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Día: 1 de diciembre de 2016 (página 1 de 1)

Ruanda abre un investigación sobre la intervención de los imperialistas franceses en el genocidio

El martes el Fiscal General de Ruanda, Richard Muhumuza, anunció la apertura de una investigación sobre el papel del imperialismo francés en el genocidio cometido en el país de los Grandes Lagos en 1994. “En la actualidad la investigación afecta a 28 personas que, según las informaciones obtenidas hasta la fecha, el juzgado de instrucción considera que pueden permitir comprender mejor su papel [en el genocidio] y decidir si serán procesadas o no”, dijo en un comunicado público.

“En la medida en que las investigaciones continúen, otros agentes y/o funcionarios franceses podrían ser llamados a asistir al juzgado de instrucción para lo mismo”, añade el comunicado. “Las autoridades competentes del gobierno francés se han comprometido formalmente y la oficina del Fiscal General espera que las autoridades competentes cooperen a lo largo de esta investigación judicial sobre la base de una oferta de reciprocidad”, dice el Fiscal ruandés.

Esta decisión de Ruanda seguirá afectando a las relaciones diplomáticas entre la metrópoli y su antigua colonia, que desde hace 22 años acusa a Francia de la responsabilidad última en los 100 días sangre que acabaron con la vida de 800.000 tutsis (y también algunos hutus) en el país.

En Ruanda el régimen neocolonial, tradicionalmente tutelado por Bélgica y Francia a través de los misioneros católicos, estuvo representado por el dirigente hutu Juvenal Habyarimana, representante de la etnia mayoritaria del país y presidente de Ruanda en 1994 cuando su avión fue derribado en vuelo y falleció.

A partir de entonces se desató una de las mayores y más rápidas orgías de sangre que ha conocido la historia del colonialismo. El fiel de la balanza cayó del lado de la resistencia tutsi de Paul Kagame que, con ayuda de los imperialistas estadounidenses sacó a los franceses de Ruanda.

Desde entonces el gobierno de Kagame acusa y es acusado por los imperialistas franceses del referido genocidio, un intercambio de acusaciones cruzadas, una parte de las cuales se desenvuelve en los estrados judiciales, incluida la Auidiencia Nacional, en donde la fiscalía ha tomado partido a favor del más fuerte, el imperialismo francés y los sacerdotes católicos, en contra del más débil, el gobierno de Kagame.

Turquía ha invadido Siria para acabar con el gobierno de Bashar Al-Assad

Ayer el presidente turco Erdogan declaró que el ejército turco había entrado en Siria para poner fin al mandato del presidente sirio Bashar Al-Assad, al que acusó de terrorismo y de la muerte de miles de sirios.

Erdogan realizó sus declaraciones durante el Symposium de la Plataforma interparlamentaria de Jerusalén, que tuvo luigar en Estambul. “Hemos entrado [en Siria] para poner fin al reinado del tirano Assad”, manifestó públicamente.

Según el diario turco Hurriyet, Erdogan manifestó que Turquía no tenía reivindicaciones territoriales en Siria, pero que quería “poner en el poder al pueblo sirio”.

“¿Por qué hemos entrado [en Siria]? No tenemos intereses sobre el suelo sirio. La cuestión consiste en dar las tierras a los que son sus verdaderos propietarios. Estamos allá para restablecer la justicia”, explicó el dirigente turco.

Luego añadió que, según sus cálculos, cerca de un millón de personas habrían muerto en Siria desde el comienzo de la guerra, mientras que las últimas estimaciones de la ONU arrojan la crifra de 400.000 personas muertas a causa de la agresión imperialista.

En un tono melodramático, Erdogan aseguró que Turquía no podía “soportar” las muertes ininterrumpidas de civiles y acabó reconociendo que se habían visto “obligados a entrar en Siria al lado del Ejército Sirio Libre”.

Este reconocimiento pone de manifiesto que las negociaciones con el gobierno de Damasco han quedado rotas y que los “buenos oficios” de Rusia e Irán para mediar entre ambos países también ha fracasado, seguramente porque Erdogan quiere tener las manos libres en el norte Siria para frenar tanto al PKK como al Califato Islámico antes de que se vuelvan contra la proipia Turquía. El gobierno de Ankara no ha aceptado coordinar su actuación con el ejército sirio ni tampoco formar parte del equipo conjunto de intervención en Siria, junto con rusos e iraníes.

Turquía hace la guerra por su cuenta. Vuelve así a su aislamiento, ya que sus tropas tampoco son bien recibidas en Irak. No han podido participar en el asalto a Mosul, ni en en Alepo, ni entrarán tampoco en la batalla de Raqqa. Su único aliado sobre el terreno es el Gobierno Regional kurdo de Barzani.

Es muy probable que si Rusia quiere seguir contando con el PKK para el futuro de Siria, acabe también rompiendo sus lazos con Turquía, cuyo suelo puede convertirse en una prolongación de la Guerra de Siria, incluso con los mismos actores.

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