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Día: 1 de octubre de 2016 (página 1 de 1)

Oleada de huelgas obreras en Arabia saudí y demás países del Golfo

A pesar del petróleo, las seis autocracias del Golfo se hunden en una ciénaga de deudas. Un déficit presupuestario de 153.000 millones de dólares ha llevado a los despidos masivos, el impago de salarios y las huelgas obreras.

En la mayor parte de esos países los trabajadores son inmigrantes. En Qatar una empresa de electricidad no paga los salarios a cientos de obreros extranjeros desde hace cuatro meses. En Arabia saudí las 1.200 enfermeras de Saad, un hospital privado de Jobar, se han declarado en huelga por el impago de los salarios.

A pesar de que en el país de los jeques no existe el derecho de huelga, el 21 de setiembre los trabajadores de sanidad levantaron un campamento delante del hospital, bloqueando el acceso al mismo.

La mitad del déficit, 84.000 millones de dólares corresponde a Arabia saudí, cuyos jeques se han embarcado en Yemen en una costosa y criminal guerra que van perdiendo económica y militarmente. El año pasado la deuda saudí fue de 98.000 millones de dólares, que se van acumulando cada año.

La crisis es especialmente grave en la construcción, donde las obras han quedado paralizadas por falta de financiación y los despidos se cuentan por miles. La crisis hace peligrar los mundiales de fútbol que se tienen que celebrar en Qatar en 2022.

Los más afectados son los trabajadores hindúes que, en Qatar suman más de medio millón de una población total de 2,5 millones. Han tenido que pedir ayuda a la embajada de su país para poder regresar, ya que carecen de ingresos para pagarse el viaje de vuelta. La embajada dice que puede dejar dinero a unos pocos, pero que los obreros despedidos son tantos que no tienen fondos para todos. El gobierno hindú se ha puesto en contacto con los jeques para repatriar a 10.000 trabajadores que han perdido su empleo y no pueden retornar a la India.

En 2014 la policía qatarí detuvo a 100 obreros nepalíes de la construcción que se declararon en huelga y los deportó a su país de origen.

Israel dispone de armamento nuclear gracias a Simón Peres y a Francia

A mediados de los cincuenta sólo cuatro países (Estados Unidos, URSS, Gran Bretaña y Francia) tenían armamento nuclear y sólo uno de ellos podía suministrárselo a Israel, Francia, por una carambola del momento: porque tenían un enemigo común, el Egipto de Nasser, que estaba ayudando a los independentistas argelinos que luchaban contra la Francia colonialista.

Lo contó el propio Simón Peres, artífice el programa nuclear israelí y Premio Nobel de la Paz al que ahora todos lloran, mientras esconden sus numerosos crímenes debajo del felpudo, como es de recibo en todo lo que se refiere al Estado hebreo.

Para negociar el acuerdo con Francia, Peres viajó a París en 1955, donde mantuvo contacto con altos oficiales del ejército, así como intelectuales, escritores y artistas, como Yves Montand o André Malraux.

Entonces a Peres no le conocía nadie. Uno de sus principales puntos de apoyo en París fue Georges Elgozy, consejero económico del Presidente del Consejo frances, que le abre las puertas de las altas esferas, hasta el punto de que el israelí llegó a tener un despacho propio en el Ministerio francés de Defensa.

Pers entabló una relación muy estrecha con el dirigente socialista francés Guy Mollet, que llegaría a primer ministro un año después de la llegada de Peres. Esa misma noche Mollet le llamó por teléfono a Peres a Tel-Aviv para decirle que todas las promesas que le había hecho en París seguían en pie.

Con su amigo al frente del gobierno, Peres no tardó en volver a París para pedirle un reactor nuclear y uranio, la materia prima.

Los vínculos entre ambos países se reforzaron tras la Operación del Canal de Suez de 1957, cuando los imperialistas británicos y franceses enviaron un cuerpo expedicionario a Egipto para enfrentarse a Nasser.

Francia, y especialmente su gobierno socialista, puso toda la carne en el asador para que Israel tuviera armas nucleares contra los países árabes. Además de uranio, envía centenares de técnicos y un reactor nuclear de 24 megawatios que se instala en Dimona, en el desierto de Neguev.

Los acuerdos firmados entre ambos países implicaban la construcción de una fábrica subterránea de separación isotópica.

A la vista de las continuas agresiones militares a sus vecinos (Egipto, Siria, Líbano) era una verdadera temeridad por parte de Francia, inducida por sus propios intereses, ya que a cambio del apoyo nuclear, Francia quería tener acceso a la tecnología estadounidense a través de Israel.

Cuando en 1958 De Gaulle llegó al poder, ordenó la paralización inmediata de la colaboración nuclear con Israel y reorientó la política exterior francesa en una línea favorable a los países árabes, que se profundizó tras el reconocimiento de la independencia de Argelia en 1962.

En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, el arsenal nuclear israelí estaba plenamente operativo. Hoy dispone de 80 ojivas nucleares y material suficiente para lanzar 200 bombas, tanto desde submarinos como desde misiles balísticos.

La bancarrota del PSOE es la del propio Estado fascista

Hace ya varios años que, ante la imposibilidad de disimular por más tiempo, se empezó a hablar de crisis del bipartidismo, quizá con la pretensión de aparentar que la competencia por los votos pasaba de dos a cuatro partidos.

Luego se habló de una crisis de gobierno cuando, en realidad, se trata de la ineptitud de los cuatro partidos más votados para formar un gobierno. Pero en España es casi imposible ir un poco más allá porque no se trata ni de una cosa (bipartidismo) ni de la otra (gobierno), que no son causa de nada sino consecuencia de algo.

Ese algo, el verdadero núcleo de la crisis, es la fragilidad política del Estado fascista remozado en la transición, que se ha desplomado en cuanto la crisis económica hizo su aparición porque todos y cada uno de los fundamentos sobre los que se ha edificado ya estaban caducos en 1978 y ahora hace aguas por todas partes.

Para su funcionamiento los modernos Estados monopolistas necesitan un cierto tipo de partidos políticos, que en España no los hay. Los que llevan tal nombre son artificios; han sido creados y mantenidos por el mismo Estado. Son un espejo suyo y se ven arrastrados por la propia crisis política del Estado.

Es posible que España sea el único Estado del mundo en el que nadie está de acuerdo con sus elementos fundamentales. En ciertos sitios repugna hasta el propio nombre de “España” porque se asocia al fascismo criminal, lo mismo que la bandera bicolor o la monarquía, y todas y cada una de las medidas que se adoptan desde el gobierno son siempre represivas: alimentan cada día la repugnancia hacia cualquier cosa que venga de “España”, es decir, del Estado o de Madrid.

Ese resentimiento impera desde 1939, es plenamente legítimo y, además, está tapado por la represión fascista. Si hubiera la más mínima libertad de expresión caeríamos en la cuenta de que la aversión hacia “España”, que en realidad es un odio al fascismo, está muchísimo más extendida de lo que cabe imaginar.

El PSOE es una criatura de esta situación. Es el típico partido socialfascista, víctima de sí mismo. Después de la transición, nadie, ni siquiera la UCD o el PP, hicieron hecho tanto por mantener a flote al Estado fascista como ellos, desde los Pactos de la Moncloa hasta la creación de los GAL y, aunque sobreviva a esta crisis, lo cual no es seguro, siempre va a llevar consigo ese lastre criminal. No van a poder acallar siempre a todo el mundo, y siempre habrá alguien que les recuerde los enterramientos en cal viva.

La asimilación del PSOE con el Estado fascista es de tal calibre que ha llegado a ser su columna vertebral. Es quien introdujo a España en la Unión Europea y en la OTAN. Hasta hace bien poco era la única organización con implantación en todo el Estado pero, especialmente, en dos zonas tan decisivas como Catalunya y Euskadi, en donde su papel ahora ha pasado a ser marginal.

Se trata, pues, de una pieza insustituible, al menos por ahora, del Estado. Su crisis no procede sólo de la incapacidad para formar un gobierno, como dicen, sino del veto que arrastra el propio Estado desde su origen, en el que los llamados “independentistas” no tienen ninguna cabida porque su papel es gestionar el Estado en sus territorios de origen y de ninguna forma en Madrid.

Lo mismo le sucede al puré Podemos, que forma parte de ese mismo veto de manera que, con su forma actual, jamás podrá relevar al PSOE ni formar parte de ningún gobierno central, ni siquiera como convidado de piedra, por su heterogénea asociación con esas mareas que hablan de independencia. En Madrid no gusta ni siquiera que se hable de ese tipo de cosas.

El Estado de las Autonomías fue el peaje pagado por los fascistas durante la transición para sostener el viejo y carcomido Estado de 1939 unos cuantos años más. Lo hicieron tan a regañadientes que el actual PP (antes AP) no votó la Constitución de 1978, mientras que ahora se aferran a las autonomías como a un clavo ardiendo.

Los fascistas no razonan jamás; no entienden otro lenguaje que el de la fuerza y cuando hablamos de fuerza hablamos de la de verdad, no de contar papeletas electorales. En 1978 cedieron un poco por el imponente despliegue del movimiento de masas, un problema que ahora no tienen. Por lo tanto, no se sienten en la necesidad de ceder ni un ápice. De ahí su chulería y su soberbia cotidiana, tanto en las instituciones, como en los juzgados, como en los medios o en la calle.

Si no se ven obligados a ceder, jamás cederán, hasta el extremo de que se pudrirán en sus ministerios y en sus poltronas mientras los antidisturbios imponen la ley -su ley- en la calle. Aquí el que quiera algún cambio, por insignificante que sea, tiene que empezar a pensar en dejarse de contar votos y bajar a la calle a pegar voces, a organizar y a dar brochazos a las paredes.

Más información:

– La refundacion fascista del PSOE
– La crisis política sólo se puede superar con un cambio de Estado, no sólo de gobierno
– Ha sido el servicio secreto quien ha desencadenado la crisis del PSOE

Se cumplen 70 años del juicio de Nuremberg contra los nazis

Alexei Timofeichev

1. Si no hubiera sido por la URSS, ¿habría existido el juicio de Nuremberg?

La idea de juzgar en los tribunales a los líderes del Tercer Reich no parecía tan obvia en los años de la Segunda Guerra Mundial como lo puede parecer ahora. Al principio, solo Moscú insistía en la necesidad de organizar ese proceso. Los aliados de la URSS en la coalición contra Hitler -Gran Bretaña y Estados Unidos- tenían un enfoque distinto.

En octubre de 1942 el Ministerio soviético de Asuntos Exteriores anunció que Moscú era partidario de “someter a juicio de un tribunal especial internacional y castigar con toda la severidad del código penal” a los cabecillas de la Alemania nazi.

Sin embargo, en noviembre de ese mismo año, el ministro de Exteriores británico Anthony Eden, en sus instrucciones al embajador en Moscú, consideró poco práctica la idea de llevar a un juicio formal a los principales criminales, como Hitler y Mussolini, “ya que sus crímenes y su responsabilidad son tan grandes que no son aptos para ser considerados por el procedimiento judicial”. Eden escribió sobre la necesidad de castigar severamente a los cabecillas nazis sobre la base de una decisión política de las Naciones Unidas. Hasta principios de 1945, Estados Unidos apoyaron la postura de Gran Bretaña. Londres y Washington propusieron consensuar una lista de entre 50 y 100 cabecillas nazis que debían ser fusilados sin juicio.

No obstante, la actitud de los aliados hacia la idea del tribunal militar internacional fue cambiando gradualmente. La decisión final sobre este tribunal fue adoptada en la Conferencia de Potsdam durante el verano de 1945.

En opinión de la historiadora Natalia Lebedeva, Londres y Washington estaban en contra del tribunal porque temían la posibilidad de que “los acusados se justificasen señalando la cuestionable política seguida por las potencias occidentales antes de la guerra, la complicidad de estas en el rearme, las maniobras de Munich, etc.” También podían temer que no hubiera suficiente base jurídica para juzgar a los dirigentes nazis y que el propio proceso pareciese una farsa judicial.

Mientras tanto, la URSS insistía en el formato del tribunal, ya que esto aumentaba su prestigio internacional y también aparecía la oportunidad de actuar en el marco del nuevo derecho internacional, según explicó el historiador Boris Sokolov.

2. ¿Un tribunal de los vencedores?

Los acusados (se presentaron acusaciones contra 24 altos representantes del Reich) pusieron en duda la solvencia jurídica del proceso. Intentaron demostrar que, en lugar de un proceso judicial en condiciones, se estaba produciendo el juicio de los vencedores. Como afirmó en Nuremberg el comandante supremo de la Luftwaffe, Hermann Göring, “el vencedor siempre es el juez, y el vencido, el juzgado”.

Sin embargo, el propio proceso, como señalan los numerosos investigadores, demuestra lo contrario. Todos los acusados tenían defensores: en total se emplearon 27 abogados. El  carácter justo del tribunal también se evidencia por el hecho de que no todos los procesados recibieron penas capitales. Doce cabecillas nazis fueron condenados a pena de muerte. Siete recibieron penas de prisión y tres fueron absueltos.

3. ¿Quedaron satisfechos los países con las decisiones del Tribunal?

La Unión Soviética protestó contra las sentencias absolutorias de Hjalmar Schacht (presidente del Reichsbank y ministro de Economía), Hans Fritzsche (propagandista considerado como la mano derecha de Goebbels) y Franz von Papen (vicecanciller en el gobierno de Hitler). Moscú tampoco estuvo conforme con el hecho de que no se reconociesen como organizaciones criminales el Gabinete Imperial de Ministros de la Alemania nazi, el Estado Mayor y la Comandancia Suprema de la Wehrmacht.

Ya con la perspectiva de nuestra época, el historiador Viacheslav Nikonov, nieto del comisario de Exteriores Viacheslav Mólotov, durante la mesa de trabajo organizada por la Sociedad Histórica Rusa, consideró un error del Tribunal el hecho de que tampoco declarase criminales a organizaciones tales como el Ejército Insurrecto Ucraniano o la División SS Halychyna.

Esto ocurrió a pesar de los vínculos evidentes de estos grupos con el régimen nazi y del reconocimiento de las SS como una organización criminal por parte del Tribunal de Nuremberg. Además de las SS, también fueron declaradas organizaciones criminales la SD, las SA, la Gestapo y la cúpula dirigente del partido nazi.

4. ¿Quién no estuvo en el banquillo de los acusados?

Ante el tribunal no comparecieron Adolf Hitler, Heinrich Himmler y Josef Goebbels, quienes se habían suicidado. Tampoco estuvo presente el jefe del partido, Martin Bormann, quien, según se cree, también se suicidó.

También escapó al juicio el “ángel de la muerte de Auschwitz”, el doctor Josef Mengele, quien realizó experimentos con los presos de los campos de concentración. Sin recibir ningún castigo, falleció de muerte natural en Brasil a finales de los años 70.

El responsable del asesinato en masa de judíos Adolf Eichmann también evitó Nuremberg, pero fue secuestrado por los servicios de inteligencia israelíes en Argentina y ejecutado en Israel.

El saboteador de las SS Otto Skorzeny, quien rescató a Benito Mussolini y preparó un atentado contra el líder yugoslavo Josip Broz Tito, fue detenido en 1945, pero más tarde fue puesto en libertad y vivió en la España franquista.

5. ¿Cuál es el significado histórico del Tribunal?

El Tribunal fijó jurídicamente la derrota del fascismo. Después de Nuremberg, en Alemania y otros países se realizaron procesos judiciales en los que fueron sentenciados unos 70.000 nazis y sus colaboradores.

Como resultado del proceso, las personas que habían iniciado la guerra y cometido crímenes contra la humanidad recibieron castigos en conformidad con las normas internacionales, en un momento en el que juzgarlos según las leyes nacionales habría sido prácticamente imposible. El propio concepto de “crímenes contra la humanidad” fue establecido por primera vez en el estatuto del Tribunal Militar Internacional, que fue aprobado por la ONU. El Tribunal de Nuremberg sentó las bases del derecho penal internacional.

El proceso duró casi un año, se realizaron 403 vistas judiciales públicas y prestaron declaración 101 testigos de la defensa. Se estudiaron más de 300.000 declaraciones escritas y alrededor de 3.000 documentos.

El proceso fue ampliamente cubierto por la prensa mundial: de los 350 asientos en la sala, 250 se cedieron a periodistas.

Las condenas fueron de pena de muerte por ahorcamiento para Hermann Göring, Joachim Ribbentrop, Wilhelm Keitel, Ernst Kaltenbrunner, Alfred Rosenberg, Hans Frank, Wilhelm Frick, Julius Streicher, Fritz Sauckel, Arthur Seyss-Inquart, Martin Bormann (en ausencia), Alfred Jodl (fue absuelto póstumamente durante la revisión de su caso por el tribunal de Múnich en 1953).


Se impuso la cadena perpetua a Rudolf Hess, Walter Funk y Erich Raeder.
20 años de prisión a Baldur Schirach y Albert Speer.
15 años de prisión a Konstantin Neurath.
10 años de prisión a Karl Dönitz.
 
Fueron Absueltos: Hans Fritzsche, Franz von Papen y Hjalmar Schacht mientras Gustav Krupp fue liberado de responsabilidad penal debido a su estado de salud.
Fuente: http://es.rbth.com/cultura/historia/2016/10/01/70-anos-de-los-juicios-de-nuremberg-cinco-preguntas-clave_634679

Los GAL: el terrorismo de Estado también es memoria histórica

Dirigentes de los GAL a la puerta de la cárcel
Los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) fueron agrupaciones parapoliciales que practicaron lo que se ha denominado terrorismo de Estado o guerra sucia” contra el movimiento de resistencia antifascista.

Estuvieron activos entre 1983 y 1987 (aunque siguieron cometiendo atentados hasta 1989), durante los gobiernos de Felipe González. En el proceso judicial contra esta organización fue probado que fue financiada por altos funcionarios del Ministerio del Interior. A los GAL se le atribuyen en torno a una treintena de asesinatos y ejecuciones.

De hecho, por su vinculación con los GAL fueron condenados, entre otros, los siguientes criminales: José Barrionuevo (Ministro de Interior), Rafael Vera (Secretario de Estado para la Seguridad), Ricardo García Damborenera (Secretario General del PSOE en Vizcaya), Julián Sancristóbal (Gobernador civil de Vizcaya), Miguel Planchuelo (Jefe de la Brigada de Información de Bilbao), José Amedo (subinspector de policía), Michel Domínguez (policía), Felipe Bayo (Cabo de la Guardia Civil), Enrique Dorado Villalobos (Sargento de la Guardia Civil), Enrique Rodríguez Galindo (General de la Guardia Civil), Ángel Vaquero (Capitán de la Guardia Civil), y Julen Elgorriaga (Gobernador civil de Guipúzcoa).

La denominada “guerra sucia” sirvió, además, para el robo sistemático de dinero público (los famosos “fondos reservados”), que fue utilizado tanto para financiar al GAL como para el enriquecimiento ilícito de los implicados.

Uno de los momentos más vergonzosos de la historia reciente de nuestro país fue el que aparece en la foto que mostramos: una concentración de apoyo a Vera y Barrionuevo, con Felipe González abrazando a estos dos terroristas en la puerta de la cárcel de Guadalajara.

El terrorismo de Estado fue utilizado como arma electoral por José María Aznar, para una vez ya en el gobierno, indultar a esta gentuza, de tal forma que todos andan libres. En el terrorismo de Estado no hubo lucha partidista: PSOE y PP estaban de pleno acuerdo.

Barrionuevo fue condenado a 10 años, pero tras el indulto de Aznar salió en libertad tras cumplir un año y dos meses de prisión (y en tres periodos distintos). Rafael Vera fue condenado a un total de 18 años y seis meses en tres procesos distintos; salió en libertad tras el indulto de Aznar pero otro proceso le llevó de nuevo a la cárcel.

Finalmente fue excarcelado por el gobierno de Zapatero por motivos de salud, alegando que estar preso le causaba una depresión. Finalmente ha pasado sólo 11 meses en prisión (en tres periodos distintos, ninguno mayor de 4 meses). Julián Sancristóbal fue condenado a un total de 14 años en dos procesos, pasando en prisión 19 meses (en tres periodos distintos).

Julen Elgorriaga fue condenado a 75 años. Fue excarcelado, por motivos de salud, tras cumplir un año y nueve meses (en dos periodos diferentes). Julián Sancristóbal fue condenado a un total de 14 años en dos procesos, pasando en prisión 15 meses (en tres periodos distintos).

Los policías Amedo y Domínguez finalmente fueron condenados a un total de 118 años en varios procesos, cumpliendo finalmente 12 años, la mitad en régimen abierto (sólo acudían a prisión a pernoctar de lunes a jueves). En 2013 Domínguez fue detenido por narcotráfico.

El general Enrique Rodríguez Galindo fue condenado a 75 años de prisión, pero finalmente sólo cumplió 4, siendo excarcelado por problemas de salud. Felipe Bayo, condenado a 71 años, finalmente cumplió 6 años (aunque de forma interrumpida, entrando y saliendo continuamente de prisión). Dorado también fue condenado a 71 años de reclusión, pero sólo cumplió 6 años (estuvo otros dos años preso, pero como autor de un violento atraco en una tienda de Irún).

El ejército ruso se despliega en el norte de Siria para proteger a los kurdos

Ante los ataques del ejército turco en el norte de Siria, el ejército ruso ha desplegado cientos de soldados en las zonas de mayoría kurda de Alepo y Hassaka, ha informado esta mañana la agencia de noticias iraní Pars Today.

El despliegue es consecuencia de un acuerdo de los kurdos con el mando ruso en Alepo por el que estos últimos se encargarán, además, de la formación militar de las unidades kurdas en Afrin, Qamichli y Hassaka.

Aunque la información contiene algún error, pone de manifiesto el papel que Rusia se ha impuesto a sí misma, tanto en la Guerra de Siria como en Oriente Medio, en general, que es la de arbitraje, mediación y estabilización entre las numerosas partes enfrentadas.

Un diputado kurdo del Parlamento irakí, Salar Mahmud, ha denunciado que el plan turco consiste en apoderarse del monte Sinjar, al oeste de Mosul, con el fin de impedir que el PKK cree una segunda base de apoyo, como en el monte Qandil, y cerrar las vías de acceso entre el Kurdistán irakí y el sirio.

En una entrevista a la televisión Sumaria, el diputado kurdo asegura que Turquía encubre sus planes dentro del proyecto de liberar a Mosul del Califato Islámico. Pero eso no puede ser factible porque el gobierno central de Bagdad ya ha repetido que no admite tropas extranjeras sobre su suelo y que será su propio ejército quien asaltará Mosul con sus propias fuerzas.

Incluso el primer ministro, Haider Al-Abadi, se ha referido expresamente a que no acepta la invitación de Erdogan de colaborar en la liberación de Mosul. Durante la anterior incursión en el norte de Irak, el gobierno de Bagdad ya exigió que las tropas turcas salieran de su territorio “en 24 horas”.

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