La web más censurada en internet

Día: 14 de octubre de 2015 (página 1 de 1)

Polonia en el origen de la Segunda Guerra Mundial

Michael Jabara Carley

El Ejército Rojo sufrió el 80 por ciento o más de todas las muertes causadas por el Wehrmacht durante la guerra. Pero no hay que agradecérselo. Un cementerio del Ejército Rojo en Polonia del este fue recientemente profanado por pandillas. Y los causantes tienen suerte de que los soldados muertos no se pudieran defender. Los monumentos del Ejército Rojo están siendo destruidos en Polonia, donde los símbolos soviéticos están prohibidos, mientras en los estados bálticos los residentes locales ofrecen flores y cerveza a veteranos de las SS nazis. ¿Y qué se puede decir de Ucrania, que ahora es un estado fascista donde el asesino colaborador nazi, Stepan Bandera ha sido elevado al status de padre de la nación?

El embajador [ruso] Andreyev lamentó la profanación del cementerio del Ejército Rojo, pero lo que realmente causó controversia dentro del ministerio exterior polaco fueron sus comentarios acerca de la responsabilidad de Polonia en tanto al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. “A lo largo de los años treinta”, comentó el embajador, “Polonia bloqueó repetidas veces la creación de una coalición en contra de la Alemania nazi. Por lo tanto se puede decir que Polonia es responsable en parte por la catástrofe que ocurrió en septiembre de 1939”.

El ministro del exterior de Polonia, Grzegorz Schetyna, reaccionó con indignación y mandó llamar al embajador al ministerio de asuntos exteriores para que se justificara. “Injustas y mentirosas” declaró Schetyna: “Estas son declaraciones deplorables, y surgen de la ignorancia e incomprensión de la historia”. Pero, ¿conoce el ministro de exteriores polaco la historia de su país? Fue este mismo Sr. Schetyna quien argumentó que fueron los ucranianos y no el Ejército Rojo quienes liberaron a Auschwitz, el campo de muerte nazi. Había ucranianos en Polonia durante 1944 y 1945, pero eran renegados, colaboradores nazis que asesinaban a los polacos.

Así que, ¿son certeros los comentarios del embajador Andreyev sobre la política polaca durante los años de entreguerras?

En enero de 1934 Polonia firmó un tratado de no agresión con la Alemania nazi, casi a la misma vez que la URSS comenzó arduos esfuerzos para organizar una alianza defensiva antinazi. Fue un golpe a la seguridad colectiva soviética, aunque Maxim M. Litvinov, el comisario [soviético] de Asuntos Exteriores, buscara reforzar las relaciones con Polonia. Litvinov le advirtió al ministro del exterior, Jozef Beck, sobre el peligro de cortejar a la Alemania nazi, pero Beck no le hizo caso.

Los franceses, que estaban aliados con Polonia, no estaban contentos con este cambio en la política polaca. “Contaremos con Rusia” dijo el ministro del exterior francés Louis Barthou en 1934, “y no nos tendremos que preocupar más por Polonia”.

Barthou fue asesinado al poco tiempo y los franceses nunca abandonaron a Polonia, aunque quizá Barthou hubiera tenido la valentía de hacerlo.

Los polacos se disculparon ante los franceses. “Rusia es el enemigo. Cada acercamiento que Francia tome hacia la URSS”, advirtió embajador francés en Varsovia, “provocará un paso polaco hacia Alemania nazi”. La élite polaca estaba infectada de rusofobia, una condición que le aqueja aún hoy.

Durante 1934-1935 mientras que el comisario Litvinov buscaba consolidar la seguridad colectiva europea, Polonia se resistía a cada paso. Los polacos no fueron, sin embargo, los únicos saboteadores. Pierre Laval, el sucesor de Barthou como ministro del exterior, era un sovietófobo recalcitrante y futuro colaborador nazi, quien prefería mejorar las relaciones con la Alemania nazi que conseguir una seguridad colectiva en colaboración con la URSS.

Litvinov continuó, sin embargo, buscando negociar un pacto de seguridad colectiva en Europa del este, que el ministro de exteriores Beck rechazó, así como un pacto de asistencia mutua con Francia. Laval logró un acuerdo pero solo después de haber reducido el pacto a una cáscara hueca. Polonia no era el único lugar donde la sovietofobia movía la política exterior.

Luego vino la crisis checoslovaca de 1938. Durante la primavera todo mundo vio llegar la crisis. Checolovaquia estaba en la mira de las armas de Hitler. Durante mayo, el ministerio francés de exteriores le preguntó al embajador en París qué haría Polonia en caso de una crisis. “No nos moveremos”, fue la respuesta. Polonia considera “a los rusos como enemigos”, dijo el embajador, “resistiremos por la fuerza” cualquier atentado de la URSS haga para acudir en ayuda de Checoslovaquia pasando por el territorio polaco, ya sea por tierra o aire. Rusia, no importa quien la gobierne es el “enemigo número 1”, dijo el mariscal de campo Edward Rydz-Smigly: “Si el alemán continúa como adversario no es menos europeo que un hombre común; para los polacos, el ruso es un bárbaro, y si es un bárbaro es un asiático, un corrupto, un elemento ponzoñozo con el cual cualquier contacto es peligroso y cualquier compromiso con él, letal”. No nos empujen, dijeron los polacos, o nos pondremos del lado de la Alemania nazi. Los diplomáticos lanzaron una campaña de prensa para advertirles a los polacos de su error, pero sin resultado. “No solo no podemos contar con el apoyo polaco”, confesó entonces el Primer Ministro francés Edouard Daladier, “sino que tampoco tenemos la certeza de que Polonia no [nos] atacará por la espalda”. “Tant pis pour la Pologne – Tanto peor para Polonia”, dijo un general francés, “si es que Varsovia se pone del lado de Hitler”.

Francia no podía presumir de ser aliada fiel en las buenas y en las malas –no hay más que preguntárselo a los checos– pero los polacos eran como el dibujo caricaturesco de la serpiente en el prado. El embajador francés en Berlín le dijo a su colega soviético que el gobierno polaco estaba “claramente ayudando a Alemania” en la desestabilización de Checoslovaquia. El asunto de Teschen, un distrito checoslovaco con una población polaca de importancia fue la gota que derramó el vaso de Varsovia. Si Hitler consigue los territorios de los sudetes, que están poblados de alemanes, dijeron los diplomáticos polacos, nosotros no estaremos contentos con quedarnos con las manos vacías. Queremos Teschen. Lo consiguieron también porque Inglaterra y Francia traicionaron a Checoslovaquia en Munich. Qué espectáculo tan sucio de porquería y traición. Polonia se convirtió en cómplice de Hitler en 1938 y se convirtió en su víctima un año más tarde.
 

Los diplomáticos soviéticos, y Stalin mucho menos, no se hacían ilusión alguna sobre Polonia. Francia e Inglaterra, sin embargo hicieron un esfuerzo más en 1939, para tratar de establecer una alianza para luchar contra los nazis. Hasta eso lo echó a perder Polonia. En enero el embajador francés en Varsovia informó que para muchos polacos, una decisión forzada entre Alemania y la URSS, recaería sobre Berlín. “Déjenles hacer: que metan las manos al fuego” hubiera sido la respuesta correcta. A fines de marzo, el gobierno polaco rehusó a firmar con la URSS una declaración de cuatro potencias en caso de que hubiera una amenaza contra de la independencia de otro estado europeo. Fue entonces, en un último esfuerzo, que en abril de 1939, Litvinov propuso a París y a Londres una alianza política en contra de la Alemania nazi. Los franceses arrastraron los pies. Funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores inglés se burlaron y menospreciaron a Litvinov.

Con eso Stalin tuvo suficiente, y despidió a Litvinov a principios de mayo, nombrando a Vyacheslav M. Molotov como su sucesor. Uno de los primeros actos de Molotov fue el de ofrecerle ayuda a Varsovia. La puerta de la colaboración polaco-soviética aún se hallaba abierta. “Pueden insinuar que si Polonia lo desea”, comunicó Molotov a Varsovia, “la URSS puede brindarle ayuda”. En 24 horas los polacos habían cerrado la puerta de golpe, rechazando cualquier colaboración con Moscú.

El último acto de autodestrucción polaca sucedió en 1939, cuando las delegaciones francesas e inglesas fueron a Moscú a discutir una alianza antinazi. “¿Cooperarán los polacos?”, quería saber el lado soviético. “¿Lo harán los ingleses?”, hubiera sido una pregunta más pertinente. “Vayan muy despacio” era la directiva inglesa a su delegación. La rapidez o la lentitud no le importaba a los polacos, ellos dieron la misma respuesta negativa que siempre daban cuando se trataba de cooperar con la URSS en contra de la Alemania nazi. Recuerde cómo el mariscal de campo Rydz-Smigly lo dijo: los rusos son “bárbaros” y “asiáticos”. Los polacos no le concederían derecho de paso al Ejército Rojo a través del territorio polaco para combatir a un enemigo común. Esta era la posición polaca desde 1934, y no cambiaría a pesar del peligro de una invasión alemana inminente.

Cuando salió la noticia del pacto de no agresión nazi-soviético, tras el colapso de las negociaciones anglo-franco-soviéticas, a los polacos les dio igual. “Realmente no ha cambiado mucho”, opinó el ministro del exterior Beck. El “hombre polaco de la calle” en Varsovia, informó el embajador inglés, “tomó la noticia con un tonto encogimiento de brazos”. “Vasily es un cerdo, ¿no?”, era una afirmación común. La “insensatez” polaca, dijo el premier francés Daladier.

Ningún novelista podría haber inventado estas inverosímiles historias de la imprudencia polaca de los años treinta. Como historiador, le puedo asegurar que nada aquí ha sido inventado, por poco creíble que parezca. Lea mi “1939: The Alliance that Never Was” o mi ensayo más reciente “Only the USSR has Clean Hands” para hallar los detalles y las referencias de archivo. El embajador ruso Andreyev dijo que Polonia era responsable en parte de la “catastrofe que ocurrió en septiembre de 1939”. Dada la documentación que existe, uno tendría que decir que el embajador estaba siendo amable y discreto con su comentario. El ministro polaco Schetyna podrá tratar de reescribir la historia todo lo que quiera, pero puedo decirle que está perdiendo su tiempo. Las pruebas y el rastro de papel que existe en los archivos es demasiado profundo y difícil de esconder.

No es una bella imagen la de Polonia durante los años treinta. Más introspección y menos rusofobia le haría bien al gobierno polaco en estos tiempos peligrosos. El ministro Schetyna podría comenzar por leer la correspondencia de su predecesor lejano, Beck, como ejemplo de cómo no llevar a cabo las relaciones exteriores polacas. Sólo Inglaterra tuvo más responsabilidad que Polonia en cuanto a la fallida colaboración con la URSS en contra de la Alemania nazi durante los últimos años de la década de los treinta. Yo llamo a esta oportunidad perdida “La Gran Alianza Que Nunca Existió”.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article189019.html

Al-Assad encabeza una amplia coalición política contra el yihadismo

Además de militar y diplomática, la guerra contra el yihadismo en Siria tiene un componente político importante que siempre ha existido de hecho pero que sólo ahora, cuando el ejército regular avanza, aparece con mucha más claridad.

El gobierno de Damasco no combate en soledad sino que ha creado una alianza con fuerzas nacionales (kurdos) y religiosas (cristianos).

La principal milicia kurda YPG (Unidades de Protección del Pueblo Kurdo) ha formalizado una alianza con el gobierno con el nombre de “Fuerzas Democráticas Sirias”, en el que también se ha integrado el grupo Burkan Al-Furat, mayoritariamente árabe.

En Siria está apareciendo un nuevo escenario que repercutirá más allá de la guerra, en las negociaciones de paz, en la transición y, en definitiva, en una nueva correlación de fuerzas interiores, hasta ahora oculta detrás de una agresión internacional.

Los protagonistas no volverán a ser los mismos, como ha reconocido Federica Mogherini, la responsable diplomática de la Unión Europea. La creación de las Fuerzas Democráticas Sirias “cambia el dato”, dijo ayer, añadiendo que hay que coordinar “las intervenciones en el conflicto”. No aclaró qué es lo que hay que coordinar ni quién se va a encargar de ello, seguramente porque no lo sabe.

No obstante, el uso del plural ya pone de manifiesto que en Siria empiezan a aparecer actores de los que nadie ha hablado antes y, por lo tanto, son posibles muchas combinaciones, que van más allá de la guerra.

Como es característico en Oriente Medio, esas combinaciones recurren a padrinos foráneos, por lo que quienes, como Turquía, han apostado por el caballo perdedor, pueden quedarse fuera de juego, salvo que las próximas elecciones saquen a Erdogan del gobierno de Ankara. Hasta la fecha Erdogan ha apostado por promover el yihadismo en Siria y por catalogar a YPG como la sucursal siria del PKK, es decir, como una organización terrorista.

Erdogan es la versión yihadista de la Audiencia Nacional. Tiene tal paranoia con Bashar Al-Assad y con los kurdos, al mismo tiempo, que ve terroristas, brazos, tentáculos y “entorno” por todas partes. Está tan desesperado por acabar con el terrorismo que no hace otra cosa que promocionarlo.

Va a acabar muy mal. Será el cazador cazado. Culpar al Califato Islámico por el último atentado de Ankara, que ha costado casi 100 vidas, es como culparse a sí mismo.

Atención: Esta noticia contiene información errónea. Está corregida en este enlace:

La policía británica abandona la custodia de Julian Assange

La policía británica se ha aburrido de custodiar la puerta de la embajada de Ecuador en Londres para detener a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Después de tres años de vigilar la legación diplomática ha mandado a los guardianes a que cumplan otras funciones.

La presencia de policías durante 24 horas «ya no es proporcionada» y los recursos son «finitos», dijo un portavoz oficial.

No obstante, la policía advirtió que continuará con un «plan encubierto» para arrestar al australiano si deja el edificio. Se estima que la vigilancia de Assange le ha costado 20 millones de dólares a la policía.

Assange es un programador informático nacido en Australia que en 2009 denunció los crímenes cometidos por la policía en Kenia.

En 2006 fundó el sitio web WikiLeaks para publicar información secreta sobre los chanchullos internos de los imperialistas. Desde entonces ha publicado más documentos clasificados que toda la prensa mundial junta. El sitio de internet ha padecido el mayor número de ataques informáticos que se conoce con el fin de impedir el acceso a ellos, por lo que para evitar su desaparición existen más de mil sitios diferentes con la misma información clonada.

En 2012 creó el Partido WikiLeaks, anunciando su presentación como candidato para el Senado australiano.

Como consecuencia de sus actividades está perseguido y tuvo que refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia por una farsa judicial en el que le imputan un supuesto delito sexual cometidos en 2010.

La denuncia la interpuso una gusana cubana que trabaja para la CIA. Fue cerrada inicialmente y luego reabierta por presiones de la embajada de Estados Unidos en Estocolmo.

Estados Unidos le acusa de espionaje y traición, por lo que podrían imponerle la pena de muerte.

Assange es una de las muestras de que el imperialismo no tolera ni la más leve deslealtad: si les atacas son capaces de perseguirte hasta la tumba.
Además, es un ejemplo de que las informaciones oficiales no tienen nada que ver con el mundo real, que se esconde en medio de una maraña de datos reservados que tratan por todos los medios de que no vean la luz.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies