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Día: 29 de noviembre de 2016 (página 1 de 1)

Nuevo plan del FBI para espiar a los escolares en Estados Unidos

Bajo nuevas directrices emitidas en enero de 2016, el FBI está instruyendo a las escuelas secundarias de todo el país para que le informen sobre los estudiantes que critican las políticas del gobierno y la “corrupción occidental” pues se trataría de potenciales futuros terroristas. Las nuevas directrices también advierten que los jóvenes pobres, inmigrantes o quienes hablan de viajes a países “sospechosos” son más propensos a cometer violencia. Las directrices del FBI para “prevenir el extremismo violento en las escuelas” combinan “las teorías de radicalización de la era McCarthy” –donde las autoridades monitoreaban pensamientos y comportamientos sospechosos de conducir a actos de violencia subversiva– con elementos de un programa británico de vigilancia “ampliamente impopular” y “profundamente controvertido”, conocido como Preventivo, que vigila comunidades y particulares musulmanes.

Las nuevas directrices dibujan a las escuelas de Estados Unidos como “semilleros de extremismo”. Afirmando que los jóvenes “poseen factores de riesgo inherentes”, las directrices del FBI describen a los estudiantes de la escuela secundaria como “objetivos ideales” para el reclutamiento de extremistas violentos.

Los materiales educativos elaborados por el FBI para las escuelas indican que las actividades van desde el uso de “lenguaje inusual” o “aplicaciones de mensajería privados” y cifrado (“oscurecido”, en el lenguaje del FBI) e intervenir en juegos en línea fuera de la escuela podrían indicar que “alguien planea cometer actos de violencia”.

Las directrices se basan en que las ideas extremas conducen a la violencia, un modelo de búsqueda evocador de la primera amenaza roja de la historia de Estados Unidos, así como de la represión de J. Edgar Hoover sobre los derechos civiles y contra los que se oponían a la guerra. La abogada Hugh Handeyside, del Proyecto de Seguridad Nacional de la Unión de Libertades Civiles de América, asegura que al ampliar la definición del extremismo violento “el FBI está actuando policialmente sobre el pensamiento de los estudiantes y tratando de predecir el futuro sobre la base de esos pensamientos”.

Las directrices están diseñadas para apuntar a los estudiantes musulmanes estadounidenses. Para evitar aparecer discriminatoria el FBI identifica factores de riesgo tan amplios y vagos que prácticamente podría considerarse peligrosa y digna de vigilancia a cualquier persona joven. No obstante, las directrices revelan una agenda subyacente porque repiten el enfoque sobre poblaciones de “inmigrantes” y “de la diáspora”, así como sobre las diferencias culturales y religiosas. El FBI invoca constantemente una amenaza islámica sin nombrarla.


Arun Kundnani, autor de “The Muslims are Coming!: Islamophobia, Extremism, and the Domestic War on Terror” (¡Llegan los musulmanes!: Islamofobia, extremismo y guerra doméstica contra el terrorismo), afirma que “en la práctica, las escuelas que tratan de aplicar este documento van a terminar vigilando a los estudiantes musulmanes de manera desproporcionada”.

Danielle Jefferis, del Proyecto de Seguridad Nacional de la ACLU (American Civil Liberties Union), escribiendo para Just Security, un foro en línea con sede en el Centro de Derechos Humanos y Justicia Universal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, considera que “la petición del FBI para que las autoridades escolares espíen e informen sobre las ideas y creencias de los estudiantes trae los riesgos de sofocar la curiosidad y la libre expresión, además de corromper la confianza que debe existir entre profesores y estudiantes.

Aunque el FBI afirma que no quiere limitar la libertad de expresión de los estudiantes, las directrices alientan a los funcionarios de las escuelas a identificar a los estudiantes que “participen en comunicaciones que indiquen apoyo a ideologías extremas” o que sientan “curiosidad” por materias que pudieran considerarse extremas.

Al llamar a las escuelas a crear equipos de evaluación de amenazas y para “mejorar la conciencia de dominio”, el FBI se involucra en lo que Jefferis caracteriza como “temor alarmista”, que “casi con toda seguridad aumentara la presión sobre los funcionarios de las escuelas para ir a la policía antes de buscar alternativas”. Esto enfrenta a los directores de escuela con el falso dilema de elegir entre mantener sus escuelas seguras o la defensa de los derechos de los estudiantes a la libertad de expresión y a la igualdad de protección. Por su parte, Jefferis concluyó: “Nuestros niños están más seguros y nuestras comunidades son más fuertes cuando trabajamos para proteger –no erosionar– nuestros valores y libertades fundamentales”.


Como era de esperar, las grandes cadenas de intoxicación de Estados Unidos no han cubierto esta campaña represiva con el detalle que merece.
Fuente: http://www.alternet.org/grayzone-project/fbi-has-new-plan-spy-high-school-students-across-country

Trump y el fascismo del siglo XXI

El artículo de William I. Robinson, profesor de sociología de la Universidad de California-Santa Barbara (*), resume con precisión casi todos los tópicos con los que se aborda la delicada situación internacional en ciernes, empezando por un título redondo (“Trump y el fascismo del siglo XXI”) que sólo es imaginable cuando se alude a personajes con personalidad propia, como Trump, Duterte, Erdogan, Orban y otros que airean en voz alta lo que otros callan.

En ese tipo de exposiciones, como la de Robinson, nunca quedan suficientemente claros los motivos por los cuales Trump es un fascista y no Obama o Clinton, aunque es evidente que ambas exposiciones, la de Trump y la de Robinson son simétricas. Aunque no sepan de lo que hablan, los que utilizan ese tipo de vocablos (“fascismo”) lo hacen de la misma manera contundente que Trump.

Nos hemos habituado al lenguaje neutro y aséptico que ha impuesto la burguesía en los últimos años, donde los cínicos son “centristas” o “moderados” del tipo Al-Nosra, que se lavan la cara cambiando las siglas. Con la televisión, las luchas políticas se han llenado de eufemismos para preservar lo políticamente correcto, mientras que quienes se quitan la máscara aparecen como lo que realmente son: fascistas.

Lo que no es políticamente correcto se califica de “populista”, cuando debería ser al revés. Lo contrario, el cinismo y la hipocresía, se justifican precisamente por su corrección, porque es lo que -según creían ellos- atraía votos. Ahora resulta que no es así. Los votantes se han cansado del lenguaje político anodino y buscan emociones fuertes. En realidad, los votantes se cansan de todo y de todos, excepto de votar.

No es fácil entender por qué Trump es un racista, mientras que a Obama nadie le ha calificado así, a pesar de que pocas veces un gobierno de Estados Unidos ha matado a más negros en las calles que con un negro en la Casa Blanca.

No es fácil entender por qué a Trump se le califica de machista, mientras que a Clinton nadie le ha calificado así, a pesar de haber defendido ante los tribunales a los violadores mofándose de las mujeres que fueron sus víctimas.

Un determinado tipo de lenguaje pone la realidad encima de la mesa, mientras que el otro la encubre. La indignación de académicos como Robinson procede de ahí: al sacar a la superficie un lenguaje que se había dejado de utilizar, se creen que eso (el fascismo, el racismo) no existía. Ante la ocultación es una obviedad imprescindible recordar que el lenguaje no cambia la realidad, sólo la percepción que tenemos de ella.

Por eso nosotros nos alegramos del fin de los eufemismos, de que la reacción se quite la máscara, de que se hable claro y, sobre todo, de que vuelva a triunfar el lenguaje de la Internacional Comunista, aunque sólo se trate de eso, del lenguaje, que nada tiene que ver con el comunismo.

El profesor Robinson incurre en otro defecto tan extendido como el de tejer cadenas de frases, las suyas propias, en réplica a otras frases, las de Trump, contraponiendo unas ideas a otras ideas, que es la mejor forma de no salir del idealismo.

También da la impresión de que hay quienes, como Robinson, necesitan discursos demagógicos, la provocación retórica, para poder reaccionar y que sus anticuerpos segreguen la réplica, que siempre es verbal. Antes estaban contra la “globalización” pero cuando Trump rechaza esa misma “globalización” tampoco les gusta.

La diferencia entre Trump y Robinson es muy evidente: el primero sabe lo que quiere y lo que no quiere, algo que no se puede decir de quienes se oponen a él. Tiene las cosas muy claras por otra obviedad a la que recurre Robinson: la de catalogarle como un “miembro de la clase capitalista transnacional”, algo en lo que tampoco se diferencia de Clinton en nada.

Si tenía intención de explicar algo, Robinson podía haber continuado por esa obviedad, de la que se desprenden todas las demás. Por ejemplo, Estados Unidos es un país capitalista cuya prosperidad dependió de la esclavitud (de los negros) y la emigración (de los blancos). El racismo, como ya hemos explicado aquí, nunca fue más que un aspecto de la lucha de clases y no del color de la piel.

Como cualquier otro burgués, la política migratoria de Trump no tiene otro objetivo que el de incrementar la explotación de la clase obrera, para lo cual debe mantenerla sometida y humillada, o sea, sin papeles y sin derechos de ningún tipo. “Ejército industrial de reserva”, lo llamó Marx hace 150 años, algo tan viejo como el capitalismo.

Por cierto, ese capitalismo no está ante ninguna encrucijada, como asegura Robinson. No tiene ninguna opción, ni ninguna posibilidad de reforma porque es un sistema agotado. El único recorrido marcha, en efecto, hacia el “fascismo del siglo XXI”, que no supondrá ningún “giro bursco”, como cree Robinson, porque será equivalente al fascismo del siglo anterior.

Los burgueses como Trump saben eso de sobra. Por eso no pretenden reformar nada. No engañan a nadie porque no tienen ninguna alternativa que ofrecer, absolutamente ninguna. No prometen nada y eso es lo que a algunos no les gusta. Quieren que les engañen, que les prometan algún cambio, reformas, esperanzas, perspectivas… algo que nos pueda caer del cielo sin que nos cueste ningún esfuerzo personal.

Los únicos que tienen alternativa son los proletarios y consiste en la revolución socialista. No hay ninguna otra posibilidad intermedia.

(*) http://www.alainet.org/es/articulo/181986

¡ Viva Cuba Libre Socialista !

B.

Habla y no para la gusanera contrarrevolucionaria gozando de amplios espacios mediáticos, y no faltan pijoprogres que, nobleza obliga, hablan melifluamente de Castro, pero, eso sí, con sus «luces y sombras», deseando decir, pero no toca, más sombras que luces, como si el socialismo, y no digamos el comunismo que no veremos algunos, pero por él luchamos toda la vida, fuera un paraíso religioso, un edén idílico y los comunistas sumos sacerdotes y profetas.

Pues bien, desde aquí decimos, quizá visceralmente, pero eso qué, que vale más el peor de los socialismos que el mejor de los capitalismos, primero porque no hay socialismo malo, y segundo, porque no conocemos capitalismo bueno. Otra cosa es estar atentos a los acontecimientos que sigan y se produzcan en la isla de corcho insumergible, Cuba.

Buenas noches.

Una gran náusea

Darío Herchhoren

Desde el pasado viernes 25 de noviembre de 2016, he estado siguiendo los acontecimientos que se fueron produciendo con referencia a la lamentable muerte del Comandante en Jefe de la  Revolución Cubana Fidel Castro.

Todas las noticias que se fueron desgranando en la prensa mundial expresaban desde una enorme adhesión al Comandante hasta un enorme respeto aunque crítico.

Pero es necesario referirse a los estertores de la gusanera de Miami, que comenzó a retorcerse en su pocilga festejando la muerte del gran Comandante. Era sencillamente nauseabundo oir el discurso de los «demócratas» desde el café Versalles de Miami, donde el alcalde de la ciudad reclamaba el «derecho» de celebrar la muerte del dictador al que llegó a comparar con Hitler.

Es necesario poner de relieve la gigantesca figura de Fidel, que convirtió a un país semicolonial en una nación.

Cuba fue una de las últimas colonias españolas junto con Filipinas y Puerto Rico en caer en manos del imperio yanqui, que comenzaba a convertirse en una presencia peligrosa para el mundo entero.

A diferencia de Puerto Rico; Cuba logró una «independencia» puramente formal, ya que al dictado de los USA, tuvo que incorporar a su Constitución la llamada enmienda Platt, nombre del entonces Secretario de Estado de los USA, que establecía el «derecho» de los USA a intervenir en Cuba cuando considerase oportuno.

Semejante «legislación» no existía en ningún país del mundo, y esa circunstancia convertía a Cuba en una semicolonia, hasta el triunfo de la Revolución Cubana el uno de enero de 1959.

La Revolución Cuba, junto con la Rusa de 1917 y la China triunfante en 1949, son sin duda los tres acontecimiento más relevantes del siglo XX.

Nuestros inefables tertulianos vienen augurando la caída de la Revolución Cubana desde hace ya muchos, y vienen acertando como una escopeta de feria. Ahora, a la muerte de Fidel, vuelven a agitar la bola de cristal, y erre que erre vuelven con sus funestos presagios de que está próxima una «transición» en Cuba.

Se habla de la falta de respeto a los derechos humanos en Cuba; y hay que decirles que tienen  razón: en Guantánamo, que es territorio cubano usurpado gracias a la enmienda Platt, no se respetan los derechos humanos.

Hay que decirles a los gusanos que en Cuba los niños van a la escuela, y que ninguno de ellos vive en la calle; que nadie muere por padecer enfermedades curables, que no hay comedores sociales; que el estado garantiza a todos vivienda, sanidad, educación, vestido y salario; que no hay parados.

Todo esto no lo tienen asegurado los ciudadanos de la Unión Europea, no lo tienen asegurado el millón y medio de familias norteamericanas que malviven con dos dólares al día.

En fin, sería interminable seguir sumando beneficios para los cubanos; pero sin duda hay algo que no podemos soslayar: Cuba, pobre, pequeña y asediada por el imperio y su criminal embargo, presta ayuda a 60 países en forma solidaria, a cambio de nada, a cambio sólo del reconocimiento humano. Sólo cabe decir que la fiesta satánica que se lleva a cabo en la gusanera, muestra a las claras la estatura moral de quienes celebran la misma.

Por un mundo más sano, que se mueran los gusanos.

¡Viva Cuba!
¡Viva Fidel!
¡Viva la Revolución Cubana!

La espía del Pentágono que trabajaba para Cuba y acabó encarcelada

Ana Belén Montes
Fania Rodrigues
¿Cuánta fuerza puede tener una idea? ¿Hasta dónde una persona está dispuesta a llegar en nombre de aquello que cree ser correcto? Atrás de los muros de una prisión de máxima seguridad en Texas, Estados Unidos, una mujer de trazos delicados está presa hace unos 15 años por escoger el difícil camino de combatir algo que consideraba injusto. Durante siete años, trabajando como funcionaria de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, siglas en inglés), Ana Belén Montes pasó informaciones a la agencia de inteligencia cubana sobre operaciones del gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

Los datos eran enviados a través de combinaciones numéricas y de códigos, siempre en papel, transmitida a una persona, en la misma ciudad. Ese receptor transmitía a una tercera persona y recién entonces la información llegaba al gobierno cubano. Los códigos que usaban acostumbraban a tener mensajes cortos, algo así como “recibí mensaje” o “peligro”. Más adelante los investigadores concluyeron que toda la información era transmitida en papel soluble en agua, lo que permitía destruirlos fácilmente. El objetivo principal de Ana Belén era evitar atentados contra el pueblo cubano.

En 2001 fue detenida, acusada de espionaje y condenada a 25 años de prisión y otros cinco de libertad vigilada. Cuando la detuvieron, tenia 44 años y al salir tendrá 69. Hoy tiene 59 años. Ahora, con el restablecimiento de las relaciones internacionales entre Cuba y Estados Unidos, hay una esperanza por parte de parientes, amigos y luchadores por la causa de que sea liberada a través de un indulto del presidente Barack Obama. Ese indulto puede ser emitido hasta fin de su mandato en enero del 2017.

En su declaración durante el juicio, Ana Belén explicó por qué decidió compartir información del Departamento de Defensa de Estados Unidos con Cuba. “Creo que la política de nuestro gobierno en relación a Cuba es cruel e injusta, y me siento moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de los intentos de imponer nuestros valores y nuestro sistema político”, dijo al juez.

Cuba tenía los índices de desigualdad social muy próximos a los de Haití antes de la Revolución Cubana (1959), liderada por Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Raúl Castro y otros revolucionarios que derrocaron la dictadura de Fulgencio Batista, que era aliado de Estados Unidos.

Hoy esa isla caribeña ostenta algunos de los índices de desarrollo humano más altos de la región, como las bajas tasas de desigualdad social. El país universalizó el acceso a la educación y a la salud. El sector de salud, inclusive, es considerado un de los mejores sistemas del mundo, reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según estas y otras informaciones, después de algunas visitas a Cuba como agente de inteligencia de Estados Unidos encargada de espiar el funcionamiento del Partido Comunista Cubano, Ana Belén decidió hacer justamente lo contrario de lo que le habían ordenado. Y aunque haya tenido poco contacto con la población cubana, en la isla ella es considerada una heroína.

Según sus familiares, Ana Belén nunca recibió un dólar del gobierno cubano. La espía habría pasado informaciones por pura convicción. La justicia norteamericana tampoco encontró indicio de pagos. “Ana estaba convencida del cruel tratamiento que el gobierno estadounidense daba a Cuba. Conociendo a Ana, puedo decir que siempre demostró un gran sentimiento de justicia, eso quedó evidente en la manera como trataba a las personas y conducía su vida”, explicó su prima, Miriam Montes Monck, que es escritora y coordinadora de la Mesa de Trabajo en defensa de Ana Belén Montes en Puerto Rico.

Hija de puertorriqueño, Ana es ciudadana norteamericana, pero nació en Alemania occidental en 1957, debido a que su padre era médico y prestaba servicios al ejército de Estados Unidos, pero vivió casi toda su vida en Estados Unidos. Se graduó e hizo posgrado en Relaciones Internacionales, trabajó en el Departamento de Justicia antes de ir a la Agencia de Inteligencia de Defensa. Antes de entrar presa, Montes era analista de inteligencia en Cuba y su cargo estaba entre las más altas jerarquías dentro de la DIA.

En su juicio, en octubre del 2002, contó con la defensa del famoso abogado Plato Cacheris que ya actuó contra el ex presidente Bill Clinton y también defendió a Robert Philip Hanssen, otro conocido espía, agende del FBI que sirvió a las autoridades rusas durante 22 años, hasta ser preso en el 2001. Según declaraciones del abogado, “Ana Belén sentía que los cubanos eran tratados injustamente por Estados Unidos”.

Para una de las principales defensoras, Miriam Montes Monck, que abandera una campaña internacional en defensa de la libertad de Ana Belén, estaba imbuida del espíritu de justicia que inspiró a grandes dirigentes como Gandhi, Martin Luther King o Rosa Parks, que osaron desafiar a la ley para luchar contra un sistema injusto. “Esa es una manera de luchar, de proponer al mundo una manera diferente de ver la vida, diferente de lo establecido, de lo tradicionalmente aceptable. Con el tiempo, la Historia está dando la razón a todos ellos. En este sentido, la Historia también le está dando la razón a Ana”, afirmó Miriam.

Durante una visita a Cuba, en marzo de este año, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama afirmó textualmente que la política de su país en relación a Cuba no estuvo bien. “Esos 50 años mostraron que el aislamiento [de Cuba provocado por Estados Unidos] no funcionó, son tiempos de otra actitud”, afirmó.

En el 2002, Ana Belén ya defendía una nueva aproximación de los dos países. “Mi mayor deseo es ver el surgimiento de relaciones amigables entre Estados Unidos y Cuba. Espero que mi caso incentive de cierta forma a nuestro gobierno a dejar de lado su hostilidad en relación a Cuba y a trabajar con el gobierno cubano en un clima de tolerancia, respeto mutuo y comprensión”, dijo.

Recientemente quien salió en defensa de Belén fue el cantante cubano Silvio Rodriguez, que realizó un show en Madrid en homenaje a la ex funcionaria del Pentágono. Diferentes manifestaciones también fueron realizadas en Puerto Rico, Estados Unidos, Chile, Argentina, República Dominicana, Cuba, Francia, España e Irlanda.

Las ideas firmes y su defensa por relaciones diplomáticas respetuosas atrajeron la atención de personas que pasaron a admirarla y se sumaron a su lucha. Es el caso de de la brasileña Carmen Diniz, que forma parte de la campaña de Rio de Janeiro que pide por la liberta de la activista. “Estamos trabajando en una campaña internacional pidiendo al presidente Obama el indulto de Ana Belén. Ella no cometió ningún crimen de gravedad. En ningún momento colocó en riesgo la seguridad de Estados Unidos. Todas las informaciones que pasó fueron para evitar atentados contra Cuba, en este sentido ella salvó vidas”.

Carmen Diniz también cuenta sobre la salud de Ana. “Tuvo cáncer de mama, tuvo que hacer una cirugía para retirar una de las mamas. Tenemos poca información sobre su real estado de salud y no sabemos tampoco si está realizando el tratamiento adecuado en la prisión”, lamentó.

Otro punto critico de la situación de Belén es que está presa en la temida prisión de Carswell que queda dentro de las instalaciones militares de la Marina de Estados Unidos. Allí están algunas de las presas más peligrosas del país, porque la unidad posee un corredor de la muerte para presidiarias que recibieron la pena capital y también trata detenidas con problemas mentales, en el centro de Medicina Federal, dentro del mismo complejo penitenciario. “Con frecuencia las condiciones de la prisión son caóticas”, afirma Miriam Montes, que se comunica a través de cartas con la prima.

Según Miriam Montes, esta prisión representa una de los últimos vestigios de la Guerra Fría. “Hoy existe una interesante coyuntura, que surgió a partir de las declaraciones del presidente Obama, sobre la necesidad de normalización de las relaciones con Cuba, que coinciden con las declaraciones de Ana Belén en 2002, ante el Tribunal Federal. Obama demostró su deseo de dejar atrás los vestigios de la guerra. Entendemos que el encarcelamiento de Ana Belén es uno de esos vestigios, visto que la lucha fue fruto de las relaciones de hostilidad entre Estados Unidos y Cuba”.

Fuente: https://www.brasildefato.com.br/2016/11/21/conozca-la-historia-de-ana-belen-la-ex-funcionaria-del-pentagono-que-ayudo-a-cuba/

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