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Día: 8 de junio de 2017 (página 1 de 1)

Las confesiones de un mercenario de la CIA entrenado para matar a Fidel Castro

Veciana, el espía entrenado para matar
Un agente de la CIA entrenado para asesinar al fallecido dirigente cubano, Fidel Castro, reconoce que Washington no trata de ayudar al pueblo cubano. “Yo era un terrorista improbable. Era delgado, asmático y estaba lleno de inseguridades”, dice Antonio Veciana en su libro “Trained To Kill” (Entrenado para matar), coescrito con el periodista Carlos Harrison y publicado por Skyhorse Publishing.

El cubano Antonio Veciana era un espía de la Central de Inteligencia de Estados Unidos que dedicó su vida a intentar matar a Fidel Castro y desestabilizar al gobierno de Cuba. A sus 88 años, dice que la suya “es la historia de un fracaso”.

Veciana ha confesado que lo que hacía “es lo que hacen los terroristas” y cuenta cómo el agente de la CIA David Atlee Phillips (a quien él conocía como “Bishop”) lo reclutó en 1959 y lo entrenó en La Habana, capital cubana, para matar a Castro.

El exagente relata que “al principio, la idea era desestabilizar” el país creando rumores, y el más sonado fue un supuesto proyecto de ley según el cual el gobierno quitaría a los padres la patria potestad de sus hijos: provocó la separación de miles de familias. “Entonces los padres mandaron a cerca de 14.000 personas aquí”, a Estados Unidos. “Muchos se reunieron después con sus hijos, pero otros no pudieron volver a verlos, porque murieron o no pudieron salir del país”.

Este éxodo pasó a la historia como la “Operación Pedro Pan”. Entre 1960 y 1962, los padres sacaron a sus hijos de Cuba a través de los oficios de la Iglesia Católica. Los niños sin acompañantes adultos eran recibidos en campamentos en Florida.

Veciana se exilió en Estados Unidos en 1961 debido a un fallido atentado contra Castro. Un siguiente intento de matar a Castro en Santiago de Chile también falló. Años después, Veciana tuvo que abandonar otro atentado. Su esfuerzo por desprestigiar a Ernesto “Che” Guevara después de su muerte en Bolivia tampoco resultó. La leyenda del revolucionario argentino se le escapó a la CIA de las manos.

“Realmente trato de no pensar mucho en eso, porque la mía es la historia de un fracaso. Cuando uno fracasa por diferentes circunstancias siente que no hizo lo correcto, o que la suerte no le ayudó, pero se siente fracasado”, explica.

Mucha historia secreta se llevará a la tumba Antonio Veciana, terrorista y criminal, participante activo en la Operación Cóndor y agente de la CIA, quien intentó varias veces asesinar a Fidel Castro y fracasó en su empeño.

http://www.es.awdnews.com/sociedad/esp%C3%ADa-de-cia-cuenta-c%C3%B3mo-lo-entrenaron-para-matar-a-fidel-castro

El extraño caso de la organización terrorista sin terroristas ni organización

El 16 de diciembre de 2014 cientos de agentes de los Mossos d’Esquadra (alrededor de 500) se despliegan en 14 locales y casas de Barcelona, Manresa y Sabadell. Los registros también llegan a un domicilio de Madrid. La operación está dirigida por la División de Información de los Mossos y está coordinada por la Audiencia Nacional. Es la Operación Pandora I. Once personas son detenidas y siete de ellas entran rápidamente en prisión incondicional. Los cargos son durísimos.

El magistrado de la Audiencia Nacional Gómez Bérmudez les atribuye la comisión de delitos de constitución, promoción, dirección y pertenencia a organización terrorista en relación con delitos de tenencia y depósito de sustancias o aparatos explosivos y daños y estragos con finalidad terrorista. La nota de prensa que los Mossos d’Esquadra remiten a los medios hablan de la desarticulación de “una organización terrorista de cariz anarquista a la que se le atribuyen varios atentados con artefactos explosivos”.

Se trata de la primera operación a gran escala contra este presunto terrorismo anarquista implantado en España. Después vendrá la Operación Piñata, en la que serán detenidas 15 personas y cinco entrarán en prisión; y la Operación Pandora II, en la que serán detenidas otras nueve personas. Los cargos y la base de la acusación son prácticamente idénticos: pertenencia a organización terrorista, daños y tenencia ilícita de armas para uso terrorista.

En total, 33 personas fueron detenidas y 12 encarceladas en apenas un año acusadas, en su mayoría, de participar de uno u otro modo en una presunta organización terrorista a la que se acusa de ser el brazo operativo en España de la FAI-FRI (Federación Anarquista Informal-Frente Revolucionario Internacional) y actuar bajo el nombre de Grupos Anarquistas Coordinados (G.A.C.).

Esta organización terrorista tendría, según describe el auto de la Operación Piñata que envía a prisión a cinco personas, unos 17 miembros activos aunque habría muchos más en su órbita y sería una especie de coordinadora de células terroristas que habrían actuado ya en explosiones como las que tuvieron lugar en la catedral de la Almudena de Madrid y en la basílica del Pilar (Zaragoza) en 2013.

Estas células —describe el auto— estudiaron “ejecutar un acto delictivo con finalidad terrorista en las fechas próximas al Acto de Coronación de Felipe VI”. Asimismo, se señala que estas organizaciones están movidas por “motivos puramente ideológicos” y pueden “atacar todo lo que representa al Estado español, así como a símbolos religiosos o financieros (empresas, entidades bancarias), y con ello, ejecutar los hechos con el afán de subvertir el orden constitucional instaurado en España”. Una clara muestra de ello, dice el auto, es la lectura de la obra “Contra la democracia”.

En noviembre de 2015, además, llegará otra operación relacionada con las dos anteriores. Arrestan en Madrid a seis jóvenes acusados de formar un peculiar grupo terrorista anarquista y vegano, que rechazaba las drogas y el alcohol, llamado Straight Edge. Uno de los jóvenes, de hecho, pasó hasta 14 meses en prisión de máxima seguridad con la acusación de haber participado en la quema de cajeros.

Las operaciones policiales ponían fin a una larga lista de advertencias de las autoridades. Apenas unos meses antes, algunos de los principales responsables del país en materia de seguridad advertían de los peligros del anarquismo. El que era Director General de la Policía, Ignacio Cosidó, anunciaba que “el terrorismo anarquista se había implantado en España” y que había “riesgo de atentados”, mientras que el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, culpaba a los anarquistas de los disturbios de Gamonal. Incluso el diario El País publicó por aquellos tiempos unos informes policiales que señalaban que “el terrorismo ácrata” había copiado (aunque “a otro nivel”) la forma de actuar y organizarse de Al Qaeda. El diario de Prisa, de hecho, tituló la información así: “El terrorismo anarquista copia a Al Qaeda”.

El auto habla de “posibles ilícitos penales relacionados con el tráfico de sustancias estupefacientes o psicotrópicas”; sabotajes bancarios o de la colocación de explosivos en templos religiosos con la finalidad de alterar gravemente la paz pública. La alarma policial se dejó ver en los medios de comunicación. La palabra anarquismo se situó entre las principales noticias del día cada vez que hubo novedades en los casos y siempre asociada a la idea de violencia y terrorismo.

Dos años y medio después del inicio de estas operaciones, absolutamente ninguno de los acusados e investigados ha sido condenado por estas acusaciones. Muy al contrario, la Audiencia Nacional ha dado serios varapalos a las operaciones y a las tesis policiales. En junio de 2016 fue sobreseída la Operación Pandora II y hace apenas una semana sucedió lo propio Pandora I. En los dos autos se especificaba que “pese al tiempo transcurrido no se han averiguado hechos nuevos que puedan ser estimados como indicios suficientes”.

Asimismo, la última persona encarcelada por la Operación Piñata, por la que entraron en la cárcel 11 anarquistas, fue liberada en mayo de 2015. El auto de puesta en libertad, además, fue muy duro con las medidas de prisión provisional decretadas anteriormente. Así, el documento critica que la decisión de encarcelar a cinco de los detenidos se realizó sin reflejar en el texto “indicios racionales de la comisión de una acción delictiva” ni “la “comisión de acciones terroristas de ningún tipo, y en concreto con el GAC, no constando esos supuestos ataques indiscriminados ni se ha producido una situación de grave alteración”.

El auto además resaltaba que ninguno de estos presuntos ataques, además, había imposibilitado la normal convivencia de los ciudadanos ni había provocado una grave alteración de la paz pública. “La escasa intensidad de los hechos atribuidos por la policía impide hablar de la existencia de una organización terrorista ya que no existe un grupo coordinado, jerarquizado y estructurado; ni las acciones que se les atribuyen tienen finalidad terrorista, sino que, normalmente, suelen responder a protestas concretas”, queda reflejado en el documento.

Por otro lado, no deja de ser curioso que el manual “Contra la democracia”, descrito en los autos prácticamente como un manual terrorista, no dice nada de nada relacionado con el terrorismo. “El texto contiene la palabra ‘violencia’ 9 veces y en ninguna de ellas haciendo un llamamiento expreso a la misma sino que reflexiona sobre la violencia del Estado o la no-violencia del ciudadano medio o para reflexionar si existiría violencia o no en caso de desaparecer los ejércitos del mundo. La palabra ‘armada‘ aparece 3 veces: una para referirse a la Armada Invencible, otra para los zapatistas y otra sobre ‘la época en que había más lucha armada’. En ningún momento se refieren a acciones violentas o lucha armada. ‘Sabotaje’ no aparece ni una sola vez”.

Asimismo, el auto también ataca la presunta integración de estas personas en una organización terrorista. “La vinculación que se lleva a cabo de estos grupos es absolutamente gratuita […] No se ha acreditado la existencia de tales grupos (GAC) y mucho menos la pertenencia a los mismos del ahora recurrente. Sus actividades eran absolutamente legales y no tenía nada que ocultar, como lo demuestra el hecho de que conocía que eran objeto de investigación policial”, prosigue.

¿Pero cómo es posible que hayan pasado por prisión cautelar sin fianza varias personas acusadas de terrorismo y que la Justicia no haya encontrada nada contra ellas? ¿Qué buscaba la policía? La tesis policial consiste en que los G.A.C. son la rama española de FAI-FRI, organización que sí que está reconocida como terrorista por las autoridades europeas, y que diferentes grupos anarquistas del Estado español sin una relación formal entre sí, sin conocerse, sin adiestramiento previo de ningún tipo, aprendiendo cada uno por su cuenta, sin consignas y sin jerarquías integran esta organización siendo todos ellos responsables de las acciones de los otros.

Las operaciones policiales contra el anarquismo nacen en el año 2013 tras la explosión de dos artefactos pirotécnicos en La Almudena y la basílica del Pilar. Los dos ataques fueron reivindicados por el autodenominado Comando Insurrecionalista Mateo Morral y dos ciudadanos chilenos fueron detenidos como responsables de estos hechos: Franscisco Javier Solar y Mónica Andrea Caballero.

A partir de ahí, la policía comienza una labor de seguimiento de las personas que los visitan en prisión y con los que han podido mantener lazos o compartir información. La tesis es que este Comando Insurrecionalista Mateo Morral junto con el resto de organizaciones o colectivos anarquistas con los que tienen relación forman parte de una misma organización terrorista que tiene como fin la “subversión del orden constitucional”. La única prueba es que sus miembros mantenían relación entre ellos, establecían contactos y, de vez en cuando, realizaban acciones conjuntas.

La película de ficción de los servicios de inteligencia de la Policía duró hasta que la Audiencia Nacional, en una sentencia ratificada por el Supremo, condenó a los dos ciudadanos chilenos en marzo de 2016 por sendos delitos de lesiones terroristas y daños terroristas, pero los absolvió del delito de integración en banda armada.

La descripción que la policía hacía de los GAC y de los FAI/FRI no encajaba en ni uno solo de los requisitos establecidos en el Código Penal español para que alguien sea condenado por integración en organización terrorista ni para que la organización descrita, los GAC, pueda ser considerada como terrorista.

“Si se considerase a la FAI/FRI-GAC organizaciones terroristas, serían tan defectuosas, incapaces y objetivamente disfuncionales que ni siquiera tendrían relevancia penal. Y es que una organización horizontal no es una organización”, establece la sentencia de la Audiencia Nacional, que también recrimina que “no se ha practicado prueba alguna tendente a acreditar que los procesados […] estuvieran integrados en alguno de los llamados grupos de afinidad de FAI/FRI—GAC”, dicta la sentencia.

Con esta sentencia, los cargos contra los anarquistas comienzan a diluirse cual azucarillo en vaso de agua. Los acusados van saliendo de prisión y las operaciones Pandora I y Pandora II ya han sido cerradas. Los que ayer eran una amenaza real para el terrorismo en España, hoy están en la calle.

Es el extraño caso de una organización terrorista sin organización ni terroristas.

http://www.publico.es/sociedad/extrano-caso-organizacion-terrorista-anarquista.html

El proceso de incorporación de Crimea a Rusia

En 1991 el desmantelamiento de la URSS creó de 16 Estados distintos en donde antes sólo había uno. En todos y cada uno de ellos los imperialistas han asentado sus reales, instalando bases militares y cañones que no apuntan al azar, a todas partes: apuntan a Rusia.

Lo mismo ha ocurrido en los Balcanes, donde recientemente Montenegro se ha incorporado a la OTAN. La antigua Yugoeslavia no sólo ha sido despedazada sino que con ella ha acabado su política de no alineamiento. Después de una guerra feroz, sus pedacitos han sido engullidos uno a uno y ya solo queda Serbia por doblegar.

Ucrania es un calco de lo mismo. Históricamente es un país inconcebible sin la Revolución de Octubre. Todo se lo debe a la URSS, por lo que sus “nacionalistas” huelen a podrido ya que jamás han enfilado su lucha contra el imperialismo sino en la dirección contraria, lo que debería hacer pensar a más de un estrábico.

Dentro de la URSS Ucrania tuvo, además, un trato privilegiado en muchísimos aspectos, desde el trazado de las fronteras hasta su integración en la ONU en 1945 como miembro de pleno derecho. Formaron parte de Ucrania numerosas poblaciones que no eran ucranianas, un proceso que culminó en 1954 con la incorporación de Crimea a la República Socialista Soviética de Ucrania que, dicho sea paso, violaba las leyes de la URSS. A pesar de ello, a nadie le cupo ninguna duda nunca de que Crimea no era Ucrania, pero la URSS era un Estado creado para la protección de las minorías y en la Ucrania socialista la mayoría rusa de Crimea (y del Donbas) era una minoría y jamás tuvo ningún problema a causa de ello.

La situación cambió radicalmente con la desaparición de la URSS y el espectáculo de una Rusia deprimida y deprimente a la que los imperialistas se aprestaron a dar un gran bocado. En aquel momento, que conviene contrastar con el actual, lo más lógico era que todos quisieran darse a la fuga, empezando por Crimea, donde se han convocado tres referéndums desde 1991 para establecer su estatuto político. Los tres ilustran mejor que nada el rápido giro de los acontecimientos históricos provocados por la caída de la URSS.

En 1991, en época de Yeltsin, Crimea no quiso formar parte de Rusia. Aquel primer referéndum se celebró el 20 de enero de 1991 cuando aún Ucrania no era un Estado independiente. Con una participación electoral del 94,3 por ciento de la población, la voluntad de Crimea era la de independencia, algo que una vez aparecido como Estado independiente, Ucrania no admitió. En aquel momento Ucrania se anexionó Crimea y aunque el parlamento ruso se opuso, la situación era tan penosa que no tenía capacidad más que para lamentarse de ello.

Lo interesante es, una vez más, comprobar la posición de Crimea, que en aquel momento tampoco planteó batalla contra la anexión por dos motivos. El primero es que Crimea entró en Ucrania como Estado autónomo; incluso al año siguiente aprobó su propia Constitución, cuyo primer artículo decía que sólo el Parlamento (el de Crimea) podía abolirla.

El segundo es que creyó que en Kiev iban a respetar ese estatuto y que la situación no iba a cambiar mucho con respecto a lo que había sido hasta entonces la Ucrania soviética. Al fin y al cabo, a pesar de la independencia, Ucrania empezó formando parte con Rusia de la llamada “Comunidad de Estados Independientes”. Según el Memorándum de Budapest firmado el 5 de diciembre de 1994, Rusia asumió la responsabilidad de garantizar de la soberanía y la independencia de Ucrania.

Para situarnos en la situación del momento podemos seguir apuntando datos, como el acuerdo de 1997 para que la flota rusa del Mar Negro (dotada de armas nucleares) pudiese permanecer en el puerto de Sebastopol, radicado en Crimea, prorrogado después de las elecciones presidenciales de 2010 en Ucrania por 25 años más.

Obviamente, no sólo pecaron de ingenuidad en Crimea, lo cual es fácil decir a posteriori. Nadie podía prever el deterioro posterior de las relaciones entre ambos países, Ucrania y Rusia, provocado por el imperialismo.

El segundo referéndum de Crimea se celebró el 27 de marzo de 1994. A pesar de que Ucrania ya era un Estado independiente, en la consulta sólo participó la población de la península, que se pronunció sobre tres cuestiones:

a) la ampliación de la autonomía de Crimea dentro de Ucrania
b) la posibilidad de la población tuviera la doble nacionalidad (ucraniana y rusa)
c) la ampliación de los poderes del Presidente del Gobierno autonómico

Los tres aspectos fueron aprobados por la mayoría de votos, lo que el gobierno de Kiev no admitió, enviando al ejército, que destituyó al Presidente Yuri Mechkov y tomó el control del gobierno local. Se trató de otra anexión forzosa, la segunda, pero lo cierto es que tampoco se produjeron grandes protestas en la península a causa de ello. La ingenuidad aún tenía su recorrido.

Los problemas se agudizaron cuando los imperialistas, lo mismo que en el Cáucaso, empezaron a enfrentar a Rusia con sus vecinos a lo largo de todas y cada una de las fronteras, incluida Ucrania, una situación que en 2004 desemboca en la llamada “revolución naranja”, un anticipo de lo que sería Maidan diez años después. Los gobiernos que no entran en el juego padecen campañas de desestabilización. Se les califica —a la manera usual— como prorrusos, mientras promocionan a esos que son calificados de “nacionalistas” y que no son otra cosa que fascistas, aupados a ejercer de marionetas de la OTAN, de Estados Unidos, del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea.

El fascismo trae consigo el chovinismo y la xenofobia, lo que se puso de manifiesto de manera dramática diez años después, con el golpe de Estado iniciado en la Plaza Maidan que ha convertido a Ucrania en un Estado pelele de los imperialistas como pocas veces se ha visto.

En un Estado frágil, como Ucrania, el fascismo conduce a las políticas brutales de asimilación de todas y cada una de las minorías que viven en su seno que, en muchos casos, caen en el ridículo más espantoso, como la prohibición del idioma ruso por decreto, el cierre de las escuelas y otras medidas que condujeron al levantamiento de la población del Donbas.

Para pedir la incorporación a Rusia, Crimea podría haber invocado la vulneración de su estatuto autonómico dentro de Ucrania desde hacía dos décadas, algo tan legítimo como el propio golpe de Estado veinte años después. En cualquier caso, tiene todos los argumentos para querer salir del infierno en el que los fascistas han convertido a Ucrania.

La responsabilidad de ello incumbe exclusivamente al gobierno de Kiev porque la situación, tanto en Crimea como en el Donbas, hubiera sido muy distinta si los imperialistas no hubieran clavado sus zarpas en el país.

Ucrania había cambiado las reglas del juego con Crimea y nadie puede jugar con dos barajas. Por 61 de los 64 diputados presentes, el 27 de febrero de 2014 el Parlamento autónomo de Crimea, aprobó la convocatoria una consulta para integrarse en Rusia. La ciudad de Sebastopol, que era autónoma dentro de la autonomía, tuvo su propio referéndum y el 6 de marzo, antes que el resto de Crimea, también aprobó la incorporación a Rusia.

Si se analizan los resultados electorales (participación del 80 por ciento y voto favorable del 97 por ciento), sólo cabe una conclusión: incluso los ucranianos de Crimea prefirieron estar dentro de Rusia, lo cual es un pálido reflejo de lo que estaba ocurriendo porque en casi todas las regiones de Ucrania crecieron movimientos del mismo tipo por parte de las minorías, lo que se puso de manifiesto cuando numerosos residentes ucranianos pidieron la nacionalidad rusa. A mayor abundancia, lo que inicialmente quería el parlamento autónomo no era la incorporación sino la defensa de su régimen administrativo frente al gobierno central, algo que pronto se dieron cuenta de que era imposible. Al final no cabía más que volver al sitio del que habían salido en 1954.

Si cabe hablar de anexión es, pues, para concluir que Crimea estuvo anexionada a Ucrania en los 60 años transcurridos entre 1954 y 2014.

La lucha por la autodeterminación está enfilada contra el imperialismo (1)

La limpieza étnica en los Balcanes
Un lector comenta nuestro artículo sobre la creación de la Gran Albania, que nosotros calificamos como “anexión” y no como autodeterminación. Para suplir nuestra ignorancia nos recomienda que leamos una obra de Lenin sobre la autodeterminación y lanza al aire varias preguntas retóricas. Para nosotros la principal de ellas es la que compara a Kosovo con Crimea. Consideramos que es errónea, lo mismo que las demás, y vamos a centrarnos en ella exclusivamente.

El derecho de autodeterminación concierne a todas las naciones y ni Kosovo ni Crimea lo son. A partir de aquí, no hay similitudes entre un caso y otro, por lo que las comparaciones históricas son verdaderas piruetas intelectuales que conducen a complicar un análisis, como la cuestión nacional, que ya es complicada de por sí, al intervenir factores históricos, culturales, económicos, jurídicos, políticos, etc.

Es, pues, el típico debate que conduce al infinito desde el primer momento, sobre todo cuando no se aborda el fondo de la cuestión y, como consecuencia de ello, no hay un posicionamiento de cada cual que, como decía Stalin, en la época actual, la imperialista, para un revolucionario sólo puede conducir a entender el movimiento de liberación nacional, en cualquier parte del mundo, como una lucha contra el imperialismo y no como parte de un nuevo reparto del mundo.

La autodeterminación significa que las naciones y las colonias dejan de ser objetos para convertirse en sujetos, protagonistas de sus propias decisiones. No significa que dejan de ser objetos de unos (imperialistas) para convertirse en objetos de otros (igualmente imperialistas). Dicho con otras palabras: si los movimientos de liberación nacional no se enfrentan al imperialismo acaban siendo un juguete de los cambalaches entre los imperialistas por trocear y repartirse el mundo, y eso por más justa que sea su causa. Los marxistas estamos a favor de lo primero y en contra de lo segundo.

Pero ni en Kosovo ni en Crimea hay ninguna nación ni, por lo tanto, derecho de autodeterminación. Pero ese no es el peor de los errores. Lo realmente importante es que la Guerra de los Balcanes, lo mismo que la de Ucrania, no tuvo su origen en la autodeterminación de nadie, de que ningún país, tuviera o no tuviera derecho a ello.

Hay que tener mucho cuidado en este tipo de análisis porque si no se elaboran correctamente, conducen a ponerse a favor del imperialismo en nombre del marxismo, de la revolución o del derecho de autodeterminación de las naciones, que es lo que vemos con tanta frecuencia en la actualidad en ciertos círculos políticos de los que cabía esperar otra cosa.

La Guerra de los Balcanes es un ejemplo, como otros, de las agresiones que el imperialismo viene poniendo en marcha desde la caída del Telón de Acero en 1990 contra determinados países, y lo más curioso es constatar que ante tales hechos hay quien pone el foco de su atención en dichos países, escamoteando la intervención del imperialismo que, como es fácil comprender, es la fuerza fundamental sobre el escenario.

No sabemos si los lectores estarán de acuerdo o no con esto, pero nosotros pensamos que así es, por lo que consideramos que Yugoeslavia y luego Serbia fueron víctimas de una agresión imperialista y no los agresores. Nos parece inaudito que después de una guerra criminal que ha destruido un país, sigamos poniendo nuestro dedo acusador sobre dicho país, juzgándole y poniendo en primer plano sus defectos, sus crímenes o los de sus dirigentes. Nos parece más inaudito aún cuando los efectos de dicha guerra permanecen y Serbia sigue siendo un país tratado como paria, especialmente por la Unión Europea, a pesar de todas las pruebas de sumisión que viene mostrando desde hace muchos años.

Cualquier marxista debería poner los aspectos fundamentales de una situación en primer plano. Ahora bien, cuando se empieza alegando por el final, cuando se mezcla el pasado con la actualidad, se traen a colación los mil y un agravios cometidos por los titistas contra Kosovo y contra Albania o cuando se afirma que también los serbios practicaron la limpieza étnica, es porque hay un desenfoque total, por más ciertas que sean, y sus consecuencias prácticas son nefastas, ya que conducen a lavar la cara al imperialismo.

El vicio es siempre el mismo y aquí lo sabemos desde la guerra civil, en donde los estrábicos ponen en el primer plano a “unos y otros” pasando por alto que los unos eran fascistas mientras que los otros eran todo lo contrario, y también cometieron errores, no eran puros y no siempre actuaron de manera ideal, correcta y acertada.

Lo que diferencia a los marxistas es que no tienen una concepción metafísica de las guerras, no ponen a todas las guerras en el mismo plano, sino todo lo contrario. No entienden de “unos y otros”, del “todos ellos cometieron crímenes”, “son todos iguales” y demás.

En todas las agresiones imperialistas que se vienen produciendo desde la caída de la URSS, como en el caso de los Balcanes, o en el de Ucrania, o en el de Siria, nuestro punto de vista nos conduce a ser tildados de proserbios, o prorrusos, o assadistas, porque defendemos a los países que son víctimas de una agresión, y los que viven de poner etiquetas a los demás quieren sacar el foco de la atención del imperialismo y de sus crímenes, lo que —desde nuestro punto de vista— les convierte en sus cómplices.

Otras veces nuestros puntos de vista y posicionamientos se tachan de geopolíticos o geoestratégicos, a pesar de que son términos que nosotros no empleamos. Al parecer pretenden que pongamos el acento en Kosovo, en Crimea o en Kurdistán, y que esa sea la vara de medir. Es un vicio introducido como consecuencia de la desaparición de la Internacional Comunista y, con ella, de la manera correcta en la que se debe analizar cualquier problema en la época actual, que es la imperialista, a pesar de que los comunistas deberían saber que su propia historia, empezando por la Revolución de 1917, no se puede entender fuera de ella. Quizá lo que nos quieren aconsejar es que, a la manera usual, nos enfanguemos en el lodazal de la Púnica, la Gürtel o la Operación Lezo, es decir, en el fango de la politiquería, que es la misma en Prístina que en Madrid.

En una entrada posterior seguiremos con otro capítulo relativo a la incorporación de Crimea a Rusia.

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