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Día: 22 de octubre de 2015 (página 1 de 1)

Los drones de Estados Unidos no matan a los yihadistas

Desde que Obama asumió la presidencia en 2009, se calcula que Estados Unidos dio muerte a 2.464 personas en ataques con aviones no tripulados enviados fuera de lo que Washington declaró “zonas de guerra”. De ellas en Pakistán el 89 por ciento ni siquiera fueron identificadas como yihadistas.

La cifra fue publicada en febrero 2015 por Jack Serle y el equipo de la Oficina de Periodismo de Investigación, quienes mantienen una base de datos con todos los ataques conocidos, basándose en trabajo de campo, informes de medios y fuga de documentos, que proporcionan una imagen más clara de la escala y el impacto del programa secreto de aviones no tripulados de Estados Unidos en comparación con la información episódica ofrecida por los medios de información.

De acuerdo con datos de la Oficina, los miembros de Al Qaeda representan sólo el 4 por ciento del total de 2.379 personas que murieron por ataques de aviones no tripulados estadounidenses en Pakistán a octubre de 2014, poco más de diez años después de los primeros de ataques ordenados por Bush. Del total de muertes, alrededor del 30 por ciento podría ser identificado y 11 por ciento se definen como militantes. Poco se sabe acerca de las 1.675 víctimas restantes no identificadas. La Oficina de Periodismo de Investigación informó sobre estos números después de un año de recopilar información en varias fuentes a fin de proporcionar una visión general de las bajas en ataques con drones.

Las misiones de ataques mortales selectivos con aviones estadounidenses no tripulados se efectúan principalmente sobre Pakistán, donde la CIA tiene como objetivo debilitar a Al Qaeda y limitar sus movimientos a la vecina Afganistán. El uso de aviones no tripulados se contempla como una forma de esconder la participación de Estados Unidos y eludir el resentimiento en un país que el New Yorker caracteriza como “inestable” y que posee más de un centenar de armas nucleares. Aunque la guerra no oficial con drones para controlar la frontera entre Pakistán y Afganistán terminó a mediados de 2013, la campaña de ataques con aviones no tripulados continuó con cinco bombardeos registrados en enero de 2015, la cifra más alta desde julio de 2014.

En enero se registraron ataques adicionales para matar al menos 45 personas en Somalia y tres en Yemen, donde una de las víctimas fue un niño de doce años.

Las conclusiones de la Oficina de Periodismo de Investigación socavan la validez de la afirmación del secretario de Estado, John Kerry, cuando dijo que “las únicas personas que reciben ataques desde un avión no tripulado están confirmadas como objetivos terroristas al más alto nivel”. Independientemente de si los asesinados eran en efecto peligrosos, la incapacidad para dar cuenta de sus identidades invita al escepticismo hacia estas operaciones militares y plantea preocupaciones morales concernientes al respeto básico de la dignidad humana.

En abril de 2015, Jeremy Scahill informó en Intercept que el “corazón de alta tecnología del programa de aviones no tripulados de Estados Unidos” está en una base militar estadounidense en Ramstein, Alemania. Documentos “top secret” de Estados Unidos obtenidos por Intercept proporcionan “el plan más detallado visto hasta la fecha de la arquitectura técnica utilizada para llevar a cabo ataques con aviones no tripulados Predator y Reaper”. La mayoría de los conductores de los aviones no tripulados operan desde Estados Unidos, pero dependen de Ramstein para controlar sus drones.

La cobertura de noticias de los grandes medios de comunicación sobre estos bombardeos aéreos secretos de Estados Unidos tiende a nutrirse en gran medida de las fuentes oficiales del gobierno. Muchos de estos informantes no están autorizados para conocer cabalmente estos ataques y, mucho menos, para discutirlos públicamente. Incluso “miembros del Congreso han sido amordazados por afirmaciones de funcionarios que invocan el secreto para proteger la seguridad nacional y/o cooptados por los grupos de presión que representan a los fabricantes de aviones no tripulados”, afirmó Andy Lee Roth en Censored 2013.

En ocasiones excepcionales obligan a los funcionarios a revelar más sobre estos programas secretos de exterminio. Por ejemplo, en abril de 2015, el presidente Obama se disculpó públicamente por el ataque de un dron que en enero dio muerte accidental en Pakistán a dos rehenes de Al Qaeda, entre ellos el trabajador humanitario estadounidense Warren Weinstein. La cobertura del New York Times incluyó un análisis de la noticia en primera plana, escrito por Scott Shane, quien criticó el programa de ataques con drones. El artículo citó a Micah Zenko, un experto del Consejo de Relaciones Exteriores que criticó la declaración de Obama porque “arroja poca luz sobre una cuestión no conocida: que la mayoría de los individuos muertos no están en una lista de ejecuciones y que el gobierno no conoce sus nombres”.

El análisis de Shane utilizó la investigación de la Oficina de Periodismo de Investigación para mostrar el alcance de los ataques con aviones no tripulados estadounidenses en las zonas tribales de Pakistán desde 2004.

Los periodistas del New York Times Mark Mazzetti y Matt Apuzzo también merecen reconocimiento por su informe de abril de 2015 “Apoyo profundo en Washington para las misiones de la CIA con drones”, que hizo olas en Washington y entre el establishment de prensa para identificar públicamente a tres funcionarios de alto rango de la CIA con papeles clave en las operaciones secretas de aviones no tripulados. En consonancia con la práctica habitual, la CIA pidió al Times retener los nombres. Entre los tres funcionarios de la CIA develados por Mazzetti y Apuzzo se encuentra Michael D’Andrea, a quien identificaron como “jefe de operaciones durante el nacimiento del programa de detención e interrogatorios de la agencia” y posteriormente, como jefe del Centro de Contraterrorismo de la CIA, “se convirtió en un arquitecto del programa de asesinatos selectivos”. D’Andrea, revelaron los periodistas, “presidió el crecimiento de la CIA en operaciones con aviones no tripulados y cientos de ataques en Pakistán y Yemen durante los nueve años que se mantuvo en el cargo”.

Sin embargo, los informes de Shane, Mazzetti y Apuzzo muestran lo excepcional en la cobertura de noticias de los medios corporativos sobre los programas estadounidenses de aviones no tripulados. Más típico en este sentido es el tratamiento ofrecido por la revista Newsweek en una historia de portada de abril 2015: ¿Puede Estados Unidos ganar una guerra? Esta publicación identifica los ataques con drones como una de las “puntas gemelas de la estrategia de Estados Unidos en el extranjero” que son “a menudo poco fiables, desacreditadas o desagradables”. El artículo se hizo cargo de antiguas críticas de Alexander Cockburn, periodista escocés fallecido en 2012, en las que afirmaba que los ataques de drones contra presuntos objetivos de alto valor aumentarían la violencia contra Estados Unidos y las tropas aliadas, contrarrestándolas con la perspectiva del general retirado de la Fuerza Aérea Michael V. Hayden, ex director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y de la CIA, quien “insiste en que los ataques de drones sobre Al Qaeda fueron cruciales en la prevención de otro gran ataque contra Estados Unidos”. La cobertura de Newsweek citó a Hayden al menos nueve veces por separado, más que a cualquier otra fuente. Y no hizo mención a las conclusiones de la Oficina de Periodismo de Investigación sobre los civiles muertos en los ataques de drones.

La estrategia de Putin en Siria es un desafío para la OTAN

Sam Jones

La intervención militar rusa en Siria es un recordatorio de la renovada decisión que tomó Moscú de mantener su influencia en Medio Oriente. Pero más allá del inmediato resultado de la guerra civil allá, los jefes militares de la OTAN ahora lo ven como una jugada estratégica más amplia que hace Vladimir Putin para desafiar a Occidente.

Según un alto funcionario civil de la OTAN, el Mediterráneo «es un espacio otra vez en disputa». «Tenemos que estar preparados para que Rusia sea [en Siria] un factor por un largo tiempo», aseguró Alexander Vershbow, subsecretario general de la OTAN a Financial Times.

El despliegue ruso para combatir fuerzas rebeldes anti Assad es un desafío inmediato para Occidente. Pero la presencia permanente y perjudicial de Moscú en el sur del Bósforo es a largo plazo, aseguró Vershbow. «Tenemos que pensar en las consecuencias de esta progresión en el este del Mediterráneo y en la capacidad de esas bases aéreas», agregó.

Rusia no tiene ninguna presencia de consideración en el Mediterráneo desde el fin de la Guerra Fría. Y la falta de inversión hasta hace poco en la deteriorada flota del Mar Negro, con base en Crimea, llevó a muchos planificadores de estrategias militares a ignorar el escenario completo como una posible fuente de preocupación cuando se trata de Moscú.

La renovada presencia de Rusia podría ser altamente perturbadora: abre toda la frontera sur de la OTAN a la provocación rusa mientras amenaza con restringir la «libertad de navegación» que permite a la OTAN desplegar fácil y rápidamente activos militares. Por ejemplo, para EE.UU. podría complicar su capacidad de proyectar poder naval en el Golfo. Habría sido mucho más difícil para la OTAN planificar la decisión de intervenir en el conflicto libio en 2011.

Hay otras repercusiones: el regreso de Rusia al Mediterráneo de repente coloca a todo Europa dentro del alcance de su arsenal de misiles. Con una ampliada flota hasta ahora en el sur, el acuerdo de cooperación naval que hace poco selló Rusia con Chipre también presenta nuevos desafíos.

Los activos rusos de guerra electrónica y vigilancia ahora tienen el potencial de ser legal y regularmente acercados a la base de la Fuerza Aérea Real Británica en Akrotiri, que alberga una de las estaciones de escucha más importantes de la OTAN.

«El despliegue para respaldar a Assad no es el final de la historia», dijo Jonathan Eyal, director internacional en el Royal United Services Institute en Londres. «Este es realmente un giro fundamental en la postura rusa que se prolongará en el tiempo».

Rusia no sólo comenzó un extensa serie de mejoras en las instalaciones de Latakia y Tartus, sino que también por primera vez desde la guerra fría ha reconstruido su flota mediterránea. Los funcionarios de la OTAN admiten que no hay una «estrategia para el sur» similar a los recientes esfuerzos de la alianza en Europa oriental, donde desarrolló una variedad de respuestas apuntadas a contrarrestar la beligerancia rusa tras su intromisión en el este de Ucrania. La segunda cumbre semestral de la alianza, que se llevará a cabo en Varsovia en julio de 2016, esos temas dominarán las discusiones.

Fuente: http://www.ft.com/cms/s/0/cec668a8-7714-11e5-933d-efcdc3c11c89.html

El relato oficial de la muerte de Bin Laden se tambalea

Lo único que sabemos de la muerte de Bin Laden, supuestamente ocurrida en mayo de 2011 en Pakistán, es que lo que la versión oficial que Obama nos contó entonces es como las demás: una mentira.

En una rueda de prensa multitudinaria Obama dijo que el dirigente de Al-Qaeda fue capturado y abatido durante un operativo de las fuerzas especiales, la Navy Seal, que entraron en el territorio del país sin consultar al gobierno de Pakistán, donde estaba escondido en una casa sita en la ciudad de Abbottabad.

Más de cuatro años después de aquello, el New York Times se suma a quienes creen que hay algo extraño en ese relato oficial de la Casa Blanca (*).

El primero en dudar de la versión oficial de Obama fue el periodista Seymour Hersh, que publicó un largo ensayo en el que afirmaba que la versión oficial era inverosímil.

Según Hersh, la inteligencia pakistaní capturó a Bin Laden y lo mantuvo escondido en una casa en la ciudad de Abbottabad para entregarlo cuando la situación fuera la “más conveniente” para el gobierno.

La Casa Blanca supo de la presencia de Ben Laden por la revelación de un miembro de la inteligencia, que obtuvo 25 millones de dólares de recompensa por comunicar la información.

Todo fue pactado entre ambos gobiernos, pero las cosas se torcieron cuando uno de los helicópteros norteamericanos se incendió, según testigos presenciales, cayendo a tierra, lo que provocó la muerte de todos o parte de sus tripulantes. El accidente obligó a blanquear el operativo antes de tiempo.

“Toda la historia de los Navy Seal actuando en secreto y de los tiroteos en el campamento es poco menos que un cuento como Alicia en el país de las maravillas”, escribió Hersh.

Entonces fueron muchos los periodistas que le tildaron a Hersh de farsante. La Casa Blanca afirmó que lo de Hersh era una “falsedad enorme”. Ahora, sin embargo, el New York Times se hace eco de otros dos periodistas que se unen a las dudas sobre la versión oficial de Obama.

“¿Qué sabemos realmente sobre la muerte de Bin Laden?”, pregunta el New York Times en la portada de su revista semanal. Sin llegar a pronunciarse con claridad, el diario aporta el testimonio de dos periodistas que critican el relato oficial.

Uno de ellos es Steve Coll, antiguo directivo del Washington Post y actual vicedecano de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia. Coll cree que la captura de Ben Laden se debió a un “soplo” de la inteligencia pakistaní y no de antiguos militantes de Al-Qaeda detenidos y torturados por la CIA.

En el mismo sentido, Carlotta Gall, antigua corresponsal del New York Times en Afganistán y Pakistán, se muestra convencida de que el gobierno de Islamabad tenía localizado al terrorista, por lo menos, desde 2006.

Sobre uno de los logros más mediáticos del gobierno de Obama vuelve a planear la sombra de la mentira. En la Casa Blanca no cuentan una verdad ni siquiera cuando se confunden.

(*) http://www.nytimes.com/2015/10/18/magazine/what-do-we-really-know-about-osama-bin-ladens-death.html

La policía de Estados Unidos mata más que ninguna otra del mundo

Ernesto Carmona

En comparación con otros países capitalistas desarrollados, Estados Unidos sin duda es diferente cuando se trata del nivel de violencia dirigida por el Estado contra las minorías, informó Richard Becker, de Liberation, en enero 2015.

Usando cifras de 2011, Becker escribió que sobre una base per cápita «la tasa de muertes a manos de la policía de Estados Unidos fue aproximadamente 100 veces mayor que la tasa de los policías ingleses en 2011», 40 veces más letal que la tasa de los policías alemanes y 20 veces más mortífera que la de sus colegas canadienses. Becker dijo que probablemente éste no es el tipo de «excepcionalismo [norte]americano» que tenía en mente el presidente Obama cuando se dirigió a los cadetes graduados de West Point en mayo 2014.

No está claro cuántos miembros de la policía de Estados Unidos asesinan cada año, ya que no existe un seguimiento de tal información mantenido con precisión por ninguna agencia federal. La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) compila estadísticas anuales sobre lo que llama «homicidios justificados»  de la policía; todos los asesinatos policiales reportados en el FBI se registran como «homicidios justificados». Estos reportes tampoco son obligatorios. Desde que la presentación de informes al FBI sobre homicidios se convirtió en una colaboración voluntaria para las policías y departamentos del sheriff, sólo alrededor de 800 agencias de policía proporcionan estadísticas, de un total de 18.000.

Según las estadísticas del FBI, en 2013 hubo 461 «homicidios justificados» de la policía, pero el sitio web KilledByPolice.net informó que las policías de Estados Unidos mataron a alrededor de 748 personas en sólo los últimos ocho meses de 2013 y 1.100 en 2014. Las cifras de ciudadanos que asesinó la policía fueron compiladas utilizando como fuentes los medios corporativos de información. Como no todos los asesinatos de la policía se informan y es prácticamente imposible el control de todas las fuentes de noticias de todo el país, estas cifras probablemente subestiman el número real de asesinatos de civiles a manos policiales.

En Inglaterra, que Becker caracteriza como «un país capitalista con una larga historia de racismo», la policía no porta armas de patrulla. Los registros oficiales indican que los policías británicos sólo utilizaron armas de fuego tres veces mientras estaban de servicio en todo 2013, con cero muertes reportadas.

En los últimos meses, hubo una explosión de oposición a los asesinatos policiales en Estados Unidos. Cientos de miles de personas han salido a las calles en centenares de ciudades, pueblos y campus. «Como en todas las otras luchas progresistas a lo largo de la historia», escribió Becker, «la clave para un cambio real es el movimiento de la gente en las calles, escuelas y lugares de trabajo».

En junio de 2015, un equipo de reporteros de The Guardian presentó el mayor y nuevo informe sobre asesinatos policiales ocurridos en Estados Unidos. Resumiendo el estudio del Guardian, Jon Swaine, Oliver Laughland y Jamiles Lartey informaron que 102 personas desarmadas fueron asesinadas por la policía de Estados Unidos a lo largo de los cinco primeros meses de 2015 y que las agencias de orden público están matando gente al doble de la tasa calculada por el gobierno de Estados Unidos.

Además, reportó el Guardian, «los estadounidenses negros tuvieron más del doble de probabilidades de andar desarmados que los blancos cuando fueron asesinados durante encuentros con la policía». Basado en el análisis de los registros públicos e informes de noticias locales e informes propios de The Guardian, los autores informaron que «el 32 por ciento de personas negras asesinadas por la policía en 2015 estaban desarmadas, al igual que el 25 por ciento de los hispanos y latinos, en comparación con el 15 por ciento de los blancos muertos».

Durante el período de cinco meses cubierto por el estudio, los investigadores del Guardian identificaron 27 personas asesinadas por uso policial de armas eléctricas Taser. Todas menos una de estas víctimas estaban desarmadas. El estudio también documentó 14 muertes durante la detención a manos de oficiales involucrados en altercados posteriores a la aprehensión, entre ellos el de Freddie Gray, cuya muerte por rotura del cuello a bordo de una camioneta de la policía de Baltimore provocó protestas públicas y el auto de procesamiento de agentes de policía de seis ciudades.

Veintiséis por ciento de las personas asesinadas por la policía exhibió algún tipo de enfermedad mental, con al menos 29 casos que involucraron a una víctima que registraba inclinación suicida.

Para su crédito, el Washington Post publicó una investigación significativa de asesinatos policiales en Estados Unidos, alrededor del mismo tiempo en que apareció el estudio del Guardian. Los análisis posteriores corroboraron muchas de las conclusiones de la investigación del Guardian. Ambos estudios encontraron que la policía disparó fatalmente a aproximadamente 2,5 personas por día a lo largo de los cinco primeros meses de 2015. En ambos estudios se encontraron disparidades raciales significativas entre los muertos, sobre todo en los casos de sospechosos desarmados.

En los 385 casos que identificó el Post, sólo tres funcionarios han enfrentado cargos.El estudio del Post encontró que «para la gran mayoría de los departamentos, un tiroteo fatal es un evento raro». De unas 18.000 agencias resguardadoras del orden público, sólo 306 registraron un tiroteo fatal en los primeros cinco meses de 2015. El Post encontró que 19 agencias estatales y locales participaron en tres o más tiroteos fatales cada una, incluyendo los departamentos de Policía de Los Ángeles, la ciudad de Oklahoma y Bakersfield, California.

Entre muchas fuentes significativas citadas por el informe del Post se encuentra Jim Bueermann, ex jefe de policía y presidente de la Fundación de la Policía, una organización no lucrativa dedicada a mejorar la aplicación de la ley. Bueermann habló por muchos cuando dijo: «Estos tiroteos son groseramente subregistrados. Tenemos que entender los fenómenos detrás de estos encuentros fatales  Existe una necesidad social imperiosa para ello, pero también falta voluntad política para hacer que ocurra».

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