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Día: 24 de octubre de 2015 (página 1 de 1)

Quién lucha y quién ayuda al Califato Islámico

Manuel E. Yepe

“Estados Unidos está perdiendo con rapidez el mínimo respeto de que gozaba en todo el mundo su política internacional. La propaganda de Estados Unidos se está volviendo cada vez más infantil. Cualquier persona racional, mínimamente informada se asombra por el volumen de declaraciones ridículas, engañosas, falaces y absurdas que constantemente emiten altos funcionarios de Washington”, según criterio del analista geopolítico Steven MacMillan, editor de la revista The Analyst Report, en un trabajo especial para la publicación digital “New Eastern Outlook” publicado el reciente 12 de octubre.

Uno de los últimos y más grotescos episodios de este fenómeno fue cuando el presidente estadounidense, Barack Obama, intentó argumentar la falacia de que los ataques aéreos rusos contra el supuesto Califato Islámico en Siria solo están resultando en el fortalecimiento de esta organización terrorista.

Según el presidente estadounidense, la oposición moderada en Siria será una necesidad para que pueda haber una transición política, pero la política rusa está conduciendo a este sector de la ciudadanía a la clandestinidad, creándose una situación que fortalece al Estado Islámico.

Pero la realidad es que los ataques de Rusia han debilitado seriamente al Califato Islámico y a las demás fuerzas terroristas en Siria al bombardear sus almacenes de armamento, campos de entrenamiento, centros de comandos terroristas y otros objetivos claves.

Sobre todo, por comparación de sus resultados con los de la campaña de la coalición encabezada por Estados Unidos, los ataques aéreos rusos han desenmascarado la falacia de que Califato Islámico estaba siendo golpeando efectivamente y a poner en duda las verdaderas intenciones de las acciones de los ataques de la coalición occidental liderada por Estados Unidos.

La genialidad diplomática de Rusia ya había superado a Occidente en las relación con Siria en 2013, cuando Moscú condujo al gobierno sirio a renunciar a su arsenal de armas químicas y así evitar una invasión en gran escala que preparaban las fuerzas occidentales.

Obviamente, la narrativa occidental de que hay terroristas “moderados” combatiendo en Siria en quienes se puede confiar y que se les debe armar, es una falacia total y siempre lo ha sido.

En realidad, nunca ha habido moderados en el conflicto sirio. Estados Unidos se lamenta de que Rusia bombardee a sus protegidos, que son los salafistas, la Hermandad Musulmana y el AQI (Al Qaeda en Irak) que coincidentemente son las principales fuerzas que conducen la insurgencia en Siria, según lo aseguraba en 2012 un informe de inteligencia de la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos), recientemente desclasificado.

Un sólo día después que numerosos países, incluyendo a Estados Unidos, acusaran a Rusia de haber atacado a civiles en Siria, Washington debió reconocer que sus fuerzas habían cometido un crimen de guerra al bombardear un hospital en Afganistán que era operado por la ONG Médicos sin Fronteras, provocando 19 civiles (tres niños incluidos) muertos y 37 heridos.

De ahí que en los propios Estados Unidos han comenzado a aparecer voces de gran peso político en la superpotencia que están aconsejando una óptica diferente en la nueva situación.

El ex secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, analiza en un artículo publicado en el “Wall Street Journal” que el operativo antiterrorista ruso dirigido contra el Estado Islámico en Siria “ha acabado con el orden político en la región de Medio Oriente liderado por Washington a lo largo de 40 años. La Casa Blanca debe actuar de manera más constructiva y reconocer que la destrucción del Califato Islámico es más importante que derrocar al régimen de Bashar al Assad”.

“Estados Unidos ya ha aceptado el papel militar de Rusia y, a pesar de lo triste que esto sea para los arquitectos del sistema en 1973, la atención actual en Medio Oriente debe permanecer centrada en lo esencial y el Gobierno norteamericano a reconocer la necesidad de dialogar con otras grandes potencias”, declaró el ex canciller de Estados Unidos.

Según Kissinger, Estados Unidos debe acabar de entender, que “la principal preocupación de Moscú consiste en evitar que el colapso del régimen de Assad pueda reproducir el caos de Libia, imponer el poder del Califato Islámico en Damasco y convertir a toda Siria en un paraíso para terroristas, que posteriormente podría extenderse a las regiones musulmanas dentro de Rusia, en el Cáucaso y en otros lugares”.

“Pero cualquiera que sea su motivación, las fuerzas rusas ya están en la región y su participación en las operaciones de combate constituye un desafío a la política norteamericana en Oriente Medio a una escala jamás vista al menos a lo largo de cuatro décadas, aseveró.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/10/22/quien-lucha-y-quien-ayuda-al-estado-islamico/

Los nuevos ferrocarriles entre Europa y China tienen un carácter estratégico

El martes entró en servicio un nuevo tren de carga entre la ciudad china de Linyi y Hamburgo, en el norte de Alemania. El primer tren, con alimentos y neumáticos, partió de la estación norte de Linyi, en la provincia oriental de Shandong.

El tren entrará en Rusia por Manzoulia, cerca de la frontera con Manchuria, que es el mayor puerto terrestre de China fronterizo con aquel país, antes de llegar a su destino en Hamburgo.

El tren de carga, con un total de 20 vagones, saldrá cada dos días. Linyi es un importante centro regional de comercio de mercancías, semejante a Yiwu en la provincia oriental de Zhejiang. Varias ciudades chinas, como Chongqing, Chengdu, Changsha, Hefei, Yiwu, Suzhou y Harbin, han lanzado similares servicios de trenes de carga con destino a Europa.

Los bloques internacionales han acabado de perfilarse así. El grueso de las contradicciones del imperialismo se han trasladado al Pacífico. El enorme esfuerzo chino por enlazar por tierra y mar con Europa pone de manifiesto la agudización de las contradicciones con Estados Unidos y Japón. China mira a Rusia y, a través de Rusia, a Europa.

Hace casi ya un año ya se inauguró otra línea de ferrocarril que une a España con China, la ruta experimental entre Madrid y Yiwu, que es la más larga del mundo.

En el futuro China abrirá nuevas vías férreas, además, de marítimas, con Europa en la inversión más gigantesca de las últimas décadas, 40.000 millones de dólares, conocida como “la nueva Ruta de la Seda”. Una atravesará Rusia y la otra discurrirá por Asia central e Irán, bordeando el Mar Caspio por el sur.

El ahorro de tiempo respecto al transporte marítimo que se consigue, nueve días en el caso de la ruta Madrid-Yiwu, no justifica las enormes inversiones. Tampoco el ahorro de coste de transporte es significativo. Se trata de un proyecto estratégico que elude la navegación a través del Estrecho de Malaca y el Canal de Suez, dos cuellos de botella fáciles de cerrar en caso de guerra imperialista.

La naturaleza estratégica del proyecto se comprueba también en el hecho de que la empresa que opera la vía férrea que conectará a China con Europa es de capital germano-ruso.

Tampoco hay que perder de vista que con el gigantesco proyecto de infraestructuras el gobierno de China trata de paliar la crisis de superproducción que atenaza a su economía. Para China el mercado europeo no es sólo la vía de salida a sus excedentes de producción. El núcleo del problema es el propio sector de la construcción, que para seguir funcionando necesita obras por todo el mundo cada vez mayores.

El yihadismo de rostro humano

El Frente Islámico es una organización diferente del Califato Islámico. Surgió en noviembre de 2013 de la unión de otras siete fuerzas opositoras al gobierno de Al-Assad.

Es el grupo más numeroso que lucha contra el gobierno de Siria. Sus efectivos se pueden estimar entre 50.000 y 80.000 milicianos y el dinero procede de Turquía, Qatar y, muy especialmente, de Arabia saudí. Algunos de sus miembros, como los que proceden del Frente Islámico de Liberación, están muy cercanos a la Hermandad Musulmana.

Pero el componente más importante del Frente Islámico es el movimiento salafista Ahrar Al-Sham (“los hombres libres de Siria”). El nombre procede de que la mayor parte de los dirigentes de la organización fueron liberados por el gobierno de Damasco al comienzo de la Primavera Árabe, en un intento de apaciguar los ánimos, por un lado, y de demostrar que la oposición “moderada” no era otra cosa que Al-Qaeda y, por lo tanto, la CIA misma, por el otro.

Consiguió lo segundo, pero no lo primero: los antiguos “presos políticos” sirios pasaron inmediatamente a encabezar los diferentes grupos armados.

Lo mismo que al Califato Islámico, al Frente Islámico también le gusta referirse a Siria como “Sham” (Levante), que es en realidad “la gran Siria”, un territorio que alcanza a Palestina, Líbano, Jordania y parte de Kurdistán turco.

Uno de los dirigentes de Ahrar al-Sham y el Frente Islámico fue Abu Jaled Al-Suri, un delegado enviado por Al-Qaeda a Siria para unir a los distintos grupos yihadistas.

Fracasó y fue asesinado el 23 de febrero de 2014 por el Califato Islámico. Inmediatamente después Ayman Al-Zawahiri le rindió el tributo que corresponde a un dirigente de Al-Qaeda, incluido un vídeo grabado en un campo de entrenamiento en Afganistán en el aparece junto a Bin Laden y al propio Al-Zawahiri.

El asesinato de Al-Suri fue una guerra dentro de otra. En realidad en Siria hay muchas guerras diversas, casi tantas como facciones opositoras al gobierno. Por ejemplo, en setiembre de 2014 Ahrar Al-Sham perdió a 47 de sus dirigentes militares y religiosos en un atentado cuando estaban reunidos en el sótano de una casa en Idlib.

Una potente explosión destruyó la vivienda por completo. Entre los escombros apareció el cadáver de su máximo dirigente, Hassan Abbud, cuya memoria también fue reivindicada en la cuenta de Twitter de Al-Qaeda. A Al-Hamawi le sucedió Hashem el-Sheikh, alias Abu Jaber, al que vemos en la foto de abajo.

Las diferencias entre el Frente Islámico y el Frente Al-Nosra sólo se pueden apreciar con un microscopio de alta resolución. Algunas fuentes dicen que el Frente Islámico está “infiltrado” por el otro Frente. Una de las escasas diferencias entre ambos es que el Frente Islámico se opone al “internacionalismo” de Al-Qaeda y pretende crear una alternativa “nacional” al actual gobierno de Damasco.

Quizá el dirigente español de Ahrar Al-Sham, Labib Nahhas, lo haya explicado bastante bien en un artículo publicado el 10 de julio en el  en el que llamaba a Estados Unidos a revisar su punto de vista sobre los yihadistas y se decidiera a apoyar a los sunitas que combaten tanto al Califato Islámico como al gobierno de Bashar Al-Assad. Nahhas decía que su organización no tenía ningún vínculo con Al-Qaeda, ya que sus ambiciones eran exclusivamente sirias.

Para otros, se trata de disfrazar el muñeco para llevar agua al molino de Al-Qaeda. A comienzos de 2014, Ahrar Al-Sham logró la liberación de Mohammed Haydar Zammar, un miembro de Al-Qaeda que estaba encarcelado por el gobierno de Damasco, acusado de formar parte de la célula de Hamburgo encargada de reclutar a los secuestradores de los vuelos de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas en 2001.

Ambas organizaciones, el Frente Islámico y el Frente Al-Nosra, colaboran en el terreno militar, como en la toma de Idlib, que llevaron a cabo conjuntamente en marzo de este año. Fue un importante revés para el gobierno de Damasco y, posiblemente, uno de los detonantes de la intervención rusa en Siria.

Uno de sus dirigentes actuales, Zahran Allush, es hijo del jeque Abdallah Alushe, un predicador salafista de Damasco. Nacido en Duma, dirigió la milicia Liwa Al-Islam, que reivindicó el atentado cometido en Damasco en 2012 en el que falleció la cúpula militar del gobierno sirio, entre ellos el ministro de Defensa.

Es muy posible que el atentado, también reivindicado por el “Ejército Libre”, fuera obra de la CIA y que Allush quisiera apuntarse el mérito. Pero después del atentado apareció en la televisión libanesa diciendo que no era partidario de la democracia y que no la quería.

También rechaza las reivindicaciones de los kurdos. En una declaración posterior a su fundación, el Frente Islámico anunció que su objetivo es crear un Califato Islámico. La diferencia es que el Califato Islámico ya se considera como tal.

En un vídeo publicado en internet en 2013, titulado “Anuncio del muyahidin Zahran Allush a la comunidad musulmana sobre el desafío de los rafida”, una expresión que se puede traducir como “renegados”. Con ella se refería a la minoría alauita de Siria, de la que había que “limpiar” el país:

“Los muyahidines de Sham limpirán la porquería de los rafida y del rafidismo fuera de Sham, la limpiarán para todos, si dios quiere, hasta que el país de Sham se vea libre de la porquería de los Majus que han combatido la religión de dios”, dice en el vídeo(1).

En julio de 2013 otro de los dirigentes del Frente Islámico llamó a atacar a las viviendas y ciudades alauitas. Le hicieron rectificar una semana después (2). Necesitan parecer moderados para diferenciarse del Califato Islámico, pero apenas lo consiguen.

Si Arabia saudí ha pretendido disimular algo con la creación del Frente Islámico, es evidente que no lo ha conseguido. Apesta a la canalla Al-Qaeda/Frente Al-Nosra. Es el mismo rompecabezas de grupos y grupúsculos que se impuso en Libia tras el asesinato de Gadafi. El mismo laberinto de sangre. No es un intento de retornar a la “gran Siria” unificada del pasado sino de repartírsela en pedazos.

Cuando dicen que los rusos no sólo bombardean al Califato Islámico, se deben referir a grupos de este tipo.

(1) http://youtu.be/ZhlazMjqVME
(2) http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2013/08/syria-opposition-alawite-massacres-sectarianism.html
Foto de familia del Frente Islámico, de izquierda de derecha:
Zahran Allush, Liwa Al-Islam, Frente Islámico
Ahmed Eissa el-Sheikh, Brigada Suqur Al-Sham, Frente Islámico de Liberación
Hashem el-Sheikh (alias Abu Jaber), Ahrar Al-Sham

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