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Día: 15 de marzo de 2016 (página 1 de 1)

Acabar con el capitalismo acabando con los tipos de interés

John Keynes
John Keynes fue un perro de presa de los monopolios. Su teoría económica, que estuvo de moda en la posguerra, fue elaborada para frenar la crisis general del capitalismo. Su obra más conocida, “Teoría general del empleo, el interés y el dinero”, la escribió en 1936 y acaba con unas conclusiones tituladas “Notas finales sobre la filosofía social a la que la teoría general puede conducir”.

¿A qué “filosofía social” se refería Keynes?, ¿a dónde conduce su “teoría general”? A lo que él, como tantos otros burgueses, aún hoy día, consideran como “socialismo”. Keynes es de los pocos que sabía que, ya en 1936, el capitalismo no tenía ningún futuro y que llegaría algo nuevo. A eso él lo llama “socialismo”. No es realmente socialismo, pero da el pego.

Keynes pretende que el capitalismo acabe de una manera elegante y lo llama “eutanasia dulce” porque cree que su “socialismo” llegará de esa manera, sin violencia (si es que se puede decir que la muerte no es violencia).

Más exactamente, Keynes se refiere a la eutanasia de lo que considera como un “poder opresivo acumulativo” de los prestamistas. Para acabar con esa opresión hay que suprimir los tipos de interés, porque “si a veces existen razones intrínsecas a la escasez de tierra, no hay ninguna razón intrínseca para la escasez de capital”.

Para Keynes los tipos de interés reducidos son la respiración asistida del prestamista, al que se propone exterminar. Para ello hay que recurrir a algo aún más drástico: los tipos de interés negativos. Ese es el final del capitalismo y el surgimiento de un nuevo modo de producción para Keynes.

En julio de 2012 la periodista Izabella Kaminska escribió algo parecido en el “Financial Times”: los tipos de interés negativos son la muerte del capital financiero y lo que es aún peor, el fortalecimiento de lo que llamaba “una distribución monetaria pública descentralizada o nacional”.

¿Estamos, pues, en la antesala del socialismo, como creía Keynes?

A pesar de ser los propietarios de los medios de producción, los burgueses como Keynes tienen un concepto equivocado de lo que es público (ajeno) y de lo que es privado (propio). Además, tienen un concepto equivocado de la economía “real” y de la economía financiera, que es el que trasladan a todos esos sectores pequeño-burgueses que llaman “anticapitalismo” al viejo socialismo utópico de la primera mitad del siglo XIX.

Son debates propios de ingenuos que vuelven una y otra vez, a pesar de que Marx los ridiculizó -entre otras- en el “Manifiesto Comunista”: socialismo pequeño burgués, socialismo feudal, socialismo verdadero… Keynes y los nuevos “anticapitalistas” encajan ahí a la perfección.

Las hipotecas han contribuido, además, a desatar una nueva fobia contra los bancos. Hasta los parlamentarios les exigen que concedan préstamos para estimular la economía “real”.

Todo esto resulta muy sorprendente cuando a los bancos centrales de las mayores potencias mundiales se les achaca la implementación de una política monetaria “neoliberal”, totalmente opuesta al socialismo. ¿Son socialistas hasta los neoliberales?

Desde el siglo XVIII en Inglaterra -y en otros países- algunas corrientes económicas burguesas han criticado a dos sectores sociales de las clases dominantes, los terratenientes y los banqueros (usureros), para favorecer a un tercer sector: la burguesía industrial. Incluso esas corrientes, como en el caso de Keynes, se presentan como partidarias del “socialismo” y de la economía “real”.

El capital financiero tiene muy mala prensa desde siempre. Ahora mismo parece que los bancos entorpecen el desarrollo del capitalismo y hay quien va más allá y habla de su “nacionalización”. Incluso en medio de la marejada, algunas medidas van en esa línea.

Stratfor advierte del estallido de una nueva guerra mundial

George Friedman
George Friedman, fundador de la empresa de inteligencia Stratfor, asociada a la CIA, ha destacado la posibilidad de que estalle una nueva guerra mundial en Europa y en el Pacífico. Las contradicciones del actual “sistema de relaciones internacionales” pueden ser la fuente de nuevos e irresolubles conflictos.

La prolongada ausencia de guerras en Europa desde 1945 no asegura que no estallen en lo sucesivo, ha manifestado Friedman. “De 1815 a 1871 Europa no conoció ninguna guerra entre Estados, cualquiera que fuera”, dijo, añadiendo que la Primera Guerra Mundial llegó en ese contexto.

En el momento actual, la transformación de las relaciones internacionales podría provocar una gran guerra. “Nunca ha habido un siglo sin guerra ‘sistémica’, es decir, cuando el sistema entero se rompe. Estarían Ustedes dispuestos a apostar que este siglo será el único que no verá una” guerra ‘sistémica’?, preguntó Friedman.

El dirigente de Stratfor apunta que los escenarios posibles de una nueva guerra serían Europa del este, Oriente Medio y el Océano Pacífico. Un eventual conflicto entre Rusia y Polonia o entre Rusia y Turquía podrían desencadenar un choque de proporciones internacionales.

En el Pacífico, los territorios disputados en el Mar de China Meridional provocarían unas hostilidades en las que Japón tomaría parte, según Friedman.

“Cuando hay países en declive, como Alemania, China y Rusia, que están a punto de ser sustituídos por otros, puede empezar una guerra ‘sistémica’. A partir de ese momento la situación se convierte en peligrosa porque aún no se ha alcanzado el equilibrio. Prepárense para una guerra, advirtió.

Stratfor es una empresa estadounidense fundada en 1996 por la CIA que vive del onanismo intelectual. Más que información lo que vende es algo distinto: informes, especulaciones, previsiones y pronósticos sobre grandes asuntos de esos que llaman “geopolítica”.

Tanto sus fuentes como sus clientes son secretos (aunque todo el mundo los conoce).

Los viejos derechos democráticos van desapareciendo de Europa

Retrato de Aznar pintado por Bush
Un principio básico de los Estados democráticos es que a un nacional jamás se le extradita hacia un país extranjero. Pero la vieja Europa, la de los derechos y libertades, es una especie en vías de extinción. Se ha consumido tan rápidamente como una colilla.

Han matado dos pájaros de un tiro: en Europa ya ni hay extradiciones ni hay nacionales, es decir, ciudadanos dotados con derechos. Eso forma parte del pasado. Tras las fuertes corrientes migratorias, los que se califican como “nacionales” no lo son tanto.

Veamos varios ejemplos. Bélgica ha extraditado a un “nacional” llamado Ali Aarass nada menos que a Marruecos y pronto lo hará con otro, Bahar Kimyongür, a Turquía.

Por su parte, Rumanía extradita a Estados Unidos a su ciudadano Marcel Lazar Lehal, más conocido en internet como Guccifer. ¿Cómo enfrentarse a Estados Unidos? Rumanía ha claudicado: le importa más Obama que sus propios ciudadanos.

La biografía de Guccifer es apasionante. Se trata de un taxista en paro de 42 años y pirata informático. Su caso tiene cierto parecido al de Snowden. Su crimen ha sido publicar los retratos que pintaba Bush al estilo de otro pintor famoso: Hitler. Entre sus obras más famosas están un autorretrato suyo en el baño y un retrato… de su amiguete Aznar.

Bush ha sido un artista maravilloso del retrato tanto como de la política, y en lugar de agradecer a Guccifer que nos diera a conocer la otra faceta de Bush… le persiguen. ¿Qué hubiera ocurrido si quien pide la extradición hubiera sido Putin?, ¿no hablarían de atentado contra la libertad de expresión?

Además, Guccifer publicó los correos electrónicos en los que Hillary Clinton dejaba en evidencia el papel de Estados Unidos en el asesinato de Gadafi y el golpe de Estado en Libia.

En marzo de 2013 el pirata rumano envió a la prensa los mensajes capturados a la entonces secretaria de Estado y al año siguiente la fiscalía interpuso una querella, no contra Clinton, naturalmente, sino contra el pirata.

Aquel año los tribunales rumanos le condenaron a cuatro años de cárcel por piratería, es decir, que le van a juzgar dos veces por los mismos hechos, una en Rumanía y otra en Estados Unidos.

En alguna entrevista Guccifer ha dicho que no le importa que le lleven a Estados Unidos, que va a los tribunales “a luchar”. ¡Bravo! Nos gustan los delincuentes como Guccifer.

La criminalización de Hezbollah por la Liga Árabe es parte de la victoria de Siria

Amin Hoteit

Inmediatamente después de su derrota en Líbano en 2000, Israel comenzó a buscar la respuesta que compensaría su fracaso ante Hezbollah. Para ello, organizó la primera “Conferencia de Herzliya”. Luego llevó a cabo una serie de acciones hostiles contra la región, antes de llegar a su guerra contra el Líbano en 2006. Agresión sobre la que apostó el proyecto norteamericano-sionista como punto de partida de la creación de un Oriente Medio controlado por Estados Unidos, en donde no existiría un lugar para la resistencia ni para los que podrían soñar con ella. Pero el combate heroico de Hezbollah disipó sus sueños hostiles, resultando victorioso en esta guerra, instaurando las bases de una “disuasión activa” dolorosa para Israel.

Una de las consecuencias de esta victoria de 2006 fue el giro de los planificadores de ese proyecto de ocupación colonizadora hacia la estrategia denominada “soft power”, traducible como “poder inteligente”, tal y como el adoptado por las fuerzas de la OTAN en 2010, que tuvo como resultado el catastrófico incendio que Occidente presentó como la “primavera árabe”; en realidad una primavera norteamericana-sionista destinada a devastar el “Eje de la Resistencia” a partir de su principal baluarte, Siria.

Pero pese a la multiplicación de planes y estrategias, Siria, el Eje de la Resistencia y últimamente Rusia, han conseguido crear una nueva perspectiva fundamentada en tres constataciones:

– la agresión es incapaz de alcanzar sus objetivos, permaneciendo Siria unida e indivisible
– el peso militar y estratégico del Eje de la Resistencia es ahora más importante que hace cinco años
– el tiempo juega a favor de la Resistencia, y los agresores, cada día que pase, podrán obtener menos que el día anterior

De ahí procede la terrible decepción y la horrible frustración de los agresores y de sus aliados, estando cada uno de ellos condenado a escoger el camino para aliviar sus pérdidas y, eventualmente, invertir la situación en el momento oportuno. Eso es lo que explica la dispersión de la tomas de posición y la discordia convertida en la característica dominante en el seno de su bando, dividido entre realistas y los que se niegan a ver los hechos. En esta última categoría se encuentran Arabia saudí e Israel, protegidos por Estados Unidos, que, sin embargo, presiden la parte de los realistas, dirigiéndose hacia una solución política.

Arabia saudí considera que su fracaso en Siria se añade a todos sus demás fracasos en la región, lo que anula su espacio estratégico vital y lleva inevitablemente a la pérdida de su capacidad de controlar las decisiones del mundo árabe y musulmán.

En cuanto a Israel, este fracaso significa el fin del sueño por el que ha trabajado desde hace al menos quince años: destruir a Hezbollah, desmantelar el Eje de la Resistencia. Además, este fracaso coincide con el refuerzo de las capacidades militares de Hezbollah, que le permite alcanzar una nueva igualdad de disuasión estratégica, colocando a Israel ante la incapacidad de llevar a cabo por si solo una guerra victoriosa.

Y, como guinda para exacerbar la amargura de unos y otros, la cuestión siria emprende el camino de una solución política que supone, en caso de ser aplicada por todas las partes, consagrar los beneficios de los ganadores y las pérdidas de los perdedores, con algunos regalos de compensación que harían el fracaso menos estrepitoso.

Un contexto que ha llevado a israelíes y saudíes a intentar invertir la situación y volver al terreno para compensar estas pérdidas, alcanzando sus objetivos en todo o en parte. De ahí la alianza israelí-saudí declarada públicamente, tras haber sido durante mucho tiempo secreta, sin ninguna contemplación hacia palestinos, árabes y musulmanes, una alianza cuyo plan se resume en cuatro puntos:

El primer punto es la criminalización de Hezbollah y su resistencia, rodeándole por todos los flancos para hacer creer que constituye un peligro para el mundo entero, alcanzando así condiciones para una coalición internacional en su contra, semejante a la formada contra el Califato Islámico. Israel podría formar parte de esta coalición y por consiguiente no tendría que asumir en solitario la carga de combatir, escapando a la reciente situación de disuasión estratégica que se le ha impuesto. En este objetivo, los dos aliados compartirían las tareas.

Arabia saudí se ha encargado de presentarlo como una “organización terrorista”, bajo el pretexto de que representa “una amenaza para la seguridad nacional árabe”. Ha comenzado a trabajar a nivel local, antes de acudir al Consejo de Cooperación del Golfo y al Consejo de Ministros árabes de Interior. Tendrá que continuar su búsqueda en la cumbre árabe prevista para abril, y luego en la ONU.

Por lo que respecta a Israel, su tarea consiste principalmente en centrarse en la amenaza que Hezbollah representaría para “la población civil israelí y para la estabilidad de Oriente Medio”, y de ahí proceden sus declaraciones sobre sus capacidades ofensivas de 41.000 combatientes muy experimentados y 100.000 misiles, cuyo alcance sería de 10 a 350 kilómetros.

El segundo punto se basa en la explosión de la situación de seguridad libanesa y en la apertura de numerosos frentes contra Hezbollah, asociado al corte de sus medios y refuerzos. Es la causa de la escalada en el tono del discurso político y del transporte de armas hacia el Líbano.

Forma parte de esta operación el barco abordado actualmente en Grecia, que tras partir de Turquía se dirigía hacia Trípoli (Líbano) con 6.000 armas de fuego a bordo, incluyendo fusiles de alta precisión y 45 toneladas de municiones y explosivos. Y, de otra manera, la anulación de la “donación” saudí al ejército y a las fuerzas de seguridad libanesas formaría parte de esta misma operación, con el fin de privarlos de los medios necesarios para el restablecimiento de la seguridad una vez instalada la desestabilización.

El tercer punto consiste en desencadenar la guerra contra Hezbollah, tras la constitución de una amplia coalición internacional parecida a las que hemos conocido en el transcurso de las tres últimas décadas, comenzando por la instrumentada para liberar a Kuwait de Saddam Hussein y llegando a la supuesta coalición, siempre dirigida por Estados Unidos, contra el Califato Islámico. La idea de los diseñadores de este proyecto saudí-israelí es que esa coalición infligiría a Hezbollah una larga guerra que lo agotaría hasta el punto de exterminarlo.

El cuarto punto estriba en el torpedeo de cualquier solución política en Siria, planteando condiciones previas inaceptables hasta el fin del mandato presidencial de Obama, con la esperanza del regreso de los republicanos antes de concretar cualquier acuerdo. Así sería mucho más fácil discutir el asunto sirio y todos los demás asuntos, incluyendo el de Hezbollah. De ahí la obstinación del ministro saudí de Asuntos Exteriores en bloquear la solución prevista, aferrándose a la destitución del Presidente sirio.

La fase inicial de este proyecto, desarrollado por el régimen sionista en Israel, se está ejecutando por Arabia saudí utilizando todas las posibilidades mediáticas, financieras y políticas. Pese a ello, descartamos la posibilidad de que el plan saudí-sionista alcance el éxito yendo más allá de este estadio, porque las evoluciones en el escenario sirio y regional así como la coyuntura de las relaciones internacionales y regionales no le anuncian el triunfo. Hay que recordar el fracaso de su coalición árabe, de su coalición islámica y, últimamente, el rechazo al acatamiento por parte de los ministros de Interior de los principales Estados árabes, para afirmar que la locura saudí no lleva al éxito.

En cuanto a Israel, podría considerarse ganador cualquiera que sea el desenlace, porque le basta recoger los beneficios de la “normalización con los árabes”, con los que se situaría en la misma trinchera contra Hezbollah, contemplado como el enemigo que lo obliga a gastar el 80 por ciento de su producto nacional en su defensa y en su seguridad.

Lo más peligroso de esta alianza denominada “árabe-israelí”, es que pueda pasar página de la cuestión palestina, llevando a su abandono por los árabes. Consideramos que Hezbollah prepara para cada situación la respuesta que conviene, a fin de ofrecer a quienes le apoyan la victoria que merecen.

Fuente: http://thawra.sy/_kuttab_a.asp?FileName=42100984920160306222201

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