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Día: 12 de abril de 2016 (página 1 de 1)

Los transgénicos conducen al suicidio a 300.000 campesinos en India

Massimo Mazzucco

El gobierno de India ha decidido poner fin a la explotación por Monsanto del cultivo de algodón sobre su suelo, disminuyendo el porcentaje de royaltis pagados, cercanos al 70 por ciento de las semillas.

“Es el momento de poner fin a esta avidez basada en los porcentajes”, ha declarado el ministro indio de Agricultura Sanjeev Kumar Balyan.

Imponiéndose en el mercado de semillas genéticamente modificadas, Monsanto ha llegado a controlar el 90 por ciento de la producción india de algodón y a suministrar sus productos a más de 7 millones de pequeños campesinos independientes.

Pero el coste de los royaltis, sumado al elevado precio del grano y a los costos adicionales ligados a ese tipo de cultivo, han llevado a la quiebra a centenares de miles de pequeños campesinos.

El problema principal de los cultivos genéticamente modificados está en al hecho de que requieren una cantidad de agua para la irrigación bastante superior a la normal y eso engendra, evidentemente, costos adicionales para los pequeños campesinos locales que a menudo viven en regiones pobres en agua.

Alexis Baden-Mewyer, director de Organic Consumers Association, afirma que el costo del cultivo del algodón genéticamente modificado es un 8.000 por ciento más elevado que el del algodón normal. El problema es que los granos de algodón normal ya no se pueden encontrar en India, precisamente porque Mosanto ha tomado el control casi total del mercado.

Tras haber sido obligados a pasarse al cultivo de algodón genéticamente modificado, los pequeños campesinos indios han sido obligados a endeudarse para continuar. Y el suicidio del cultivador indio que pierde sus propias tierras porque es incapaz de devolver sus deudas figura entre los diversos hechos cotidianos.

Según cifras de la Oficina Nacional del Crimen, cerca de 290.000 campesinos indios se han suicidado en el curso de los últimos 20 años. Naturalmente, todos no se han suicidado por haber adoptado cultivos genéticamente modificados, pero es claro que estamos en presencia de cifras exorbitantes.

Hoy el gobierno indio ha decidido intervenir, tratando al menos de calmar la situación desde el punto de vista de los royaltis. Pero Monsanto, en luchar de inclinarse, ha reaccionado denunciando en los tribunales a la comisión gubernamental que la quiere privar de sus beneficios, sosteniendo que “el gobierno no tiene derecho de interferir en las reglas del libre mercado”.

Para quienes quieran degustar lo que podría ocurrir en Europa con el TTIP, gracias al cual las multinacioinale podrían denunciar ante un tribunal a los gobiernos que obstaculicen sus negocios, el caso Monsanto en India puede ser rico en enseñanzas.

Fuente: http://www.luogocomune.net/LC/index.php/18-news-internazionali/4368-suicidio-da-monsanto

España servirá de plataforma para una televisión opositora al gobierno argelino

Gracias a España próximamente Argelia tendrá una nueva cadena privada de televisión, de las que ya hay varias en el país magrebí. Las dos diferencias con estas son que aquella emitirá desde el extranjero y que su objetivo es lanzar propaganda contra el actual gobierno de Abdelaziz Buteflika.

Si el asunto se hubiera planteado a la inversa, es decir, si algún país magrebí hubiera servido de plataforma a una televisión española que emitiera programación antigubernamental, estaríamos en presencia de una de esas campañas anti-árabes o anti-islámicas a las que nos acostumbran.

Pero siempre habrá alguno que busque en la libertad de expresión de que -como es bien sabido- disfruta nuestro país, una justificación para instalar aquí una televisión argelina de oposición. Si fuera al revés, a ese mismo mequetrefe no se le ocurriría hablar de libertad de expresión en Argelia, Marruecos o Túnez.

Aunque la nueva cadena, llamada “Ma Télé”, emite desde Madrid, tiene sus oficinas en Francia y próximamente abrirá otras en Marruecos y Túnez porque quieere extender sus tentáculos a todo el Magreb.

No es la única de oposición del gobierno argelino, que ya tienen otras dos, aunque todas ellas emiten desde fuera de Argelia: Al-Magharibia TV desde Londres y El Asr desde Suiza.

Uno de los impulsores de la nueva cadena es el opositor Hichem Abud, antiguo capitán del servicio secreto argelino DRS, exiliado en Francia. En 2002 el antiguo capitán argelino publicó su libro “La mafia de los generales” y en 2013 sus críticas al gobierno le valieron el cierre de su diario “Mon Journal” y su versión arabófona Jaridati.

Como no puede ser de otra manera, el capitán argelino no es más que un hombre de paja de alguien, que es quien le ha puesto el dinero encima de la mesa.

Que alguien, como un miembro del espionaje, pase del secreto a la locuacidad de un medio de comunicación, tampoco es extraño. Los espías no se caracterizan por sus silencios sino por sus mentiras. De ahí que en todos los países tengan unas relaciones tan privilegiadas con los medios de comunicación.

Bashar Al-Assad pasa a la ofensiva también en el terreno político

Tras dos meses de tregua y una ofensiva victoriosa en Palmira y Al-Qaryatayn, el gobierno de Damasco acaba de anunciar la celebración de elecciones legislativas, llevando la ofensiva militar al terreno político.

Sin embargo, aunque la ofensiva militar pueda ser, probablemente, relativamente fácil, la política no lo va a ser tanto porque para el gobierno de Damasco el desafío no era sólo el Califato Islámico, ni el Frente Al-Nosra, ni tampoco era militar exclusivamente. ¿No se ha enterado Al-Assad que la guerra es la continuación de la política por otros medios?

El nudo de Siria es que el imperialismo no admite al gobierno actual. Ha cometido todos los crímenes que cabe imaginar para acabar con él y, aunque ha fracasado, no está claro que vaya a dejar de insistir. Cambiará los nombres a sus tentáculos, que ya no se llamarán Califato Islámico, ni Frente Al-Nosra, pero seguirá moviendo sus peones.

No nos referimos únicamente a esos aliados regionales, como Turquía o las monarquías del Golfo, sino a los protagonistas fundamentales de Siria, que son las masas, incluidas las kurdas, que han sufrido lo indecible en la guerra y se merecen un reconocimiento público y muchas concesiones -de todo tipo- por parte del actual gobierno.

El pueblo de Siria no sólo necesita elecciones sino que las mismas sean el principio de un cambio de actitud por parte del actual gobierno o de otro que venga por detrás. Si no hay concesiones, la inestabilidad social y política volverá a 2011 y no cabe ninguna duda de que el imperialismo sabrá aprovecharla, como ha hecho en otros países árabes.

La intervención imperialista no puede hacernos olvidar que las reivindicaciones que sacaron a las masas a la calle en 2011 son justas y siguen pendientes de obtener satisfacción. Esas concesiones son de tipo político, y deberían saldar la deuda que Siria tiene hacia los kurdos, pero también materiales, es decir, mejora en las condiciones de trabajo y de vida del pueblo sirio, reconstrucción de las viviendas destruidas, etc.

Si el gobierno de Damasco cierra los ojos y sigue echando balones fuera demostrará que no ha entendido la lección. Hay señales en todas las direcciones. Unas indican que Damasco prepara una reforma constitucional que abre las puertas a la autonomía y a un cierto reconocimiento nacional de Kurdistán. Pero, amentablemente, las últimas declaraciones de Bashar Al-Assad a la televisión van en otra línea, apelan al nacionalismo, echan la culpa a Turquía y a Arabia saudí, a las potencias extranjeras, al yihadismo…

Es más, en una entrevista a la cadena rusa Sputnik, el Presidente sirio carga la tinta contra sus vecinos regionales, dejando a Estados Unidos en un segundo plano. Es cierto que eso tiene una explicación evidente: tras la intervención aérea rusa, Obama ha reconocido su responsabilidad en Libia y ha virado en redondo respecto a Siria. Pero el imperialismo ya le tiene amortizado y estamos en vísperas de elecciones presidenciales. Dentro de seis meses nadie se acordará de él, salvo para la monserga boba de que fue el primer negro en llegar a la Casa Blanca, algo que nos perseguirá los próximos 50 años como una pesadilla… negra.

Al-Assad hace bien en convocar elecciones ahora, que tiene muchas posibilidades de ganar. Haría mejor en ampliar su gobierno y tender puentes a determinadas organizaciones que, tras la victoria gubernamental, estarían dispuestas a lograr una pequeña cuota de poder. Pero nada de eso es suficiente porque faltan los protagonistas fundamentales de la situación.

Es cierto que el país está devastado y las ONG no van a recibir instrucciones de sus jefes imperialistas para ayudar a la reconstrucción. Más bien al contrario, el embargo continuará para seguir poniendo dificultades. Por lo tanto, como siempre, sólo las masas podrán, con otro sacrificio adicional, reconstruir el país, si es que eso resulta aún posible.

La pelota está en los tejados de Damasco y no en los de Ginebra. Es posible dar la razón, una vez más a Al-Assad, cuando se opone al periodo de transición que le exige la ONU, sobre todo si eso supone la “vuelta a la normalidad” de la que habla a Sputnik. Después de cinco años de guerra, ¿de qué normalidad habla? Las cosas no pueden seguir como antes, como si nada hubiera pasado.

Nada más prometer elecciones, nada menos que 11.000 candidatos han anunciado que se presentan a las mismas, una cifra totalmente inusual. Sin embargo, los imperialistas y la oposición las califican de “ilegítimas”. Pero si las elecciones que convoca un gobierno son “ilegítimas”, ¿cómo hemos de calificar el desencadenamiento de una guerra en su contra que ha matado a 260.000 personas?

Cunde el pesimismo entre los generales del ejército de Estados Unidos

Las dos intervenciones ante la comisión de las fuerzas armadas del Senado estadounidense de otros tantos generales del ejército han sido especialmente relevantes. Los generales McMaster (comandante adjunto para el TRADOC, el servicio de planificación e investigación prospectiva del ejército) y Milley (jefe del Estado Mayor) han dibujado una situación catastrófica para el ejército estadounidense, superado en capacidad de maniobras de efectivos y de fuego esencialmente por Rusia, con el riesgo de perder una guerra convencional de alto nivel.

Desde 2014 la exhibición rusa de capacidad militar (Crimea y Ucrania) ha traumatizado a los generales militares de Estados Unidos, que ahora cuentan una situación tan desastrosa de sus fuerzas que no se puede descartar la perspectiva de una grave derrota militar.

“Hay muy pocos jefes militares estadounidenses desde la Revolución (1771-1783) que hayan tenido que preocuparse por su inferioridad ante el enemigo, en número y en tecnología”, escribió el 7 de abril Sydney J. Freedberg, de “Breaking Defense”.

“Pero con las crecientes amenazas, los efectivos de Estados Unidos en declive y los drásticos recortes en los presupuestos de modernización -dijo el general McMaster al Senado- [el ejército] será superado en número y capacidad de fuego y deberemos detener como sea esta tendencia al hundimiento de nuestro ejército antes de que sea demasiado tarde”.

Refiriendo distintos ejemplos, McMaster fija el caso de los vehículos blindados Abrams y Bradley, previstos para seguir en servicio los próximos 50 ó 70 años y ahora mismo ya vulnerables a los nuevos sistemas anticarro (esencialmente rusos, ciertamente).

Desde la guerra de Corea en 1950, ningún soldado estadounidense ha muerto a causa de un ataque aéreo enemigo, según el axioma de la total superioridad aérea de Estados Unidos. Ahora los generales acaban de descubrir la capacidad antiaérea de defensa y de control del espacio aéreo, denominada Anti Access (Area Denial o A2/AD): “Hace ya muchos años que planteamos el principio de que éramos capaces de conseguir y mantener la superioridad aérea. La guerra en Ucrania ha puesto en cuestión este principio”.

No se trata de los habituales montajes de los generales para conseguir dotaciones presupuestarias. Esta vez, todos los índices van en el mismo sentido y muestran que, desde la crisis ucraniana, la anexión de Crimea y el apoyo ruso a los independentistas anti-Kiev en la misma Ucrania, con el “suplemento” de la campaña siria, los generales han tomado conciencia, por un lado, de la potencia militar rusa y, por el otro, de la disgregación de la capacidad militar de Estados Unidos.

En referencia a la capacidad rusa para localizar a las grandes unidades y sus cuarteles generales gracias a sus medios electrónicos, el general Milley ha hablado de la posibilidad de perder una guerra, sobre todo a partir del ejemplo del despliegue de grandes unidades en tiempo de guerra: “Si hay que desplegar una brigada o una división, la huella [electrónica] en el suelo del cuartel general de esta unidad es muy grande [y] si se emiten una gran cantidad de señales electrónicas procedentes de radios, de ordenadores y de toda esta categoría de útiles de los que disponemos […] Hemos visto en Ucrania que [los rusos] pueden identificar y situar la concentración de esta señal muy rápidamente, y enviar drones de reconocimiento localizar y hacerse con el objetivo, lanzar fuego de artillería masivo en contra, y estamos muertos. En las futuras guerras, las ‘pistas electrónicas’ importantes llevarán a pérdidas significativas, y potencialmente […] a la derrota en una batalla, en una campaña, y en la misma guerra”.

Aunque es un poco menos pesimista que McMaster, Milley añade más en función de las perspectivas de desarrollo, principalmente en efectivos, debidas a las restricciones impuestas por los recortes presupuestarios:

“Ni la apreciación de ‘alto riesgo’ que pesa sobre el ejército estadounidense toma en cuenta lo que podría suceder si la [ley de] recortes presupuestarios se aplica de nuevo el próximo año. Significaría que las fuerzas efectivas de combate disminuirían aún más de 450.000 a 420.000 hombres, lo que implicaría la posibilidad de un verdadero desastre en caso de tener que responder a una importante crisis mundial”.

Ha comenzado la guerra mundial: rompan el silencio

John Pilger

He estado filmando en las Islas Marshall, ubicadas al norte de Australia, en medio del Océano Pacífico. Siempre que le digo a las personas dónde he estado, me preguntan, “¿dónde es eso?” Si les ofrezco una pista haciendo referencia a “Bikini”, dicen, “te refieres al traje de baño”.

Pocos parecen estar conscientes que el traje de baño de tipo bikini fue nombrado de ese modo como celebración de las explosiones nucleares que destruyeron la Isla Bikini. Fueron detonados sesenta y seis dispositivos nucleares por parte de Estados Unidos en las Islas Marshall de 1946 a 1958 – lo equivalente a 1,6 bombas en Hiroshima cada día durante doce años.

Bikini se encuentra muda hoy, mutada y contaminada. Los árboles de palmeras crecen en una rara formación de rejilla. Nada se mueve. No hay pájaros. Las lápidas en el viejo cementerio están cargadas con radiación. Mis zapatos registraron “inseguro” en el contador Geiger.

Parado en la playa vi como el verde esmeralda del Pacífico se desvanecía dentro de un hoyo negro extenso. Éste fue el cráter creado por la bomba de hidrógeno a la que llamaron “Bravo”. La explosión envenenó a las personas y su medio ambiente por cientos de millas, tal vez para siempre.

Durante mi viaje de regreso, me detuve en el aeropuerto de Honolulu y noté una revista estadounidense titulada “Women’s Health”. En la portada se encontraba una mujer sonriente con un bikini, y el encabezado decía; “Tú también, puedes tener un cuerpo de bikini”. Unos días antes en las Islas Marshall, entrevisté a mujeres que tenían diferentes “cuerpos de bikini”; cada una de ellas había sufrido cáncer de tiroides y otro tipo de cánceres que amenazaban su vida.

A diferencia de la mujer sonriente en la revista, todas ellas estaban empobrecidas: las víctimas y conejillos de indias de una súper potencia rapaz que hoy es más peligrosa que nunca.

Relato esta experiencia como un aviso para interrumpir una distracción que nos ha consumido a muchos de nosotros. El fundador de la propaganda moderna, Edward Bernays, describió este fenómeno como “la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones” de las sociedades democráticas. Lo llamó “gobierno invisible”.

¿Cuántas personas son conscientes de que una guerra mundial ha comenzado? En el presente, es una guerra de propaganda, de mentiras y distracción, pero esto puede cambiar de forma instantánea con la primera orden equivocada, el primer misil.

En 2009, el presidente Obama se presentó frente a una audiencia que lo adoraba en el centro de Praga, en el corazón de Europa. Prometió “liberar al mundo de las armas nucleares”. Las personas lo vitoreaban y algunas lloraban. Un torrente de lugares comunes fluían en los medios de comunicación. Obama fue galardonado posteriormente con el Premio Nobel de la Paz.

Todo era falso. Estaba mintiendo.

La administración de Obama ha construido más armas nucleares, más ojivas nucleares, más sistemas de suministro nuclear, más fábricas nucleares. El gasto de las ojivas nucleares por sí solo, ha crecido más bajo la administración de Obama que cualquier otro presidente estadounidense. El costo a lo largo de treinta años es más de 1 billón de dólares.

Una mini bomba nuclear está planeada. Es conocida como B16 Modelo 12. Nunca ha existido nada parecido. El General James Cartwright, un ex vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, ha dicho “hacerlas más pequeñas [hace que utilizar estas armas nucleares] sea más viable como opción”.

En los últimos dieciocho meses, la mayor construcción de las fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial – liderada por Estados Unidos – está tomando lugar a lo largo de la frontera al poniente de Rusia. Desde que Hitler invadió la Unión Soviética no se han presentado tales demostraciones de amenaza contra Rusia.

Ucrania – alguna vez parte de la Unión Soviética – se ha convertido en el parque de diversiones de la CIA. Tras haber orquestado un golpe en Kiev, Washington controla de forma efectiva un régimen que se encuentra a un lado y es hostil con Rusia: un régimen podrido de nazis, literalmente. Figuras prominentes del parlamento en Ucrania son descendientes políticos de fascistas importantes de la Organización de Nacionalistas de Ucrania y la fuerza Paramilitar Nacionalista de Ucrania.

Esto es noticia rara en Occidente, o se invierte para suprimir la verdad.

En Latvia, Lituania y Estonia -a un lado de Rusia- los militares de EE.UU están desplegando tropas de combate, tanques, armamento pesado. Esta provocación extrema a la segunda potencia mundial se encontró con el silencio en Occidente.

Lo que hace aún más peligroso el prospecto de una guerra nuclear, es la campaña paralela en contra de China.

Rara vez pasa un día en el que el estatus de China no sea elevado a una “amenaza”. De acuerdo con el almirante Harry Harris, el comandante del Pacífico de EE.UU, China está “construyendo una gran muralla de arena en el sur del Mar de China”.

A lo que él se refiere es que China está construyendo pistas de aterrizaje en las Islas Spratly, que han sido objeto de discusión con Filipinas – una disputa sin prioridad hasta que Washington presionó y sobornó al gobierno en Manila, y el Pentágono entonces lanzó una campaña de propaganda llamada “libertad de navegación”.

¿Qué significa esto realmente? Esto es la libertad que tienen buques de guerra estadounidenses para patrullar y dominar las aguas costeras de China. Trate de imaginar la reacción estadounidense si los buques de guerra chinos hicieran lo mismo en la costa de California.

Realicé una película llamada “La guerra que usted no ve”, en donde entrevisté a diversos periodistas distinguidos de América y Gran Bretaña: reporteros tales como Dan Rather de la CBS, Rageh Omar de la BBC y David Rose del Observer.

Todos ellos dijeron que tenían periodistas y emisoras que hicieron su trabajo y se cuestionaban la propaganda de que Saddam Hussein tuviera armas de destrucción masiva; si las mentiras de George W. Bush y Tony Blair hubieran sido amplificadas y difundidas por los periodistas, en 2003 la invasión de Irak tal vez no hubiera ocurrido, y cientos de miles de hombres, mujeres y niños estarían vivos hoy.

La propaganda que prepara el terreno para una guerra en contra de Rusia y/o China no es diferente. Hasta donde yo sé, ningún periodista de la “corriente dominante” de Occidente -el equivalente a Dan Rather, por ejemplo- se pregunta por qué China está construyendo pistas de aterrizaje al sur del Mar Chino.

La respuesta debería ser deslumbrantemente obvia. Estados Unidos está cercando a China con una red de bases, misiles balísticos, grupos de batalla, bombarderos con armas nucleares.

Este arco letal se extiende desde Australia hasta las islas del Pacífico, las Marianas, las Marshalls y Guam, hasta Filipinas, Tailandia, Okinawa, Korea y cruza Eurasia hacia Afganistán e India. Estados Unidos ha puesto una soga alrededor del cuello de China. Esto no es noticia. El silencio de los medios; la guerra por medios.

En 2015, con un alto secretismo, Estados Unidos y Australia escenificaron el más grande ejercicio militar individual de la historia actual, conocido como el Sable Talismán. Su meta era ensayar un plan de Guerra de Aire-Mar, bloqueando vías marítimas, tales como el paso de Malacca y el paso de Lombok, que interrumpen el acceso de China al petróleo, gas y otras materias primas vitales de Medio Oriente y África.

En el circo conocido como la campaña presidencial de Estados Unidos, Donal Trump es presentado como un lunático, un fascista. Ciertamente es odioso; pero también es una figura que es blanco del odio de los medios. Eso por sí solo debería despertar escepticismo.

Las visiones de Trump sobre migración son grotescas, pero no más grotescas que las de David Cameron. No es Trump quien es el Gran Deportador de los Estados Unidos, sino el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama.

De acuerdo a un prodigioso comentarista liberal, Trump está “desatando las fuerzas obscuras de la violencia” en Estados Unidos. ¿Desatándolas?
 

Éste es el país donde los niños tirotean a sus madres y la policía libra una guerra homicida en contra de los negros estadounidenses. Éste es el país que ha atacado y ha tratado de derrocar más de 50 gobiernos, muchos de ellos democráticos, ha bombardeado desde Asia hasta Medio Oriente, causando las muertes y el despojo de millones de personas.

Ningún país puede igualar este récord sistemático de violencia. La mayoría de las guerras de Estados Unidos (casi todas en contra de países indefensos) han sido lanzadas no por los presidentes republicanos, sino por los liberales demócratas: Truman, Kennedy, Johnson, Carter, Clinton y Obama.

En 1947, una seria de directivas del Consejo de Seguridad Nacional describió el objetivo primordial de la política exterior de Estados Unidos como “un mundo sustancialmente hecho a la propia imagen de [Estados Unidos]”. La ideología era el americanismo mesiánico. Todos somos estadounidenses. De lo contrario habría consecuencias. Los herejes serían convertidos, subvertidos, comprados, calumniados o aplastados.

Donald Trump es un síntoma de esto, pero también es un disidente. Dice que la invasión de Irak fue un crimen; no quiere ir a la guerra en contra de Rusia y China. El peligro para el resto de nosotros no es Trump, sino Hillary Clinton. Ella encarna la resiliencia y la violencia de un sistema cuya cacareada “excepcionalidad” es totalitaria con una cara liberal ocasional.

Conforme la elección presidencial se acerca, Clinton será aclamada como la primera presidenta de sexo femenino, con independencia de sus crímenes y mentiras – al igual que Obama fue alabado como el primer presidente negro y los liberales se tragaron la tontería de la “esperanza”. Y el babeo continúa.

Descrito por el columnista del Guardian, Owen Jones, como “chistoso, encantador, con una actitud cool que elude prácticamente a todos los demás políticos”, Obama mandó el otro día drones para matar a 150 personas en Somalia. Usualmente mata gente los martes, de acuerdo con el New York Times, cuando se le entrega una lista de candidatos a muerte por drones. ¡Qué cool!

En la campaña presidencial de 2008, Hillary Clinton amenazó con “borrar del mapa” a Irán con armas nucleares. Como Secretaria de Estado bajo Obama, participó en el derrocamiento del gobierno democrático de Honduras. Su contribución a la destrucción de Libia en 2011 fue casi alegre. Cuando el líder libio, el coronel Gadafi, fue sodomizado públicamente con un cuchillo – un asesinato posible gracias a la logística de Estados Unidos – Clinton se regodeó con su muerte: “Vinimos, vimos, él murió”.

Una de las más cercanas aliadas de Clinton, Madeleine Albright, es decir, la ex secretaria de Estado, quien ha atacado a mujeres jóvenes por no apoyar a “Hillary”, es la misma Madeleine Albright que de manera infame celebró en televisión la muerte de medio millón de niños iraquíes con un “valió la pena”.

Entre los mayores partidarios de Clinton está el lobby de Israel y las empresas de armas que alimentan la violencia en Medio Oriente. Ella y su marido han recibido una fortuna de Wall Street. Y, sin embargo, ella está a punto de ser ordenada candidata de las mujeres, para despedir el mal de Trump, el demonio oficial. Sus partidarios incluyen distinguidas feministas: de la talla de Gloria Steinem en los EE.UU. y Anne Summers en Australia.

Hace una generación, un culto post-moderno que ahora se conoce como la “política de identidad” impidió a muchas personas inteligentes y de ideas liberales examinar las causas y las personas a las que apoyaron – tales como la falsedad de Obama y Clinton; tales como los movimientos falsos progresistas como Syriza en Grecia, que han traicionó al pueblo de ese país y se aliaron con sus enemigos.

El ensimismamiento, una especie de “yo-ismo”, se convirtió en el nuevo espíritu de la época en las sociedades occidentales privilegiadas y señaló la desaparición de los grandes movimientos colectivos contra la guerra, la injusticia social, la desigualdad, el racismo y el sexismo.

Hoy en día, el largo sueño puede haber terminado. Los jóvenes se están agitando de nuevo. Gradualmente. Las miles de personas en Gran Bretaña que apoyaron a Jeremy Corbyn como líder del Partido del Trabajo son parte de este despertar – al igual que los que se unieron para apoyar al senador Bernie Sanders.

La semana pasada en Gran Bretaña, el aliado más cercano de Jeremy Corbyn, su tesorero sombra John McDonnell, comprometió a un gobierno laborista a pagar las deudas de los bancos pirata y, en efecto, a continuar la llamada austeridad.

En los EE.UU., Bernie Sanders se ha comprometido a apoyar a Clinton si o cuando ella sea nominada. También él ha votado en favor del uso de la violencia estadounidense contra otros países, cuando piense que es lo “correcto”. Dice que Obama ha hecho “un gran trabajo”.

En Australia, hay un tipo de política mortuoria, en el que los juegos parlamentarios tediosos se juegan en los medios de comunicación, mientras que los refugiados y las personas indígenas son perseguidas y la desigualdad crece, junto con el peligro de guerra. El gobierno de Malcolm Turnbull acaba de anunciar un llamado presupuesto de defensa de casi 195 mil millones de dólares, que es un impulso a la guerra. No hubo debate. Silencio.

¿Qué ha pasado con la gran tradición de la acción popular directa, libre de los partidos? ¿Dónde está el coraje, la imaginación y el compromiso requeridos para un largo camino hacia un mundo mejor, justo y pacífico? ¿Dónde están los disidentes del arte, el cine, teatro y la literatura?

¿Dónde están aquéllos que romperán el silencio? ¿O nos tenemos que esperar hasta que el primer misil nuclear sea lanzado?

Fuente: http://es.sott.net/article/45325-Ha-comenzado-una-guerra-mundial-Rompan-el-silencio

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