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Día: 11 de octubre de 2015 (página 1 de 1)

Lumpenburguesía

Nicolás Bianchi

Hemos oído hablar de lumpenproletariado. Incluso hasta en el «Manifiesto Comunista» aparece el vocablo haciendo alusión a los sectores más marginados y depauperados de la sociedad. Para un calvinista, escoria, detritus. Para un católico, cinegéticamente hablando, presa en aguardo para lavar la mala conciencia mediante la caridad. Ambos cristianos, el primero capitalista, el segundo precapitalista, digámoslo así.

No forma -el lumpenproletariado- una clase social y Marx no los veía con buenos ojos por su carácter medroso y medrador a la hora de posicionarse ante una situación crítica o límite como pudiera ser una transformación social: o revolucionarios o contrarrevolucionarios. Marx, lamentándolo, se inclinaba por lo segundo.

Pero ¿es posible que segmentos de la burguesía se degraden hasta degenerar en una especie de lumpenburguesía criminal y corrupta (por no hablar del sector rentista de la clase capitalista)? Sí, por supuesto. Lo estamos viendo en este tiempo de canallas. Ya no es la burguesía que la prensa a su servicio llama «emprendedora» y creadora de riqueza -valiente sarcasmo- , dueña de los medios de producción para extraer la plusvalía de los trabajadores -incluidos los de «cuello blanco» («white collar») que no se sienten «proletarios», sino al revés-, sino que en este tiempo de granujas quienes parecen mandar son los asaltadores (o salteadores) de caminos… sin embozo. Son la lumpenburguesía, la hez y excrecencia de esa burguesía industriosa y eduardiana, manchesteriana, imperialista, la especuladora, la que no crea ni un solo céntimo de riqueza para el PIB de un Estado. Una lumpenburguesía parásita y zángana. Su lema es el del lumpen tabernario dickensiano: «este mundo es de los vivos» (de los «listos»). Zaplana podía ser su líder. Hoy sería considerado un aficionado por los arrebatacapas profesionales.

El capitalismo, su modo de producción, no resistiría ni toleraría una corrupción galopante, desmadrada y generalizada, no sobreviviría al no haber plusvalía y sólo fraude y meter la mano en la caja, algo a lo que se aproxima la economía «de casino». Su supervivencia consiste y reside en la explotación y el vampirismo sobre la vena del trabajador. La lumperburguesía no explota directamente: sólo succiona una cuota de plusvalía -de beneficio- que otros (la burguesía no lumpen, la «honrada», la «contribuyente», como se oye en los telefilms gringos pareciendo que eres «alguien» con tus derechos y no un paria) han extraído a las clases trabajadoras.

A esta lumperburguesía defiende un lumpengobierno que ha conseguido que hasta las capas mesocráticas (la «clase media», vale decir para entendernos) -médicos, maestros, funcionarios- salgan a la calle.

El escándalo Volkswagen muestra la rivalidad entre los imperialistas

El artículo de Rafael Poch en “La Vanguardia”(*) sobre el fraude de Volkswagen es esclarecedor, sobre todo procediendo de un país, como Alemania, que prodiga lecciones de moralidad en Europa.

Credit Suisse estima en 78.000 millones de euros el perjuicio que el fraude puede ocasionar al primer monopolio automovilístico alemán.

La empresa de seguros Axa estima que el asunto le costará a Alemania alrededor del 1,1 por ciento de su PIB. El sector automovilístico representa más del 17 por ciento de las exportaciones alemanas.

“¿Es este escándalo un asunto técnico?”, se pregunta Poch. Naturalmente que no. Los parámetros de emisiones de los automóviles no los deciden los burócratas de Bruselas, ni el límite de velocidad de las autopistas alemanas lo deciden los diputados del Bundestag.

Los monopolios del automóvil pesan mucho en la política de Bruselas, donde hay oficialmente 240 grupos de presión declarados, 43 de ellos de Volkswagen, que son los que preparan las leyes a los políticos como platos precocinados.

Se vio claro en 2013, cuando Merkel vetó y pospuso hasta 2022 normas en materia de emisión, de acuerdo con un guión conjunto de Daimler-Benz y BMW.

El gobierno alemán conocía el fraude que ahora ha estallado, como sabían los tecnócratas de Bruselas que los procedimientos para medir las emisiones de gases son un timo.

Se ha hablado mucho del origen nazi de Volkswagen, pero mucho menos del papel que Volkswagen desempeñó, por ejemplo durante la dictadura de los generales brasileños (1964-1985) confeccionando listas negras para los militares entre sus empleados, cuando su jefe de seguridad en Sao Paulo (desde 1959 hasta 1967) era Franz Stang, antiguo comandante de los campos de exterminio nazis de Sobibor y Treblinka.

En París la agencia encargada de comprar los espacios publicitarios de Volkswagen en la prensa francesa chantajeó a una veintena de diarios regionales: si querían seguir recibiendo publicidad debían renunciar a publicar informaciones sobre el fraude durante los días en que se publicaran los anuncios. Solo tres diarios, sobre una veintena protestaron.

Quien crea que asuntos de tanta trascendencia los decide un funcionario de la agencia ambiental de Estados Unidos, se equivoca. Cuando se trata de lanzar un torpedo de tal calibre contra un país amigo, es que ocurre algo en la relación y se quiere lanzar una amenaza.

La pregunta que Poch plantea es bien simple: ¿Qué ha pasado entre Estados Unidos y Alemania para que una institución pública de Washington lance este torpedo contra Berlín?

Las negociaciones del TTIP, el acuerdo de “libre comercio” transatlántico no van bien. Las relaciones entre las potencias imperialistas son cada vez más tensas. Estados Unidos trata de intimidar cada vez más violentamente a sus vasallos europeos. Ha llegado la hora de los golpes bajos, la antesala de la guerra.

(*) http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2015/10/06/das-auto-62027/#.VhTYEFJNxkY.twitter

Las armas de los yihadistas proceden de Estados Unidos

El jueves Red Voltaire  informó que la sección del Departamento del Tesoro de Estados Unidos encargada de la lucha contra la financiación del terrorismo había iniciado una investigación sobre el origen de los vehículos Toyota del Califato Islámico.

En el verano de 2014 el Califato Islámico penetró en territorio irakí a bordo de más de 800 vehículos de la marca japonesa Toyota, modelos Hilux y Land Cruiser, aparentemente nuevos.

Aquel equipamiento había llegado a manos del Califato Islámico en un tren especial fletado por los servicios secretos turcos. El mismo tren transportaba también armamento pesado comprado en Ucrania por Arabia saudí.

Según han declarado fuentes militares irakíes a la Agencia de Noticias Fars, el equipamiento militar capturado por el ejército irakí a los terroristas del Califato Islámico en Beiji, al norte de Irak, es de fabricación estadounidense.

Desde hace varios meses las fuerzas irakíes vienen realizando labores de limpieza en Beiji, que permanecía bajo el control del Califato Islámico. Tras apoderarse de la ciudad, de su refinería de petróleo y de sus alrededores, los militares encontraron numeroso material militar y municiones estadounidenses en las posiciones de los yihadistas.

El material había sido arrojado a las posiciones del Califato Islámico por helicópteros y aviones de carga estadounidenses.

Periódicamente los altos funcionarios irakíes vienen denunciando públicamente el suministro de armas y municiones de Estados Unidos a los terroristas del Califato Islámico. En ocasiones desde aviones estadounidenses también se han lanzado alimentos para que los yihadistas puedan subsistir atrincherados en sus posiciones.

Las últimas protestas han procedido del coordinador de las fuerzas populares irakíes, Jafar Al-Jaberi, quien recientemente dijo que los aviones de Estados Unidos habían lanzado armamento sobre posiciones ya abandonas por los terroristas, para estimularlos a recuperarlas.

Testigos oculares de Al-Havijeh, en la provincia de Kirkuk, vieron caer pesados fardos desde dos aviones con los distintivos de la Fuerza Aérea estadounidense sobre la zona comprendida entre Al-Khas y Diyala que hasta hace pocos días estaba controlada por los yihadistas.

En febrero un diputado informó de que el ejército irakí había derribado dos aviones británicos en la provincia de Al-Anbar que transportaban armas destinadas a los yihadistas.

“El Comité de Seguridad Nacional y Defensa del Parlamento irakí dispone de fotos de dos aviones británicos que se estrellaron cuando llevaban armas al Califato Islámico”, declaró el jefe del Comité, Hakem Al-Zameli, según un comunicado publicado por el Centro de Información en árabe del Consejo Supremo Islámico de Irak.

Como consecuencia del incidente, el Parlamento irakí pidió explicaciones a Londres.

Pero no se trata de casos aislados. El diputado irakí desveló que el gobierno de Bagdad recibe diariamente informaciones procedentes tanto de fuentes civiles como de fuerzas de seguridad en la provincia de Al-Anbar sobre numerosos vuelos de aviones de la coalición internacional que envían armas y suministros al Califato Islámico.

El referido diputado explicó, además, los motivos de la ayuda occidental a los yihadistas. Según él, Estados Unidos prefiere una situación caótica en la provincia de Al-Anbar, que está cerca de las ciudades de Kerbala y Bagdad, porque no pueden solucionar la crisis generada por el Califato Islámico.

También en febrero un funcionario irakí denunció a las potencias occidentales y sus aliados regionales por su apoyo hacia los takfiríes en Irak, afirmando que habían descubierto armas de fabricación estadounidense e israelí en las regiones que habían sido limpiadas de yihadistas.

“Hemos descibierto armas fabricadas en los Estados Unidos, en los países europeos y en Israel en las zonas liberadas del control del Califato Islámico en la región de Al-Baqdadi”, dijo el jefe del Consejo provincial de Al-Anbar, Khalaf Tarmouz, según informó el sitio de internet Al-Ahad.

Un diputado ruso quiere impedir el retorno del ‘stalinismo’

En Rusia los sondeos de opinión muestran que, a pesar de décadas de propaganda negra, Stalin sigue siendo el dirigente histórico más apreciado por la población, y lo que es peor: la popularidad de Stalin en las encuestas crece con el transcurso del tiempo.

Para conjurar este “peligro” el diputado de la Cámara Alta (Consejo de la Federación), Konstantin Dobrinin, propuso en setiembre del pasado año un proyecto de ley contra la rehabilitación de Stalin y de su actividad política al frente de la URSS.

Es bastante frecuente en todos los países: los parlamentarios niegan lo que las personas más desean. La Rusia actual no sólo mantiene bastantes referencias de la desaparecida URSS, sino que ha creado incluso algunos nuevos. Por ejemplo, a un reciente rompehielos lo ha bautizado con el nombre de “Lenin”. Pero el límite al que no puede llegar es Stalin. El georgiano resulta realmente indigesto.

El proyecto de ley del diputado Dobrinin se dirige “contra la rehabilitación de los crímenes del régimen totalitario de Stalin (estalinismo)”. Pretende que las informaciones justifiquen la represión estalinista se consideren extremistas y se prohíba su difusión.

Si no se combate el “stalinismo” la sociedad rusa corre el riesgo de padecer serios reveses. Para ello hay que continuar con el lavado de cerebro de los rusos, que últimamente estaba un poco descuidado. Dobrinin quiere que las instituciones públicas desplieguen más actividades en el seno de la sociedad para borrar el recuerdo de Stalin y crear una imagen diferente de la que los rusos conservan.

Para que vean cómo funcionan las cosas en la Rusia actual: el diputado se ha negado a conceder entrevistas a la prensa de su país para explicar los motivos de su propuesta. Sin embargo, el proyecto de ley va acompañado de una breve explicación que conviene conocer.

Según Dobrinin en los últimos años viene proliferando una propaganda cada vez más amplia que niega o justifica la “represión masiva” de la época de Stalin, lo cual contribuye a popularizar a los movimientos radicales que, a su vez, pueden “desestabilizar” la situación del país y favorecer el acceso al poder de fuerzas proclives a la represión masiva.

Un proyecto de ley de estas características no puede resultar más contradictorio porque, por un lado, dice que los “crímenes stalinistas” tuvieron una amplitud sin precedentes y marcaron a la sociedad soviética en su conjunto. Pero si eso sucedió tal y como lo describe Dobrinin y la historiografía burguesa del mundo entero, la sociedad rusa actual tendría una opinión muy negativa sobre Stalin que no sería necesario cambiar sino, en todo caso, ratificar.

El proyecto de ley de Dobrinin sobra porque tras el desmantelamiento de la URSS en 1990, es decir, hace 25 años, ya se aprobaron las leyes según las cuales hay que escribir la historia en la Rusia actual. Por supuesto, aquellas leyes fueron canónicas, es decir, repitieron el conocido reparto de papeles entre el verdugo (Stalin) y las víctimas (todos los demás) y, además, rehabilitaron a éstas.

Pero si la ley y la historia están tan claras en Rusia, ¿por qué aprobar una nueva? Porque a pesar de ellas la población rusa sigue llevando flores a la tumba de Stalin todos los días, porque su casa natal es el destino turístico más frecuentado de Georgia, porque en las bodas los convidados siguen cantando alabanzas a Stalin entre trago y trago… en definitiva porque no hay manera de erradicar la memoria de Stalin en la conciencia de las masas, ni en Rusia ni en ningún país del mundo.

La burguesía no se puede resignar ante esta realidad, ni tampoco ante la historia; le desagrada profundamente; quiere que todo ocurra de otra manera y sólo puede cambiar el pasado y el presente con un simulacro: aprobando leyes en un parlamento. No puede hacer otra cosa más que esa: aprobar nuevas leyes y esperar que se produzca el milagro.

86 muertos en una manifestación por la paz en Ankara

Al menos 86 personas han muerto y 186 han resultado heridas, 28 graves, en el atentado perpetrado ayer en Ankara, la capital de Turquía, contra una manifestación por la paz convocada por sindicatos y colegios profesionales, según el ministro de Salud turco, Mehmet Müezzinoglu.

Hacia las diez de la mañana se sucedieron dos fuertes explosiones antes de que diera comienzo la manifestación frente de la estación central de trenes de Ankara.

La manifestación, a la que habían acudido esta mañana miles de personas, estaba convocada por el Colegio de Ingenieros, el Colegio de Médicos y los dos sindicatos progresistas DISK y KESK.

Tras la explosión algunos manifestantes atacaron un vehículo policial, que respondió disparando y lanzando gases lacrimógenos.

El Gobierno en funciones, encabezado por el partido islamista AKP, ha nombrado a cinco fiscales para investigar el ataque, aunque no lo ha necesitado para pronunciarse sobre sus causas. Erdogan ha dicho que el atentado “no se distingue en nada de los actos de terror contra ciudadanos inocentes, funcionarios, policías y soldados”, en referencia al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) que Turquía mantiene fuera de la legalidad.

A pesar de su apoyo al Califato Islámico en Siria, el hipócrita de Erdogan se ha pronunciado “en contra de todo tipo de terror y de organización terrorista”.

El partido de la izquierda prokurda HDP, por su parte, ha subrayado la similitud de este atentado con la bomba colocada en un mitin de este partido en Diyarbakir, dos días antes de las elecciones del 7 de junio, y con la masacre de Suruç el 20 de julio. En este atentado, un joven yihadista turco probablemente entrenado por el Califato Islámico, se inmoló en una asamblea de militantes de la izquierda prokurda, provocando la muerte de 34 personas.

Tras este atentado, el PKK rompió el alto el fuego que mantenía desde hacía más de dos años. Desde entonces han muertos cientos de personas, guerrilleros, civiles, militares y policías en atentados, ataques y enfrentamientos.

Tras el atentado de ayer, la dirección del Partido de Trabajadores de Kurdistán anunció ayer que respetará un alto el fuego unilateral hasta la fecha de las elecciones en Turquía, el próximo 1 de noviembre.

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