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Día: 21 de marzo de 2017 (página 1 de 1)

Entre el ‘milagro’ económico y la crisis capitalista

Los mecanismos del capital no son tan intuitivos como supone la inmensa mayoría que, en plena bancarrota, cree que la crisis azota a todos por igual. Pues no. Con la crisis algunos están haciendo su “agosto”. Ellos experimentan un verdadero “milagro” económico, una era de máximo esplendor.

Por ejemplo, la prensa económica asegura que Irlanda ha superado la aguda crisis que padeció en 2008. Ante la bancarrota de sus finanzas, en lugar de meter en la cárcel a los especuladores lo que hizo fue abrirles las puertas, concederles beneficios fiscales para que introdujeran dinero “fresco”.

En menos de 10 años aquellos “frescos” se apoderaron de 90.000 préstamos inmobiliarios valorados en miles de millones de euros. Ahora la mitad de los deudores irlandeses están al borde del abismo y los inquilinos no pueden pagar los precios de los alquileres. La prensa, que entonces cerró los ojos, hace como que se escandaliza porque los beneficios han sido gigantescos y los impuestos de risa.

En diciembre un periódico dedicaba su portada a una noticia típica: el banco Goldman Sachs había ordenado el desahucio de 200 familias que no pueden pagar sus hipotecas y se manifiestan con sus pancartas delante del Parlamento.

Irlanda es un paraíso fiscal para los especuladores mucho mayor que Panamá. El diario Irish Times se lamenta porque que fondo buitre Cerberus haya pagado 1.900 euros en impuestos por unos beneficios declarados de 77 millones.

¿Saben cuánto ha pagado de impuestos la mafia Goldman Sachs el año pasado? 240 euros. “Es descorazonador”, dice el diario Southern Star. ¿Descorazonador? Más bien parece un atraco a mano armada…

En Europa los carroñeros invirtieron 223.000 millones de euros en los últimos cuatro años de crisis que, para ellos, es una bendición porque les va a llenar los bolsillos con cifras libres de impuestos.

En Dublín el número de personas sin techo que merodean por las calles creció el año pasado un 35 por ciento. En efecto, Irlanda ya ha superado lo peor de la crisis. Pero, ¿quién la ha superado?

La guerra sicologica de la invasion de Panamá

En 1989 Panamá fue objeto de un experimento infame, una estrategia de manipulación cuidadosamente diseñada y ejecutada con éxito por una unidad especial de operaciones sicológicas del ejército de los Estados Unidos. Las estrategias e instrumentos usados les dieron resultados exitosos cuyos impactos aún afectan la psique del panameño.

Cuando Estados Unidos bombardeó e invadió Panamá, el 20 de diciembre de 1989, llevaba casi dos años trabajando en una operación de manipulación sicológica que siguió hasta bien entrado el año 1990. Los encargados eran los miembros del 4º Grupo de Operaciones Sicológicas (4th Psychological Operations, PSYOP), hoy conocido como el 4th Military Information Support Group, con sede en el Fuerte Bragg en Carolina del Norte, cuyo lema es “Verbum vincet” (La palabra vencerá).

Como en toda operación de esta naturaleza, se buscaba influir en las “emociones, motivaciones, razonamiento objetivo y a la larga en el comportamiento” de los individuos, grupos y autoridades de ambos países. A los de Panamá, para que aceptaran la invasión como una “liberación”; a los de Estados Unidos, para que vieran la guerra injusta a la que sometían a un país muy pequeño, de menos de 1 por ciento de su población, como un “regalo” de democracia y justicia. Como objetivo no declarado, no sólo de la operación sicológica, sino de todo el proyecto de invasión, se quería contrarrestar al Subcomité del Senado sobre Terrorismo, Drogas y Operaciones Internacionales, dirigido por John Kerry, que desde 1986 sostenía que el gobierno de ese país no había hecho nada en cuanto al narcotráfico en la región y, desligar a Reagan y a Bush (en pleno periodo electoral) de las razones que en ese entonces eran desconocidas por el público y que serían admitidas por la CIA en 1998: que el gobierno estadounidense apoyó a los Contra en Nicaragua, inundando de la droga crack la ciudad de Los Angeles, California para financiarlos. Operación en la que Noriega los había apoyado.

Podría decirse que para el equipo de especialistas en guerra sicológica iba a ser un trabajo fácil. Para que lo fuera más, a los pocos meses de empezar, en febrero de 1989, a Noriega le levantaron cargos por narcotráfico y lavado de dinero. Con ello era más sencillo convencer a la opinión pública de Estados Unidos de que se trataba de un monstruo capaz, él solo, de poner en peligro a los casi 250 millones de habitantes de ese país. En Panamá, donde Noriega tenía problemas crecientes, ni siquiera los que hacían negocios con él lo iban a defender de las acusaciones de Estados Unidos.

Así, antes del conflicto armado, el trabajo involucró la manipulación de medios de comunicación locales e internacionales, trasmisiones de radio, por teléfonos y máquinas de fax (no existía el internet, así que caricaturas, noticias y artículos circulaban como facsímiles); movimientos de tropas y ejercicios en territorio panameño; y el aprovechamiento de cada bravuconada de Noriega, como la golpiza a Ford y el asesinato de su guardaespaldas, la famosa escena con el machete, o la balacera frente al Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa en la que murió el infante de marina Robert Paz.

Y durante la guerra consistió en el uso de volantes, camisetas y pancartas previamente diseñadas; la deshabilitación de las transmisiones que se opusieran a la invasión; la publicación en los periódicos de caricaturas creadas para este conflicto por un tal Tim Wallace, alias Lobo, que ni siquiera hablaba español pero que usaba muy bien los elementos de la cultura y la política panameña; noticias controladas en medios impresos, radiales y televisivos (memorable la visita a la casa de Noriega donde se mostraban enormes bolsas blancas con el logo del Banco Nacional de Panamá, llenas de dinero y parafernalia de la utilizada para la santería, religión que en Panamá los más conservadores relacionan con la brujería y en Estados Unidos con el vudú); el uso de altoparlantes con música estridente o mensajes leídos por hispanohablantes; las llamadas telefónicas directas con informaciones o amenazas; la distribución de pancartas alusivas a la extradición de Noriega o a la bienvenida a las tropas invasoras, tanto en cartón como en tela; todo el material necesario para lograr que los miembros del ejército panameño entregaran sus armas y pasaran a formar parte de la nueva policía, para la que ya se habían diseñado hasta las placas (con un mensaje alusivo, de orgullo renovado, a los que aceptaran ser miembros) y los emblemas que siguieron usándose; permisos para portar armas para ser firmadas por las nuevas autoridades y, para los más bravos, carnés de afiliación a los boinas negras arnulfistas con los colores de esa agrupación.

La campaña de manipulación

Tal vez no sabremos nunca si otros actos fueron planificados y su ejecución dirigida por esta organización para convencer a la opinión pública de la supuesta justicia de esta guerra no declarada. Lo que sí sabemos es que Noriega, que en 1970 fue alumno de la Escuela de Operaciones Sicológicas de la Armada de Estados Unidos en Fuerte Gulick, en Panamá, no pudo con la avalancha de información y terminó buscando santuario en la iglesia antes de entregarse a los Estados Unidos, mientras que los miembros de las Fuerzas de Defensa se rindieron rápidamente.

El panameño común, constantemente manipulado por la televisión comercial, fue aun menos capaz de enfrentar esta parte sicológica de la guerra y, a pesar de las imágenes de El Chorrillo incinerado y sus miles de habitantes desplazados, de los carros aplastados en las calles y las historias de vecinos de todos los sectores de la ciudad de Panamá, Colón o Río Hato heridos de bala o muertos por unos muy eficientes soldados, hoy recordamos las imágenes, que le dieron la vuelta al planeta, de la gente celebrando la llegada de las tropas estadounidenses.

Manipulados por una propaganda muy bien tramada, el día después de Navidad, los canales de televisión controlados por los militares ocupantes revelaron que Noriega tenía dos días de estar refugiado en la embajada del Vaticano. No sabemos con certeza por qué demoraron ese tiempo en revelarlo, pero fue una información mantenida en secreto hasta ese momento. Las escenas transmitidas, que podemos ver en internet hoy, muestran el área controlada por tropas estadounidenses en varios vehículos artillados, sobrevolada por enormes helicópteros de guerra, y un grupo de personas que se había reunido en el área durante la tarde, portando pancartas en español y en inglés: “Noriega must be judged not exiled”; “Asilo no! Justicia”; “Otro Noriega nunca más”; “Justicia justicia justicia”. Luego, las personas declarando ante las cámaras de manera contundente sobre la necesidad, no de juzgar a Noriega, sino de entregarlo: “Pero nosotros no estamos de acuerdo en que Noriega se quede aquí en Panamá. Si los gringos vinieron por él, se lo tienen que llevar a él y a los secuaces”. A partir de esa transmisión, la gente comenzó a llegar al área voluntariamente. Recibieron con gusto (aunque no sólo esa noche y en ese lugar) camisetas con las banderas de los dos países, mensajes de bienvenida, paz y agradecimiento por la libertad y la democracia.

Los resultados del experimento

Nadie se preguntó cómo pudo imprimirse ese material a favor de la invasión, si la circulación de las personas estaba restringida y la ciudad de Panamá había sido desmantelada por un saqueo general, sin contar que el país llevaba meses casi detenido, con los bancos cerrados por un largo embargo internacional, y las imprentas y locales publicitarios, entre otros comercios no indispensables, cerrados por falta de dinero.

Preguntas que no se hacían en ese entonces y todavía no se hacen. En la mente de la mayoría de los panameños siguen grabadas varias ideas, que persisten a pesar del paso de los años y de otras evidencias.

Por ejemplo, a pesar de tantos libros de tácticas militares publicados en Estados Unidos en los que se describen las batallas que se dieron en Panamá y Colón, incluyendo la del antiguo aeropuerto de Paitilla, que resultó en la mayor cantidad de muertos para los afamados Navy Seals, la mayoría todavía cree que los estadounidenses no encontraron ninguna resistencia. Aún con la información conocida de médicos, enfermeras y otro personal, además de conductores de ambulancias, carros de bomberos y taxis que pusieron en riesgo su vida, muchos de ellos heridos o muertos tratando de llegar a los hospitales o atendiendo las múltiples emergencias que se dieron esa noche de destrucción, es común que se siga diciendo que durante la invasión el panameño actuó de manera cobarde.

A pesar de la disponibilidad de tantos videos (hoy en internet) tomados por el mismo ejército de los Estados Unidos, mostrando la intensidad del bombardeo al que fue sometido El Chorrillo durante toda la noche, todavía se repite que las viejas casas de madera de ese barrio fueron incendiadas por allegados a Noriega al día siguiente. Casas que, en tiempos de paz, se incendiaban constantemente de forma accidental.

Aunque hoy sabemos que la ubicación de Manuel Antonio Noriega al momento de iniciarse las hostilidades era conocida por Estados Unidos, que manejaba sus operaciones de inteligencia para toda la región desde Panamá, se insiste que los muertos, los miles de desplazados, sobre todo los de El Chorrillo, pero también los llevados desde Río Hato, eran necesarios para atraparlo y sacarlo del poder.

Y se sigue creyendo que el repudiado saqueo era inevitable y no el crimen de guerra que fue, imperdonable para el ejército profesional más poderoso del mundo, que durante esta ocupación militar tenía la obligación de realizar las funciones policiales, bomberiles y de otras organizaciones civiles desmanteladas por ellos desde la primera noche.

Por supuesto, no todos los planes de esta organización funcionaron debidamente, como fue el caso de la música estridente que usaron para amedrentar a Noriega, acto que, aunque cautivó al público, fue muy criticado por diversos expertos militares. Sin embargo, la operación fue tan exitosa que sabemos que mucho de lo que aplicaron en Panamá fue utilizado en mayor escala, y de forma refinada, en las guerras siguientes en las que Estados Unidos participó.

La reconstrucción de la memoria

En Panamá, es indiscutible que el 4th PSYOP Group logró su cometido de influir en la mente de la gente para que aún, casi tres décadas después, vean la invasión y todas sus consecuencias horrorosas como algo inevitable, y como el regalo de una liberación.

Urge ahora a los panameños reconstruir los hechos, revelar la verdad, investigar todo lo relacionado con esta guerra no declarada, contar y nombrar a los muertos, que no pueden seguirse viendo como material descartable en una lucha de poderes, exaltar a los héroes y corregir el daño realizado por estas organizaciones dedicadas a la manipulación sicológica y cultural. Daño más terrible, por sus efectos a largo plazo, que toda la destrucción causada al país por los bombardeos.

J.L. Rodríguez Pittí http://laestrella.com.pa/panama/nacional/guerra-sicologica-invasion-panama/23977148

El gobierno israelí financió la creación de la sección local de Amnistía Internacional

El gobierno israelí financió la creación de la sección autóctona de Amnistía Internacional en los años sesenta y setenta para convertirla en un instrumento dócil al servicio de su imagen internacional, según documentos oficiales revelados por el diario Haaretz. El presidente de la ONG cobraba y recibia instrucciones del Ministerio israelí de Asuntos Exteriores.

Los documentos, añade el diario, fueron obtenidos por el Instituto Akevot para la Investigación del Conflicto Palestino-Israelí y no dejan lugar a dudas de que, al menos durante esos años, Amnistía Internacional fue un instrumento al servicio del sionismo.

El periodista que firma el reportaje expone que en cualquier situación de guerra, Amnistía Internacional siempre se pone del lado de los opresores. Israel pagó a los miembros de Amnistía Internacional centenares de libras en billetes de avión en vuelos al extranjero, les indemnizaron las dietas y gastos de desplazamiento, los derechos de inscripción así como el mantenimiento de las oficinas centrales.

Por si no fuera suficiente, el Mossad infiltró a uno de sus agentes dentro de la dirección de la ONG, a pesar de lo cual los sionistas acusan a la organización de “antisemitismo”.

Entre 1974 y 1976 Yoram Dinstein, que presidía la sección israelí de Amnistía Internacional, mantuvo una vínculo muy estrecho con el gobierno. Dinstein, que era profesor de Derecho Internacional y llegó a dirigir la Universidad de Tel Aviv, procedía del Ministerio de Asuntos Exteriores, habiendo ejercido como cónsul de Israel en Nueva York.

Una de sus tareas al frente de Amnistía Internacional consistía en informar al Ministerio puntualmente de cada una de las actividades que la organización llevaba a cabo, así como de sus contactos.

Aunque la sección isaraelí se creó en 1964, su actividad creció tras un informe de 1969 sobre la situación de los presos palestinos en las cárceles israelíes, que al año siguiente dio lugar a la comparecencia del ministro de la Policía, Shlomo Hillel, en el Parlamento, en la que manifestó que el gobierno de Israel “no confiaba en la buena voluntad de Amnistía Internacional ni en su corrección”.

Un informe interno del Ministerio sostenía que la sección israelí de la ONG era una mujer, Bella Ravdin, que vivía en Haifa y con la que se mantenían en contacto. Radvin cobraba del gobierno, que le pagaba también sus viajes y le daba instrucciones sobre lo que debía hacer y decir en los congresos ionternacionales. Incluso el Ministerio recomandaba ampliar y reforzar la sección local de Amnistía Internacional porque el trabajo que realizaban era importante para lavar la cara al Estado de Israel en el exterior.

Por sí misma, la tarea del Ministerio no era suficiente; necesitaban una ONG, es decir, un montaje “no gibernamental”. Para ello Dinstein trató de crear un instituto de derechos humanos dentro de la Universidad de Tel Aviv financiado por el Ministerio. Sin embargo, no aceptaron el dinero que pedía, 100.000 libras, por lo que el plan no prosperó.

Entonces el Ministerio reorganizó Amnistía Internacional, adscribiendo cuatro juristas para dirigirla, pero no fue suficiente y en 1974 Dinstein tuvo que hacerse cargo personalmente de llevar las riendas. En la reunión en la que fue elegido estaba presente el funcionario del Ministerio encargado de las tareas enlace con la ONG. Se trataba del director adjunto Sinai Rome.

Dinstein redactó los estatutos, legalizó Amnistía Internacional y empezó a pedir dinero sin descanso para pagar los gastos de funcionamiento de la organización, que acabó siendo un portavoz encubierto de los sionistas. Cada uno de los pasos, incluso el contenido de la correspondencia, era consultado previamente con el Ministerio.

Cuando el periodista de Haaretz se pone en contacto con Dinstein para preguntarle por los contactos con el Ministerio, tan impropios de una organización “no gubernamental”, miente inicialmente, hasta que le presenta las pruebas. Entonces dice que no se acuerda…

http://www.haaretz.com/israel-news/.premium-1.777770

Alemania se prepara para defenderse de la guerra comercial de Estados Unidos

Los medios de todo el mundo se han hecho eco de la noticia de que el viernes durante la visita de Merkel a la Casa Blanca, Trump se negó a estrecharle la mano delante de los fotógrafos, toda una metáfora de la profunda crisis de las relaciones entre ambos países, que se extiende al conjunto de la Unión Europea, e incluso a Gran Bretaña.

La rueda de prensa conjunta posterior a la entrevista no fue menos tensa, a pesar de que en ella, además de los fotógrados, estaban presentes los grandes financieros y monopolistas de ambos países. En ella Merkel se comprometió públicamente a aumentar un dos por ciento sus gastos de defensa por encima del mínimo de la OTAN. A cambio Trump se comprometió a seguir sosteniendo a la propia OTAN y a trabajar conjuntamente con Alemania en Afganistán, Irak y Siria.

La OTAN vive sus peores momentos y sus aventuras en Oriente Medio y el norte de África han fracasado, lo mismo que se ha agotado definitivamente la tutela militar y política que Estados Unidos impuso sobre Alemania en 1945.

Lo mismo cabe decir de la OMC, la Organización Mundial de Comercio, sobre la que no ha existido acuerdo ni lo habrá en el futuro. Volkswagen ha padecido una leonina sanción económica por parte de Estados Unidos y urante su camnpaña electoral Trump prometió elevar un 35 por ciento los aranceles sobre la importación de vehículos comerciales.

La semana pasada Peter Navarro, el consejero económco de Trump, dijo que el excedente comercial alemán era uno de los problemas más difíciles a los que se enfrenta la política comercial de Estados Unidos y lo mismo ha ocurrido en la cumbre de ministros de Finanzas del G20 en Baden-Baden: Steve Mnuchin, nuevo responsable del Tesoro, se negó a incluir en el comunicado final la defensa del librecambio, como ha sido tradicional.

En 2015 Alemania tuvo el mejor excedente exterior de su historia con 260.000 millones de euros, lo que supone el ocho por ciento de su producción. De ellos 54.000 millones representan el desequililbrio comercial con Estados Unidos, cuyo mercado es la mayor salida para la producción alemana: más de 100.000 millones. Hace ya muchos años que Estados Unidos es un gigante con los pies de barro, incapaz de competir en los mercados internacionales.

Queda el capítulo de las exportaciones de capital alemanas, que el año pasado superaron a las de China. El vicepresidente del grupo parlamentario socialdemócrata, Carsten Schneider, ha amenazado con controles de capitales si Trump eleva los aranceles para impedir las exportaciones alemanas.

Es el lenguaje típico de la guerra comercial que durante 80 años los imperialistas han tratado de borrar del comercio internacional. Alemania financia el déficit comercial de Estados Unidos con exportaciones de capitales. Si Estados Unidos no quiere mercancías alemanas, tampoco tendrá capitales alemanes.

La ministra alemana de Economía, Brigitte Zypries, tampoco se ha mordido la lengua, amenazando con denunciar a Estados Unidos ante la OMC: “No es la primera vez que Trump se verá delante de un tribunal”, dijo la ministra a una radio alemana.

En Alemania las declaraciones de ese calado con muy frecuentes. En la prensa los monopolistas y sus sicarios hablan de “aislar a Estados Unidos”, mencionando expresamente a Mercosur, Japón y China como aliados en la inminente guerra comercial. Nada más hablar con Trump, Merkel llamó por teléfono al presidente chino Xi Jinping, el otro campeón mundial del librecambismo.

Son muchas las potencias interesadas en “aislar” a Trump, lo que explica las movilizaciones en la calle y las enormes resistencias que está encontrando su política en el frente interior, donde también hay quien habla de “guerra” abiertamente. La prensa alemana llama a la lucha “contra Trump” personalizando en el nuevo Presidente su oposición a la política económica proteccionista que se está iniciando. “No debemos dejarnos intimidar por Trump”, propone el Reinische Post.

Alemania también necesita recurrir a la Unión Europea como paraguas frente a los ataques del otro lado del Atlántico, dicen los medios. La Unión Europea debe convertirse en un baluarte de la guerra comercial contra Estados Unidos, aunque por más aliados que sume a su ofensiva, no será suficiente. A esa ecuación le falta un elemento capital, cuya aportación fundamental no será de naturaleza económica, sino estratégica: Rusia.

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