La web más censurada en internet

Día: 25 de julio de 2017 (página 1 de 1)

El crimen organizado ayudó al capital financiero en los peores momentos de su crisis

352.000 millones de dólares procedentes del crimen organizado y el tráfico de drogas se han empleado en solventar la crisis financiera internacional, a cambio de su blanqueamiento, según Antonio Maria Costa, responsable de la Oficina de la ONU en esta materia.

El dinero negro procedente del crimen organizado ha sido el único capital líquido al que han podido acceder determinados bancos en los momentos más complicados de la crisis.

En la segunda mitad de 2008 el sistema financiero internacional tenía un serio problema de liquidez, por lo que se volcó para obtenerla de la única fuente que estaba a su alcance, el crimen y las drogas, a través del sistema interbancario.

Costa no quiso identificar los nombres de los bancos ni sus países respectivos, pero admitió que ahora el dinero negro es dinero limpio al que nadie puede reprochar su origen.

La progresiva inyección de liquidez evitó el desplome brusco de la cotización bursátil de los bancos. Entre enero de 2007 y setiembre de 2009 grandes bancos estadounidenses y europeos perdieron miles de millones de dólares con los activos tóxicos y los préstamos dudosos.

El FMI estimó que más de 200 prestamistas de todo el mundo quebraron o tuvieron que ser rescatados con dinero público, pero hubieran sido mucho más de no haber sido por las mafias, el crimen organizado y los narcotraficantes.

https://www.theguardian.com/global/2009/dec/13/drug-money-banks-saved-un-cfief-claims

Guerra + desinformación = intoxicación ideológica

En un documento, el Instituto de Guerra del Pentágono ha anunciado la llegada de la era post-hegemónica de Estados Unidos (Post-Primacy World) en la que recomiendan no resignarse a su suerte porque las batallas serán de tipo informativo, es decir, guerras sicológicas e intoxicación a raudales (*).

Si no hemos entendido mal, en su estúpida jerga militarista lo que el Pentágono quiere decir es que Estados Unidos empieza a recular también en los campos de batalla y que para conservar lo que le queda debe atrincherarse en un punto en el que aún es fuerte, la dominación ideológica, las grandes cadenas, la industria del entretenimiento, la telebasura, el cine y los videojuegos.

“El 90 por ciento de las batallas del futuro serán informativas”, dice el documento y Estados Unidos no debe esperar para defenderse de ellas sino que debe ser quien las desencadene. Una parte de esa guerra es la batalla emprendida en internet contra las llamadas “noticias falsas” en las que se han embarcado los grandes monopolios internacionales, tanto informáticos como informativos.

La prensa independiente deberá ponerse a la defensiva en una situación completamente desigual, por lo que fácilmente podrán ser arrinconados con la batería argumental que la ideología dominante de origen gringo ya ha puesto en circulación desde hace tiempo: conspiranoicos, polémicos, magufos…

La otra vertiente del mismo asunto es una inundación informativa contra la que no hay ninguna posibilidad de competir: el proyecto Radar (Reporters And Data And Robots) de “inteligencia artificial” en el que Google ha invertido más de 800.000 dólares, capaz de generar de manera automática 30.000 artículos de prensa mensuales.

Google lleva a cabo el proyecto en colaboración con la Asociación de la Prensa británica, una agrupación de medios informativos locales.

(*) https://ssi.armywarcollege.edu/pubs/display.cfm?pubID=1358

Esos que confunden la ciencia con una forma moderna de caza de brujas

Esteban Hernández

En su número de septiembre de 2015 “The Atlantic” publicó un artículo en el que analizaba el aumento de estudios científicos cuyos datos presentaban irregularidades, a partir de la retractación que la prestigiosa revista “Science” hubo de realizar sobre una investigación que había recogido en su volumen de mayo. En el texto se señalaba cómo en 2012 un investigador de la compañía biotecnológica Amgen intentó reproducir 53 estudios clave sobre el cáncer pero sólo pudo replicar 6, además de citar algunos casos más de investigaciones con cifras manipuladas.

Esas prácticas se han convertido en frecuentes, señalaba el autor, debido a la gran competencia entre los científicos por los puestos de trabajo académicos y por la financiación de sus investigaciones, así como a la cultura de “publicar o morir” en la que están inmersos. Y como las revistas científicas son mucho más propensas a recoger las investigaciones que arrojan resultados positivos (aquellas que apoyan una tesis en lugar de refutarla), los investigadores cocinaban los datos para conseguir esa clase de conclusiones.

Si se trabaja en periodismo, o simplemente si se es un lector habitual de la prensa, se está muy habituado a estas experiencias dudosas. Es fácil que un estudio afirme que la leche (o cualquier otra cosa) es muy mala para la salud, que tres meses después se publique otro que diga que en realidad es excelente para algo, que otro a los seis meses concluya que la leche es lo mejor del mundo y que nueve meses más tarde se nos asegure que es la causa de alguna enfermedad terrible. Esa es la ciencia hoy, tejida por un conjunto de intereses, perspectivas teóricas, posiciones académicas y necesidades de financiación que hacen difícil orientarse entre sus avances.

La tecnología no está mejor. Las noticias que surgen de Silicon Valley son un cúmulo de expectativas superlativas dirigidas a hacernos creer que están encontrando soluciones para todo y que en pocos años habrán remediado por completo los grandes problemas de la humanidad, actitud que Evgeny Morozov ha denunciado utilizando la precisa y acertada expresión “solucionismo tecnológico” […]

En resumen, buena parte del mundo tecnológico se dedica a vender ilusiones que les son muy rentables a la hora de captar fondos, y luego, cuando sus fantásticos inventos no se concretan, nos dicen que fracasar es necesario y que equivocarse muchas veces es el mejor camino. Quizá sí, y lograr un avance sea cuestión de prueba y error, pero entonces no te dediques a vender lo que aún no has cazado y más como si fuera la revolución última que lo cambiará todo. Esa prudencia lógica del “cuando lo tengas, hablamos”, es ignorada por sus apologistas, que jalean las promesas que llegan desde la tecnología como si se tratase de la venida de Jesucristo a la Tierra.

Pero de esto no se habla. Los panfletistas de la ciencia, que son muy activos en redes y en los medios, no sólo creen a pies juntillas lo que se publica en revistas como “Nature” o “Science”, o los estudios que salen de las universidades más prestigiosas, o los que están financiados por las empresas con más recursos […] sino que se distinguen por atacar a quienes no están de acuerdo con ellos como si fueran seres inferiores a los que es preciso castigar para que salgan de su pobre estado de naturaleza.

Lo tienen bastante fácil: escogen una diana en la que todo el mundo está de acuerdo, fabrican un marco y van encuadrando en él y poniendo a su altura todo aquello que les disgusta. Dicen combatir las pseudociencias, esto es, las abducciones extraterrestes, la telepatía, los curanderos que sanan imponiendo las manos y ese tipo de cosas, y sitúan en ese nivel toda clase de crítica a la ciencia. Si alguien cuestiona la validez de los estudios que defienden, bien porque sean poco rigurosos conforme a los parámetros que deberían medirlos, bien porque sus conclusiones son demasiado endebles, bien porque quienes los han sufragado son gente interesada en obtener resultados determinados o bien porque sus investigadores saben que van a obtener muchos más fondos si fuerzan los resultados, se convierte inmediatamente en alguien perverso que ataca a los fundamentos mismos de la ciencia.

Cualquiera que no diga amén a lo que ellos piensan se convierte por arte de magia en un magufo, en un ser irracional y estúpido que cree en los horóscopos, las constelaciones y la ouija. Pero esto lo hemos visto antes: en el terreno político ha sido la táctica más común en los últimos quince años, y me saturan tanto estas banalidades que hasta he escrito un libro sobre semejante falta de cordura. Se titula “Nosotros o el caos”, y en su título queda bien reflejada esta mentalidad. Su argumento es: “O piensas como te digo o eres un imbécil que va a sumir nuestro mundo en la catástrofe”. En política ha sido el centro de muchos discursos (“si no piensas lo mismo que yo, aunque sólo te separes un centímetro, es porque eres un radical o un insensato que nos va a llevar a la ruina absoluta”) y en economía, para qué hablar.

No, no se trata de las ideas que defienden, sino de cómo lo hacen. No aceptan críticas, no aceptan refutaciones intelectuales, no aceptan que se difundan otras posturas, porque ellos poseen la verdad. Actúan como sacerdotes que van rastreando el pecado y castigando la maldad humana, ahora expresada en forma de credulidad e ignorancia. Si dices que sólo cuando lo veas creerás en que vamos a vivir hasta los 150 años, como dicen los tecnócratas tecnológicos, o que Uber no es más que un sistema para desregular y concentrar en pocas manos una actividad descentralizada y sometida a controles, es porque eres un retrógrado paleto que se niega a aceptar los cambios.

Si dices que muchos estudios están construidos a partir de determinados intereses que pervierten sus resultados, eres un irresponsable que prefieres que a tu hijo le cure de apendicitis un sanador de manos antes que un cirujano. Si eres un periodista y te haces eco de estudios que no les gustan (creas tú o no en ellos, porque eres un periodista y lo que haces es simplemente contar lo que pasa) te conviertes en un seguidor de la quiromancia. Esto es peculiar, porque te atacan personalmente en lugar de refutar las tesis: lo lógico sería que discutieran con quienes realizan las afirmaciones que les disgustan, pero prefieren insultar a quien tienen a mano. Y no se te ocurra publicar una entrevista con algún científico que denuncie errores de las farmacéuticas, o que presente un estudio que defienda la homeopatía (yo no la utilizo, vaya por delante, pero los alemanes sí), o que defienda la comida ecológica, porque entonces ya caes en el peor de los crímenes. Y así sucesivamente… Es cierto que las posturas que defienden a muerte suelen ser las mismas que las promovidas por las empresas con más recursos, pero no creo que esto tenga mucho que ver, porque ellos son fanáticos de la verdad, el dinero les da igual.

Pero quizá sea peor lo que ocurre en el terreno de las ciencias sociales, donde se está alcanzando un grado de irracionalidad sorprendente, fruto de esa estupidez funcional, por citar la expresión de Spicer y Alvesson, que está inundando los campos del conocimiento. La economía, la sociología, la política e incluso la psicología se han convertido en entornos donde todo es reducido a números. Lo cuantitativo ya no es un arma válida más para entender la realidad social, sino la verdad total, de modo que nada puede ser dicho si no es reducido a una serie de fórmulas, gráficos y porcentajes. Esa actitud, que algunos académicos han denominado cuantofrenia, está pervirtiendo tanto la realidad para que pueda encajar en su modelo que acaba construyendo inútiles teorías mágicas. Veo tantos artículos que están construidos desde esta perspectiva que me asalta la sospecha de si no se están convirtiendo en aquello que dicen odiar, de si no son más que nuevos magufos. Porque reducir la realidad social sólo a las variables que se pueden medir y tomar uno de los instrumentos por el fin en sí mismo son las mejores maneras de hacer pseudociencia.

Decía Stanislav Andreski en su “Las ciencias sociales como forma de brujería”, que las advertencias contra la charlatanería (que en el mundo contemporáneo es numérica) no iban a servir de mucho porque siempre existirían “esclavos de la rutina que preferirían morir antes que pensar, buscavidas mercenarios, dóciles empleados educacionales acostumbrados a juzgar las ideas según la posición de sus proponentes y delicadas almas errabundas que suspiran por nuevos gurúes”. Es probable que sea cierto: la creencia en que se posee la verdad es un arma psicológicamente muy seductora como para abandonarla. En fin, que como terminaba Andreski su prólogo, “en todo caso, conviene no desesperar”.

http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2015-10-06/los-ciencinazis-y-los-verdaderos-magufos-una-teoria-sobre-la-insensatez-humana_1048527/

La CIA pagó puntualmente los salarios de los mercenarios sirios el mes pasado

Desde hace al menos cuatro años los yihadistas sirios están incluidos en un programa especial de ayuda financiera de la CIA en su guerra para derrocar al gobierno de Bashar Al-Assad.

Ahora el gobierno de Trump ha cancelado ese programa, lo que ha sido muy mal recibido por los mercenarios, que se sienten traicionados y abocados al paro… salvo que algún otro país suplemente aquel programa.

Los mercenarios se han quejado al diario Financial Times (*) de que ni la CIA ni sus jefes directos les advirtieron del cambio en la política terrorista de la Casa Blanca desde los tiempos de Obama.

Un funcionario estadounidense ha confesado a la agencia Reuters que la cancelación del programa es una concesión muy importante a Rusia porque los yihadistas aún mantienen extensas regiones de Siria en su poder. Ahora se trata de saber qué tipo de concesiones habrá realizado a cambio el gobierno de Putin.

El comandante de la División 101, Hassan Hamadeh, no quiere abrir los ojos ante la nueva situación. Dice que la información sobre la cancelación del programa de la CIA les ha sorprendido, pero que sobre el terreno no ha cambiado nada; en la Sala de Operaciones, donde la CIA dirige los combates, nadie ha confirmado nada a ninguno de los grupos yihadistas que colaboran con la agresión imperialista.

Otro comandante yihadista que no da su nombre le asegura al Financial Times que el apoyo estadounidense ya venía decreciendo en los últimos meses, pero que el último mes habían logrado cobrar sus salarios. No obstante, cree que la decisión de la Casa Blanca es definitiva. “El apoyo de la CIA se ha acabado”, concluye.

Un conocido opositor al gobierno sirio que trabaja por cuenta del Departamento de Estado ha informado de que esta semana en una reunión el nuevo gobierno de Trump informará a sus aliados sirios de las líneas generales que deben poner en marcha a partir de ahora.

https://www.ft.com/content/a35244e6-6d2e-11e7-bfeb-33fe0c5b7eaa

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies