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Día: 24 de abril de 2016 (página 1 de 1)

La agencia Associated Press también colaboró con los nazis

La historiadora alemana Harriet Scharnberg ha descubierto que la agencia de noticias Associated Press colaboró con el III Reich suministrando a los periódicos estadounidenses material elaborado por el Ministerio nazi de Propaganda.

La historiadora de la Universidad Martin Luther de Halle ha publicado su descubrimiento en la revista “Studies in Contemporary History”, donde demuestra que la Associated Press se estableció en la Alemania nazi para difundir la propaganda hitleriana en Estados Unidos y el mundo entero.

El artículo destaca la estrecha relación entre la agencia estadounidense y el gobierno hitleriano, gracias al cual Louis P. Lochner, su corresponsal en Berlín, ganó el Premio Pulitzer en 1939.

La agencia estadounidense cedió el control sobre sus publicaciones al firmar la llamada “Schriftleitergesetz” (Ley del director de periódico) por la que se comprometía a no publicar ningún material cuyo propósito fuera debilitar la fortaleza del Reich en el extranjero o en el interior del país.

Cuando el partido nazi se hizo con el poder en Alemania en 1933 uno de sus primeros objetivos fue domesticar a la prensa, tanto la nacional como la internacional. En 1935 se obligó a otras agencias británicas y estadounidenses, como Keystone y Wide World Photos, a cerrar su oficinas tras ser atacadas.

La Associated Press fue la única a la que permitieron permanecer en la Alemania de Hitler, donde siguió trabajando hasta que Estados Unidos entró en la guerra en 1941. Por consiguiente, se encontró en la inmejorable situación de ser el principal canal informativo fuera del III Reich con apariencia “neutral”.

La agencia contrató a periodistas que, simultáneamente, trabajaban para la división de propaganda del partido nazi. Uno de los cuatro fotógrafos que trabajaba para AP en la década de 1930, Franz Roth, era miembro de la unidad de propaganda de la unidad militar de las SS, cuyas fotografías elegía personalmente Hitler.

Desde que Scharnberg publicó su descubrimiento, la Associated Press ha eliminado las fotos de Roth de su página web.

La agencia permitió a los nazis utilizar sus archivos fotográficos para su propaganda. Entre las publicaciones ilustradas con fotos de la Associated Press se incluye el panfleto de las SS que fue éxito de ventas “Der Untermensch” (Los infrahumanos) y el folleto “The Jews in the USA” (Los judíos en Estados Unidos) cuyo objetivo era demostrar la decadencia de los estadounidenses judíos.

Los nazis utilizaron las fotos de la agencia para dar una visión edulcorada, tanto de la guerra como de la invasión de la URSS en 1941. Según la historiadora, en vez de mostrar los crímenes contra la población soviética, la agencia publicó fotos de supuestos destrozos causados por el Ejército Rojo.

En una entrevista al diario alemán Die Zeit, la autora del estudio ha destacado que “la fotografías eran usadas como objetos comerciales” y que en aquella época hubo una relación comercial muy estrecha entre el III Reich y Estados Unidos, antes de que éste declarara la guerra en 1941.

Fuente: http://www.theguardian.com/world/2016/mar/30/associated-press-cooperation-nazis-revealed-germany-harriet-scharnberg

Las deudas agobian a la población ucraniana (2)

Pierre Deffontaines

La descripción de la situación de la familia Sharshuk permite mostrar los efectos concretos de estas decisiones sobre la forma de vida de aquellos que son sus prisioneros.

La familia Sharshuk vive en un pueblo del centro de Ucrania. Lyuba y Pavel tenían 25 años en 1991. Sus padres trabajaban en la granja estatal del pueblo que después fue privatizada y dejó de contratar. Pavel fue trabajador emigrante en la construcción, en Moscú y en Kiev. Pero desde 2009 se hace difícil encontrar trabajo. Lyuba se ha quedado en el pueblo para ocuparse de los hijos aunque, oficialmente, hace 25 años que no trabaja. Va a la temporada de recogida de manzanas en la nueva explotación agrícola privada. De sus hijos, solo uno se ha quedado en el pueblo, Viktor. Ocupa la casa de al lado con su segunda mujer, Olya, y dos niños pequeños.

Sus tres hermanos fueron a estudiar a la ciudad, en donde están empleados en trabajos temporales para pagar sus alquileres y han escogido carreras poco demandadas para no tener que pagar gastos de escolaridad demasiado importantes. Cuando la familia contrató un nuevo préstamo en 2013, no era su primer endeudamiento. Pero la crisis política y después la guerra y las reformas hicieron el peso de esta deuda insoportable.

En 2013 la familia Sharshuk solicitó 2.000 dólares a un exorbitante interés del 14 por ciento mensual a una amistad de un hermano de Lyuba, un comerciante afortunado y prestamista informal, ocasional. La crisis política estalla y la guerra comienza.

Desde el verano de 2014, para satisfacer las exigencias del acuerdo con el FMI, el curso del gryvnia (uah), la moneda ucraniana, hasta entonces fijado por el Banco Nacional de Ucrania, se libera. En condiciones de crisis económica y de lucha armada, el cambio del gryvnia se ha hundido con relación al dólar. Mientras un dólar valía 10 uah en diciembre de 2013, vale casi tres veces más un año mas tarde. La deuda de los Sharshuk se ha multiplicado automáticamente por tres, y para todos aquellos que solo ganan gryvnias, y eso cuando tienen un trabajo. En enero de 2015 se han visto obligados a pagar cada mes los intereses de la suma que les queda por devolver (700 dólares), es decir, 100 dólares. Más que el total del salario que Pavel gana en la ciudad. A título de comparación, el salario medio (declarado) en el cantón se acerca al salario mínimo de alrededor de 1.300 uah, algo mas de 50 dólares en enero de 2015.

¿Porque contratar ese préstamo, en tales condiciones y tales circunstancias?

En 2013, la familia Sharshuk necesitó dinero para financiar una operación quirúrgica para la nuera, Olya. Aunque la asistencia médica sea oficialmente gratuita, en la práctica la operación cuesta cara.

Primero hay que pagar el conjunto de medicamentos y de material, a la venta frente al hospital en una de las numerosas farmacias de la pequeña ciudad cercana a su pueblo (a 30 kilómetros)

Luego, para asegurar que todo vaya bien, y que el personal cuide de Olya, Lyuba ha dado también dinero bajo cuerda al anestesista, al cirujano y a las enfermeras. Se ha informado en los pasillos del hospital: existe un precio tácito para este tipo de operación, según el personal empleado. Hay historias de personas víctimas de errores médicos y de negligencias por no haber pagado.

El coste de esta operación se explica por esa liberalización al margen del sistema de salud. Ningún programa político hacía mención de esta liberalización por motivos electorales: tal anuncio garantizaría una derrota en las siguientes elecciones. Pero la ausencia de inversiones lleva a que, en la práctica, los poderes públicos se desentiendan y a un aumento en el coste de los cuidados médicos. La falta de medios en los hospitales, la no revalorización de los salarios del personal médico y la total liberalización de la farmacia hacen la asistencia tanto mas cara en cuanto las condiciones de vida y principalmente las condiciones de trabajo se han degradado en ese mismo período. Los servicios de salud suscitan casi sistemáticamente pagos informales entre los pacientes y el personal sanitario, y la situación es idéntica en la educación.

Los gastos relacionados con los estudios infantiles son parte de otros importantes gastos inevitables de la familia. El sistema educativo ucraniano funciona por méritos: hay plazas subvencionadas en cada curso en un número limitado, y otras plazas suplementarias están disponibles bajo la condición de pago de gastos de escolaridad. Este sistema de escasez de plazas subvencionadas, plazas no solamente gratuitas sino incluso asociadas a la obtención de una modesta bolsa, induce prácticas de corrupción para asegurar al estudiante una plaza en la universidad y protegerse del pago de los gastos de escolaridad. Incapaces de pagar y no queriendo correr el riesgo de un fracaso en la entrada, los hijos de Lyuba y Pavel se han orientado hacia carreras poco demandadas, en donde las plazas subvencionadas son accesibles por concurso.

Pero la beca no es suficiente para vivir y pagar el alquiler en la ciudad. En 2014, Vlad, el pequeño de la familia se matricula en una formación continúa para obtener el grado superior en su trayectoria de cocinero. Esta inscripción supone transferencias de 100 euros por trimestre, algo que no pueden asumir Lyuba y Pavel, que dedican una parte de la suma prestada a proporcionar a sus más allegados las legumbres y alimentos que consiguen.

La familia Sharshuk no tiene muchos recursos propios y ningún ahorro en bancos. Pavel continúa sus estancias de muchos meses en Kiev construyendo casas para familias más adineradas. Pero nada es como antes de 2008. Pavel ha estado trabajando lejos de su pueblo desde principios de los años 90, tras la disolución de su equipo de electricistas agrícolas del cantón. Siguió a un tío, y luego constituyó el mismo equipos de trabajadores para ir hasta Moscú. En los años 2000 obtuvo un empleo legal en una empresa de construcción en Kiev.

Pero fue despedido en 2009 y después fue muy difícil encontrar trabajo. Los empleos que encuentra son sistemáticamente en negro, y cada vez peor pagados: no es rentable alejarse tantos meses de casa para ganar un salario apenas suficiente para vivir en la ciudad.

Pavel está cansado de esta paga “de esclavo” (en sus palabras) y de idas y venidas inútiles a obras durante algunos días. Tiene una opinión desengañada sobre su situación: “de cualquier manera, si lo calculas todo mi dinero se ha ido en el hospital”. Lyuba y los niños han estado enfermos a menudo. Lyuba, que sigue en el pueblo, mantiene hoy una huerta que le permite satisfacer las necesidades alimentarias de su hogar y de Viktor. El salario de Pavel sirve en lo esencial a saldar todos los gastos externos: la escuela de los niños, los estudios, ir liquidando las deudas. De su capacidad para cumplir estas necesidades, el cuidado y los estudios de los hijos, depende el orgullo de Pavel. Hoy está obligado a prestar a su hija mayor una parte de las sumas necesarias para la devolución de su préstamo.

Pavel está avergonzado. Aborda el tema con recelo y siente como una ofensa personal su situación financiera. Los pocos gryvnias que Lyuba recoge del campo sirven para pagar el pan, los patés y el té, lo que no puede producir la huerta.

La situación del hogar está lejos de ser un caso aislado. En los años 90, con la ola de privatizaciones y la retirada de inversiones del Estado, la producción se hunde y con ella el número de empleos. Aumenta el paro. Un cuarto de la población activa desaparece de las estadísticas de empleo en los años 90, un testimonio de la gran emigración pero también del desarrollo de actividades no declaradas. El número de trabajadores declarados disminuye a la mitad entre 1985 y 2003.

En la agricultura, las granjas colectivas y estatales se desmantelaron progresivamente en beneficio de una élite local, antiguos directores de explotación y miembros bien situados del ex Partido comunista. El número de empleos disminuyó en la agricultura. En el punto álgido de la crisis, a finales de los años 90, los salarios no se pagaban. Si la situación mejora relativamente con el crecimiento de los años 2000, los derechos de los asalariados no han sido más respetados.

El crecimiento lo han permitido sobre todo las inversiones extranjeras y la política pro-occidental del presidente Yutchenko, que hizo carrera en el sistema bancario, como ex vicepresidente de JSC Banco Agroindustrial de Ucrania y ex dirigente del Banco Nacional de Ucrania. Este crecimiento reposa sobre el desarrollo del sector bancario y sobre todo de los bancos extranjeros. Afecta sobre todo a la esfera de los servicios en las ciudades, especialmente en la región de Kiev.

Beneficia los nuevos propietarios de los medios de producción y prioritariamente a un restringido número de empleados de grandes empresas extranjeras. Alrededor de las inversiones inmobiliarias de los primeros y los segundos, Pavel y Viktor encontraban trabajo en los años 2000 en las obras. Esos empleos fueron los afectados en primer término, cuando Ucrania comenzó a sufrir las consecuencias de la crisis financiera de 2008.

Fuente: http://www.mondialisation.ca/de-lendettement-de-letat-a-la-dette-des-menages-en-ukraine/5519783

Las deudas agobian a la población ucraniana (1)

Pierre Deffontaines

El endeudamiento estatal no es una novedad en la historia, y tampoco es nuevo que su peso se apoye en los habitantes del territorio. Todo depende de la forma escogida por el gobierno para solucionar esa deuda: reducir gastos, aumentar contribuciones, cambiar reglamentaciones… Estas decisiones influencian directamente el marco de las vidas, las oportunidades que se ofrecen y los límites que pesan sobre los actores en su vida cotidiana. La deuda de un Estado afecta pues desigualmente al conjunto de su población, según su situación social y económica, y según el carácter de sus ingresos. Su devolución no es solamente un momento difícil que hay que pasar antes de la vuelta a la normalidad, sino que es decisiva para comprender las condiciones de existencia, las formas de hacer y de pensar, y las formas de relacionarse entre las personas.

Lo que caracteriza el endeudamiento de los Estados durante los últimos cincuenta años es que está generalizado, y que depende de algunos acreedores situados en los países occidentales, en Europa y en los Estados Unidos. Estos acreedores, entre los que se sitúan preferentemente el FMI y el Banco Mundial, exigen de sus deudores medidas neoliberales como condición para la obtención de créditos. Estas políticas determinan cómo se distribuye el peso de la deuda sobre la población del Estado.

Concretamente, esos créditos están ligados a las medidas de reducción de gastos públicos (sanidad, educación, funcionamiento, intervención en la economía…) y a medidas de desregulación de los mercados. La reducción de gastos públicos, en términos de sanidad por ejemplo, implica gastos suplementarios en los hogares, generando así necesidades añadidas de liquidez. De esta manera, el endeudamiento de ciertos hogares está directamente ligado al endeudamiento estatal y a las medidas que los Estados han tomado para garantizar a los acreedores y asegurar el acceso a nuevos créditos.

Describo en este artículo la situación de una familia abocada a contratar préstamos a tasas usureras en el campo ucraniano. Muestro cómo esta práctica financiera se relaciona con las políticas del gobierno ucraniano durante los últimos veinte años. Así se ponen en evidencia las consecuencias concretas de elecciones políticas. El endeudamiento de un Estado no solamente es el signo pasajero de una crisis económica llevada a desaparecer, ni una etapa en la vía del desarrollo, sino que determina las condiciones de existencia de efectos duraderos para una parte de los hogares.

En Ucrania, tras el hundimiento de la Unión Soviética, ninguna línea clara de liberalización se ha adoptado. Si los programas de los partidos prevén en efecto una privatización de los medios de producción y el desarrollo del libre mercado, la privatización de las tierras agrícolas, por ejemplo, es solo progresiva y hace frente, localmente, a una fuerte oposición.

Además, los sistemas de sanidad y educación se ponen abiertamente en cuestión, y aún hoy son oficialmente gratuitos. La situación política y económica actual del país parece ser el resultado tanto de un programa neoliberal impuesto por la instancias internacionales, principalmente del FMI, como consecuencia de los funcionamientos propios del sistema local, sometido a nuevas restricciones. Las órdenes para las reformas y el desenganche del Estado se deforman según los acontecimientos electorales, según los discursos populistas y según acuerdos opacos entre las élites político-económicas.

El año 2014, con el derrocamiento del presidente Yanukovitch por las sangrientas manifestaciones, estuvo marcado por una orientación pro-capitalista del gobierno, que sería legitimado por sus pretensiones democráticas y la denuncia del régimen autoritario que había sido depuesto. Es elegido el presidente Poroshenko, director de una gran empresa industrial conocida sobre todo por su producción de confitería, pero también propietario de una fábrica automovilística. Hoy está presente en las revelaciones de muchos medios internacionales en los “Panama papers”, por su posesión de activos desde 2005 en una sociedad offshore, reforzada en 2014 en el momento más agudo de la crisis ucraniana.

Como su primer ministro, es miembro de la dirección del Banco Nacional de Ucrania. Se presenta sin embargo como un partidario de luchar contra la colusión entre los negocios y el mundo político. La publicidad dada a la lucha contra la corrupción en la justicia y en la policía se convierte en una cortina de humo, que esconde la complicidad sobre la riqueza acumulada por los oligarcas. Además, las reformas “liberalizadoras” ponen en la lista los servicios locales de control del Estado y sus prácticas supuestamente abusivas, sin contemplar cambios en las regulaciones del mercado de trabajo. Este programa, una hoja de ruta acordada con la Unión Europea, el Banco Mundial y el FMI, que supone nuevos créditos al gobierno, prolonga un ya antiguo endeudamiento.

Desde la llegada al poder del gobierno provisional en marzo de 2014, mientras que Ucrania estaba en plena crisis, las negociaciones con un gobierno no elegido dan como resultado un plan de reforma del cual depende la concesión de un crédito de 14 a 18.000 millones de dólares. En la gestión de la administración local, servicios sociales y salud, se prevé una reforma descentralizadora, que acentúa la anulación del compromiso del Estado con las colectividades locales. Así, el gobierno, legitimado por sus acreedores, bajo la bandera del desarrollo y de la modernización, fragiliza aún más las condiciones de vida de los trabajadores.

Todos estos factores limitan las elecciones económicas, los razonamientos, las maneras de actuar de los actores privados.

Fuente: http://www.mondialisation.ca/de-lendettement-de-letat-a-la-dette-des-menages-en-ukraine/5519783

Periodistos

Bianchi

Profesión tan mendaz y rastrera como el periodismo, bajo las condiciones del capitalismo en que se desenvuelve una empresa periodística, pocas. Ni existe la libertad de expresión ni el periodista es libre;la primera es una quimera, y el segundo es un ganapán que, si no le censuran directamente, que podría ser, es lo suficientemente espabilado para saber qué se espera de él en según qué medio trabaje (o le exploten de mala manera si es becario o, como se decía antes, está «haciendo prácticas»), es decir, se autocensura o se explaya conociendo la línea editorial del periódico que le paga y en el que medrará mintiendo para escalar puestos, como decía, y decía bien Iglesias, pero sin descubrir la pólvora precisamente. Con Franco, al principio, existía el llamado «sistema de consignas» al que se plegaban todas las redacciones sin mayor problema las más repletas de falangistas que lo hacían con convicción o sarna con gusto no pica si algún «disidente» hubiera; con Fraga Iribarne y su Ley de Prensa de 1966 desapareció, al menos oficialmente, la censura previa dando un aire «liberal» al régimen fascista pero sin obviar la evidencia de la autocensura o ¿para qué la censura si ya se autocensuran los plumillas como buenos chicos aplicados? No todos, claro.

En la actualidad se ha vuelto al «sistema de consignas» que ponen de acuerdo en sus editoriales a todos los mass media cuando se trata de «razones de Estado» -el «terrorismo», por ejemplo-, esto es, a los medios de propaganda del neorrégimen continuista tras la muerte del dictador, o condiciona, si no coacciona, al profesional que trabaja en un medio concreto con una línea política determinada: la libertad de expresión consiste en saber a qué atenerse, y, si no, puerta.

Lo que dijo Pablo Iglesias el otro día en la Universidad sobre el espíritu lacayuno de esta profesión -y lo es si te pagan un salario por ello- es más cierto que mandadiós. Todo el mundo lo sabe en este mundillo mediático lleno de hipócritas. Otra cosa es que Iglesias sea de los menos indicados para desautorizar a nadie pues él mismo es producto de un plató de televisión, y, por lo tanto, desde el corporativismo gremial típico del periodismo, es fácil atacarle recordándole quién le ha aupado lo que le inhabilita para desacreditar a un «compañero» de la profesión, o sea, cállate, porque esas verdades que dices y cantas, y todos sabemos, no son compatibles con el espejismo que vendemos a la chusma sobre la democracia y libertades de que gozamos los españoles, no vengas tú de listo a jodernos el invento y las piscinas que no te hemos «creado» para eso, sino para apuntalar este podrido sistema que se viene abajo. De hecho, Iglesias ya ha venido a pedir disculpas en un tuit, ¿se dice así?, y en la cadena SER,  por si alguien «se ha ofendido». Como cuando dijo la verdad de la «cal viva» en el Congreso a Sánchez recordando al criminal de guerra Felipe González y se le sublevan sus propias filas. Poco recorrido y aliento tiene esta gente que se achantan al mínimo amago de darles un cachete, mientras ellos, al revés,  amagan y no dan. Es muy típico del casticismo español eso de «sostenella y no enmendalla» cuando de error flagrante se trata; estos, ni eso, se rajan cagando ostias. Claro que no es este el quid de la cosa, pero sí un aspecto adyacente que queríamos señalar.

Lo que nos gustaría saber es -pues es el único que no ha dicho ni pamplona- qué opina el periodista de EL MUNDO aludido por Iglesias en la Uni madrileña: ¿se calla corrido de vergüenza por no tener que dar la razón al «Coletas» o deja hablar a sus «colegas» para que lo defiendan en aras de la libertad de expresión siendo cómplices de la Gran Mentira de esta vendida profesión siempre al servicio de la Voz de su Amo?

Buenas tardes.

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