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Día: 26 de febrero de 2016 (página 1 de 1)

El plan B de Kerry para Siria es el plan A

La víspera de las conversaciones de Munich sobre la guerra de Siria, Kerry concedió una entrevista a David Ignatius, un periodista del Washington Post, en la que vertía las típicas amenazas propias de todos los imperialistas, antes incluso se sentarse sobre la mesa para hablar.

“Lo que estamos haciendo es probar la seriedad” de las intenciones rusas e iraníes, dijo. “Y si no son serias, entonces habrá que considerar un plan B… No nos quedaremos de brazos cruzados”, añadió el secretario de Estado.

Nos quedamos con la mosca detrás de la oreja. ¿Estados Unidos tenía un plan B para Siria por si las negociaciones no iban bien?, ¿en qué consistía?

Como aquello coincidió con otras amenazas, esta vez procedentes de Turquía y Arabia saudí, pareció que el plan B era ese: escalar la guerra con una intervención directa de terceros países sobre el terreno.

Ahora The Guardian dice (*) que no era eso. El plan B es, en realidad, el plan A: la partición de Siria de la que tanto se ha hablado a lo largo de toda la guerra.

Estados Unidos hizo la guerra para dividir a Siria y si falla la paz hay una vuelta al punto de partida. Luego Estados Unidos sólo tiene planes para la guerra. Para ellos la paz sólo es una tregua entre dos batallas.

(*) http://www.theguardian.com/world/2016/feb/23/john-kerry-partition-syria-peace-talks

Podemos e Izquierda Unida apoyan la venta de armas a Arabia saudí

El alcalde de Cádiz, José Manuel González “Kichi”, elegido en las listas de Podemos (“Por Cádiz Sí Se Puede”), pasará a la historia como uno de los más fascistas y reaccionarios que se recuerdan en la Bahía. Ahora es partidario de que España venda material de guerra a la autocracia saudí.

A propuesta del PSOE, el 17 de febrero tanto Izquierda Unida como Podemos aprobaron la venta de corbetas de guerra a Arabia saudí, es decir, votaron lo mismo que PP, PSOE y Partido Andalucista. No hay ninguna diferencia entre ellos.

Pero la camarilla fascista de “Kichi” y los suyos dieron un paso más al pedir una manifestación explícita en contra el “terrorismo” cuando el único terrorismo es el suyo y consiste en vender armas a un régimen criminal como el saudí, que promueve el yihadismo en el mundo entero, ha invadido Yemen y pretende derrocar al gobierno de Damasco por la fuerza.

El fascismo de “Kichi” se quiso lavar la cara con demagogia de la barata, al pedir que el gobierno que, para garantizar el respeto a los Derechos Humanos en Arabia Saudí, promueva contratos no sólo con el sector militar sino también con el civil y así asegurar “carga de trabajo sostenible para los astilleros de la Bahía de Cádiz”.

En la Diputación de Cádiz, Izquierda Unida también ha votado a favor de la venta de armas, aunque el hipócrita de Antonio Alba, de Izquierda Unida, dice que padece “problemas de conciencia” con este asunto. Se equivoca; no sabe lo que es la conciencia. Lo que le pasa es que no tiene ninguna clase de conciencia.

La falta de escrúpulos de esta gentuza se manifiesta a través de las palabras del alcalde de Puerto Real, Antonio Romero, también de Podemos, quien dijo que “lo importante es el empleo, venga de Arabia, Venezuela o Alemania”. Sólo le faltó añadir: aunque venga del III Reich.

Sí, eso se llama prostitución, y tampoco son muy imaginativos a lo hora de venderse, pues como decía Jesús Peralta en nombre de Comisiones Obreras, “si no lo hacemos nosotros [los barcos] lo hará cualquier otro país”.

Es una absoluta falta de escrúpulos. Lo realmente importante no es que en Yemen cientos de personas puedan morir por el armamento fabricado en España, sino una invocación contra el empleo que es más falsa que un billete de tres euros.

Si realmente el empleo les importa algo, pueden empezar a denunciar al capitalismo.

Este tipo de organizaciones que se llenan la boca hablando de paz, ¿a qué paz se refieren?

La crisis nos ha hecho descender de clase social

Los sondeos son una de las mejores herramientas para conocer la ideología dominante porque no exponen la situación real de las masas, sino la manera en que se ven a sí mismas. Pero no retratan sólo a los encuestados sino -sobre todo- a los encuestadores. Al más puro estilo americano, lo que preguntan no es por elementos cualitativos sino exclusivamente cuantitativos.

Por ejemplo, ninguna encuesta pregunta a las masas por su adscripción de clase, si se siente miembro del proletariado o de la burguesía, sino por su encaje dentro de una “pirámide social” que el propio encuestador tiene previamente en su cabeza.

La sociedad, pues, es como el ejército, tiene su escalafón, que se puede recorrer hacia arriba y hacia abajo. Naturalmente, que todos queremos “ascender” y si se cumplieran nuestras expectativas, todos estaríamos en lo más alto.

Recientemente MyWorld ha publicado la encuesta Mikroscopia correspondiente al año en curso. Ha entrevistado en línea a 8.500 personas sobre numerosos aspectos de su vida particular y sus sensaciones sobre la crisis capitalista.

De ella se desprende que más de la mitad de las personas cree que la bancarrota económica le ha hecho “descender de clase social”, lo cual las encuestas de pacotilla analizan desde el punto de vista del consumo porque para ellos somos eso exactamente: consumidores.

La directora de MyWorld, Belén Barreiro, afirma que la crisis nos ha transformado profundamente. Ahora nuestro patrón de comportamiento es el de “consumidores ahogados”: ahorramos en todo, tenemos nuevos valores post-crisis y somos exigentes con las empresas, pero ojo: no con las empresas que nos explotan sino con las que nos cobran las llamadas de móvil, la factura de la luz y los yogures caducados del supermercado.

Nuestros hábitos de vida y, sobre todo, de compra han cambiado, dice la encuesta. El 34 por ciento compramos marcas más baratas, de las que -cabe suponer- son peores que las más caras.

Quizá por eso la encuesta concluye que somos “menos materialistas” que antes de la crisis, más solidarios y más empáticos ante el sufrimiento ajeno. Un 66 por ciento creemos que la “desigualdad social” es uno de los problemas más graves de este país.

El 29 por ciento damos menos importancia a las cosas materiales, mientras que un 18 por ciento admite que ahora ayuda a los que lo necesitan y un 36 por ciento confiesa ponerse más en la piel de otras personas.

A final las conclusiones de la encuesta no pueden prescindir de los aspectos cualitativos de la sociedad post-crisis, que no es exactamente piramidal sino dual, ya que en ella convive una sociedad “acomodada, confiada y optimista” con otra “azotada, desconfiada y emocionalmente dañada”.

Si, vuelven las dos Españas de toda la vida: “Las marcas tienen por delante el reto de atender las demandas de dos Españas muy distintas”, ha añadido Barreiro. ¿Marcas?, ¿a qué marcas se refiere?

Las encuestas no dejan de sorprendernos. ¿No les parece maravillosa la sociología “made in USA” que hemos importado en nuestras universidades?

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