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Día: 27 de julio de 2016 (página 1 de 1)

Los golpistas turcos también participaron en la Guerra de los Balcanes

Tras el interrogatorio de los oficiales que participaron en el fallido golpe de Estado del 15 de julio en Turquía, algunos de ellos han confesado que también participaron en las unidades de la OTAN que combatieron durante la Guerra de los Balcanes para desmembrar a Yugoeslavia.

Los oficiales turcos formaron parte de las tropas de la OTAN que tuvieron su base en Prizren, en Kosovo, según la agencia de prensa Anadolu, poniendo de manifesto la continuidad entre dicha guerra y la desestabilización de Oriente Medio emprendida por los imperialistas a partir de la Primavera Árabe de 2011.

La red Gülen involucrada en el golpe del 15 de julio utilizó Kosovo, Albania y Bosnia-Herzegovina creó “centros de rehabilitación” para la recuperación de los combatientes turcos, poniendo de manifiesto el alcance de sus ramificaciones en los países musulmanes de Europa.

Creada a finales de los años setenta, la red Gülen tiene millones de afiliados e importantes fuentes de financiación. Quienes se han apartado de ella la describen como fuertemente jerarquizada y celosa de sus secretos internos.

Tras la caída del bloque del este de Europea en 1990, los imperialistas desataron la Guerra de los Balcanes para destruir Yugoeslavia, un país no alineado al que bombardearon y despedazaron brutalmente, asesinando a 130.000 de sus habitantes y convirtiendo a sus depojos en protectorados de Estados Unidos y la Unión Europea.

“Más que una guerra fue una masacre”, comentó un periodista en referencia a aquella agresión de la OTAN que inauguró el momento que padecemos: la destrucción sistemática de Estados y la promoción de guerras interminables que van de Libia a Afganistán, pasando por Ucrania.

La desaparición de la URSS, que el imperialismo vendió como una nueva época de paz y prosperidad, se está saldando con una riada de guerras que aún no ha acabado y cuyas cifras de muertos se cuentan por millones.

Turquía se convierte en un socio estratégico de Rusia

Mehmet Simsek, Viceprimer Ministro turco
Tras el fracaso de la asonada militar, el viceprimer ministro turco, Mehmet Simsek, no se ha conformado con calificar a Rusia como “nuestro vecino” sino como un “socio estratégico”. Simsek realizó esta declaración ayer tras una reunión con su homólogo ruso Arkadi Dvorkovich.

El viceprimer ministro turco añadió que “incluso se puede producir un cuestionamiento de nuestra amistad” con Estados Unidos como consecuencia de la intervención de Washington en el golpe de Estado.

Una vez consumado el viraje turco, las relaciones económicas con Rusia se multiplican. Sberbank, el mayor banco de Rusia, tiene una filial turca -Denizbank- y se ha propuesto reforzar su presencia, apoyándose en el estímulo que suponen los 3,5 millones de turistas rusos que visitan Turquía cada año.

Lukoil, la mayor petrolera privada de Rusia, cuenta con una amplia red de gasolineras en las mayores carreteras de Turquía y tiene también interés en consolidar su presencia al otro lado del Mar Negro.

Los mismo se puede decir de los principales capitales turcos, como Enka, Vestel, Beko, Şişecam, Garanti Bankası o Pegas, que están sólidamente establecidos en el mercado ruso. Las constructoras turcas tienen contratos valorados en 10.000 millones de dólares en Rusia.

Unos vuelven y otros se van. El Departamento de Estado ha autorizado la “salida voluntaria” de los familiares de su personal en las distintas legaciones diplomáticas de Turquía, consecuencia de que su seguridad se ha degradado de manera significativa.

El comunicado del Departamento de Estado, publicado en la web oficial de la embajada en Ankara, no concreta para quién se ha degradado dicha seguridad, cuando otros países, como Rusia, han destablecido los vuelos regulares y la expedición de visados hacia Turquía.

Sin embargo, se refiere a la declaración del estado de urgencia en todo el país, que es la misma que se ha decretado en Francia desde el año pasado, sin que el personal diplomático haya aconsejado una evacuación similar.

El personal diplomático que abandone el país, así como sus familiares, tendrán todos los gastos pagados y quedan advertidos de las restricciones que se puedan derivar del reforzamiento de las actividades policiales y militares en Turquía, en referencia a la libertad de circulación.

Además Washington recomienda a sus ciudadanos que reconsideren sus planes de viaje a Turquía en lo que parece ser un posible bloqueo económico que se justificará en función de las decisiones inminentes del gobierno de Erdogan.

El cierre de la frontera con Siria e Irak ordenado por el gobierno turco ya ha paralizado en la frontera a un camión cargado con explosivos que se dirigía hacia Bagdad.

La cumbre fue un descenso a los infiernos del Sáhara

Este fin de semana se ha celebrado en Nuakchott la cumbre de la Liga Árabe, un fracaso tan espectacular que ni siquiera ha sido noticia y, sobre todo, para el presidente mauritano Aziz, que pensaba lavarse la cara con ella y le ha salido muy mal.

La Liga Árabe se creó para que los países árabes salieran de la descolonización un poco menos desunidos de lo que les dejaron, pero ni siquiera son capaces de disimular: la división del mundo árabe, los enfrentamientos y las rencillas forman parte de la política moderna del imperialismo. Sus mejores ejemplos son Irak y Libia, sumidos en sendas guerras mortales. Pero hay muchos más.

La cumbre ni siquiera ha sido del agrado de Estados Unidos, que se ha rasgado las vestiduras al “descubrir” que el gobierno mauritano mantiene un acuerdo con Al-Qaeda desde 2010 para que los atentados se comentan en otras partes, como Marruecos por ejemplo, por lo que su aislamiento respecto de las viejas potencias coloniales es cada vez mayor, incluida Francia.

El aislamiento de Mauritania resulta un poco más soportable gracias a la buena vecindad con Argelia, dos países que se sotienen mutuamente “como el cordel sostiene el péndulo”, en frase feliz de un comentarista porque coinciden en la misma posición respecto al Sáhara.

En el mapa oficial de la Liga Árabe, el Sáhara ya no aparece dentro de las fronteras de Marruecos, por lo que nuestros vecinos renunciaron a ser los anfitriones de evento. A cambio les han vuelto a abrir las puertas de la Unión Africana, de la que habían salido por la puerta falsa a causa del Sahara, donde Marruecos lleva todas las de perder, lo que en el futuro va a deparar novedades como la que acabamos de vivir en Turquía y que a más de uno le van a sorprender -otra vez- con el pie cambiado.

La cumbre no ha interesado ni siquiera a los países árabes, de cuyos 22 jefes de Estado sólo 6 han acudido a la llamada de Nuakchott. La ausencia de los del Magreb era previsible; las de los jeques saudíes y el general Sisi, resultan mucho más significativas porque hasta ahora eran fieles aliados del general mauritano.

Si pasamos lista, los que han ido a la cumbre son los que están en la cuerda floja y necesitan algún puntal que les sostenga, como los presidentes de Yemen, Comores, Sudán o Yibuti, en fin, países que no seríamos capaces de situar en el mapa con un mínimo de precisión.

El emir de Qatar, el sostén financiero de Mauritania, sólo estuvo tres horas porque tenía mucha prisa por marcharse y, además, Aziz ni le mencionó en el discurso de apertura.

Los debates, que sobre el papel parecían tan apasionantes y reñidos que se habían reservados varios días, se zanjaron en unas pocas horas, la mayor parte de las cuales dedicadas a formalismos oficiales.

Un dato importante: la atención a los diplomáticos árabes fue tan deficiente que los espartanos del Sahel sirvieron el te sin leche de camello, por lo que muchos de ellos pernoctaban en Agadir, al otro lado de la frontera norte, y regresaban a las sesiones oficiales por la mañana.

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