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Día: 28 de mayo de 2017 (página 1 de 1)

Guadañas clasistas

B.

Pensábamos ingenuamente que la muerte iguala a todos porque a todos llega, pero si ésta es violenta, y a juzgar por el tratamiento informativo (?) de la última masacre habida en Manchester, va a ser que no, que también hay clases cuando de esta señora Morticia se trata.

No es lo mismo morirse en Europa que en una patera en el Mediterráneo o en Alepo por el Daesh. Al menos, informativamente hablando. Día sí y día también poniendo el foco en Manchester, con testimonios de testigos que llevarse a la boca —más bien fauces— televisiva, flores y velas contritas, mientras que los muertos de los desarrapados ni se cuentan;es más, las víctimas europeas son contabilizadas y, al poco, tienen nombre y quien les llore. Y eso está muy bien, pero lo otro está muy mal.

Pasa una semana y los telediarios nos tranquilizan porque, dicen, «la ciudad vuelve a la normalidad»… hasta el próximo atentado que programemos los que creamos el Califato islámico, o sea, nosotros, los gobiernos europeos, que nos sirve para sacar soldados del Ejército a tomar las calles y, de paso, ensayar contra el «enemigo interior», que el exterior es Rusia, siempre ha sido Rusia, aunque jamás se haya visto un soldado ruso en Picadilly Circus.

La cosa es inventar un enemigo para que la infernal maquinaria capitalista siga dando pedales. Es la «Alerta 5», la máxima. En España, afortunadamente, sólo estamos en «Alerta 4». Menos mal que están en las calles para «protegernos», y menos mal que uno es rubio hiperbóreo de ojos azules y no con pintas de moromierda.

Seguiremos haciendo vida normal, se oye decir, pues, lo contrario, sería el triunfo de los yijadistas, esto es, madrugaremos, iremos al trabajo, el que tenga, iremos al pub, comeremos, veremos el partido, saludaremos a la parienta y a sobar para reponer la fuerza de trabajo, que esto es la «vida normal» para el Capital. Se mire como se mire, siempre se salen con la suya estos hijos de puta.

Hasta el día menos pensado.

Good evening.

La salvaje represión de las manifiestaciones populares contra la Expo92 en Sevilla

Joven herida de bala en Sevilla en 1992
La imagen maquillada de la Expo 92 en Sevilla también guarda un doble fondo de violencia que pocos conocen en la propia ciudad andaluza y el panorama nacional. Dos manifestaciones que fueron duramente reprimidas por hablar en contra del colonialismo en América 500 años antes. En unos tiempos donde ya estaba bien instaurada la democracia o al menos así lo parecía, el propio delegado de gobierno socialista, Alfonso Garrido, prohibía manifestarse en contra de una Exposición Universal que trajo sólo un lavado de cara para los más ricos de la ciudad y extranjeros que pudieron disfrutar de sus atracciones, hoy desvencijadas por el paso de los años y abandonada durante casi una década en la apartada Isla de la Cartuja.

El balance policial represivo que se registró en las dos manifestaciones del día 19 y 20 de abril de 1992 en contra del macro evento son demoledores. Tres heridos graves de bala (uno en coma) y numerosos contusionados. 84 detenidos. 42 expulsados por aplicación de Ley de Extranjería (la mayoría eran de nacionalidad europea) y detenidos sin orden judicial. Todos ellos estuvieron hacinados durante más de seis días en una comisaría de policía en el centro de la ciudad donde recibieron tratos vejatorios y palizas. Once personas fueron llevadas a los calabozos por un delito de atentado a la autoridad y la resistencia bajo prisión preventiva. La versión oficial del gobierno y la prensa hablaba de “grupos de punkis con barras de hierro en una manifestación por la ciudad”. Nadie se paró a investigar los hechos.

Agustín Toranzo era un joven de apenas veinte años que vivió en primera persona los acontecimientos. “Aún los que vivimos aquellas manifestaciones en el centro de Sevilla con más de 500 personas gritando en contra de la Expo recordamos la dureza de la policía hiriendo a los manifestantes con disparos al aire y dando palizas a todo el que caía al suelo. Nada podía salir mal y estaban dispuestos a todo. Al ver la falta de control de aquella situación los policías intentaron disparar primero al aire y al formar una estampida empezaron los disparos por la espalda”. Ulises, un joven de tan solo 19 años no quiso volver a Sevilla nunca más por la gravedad de su estado. Toranzo cuenta que Ulises estuvo en coma varias semanas con una sonda para hacer sus necesidades como secuela largos años”. La otra joven que recibió el disparo, Belén salía de misa aquel día en dirección contraria al tumulto. “El tiro se lo llevó milímetros más arriba del corazón y pudo salvar su vida. Aún se ven los disparos en plena iglesia donde se vivió la manifestación”.

Agustín no iba solo en aquella marcha, de la que acabó siendo uno de los detenidos. Mariano Agudo, fotógrafo freelance pudo inmortalizar a toda prisa algunas de las imágenes que testimoniaron aquel horror. Agudo recuerda el importante “valor testimonial e histórico de aquella marcha”, que parecía propia de otra época. Más bien de la Transición o finales del franquismo. “Quisimos coger todo el material de aquellos días y editarlo junto a los personajes que habían vivido la manifestación del día 19 de abril y luego la del día 20. Fue así como nació el documental Prohibido Volar. Disparan al aire. La cinta, creada por Intermedia Producciones, y dirigida por Mariano Agudo y Julio Sánchez ha estado largos años censurada y sin exponer al público. Agudo relata que “aún a día de hoy se considera tabú hablar de la Expo y de todo lo que allí ocurrió”.

Entre los demás testimonios que se encuentran en el inédito documental se encuentran otras historias como la Bea una joven vasca que recibió un balazo en la pierna y estuvo varios días ingresada hasta que salió del hospital. Cuando inició su recuperación, fue custodiada por la policía para ir a la comisaría. “Se metían constantemente conmigo por ser vasca y estuve vigilada por 20 policías en turnos de dos durante día y noche Me obligaron a estar esposada a la cama la primera noche y a ver la inauguración de la Expo por la televisión. Me insultaban todo el rato. No hubo medidas para frenar todos los movimientos que había en contra de la Expo y creo que el balance pudo ser mucho más grave”.

Belén es la famosa chica de la foto que recibió de improviso un disparo en el pecho. “Un chico me apretaba la herida para que no me desangrara. Me llevaban de un sitio para otro mi madre y mi abuela porque no sabían bien que pasaba. Yo me creía que era una maratón. No entendía bien todo aquel jaleo. La policía al ver el grave error que cometieron me llevaron corriendo al hospital Virgen del Rocío”. Esta actuación desproporcionada continuó con detenciones arbitrarias de cualquier elemento cercano al colectivo social “Desenmascaremos al 92” o de corte “subversivo” siendo trasladados a la nueva comisaría creada en aquel año. Al centro de detención de Blas Infante llevaron a muchos de los sospechosos recibiendo un grave trato físico con torturas e insultos.

La Sevilla de los 90 no era símbolo de progreso. Sus carencias estructurales eran más que evidentes. “Era una de las regiones más deterioradas y pobres de Europa que quisieron cambiarla en cuestión de cinco años sin buscar los problemas reales de su población”. Beatriz Moreno, una afectada de aquella represión de la Expo, cuanta que pintaron con pintura blanca todas las fachadas de las casas por orden del ayuntamiento, aunque se cayeran meses más tarde. Se levantaban muros frente a las nuevas carreteras para hacer desaparecer los asentamientos chabolistas, las grandes masas de obreros yendo a trabajar alrededor de la Exposición Universal y los accidentes laborales numerosos que no salían en los medios. Barrios como la Alameda no salían ni en las agendas de turismo por el alto número de yonkis que había.

La segunda manifestación se vivió el mismo día de la inauguración de la Expo, el 20 de abril. Toranza recuerda que fue mucho menos numerosa pero no menos dura. “Al otro lado del recién creado Puente de la Barqueta los policías reprimían a la gente de las protestas con palizas y los asistentes a la Expo aplaudían a los policías que daban golpes”.

Colectivos indígenas desembarcaron en la ciudad para participar en las protestas y donde recordaron “el fuerte expolio vivido por el imperio colonialista español y la desaparición de muchos de sus pueblos”. Antonio estaba como periodista de la cadena andaluza Canal Sur sin saber bien de dónde venían aquellos gritos. “Las pancartas de los jóvenes tardaron poco en estar de pie porque cinco furgones de la policía llegaron incluso a arrastrar a la gente por los pies y manos para quitarlos del escenario de la Expo. Les daban patadas en los riñones”. Antonio tuvo que dejar de grabar por los golpes recibidos en el estómago.

Paralelamente, una veintena de extranjeros fueron detenidos en un camping a la afueras de la ciudad. Tenían bien identificados a los activistas que estaban involucrados en las marchas. “Sin orden judicial los llevaron hasta Barcelona en furgones donde estaban hacinados en condiciones infrahumanas. Pasaron seis días detenidos”, afirma Beatriz Moreno. Ya había más de medio centenar de detenidos en las comisarías y cárceles de Sevilla. Agustín y Mariano participaron a los pocos días en la rueda de reconocimiento de los policías que dispararon en la manifestación del día 19. La versión del informe final no concretaba la autoría de ninguno de ellos. El único reconocido como autor material fue el inspector de policía Juan Soriano Vidal.

En noviembre de 1996 se llevó a cabo el juicio contra el inspector jefe de policía Soriano y la prueba pericial de la guardia civil determinó que hubo solo disparos al aire. “Los testimonios de los agentes se contradecían con una misma versión de los manifestantes y vecinos. El acusado reconoció que había disparado para disolver la multitud pero no llegó a ser acusado por el juez, apunta Agustín.

En diciembre de 1997 Soriano salió finalmente absuelto. “Los policías dispararon contra los manifestantes sin haber pruebas suficientes para incriminar a Soriano como autor de estos disparos”, aclara la sentencia. El mito de la Expo continúo sin encontrar culpables a este grave episodio.

http://www.publico.es/sociedad/sevilla-cara-oculta-violencia-policial.html

«Prohibido volar, disparan al aire», el documental censurado
https://www.youtube.com/watch?v=B5BKj5M3otw

 

Rumores de golpe de Estado, tanto en Gran Bretaña como en Francia

Corbyn, dirigente del Partido Laborista
Como ya hemos expuesto en otra entrada, el atentado de Manchester ha servido de velo para encubrir la profunda descomposición del capitalismo en Gran Bretaña, que rueda cuesta abajo cada vez a una velocidad mayor. Pero no se trata sólo de una crisis económica sino de una bancarrota política absoluta, común en toda Europa.

Para tratar de salir de ella, lo mismo que España ha fabricado el espantajo de Podemos, en Gran Bretaña tienen a Corbyn, el nuevo dirigente del Partido Laborista, que accedió al cargo con un programa demagógico de reformas que pronto ha tenido que rebajar hasta la nada ante la campaña que la reacción le ha lanzado. Exactamente igual que Syriza en Grecia o Podemos aquí; pura retórica.

En vísperas de unas elecciones, conviene hablar un poco de estas cosas para que veamos quién es realmente el que mueve los hilos, tanto allá como acá.

El programa de Corbyn criticaba a la OTAN, se oponía a los programas de nuclearización a ultranza y, naturalmente, a los recortes en las prestaciones sociales. Como consecuencia de ello, las amenazas públicas —no contaremos las privadas— que ha recibido no han regateado calificativos. Un general británico no identificado advirtió con provocar un “motín” si llegaba a ser Primer Ministro o, en castellano, un golpe de Estado.

El atentado de Manchestar ha llevado la situación a otro plano; ya nadie habla del programa de reformas, sino de seguridad, de rearme, de ampliar los poderes de la policía y los servicios secretos, de armamento nuclear (Programa Trident), de represión… un programa por y para la guerra, en definitiva.

Ante las amenzas del ejército y la paranoia posterior al atentado, la respuesta de Corbyn y sus laboristas ha sido la misma que la sociademocracia de toda la vida: plegar velas.

En Francia la situación no es mejor. Aunque nadie se ha hecho eco, un artículo del jueves en Le Nouvel Observateur marca la pauta. El gobierno saliente del Partido Socialista tenía preparado un golpe de Estado por si acaso el 7 de mayo la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, ganaba las elecciones presidenciales.

El plan tenía prevista una movilización de los antidisturbios para aplastar las manifestaciones antifascistas que tendrían lugar. A cambio, el Partido Socialista impondría el Primer Ministro a Le Pen. Un dirigente socialista reconoce que el país hubiera quedado paralizado y que a su Partido no le preocupaba uno u otro Presidente de la República, ni siquiera Le Pen, sino asegurar la continuidad del Estado.

Naturalmente, a costa de lo que fuera, es decir, de la liquidación de los pocos restos de libertades y derechos, ya menguados por el estado de urgencia permanente que se ha instalado desde 2015.

El silencio absoluto sobre esta información es más que preocupante porque nadie se ha preocupado de desmentirlo. La población se tendrá que acostumbrar a este tipo de declaraciones, como se ha acostmbrado al estado de urgencia y a los atentados cada cierto tiempo.

La militarización de las masas y la imposición del servicio obligatorio en filas es la siguiente píldora a digerir por la población, que acabará por acostumbrarse a cualquier cosa, a tragar con todo. Para eso tienen a figurines como Tsipras, Corbyn, Hollande, Pablo Iglesias o Pedro Sánchez.

Fue Estados Unidos quien invadió Afganistán en 1979 y sus tropas aún no se han marchado de allá

Reagan con los talibanes en la Casa Blanca
El mejor “homenaje” que cabe tributar al recientemente fallecido Zbigniew Brzezinski es recordar su entrevista de 1998 con Le Nouvelle Observateur, una revista de la socialdemocracia francesa que en su titular reconocía que “la CIA entró en Afganistán antes que los rusos” (quiere referirse a los soviéticos).

Para ello se remitía al libro de memorias de Robert Gates, “From the Shadows” (Desde la sombras), el antiguo director de la CIA, quien conocía muy bien este asunto. Según Gates, la CIA comenzó a ayudar a los muyahidines afganos seis meses antes de la intervención soviética en Afganistán.

Brzezinski era otro que también conocía a la perfección la injerencia imperialista en Afganistán. En la entrevista lo confirmaba y no le importó admitir que la versión que entonces transmitieron a la prensa era —como siempre— falsa.

La versión oficial aseguraba que llamada “invasión” soviética de Afganistán había comenzado el 24 de diciembre de 1979, mientras la CIA inició su operativo al año siguiente, pero el entonces Presidente Carter firmó la orden de intervención el 3 de julio de 1979, cuando en Afganistán no había ni un soldado soviético.

Por lo tanto, quien invadió Afganistán fue Estados Unidos y cabe añadir que si las tropas soviéticas se marcharon, las del Pentágono siguen allá.

En una nota remitida a su Presidente, Brzezinski le advertía que los soviéticos no podían cruzarse de brazos ante el plan de la CIA y que intervendrían militarmente, como así fue. La revista francesa le preguntó si se trataba de la típica provocación para que los soviéticos enviaran tropas al país centro-asiático, lo que Brzezinski niega.

Luego el periodista lanza una pregunta, también muy típica, que era pura retórica: “Cuando los soviéticos justificaron su intervención afirmando que luchaban contra una injerencia secreta de Estados Unidos, nadie les creyó. Pero había un fondo de verdad”.

La respuesta de Brzezinski era puro cinismo, también al más puro estilo imperialista, propagando una tesis que ha calado profundamente en todos los medios: atrajimos a los soviéticos a una trampa, les devolvimos nuestro fracaso en Vietnam, la intervención condujo al hundimiento de la URSS, etc.

Otra pregunta obligada por parte del periodista se refería al ascenso del integrismo islamista como consecuencia del apoyo que la CIA prestó a los talibanes en Afganistán en asesoramiento y armas. La respuesta fue otro ejercicio de cinismo por parte de Brzezinski: sí es cierto que nosotros promovimos el yihadismo, pero fue muy mucho más importante lograr la caída de la URSS, la “liberación” de Europa central y el fin de la Guerra Fría.

El periodista no se quedó satisfecho con la respuesta y vuelve a la carga: pero, ¿acaso no es hoy el fundamentalismo una amenaza mundial? “Bobadas”, insiste Brzezinski. “No existe un islamismo mundial”. Los países musulmanes, lo mismo que los cristianos, tienen muy pocas cosas en común, concluye.

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