, no de los militares.

Tras un proceso de negociación con las FARC, el gobierno ha identificado más de una docena de facciones disidentes formadas por entre 500 y 1.000 miembros de las FARC que continúan la lucha. Si bien la mayoría de estas unidades son pequeñas, la más grande tiene aproximadamente 350 combatientes.

La directiva brinda el respaldo legal necesario para que el ejército pueda usar incluso las “operaciones beta”, es decir, bombardeos aéreos para evitar una nueva expansión de la organización guerrillera, ha dicho a El Tiempo un oficial del ejército.

Las unidades disidentes de las FARC permanecen activas principalmente en el sur de Colombia, donde no hay presencia del Estado y donde durante décadas la guerrilla ha ejercido las tareas de gobierno.

La mayor de estas columnas, dirigida por los comandantes de las FARC “Gentil Duarte” y “Jhon 40”, está activa en las zonas de Meta, Guaviare y Caquetá. El gobierno acusa a esta unidad de secuestrar a un trabajador de la ONU a principios de este año.

Mediante el recurso a los medios militares extremos, al no poder acabar con ninguno de los movimientos guerrilleros ya existentes, el gobierno colombiano trata de evitar al menos su expansión.

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