La web más censurada en internet

Día: 24 de junio de 2017 (página 1 de 1)

¿Quién influencia a la prensa (des)prestigiada?

La falsa campaña de los medios de propaganda del imperialismo contra las ‘noticias falsas’ (3)
¿Cómo ha clasificado “Decodex” inicialmente la prensa británica? Tanto “Daily Telegraph” como la BBC son definidos así: “Este sitio es en principio más bien fiable. No dude en confirmar la información buscando otras fuentes fiables o remontándose a su origen”. Frente a esta prensa británica que, observada con mas detalle, no es que esté alineada precisamente con los prejuicios del equipo de “Decodex”, ¿Qué piensa “Decodex” de la prensa oficial rusa?

A la pregunta de si “¿Es Russia Today, en su versión francesa, una fuente de información fiable?”, “Decodex” responde: “Una cadena de información asociada a una web de información, financiada por el poder ruso, creada en 2005 con el fin de dar una imagen más favorable de Vladimir Putin en el exterior. Este medio puede presentar investigaciones de calidad, pero presenta siempre el sesgo de reproducir informaciones favorables a Moscú”.

Respecto a otro sitio de información rusa, Sputnik en su versión francesa, “Decodex” ofrece un mensaje idéntico, añadiendo: “Sea prudente y cruce con otras fuentes. Si es posible, remóntese al origen de la información”.

Desde luego que nos adherimos al “sea prudente” aconsejado por los periodistas de “Decodex”. Solo que para los “decodificadores” la prensa rusa está enfeudada al Kremlin, mientras que “Le Monde” es, naturalmente, cuasi irreprochable… Señalemos sin embargo que “Le Monde” se beneficia cada año de una considerable ayuda del Estado francés, en la segunda posición de todas las publicaciones francesas que reciben fondos.

¿Qué dice “Decodex” respecto a su patrón “Le Monde”? Se contenta con un mensaje lapidario: “Un diario y web de información generalista. El grupo está dirigido desde 2010 por los hombres de negocios Xavier Niel, Pierre Bergé y Matthieu Pigasse”. Y concluye con la fórmula habitual: “No dude en confirmar la información cruzando con otras fuentes o remontándose a su origen”. Y es lo que vamos a hacer ahora.

Para ello, nos ha parecido importante volver a algo ya escrito. Mucho antes del “Decodex”, nos preguntábamos sobre las certezas de los patronos de la prensa. Para responder a esta cuestión, hemos ido a los trabajos de Noam Chomsky y Edward Herman, que co-escribían en 1988: “Manufacturando el consenso. La economía política de los mass media”. El libro se tradujo en 2008 al francés, con el título de “La fabrication du consentement”. Los dos intelectuales norteamericanos atraen nuestra atención sobre los cinco filtros que determinan la fabricación del consenso:

1) Tamaño, accionariado, orientación lucrativa
2) Regulación de la publicidad
3) Fuentes de información
4) Cortafuegos y otras formas de presión
5) Anticomunismo.

La propaganda puede organizarse mediante poderosas ONG o “círculos de reflexión” (think tanks), con el tiempo convertidos en grupos de presión. Para Noam Chomsky y Edward Herman, estas organizaciones, bajo la excusa del aval científico, influencian radicalmente el relato de los diferentes medios. Constituyen una “sociedad de expertos”, que juegan al mismo tiempo el papel de agentes del poder de EEUU en el origen de las fuentes primarias, que determinan la orientación de líneas editoriales. Hemos extraído de la galaxia de “think tanks” neoliberales o “atlantistas” una pequeña muestra a fin de centrar la atención sobre el peso político de sus miembros, y sobre sus fuentes de financiación, procedentes de seis categorías de proveedores de fondos: la industria del armamento, la energía, las finanzas, los medias y la comunicación, el Departamento de Estado estadounidense y los gobiernos aliados de Estados Unidos.

El Consejo Atlántico es la oficina de propaganda cuasi oficial de la OTAN. Integra una multitud de antiguos Secretarios de Estado norteamericanos, como Madeleine Albright, que lo fue con Clinton, Colin Powell, con Bush, Condoleezza Rice, que lo fue en los dos mandatos de George W. Bush, James Baker, Robert Gates, director de la CIA, que llegó a Secretario de Defensa con G.W. Bush conservando su puesto con Obama.  Su financiación procede entre otros de ExxonMobil, Bank of America, Ejército de EEUU, la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la Marina, Boeing, Rockefeller y compañía, Thales USA, etc.

El Washington Institute es una organización que fue duramente criticada por sus estrechas relaciones con el grupo de presión pro-israelí AIPAC. Entre los consejeros consultivos tenemos a Henry Kissinger, antiguo Secretario de Estado, o Richard Perle, ex Secretario adjunto a Defensa. También a Condoleezza Rice y R. James Woolsey, ex director de la CIA. Su financiación procede probablemente de la AIPAC.

La Fundación Carnegie está representada en Europa por Victoria Nuland, ex embajadora adjunta a la OTAN (2000-2003), y luego consejera del vicepresidente Dick Cheney (2003-2005) antes de ser empleada por Hillary Clinton. Entre sus financiadores destacamos entre otros la OpenSociey, Departamento de Defensa de EEUU, la Fundación Ford, Chevron, Emiratos Árabes Unidos, Morgan Stanley, Alemania, etc.

El Center for a New American Security reúne a personalidades políticas tales como el general David Petraeus, ex director de la CIA (2011-2012), Hillary Clinton y también Madeleine Albright. Sus financiadores son entre otros Boeing, el gobierno de Japón, Morgan Stanley, Open Society, Chevron, el Pentágono, Bank of America, Lockeed Martin, el ejército, la flota y la aviación de Estados Unidos, etc.

El Center for Strategic and International Studies cuenta en su consejo de administración con Henry Kissinger, con Zbigniew Brzezinski, geoestratega que aconsejó a los presidentes Carter, George W. Bush y Barack Obama, y James Woolsey, director de la CIA desde 1993 a 1995. Sus financiación procede entre otros de Bank Of America, Chevron, Lockeed Martin, Boeing Raytheon, Thales, Electricidad de Francia, la Cámara  Comercio de EEUU…

El Council on Foreign Relations es muy probablemente la principal estructura de influencia de la galaxia de “think tanks” atlantistas. Ahí tenemos a Henry Kissinger, Madeleine Albright, Colin Powell, Robert Gates y Gerald Ford, 38º presidente de los EEUU. Sus financieros son Bank of America, Exxon Mobil, Goldman Sachs, JPMorgan, Morgan Stanley, Credit Suisse, Deutsche Bank, Lazard, Airbus Group, Raytheon, Total, Cámara de Comercio de EEUU.

Entiéndase bien, no se trata de afirmar aquí que todos los periodistas están sometidos a intereses ocultos, pero en cualquier caso es obligatorio constatar que las redacciones de nuestros medios están todas “bajo una fuerte influencia”. Y se observa que el especialista en “golpes retorcidos” Henry Kissinger está presente en todos estos “think tanks” desde hace muchos años.

https://anticons.wordpress.com/2017/06/17/le-monde-a-lepreuve-de-la-methode-de-son-decodex/

Más información:
— La OTAN reconoce que está detrás de la ola de censura en la Unión Europea
— ‘Crosscheck’, el último mecanismo de censura en internet

Ucrania: ‘El Kremlin multiplica las referencias a la Segunda Guerra Mundial’

La falsa campaña de los medios de propaganda del imperialismo contra las ‘noticias falsas’ (2)

En 2016, para responder a la película “Las máscaras de la revolución”, de Paul Moreira, que trataba sobre el papel preponderante de los neonazis en Ucrania, Benoît Vitkine, periodista de “Le Monde”, titulaba una de sus crónicas así: “El documentalista lleva gafas deformantes. Pravy Sektor, Azov, Svoboda… Moreira hace de estos grupos de extrema derecha los artesanos de la revolución, cuando no eran más que uno de los brazos armados. Les presenta como una principal fuerza política, cuando sus logros electorales son insignificantes”.

1. ¿Cuáles son los otros brazos armados, ya que Benoit Vitkine sobreentiende que existen otros, sin llegar a nombrarlos?

2. Si existe una propaganda del Kremlin, existe igualmente una del lado “occidental”, basada en gran parte en los resultados electorales, buenos o no, de la extrema derecha ucraniana.

Desde 2014 este argumento sirve para minimizar todo lo posible la presencia de fascistas en el aparato de Estado ucraniano. Por regla general, los propagandistas franceses cierran el tema con un “también hay una extrema derecha en Francia”.

En primer lugar destaquemos que por un lado los periodistas de “Le Monde” proclaman que “los años 30 están de vuelta” y, por el otro, estos mismos periodistas disminuyen la importancia de los nazis hiperactivos que sin embargo están al servicio de un gobierno aliado con el Estado francés. ¿Quién es Andrei Paruby, el comandante del Euromaidan? En 1991 fundó el Partido Nacional-Socialista de Ucrania con Oleh Tyahnybok. Este partido será más tarde el conocido como Svoboda.

El 14 de abril de 2016, Andrei Paruby se convirtió en el presidente del Parlamento ucraniano, en el camino hacia el puesto de primer ministro de sus dos predecesores. Según el diario alemán “Der Spiegel”: “El nombre de Partido Social-Nacional es una referencia intencional al Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler”. Su emblema, el Wolfangel, era uno de los símbolos iniciales del partido nazi. Se convertirá en el logo del Partido Social-Nacional de Ucrania, y luego del partido de Paruby, Svoboda.

Además, pese a que la prensa británica en materia de política extranjera está alineada globalmente con su gobierno, frecuentemente relatan el papel principal de los batallones abiertamente neonazis al servicio de nuevo poder de Kiev. Son artículos corroborados por Amnesty International, que desde septiembre de 2014 alertaba a la opinión pública sobre los crímenes perpetrados por las tropas paramilitares ucranianas. Estos grupos de extrema derecha fueron identificados por el diario israelí “Haaretz”, que desde el inicio de los sucesos en Ucrania informan de que Pravy Sektor y Svoboda distribuían traducciones de “Mein Kampf” y de los “Protocolos de los Sabios de Sión” en la plaza Maidan.

https://anticons.wordpress.com/2017/06/17/le-monde-a-lepreuve-de-la-methode-de-son-decodex/

Más información:
— La OTAN reconoce que está detrás de la ola de censura en la Unión Europea 

— ‘Crosscheck’, el último mecanismo de censura en internet

La falsa campaña de los medios de propaganda del imperialismo contra las ‘noticias falsas’ (1)

Uno de los periódicos más (des)prestigiados que ha entrado en la campaña contra las noticias falsas es el francés “Le Monde”, para lo cual ha inventado “Decodex”, un artilugio informático que no es otra cosa que la vieja Inquisición medieval. Si antes los que defendían la verdad entraban en el “índice de libros prohibidos”, ahora “Le Monde” hace lo mismo. Bajo las órdenes de la OTAN, cataloga a los demás medios para desacreditar sus informaciones. Son los “maleus maleficarum” (martillo de herejes) de la Santa Iglesia Mediática.

Aquellos que hayan escapado a la última campaña de comunicación de “Le Monde” deben saber que este diario, a fin de luchar contra las “falsas informaciones”,  lanzó el pasado febrero una herramienta de evaluación de contenidos en línea denominada “Decodex”. La aplicación permite vía Google Chrome o Firefox acceder a la guía de fuentes enumeradas en el “Decodex”.

Mas exactamente, de conformidad con unas reglas prefijadas, esta herramienta proporciona “puntos buenos o malos” a través de cuadritos coloreados: rojos para “sitios que difunden falsas informaciones”, naranjas para “aquellos cuya fiabilidad es dudosa”, y azules para “las procedentes de sitios paródicos”.

Hay que destacar que los verdes, que indicaban los “sitios fiables” han sido suprimidos. En resumen, “Decodex” se inscribe en la lógica de la criminalización de fuentes que escapan a las redes profesionales de información, y opiniones a menudo iconoclastas que proceden de ellas. Esta iniciativa, como poco maniquea, ha sido acogida por un gran número de periodistas de manera negativa.

Pero seamos buenos jugadores y partamos del postulado de que cada empresa tiene su parte de buena fe. También, sin duda antes de mandar este “juguete extra” al museo de los objetos insólitos, sometamos las versión en internet de “Le Monde” a la crítica de su famoso “Decodex”.

En primer lugar, examinemos sucintamente la metodología del “Decodex” que, ahora, preconiza “la verificación de la información antes de compartirla, de verificar las fuentes, de juzgar la fiabilidad de una web, y también verificar un rumor que circule por las redes sociales con su corolario, el de reconocer una teoría complotista”. Para verificar esta “Carta”, trataremos cinco temas.

https://anticons.wordpress.com/2017/06/17/le-monde-a-lepreuve-de-la-methode-de-son-decodex/

A la CIA siempre le gustaron más los intelectuales de la ‘nueva izquierda’

El escritor francés Michel Foucault
Pablo Pozzi

La CIA acaba de desclasificar un documento de trabajo que comprueba, y brinda algunos datos nuevos, su política hacia la intelectualidad progresista y de izquierda. El documento se titula “Francia: la defección de los intelectuales de izquierda” y describe, detalladamente, cómo captar e influenciar intelectuales, particularmente aquellos nucleados en la revista Annales, la Ecole des Hautes Etudes, y los que se referenciaban en Michel Foucault, Jacques Derrida y Jacques Lacan, en que lo visualiza como “una guerra cultural”. Si bien el eje del documento son los intelectuales franceses, los principios y criterios que plantea fueron aplicados a través del mundo. En el mismo se describen sus tácticas y estrategias para generar un ambiente intelectual antimarxista a partir de influenciar a los intelectuales posmarxistas y a los críticos del Partido Comunista francés.

El documento establece que “durante las protestas de mayo-junio de 1968 […] muchos estudiantes marxistas miraban hacia el PCF para liderazgo y la proclamación de un gobierno provisional, pero la dirección del PCF trató de aplacar la revuelta obrera y denunció a los estudiantes como anarquistas”. A partir de ahí surgieron los “Nuevos Filósofos” que, desilusionados con la izquierda, “rechazaron su alianza con el PCF, el socialismo francés, y las premisas básicas del marxismo”. Estos intelectuales posmarxistas son considerados como mucho más efectivos en la guerra cultural que los intelectuales conservadores de la derecha, como Raymond Aron. Esto se debió a que los intelectuales conservadores se habían desprestigiado por su apoyo al fascismo. En cambio, los así denominados intelectuales democráticos, con su crítica a la URSS y al comunismo, eran útiles y, sobre todo, efectivos.

A partir de estas consideraciones iniciales, el documento señala que:

“Entre los historiadores franceses de la posguerra, la influyente escuela vinculada con Marc Bloch, Lucien Febvre y Fernand Braudel ha avasallado a los historiadores tradicionales marxistas. La escuela de Annales, como es conocida por su principal publicación, ha dado vuelta la investigación histórica francesa, principalmente desafiando primero, y rechazando después, las teorías marxistas del desarrollo histórico. Si bien muchos de sus exponentes pretenden que están dentro ‘de la tradición marxista’, la realidad es que solo utilizan el marxismo como un punto crítico de partida […] para concluir que las nociones marxistas sobre la estructura del pasado –de relaciones sociales, del patrón de los hechos, y de su influencia en el largo plazo– son simplistas e inválidas”.

“En el campo de la antropología, la influencia de la escuela estructuralista vinculada con Claude Lévi Strauss, Foucault y otros, ha cumplido esencialmente la misma función […] creemos sea probable que su demolición de la influencia marxista en las ciencias sociales perdure como una contribución profunda tanto en Francia como en Europa Occidental”.

En particular los autores del documento alaban a Foucault y Lévi Strauss por “recordar las sangrientas tradiciones de la Revolución Francesa” y que el objetivo de los movimientos revolucionarios no era tanto la profunda transformación social y cultural de una sociedad, sino más bien el poder. Por ende, según el documento, la teoría francesa posmarxista realizó una contribución inapreciable al programa cultural de la CIA que intentaba mover a los intelectuales de izquierda hacia la derecha, mientras desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, permitiendo la creación de un ambiente intelectual donde sus proyectos podían ser llevados a cabo sin ser molestados por un serio escrutinio intelectual.

El eje no solo era desacreditar al marxismo como teoría, sino también tenía cuatro aspectos vinculados entre sí:

1. Fracturar a la izquierda cultural en diversos movimientos a través de lo que se denomina “políticas de identidad”. En este sentido, las reivindicaciones de clase, el concepto en sí, y la lucha de clases como motor de la historia, se diluyen en una cantidad grande de diversos movimientos, sin que ninguno acepte la primacía del concepto básico del marxismo, las clases sociales: estos intelectuales de Nueva Izquierda se opondrán “a cualquier planteo de unidad de la izquierda”.

2. Se desvía la atención del capitalismo (y los Estados Unidos) como causante de los problemas del mundo, hacia problemas como el consumo, la falta de democracia o de educación (y la URSS). “El antisovietismo se ha convertido en la base de legitimidad del trabajo intelectual”.

3. Se torna difícil movilizar a las élites intelectuales en oposición a las políticas imperiales de Estados Unidos, apuntando a fracturar sectores medios de la clase obrera. De hecho, señala que “hay un nuevo clima de antimarxismo y de antisovietismo que dificultará movilizar una oposición intelectual a las políticas de Estados Unidos”.

4. Se equiparaba al marxismo con “anticientificidad”, y el compromiso político de izquierda entre los intelectuales es considerado como “poco serio” y “subjetivo”: los intelectuales de la Nueva Izquierda están “menos dispuestos a involucrarse y tomar partido”.

Mucho de lo que se plantea en el documento no es nuevo, si bien es una confirmación de la importancia que la CIA le dio a las nuevas tendencias intelectuales en su lucha antimarxista. Un elemento notable es que no haga casi referencias a los cuantiosos fondos que destinó la CIA a captar intelectuales de izquierda. Por ejemplo, Frances Stonor Saunders (La CIA y la Guerra Cultural) señaló que la Agencia no informaba al gobierno norteamericano que estaba financiando diversos proyectos “de izquierda” que contribuyeran a alejar a los seres humanos de planteos igualitarios o clasistas. De hecho, uno de los aspectos que ella revela es que la CIA prefería “marxistas reformados” a los tradicionales conservadores y derechistas. Por “reformados” se entendía aquellos izquierdistas que se habían decepcionado del comunismo, o eran críticos de la URSS.

Esta promoción de intelectuales “reformados”, en especial los posmarxistas, se vio acompañada de importantes recursos económicos, acceso a editoriales y medios de comunicación, e inclusive a nombramientos académicos. Así, señala el documento, diversas obras de personajes como André Glucksmann y Bernard Henri Levy se convirtieron en best sellers. Por ejemplo, según Tom Braden, que fue el director de la Rama de Organizaciones Internacionales de la CIA, la Agencia compró miles de ejemplares de las obras de Hannah Arendt, Milovan Djilas e Isaiah Berlin para promoverlos. Otro ejemplo, no mencionado por el documento, es que la VI sección de la Ecole Pratique des Hautes Etudes, que alojaba a Lucien Febvre y Fernand Braudel, se estableció con un financiamiento recibido a través de la Fundación Rockefeller en 1947. Y luego fue financiada a través de la Fundación Ford, incluyendo los dineros e influencias necesarias para convertirse en la Ecole Pratique des Hautes Etudes en Sciences Sociales, con habilitación para otorgar títulos universitarios. Como señaló Kristin Ross, en su libro Fast Cars, Clean Bodies: Decolonization and the Reordering of French Culture (1996):

“En las décadas de 1950 y 1960 Braudel, Le Roy Ladurie y otros de la VIeme Section, crearon lo que Braudel denominó ‘una historia donde los cambios son casi imperceptibles […] una historia donde el cambio es lento, de repetición constante, de ciclos recurrentes’. Sus enemigos más formidables habitaban en frente, en la [Universidad de la] Sorbonne: un largo linaje de historiadores marxistas de la Revolución Francesa, como Georges Lefebvre y Albert Soboul. Y lo que estaba en juego era que reemplazaban el estudio de la historia de los movimientos sociales y el cambio abrupto o la mutación histórica por el estudio de las estructuras, o sea se borraba la idea misma de la Revolución. Estos historiadores marxistas [se enfrentaban] a colegas modernizados, con exceso de fondos, y muy bien equipados con computadoras y fotocopiadoras” (pág. 189).

Lo anterior se complementó con viajes, becas, subsidios, y una cantidad importante de seminarios internacionales destinados a promover tanto la visión de Annales como el estructuralismo de Claude Lévi Strauss. En síntesis, si los intelectuales de izquierda no encuentran los recursos necesarios para llevar adelante sus investigaciones, o para publicarlas, entonces se encuentran sutilmente forzados a aceptar el orden establecido, mientras adoptan las modas intelectuales hegemónicas para poder encontrar empleo. El resultado es el debilitamiento del pensamiento de izquierda y de la conformación de un efectivo accionar revolucionario.

http://www.deigualaigual.net/cultura/2017/1222/braudel-levi-strauss-y-la-cia/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies