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Día: 27 de noviembre de 2016 (página 1 de 1)

Manifestación en Pamplona por la muerte de un senegalés detenido por la policía

Ayer sábado cientos de personas se manifestaron en Pamplona convocadas por la comunidad senegalesa de Navarra para pedir el esclarecimiento del fallecimiento de un compatriota en la comisaría de la Policía Nacional.

La marcha partió pasadas las 18.00 horas de la tarde, precedida de una pancarta en la que se leía “Las vidas negras importan. Bizitza da handiena”, de la Plaza del Castillo y recorrió la avenida Carlos III hasta Merindades, donde regresó por la misma ruta de vuelta a la Plaza del Castillo.

En declaraciones a los periodistas, Madou Faye, que ha ejercido de portavoz de la comunidad senegalesa, señaló que se sienten «muy dolidos porque era nuestro compañero». «Ha pasado un mes» desde su fallecimiento en comisaría y «no se ha movido nada». «Queremos saber por qué murió», insistió.

Existen varias versiones sobre lo sucedido, pero un testigo que no ha querido identificarse ha relatado que le detuvieron en la calle Marcelo Zelaieta y que desde la inmovilización hasta su traslado a comisaría pasaron unos 15 minutos con el detenido sujeto en el suelo por cinco policías.

La Policía Nacional cuenta un chiste que ya hemos oído muchas veces: el detenido se resistió duramente a su detención y al trasladarle a comisaría un policía “se dio cuenta de que no respiraba”.

Sin embargo, dos testigos que presenciaron en directo la detención aseguran que la Policía se llevó al detenido ya inconsciente. Explican que dos policías de paisano dieron el alto a Ndiaye, que iba en moto y preguntó por qué lo paraban. El policía insistió en que se identificase y el joven respondió que por qué lo tenía que hacer.

La tensión creció hasta llegar a las manos. Ndiaye se resistió y los tres acabaron en el suelo. Al llegar al final de la escena en la calle, la versión cambia. La policía dice que, una vez en el coche, se mostró menos agresivo. La versión de los dos testigos es otra: «Cuando llegaron los otros policías lo inmovilizaron en el suelo sin problema. Durante un rato pudimos oír los gritos de dolor del chico, pero de repente, en un momento, se calló. Cuando lo subieron al coche estaba ya inconsciente, como muerto».

Cinco policías levantaron a pulso al detenido para introducirlo en el coche. En un vídeo se puede ver el instante en el que seis policías tienen reducido a Ndiaye. También se escuchan, en cierto momento, sus gritos.

La rusofobia vuelve a estar en primer plano

Giulietto Chiesa
El año pasado ya publicamos una entrada ‘El origen de la fobia contra Rusia’ comentando el libro del político suizo Guy Mettan en el que analizaba la rusofobia, remontándola a los tiempos de Carlomagno, nada menos. No era el único. Dominic Basulto escribió otro con el mismo título que no tuvo tanta difusión.

La rusofobia forma parte ya de lo más cutre de la subcultura burguesa. Ahora un político revisionista italiano, Giulietto Chiesa, vuelve sobre el mismo asunto. Chiesa fue corresponsal de los diarios italianos L’Unitá y La Stampa en Moscú, así como diputado del Parlamento europeo. Es un amigo muy amigo de Gorbachov, con quien fundó el World Political Forum. Actualmente colabora en la Red Voltaire y es un comentarista asiduo en las cadenas rusas de televisión.

Acaba de escribir Rusofobia 2.0 sobre este fenómeno siquiátrico que se ha expandido por el mundo como un virus patógeno, que se ha demostrado capaz de alterar el funcionamiento de las neuronas. Sin embargo, a pesar de que se conocen numerosos antídotos capaces de frenar su propagación, los remedios no se venden en las farmacias.

El vector que transmite el contagio son los medios de comunicación, especialmente las televisiones, pero ellos no son más que lo que sus nombres indican: medios, intermediarios. El verdadero origen del virus es la política iniciada por Putin desde su llegada al Kremlin en 1999, que ha alcanzado su cénit en 2014 tras el golpe de Estado fascista en Ucrania y la posterior Guerra de Siria.

Es el mayor fracaso de la medicina científica que se conoce desde los tiempos de Hipócrates. Con Rusia los medios de comunicación hacen vudú, auténticos sortilegios en los que una serie de palabras mágicas (Putin, Kremlin, Moscú) desempeñan el papel de chivos expiatorios.

Por lo demás, a medida que demonizan a Rusia, hay quien la tiene por un baluarte de la lucha contra el imperialismo, lo cual tampoco ayuda demasiado a la medicina científica. Rusia ni quiere ni puede sacar las castañas del fuego a nadie, a ningún país ni a ningún movimiento antimperialista.

Los hay también que, como el propio Chiesa, quieren lo mismo que quiere Rusia, un mundo multipolar, es decir, un imperialismo sin hegemonía en el que en lugar de una única potencia hegemónica haya un puñado de ellas, algo así como lo que se logró en 1945 al crear el Consejo de Seguridad de la ONU, donde cinco países, entre ellos la URSS, tenían un asiento permanente y un derecho de veto.

Es algo que no debería sorprender en absoluto. Mientras el imperialismo exista, habrá fuerzas que se opongan y luchen en su contra. De la misma manera, dado que el imperialismo conduce a la hegemonía, también habrá quienes se opongan a ella, aunque no sepan muy bien los motivos y crean que puede existir un capitalismo sin imperialismo, un imperialismo sin hegemonía, y así sucesivamente.

No es la primera vez, ni será la última, que alguien se lamenta de las consecuencias del capitalismo, pero no del capitalismo mismo. Las confusiones posibles están siendo numerosas, como se puede comprobar a diario en los medios que se pretenden “alternativos”, normalmente por la intervención de una moralidad subconsciente acerca de lo bueno, lo malo y lo menos malo, que es típica de las culturas cristianas. “No es que la política rusa se pueda calificar de buena, pero en comparación con Estados Unidos, es mejor, o es preferible”, dicen algunos.

Otras veces, sobre todo si se refieren a personajes demonizados, como el propio Putin, los intentos de explicación se interpretan como intentos de justificación.

En fin, hay quien, como consecuencia de aversiones recónditas, cree que de los malos de la película nunca se puede obtener nada bueno. Así es posible que todo lo que diga Putin sea mentira… precisamente porque lo dice él. ¿Qué otra cosa cabe esperar de alguien así?

Lo bueno de todo esto es que el sicoanálisis vuelve al primer plano.

Google crea un algoritmo capaz de leer los labios

Analizando miles de horas de programas de televisión de la BBC, los científicos han entrenado a una red de neuronas digitales para transcribir conversaciones a través de secuencias de vídeo con una precisión cercana al cincuenta por ciento, según The Verge (1). En otras palabras: los programas informáticos son capaces de entender y descifrar los movimientos de los labios humanos, o al menos, la mitad de los mensajes.

El porcentaje no impresiona si lo comparamos con la transcripción de un audio, pero la comparación hay que hacerla con la capacidad humana para descifrar el movimiento de los labios, que sólo alcanza a un 12,4 por ciento.

Este programa lo han implmentado los investigadores de DeepMind, una empresa británica especializada en inteligencia artificial que ha comprado Google y que se destacó en octubre del año pasado por crear un algortimo capaz de vencer a un ser humano al Juego chino tradicional de Go por primera vez (2).

DeepMind se ha apoyado en trabajos previos de la Universidad de Oxford, gracias a los cuales los científicos desarrollaron el programa LipNet para leer los labios, que en las pruebas mostró una precisión del 93,4 por ciento cuando los seres humanos apenas sobrepasaban la mitad.

Pero LipNet no se probó más que para secuencias grabadas especialmente con ese fin por voluntarios que sólo pronunciaban fórmulas específicas. Por el contrario, el programa DeepMind, conocido por “Observa, escucha, asiste, subraya”, se ha probado con secuencias más exigentes, transcribiendo conversaciones naturales, no escenografiadas, obtenidas de emisiones políticas difundidas en la BBC.

No obstante, hay una diferencia importante entre la transcripción de imágenes televisadas a alta resolución y la de vídeos mal definidos que contienen pocas imágenes, pero la programación informática (mal llamada “inteligencia artificial”) ya está en ese camino.

Las aplicaciones posibles son muy amplias, pero The Verge ya teme que el programa se utilice con fines de control y vigilancia policial a distancia.

(1) http://www.theverge.com/2016/11/24/13740798/google-deepmind-ai-lip-reading-tv
(2) http://www.nature.com/nature/journal/v529/n7587/full/nature16961.html

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