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Día: 17 de agosto de 2017 (página 1 de 1)

Rusia experimenta nuevas armas tecnológicas contra los buques de guerra de la OTAN en el Mar Negro

El ejército ruso ha utilizado un nuevo tipo de armas informáticas contra la flota estadounidense en el Mar Negro que pueden neutralizar los sistemas de navegación de los buques de la OTAN, según la emisora “La Voz de América”.

No es la primera vez que ocurre y hasta el escenario es el mismo. La emisora asegura que el 22de junio la Marina de Guerra declaró que el sistema de navegación GPS de un buque estadounidense que navegaba a la altura de Novorossiysk equivocó la posición del buque, situándolo en el aeropuerto de Gelendzhik, es decir, con un error de 32 kilómetros.

Tras asegurarse que el sistema de navegación funcionaba correctamente, el capitán del buque contactó con los navíos más próximos. El sistema de identificación de automática de los 20 más cercanos indicaba igualmente que todos ellos se encontraban junto al aeropuerto de Gelendzhik.

Es un arma tecnológica para desorientar a los GPS de cualquier clase de buque. En el futuro, comenta “La Voz de América”, este tipo de armas se utilizarán también contra los drones, los sistemas de misiles guiados o cualquier vehículo que utilice GPS.

http://www.politnavigator.net/golos-ameriki-russkie-primenili-kiberoruzhie-protiv-korablya-ssha-v-chernom-more.html

La organización yihadista Ahrar Al-Cham ha sido completamente aniquilada

Hasan Abud, fundador de Ahrar Al-Cham
La organización yihadista Ahrar Al-Cham ha sido aniquilada en la provincia de Idlib, su último reducto. Cuando en el invierno cayó Alepo, los supervivientes fueron trasladados a la provincia de Idlib, el nororeste de Siria.

En dicha provincia se fueron reagrupando las distintas milicias, que acabaron matándose entre ellos. A mediados de julio se iniciaron los feroces combates de Ahrar Al-Cham con Al-Qaeda / Frente Al-Nosra / Tahrir Al-Cham, que acabaron el 21 de julio con el exterminio de la primera de ellas.

Sus últimos restos salieron de Idlib y también perdieron el control del paso fronterizo de Bab al-Hawa, que era una fuente importante de financiación. Quedan algunas unidades en las pequeñas localidades Ariha y Maarat Al-Noomane, en la misma provincia de Idlib, sin ninguna relevancia estratégica ni económica.

Ahrar Al-Cham surgió a finales de 2011 como una coalición de diferentes milicias armadas. Siempre fue considerada como uno de los grupos mejor organizados. Con unos 10.000 o 20.000 efectivos, fue la tercera fuerza que se alzó contra el gobierno de Damasco, sólo superada por Al-Qaeda y el Califato Islámico.

Hasta hace muy pocos días contó con el apoyo de Turquía y Qatar, especialmente, aunque en varias ofreció sus “servicios” a Estados Unidos y Reino Unido. Su responsable de relaciones internacionales era Labib Al-Nahhas, un periodista español que escribía artículos de opinión en medios como el Washington Post o el Daily Telegraph (*).

En setiembre de 2014 un atentado con explosivos, que nunca se esclareció, ni se reivindicó, acabó con su máximo dirigente, Hasan Abud y entre unos 50 y 75 miembros que también componían la dirección.

A Hasan Abud le relacionaron con la red de Bin Laden en Siria. Al inicio de la guerra en 2011 estaba encarcelado pero, a causa de las presiones internacionales por la existencia de presos políticos, fue amnistiado y liberado por Bashar Al-Assad.

(*) http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/islamic-state/11752714/Im-a-Syrian-and-I-fight-Isil-every-day.-We-need-more-than-bombs-from-the-West-to-win-this-battle.html

Las sublevaciones de los pueblos africanos contra el colonialismo (la rebelión maji maji)

A cualquiera que hoy en día visite Tanzania, la esencia de África en palabras de Javier Reverte, le resultará difícil imaginarse que ese paraíso de la vida animal (Serengueti, Ngorongoro…) donde los antepasados del Hombre dieron sus primeros pasos (Olduvái) y en el que ahora se puede probar una de las experiencias viajeras más intensas y recomendables, un safari (al fin y al cabo el significado de esta palabra swahili es viaje), hace menos de siglo y cuarto estaba envuelto en una brutal guerra -valga la redundancia- que tiñó de sangre su tierra y constituyó uno de los episodios más tristes de la historia tanzana: la Rebelión Maji Maji.

A principios del siglo XX, ese país era una colonia europea, como casi todo el resto del continente. Se llamaba Tanganika y estaba integrada, junto con lo que hoy son Ruanda, Burundi y la parte septentrional de Mozambique, en el África Oriental Alemana, uno de los territorios coloniales que tenían los germanos en esas latitudes (los otros eran Africa Alemana del Sudoeste -o sea, la actual Namibia-, Togoland -formado por Togo y Ghana- y Camerún). Eran zonas dispersas y relativamente pobres, los restos del despojo que habían dejado británicos y franceses para contentar las aspiraciones imperialistas de Bismarck en la Conferencia de Berlín de 1884.

Tanganika carecía de minas y de bosques madereros, así que la única forma de explotarla que resultara rentable era dedicándola a la agricultura, aprovechando la fertilidad de su suelo. El problema estaba en convencer a los indígenas de la necesidad de cultivar tierras en vez de pastorear ganado, como era tradición entre muchos pueblos que, además, tenían en esa ocupación la clave no sólo de su economía sino también de sus usos sociales. De hecho, la cuestión iba más allá porque lo que se ordenó plantar para obtener un beneficio apreciable fue algodón, una planta completamente ajena a la tradición africana que tenía sus principales centros de producción en América.

Los pueblos tanzanos se encontraron, pues, con la orden de cambiar radicalmente su actividad, lo que puso patas arriba todo. Primero, porque dedicarse al algodón de forma intensiva, como demandaban las autoridades coloniales, implicaba abandonar la agricultura de subsistencia que proporcionaba el complemento familiar alimentario, lo que dejaba a la gente sin esa cobertura; y segundo, porque ante las reticencias se estableció un sistema de cuotas de producción -controlado por los jefes tribales- que en la práctica equivalía al trabajo forzoso.

Así, los nativos debían permanecer en las plantaciones durante meses dedicados exclusivamente al algodón, quedando en manos de las mujeres la roturación, siembra y recolección de sus modestas parcelas; como ellas ya tenían su propio rol en la vida tribal, la estructura socioeconómica popular empezó a desmoronarse causando un descontento que se ampliaba con los tributos que exigía la autoridad colonial (y que también incluían la prestación obligatoria para obras públicas). En tales circunstancias el malestar se extendió como la pólvora y sólo faltaba una chispa que la encendiera para desatar la tragedia.

Llegó a principios de 1905, cuando una fuerte sequía amenazó con destruir los cultivos familiares abocando a todos al hambre y los dirigentes alemanes no tuvieron asertividad para permitir a los hombres su regreso a casa a afrontar la situación. El crisol del descontento fue, como pasaba a menudo en África, un hechicero; su nombre era Kinjikitile Ngwale y decía estar poseído por un espíritu llamado Hongo que reclamaba la expulsión de los blancos. Las dramáticas circunstancias hacían que la gente estuviera dispuesta a escuchar a cualquiera que prometiera una solución y, así, Ngwale se convirtió en líder moral del sentimiento subversivo, autorrebautizándose como Bokero e incitando a la rebelión.

Enfrentarse al poder militar de Alemania parecía tarea imposible a priori, por eso el hechicero proporcionó a los sublevados un arma secreta: el maji maji que a la postre daría nombre al movimiento. Maji significa agua en swahili y, junto con mijo, maíz y aceite, era el componente básico de una poción mágica que, a la manera de la de Panorámix, volvería invencibles a quienes la tomasen, ya que tendría la extraordinaria facultad de convertir en el líquido elemento las balas disparadas por el enemigo.

Eso debía compensar la falta de armamento disponible, ya que lanzas, flechas y piedras no parecían un equipo adecuado para enfrentarse al todopoderoso Schutztruppe (el ejército colonial). Consecuentemente, miles de maji maji -como se los llamó- se levantaron contra el dominio teutón llevando atados en la frente manojos de mijo y lanzándose contra los pequeños fortines que los alemanes habían construido de forma repartida y algo aislada por la colonia para controlarla ante su insuficiencia de efectivos.

Primero se levantó una tribu de Kilwa, luego se fueron uniendo otras y en cuestión de semanas el sur de la colonia estaba en ebullición. Desde el ataque que abrió las hostilidades, el realizado a Samanga en julio de 1905, fueron varios bastiones los que sufrieron ataques a lo largo del verano; si bien el número de bajas recibidas no fue alto, el miedo se extendió entre la población blanca, sobre todo después del incendio de varias granjas y de la muerte del obispo de Dar es Salaam, Speiss, junto a los misioneros que le acompañaban en un viaje, sobre los que cayeron los maji maji sin piedad.

Los alemanes reaccionaron con virulencia, deteniendo y ejecutando a Bokero. Pero la caja de los truenos ya estaba abierta y la numerosa tribu Ngoni se unió a la rebelión. Ante aquel nuevo peligro, el 21 de octubre una columna germana les salió al paso en Mahenge, donde poco antes ya había masacrado a miles de maji maji con ametralladoras, y de nuevo se cobró una rápida victoria. Ese mismo otoño empezaron a llegar refuerzos desde la metrópoli y otras colonias como Papúa y Melanesia que, unido a los contingentes de askaris (soldados nativos), formaron un considerable ejército dispuesto para la represión de la revuelta. Incluso se reclutaron guerreros zulúes y sudaneses.

Bajo el mando del gobernador Gustav Adolf von Götzen, un aristócratico militar y explorador que una década antes había recorrido las tierras ruandesas y estado en la Guerra de Cuba como observador, avanzaron sistemáticamente destruyendo todo a su paso en una táctica de tierra quemada; ello supuso miles de muertos en acción para los indígenas que intentaban impedirlo desesperadamente pero que sólo obtuvieron victorias parciales como la del río Rufiki. Para la primavera, Alemania ya había recuperado el control de toda la parte sudoccidental de la colonia y la confianza de los maji maji en su poción empezó a debilitarse ante la cruda realidad de las armas teutonas y la hambruna que afligía a sus familias, deliberadamente provocada por los militares alemanes mediante la destrucción de sus campos de cultivo y la matanza de ganado.

Aún así, la insurgencia persistió en forma de guerrillas, emboscando contingentes enemigos aquí y allá. Pero ya eran únicamente picotazos intrascendentes y reducidos a la zona sur de Tanganika. En agosto de 1907 el gobernador puso fin oficial a las operaciones con un parte de bajas muy significativo: muertos sólo se registraron 23 alemanes -contando a los misioneros citados- y 289 askaris. Las cifras de fallecidos maji maji son imposibles de determinar con precisión, calculándose entre 75.000 y 300.000, según incluyan tanto a los caídos en combate como a los que lo hicieron por hambre (por tanto, también familiares).

La Rebelión Maji Maji no alcanzó tanta repercusión mediática como la que había tenido poco antes la de los herero y namaqua de Namibia, por ejemplo, aunque los métodos y resultados fueron parecidos hasta el punto de que la colonia tardó veinte años en recuperarse, y eso con un giro radical de su política, que pasó a ser modélica en comparación con las de las colonias de otras naciones. Curiosamente, la confianza ciega en una poción milagrosa que otorgaba invulnerabilidad fue recuperada más tarde por el movimiento Mau Mau de Kenia y más recientemente por los Mai Mai del Congo. Con la misma efectividad.

http://www.labrujulaverde.com/2017/08/la-rebelion-maji-maji-de-tanganika-y-su-terrible-represion-por-los-alemanes
 

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