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Día: 24 de marzo de 2017 (página 1 de 1)

La CIA elaboró planes para desatar una guerra contra Siria en 1983

Graham Fuller, la antena de la CIA en Estambul
En relación con el golpe de Estado en Turquía ya hemos aludido aquí varias veces a Graham Fuller, una de las antenas más importantes de la CIA en Oriente Medio (1). Sus vínculos con Siria son menos conocidos, a pesar de ser muy antiguos.

En un documento (que hoy es de acceso público) redactado el 14 de setiembre de 1983, Fuller informaba (2) a sus jefes en Langley de la importancia estratégica de Siria para Oriente Medio y de la necesidad de derrocar al gobierno del Baas, entonces dirigido por Hafez Al-Assad.

“Estados Unidos debe incremntar seriamente la presión sobre Assad dirigiendo ataques militares en secreto simultáneamente contra Siria a partir de tres países hostiles a Siria: Irak, Israel y Turquía”, escribía Fuller y después justificaba los motivos de elegir a esos tres países.

El caso de Irak también lo hemos mencionado aquí (2). Por su parte, Fuller proponía iniciar ataques aéreos desde el país vecino, entonces gobernado por Saddam Hussein, con con el único fin de abrir el gasoducto, del que también hablamos en otra entrada (3). Israel debía presionar militarmente en Libano, que entonces estaba ocupado por tropas sirias, mientras Turquía debía atacar a las bases (kurdas, armenias y comunistas) en el norte.

“Colocado ante tres frente hostiles, Assad probablemente estaría obligado a abandonar su política, que consiste en cerrar el gasoducto. Una conesión así aliviaría la presión económica que pesa sobre Irak y obligaría a Irán a poner fin a la guerra”, en referencia a la que los imperialistas habían provocado entre Irak e Irán.

Fuller consideraba que Siria se enfrentaba a Estados Unidos en dos puntos fundamentales. El primero era su negativa a retirar las tropas de Líbano, lo que perjudicaba a Israel. El segundo era el cierre del gasoducto irakí, que había puesto en dificultades a la economía del país vecino.

Irak era la pieza clave del ataque. En plena guerra contra Irán, el plan de Fuller consistía en trasladar la guerra de Irak a Siria, en la que Saddam Hussein contaría con el apoyo de los demás países árabes, con excepción de la Libia de Gadafi. La apertura del gasoducto permitiría a Irak financiar su guerra contra Irán.

En su informe, Fuller analiza la perspectiva de que Irak tuviera que combatir en dos frentes distintos: Irán en el este y Siria en el oeste. Esa situación podía conducir a Saddam Hussein a pensar que Estados Unidos le estaba tendiendo una trampa para debilitar al gobierno irakí. Para disipar las dudas, el dirigente irakí debía verse arropado por los ataques simultáneos de Israel y Turquía y, naturalmente, por el apoyo pleno del Pentágono, sobre todo el materia de inteligencia.

Al final del documento Fuller analiza el papel posible de la URSS, que en varias ocasiones había pedido a Al-Assad la apertura del gasoducto debido a sus buenas relaciones con Irak. Al enfrentar a dos de sus aliados (Irak y Siria) en una guerra mutua, la URSS tendría muchas dificultades en Oriente Medio.

El león del desierto

La película, estrenada en 1981, relata la biografía de Omar El-Mojtar, un anciano combatiente que se levanta en armas contra los colonialistas -y fascistas- italianos. El levantamiento fracasa y el anciano guerrillero, que interpreta con su habitual maestría Anthony Quinn, es capturado y ahorcado públicamente.

Hasta hace apenas 100 años, Libia era una parte del Imperio Otomano de la que se apoderó Italia. Desde el principio las diferentes tribus del norte de África se opusieron ferozmente a los nuevos amos. Los libios estaban organizados en cofradías o hermandades de tipo feudal, donde los religioso, lo político, lo militar y lo social se fundían.

Las guerras de Libia corrían paralelas a las del Rif, donde los colonialistas españoles enviaron a sus peores carniceros, los legionarios, encabezados por generales como Millán Astray o Franco. Los italianos enviaron en 1932 al general Rodolfo Graziani para aplastar el levantamiento armado de Omar El-Mojtar, “El jeque de los militantes” y “El león del desierto”.

Diez años después de llegar los fascistas al gobierno, Graziani logró capturar a El-Mojtar y lo encerró en el Palacio del Gobierno de Bengasi, a donde fue a visitarle. ¿Quién era aquel anciano indomable que durante años había mantenido la guerra de guerrillas contra el poderoso ejército colonial fascista?

El libro de memorias del general italiano, “Cirenaica pacificata”, escrito al año siguiente, rememora el encuentro. Describe al anciano como un viejo modesto, disminuido y con los pies deformados por la enfermdad de gota que padecía. A pesar de ello, los fascistas le mantenían esposado y encadenado. Cuando el general se acerca, el anciano le tiende la mano, que el otro rechaza. Los fascistas no admiten ninguna clase de treguas.

El colonialismo ejerció de juez y parte abriendo un consejo de guerra contra el guerrillero, que fue presidido por Graziani en persona. Fue la típica farsa que duró una hora y media. En el interrogatorio éste le dice que miles y miles de libios han muerto por su culpa. “¿Merecía la pena?”, le pregunta:

El-Mojtar: Han muerto al servicio de una buena causa. Están en el paraíso
Graziani: Eso es fanatismo religioso.
El-Mojtar: No, eso es fe.

En un momento dado del intercambio, el anciano se siente fatigado y le pide un asiento al general italiano, que accede:

Graziani: Siéntate y escucha. Aún puedes salvar tu vida. Con tu autoridad, ¿puedes lograr la sumisión de los rebeldes de Djebel?

El-Mojtar: Estando preso no puedo hacer nada y, por lo demás, jamás haría eso. Todos hemos jurado morir, uno tras otro, pero no someternos. Yo jamás me sometería por mi propia voluntad. Eso es seguro.

Al día siguiente, los italianos ahorcaron al anciano en el campo de concentración de Soluk ante una muchedumbre de 20.000 personas. Subió al cadalso sujetando sus gafas entre las manos, que se le deslizan de ellas tras el último aliento.

En la escena final de la película, un niño corre hacia el cadáver que cuelga de la soga para recuperarlas, una metáfora de la continuidad de la lucha contra el colonialismo -y el fascismo- en los tiempos que corren. Mueren los héroes ancianos, pero su lucha la continúan desde la infancia otros héroes.

El suelo de Camboya sigue sembrado con las bombas que lanzó Estados Unidos hace 45 años

Camboya ha detenido la retirada de bombas lanzadas por el ejército de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam hasta conseguir más donaciones internacionales para desactivar los restos de 500.000 toneladas de explosivos que cayeron en su suelo durante el conflicto.

Dos barriles repletos de gas lacrimógeno permanecen enterrados en el remoto pueblo de Kokir, en la provincia de Svay Rieng, cerca de la frontera con Vietnam, en una zona que formaba parte de la ruta de suministro del Ejército norvietnamita a través de Laos y Camboya.

Las labores de retirada de las bombas químicas estaban programadas para febrero; sin embargo, el secretario general de la Autoridad Nacional para la Prohibición de Armas Químicas, Nucleares y Radiológicas, Chey Sun, dijo que los artefactos permanecerán enterrados hasta que no se consigan más fondos.

“Necesitamos dinero para los grupos de trabajo, trajes protectores y sustancias para limpiar el lugar. Necesitamos gente para limpiarlo y dinero. No es tan fácil como ir a los campos de arroz y coger ranas o cangrejos”, dijo Chhey Sun al diario local Cambodia Daily.

Chhey Sun espera contar con el apoyo de los países que ya han contribuido en mayor medida a las labores de retiradas de minas y otros restos de guerra, como Estados Unidos, Japón y Australia.

“No hay suficiente dinero de los Estados Unidos”, dijo Chey Sun al citado medio al estimar un gasto de 3.000 dólares para la retirada de los barriles cuya sustancia no es letal.

En contrapartida, la embajada estadounidense en Phnom Penh asevera que en las dos últimas décadas ha contribuido con más de 114 millones de dólares a eliminar “restos mortales de guerra”.

“Nuestro foco primario es remediar las amenazas más peligrosas, como minas y artefactos sin detonar”, dijo el portavoz de la embajada de Estados Unidos en Phnom Penh, Jay Raman, en un correo electrónico.

Raman asegura además que entre 2015 y 2016 el departamento de Defensa de Estados Unidos llevó a cabo un entrenamiento con las fuerzas armadas camboyanas para identificar e inutilizar contenedores de gas CS y poder neutralizar vertidos químicos.

La controversia por los fondos adicionales llega después de que el primer ministro, Hun Sen, haya pedido en varios discursos públicos recientes a la nueva administración de Estados Unidos que perdone la deuda que Camboya tiene con Washington desde los años setenta y que asciende a 500 millones de dólares.

El embajador de Estados Unidos en Camboya, William Heidt, argumentó a los medios locales la semana pasada que “no está en el interés de Camboya mirar al pasado, si no a como resolver esto [la deuda] porque es importante para el futuro de Camboya”.

Casi 20.000 personas han muerto a causa de minas y bombas sin detonar desde 1979 en Camboya, según datos oficiales, aunque la cifra anual se ha reducido drásticamente de miles de muertos al año en los noventa a menos de cien en 2016.

Aún así todavía quedan cerca de 1.950 kilómetros cuadrados por limpiar de minas y bombas “dormidas”, sobre todo en las provincias del oeste, la zona con mayor densidad de minas por la guerra civil camboyana.

En el pueblo de Kokir, los dos barriles con químicos descansan bajo tierra cerca de una escuela en el interior de una pagoda budista, donde estudian dos centenares de niños.

No lejos de las bombas, unos constructores taladran los cimientos para construir un nuevo edificio dentro de la pagoda, mientras ninguna señal alerta de la presencia del gas lacrimógeno.

“Decidimos hacerlo este año [la retirada de las bombas] porque queremos usar este comedor como lugar para celebrar ceremonias. Los ancianos del pueblo nos dijeron que en 1972 los estadounidenses lanzaron bombas químicas en la pagoda, dijo uno de los miembros del consejo municipal, Chhun Sakun.

Al ser consultadas, varias familias de la zona negaron efectos visibles en su salud a causa de los barriles y no mostraron interés en la responsabilidad de Estados Unidos.

Sin embargo, Dom Somhon, jefe del pueblo de Kokir de 75 años, considera que Estados Unidos debería “ayudar al pueblo camboyano por lo que hizo en el pasado en Camboya”.

Los bancos británicos lavan el dinero negro procedente de las mafias rusas

Seguramente nuestros lectores conocen la animadversión que hay en Europa por cualquier cosa que huela a Rusia, Putin o Kremlin. Es posible que también sepan que, desde 2014, hay sanciones económicas contra Rusia, sus exportaciones y sus mercados, a causa de la intolerable anexión de Crimea.

Entonces quizá puedan explicarnos la siguiente noticia con la que nos obsequia el diario británico The Guardian: 17 grandes bancos británicos, como HSBC, Royal Bank of Scotland, Lloyds, Barclays y Coutts, formaban parte de una red de blanqueo de dinero procedente de Rusia que ha transferido 740 millones de dólares (*).

Se trata de una operación, llamada “Laundromat Global” (Lavado Mundial), organizada a escala militar, ya que involucraba al menos a 500 personas, especialmente banqueros y oligarcas.

Según cifras oficiales, entre 2010 y 2014 salieron de Rusia casi 20 millones de dólares, aunque podrían alcanzar los 80 millones. El informe documenta 70.000 transacciones bancarias, de las que casi 2.000 han pasado por bancos británicos y 373 por los estadounidenses.

El dinero salía de Rusia a través de bancos moldavos y letones, desde donde se dirigían hacia Estados Unidos y Gran Bretaña, a bancos como Citibank o Bank of America.

Los datos publicados por The Guardian proceden de documentos obtenidos por la OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project), un grupo que investiga el crimen y la corrupción a gran escala, que ha trabajado en colaboración con la revista rusa Novaia Gazeta.

“Evidentemente el dinero había sido robado o tenía otro origen criminal”, dice la OCCRP.

(*) https://www.theguardian.com/world/2017/mar/20/british-banks-handled-vast-sums-of-laundered-russian-money

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