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Día: 11 de julio de 2017 (página 1 de 1)

La evolución de las relaciones del PKK/PYD con el gobierno sirio

Saleh Musslim, dirigente kurdo del PYD
La frontera de Siria con Turquía la dibujaron los imperialistas hace 100 años de tal manera que Siria pasó de constituir un país dominado por el Imperio Otomano a serlo por el imperio francés, mientras los kurdos quedaron al otro lado de la frontera, además de Irak e Irán, prácticamente en su totalidad.

La presencia significativa de los kurdos en Siria es muy reciente, consecuencia de la llegada del capitalismo al Kurdistán turco en los años setenta y de refugiados políticos a partir de la década siguiente.

Para los kurdos, Siria ha sido siempre un lugar de acogida y Turquía el enemigo común de ambos. La lucha de las organizaciones kurdas en Siria nunca tuvo un relieve propio; ha sido un eco de las entabladas contra Irak y, sobre todo, Turquía.

Desde 1957 la existencia de organizaciones como el Partido Democrático del Kurdistán Sirio es testimonial y absolutamente irrelevante. Ninguna de ellas tenía como objetivo la reivindicación de la autonomía del Kurdistán sirio o, como hoy se llama, de Rojava (y mucho menos la independencia).

En Siria los kurdos nunca tuvieron reconocida la nacionalidad siria no por discriminación sino porque no eran sirios sino “ajanib” (extranjeros) que disponían de un estatuto como tales, o bien “maktumin”, es decir, no registrados o sin papeles.

Las relaciones de Siria con Turquía han sido siempre malas porque, además de ser la antigua potencia colonizadora del mundo árabe, formaba parte de la OTAN, lo que condujo a los gobiernos de Damasco a apoyarse en la URSS primero y luego en Rusia.

La base de la OTAN en Incirlik, muy cercana a la frontera entre Siria y Turquía, está entre las tres más importantes del mundo, junto a Ramstein y Okinawa.

Desde 2011 la dirección de las operaciones militares de los imperialistas contra Siria se ha llevado a cabo en Incirlik y no en otra base del Centcom (mando del Pentágono en Oriente Medio) que Estados Unidos tiene en Qatar porque la Guerra de Siria está bajo la competencia de la OTAN.

Cuando a finales de los setenta se funda el PKK, su dirección y toda su logística está bajo la protección, la financiación, el armamento y el adiestramiento del gobierno, el ejército sirio y su servicio de inteligencia.

El apoyo sirio le permite al PKK iniciar y mantener la lucha armada en Turquía desde 1985.

La situación adquirió tales dimensiones que en 1998 el ejército turco invadió el norte de Siria, imponiendo al gobierno el Tratado de Adana, por el cual el apoyo sirio al PKK se tuvo que reducir y una parte de la dirección, incluido su máximo dirigente, Abdullah Öçalan, tuvo que abandonar el país, lo que condujo a su posterior detención en África.

El estatuto kurdo en Siria cambia con motivo de la escalada de agresiones imperialistas que se inicia con el ataque a Irak en 2003 y como otro eco derivado de ellas. Los 15 partidos kurdos con presencia en Siria se dividen y se reagrupan varias veces. En esos procesos tiene una intervención directa el nuevo gobierno regional creado en el Kurdistán irakí, es decir, Barzani y su Partido Democrático.

El PKK entra en los listados internacionales de organizaciones “terroristas”, se enfrenta al gobierno regional irakí y en Siria se reagrupa en 2004 bajo las siglas PYD, como partido “sirio”. Al no estar incluido en los listados de organizaciones “terroristas”, cuenta con importantes apoyos internacionales.

El problema kurdo deja de ser patrimonio de Turquía y se convierte en un problema también en Siria. Es el fin de una larga luna de miel del PKK con el gobierno sirio, uno de los efectos colaterales de la guerra desatada por Estados Unidos contra Irak: algunas organizaciones kurdas, entre ellas el PKK, empiezan a volver sus ojos contra su antiguo aliado, el gobierno de Siria.

En 2004 estalla la “intifada” kurda (serhildan, revuelta en kurdo) de Qamishli, cuando tras un partido de fútbol se producen enfrentamientos entre kurdos y supuestos “nacionalistas árabes” que acaban en enfrentamientos con la policía siria, ataques a sedes del Baas y edificios públicos, no sólo en Rojava sino también en Alepo y Damasco.

La cadena de televisión kurda Roj TV, dirigida por el PKK, llamó a la insurrección contra el gobierno y algunos dirigentes del PYD fueron detenidos.

No obstante, las distintas organizaciones kurdas siguen muy lejos de la unanimidad. Incluso dentro del PKK hay quienes son partidarios de mantener la lucha únicamente contra Turquía y quienes quieren meter la cuchara en los asuntos sirios. Estos últimos están apoyados por Turquía.

La Primavera Árabe dividió aún más a los kurdos, lo mismo que el inicio de la guerra. Una minoría comienza a incorporarse a los tinglados que crean los imperialistas, como el Consejo Nacional Sirio, mientras la mayoría, incluido el PKK, se mantiene en contra, e incluso se enfrentan en las calles a los manifestantes.

En setiembre de 2011 el PYD crea una coordinadora (Tev-Dem, Movimiento por una Sociedad Democrática) con el Baas y diferentes movimientos árabes progresistas, en la que participan los arameos (cristianos). El dirigente del PYD Saleh Musslim, que estaba en el exilio, aparece en Damasco a plena luz para intervenir en una reunión de una parte de la oposición, que se agrupa en un Comité Nacional para el Cambio Democrático.

Además, el gobierno sirio realiza otras concesiones:

– el PYD abre cuatro escuelas en lengua kurda y tres centros culturales en Alepo, Qamishli y Malikiyi
– otorga la nacionalidad siria a casi 300.000 kurdos
– libera a más de 600 presos políticos del PKK/PYD que cumplían condena en Siria

Como consecuencia del acuerdo entre el gobierno sirio y el PKK/PYD, 3.000 combatientes kurdos que tenían su base en el nordeste de Irak entran en Siria huyendo de la presión del gobierno regional de Barzani, se incorporan al ejército regular sirio, obteniendo el control de Rojava. En los edificios oficiales los kurdos sustituyen el retrato de Bashar Al-Assad por el de Abdullah Öçalan.

El acuerdo no logra la unanimidad dentro del PKK/PYD. Mientras una parte, que actúa en nombre de Öçalan, quiere cesar la lucha armada con Turquía y lograr una tregua para concentrarse en Rojava, las unidades militares, encabezadas por Cemil Bayik, son partidarias de lo contrario: mantener el acuerdo con Siria y atacar a Turquía.

En 2013 la creación y posterior expansión del Califato Islámico vuelve a redistribuir las cartas en el norte de Siria, lo que se pone de manifiesto en la batalla de Kobane, de setiembre de 2014 a enero de 2015, cuando los kurdos se arrojan en brazos de Estados Unidos y de su estrategia de destruir Siria. Les ofrecen a los imperialistas lo que necesitaban: un protectorado en Rojava, bases militares y enfrentamientos permanentes con todos los vecinos, incluidos los popios kurdos.

En marzo de este año, las sedes del Partido Democrático del Kurdistán Sirio y de otro partido, Yekiti, en Qamishli fueron asaltadas y quemadas. Dos semanas después el PKK/PYD clausuró las sedes de casi todos los partidos y movimientos sociales de Rojava que no eran los suyos.

Estados Unidos masacró al 20 por ciento de la población coreana durante la guerra de 1950 a 1953

Durante la Guerra de Corea (1950-1953) la aviación estadounidense lanzó más bombas contra la península que a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. El 75 por ciento de Pyongyang, la capital, resultó destruida; la reconstrucción no se pudo terminar hasta 1964, once años después.

Tras de uno de aquellos brutales bombardeos, el Ministro coreano de Asuntos Exteriores envió un dramático cable a la ONU, que había avalado la agresión. También iba dirigido “a todos los ciudadanos del mundo” y se ha publicado muy recientemente (*).

Está fechado el 3 de enero de 1951 a las 10:30 y anuncia que 82 bombarderos cargados de explosivos incendiarios habían sobrevolado Pyongyang con una “carga mortifera” de centenares de bombas, que los “bárbaros transatlánticos” han dispersado por toda la ciudad.

Las bombas han provocado incendios permanentes que no se pueden apagar porque algunas de ellas son de efecto retardado y explotan a intervalos regulares a lo largo de todo el día.

A causa de ello, las personas no pueden escapar por las calles. “Toda la ciudad ha quedado incendiada, envuelta en llamas durante dos días”, dice el cable.

El segundo día 7.812 viviendas civiles habían sido quemadas. “Los americanos eran conscientes de que no había objetivos militares en Pyongyang”, añade el ministro coreano.

El número de civiles muertos, quemados vivos o asfixiados por el humo es “incalculable”, aunque el ministro estima que sólo una quinta parte de la ciudad ha sobrevivido al atroz bombardeo.

La Guerra de Corea es la gran desconocida porque Estados Unidos no quiere destapar uno de sus mayores crímenes. Los historiadores hablan del lanzamiento de 32.000 toneladas de napalm, siempre sobre la población civil, destruyendo ciudades enteras y con ellas exterminando a toda su población.

Aproximadamente el 20 por ciento de la población fue asesinada, confesó en 1984 el general Curtis LeMay, jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. En Corea no hay nadie que no tenga un allegado muerto en aquella gran carnicería.

Dean Rusk, que fue secretario de Estado, dijo que en Corea del norte bombardearon “a todo lo que se movía”, pero también a lo que no se movía: edificios, presas, cultivos, fábricas… No dejamos “piedra sobre piedra”, fueron sus palabras.

(*) http://repository.un.org/bitstream/handle/11176/85491/S_1980-EN.pdf
Un bombardero estadounidense B-26 lanza un ataque contra la población civil de Wonsan en 1951

El oscuro espía del KGB que infligió a la CIA el mayor golpe de su historia

En 1955 la CIA y el MI6 excavaron un túnel para espiar a las tropas del ejército soviético estacionadas en la República Democrática de Alemania. Los espías alemanes y estadounidenses lo llamaron “Operation Gold” (Operación Oro), mientras que para los británicos fue la “Operation Stopwatch” (Operación Cronómetro).

Fue el intento de escucha telefónica más grande de la historia del espionaje y el más estrepitoso fracaso de la CIA a lo largo de su historia.

Se trataba de una variante mucho más compleja que un proyecto anterior conocido como “Operation Silver” (Operación Plata) que la CIA intentó en Viena en 1949. Se sabe que fue Reinhard Gehlen, el director del recién creado BND, el servicio secreto alemán, quien alertó a Dulles de la existencia de un nudo de redes telefónicas que utilizaba el Ejército Rojo en Berlín a dos metros de profundidad, muy cerca del sector ocupado por los estadounidenses en la capital alemana.

En diciembre de 1953 la operación se puso bajo la dirección de William King Harvey, antiguo policía del FBI transferido a la CIA y el 2 de septiembre de 1954 comenzó la excavación del conducto, que se completó el 25 de febrero del año siguiente. Removieron 3.000 toneladas de tierra y 125 toneladas de metal. A seis metros de profundidad y con una extensión de 450 metros, el túnel comenzaba en el sector americano de Berlín, en el barrio fronterizo de Rudow, y alcanzaba hasta Altglienicke, justo por debajo de un nudo de comunicaciones soviético en la zona oriental.

Antes de iniciar la construcción del túnel, asistió a casi todas las reuniones entre la CIA y el MI6 George Blake, un agente del KGB infiltrado en el servicio de inteligencia británico. Blake conoció de primera mano los detalles de la operación y alertó al KGB, pero el Kremlin decidió dejar abierto el canal para transmitir informaciones falsas.

Si, a causa de su fracaso, de la operación sabemos poco, de Blake no sabemos mucho más. No conocemos su identidad real. Parece que su nombre original era George Behar y luego fue cambiándolo por Max de Vries, George Blake, Georgi Ivanovich. Parece ser que nació en Rotterdam en 1922, y que era hijo de una holandesa y un judío de origen turco, Albert Behar.

Vivió en Alejandría y se educó en un colegio inglés bajo la tutela de su tío, el dirigente comunista egipcio Henri Curiel, que se ocupó de él cuando George se quedó huérfano a los 13 años.

Regresó a Holanda, donde le sorprendió la invasión alemana en 1940. Se incorporó a la resistencia con el alias de Max de Vries, pero le capturaron. Sin embargo, como no tenía 18 años, lo soltaron. Iban a volver a detenerlo al cumplir los 18 años, pero entonces él se escapó a Inglaterra.

En Londres fue reclutado por el Special Operations Executive, el servicio que organizaba sabotajes en la Europa ocupada. Lo emplearon en traducir del alemán y tomó el nombre de George Blake. En 1944 volvió al continente para interrogar a los nazis prisioneros y en Hamburgo, con 22 años, dejaron en sus manos a los comandantes de submarinos. Tras la guerra pasó al MI6, el espionaje exterior, que lo envío a Corea en 1950, destinado en la embajada británica en Seúl, donde trabajaba cuando el imperialismo atacó la península.

Fue “capturado” por los norcoreanos y al ser liberado, le consideraron como un “héroe de guerra” y le enviaron a Berlín, la capital mundial del espionaje durante la Guerra Fría, el frente candente para los agentes de uno y otro lado, una ciudad dividida pero aún sin barreras, donde todos podían ir a todos los sectores y casi toda la población trabajaba para algún servicio de espionaje.

La misión de Blake en Berlín era la de convertir a los soviéticos en agentes dobles, pero hacía como Penélope, que deshacía de noche lo que había tejido de día. Le pasaba los nombres de sus agentes al KGB, 400 delatados en total, de los que al menos 42 fueron fusilados.

Pero su gran golpe fue su infiltración en la operación de la CIA en Berlín. Aunque estaba reciente la deserción de Burgess y McLean, el espionaje imperialista todavía no había cobrado conciencia de lo profunda que era la infiltración soviética en el servicio secreto británico, y los americanos seguían fiándose del MI6.

Para evaluar el flujo de desinformación entrante, en Washington se creó un equipo de traductores y analistas de la CIA que continuó funcionando hasta septiembre de 1958. Fue un trabajo ingente y totalmente inútil. La CIA se quedó con un botín de 50.000 cintas grabadas que documentaban un millón de conversaciones telefónicas ficticias que durante años tomaron por informaciones solventes.

El KGB esperó hasta que, al cabo de los años, unas lluvias torrenciales afectaron a las líneas telefónicas de Berlín y comenzaron labores de reparación. De esa manera los soviéticos “redescubrieron” el túnel para denunciar que los imperialistas habían violado los tratados internacionales firmados al acabar la Segunda Guerra Mundial.

El topo aún no había sido descubierto. El KGB aprovechó tan bien el “redescubrimiento casual” del túnel que la CIA se lo tragó. Blake no fue destapado hasta 1961.

La CIA padeció tres duros golpes en uno.

¿Por qué el equipo de Trump mantuvo negociaciones secretas con los rusos?

Richard Nixon, el Presidente defenestrado
El enfrentamiento actual de Trump con los monopolios mediáticos de Estados Unidos y, por extensión, del mundo entero es una reproducción del Watergate, no sólo por la obsesión que muestran los medios sino porque, lo mismo que entonces, lo que está en juego es un golpe de Estado como consecuencia de las relaciones con Rusia, que hace 45 años eran relaciones con la URSS.

También se reproduce el mismo hecho, insólito en los anales del periodismo: tanto Nixon como Trump tienen “mala prensa”, en donde las grandes cadenas desinformativas juegan el papel de portavoces de lo que entonces se llamó “garganta profunda”, los poderes fácticos o el Estado paralelo, es decir, todo el conglomerado de fuerzas que actúa en la sombra porque no son ni el poder legislativo, ni el ejecutivo, ni el judicial. El poder de verdad es otra cosa diferente a esas.

Lo mismo que Trump, también Nixon mantuvo negociaciones secretas, tanto con la URSS como con China, para lo cual utilizaba a Henry Kissinger quien primero actuó en secreto como consejero de seguridad nacional y luego en público como secretario de Estado.

Se pueden poner tantas semejanzas como se quiera. Una de ellas es el papel del tan alabado Washington Post, que destapó Watergate y del que todos ocultan que, lo mismo que el periodista Woodward, no era más que un portavoz de la CIA.

La última artimaña del Washington se produjo la semana pasada cuando aireó la entrevista del yerno de Trump, Jared Kushner, con el embajador ruso  Serguei Kislyak en diciembre. La filtración estuvo acompañada de otra de la CNN el 17 de mayo sobre la interceptación de una serie de conversaciones de diplomáticos rusos que se estaban entrevistando con el general Michael Flynn, ya purgado por Trump de la Casa Blanca a causa de las presiones mediáticas (o sea, de la CIA).

Las filtraciones suben de tono cuando John Brennan, yihadista y antiguo director de la CIA, manifiesta el 23 de mayo ante un comité del Congreso su preocupación por el hecho de que ciertos funcionarios hubieran sido sorbornados por los rusos, lo que era una forma sutil de acusarles de traidores, un delito muy grave. Lo más preocupante, dijo Brennan, es que posiblemente los rusos hayan tenido éxito. “A menudo los que recorren el camino de la traición no saben que están en ese camino hasta que es demasiado tarde”, añadió el yihadista.

En una entrevista con PBS NewsHour, el antiguo director de inteligencia, James Clapper, añade otro eslabón a la cadena de imputaciones: todas esas entrevistas con los rusos fueron secretas. ¿Qué es lo que ocultaban?

Desde 1968 las negociaciones de Nixon y Kissinger con los soviéticos fueron igualmente secretas y se llevaron a cabo a través de Boris Sedov, un espía del KGB que ejerció ese papel de intermediario antes de la investidura de Nixon, como ha puesto de manifiesto un reciente libro de Richard A. Moss, del Instituto de Guerra Naval. Tras la toma oficial de posesión, el contacto se reanudó con Anatoli Dobrinin, el embajador soviético en Washington.

Los contactos eran tan reservados que Nixon tendió una línea telefónica en la Casa Blanca exclusivamente para hablar con Dobrinin, manteniendo apartada a la CIA, algo que los espías nunca le perdonaron, haciéndoselo pagar muy caro.

En sus memorias Dobrinin cuenta que Kissinger le explicó los motivos de dicha reserva: mientras en Moscú saben guardar un secreto, en el Departamento de Estado se producían fugas constinuas de información a la prensa.

Lo mismo que Trump, también Nixon quiso mejorar las relaciones con los soviéticos, avanzar en las negociaciones de desarme y consolidar los acuerdos SALT, algo a lo que se oponían los mismos que ahora: la prensa, los servicios de inteligencia y la industria de guerra. Después de muchas negociaciones, el 26 de mayo de 1972 Nixon y Brezhnev firmaron el tratado SALT de limitación de armas nucleares, que estuvo en vigor durante 30 años, hasta 2002, momento en el que Estados Unidos se retiró unilateralmente del mismo.

Una parte de los círculos dominantes en Washington siempre afirmaron que Nixon había realizado concesiones intolerables a los “comunistas” y pusieron toda clase de obstáculos a la ejecución de los acuerdos. El Senado se negó a ratificar SALT II y en 1986, en tiempos de Reagan, Estados Unidos se desvinculó definitivamente de sus compromisos con el desarme y la distensión.

Entre SALT y Watergate sólo transcurre un año. Los acuerdos SALT fueron los que acabaron con Nixon; Watergate fue la excusa. Ahora con Trump sucede lo mismo. Siguen buscando excusas para acabar con él y con cualquiera que en la Casa Blanca trate de mantener buenas relaciones con Rusia. En Washigton sólo manda el Presidente cuando le dejan.

Más información:

La policía británica consintió que un refugiado fuera asesinado y quemado por sus vecinos racistas

Bijan Ebrahimi, refugiado asesinado
El refugiado iraní Bijan Ebrahimi residía en Bristol, Gran Bretaña, en un bloque de viviendas de protección oficial y antes de ser asesinado en 2013 llamó a la policía en más de 85 ocasiones para advertir que sus vecinos racistas querían asesinarle. Pero los que tenían el deber de protegerlo (la policía) eran tan racistas como sus verdugos (los vecinos).

La Comisión de Quejas contra la Policía, un órgano gubernamental, publicó la semana pasada el informe sobre el asesinato de Ebrahimi.

La primera denuncia a la policía tuvo lugar en 2007. El apartamento se incendió cuando el refugiado estaba en su interior. Sobrevivió, pero se tuvo que mudar de casa. Antes de marchar, su hermana lo ayudó a vaciar la vivienda. “Vino la policía y, sin dar ningún tipo de explicación, los agentes esposaron a mi hermano”, explica Khayatian. “Indicaron que alguien los había llamado y había denunciado un allanamiento de morada. Les expliqué que estábamos limpiando, pero no me hicieron caso. Lo arrestaron y no le quitaron las esposas hasta que un miembro del ayuntamiento vino y les dio la misma versión que yo les había dado. No se disculparon. Simplemente, se fueron. Fue entonces cuando me percaté de que lo que estaba pasando no era normal”.

La segunda se produjo agosto de 2013; un mes después de que un vecino matara a Ebrahimi a golpes y luego quemara su cuerpo. Fue entonces cuando la familia se dio cuenta de que la policía seguía actuando igual después de su muerte. Khayatian y su hermana, Manizhah Moores, fueron a dejar flores en la puerta del apartamento de su hermano. Iban acompañadas por dos policías. Todavía no sabían qué le había pasado a su hermano y por qué los dos policías no les daban ningún tipo de explicación.

“Cuando vaciamos uno de sus armarios decidimos donar algunas pertenencias que no tenían ningún tipo de valor sentimental”, indica Khayatian. “Los policías sabían lo que había pasado, pero nos dejaron dar estas pertenencias a las personas que le habían causado la muerte. Cuando más tarde supimos lo que había pasado, nos sentimos mal con nosotras mismas. Tras descubrir qué había pasado, perdí la confianza en el sistema y supe que los problemas no terminarían allí”.

Las dos hermanas decidieron que no pararían hasta descubrir qué había pasado a su hermano pequeño y durante cuatro años impulsaron una campaña con este objetivo y con el fin de dar a conocer esta historia al mundo entero.

A principios de la semana pasada, la Comisión de Quejas contra la Policía publicó un informe en el que indica que la policía no protegió a Ebrahimi a pesar de que en numerosas ocasiones este había denunciado que era víctima de una campaña de odio violenta y racista orquestada por sus vecinos.

Ebrahimi era el hermano menor y durante muchos años cuidó de sus padres enfermos en Teherán. Tras la muerte de estos, solicitó la condición de refugiado en el Reino Unido y, tras una breve estancia en Leicester, se mudó a Bristol para estar más cerca de sus hermanas. Tuvo problemas en la columna y en las rodillas que lo dejaron incapacitado.

Ebrahimi fue víctima de abusos sistemáticos en la comunidad de viviendas de protección oficial donde vivía. Algunos de estos actos de acoso eran menores. Adoraba a su gato atigrado, así que sus acosadores lo patearon. Le gustaba tener flores y plantas, así que el vecino que lideró la campaña de acoso animó a los niños a arrancarlas. Algunos de estos actos fueron mucho más graves.

Difundieron el rumor de que Ebrahimi era un pederasta, le dijeron que lo iban a atropellar y lanzaron piedras contra sus ventanas. Unos días antes de asesinar a Ebrahimi, Lee James entró en su casa y lo golpeó con la excusa de que había tomado fotografías de sus hijas. En el transcurso de seis años, Ebrahimi llamó a la policía en 85 ocasiones.

La investigación dejó al descubierto que tanto la policía como las autoridades locales habían ignorado sistemáticamente sus llamadas o habían optado por creer la versión de sus vecinos. En 2009, la policía lo describió como alguien “que se quejaba sistemáticamente de sus vecinos a pesar de que las investigaciones siempre revelaban que era él el agresor”. Cuando James se metió en casa de Ebrahimi y lo golpeó en la cabeza, la policía arrestó a Ebrahimi por alterar el orden público.

La policía británica defendía a los asesinos, no a sus víctimas porque su tarea no tiene nada que ver con los delitos sino con el color de la piel.

http://www.eldiario.es/theguardian/britanica-protegio-Ebrahimi-refugiado-asesinado_0_662484057.html

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