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Día: 30 de enero de 2016 (página 1 de 1)

Israel almacena en secreto drones armados con misiles

Los servicios de inteligencia estadounidense y británico han conseguido descifrar los códigos de las emisiones de los drones israelíes, en el curso de una misión de espionaje bautizada “Anarchist”, según reveló ayer el diario israelí “Yediot Aharonot”, tras la desclasificación de los documentos por el ejército del país.

Estas operaciones, que tienen lugar desde hace 18 años desde una base situada en Chipre, según precisa la mencionada publicación, permitirían a estadounidenses y británicos la observación de todas las operaciones israelíes en Gaza, en Siria e incluso en Irán. Según un alto responsable de Israel, ello supondría un “auténtico seísmo” para el país, “la filtración más grave en los anales de la inteligencia” de Israel.

Según documentos proporcionados por el antiguo agente de la NSA Edward Snowden, estadounidenses y británicos habrían seguido “en directo” los vídeos emitidos por los aviones no tripulados desde una base situada en una región montañesa de Chipre. El antiguo espía estadounidense ha proporcionado así mismo una serie de capturas de vídeo con una inusual perspectiva de la flota de drones sionistas, uno de los secretos mejor guardados por Israel.

Las imágenes muestran diferentes tipos de aviones no tripulados, incluyendo lo que parecen ser drones portadores de misiles. Aunque los ataques de drones israelíes hayan sido objeto de informaciones frecuentes, oficialmente Tel-Aviv siempre ha negado el uso de drones armados.

Según Ynet, en 2010 los analistas británicos del servicio de intercepción de comunicaciones GCHQ, con sede en Chipre, capturaron seis minutos de vídeo de lo que parece ser un Heron TP, un dron gigante fabricado por Israel Aerospace Industries. Este aparato estaría provisto de misiles, pudiendo ser utilizado en el marco de un sistema estratégico durante una operación en Irán.

“Este acceso es indispensable para mantener información sobre las maniobras y las operaciones israelíes, y, por consiguiente, para tener una perspectiva general del desarrollo de los acontecimientos en la zona”, se lee en un informe del GHCQ publicado por Snowden, cuyos documentos se refieren especialmente a las campañas ejecutadas por el ejército israelí en Gaza, y principalmente a la operación “Plomo fundido”, en 2008.

Europa vive el ocaso de su civilización

La bandera argelina ondea en París
Con 5,4 millones de habitantes, a Eslovaquia la Unión Europea le impone una cuota para acoger a 2.300 refugiados.

El gobierno ha iniciado los trámites reglamentarios ante el Tribunal Europeo de Justicia para impugnar esa decisión.

Pero no se trata de que quieran acoger menos refugiados, sino de algo muy distinto. Nada menos que en “Pravo”, una revista checa “de izquierda”, el Primer Ministro eslovaco, Robert Fico, ha calificado la política migratoria de la Unión Europea como un “suicidio ritual”.

Los verdaderos motivos no son de índole económica, no es un asunto cuantitativo, de más o menos refugiados, sino racial. Fico habla de “zumo” para referirse a la llegada de refugiados, con sus “costumbres y religiones” diferentes a las “nuestras”.

Pero no aclara cuáles son las costumbres y las religiones típicamente europeas, las que debemos aceptar y las que debemos rechazar, aunque todo llegará. La Unión Europea quiere reeditar el Sacro Imperio Romano Germánico, una unidad no sólo económica y política, sino religiosa y racial.

Hungría ha hecho lo mismo que Eslovaquia y el Primer Ministro checo, Bohuslav Sobotka, ha convocado una cumbre extraordinaria del Grupo de Visegrad (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) para adoptar una postura común contra la entrada de refugiados en la Unión Europea.

La Unión Europea no tiene fronteras; lo que tiene son barricadas. Desde Bruselas, el periodista argelino Aziuz Mojtari escribió hace un par de días un severo artículo para “Le Soir d’Algérie” titulado “Hacia el final sin gloria de los valores europeos” (*).

Los argelinos ven las cosas de manera muy diferente a nosotros y tienen toda la razón. Absolutamente. No hace falta que Europa se suicide, como dice Fico, ni que los emigrantes acaben con nuestra “maravillosa civilización” porque en Europa hace tiempo que no existe ninguna clase de civilización. Si alguna vez Europa tuvo algo de lo que enorgullecerse, la ha perdido para siempre. Ahora no es más que un pozo de mierda que convendría limpiar lo más rápidamente posible.

No se libra ningún país, aunque Mojtari pone el acento en Francia, y vuelve a tener razón: el gobierno ha presentado un proyecto de ley para privar de la nacionalidad francesa a los emigrantes que tengan dos pasaportes y para lograrlo no le ha importado ni reformar la Constitución ni despedir a su flamante ministra de Justicia Christiane Taubira que, por lo que sugiere su nombre, es de religión cristiana; pero sobre todo es negra (cuando falla una cosa, falla la otra).

En el antiguo escenario de la Revolución de 1789, la palabra “emigrante” es sinónimo de magrebí y de argelino, y Francia no puede olvidar que en 1960 la independencia de Argelia humilló la “grandeza” gala para siempre.

Es una revancha. Ni los políticos ni los medios se libran de la pesadumbre de aquella derrota a manos de lo que creían (y creen) que eran una pandilla de salvajes.

El colonialismo se ha acabado pero Europa sigue viviendo del pasado, del recuerdo de lo que fue y ya no es. ¿Valores?, ¿qué valores?, pregunta Mojtari. ¿Derechos?, ¿qué derechos?. ¿Principios?, ¿qué principios?. ¿Ética?, ¿de qué me habla?

(*) http://www.lesoirdalgerie.com/articles/2016/01/27/print-26-190761.php

Los trabajadores inmigrantes están retrasando la quiebra del Estado español

España ha pasado de ser un país de emigrantes a convertirse en uno de inmigrantes. A principios de los noventa apenas había unos centenares de miles de trabajadores inmigrantes; hoy son 5,7 millones. El rápido incremento del tamaño de la mano de obra inmigrante se ha convertido en el caldo de cultivo perfecto para el fascismo y la xenofobia.
Los fascistas dicen que los trabajadores (a los que llaman “extranjeros”) perciben del llamado “Estado del Bienestar” más de lo que aportan. Dicen también que hacen un uso abusivo de los servicios sanitarios, farmacéuticos, educativos o de vivienda. Sin embargo, en 2011 un estudio sobre Inmigración y Estado de bienestar en España, de la Obra Social de La Caixa constató que, a pesar de la crisis económica, la propaganda fascista es mentira, como no podía ser de otra forma. El estudio fue elaborado por Francisco Javier Moreno, del Instituto de Políticas Públicas del CSIC, y por María Bruquetas, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Amsterdam.
Según los investigadores, el balance, incluso en tiempos de crisis, es contundente: los trabajadores inmigrantes residentes en España aportan al llamado “Estado del Bienestar” mucho más de lo que reciben. Aunque los autores del informe no lo cuantifican, subrayan que los obreros inmigrantes aportan hasta tres veces más de lo que reciben: “Los argumentos de sobreutilización y abuso del sistema de protección social por parte de la población están injustificados. Los inmigrantes reciben menos del Estado de lo que aportan a la Hacienda pública”, sentencian los autores. El balance se ha mantenido incluso en los peores momentos de la crisis. Los autores no lo cuantifican pero subrayan que la fuerza de trabajo inmigrante inyecta a las cuentas públicas “dos o tres veces más” de lo que percibe en forma de prestaciones sociales de todo tipo.
Los datos oficiales sobre la aportación de los trabajadores inmigrantes a las arcas públicas han quedado obsoletos. La última cuantificación de los aportes y los gastos de los trabajadores inmigrantes es anterior de la crisis. La Oficina Económica del Gobierno presentó en 2006 un amplio estudio sobre la contribución económica de la fuerza de trabajo inmigrante. Las cifras no podían ser más favorables. Los trabajadores inmigrantes fueron los autores directos de la mitad del crecimiento del PIB español entre 2000 y 2005 (con un 3,6 por ciento de crecimiento medio anual) y su aportación a las arcas del Estado fue altamente positiva: absorbieron el 5,4 por ciento del gasto público, 18.600 millones, y aportaron el 6,6 por ciento de los ingresos totales, con 23.400 millones. El saldo neto de su contribución fue de casi 4.800 millones (la mitad del superávit de entonces del conjunto del sector público). Según el informe del gobierno no había, además, posibilidad alguna de que esa posición cambiara.
Actualmente las aportaciones de los trabajadores inmigrantes siguen siendo superiores a los costes que generan para las arcas públicas. El saldo de casi 5.000 millones que recogía el informe del gobierno de 2006 es lo suficientemente cuantioso como para que se mantenga incluso en tiempos de recesión. Por su parte, el informe de La Caixa constató que algunos de los factores que hacían que la contribución de la fuerza de trabajo inmigrante fuera positiva aún se mantienen.
La inmensa mayoría de la mano de obra inmigrante que han venido son jóvenes en edad de trabajar, y el número de personas dependientes (niños y ancianos) es muy bajo.
Según el estudio, incluso en tiempos de crisis y a pesar del paro, el porcentaje de trabajadores inmigrantes entre los afiliados a la Seguridad Social ha permanecido prácticamente estable, en el entorno del 10 por ciento, con 1,8 millones de trabajadores inmigrantes que pagan sus cotizaciones al sistema público.
Con sus cotizaciones los trabajadores inmigrantes han contribuido a elevar la proporción a 2,5 cotizantes por cada pensionista, y con ello han retrasado en casi cinco años la previsible entrada en déficit del sistema español de pensiones, de 2023 a 2028.
Los datos desmontan los estereotipos que trata de inculcar la propaganda fascista: no consumen más servicios sanitarios, copan menos gasto social que su peso demográfico y aplazan el déficit del sistema público de pensiones.
Lejos de abusar de los servicios sanitarios, los trabajadores inmigrantes hacen un uso muy inferior al que por su peso demográfico le correspondería: los extranjeros consultan un 7 por ciento menos al médico de cabecera que los españoles, y un 16,5 por ciento menos al médico especialista, según datos de la Encuesta Nacional de Salud.
En paralelo, tan sólo el 6,8 por ciento del total de las inversiones de los servicios sociales se dirigen a inmigrantes. Y de éstas, el 60 por ciento tiene por objeto informarles de sus derechos o derivarles a otras instituciones.
Los trabajadores inmigrantes sólo concentran el 11,2 por ciento de los receptores de rentas mínimas de inserción, por lo que el rango de cobertura es considerablemente inferior al que proporcionalmente le correspondería dado que los trabajadores inmigrantes están entre los más explotados de la clase obrera.
La presencia de la inmigración ha supuesto un revulsivo para la incorporación de la mujer española al mercado laboral. La concentración de mujeres inmigrantes en las labores domésticas y en el cuidado de niños y mayores ha facilitado la compatibilización de la vida laboral y familiar de las trabajadoras españolas, con el consiguiente impulso en términos laborales y fiscales para la economía española.
En enero del año pasado se publicaron más datos que desmienten el bulo xenófobo de que los trabajadores inmigrantes saturan el sistema público de salud, y que por tanto elevan el gasto sanitario y bloquean las consultas.
Mientras el 57,7 por ciento de la población española ha acudido al menos una vez al médico en el último año, sólo lo ha hecho el 12,7 por ciento de los trabajadores inmigrantes.
El 52,3 por ciento los españoles padecen enfermedades crónicas, frente a sólo el 27,5 por ciento los trabajadores inmigrantes.
El gasto farmacéutico por paciente es de 374 euros por cada español y sólo de 73,7 euros por cada extranjero.
El gasto público de la sanidad empleado en los trabajadores inmigrantes es sólo un 6,5 por ciento.
Menos del 1 por ciento de los beneficiarios de pensiones en España son extranjeros, y más de la mitad de éstos son ciudadanos de la Unión Europea.
Sin embargo, la propaganda fascista le ha dado la vuelta a la realidad, creando un rechazo irracional hacia los obreros inmigrantes. Según el informe Evolución del racismo y la xenofobia en España, elaborado por iniciativa del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) a partir de encuestas del CIS, el 37 por ciento de los españoles se mostraba en 2009 reacio a los trabajadores inmigrantes, frente a un 33 por ciento de tolerantes y un 30 por ciento de ambivalentes ante el fenómeno.
Una vez más el fascismo está ganando la batalla propagandística. La mentira se impone sobre la realidad.

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