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Día: 10 de febrero de 2017 (página 1 de 1)

A partir de hoy en Francia hay presos que están encarcelados sin haber cometido ningún delito

Lo que Marx calificó como “cretinismo parlamentario” no es privativo de España ni de ningún partido político. Más bien es una plaga. Un ejemplo de esa idiotez la cometieron los parlamentarios que el 3 de junio del pasado año en Francia aprobaron una ley por la cual la consulta de páginas yihadistas era un delito castigado con una pena de dos años de cárcel y 30.000 euros de multa.

Hoy Reuters informa que el Consejo Constitucional acaba de declarar nula dicha ley. Es un alivio.

Pero dicho Consejo Constitucional tampoco es inmune al cretinismo, por lo que sus decisiones tienen ese mismo carácter rematadamente idiota: después de afirmar que la consulta de páginas yihadistas no es delito, ordena que las personas que han sido encarceladas a causa de ello no sean puestas en libertad.

Suman 21 presos, por lo que, a partir de ahora en Francia habrá 21 personas que estén en la cárcel sin haber cometido ningún delito, o sea, por la cara.

Como en todos los países capitalistas, en Francia la libertad está retrocediendo a pasos agigantados, aunque se trata de un país aficionado a enviar tropas a cualquier otro con la excusa de proteger los derechos fundamentales de sus habitantes. ¿Por qué no se preocupan un poco más de los de su propia población?

No hace mucho que el Senado publicó un largo informe de dos tomos sobre la situación en las cárceles francesas, cuyo título lo decía todo: “Las cárceles francesas son la vergüenza de la República”. ¿Aún queda un pizca de vergüenza en Francia?

En 1789 la Revolución Francesa empezó con el asalto a la Bastilla, que era una cárcel poblada por numerosas personas condenadas de la misma forma arbitraria que en la actualidad. Los insurrectos proclamaron la amnistía por su cuenta y abrieron las puertas de par en par.

Esperemos que ahora ocurra otro tanto y que las personas encarceladas por la cara salgan, por una vía o por la otra.

La nueva Brigada Político Social del franquismo es una banda organizada

El ministro y el jefe de la BPS
No ocurre con mucha frecuencia que la gestión de un ministro quede reflejada en toda su incompetencia con pruebas irrefutables muy poco tiempo después de que deje el Ministerio. Aun menos si la prueba definitiva la aporta su mano derecha. Es lo que ha ocurrido con Jorge Fernández Díaz tras la publicación de una entrevista al comisario Eugenio Pino, exdirector operativo de la Policía.

Pino es el jefe de la “policía política” montada en el Ministerio del Interior para atacar a los que el PP consideraba sus principales enemigos políticos, es decir, los independentistas catalanes y Podemos. Alguien de la máxima confianza de Fernández Díaz, y por tanto del Partido Popular.

El periodista le pregunta por qué los Pujol no están en prisión, que es como preguntar: ¿no hay pruebas suficientes contra ellos? Su respuesta: “Porque los procedimientos son difíciles de investigar y los jueces en España son muy garantistas. Lógicamente en otra época había jueces más decididos, pero ahora son garantistas hasta el final y prefieren ajustar todo el procedimiento a unas pruebas reales y efectivas”.

La culpa es de los jueces. Lo primero –delitos económicos difíciles de investigar– es evidente. Lo segundo no suena a excusa, sino a acusación. No son como otros jueces que envían a los acusados a prisión preventiva para que se ablanden. Eso no está en ningún Código Penal, ni en el actual ni en los de antes, pero sabemos que es una costumbre que ha existido, sobre todo cuando un juez ha echado mano de ese recurso tan socorrido y vago que es la “alarma social”. Pero es el final de la segunda frase lo que tiene que dejar con la boca abierta a cualquiera que piense que la justicia no puede estar al servicio de los intereses políticos, sean los que sean, o de la jauría.

Esos jueces a los que se refiere Pino buscan para tomar decisiones trascendentales “pruebas reales y efectivas”. Pino no es de los policías que tengan como norma la idea de que lo que no puedes probar, no existe ante un tribunal.

Incluso, al referirse a otro caso, dice que es “partidario de usar el detector de mentiras y esas cosas que usan otros países y no sé por qué no hacemos”. Este es un motivo para reírse de la talla policial de Pino, ya que está probado que el detector de mentiras sólo se usa de forma extensa e irrefutable en el cine y la televisión, además de en la CIA y la NSA, no con muy buenos resultados en estos dos últimos ejemplos.

El comisario se queja de que al valorar una prueba “cuando tenemos una cuenta, una transacción, siempre hay una resistencia” (de los jueces). Lo cierto es que hay un montón de gente procesada o condenada en España en los últimos años por los indicios aportados por cuentas corrientes y transacciones bancarias que revelan la comisión de delitos. Eso es un hecho que esta vez Pino decide obviar.

Eso le permite insistir en una acusación que nunca se ha probado y que tanto él como El Mundo sostuvieron hasta el extremo de convencer a Fernández Díaz, la supuesta cuenta corriente millonaria que tenía en Suiza el entonces alcalde de Barcelona, Xavier Trias. Nunca se pudo probar su existencia, y de hecho hay pruebas que indican que no existió. Pero, para Pino, la realidad es muy diferente porque el confidente que les dio esa información era “una fuente de toda credibilidad”.

Todavía no hay ningún artículo en el Código Penal que diga que se puede procesar a alguien porque el confidente es muy bueno. Quizá por eso el único procedimiento judicial que existe ahora sobre ese caso es el que investiga a El Mundo por dar esa noticia (uno de ellos es el autor de la entrevista a Pino).

Teniendo en cuenta la mentalidad de Pino y su insistencia en seguir haciendo favores políticos a sus antiguos jefes con casos en los que tiene pruebas, debería sorprendernos menos lo que dice en la segunda entrega de la entrevista sobre un caso especialmente sensible: la investigación del atentado del 11M.

Nos enteramos que entre sus múltiples ocupaciones estuvo la de pedir informes policiales sobre casos investigados y juzgados. Lo que todos llamaríamos casos cerrados. Pino pidió informes sobre el 11M, el asesinato de Marta del Castillo y el caso Faisán. Es en el primer caso donde está más claro que hemos tenido al frente de la policía a alguien dispuesto a dar pábulo a cualquier conspiración de la que se puedan obtener réditos políticos.

En ningún momento dice Pino cuáles fueron los indicios que le llevaron a pedir un informe sobre el 11M. En el colmo del descaro, se limita a decir que “se trata de un método de trabajo distinto”, no de cuestionar la investigación policial y judicial que acabó en una sentencia de la Audiencia Nacional, confirmada por el Tribunal Supremo. “Es un atisbo de modernidad”, dice, lo que es ridículo a menos que se piense que el funcionamiento normal de los tribunales es un arcaísmo.

La farsa continúa cuando él sostiene que no ha leído ese informe. Encargó un informe sobre algo ya juzgado, supuestamente incluye detalles interesantes, pero él no encontró tiempo para leerlo. No sé si eso constituye malversación de fondos públicos (el tiempo de los policías no sale gratis), pero creo que es sólo una forma de tomarnos por idiotas.

A la pregunta de si esa investigación contradice la sentencia, de forma vaga dice que sí, pero sin concretar porque no quiere que le imputen un delito. No la contradice, “pero da por sentado, según tengo entendido, porque no lo he leído, algunas cosas que fueron determinantes para argumentar una serie de teorías que verdaderamente se diluyen. Se aclaran algunas cosas que estaban en una nebulosa”.

En la sentencia condenatoria no hay ninguna “nebulosa”, excepto para los que, como Pedro J. Ramírez y El Mundo, opinaban que los acusados eran unos tontos útiles a los que se condenó injustamente para ocultar una conspiración mayor. Pino deja caer que algo hay de eso para confirmar después que sí, se pone en cuestión algunos pilares de la sentencia, en expresión del periodista.

Una vez más, ante el mayor atentado terrorista ocurrido en las últimas décadas en España, un responsable policial y un periódico se alían para difamar el trabajo de la policía y los tribunales en ese caso. Siempre quedan impunes.

Con tal ligereza, cómo puede extrañarnos que Pino demuestre la misma falta de profesionalidad para acusar a Podemos de financiarse con la ayuda de gobiernos extranjeros. Deja caer que hay pruebas en Venezuela, más confidentes, fotos, para terminar diciendo que “a título particular” cree que los dirigentes de Podemos han cometido delitos al recibir ese dinero, “pero no lo puedo demostrar”.

Yo podría decir a título particular que creo que Pino ha dirigido una banda de narcotraficantes pero que no lo puedo demostrar. Obviamente, no puedo decir eso, porque afirmarlo en esos términos es un delito castigado con pena de prisión. Pero Pino es de los que salen impunes por estas cosas.

Este es el comisario al que Fernández Díaz entregó las llaves de la policía durante su etapa al frente de Interior. Con tanta manipulación y mentiras, casi podemos felicitarnos de haber sobrevivido a esta banda organizada.

http://www.eldiario.es/zonacritica/policia-politica-Interior-Pino_6_610748953.html

El dinero virtual es para los ricos, el de siempre para los pobres

El simbolo del bitcoin ya sustituye al dólar
El dinero, e incluso cualquier forma de pago, no es un mecanismo técnico neutral sino que tiene su sello de clase. Se basa en la propiedad privada y en las relaciones de producción capitalistas. Hasta un medio tan convencional como “Estrella Digital” tituló así un artículo hace poco: “El dinero para los pobres; el bitcoin, para los ricos” (*).

Pero el dinero, mucho más que cualquier otra cualquier mercancía, padece todas las ilusiones fetichistas que cabe imaginar. Por eso a cualquier cosa le llaman hoy “dinero” y cualquier refrán se puede largar al respecto.

La novedad actual es que el imperialismo y el capital financiero tratan de acabar -por las buenas o por las malas- con el dinero fiduciario o en efectivo, para imponer el dinero virtual o de plástico, lo cual no se explica sólo por su condición de clase social, sino por la crisis económica o, mejor dicho, por los continuos fracasos de la política económica implementada por la burguesía de todo el mundo para tratar de salir de ella.

En particular, uno de los grandes fracasos ha sido el recurso sistemático a la política monetaria, al lanzamiento de grandes masas de dinero fiduciario a la circulación, que han ido a parar a los bolsillos de los mismos de siempre, que es donde sigue.

Ahora el capital financiero quiere hacer otro intento para salir de la bancarrota, cuya novedad es que entran en el mercado los monopolios tecnológicos y los de telecomunicaciones para hacer la competencia a las empresas tradicionales del sector: bancos, seguros y bolsa.

La otra novedad es que el dinero digital, a diferencia del fiduciario, vuelve a ser privado y no está sometido a los controles ni a las garantías de un banco central.

Finalmente, dicho dinero es un pozo negro, por lo que quienes, como los de Podemos, se han alineado con el capital financiero para retirar de la circulación el dinero en efectivo, vuelven a engañarnos una vez más. Las distintas monedas virtuales sirven para pagar toda clase de negocios ilegales, como tráfico de armas o de drogas, así como para lavar el dinero negro y evadir impuestos.

Es más, en países como Grecia, los intentos de imponer el dinero digital a la fuerza sirven -entre otros fines- para incrementar la recaudación fiscal a costa de los trabajadores.

A la desesperada el capitalismo está tratando de incrementar el comercio por internet y, como consecuencia de ello, los pagos a través de divisas virtuales. Aunque la cotización de dichas divisas oscila bastante, se multiplica en el largo plazo, hasta el punto de que una de ellas, el bitcoin, ya ha superado a la cotización de la onza de oro, habiéndose convertido en otro objeto más de especulación. El año pasado el bitcoin fue la moneda que más se revalorizó en todo el mundo, con un crecimiento del 125 por ciento.

Aunque todas las monedas digitales son opacas, en mayor o menor grado, las que más incrementan su cotización son las más opacas porque en ellas la oscuridad es un valor añadido. Son paraísos fiscales en sí mismos, un valor refugio. Sobre todo en los países más débiles, hay manera que implementar una política de control de cambios o de evitar la fuga de capitales a causa de los movimientos especulativos de las monedas virtuales.

El gobierno bolivariano de Venzuela que, entre otras agresiones, ha padecido ataques a la cotización de su moneda fiduciaria, se ha visto obligado a reprimir la circulación del bitcoin, a cerrar sitios de internet e incluso a detener a los usuarios de dicho medio de pago, que fueron acusados de contrabando.

En Venezuela en diciembre del año pasado, el número de usuarios de bitcoin alcanzó los 85.000, lo que supone un incremento de casi el 2.000 por cien más en dos años.

(*) http://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/dinero-pobres-bitcoin-ricos/20170102172125309222.html

Un banco israelo-estadounidense se convierte en accionista de la petrolera saudí Aramco

La crisis capitalista, la caída de los precios del petróleo y la guerra del Yemen se han convertido en una pesadilla para los sátrapas de Arabia saudí, que se han visto obligados a vender por partes a la joya de la corona, la petrolera Aramco. Había numerosos buitres dispuestos a apoderarse de un trozo del pastel, pero el regalo ha caído en manos de un banco israelo-estadounidense recién creado: Moelis.

Se trata de un banco surgido en 2007, en el inicio de la actual bancarrota económica. Uno de sus principales consejeros es Shlomo Yanai, un veterano oficial del ejército israelí al que hace un tiempo también le propusieron dirigir el Mosad. Antes de pasar al banco, Yanai dirigió una empresa famacéutica y otra agrícola.

La venta de una parte de Aramco a Moelis, casi un regalo, está en la línea del creciente reforzamiento de los lazos entre Israel y Arabia saudí, imprescindible para dos países muy perjudicados por la derrota del imperialismo en la Guerra de Siria.

El capital de la petrolera saudí es de dos billones de dólares y en este primer tramo de privatización quiere deshacerse del cinco por ciento, unos 100.000 millones en acciones que, aproximadamente, es el déficit que arrastra el presupuesto público saudí.

Los caciques saudíes no sólo necesitan vender Aramco sino que han puesto en el escaparate otros monopolios para poner el dinero en el fondo público de inversiones.

La historia de Aramco (Arabian American Oil Company) es una historia colonial que se confunde con el surgimiento de los Estados árabes hace cien años. Su nombre originario era aún más definitorio, California Arabian Standard Oil Company, y está asociado a los Rockefeller, que no sólo fundan un monopolio, sino un nuevo país cuya existencia está garantizada militarmente por Estados Unidos en el Pacto del Quincy.

En 1938 Rockefeller pone al frente del monopolio y del país a una jauría de jeques y príncipes fabricados a su imagen y semejanza, a medio camino entre el capitalismo salvaje y la delincuencia organizada.

El monopolio gigantesco fue nacionalizado entre 1973 y 1980, coincidiendo con la Guerra de los Seis días de los países árabes con el Estado de Israel. La historia de Aramco va, pues, de lo privado a lo público para volver al punto de partida.

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