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Día: 9 de julio de 2016 (página 1 de 1)

Beyoncé protesta por el asesinato de otros dos negros a manos de la policía

El asesinato de dos negros, Alton Sterling y Philando Castile, por disparos de la policía ha vuelto a suscitar la protesta, entre otros, de la cantante Beyoncé contra el derramamiento racista de sangre.

Al mismo tiempo, en Dallas algunos se han lanzado por el camino de las represalias, ejecutando a cinco policías para devolverles un poco de su propia medicina.

Por su parte, el movimiento Black Lives Matter exige parar los pies a los policías, que han dado muestras más que suficientes de que tienen un gatillo fácil porque cada negro muerto les resulta gratis.

La cantante Beyoncé ha hecho pública una dura carta de protesta contra las salvajes actuaciones policiales, cuyo número de víctimas se cuentan por millares y siempre tienen el mismo color de piel.

“Es nuestra responsabilidad tomar posición y exigir que paren de matarnos”, dice Beyoncé en su llamamiento público.

“Ya tenemos bastantes asesinatos contra hombres y mujeres jóvenes en nuestra comunidad”, añade. “No buscamos simpatía sino que todo el mundo respete nuestras vidas”.

“Vamos a permanecer en pie como comunidad y vamos a luchar contra los que creen que los asesinatos o cualquier otro acto de violencia cometido por los que han jurado protegernos deben quedar impunes”.

En algunos párrafos, realmente vibrantes, Beyoncé apela a los que se sienten marginados, sin distinguir entre raza, sexo u orientación sexual. Habla del robo de vidas que “nos hace sentirnos indefensos y sin esperanza”.

Sin embargo, afirma la cantante, la lucha es por las próximas generaciones, por los jóvenes que nos siguen: “La guerra contra las personas de color y contra las minorías debe cesar”.

Beyoncé ha mostrado su compromiso con numerosas acciones políticas contra los crímenes de la policía y la discriminación racial, incorporando la protesta y la denuncia a sus canciones y sus números musicales.

Amnistía Internacional acusa a la oposición ‘moderada’ siria de cometer crímenes de guerra

El general francés Bruno Puga
Las ONG son tan gubernamentales que, como las veletas, cambian según la dirección en la que sopla el viento y, desde setiembre del año pasado, las cosas no le van bien al bando de los “moderados” en la guerra de Siria.

Hasta ahora nos habían contado que quienes cometían crímenes de guerra eran las tropas de Bashar Al-Assad, pero ahora Amnistía Internacional nos dice que los verdaderos criminales son los “moderados”, a quienes la prensa había calificado como “combatientes de la libertad”, nada menos, dejando en muy mal lugar a quienes les apoyan y a los “defensores de los derechos humanos”.

Pero si los “moderados” cometen crímenes de guerra, ¿qué hacen los “radicales”?


El informe de Amnistía Internacional, presentado ayer (1), analiza a cinco grupos entrenados por los imperialistas y que combaten en los frentes de Alepo e Idlib desde 2012: el Movimiento Nur Al-Din Zinki, el Frente Al-Shamia y la Brigada 16 que el año pasado se unieron en la coalición “Conquista de Alepo” (Fatah Halab). Además, también se refiere al Frente Al-Nosra y a Ahrar Al-Sham en Idilib.

El informe asegura que dichos grupos tienen su propio aparato judicial, que aplica “la sharia” en las zonas que controla y ha puesto en pie fuerzas de policía y “centros de detención no oficiales”. Sin embargo, el informe asegura que al menos algunos de los jueces nombrados por los grupos armados ni siquiera conocen el contenido de “la sharia”.

Amnistía Internacional enumera 24 casos de secuestro por parte de esos grupos armados, incluyendo casos en los que las víctimas son militantes pacíficos, menores de edad y miembros de las minorías que han convertido en objetivo “únicamente a causa de su religión”, en referencia a los cristianos. Los secuestros han ido seguidos de torturas y ejecuciones.

El último montaje “moderado” de los imperialistas, el llamado “Nuevo Ejército Sirio”, supuestamente no islamista, que han organizado en Jordania acaba de ser destrozado por el Califato Islámico en Bukamal, cerca de la frontera irakí.

Los intentos del imperialismo de prolongar cruelmente la guerra de Siria son cada vez más desesperados. Bajo cuerda, a medida que sus montajes se hunden, refuerzan las filas del Frente Al-Nosra, una organización que se ha alegrado públicamente de los atentados de París en noviembre del año pasado.

Sin embargo, como reconoce la revista Atlántico (2), son las mismas oficinas de la Presidencia de la República francesa las que coordinan el apoyo en Siria a organizaciones yihadistas como el Frente Al-Nosra, convirtiéndose en cómplices de los crímenes de guerra que cometen.

A esa coordinación la revista le pone nombre y apellidos, el del general Bruno Puga, jefe particular del Estado Mayor de François Hollande, a su vez máximo dirigente del partido socialista. Sin embargo, quien puso en ese cargo al referido general y carnicero de Siria fue el anterior Presidente, Nicolás Sarkozi, que el actual ha mantenido en su cargo para demostrar que los gobiernos del cambio no cambian nada. Ni a nadie.

(1) http://www.amnesty.fr/Presse/Communiques-de-%20presse/Syrie-Enlevements-%20torture-et-%20executions-sommaires-aux-%20mains-des-%20groupes-armes-18746

(2) http://www.atlantico.fr/decryptage/opposants-bachar-el-assad-combattants-liberte-rapport-amnesty-international-fait-volet-en-eclat-nos-mythes-gentils-rebelles-2758031.html

Estados Unidos pierde la hegemonía en la fabricación de alta tecnología

El Pentágono ha contratado la fabricación de los microprocesadores electrónicos que llevan los satélites espías, los misiles y los aviones de combate a una empresa pública radicada en Abu Dhabi.

En 2004 el Departamento de Defensa firmó un contrato de 10 años con IBM para fabricar los componentes electrónicos para las fuerzas armadas y la Agencia de Seguridad Nacional.

Las fábricas que elaboraban los semiconductores especializados se calificaban “Trusted Foundries” porque los militares los podían utilizar con plena confianza en todos los equipos militares y de seguridad.

Pero en julio del año pasado IBM vendió su división de semiconductores a Global Foundries, una empresa del emirato de Abu Dhabi.

El nuevo contrato de 7 años firmado con Global Foundries, que vence en 2023, pone fin a meses de incertidumbre sobre el suministro de microprocesadores al ejército de Estados Unidos, concluyendo así una primera etapa dedicada a proteger los sistemas de defensa, que se han mostrado muy sensibles a ciberataques y otras manipulaciones informáticas.

Durante este tiempo el Pentágono ha buscado nuevos suministradores y va a extender las precauciones necesarias para impedir que los componentes electrónicos sean trucados o caigan en manos poco fiables.

Global Foundries forma parte de cuatro empresas identificadas en el mundo como fabricantes de semiconductores avanzados para el Pentágono. A ella se suman TSMC de Taiwan, Samsung de Corea del sur e Intel, que no fabrica microprocesadores específicos para la seguridad y la defensa.

El organismo de supervisión del Congreso ha expresado su inquietud por la dependencia del Pentágono de una única fuente de suministro de semiconductores, una industria que se desplaza progresivamente hacia las fábricas asiáticas, que producen centenares de millones de componentes para los aparatos electrodomésticos de gran consumo en todo el mundo.

China ha anunciado una inversión gigantesca de 200.000 millones de dólares en tecnología de semiconductores, una plan para convertirse en autosuficiente en un sector que es estratégico para la guerra comercial.

En lugar de desarrollar su propia industria de semiconductores, muy dependiente de las importaciones de otros países, China ha decidido crear su propia industria empezando por comprar empresas microelectrónicas por todo el mundo, incluido Estados Unidos, para llevar la técnica a su propio país.

El Pentágono ha perdido influencia en una industria puntera que lleva financiando desde 1960. Las fuerzas armadas dependen de microprocesadores especializados que, a diferencia de los de consumo doméstico, se fabrican en muy pequeñas cantidades.

La nueva generación de aviones de combate F-35 tiene centenares de microprocesadores, cuyo número exacto se desconoce, que nada tienen que ver con los centenares de millones que integran los ordenadores, las lavadoras o los móviles.

Las multinacionales que los fabrican están volcando su interés por la producción civil en masa, un mercado en el que la competencia obliga a una renovación casi mensual, mientras que los componentes militares tienen un plazo de actualización mucho mayor y se fabrican en cantidades micho menores.

Esta situación ha conducido a que el Pentágono no pueda contar sólo con una única empresa estadounidense que trabaje en componentes militares, sino que extienda sus proveedores al terreno por todo el mundo.

El director de Darpa, la sección tecnológica del Pentágono, William Chappell hace de la necesidad virtud y asegura que al abrirse a las empresas civiles, las fuerzas armadas modernizarán su tecnología.

Pero no pueden estar seguros de que los nuevos componentes sean fiables. No es la primera vez que el Pentágono descubre “puertas traseras” en los microprocesadores que compra a terceros países, como China.

A pasos agigantados, Estados Unidos se está convirtiendo en un país dependiente en materia de tecnología y Darpa trabaja en un sistema de “marcado” de los procesadores que compra para comprobar su fiabilidad y seguridad.

Las técnicas de “marcaje” de Darpa han suscitado el interés de empresas civiles, como las financieras, para impedir el espionaje de la competencia y los ciberataques, dentro de una escalada de la paranoia de seguridad que es típica de Estados Unidos.

Pero para los estadounidenses lo único seguro es lo que fabrican ellos mismos, por lo que en el paraíso del neoliberalismo los fabricantes de microprocesadores se han agrupado para exigir al gobierno ayudas públicas que les permitan continuar con la producción  de alta tecnología en condiciones competitivas con otros países.

En todo el mundo la seguridad es un mercado cada vez más grande, el típico negocio de vendedores de humo del que se han apoderado los militares.

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