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Día: 30 de marzo de 2017 (página 1 de 1)

África descabalga a Neson Mandela de su pedestal de leyenda

Cuando un personaje, como Mandela, ha acaparado durante los últimos años de su vida, los titulares de los medios de comunicación del mundo entero, hasta acabar siendo una leyenda, es porque hay gato encerrado. Nadie pasa tan rápidamente de un anonimato de décadas de cárcel al pedestal de la Jefatura del mismo Estado que lo mantuvo preso.

Incluso aquellos a los que engañó se les empieza a caer la venda de los ojos en la misma Sudáfrica. “¿Qué concesiones realizó a los que habían sostenido el criminal régimen de apartheid, uno de los más sanguinarios del siglo pasado?” La tentación de hacer un paralelismo con la transición española es irresistible…

El 6 de mayo nuestro admirado Jean Paul Pougala, el vendedor de mangos silvestres en el mercadillo de Dakar, lanzaba la primera salva de artillería: “No, Mandela no es mi héroe”, escribió Pugala. La situación es peor que en la época del apartheid. Ahora la minoría blanca vive su mayor época de esplendor económico, mientras la población negra se sumerge en la miseria.

En 1994 Mandela homologó la República Sudafricana al resto de países africanos. Los billetes sudafricanos llevan la efigie de Mandela pero quienes dirigen el Banco Central son los mismos blancos racistas de siempre, a los que el antiguo preso abrió las puertas del Continente Negro.

El capital financiero sudafricano exporta ahora más capitales que nunca al resto de África. En 2012 el fondo PIC (Public Investment Corporation) y el Nedbank se aduañaron del Ecobank. El primero se creó en 1911 para gestionar los fondos de pensiones de los funcionarios sudafricanos. La minoría blanca controla el 95 de su capital, estimado en 100.000 millones de dólares.

El Nedbank es la filial de la empresa de seguros británica Old Mutual, que con un 20 por ciento del capital controla la dirección y compite con otros capitales africanos en condiciones muy ventajosas gracias a un gobierno africano “negro”. Lo mismo se puede decir de otros grandes capitales que circulan con un falso marchamo “africano”, a pesar de estar dirigidos por empresarios blancos, cuando no sucursales británicas.

El imperialismo quiso que Mandela fuese un ejemplo no sólo para los dirigentes africanos sino para la misma población, pero en Sudáfrica la población negra empieza a apercibirse de que el ANC, la organización que pactó el fin del apartheid, les ha traicionado. Muchos barrios están al borde de la revuelta. Los grupos más activos empiezan a mirar a Robert Mugabe, el ogro de los imperialistas, que siguió el camino opuesto al de Mandela en Zimbawe.

El apartheid no se ha acabado: es otra falsedad. Un europeo no tiene ningún problema para entrar en Sudáfrica. Ni siquiera necesita visado, algo imposible para cualquier africano. Las mejores tierras para los cultivos siguen siendo propiedad de los blancos…

Silogismo (sobre Cassandra)

Bianchi

Premisa mayor: el almirante Carrero Blanco «voló» en 1973, dos años antes de la muerte (en la cama-quirófano o mesa-camilla) del general Franco, esto es, en dictadura.
Premisa menor: fue ETA la autora del magnicidio durante el fascismo rampante. Nadie, ningún partido político, entonces prohibidos, «condenó» dicho ascenso a los cielos. Al revés: fue celebrado a la sazón en privado en numerosos domicilios corriendo el champán, como también lo fue, recién fallecido el dictador en 1975, en casi todos los pueblos vascos en fiestas patronales echando al aire boinas, txapelas, bufandas y otros adminículos. No se consideraba a ETA una «banda armada» y menos «terrorista»; al revés. Se les consideraba unos «gudaris» (soldados vascos).
Conclusión: o bien habría que enjuiciar -retrospectivamente y retroactivamente- a esos pueblos por «enaltecimiento del terrorismo», o bien, como dijera -ya en «democracia»– el entonces ministro del Interior, José Barrionuevo, con el presidente Felipe González, «ETA ha sido siempre una organización ‘terrorista’», de lo cual se puede colegir, también, en pura lógica formal, y/o escolástica, que este individuo, Barrionuevo, siempre fue un fascista (carlistón sí consta que fuese este fundador, entre otros, de los GAL). Y quienes respaldaron y cohonestaron su criterio, también, pues ni corrigen ni desmienten nada, luego son, al menos, cómplices, sino coautores (encubridora sería la prensa a la voz de su amo).
También cabe concluir -caben más conclusiones que dejamos al caletre y cacumen del lector- que, a tenor de la condena a un año por la Audiencia Nazional (sucesora del TOP franquista) de la adolescente Cassandra por unos tuits sobre la «voladura» de Carrero Blanco, que son unos chistes –«idioteces» para Pablo Iglesias que finge escandalizarse patrimonializando la indignación, como ya se dijo aquí hace poco, pero cuidándose muy mucho de recordarnos que aquí no se vive en una «dictadura»-, una de dos: o bien la ejecución de un declarado fascista -como, por ejemplo, el conocido torturador pronazi, trabajó para la Gestapo, Melitón Manzanas en 1968, tiempos de la psicodelia para algunos- lo convierte automáticamente en «demócrata» siendo el artífice del «milagro» una organización que se reclamaba nacionalista y revolucionaria, o bien no importa el carácter violento de sus muertes pues, con y después de Franco, se trata de funcionarios y servidores del Estado, antes «autoritario» (ya empezaba la sociología al uso a no llamar a las cosas por su nombre) y hoy «democrático» y de Derecho, como gustan de empalagar a la gente. Tenemos, pues, si no desbarramos mucho, que lo único que no cambia fue el carácter «terrorista», genotipo y fenotipo de ETA con lo que, «malgrè lui», tampoco ha cambiado el sesgo fascista del Estado que se sirvió, encima, de una pseudoamnistía como ley de Punto Final de sus verdugos (como harían en Argentina no mucho después). Lo que molestaba no eran los muertos que ETA pudiera ocasionar, sino sus objetivos políticos, tal que hoy, ¿qué ha cambiado entonces, en lo fundamental, no en lo adyacente?
Casandra, diosa griega de las profecías.
Buenas tardes.

La esclavitud no es una lacra del pasado, sólo ha cambiado de forma

Durante cuatro siglos, más de 15 millones de hombres, mujeres, niñas y niños fueron víctimas del comercio de esclavos, uno de los capítulos más oscuros de la historia que no ha terminado; solo cambió de forma: hoy 21 millones de personas padecen trabajos forzados y explotación extrema.

Algunas formas de esclavitud se abolieron, pero aparecieron otras, como la trata y el tráfico de personas y el trabajo forzado y la servidumbre por deudas. Las víctimas del tráfico de personas se encuentran en 106 de 193 países, indicó el Informe Mundial sobre Tráfico de Personas, publicado en diciembre del año pasado, realizado por encargo de la Asamblea General de la ONU. Muchas de ellas se encuentran en zonas de guerra, donde los responsables permanecen impunes, y las mujeres, las niñas y los niños son mayoría.

Millones de mujeres y niñas se venden para que sirvan de esclavas sexuales, señala el estudio realizado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC). El 79 por ciento de las víctimas de tráfico registradas son mujeres y menores de edad. De 2012 a 2014, la UNODC estima que se detectaron más de 500 flujos diferentes de tráfico, y que los países de Europa occidental identificaron víctimas de 137 nacionalidades distintas, lo que muestra que es un problema extendido a escala mundial.

La explotación sexual y el trabajo forzado son las formas más comunes de esclavitud moderna, pero también hay personas obligadas a mendigar, a contraer matrimonios por conveniencia, a defraudar por beneficios sociales, a producir pornografía, a aceptar la extracción de sus órganos vitales, entre otras más.

El valor de ese mercado ascendió a unos 32.000 millones de dólares en 2005, que podrían haberse duplicado o hasta triplicado a juzgar por la ola de personas obligadas a migrar por la creciente pobreza generada por la crisis del capitalismo y las guerras en distintas partes del mundo.

La organización Human Rights First denuncia que el tráfico de seres humano es un “gran negocio”. Deja unos 150.000 millones de dólares de beneficios a los delincuentes, precisó, en base a datos de la OIT. Los beneficios según la forma de esclavitud son las siguientes:

– 99.000 millones de dólares, la explotación sexual comercial
– 34.000 millones de dólares, la construcción, la manufactura, la minería y los servicios
– 9.000 millones de dólares, la agricultura, que incluye silvicultura y pesca
– 8.000 millones de dólares se ahorran al año los particulares que contratan trabajadoras domésticas en condiciones de trabajo forzado

Si bien 22 por ciento de las víctimas de trata y tráfico sufren explotación sexual, esa actividad concentra 66 por ciento de las ganancias globales que genera la esclavitud.

Los 100.000 dólares generados, en promedio, cada año por una mujer en situación de servidumbre sexual, son seis veces más que los 21.800 dólares que en promedio genera cada víctima de tráfico y trata, según datos de la OSCE, cuyos estudios muestran que la explotación sexual puede tener una rentabilidad de entre 100 a 1.000 por ciento, mientras un trabajador esclavo puede producir más de 50 por ciento de ganancia aun en los mercados menos rentables, como el trabajo agrícola en India.

El gobierno de Corea del norte tiene las mejores razones

En 1950, en los comienzos de la Guerra Fría, Estados Unidos lanzó un ataque masivo contra Corea con ayuda de soldados coreanos y oficiales del ejército japonés que habían dirigido la criminal ocupación de la península, apenas unos pocos años antes, durante la Segunda Guerra Mundial.

Al reescribir la historia, la invasión la justificaron diciendo que se defendían de una agresión previa, lo cual es falso. Creó doctrina para otras invasiones posteriores, como las inexistentes “armas de destrucción masiva” en Irak. La excusa también era necesaria para revestir el ataque con la cobertura de la ONU, que también creó escuela para invasiones posteriores con los simulacros de “coaliciones internacionales”, por ejemplo en Afganistán.

El imperialismo presentó el ataque ante la ONU como una operación “policial” que se prolongó durante tres años y causó la muerte de 3,5 millones de coreanos y un bloqueo que se ha prolongado hasta hoy.

Para que la ONU les diese una coartada, aprovecharon el boicot de la URSS al Consejo de Seguridad. Tras la Revolución de 1949 en China, el nuevo gobierno había exigido ocupar el asiento que le correspondía en la ONU, desalojando del mismo al gobierno del Kuomintang. Estados Unidos se opuso al cambio y, ante la negativa, la URSS inició un boicot en apoyo de las legítimas reclamaciones de China.

Además, fue necesario un segundo fraude: en virtud del reglamento interno, el Consejo de Seguridad no se podía reunir sin la presencia de todos sus miembros, pero Estados Unidos se saltó el reglamento para aprovechar el boicot soviético y que la ONU aprobara la agresión contra Corea.

El golpe de Estado dejó las manos libres a Estados Unidos en Corea, apoyados por sus fieles aliados de Gran Bretaña, Francia y el Kuomintang.

La agresión fue una burla al artículo 51 de la Carta de la ONU, que reconoce el derecho que tienen las naciones a defenderse de cualquier ataque armado, no el derecho de atacar a dichas naciones.

La Guerra de Corea resultó un fiasco para los imperialistas, que ni siquiera lograron conquistar toda la península, un paso previo para aplastar luego al gobierno revolucionario de China y devolver las riendas de Pekín al Kuomintang. Aquel plan es el mismo que subyace en todas las provocaciones actuales de Estados Unidos dirigidas contra Corea del norte. La conquista de la península no sería más que una plataforma de agresión contra China y Rusia.

Los coreanos aún tienen grabados y sangre y fuego las matanzas cometidas por los imperialistas durante aquella guerra. El New York Times reconoció que en los 20 primeros meses de guerra la aviación estadounidense lanzó 7.700 toneladas de napalm. Sobre Pyongyang, la capital, cayeron más bombas que sobre Japón a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial.

La población civil que huía despavorida por la calle era ametrallada por los cazas que sobrevolaban la capital en vuelos rasantes. Los refugios antiaéreos se convirtieron en tumbas para muchos civiles que se cobijaron en ellos. En Sinchon la soldadesca de MacArthur obligó a 500 civiles a introducirse en una fosa, donde les rociaron gasolina y los quemaron vivos.

El gobierno de Corea del norte tiene las mejores razones para tratar de impedir que aquellas matanzas se vuelvan a repetir.

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