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Día: 31 de julio de 2017 (página 1 de 1)

El ejército turco invade Kobane

Ayer el ejército turco entró y desplegó fuerzas militares en el cantón de Kobane, en Rojava (norte de Siria), auxiliado por grupos turcomanos afines. Las tropas se han instalado cerca de las aldeas de Bobene y Sifteke, al oeste del cantón.

Según fuentes kurdas, la aviación turca está bombardeando diferentes localidades del cantón.

Se han producido fuertes enfrentamientos entre YPG y los grupos aliados a Turquía en los frentes de Maranez, El Qamiye Vila Qadi, Ayn Daqna, y en los pueblos de Basemre, Basufane Iska, Hill Baz, Hill Barin y Hill Martyr Silan.

Los vecinos del lugar han declarado que los soldados turcos están plantando minas.

El ejército turco continúa reuniendo tropas y estacionando equipos de construcción a lo largo de la frontera entre Siria y Turquía.

A largo de hoy, la oficina de prensa de YPG ha emitido balances de los ataques del ejército turco y los grupos afines en Rojava durante la última semana.

Las fuerzas kurdas de YPG han advertido que tomarán represalias contra las tropas turcas en caso de que no se retiren del cantón.

Hace varias semanas el gobierno de Turquía inició la invasión militar de Rojava, que tuvo su inició en el cantón de Efrin y en la región de Shehba.

El gobierno turco argumenta que su avance militar tiene como objetivo la lucha contra el terrorismo, aunque desde la Operación Escudo del Éufrates que emprendió el año pasado, lo que trata de impedir es que YPG cree un corredor a lo largo de todo el norte de Siria desde las montañas Qandil, en Irak, hasta el cantón de Afrin en el oeste, a través de Shengal, y a los cantones de Yasira y Kobani.

La pasada semana YPG amenazó con suspender la operación militar contra Raqqa si el ejército turco no cesaba en sus ataques. El ejército turco lanzó 155 obuses sobre emplazamientos de YPG.

Las YPG respondieron al fuego con disparos de mortero de 81 milímetros contra las bases de los grupos afines a Turquía. El 30 de junio YPG publicó un comunicado amenazando a Turquía con un asalto en la zona entre Azaz y Jarablus.

Las sanciones económicas contra Rusia atacan los intereses monopolistas europeos

Estados Unidos ha aprobado nuevas sanciones económicas que, teóricamente, se dirigen contra Rusia, Irán y Corea del norte, aunque en realidad su radio de acción va mucho más allá y afectan a empresas europeas y, principalmente, alemanas.

Las sanciones atacan al sector de la energía y comprometen el trazado el gasoducto Nord Stream 2 que llega a Alemania procedente de Rusia a través del Mar Báltico con 55.000 millones de metros cúbicos anuales de gas.

Entre los monopolios europeos afectados están ENGIE, OMV, Shell, Uniper y Wintershall que a finales de abril firmaron acuerdos con Gazprom para financiar la mitad de la infraestructura cuyo valor asciende a 9.500 millones de euros.

Pero las sanciones afectan incluso a las que prestan servicios auxiliares, como los informáticos. El objetivo es que Estados Unidos quiere sustituir el gas ruso por el gas de esquisto de su propia producción, que es mucho más caro.

Alemania ha reaccionado de una manera más agresiva que la propia Rusia a las sanciones. En una entrevista al diario Der Spiegel el ministro de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, ha criticado la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses.

Washington no encuentra solidaridad frente a Rusia; más bien parecen quedar aislados. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, ha afirmado que “‘EEUU primero’ no puede significar que los intereses de Europa sean lo último”, en clara alusión al “America first” de Trump.

Desde 2014 las sanciones económicas, que se iniciaron como consecuencia del golpe de Estado en Ucrania, han dado un giro de 180 grados: antes la Unión Europea secundaba las sanciones; ahora las sanciones van dirigidas contra los monopolistas europeos.

En respuesta a la expulsión de 35 diplomáticos a finales del año pasado, Rusia también ha expulsado a la mayor parte del personal diplomático estadounidense acreditado en Moscú, hasta reducirlo a 455, que es el mismo número de personal que tienen acreditado en Washington.

El expolio de los bienes de los republicanos fue planificado al detalle por el franquismo

Domingo Epalza pagó muy caro su compromiso con la libertad. Los franquistas no sólo le robaron el derecho a seguir soñando con una Euskadi libre, sino que también le arrebataron todas y cada una de sus pertenencias. Cuando este veterano nacionalista vasco ya había huido a Francia, los hombres de Franco en la pequeña localidad vizcaína de Orozko entraron a su casa y la vaciaron. En un detallado inventario, los verdugos apuntaron cada uno de los objetos apropiados. Las camas, las sillas, los espejos… Ya nada, absolutamente nada, volvería a ser suyo.

Fechada y sellada el 11 de julio de 1938, la detallada lista de los bienes robados a Epalza resume una de las prácticas favoritas del franquismo: la “incautación” de las pertenencias de sus “enemigos”, un concepto que el régimen utilizó de manera muy amplia. Así queda constatado en las órdenes elaboradas por la dictadura para perpetrar ese expolio contra un amplio sector de la población. Un robo de proporciones gigantescas que aún hoy, ochenta años después, continúa: los particulares expoliados por la dictadura nunca pudieron recuperar sus bienes.

El franquismo organizó meticulosamente este proceso. Las órdenes eran elaboradas desde altas instancias del régimen, y posteriormente llegaban a los municipios para que las “juntas locales de incautaciones” hicieran el trabajo sucio: serían sus miembros quienes se encargarían de decretar quiénes debían perderlo todo, e incluso cuál sería la dimensión de ese “todo”. El paripé dictatorial incluía un supuesto “juzgado especial de incautaciones” que jamás impartió justicia, sino que se limitó a coordinar el expolio para que se hiciera de manera ordenada.

De esta manera, las comisiones locales debían asumir la “realización de ficheros de presuntos responsables” y la “adopción de medidas precautorias para evitar la desaparición de los bienes abandonados por los rojos y separatistas, organizando la administración provisional de los mismos, así como preparándose para en su día poder administrar los bienes embargados”, tal como puede leerse en un documento de la Comisión Provincial de Incautación de Bienes de Bizkaia, en la que participaba el gobernador civil de turno y el abogado del Estado.

Siguiendo las directrices del régimen, las comisiones de incautación clasificaron a los “vecinos y afincados” de los municipios en tres grupos: “afectos al Movimiento Nacional, desafectos y dudosos”. “Se considerarán afectos los que por su actuación y patriotismo deban ser considerados como oro de ley”, señalaban. Por su parte, la categoría de “desafectos” abarcaba a “todos los que hayan incurrido en cualquiera de las causas de responsabilidad civil aunque tengan a su favor atenuantes o eximentes”, mientras que el término “dudosos” sería aplicado a “todos aquellos que no pueden ser incluidos en ninguno de los otros dos grupos, incluso los desconocidos si los hubiere”.

En ese documento también se detallaba quiénes serían identificados como “responsables políticos por su intervención en la preparación o desarrollo de la revolución rojo-separatista”. En primer lugar estarían todos aquellos que “acordaron levantase en armas contra el Ejército, hayan llevado o no a la práctica su proyecto”, así como “todos los que antes o después de haber estallado el Movimiento Nacional hayan hecho propaganda de cualquier clase en favor del Frente Popular o del Partido Nacionalista Vasco”, incluyendo a “los que formaron parte de dichos partidos políticos o hubiesen cedido u arrendado locales a dichas organizaciones”.

Del mismo modo, el régimen ordenaba expropiar “a todos los que por cualquier otro medio hayan colaborado con actos u omisiones que revelen su ánimo de favorecer el triunfo de la revolución rojo-separatista” o “hubieran servido u obtenido cargos o comisión en empresas comerciales o industrias que hayan trabajado para el Gobierno de Euzkadi o rojo (sic)”. Tampoco escaparían los que “a partir del movimiento revolucionario de octubre de 1934 hayan desempeñado cargos directos o de asesores políticos en los partidos que luego integraron el Frente Popular o el Nacionalismo Vasco o desempeñaron cargos similares en asociaciones inspiradas en dichos partidos o simplemente figuraron como afiliados de los mismos”. Ese último concepto, el de “afiliados de los mismos”, figura subrayado en rojo.

Tal como se detalla en uno de los documentos obtenidos por Público, el franquismo identificaba el robo de bienes como un asunto de “suma trascendencia, porque la Justicia de la Nueva España ha de administrase de arriba abajo, empezando por los grandes y poderosos plutócratas que aprovecharon sus pedestales de oro para manejos turbios en contubernio con los personajes rojo-separatistas”.

Asimismo, se dejaba claramente escrito cuáles serían las “medidas precautorias y de administración” sobre los bienes expoliados a las víctimas de la dictadura. “Tan pronto como la Junta tenga conocimiento de la existencia de bienes de cualquier clase que hayan sido abandonados, mereciendo por tal motivo la calificación de bienes presuntamente incautables, procederá con la mayor urgencia formar con los mismos un inventario y adoptar las medidas precautorias que estime la Junta Local necesarias para su conservación y mejor rentabilidad y evitar su desaparición”. En esa línea, ordenaba realizar “una exacta contabilidad de los ingresos que por tal concepto puedan obtenerse”.

De manera paralela, el régimen franquista fijó las bases para el denominado “servicio de recuperación de muebles y enseres”, dirigido a dar vía libre a todas aquellas personas afines a la dictadura que quisieran hacerse con los bienes de sus enemigos. Tal como se detallaba en una resolución del 3 de julio de 1937, alcanzaba con alegar que una pertenencia era de su propiedad para que un “español de bien” se hiciera con objetos de los denominados “rojo-separatistas”.

Esas órdenes estuvieron seguidas de las “investigaciones” efectuadas por los integrantes de las comisiones de “recuperación civil”, las cuales se encargarían de materializar este robo generalizado. En otras palabras, ya nadie podría escapar. “Esta comisión se propone practicar investigaciones domiciliarias por medio de sus agentes al objeto de la imposición de las severas sanciones que procedan”, advirtieron sus responsables en Bizkaia mediante una nota enviada a los ayuntamientos en julio de 1937. A partir de entonces, los grupos locales iniciaron sus tareas de “incautación”, lo que derivó en horrendos inventarios que detallaban los bienes robados. Las víctimas jamás recuperarían sus pertenencias ni serían recompensadas. No ocurriría durante el resto de la dictadura, pero tampoco en la presente democracia.
http://www.publico.es/politica/dictadura-franquista-robo-democracia-devolvio-planifico-expolio-franquista.html

Explotación, servidumbre y trata de seres humanos en el capitalismo actual

El sector rural y la industria textil son sectores habituales para la trata de personas, aún en 2017 en Argentina. “Trabajaba desde las siete hasta la una o dos de la mañana [entre 18 y 19 horas], de lunes a sábado”, comenta Olga Cruz Ortiz, una trabajadora boliviana de 40 años. Hace 20 años que vive en Argentina. Llegó sin documentos y eso le impidió conseguir un trabajo formal. Por la larga jornada, pensó que le pagarían el doble, pero eso nunca sucedió.

Al arribar al país con sus dos hijos, la contrató un pariente de su misma nacionalidad que tenía un “taller familiar” en la ciudad de Buenos Aires. Olga no pensaba que iba a ser esclavizada por su propio primo. En efecto, se desempeñó durante cinco meses en una casa que fue adaptada para realizar actividades textiles en una de sus habitaciones. “Como no sabía usar las máquinas de coser, cocinaba y limpiaba todo el tiempo, para la casa y el taller”, relata.

En el lugar trabajaban “unos 12 trabajadores que solo paraban para ir al baño”, comenta, y añade: “Nadie se despegaba de su máquina, incluso comían sobre ella”. En las pocas horas que tenían para descansar, intentaban dormir: “Éramos tres o cuatro familias en una pieza con cuchetas para compartir”, recuerda.

“Los que estaban hace mucho tal vez trabajaban con retiro, pero los que no conocíamos nada teníamos que estar con cama adentro”. Y comenta la decepción de aquel momento: “Era una migrante que venía con un montón de sueños, y de pronto me encontraba encerraba entre cuatro paredes, con música, hilo y ruidos de máquinas. Otra cosa no teníamos”, se lamenta.

El control de los obreros, y sobre todo, su manipulación sicológica, son fundamentales para el capitalista: “Podíamos salir los domingos, pero solo con el dueño y dejando nuestras cosas en el taller”, explica. Sobre ese punto añade: “Nos decían que no conocíamos a dónde ir, que nos contrataron para trabajar, no para pasear”. Y sentencia: “En general, el trabajo esclavo es así, nunca te sueltan.

Era una inmigrante ilegal y su jefe jugaba con esa desesperación: la trabajadora nunca denunciaría al explotador por miedo a sufrir una deportación. El capitalista también creía ser el dueño de su vida. A pesar de ello, Olga logró escapar: “Agarré a mis hijos y nunca más volví”. Luego hizo trabajos que no le requerían documentación, como limpieza de hogares, hasta que se unió a “La Alameda”, una cooperativa de trabajo textil que denuncia decenas de casos de explotación laboral. Actualmente trabaja en dos marcas de la organización, No Chains y Mundo Alameda, cuyo lema es: “Libre de trabajo esclavo”.

El caso más sonado acusa a los hermanos Daniel y Juliana Awada –actual esposa del Presidente Mauricio Macri–, por reducción a la servidumbre de costureros bolivianos en las reconocidas empresas Cheeky y Como Quieres que te Quiera. Fueron cuatro causas penales, pero a pesar de las cuantiosas pruebas, las archivaron. Todas comenzaron tiempo antes de que Awada se convirtiera en Primera Dama, pero perduraron en el tiempo.

Una de ellas, iniciada en 2007 junto al gobierno de la ciudad y la Defensoría del Pueblo, contó con el sobreseimiento de los acusados otorgado por el ex Juez Federal Guillermo Montenegro. Poco tiempo después, renunció a su cargo de magistrado y asumió el de ministro de Seguridad y Justicia de la ciudad, cuando Macri ganó las elecciones porteñas. Todo cuadra. Actualmente, Montenegro se postula a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.

El 80 por ciento de la ropa procedente de la industria textil es ilegal. Buena parte se produce en talleres clandestinos ubicados en la capital del país y provincia de Buenos Aires, con trabajadores de Bolivia y el norte de Argentina, para más de 110 marcas importantes. Solo en la ciudad más importante de Argentina hay 3.000 talleres textiles clandestinos, el gobierno porteño en 2015 registró 2.000 sin habilitar, pero se estima que son más, contando lo que no se han inspeccionado.

Hay un promedio de diez trabajadores por taller, por lo que se trata de 30.000 personas. Esto abarca a toda la industria, no solo a ferias populares. La trata termina en ventas de lugares de moda y grandes centros comerciales.

Lejos del ruido de las grandes ciudades, el panorama es todavía más complejo. Si bien es cierto que en la actualidad el Ministerio de Trabajo no brinda datos precisos, en 2014 –bajo el mandato de Cristina Kirchner– un informe sobre los asalariados agrarios expuso: “Solo un 36 por ciento terminó los estudios primarios”. En el documento también destaca los precarios sistemas de contratación, los bajos salarios, el escaso acceso a la salud y el desarraigo que padecen los trabajadores que abandonan sus comunidades. Incluso, muchos de ellos son empleados por temporadas específicas, produciendo aún más inestabilidad en su desarrollo personal.

Los altos índices de vulnerabilidad en el ámbito rural reflejan que este sector casi no tiene llegada a la Justicia para presentar demandas y lo que es peor: casi no conocen sus derechos laborales. El gobierno de Kirchner creó el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios (RENATEA), con el supuesto fin de controlar las irregularidades. Cuando asumió la presidencia Mauricio Macri en 2015, se reemplazó –fallo judicial mediante– por el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores (RENATRE), y aunque el nombre suene casi igual, la diferencia es que el Estado dejó de estar a cargo de los controles.

Ahora, el organismo que debe regular el mercado laboral está conformado por asociaciones como la Sociedad Rural Argentina (SRA) –compuesta por grandes terratenientes y empresarios del sector agropecuario– y el sindicato Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE). El gremio está dirigido por la patronal al servicio de sus intereses. Ambas entidades se negaron a contestar preguntas sobre el trabajo esclavo en Argentina. ¿Qué ocultan? ¿Qué es más importante que defender a los trabajadores que ellos mismos representan?

El sometimiento a los capitalistas rurales está garantizado por el poder político. No es casualidad que una de las primeras medidas del gobierno de Macri haya sido eliminar impuestos de exportación para los grandes sectores agropecuarios, lo que implicó en diciembre de 2015 la suma de 26.000 millones de pesos (unos 1.500 millones de dólares) transferidos directamente al sector.

Junto al desmantelamiento del organismo que se encargaba de fiscalizar el trabajo rural en la Argentina, son dos caras de la misma moneda. El disciplinamiento social es clave para mantener la explotación laboral. Si bien es cierto que las medidas de Kirchner no lograron mejorar las condiciones de vida de estos sectores en el corto plazo, Macri debía borrar al RENATEA porque atentaba contra esas ganancias extraordinarias del trabajo esclavo. Entre 2011 y 2015 se rescataron aproximadamente 1.000 trabajadores, hombres y mujeres, incluso niños, como potenciales víctimas de trata laboral.

La función central del ente era hacer un seguimiento de los casos y efectuar las denuncias penales correspondientes. Desde que asumió Macri no hay denuncias por trata laboral. Un juez federal de una zona caliente de la provincia de Buenos Aires cuenta que ya no hay denuncias; el RENATRE dejó de hacerlo.

Muchos trabajadores vuelven a tener miedo de denunciar a sus patrones por estar en condiciones infrahumanas. Además, es difícil que un obrero que probablemente no terminó la primaria se presente solo ante un juez. Esa persona está sola, no cuenta con un sindicato ni con el Estado, que garantizan el manto de impunidad.

Buena parte de los miembros del gobierno actual se enriquecieron a costa del sudor y maltrato campesino. El actual embajador argentino en España, Ramón Puerta, tiene un terreno en Misiones con más de 1.000 hectáreas. Contaba con 60 trabajadores, de los cuales 40 estaban obligados a vivir allí, en carpas, que en realidad eran lonas con palos. Dormían en el piso, o donde podían.

No tenían luz, tomaban agua sucia de pozo que no era potable. A muchos les habían prometido una paga semanal, cuando llegaron les dijeron que era quincenal y eran obligados a comprar utensilios de trabajo, más la comida, en una despensa que pertenecía al principal socio de Puerta. El dinero nunca salía del predio.

Al final de la jornada de trabajo contaban por un lado la cantidad de yerba cosechada, a eso le descontaban los víveres, alimentos y utensilios de trabajo, entonces la paga terminaba siendo baja, incluso en algunos casos negativa. También hay menores de edad que cuentan esta situación de explotación.

El noroeste  provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero– y nordeste argentino –principalmente Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones– son los territorios más críticos en cuanto a este flagelo, sumados a sectores de la provincia de Buenos Aires.

Para reclutar fuerza de trabajo, los capitalistas suelen buscar obreros baratos en distintos barrios, de a más de 100 kilómetros, y luego se los llevan a los campos. Los trasladan en camiones como ganado y al estar lejos de sus domicilios no tienen más que quedarse en las plantaciones.

En los campos de tarefa –yerba– cuando llega el RENATEA los capataces obligan a los trabajadores a correr y esconderse en el monte durante días.

No se debe pensar que esto es como un caso de explotación del siglo XIX. La explotación tiene que ver con las circunstancias que rodean a las personas. Ya no son necesarios los látigos y las cadenas; el sometimiento se ha modernizado.

http://alwaght.com/es/news/105326
 

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