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Día: 21 de febrero de 2017 (página 1 de 1)

Los ataques fascistas contra las librerías durante la transición

¡ Muera la inteligencia !
A lo largo de la transición las librerías de las ciudades españolas fueron testigo de una escalada de agresiones sin precedentes por parte de grupos fascistas apoyados por los aparatos represivos del Estado, dentro de una «estrategia de la tesión» destinada a sembrar el pánico y paralizar el movimiento de masas.

El 6 de mayo de 1976 el diario El País titulaba una noticia: «Un centenar de atentados a librerías españolas». Unos días más tarde titulaba otra: «Una librería asaltada cada dos semanas». Nada menos que 33 establecimientos habían sido destrozados en los últimos dieciseis meses después de la muerte de Franco. La prensa de la época hablaba de «ola», «espiral» o «escalada» y el período que se extiende desde la muerte de Franco fue calificado como una «etapa negra» para los libreros. Las cifras utilizadas ascienden a 200 establecimientos afectados.

Algunas librerías son objeto de ataques en varias ocasiones, así como de intimidaciones de diverso grado, convirtiéndose en víctimas múltiples. La librería Tres i Quatre de Valencia ostenta un récord: el número de ataques fascistas más alto de Europa. A finales de 1976 había sufrido siete atentados. Otra librería, Pórtico, de Zaragoza, era veterana en agresiones: tuvo su primer ataque en 1946 y tres décadas después acumulaba ya cinco en pocos meses. La dos librerías Antonio Machado, tanto la de Sevilla como la de Madrid, también fueron atacadas en muchas ocasiones por los fascistas.

La librería Rafael Alberti de Madrid padeció cinco ataques. A finales de abril de 1976 provocó la cólera de los fascistas tras organizar un acto en el que el cantaor Manuel Gerena firmó sus obras. Primero les enviaron un anónimo: «Lo de Manuel Gerena ha colmado nuestra paciencia. Pronto os visitaremos». Ese primer anónimo se saldó con dos atentados el 30 de abril y el 8 de junio, que destruyeron completamente la librería siete meses después. En el primero utilizaron piedras para romper las lunas, que luego sustituyeron por un bloque de hormigón traido de alguna obra cercana, dada la ineficacia de las piedras. El bloque de hormigón, ante la resistencia de las lunas, tampoco fue eficaz, por lo que utilizaron las pistolas. Se identificaron cinco disparos que consiguieron perforar una de las cinco láminas de las lunas. Luego utilizaron una barra puntiaguda y un martillo. La finalidad era hacer un agujero para introducir una carga explosiva.

La librería fue víctima de dos atentados más. El 9 de julio los fascistas pintaron las paredes de la librería con varias cruces gamadas y una amenaza: «Volveremos». Finalmente estuvieron a punto de perforar con un punzón la luna antibalas. 


Tras nuevas amenazas de muerte contra el propietario el 14 de octubre y el 6 de noviembre, la librería fue objeto de un incendio. Para ello introdujeron gasolina bajo la puerta y prendieron fuego después.

Los ataques violentos sólo eran la punta de un iceberg. Además las librerías, revistas y periódicos debían hacer frente a los controles de la censura y a los riesgos de secuestros y de multas que la todavía vigente Ley de Prensa de 1966 albergaba.

Durante la transición los libreros fueron amenazados  permanentemente. Los fascistas les intimidaron y llenaron sus escaparates de pintadas. La amenaza iba a menudo acompañada de pintadas y el cóctel molotov era avalado por la presencia de cruces gamadas.

Los fascistas justificaban sus crímenes por la presencia en todas las librerías españolas de autores marxistas y progresistas en detrimento de los títulos de los escritores reaccionarios como Menéndez Pelayo, Maeztu, José Antonio y Onésimo Redondo.

En noviembre de 1971 se produjo el primero de los ataques, dirigido contra la librería «Cinc d’Oros» de Barcelona. En esta ocasión varios cócteles Molotov contra los escaparates del establecimiento provocaron un incendio ocasionando la destrucción de libros pero también de una reproducción del «Guernica» de Picasso.

En febrero de 1972 un segundo ataque esta vez contra la librería «Antonio Machado» de Madrid ocasionó el destrozo de las lunas de los escaparates y una serie de pintadas insultantes.

A partir de mayo de 1973 las acciones violentas comenzaron a extenderse a otros centros de interés relacionados con la cultura como revistas, editoriales y distribuidoras. Así, «El Ciervo» (1973), «Nova Terra» (1973), y «Enlace» (3 de julio de 1974) respectivamente, fueron objeto de incendios con consecuencias cada vez mayores.

En la madrugada del 14 de octubre de 1975 explotó una bomba en la sede de la editorial Ruedo Ibérico de París. El atentado no constituía un acto aislado contra editoriales en Francia ya que otras empresas habían sufrido la misma suerte: la editorial vasca de Hendaya Mugalde en dos ocasiones, en abril y mayo; la librería «Naparra» en Biarritz, y en París, las Ediciones Ebro.

Tras la muerte de Franco, 1976 fue el año el más intenso en acciones terroristas. De mayo a diciembre se produjeron 55 atentados a librerías, frente a 25 durante los meses de enero a junio del año 1977. Se trataba del envío de anónimos, amenazas verbales, llamadas telefónicas anunciando estallidos de artefactos, incendios provocados, ráfagas de metralleta, lanzamiento de botes de tinta y colocación de cargas explosivas, cuando no utilizan los excrementos para embadurnar los escaparates de las librerías.

El alcance de los ataques a las libdrerías queda claro en el siguiente telegrama de 1976, firmado por 27 librerías madrileñas y dirigido a los libreros afectados: «Frente actual escalada violencia extrema derecha, que alcanza a todos los pueblos de la Península, enviamos mensaje solidaridad y hacemos constar indignación ante impunidad de los hechos».

Es otra de las constantes que aparece siempre en el terror fascista de la transición: la impunidad de los criminales. La policía se cruza de brazos y los periódicos se limitan a utilizar términos tales como «unos desconocidos» o «incontrolados».

Sólo hubo una detención, que correspondió al incendio de la ya mencionada librería «Rafael Alberti» de Madrid. Sus autores fueron José Alberto García, Alfonso Moreno, Ricardo Manteca y Francisco José Alemany. Eran los mismos que el 5 de noviembre de 1971 destruyeron la galería de arte Theo, comprendidas una serie de litografías de Pablo Picasso. Aunque la prensa reveló entonces la identidad de los fascistas, en ningún momento establecieron sus vínculos con los servicios de información del franquismo, de la Guardia Civil, del Estado Mayor y de la Presidencia del Gobierno. Sus autores eran agentes de la policía de Madrid: Francisco José Alemany había sido informador de la policía en la universidad y Ricardo Manteca era un asalariado de la Dirección General de Seguridad. La ultraderecha siempre estuvo muy bien controlada.

La impunidad estuvo rodeada de una constelación absurda de siglas que fueron otras tantas cortinas de humo. En cuatro ocasiones la autoría la reivindica un supuesto «Comando Adolfo Hitler». Otra referencia que aparece con cierta frecuencia en los artículos de opinión es la de los Guerrilleros de Cristo Rey y las siglas GAS pertenecientes a los Grupos de Acción Sindical.

Las compañías de seguros se negaron a pagar los destrozos provocados y a cubrir el coste de las reparaciones por el carácter extraordinario de los daños, por lo que la indemnización recaía en el Consorcio de Reasegurados, compañía estatal dependiente del Ministerio de Hacienda que cobraba el 15 por ciento correspondiente a las primas de los seguros normales.


Ahora bien, para que tales indemnizaciones fueran acordadas era necesario un certificado de la policía como prueba del carácter político de los actos violentos cometidos. La condición previa al pago era que los culpables hubieran sido detenidos y condenados por un juez, lo cual no existió nunca tras alguno de los cientos de atentados.

Los ataques a las librerías nunca han cesado. En 1980 los fascistas volvieron a atacar la librería La Oveja Negra en el barrio de Quintana, en Madrid, que ya había sido atacada cuatro años antes. Unos quince o veinte fascistas armados con bates de béisbol y cadenas profirieron gritos de «¡Viva Cristo Rey!» y otros similares, arrojando una papelera a su interior y rompiendo las lunas. Uno de los cristales rotos hirió en la mano a una de las trabajadoras.

En 2005 se produjo otro ataque en Madrid cuando varias decenas de fascistas irrumpieron en la librería Crisol para reventar el acto de presentación del libro «Historia de las dos Españas», agrediendo violentamente a los asistentes y destrozando el local.

A los asistentes los fascistas les metieron panfletos en la boca, además de zarandear e intentar agredirles, entre gritos de “asesinos”, “genocidas”, patadas por doquier, y destrozos de las estanterías repletas de libros.

Uno de los atacantes era un sargento en activo del Ejército de Tierra. Todos ellos eran miembros de Falange Española.

La Revolución de Octubre es el tema principal del Festival de Cine de Londres de este año

El centenario de la Revolución de Octubre es el tema principal del London Film Festival, bajo el título “Conquistar el mundo: un siglo de revolución en la pantalla”.

El Festival comenzó el viernes y se desarrollará hasta el 15 de abril por inciativa de la fundación cultural Kino Klassika.

Como no podía ser de otra forma, el festival se ha inaugurado con el pase de la mayor obra cinematográfica de la historia del séptimo arte: Acorazado Potemkin, dirigida por Serguei Eisenstein.

El 8 de marzo se exhibirá la película de Andrei Smirnov y Larissa Shepitko “Un comienzo de siglo sorprendente” estrenada en 1967 como encargo para el 50 aniversario de la Revolución. También se pasará una película de 1964, “Soy Cuba”, de Mijail Kalatozov.

El proyecto del Festival es mostrar tanto películas soviéticas como rusas, así como obras de Jean Luc Godard, Glauber Rocha, Andrzej Wajda, Bernardo Bertolucci y Ken Loach.

Para cerrar está prevista la proyección de la otra obra manestra de Eisenstein, “Octubre”, una película muda de 1927 que se acompañará con la música de la Orquesta Sinfónica de Londres.

“Estamos interesados en explorar la historia de la revolución a partir de esta película que, a su vez, es la base del cine ruso”, ha comentado la actriz británica Justine Waddell, pionera de la fundación cultural Kino Klassika. “Creo que el público británico percibe tales acontecimientos con curiosidad. La gente continúa interesándose por el arte ruso, el cine y el diseño”, añadió.

Las proyecciones tendrán lugar en el cine más antiguo de Londres, el Regent Street Cinema, que se abrió en 1848 y se considera como la cuna del séptimo arte británico.

Al mismo tiempo, el 28 de abril la British Library inaugura la exposición “La Revolución Rusa: esperanzas, tragedias y mitos”.

Fuente: http://www.kpu.ua/ru/86140/stoletye_oktjabrskoj_revoljutsyy_stanet_glavnoj_temoj_kynofestyvalja_v_stolytse_brytanyy

Las fronteras de Ceuta y Melilla no son muros sino políticas

En un periodo de cuatro días 850 emigrantes africanos han saltado la valla de Ceuta, algo que no es ninguna casualidad, sino otra demostración palpable de la instrumentalización política de las personas por los motivos económicos más rastreros que cabe imaginar.

Ceuta y Melilla son la única frontera terrestre que tiene la Unión Europea con Marruecos. Mide ocho kilómetros y su cuidado es tanto problema de unos, la Unión Europea, como de otros, Marruecos.

Pero las fronteras no son las alambradas o los muros, como dicen últimamente los despistados de siempre, sino políticas, en este caso la política agraria. Por una vez en Bruselas han aprobado un acuerdo que es plenamente justo: denunciar el acuerdo agrícola firmado con Marruecos en 2012.

A finales del pasado año el Tribunal de Justicia de la Unión Europea excluyó de referido acuerdo al territorio saharahui, lo cual no ha gustado nada en Rabat, que se ha puesto a hacer lo que mejor sabe: presionar en la valla de Ceuta.

Marruecos chantajea abiertamente con abrir la espita de los refugiados, un asunto candente en una Europa podrida hasta el tuétano de fascismo y racismo como en sus tiempos más oscuros que, como ven, nunca fueron superados. Sólo habían quedado archivados en el subconsciente.

El chantaje marroquí tiene otro frente del que se viene hablando mucho últimamente en la otra orilla, aunque aquí casi todos han hecho oídos sordos, como acostumbran. Se trata de que, lo mismo que Turquía, también en Rabat piensan recurrir a otros socios más amigables que los que tienen en Bruselas, que son los mismos de siempre: Rusia y China.

No hace mucho que las unidades navales rusas que se dirigían a Siria no pudieron repostar en Ceuta por presiones de la OTAN y ahora es posible que las podamos ver de manera permanente muy cerca de nuestras costas, lo cual mostrará el lado más desagradable de la cuestión fronteriza.

Si esa perspectiva se abre paso, ya no se tratará de vallas para impedir el paso de los refugiados, ni de acuerdos comerciales sobre legumbres, hortalizas y frutas sino de un abismo estratégico.

Marruecos juega con la Unión Europea lo mismo que con la Unión Africana, a la que se acaba de incorporar. Sabe que en Bruselas el territorio saharaui nunca ha supuesto nada, por lo que están dispuestos a venderlo, como han vendido todas y cada una de sus colonias, en cualquier momento al mejor postor. Si el Sáhara no le importa a la UNU, ¿por qué habría de importarle a la Unión Europea?

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