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Día: 15 de mayo de 2017 (página 1 de 1)

Los colectivos homosexuales se han convertido en una mercancía y viven de explotarla

En todo el mundo imperialista las empresas volcadas en la clientela homosexual forman un sector en expansión que mueve billones de dólares cada año. Lo gay vende. Lo mismo que lo ecológico y lo limpio, es sinónimo de calidad, de modernidad y de progreso. Si una marca comercial quiere entrar en un mercado, tiene que ser (o presumir de ser) políticamente correcta, respetuosa con el ambiente y “gay friend”. Es algo que se paga: hay consumidores dispuestos a pagar un precio un poco más alevado por una mercancía así.

El trato público a los homosexuales es la prueba del algodón de la democracia y se entiende que dicho tratato debe ser el que impera en las potencias dominantes o, dicho con otras palabras, a través de la homosexualidad el imperialismo trata de imponer a todo el mundo cánones políticos, sociales y culturales.

Un mercado capitalista impone un prototipo que, en el caso del gay, es un adicto a la última moda y un consumidor compulsivo. En las grandes metrópolis capitalistas los comercios gays se han ido apoderando de ciertas partes de las ciudades que atraen un turismo de todo tipo pero, sobre todo, de la misma condición LGTB. Hay bares, tiendas de ropa, resorts, librerías, agencias de viaje, restaurantes, revistas, cines…

Se ha producido un salto de la invisibilidad a la omnipresencia en la calle. Si los trabajadores tienen el Primero de Mayo y las mujeres el 8 de Marzo, los homosexuales tienen el Día del Orgullo Gay, que empezó siendo una manifestación, porque había algo que reivindicar, para acabar siendo un carnaval, porque hay algo que festejar (en plena crisis capitalista).

Hay una franquicia, el Gay Club International, una agencia de servicios para el mundo homosexual, que pretende cubrir todas las necesidades de sus socios, desde un hotel discreto hasta un fontanero porque hay casos en los que la visibilidad no conviene, es decir, por lo mismo de toda la vida: hay que guardar las apariencias.

Es para quienes no quieren salir del armario. Vende invisibilidad, discreción. Organiza fiestas y proporciona contactos sin que nadie se entere y eso implica pagar un precio de entrada más una cuota mensual mínima que ningún trabajador podría pagar a lo largo de toda su vida (por más pluma que tuviera).

En este caso, el sexo no está por encima de las clases sociales. Negocios de este tipo ponen de manifiesto que en ellos la condición primordial no es la de gay sino la de burgués, lo que es una obviedad. No se organizan para los trabajadores gays sino para quien pueda pagarlos (como todos los demás).

También ponen de manifiesto que la homofobia se extiende mucho más allá de Chechenia. Incluso en nuestros países más cercanos la homosexualidad no está tan bien vista como nos quieren hacer creer.

Hay una Asociación para Negocios de Gays y Lesbianas (Asegal), que es como la CEOE gay. Pero el capital no entiende de sexo y los burgueses que las dirigen son tanto homosexuales como heterosexuales. La patronal gay recibe una subvención de 700.000 euros por parte del Ayuntamiento de Madrid, que se declara “de izquierdas”. Pero nadie ha protestado. Este tipo de subvenciones deben parecer normales.

Además de dinero, el Ayuntamiento cede a Asegal espacio público para organizar sus ferias comerciales, la más importante de las cuales es el inminente Día del Orgullo Gay, que ya no sólo utiliza el centro de la capital sino que ha acaparado Madrid Río para el World Pride Park, una especie de parque temático que va a mostrar al público la amplia diversidad (sexual) que existe en esta sociedad.

Pero, ¿por qué es posible que un Ayuntamiento “de izquierdas” subvencione a una organización capitalista? Porque la naturaleza LGTB del negocio lo justifica. En este caso, a la hora de la subvención, lo importante no es su naturaleza capitalista sino su naturaleza gay. En tales casos el sexo sí está por encima de las clases sociales.

Como en cualquier otra feria, la de ganado de Talavera, por ejemplo, el World Pride Park alquila un espacio que ha obtenido gratis a cambio de un dinero para que las empresas exhiban sus mercancías “gay friend”. Incluso cobrará dinero a las ONG para que ocupen otro espacio para denunciar las agresiones a los derechos humanos que padecen los homosexuales en países como Chechenia y la ímproba labor que realizan para impedirlo.

¿Cómo es eso posible? Porque todo es un negocio y nada más que un negocio, incluidas las ONG. Hace mucho tiempo que los colectivos homosexuales han perdido el orgullo, se han convertido en una mercancía y viven de explotarla.

Microsoft acusa al espionaje estadounidense del mayor ciberataque internacional

“Hemos visto aparecer en WikiLeaks vulnerabilidades almacenadas por la CIA, y ahora esta vulnerabilidad robada a la NSA [Agencia Nacional de Seguridad] ha afectado a clientes en todo el mundo”, ha manifestado el asesor legal principal de Microsoft, Brad Smith.

Smith se pronunciaba en el blog oficial de la multinacional de esa manera sobre el origen del fallo en Windows que aprovecha el ataque informático WannaCry para inutilizar más de 200.000 ordenadores en todo el mundo. Europol, la policía europea, ha afirmado que el ciberataque ha sido de una escala nunca visto hasta ahora.

De esa manera la multinacional echaba balones fuera y dejaba de asumir sus propias responsabilidad, arrojándolas encima del espionaje, con el cuento de que alguien había robado el mecanismo de ataque WannaCry a una institución de espionaje como la NSA, algo realmente inverosimil.

Los documentos de WikiLeaks sobre las herramientas informáticas de ataque de la CIA vuelven a poner de manifiesto que internet forma parte de la guerra imperialista, como ha sido desde el principio. Los imperialistas acumulan instrumentos de ataque informático lo mismo que acumulan armas, tanques, misiles y municiones.

De ahí que Smith comparara el ataque WannaCry a las “armas convencionales” de las que dispone el ejército estadounidense y que se pueden robar como quien roba en un supermercado. De lo que se trata, dice Smith, es de que nadie robe para que sólo el espionaje estadounidense disponga de ese armamento informático de agresión.

El representante de la multinacional exigió a los gobiernos que se adhieran a las “mismas normas” que rigen el mundo real. Smith llamó a renovar la Convención Digital de Ginebra para que las empresas como Microsoft informen “de las vulnerabilidades a los proveedores, en lugar de almacenarlas, venderlas o aprovecharlas”.


Para Microsoft una ventaja de los ataques informáticos es que obliga a los usuarios a mantener actualizados los sistemas operativos, como Windows, que son su víctima propiciatoria. Es una ITV permanente que, además de pagar por el sistema operativo, exige un personal especializado y numerosos gastos. Hay otra solución mucho mejor y mucho más barata: abandonar esos sistemas operativos e instalar otros de código abierto, como cualquiera de los que funcionan con Linux.

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