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Día: 4 de octubre de 2015 (página 1 de 1)

Diario de un embajador bolchevique en Londres

Iván Maiski
Ivan Maiski fue embajador de la URSS en Londres en los años cruciales de 1932 a 1943 en los que se gestó la Segunda Guerra Mundial. Durante dicha etapa escribió un diario que este año se ha traducido al inglés y publicado por Universidad de Yale. Algunos extractos los ha reproducido “Le Monde Diplomatique” en francés en la edición de este mes.

La anotación correspondiente al 16 de noviembre de 1937 relata una cena de gala de Jorge VI, el rey de Inglaterra, en honor del rey Leopoldo de Bélgica, que estaba de visita en Londres. Estaban presentes unos 80 invitados, cuenta Maiski, con la familia real al completo, ministros, diplomáticos y los más destacados políticos ingleses de la época.

Los platos eran de oro y los cubiertos también. La comida no era tan mala como de costumbre porque -según se rumoreaba- el cocinero del rey era francés. Durante la cena aparecieron una docena de músicos escoceses para amenizar la velada y después los corrillos llenaron el salón del Palacio. Todos comenzaron a charlar animadamente, aunque nadie quiso hablar con el embajador bolchevique y su esposa, que se aburrían en una esquina. En otra Yoshida, el embajador de Japón, que había invadido China, estaba en las mismas condiciones.

Maiski y su mujer empezaron a cavilar una manera honrosa de evadirse de aquella situación discretamente, cuando de repente se escuchó un estrépito. Había entrado Churchill en la estancia y en cuanto vio al diplomático soviético en el rincón se fue hacia él. Entonces Churchill estaba fuera del gobierno. No era más que un dirigente del partido conservador con las ideas muy claras.

Al llegar ante Maiski le estrecha las manos efusivamente ante las miradas furtivas de los asistentes. ¿Qué era aquello? El rey de Inglaterra se creyó obligado a rescatar a Churchill de la peste bolchevique con una llamada aparte. Pero fue Churchill quien se sacudió de encima al monarca y reanudó la conversación con Maiski, siempre ante la curiosa mirada de la diplomacia mundial.

Churchill nunca se anduvo por las ramas con nadie, lo cual es extraño en un político, sobre todo si es británico. Se cumplía el primer aniversario del Pacto Anti-Komintern firmado entre la Alemania nazi y Japón para combatir a la URSS y Churchill lo tenía claro:

“El pacto anti-comunista es una maniobra dirigida en primer lugar contra el Imperio británico y en segundo lugar, pero sólo en el segundo lugar, contra la Unión Soviética”, le dice Churchill a Maiski con rotundidad

Era extraño que un acuerdo tan ideológico que llevaba el lema del anticomunismo estuviera enfilado contra Gran Bretaña, pero a Churchill le sobraba instinto.

Además, Alemania es “el enemigo principal para todos los que defendemos la paz”, continúa Churchill, por lo que “debemos mantenernos juntos”, le confía al diplomático soviético. “De lo contrario todos estaríamos perdidos”.

Al cabo de los años Churchill había llegado a convencerse, por fin, de que una Rusia débil constituía un inmenso peligro para la causa de la paz mundial. Pero nadie se había esforzado tanto como Gran Bretaña por debilitar a la URSS, especialmente él: Churchill. Al cabo de 20 años no sólo reconocía su error sino, además, su fracaso. “Tenemos necesidad de una Rusia fuerte, muy fuerte”, insistió Churchill.

Luego bajó la voz y siguió en un tono aún más confidencial: “¿Qué está pasando en la URSS?” La reciente depuración del ejército, ¿lo había debilitado?, ¿había reducido su capacidad para enfrentarse a las presiones de Japón y Alemania?

“¿Puedo responderle con otra pregunta?”, inquirió el embajador soviético. “Si un general traidor que dirige un cuerpo de ejército es reemplazado por otro general honesto y fiable, ¿se debilita el ejército? Si el director de una fábrica de armamento convicto de sabotaje es reemplazado por un director honesto y fiable, ¿se debilita o se refuerza nuestra industria militar?”

Era evidente que Churchill no necesitaba la respuesta de Maiski. Simplemente quería reafirmarse en lo que el soviético califica como “cuentos para niños” que circulaban en los países imperialistas acerca de la debilidad soviética como consecuencia de las depuraciones de los años treinta.

Cuando el embajador terminó de exponer su punto de vista, Churchill se confesó aliviado. “Es reconfortante escuchar todo eso”, dijo. “Si Rusia se fortalece en lugar de debilitarse, todo va bien”, repite. No sólo Gran Bretaña; Churchill podía haber reconocido que todo el mundo necesitaba una URSS fuerte.

La conversación entre ambos acabó con una última confesión: “Ese Trotski es un perfecto diablo, una fuerza destructora y no creadora. Estoy completamente de acuerdo con Stalin”, dijo el dirigente conservador.

Viniendo de Churchill es discutible que se pueda considerar como un halago hacia Stalin…

Los jubilados tienen que seguir trabajando para subsistir

En Alemania los jubilados tienen que seguir trabajando porque la pensión no les permite llegar a fin de mes. Según datos de la Oficina Federal de Estadística (Destatis), en 2012 casi 800.000 jubilados trabajan repartiendo periódicos o reponiendo estanterías en supermercados, en los llamados “miniempleos” de 400 euros mensuales. De esa cifra 120.000 ancianos eran mayores de 75 años.

En Alemania uno de cada 7 ancianos entre los 65 y los 69 años tiene que trabajar. En 2005 la proporción era de uno por cada 10 y las cifras seguirán en aumento a causa de la reducción progresiva de la cuantía de las pensiones. Unas pensiones reducidas ayudan, pues, a reducir los salarios.

La multinacional Daimler ya ha reincorporado a sus filas a 600 antiguos trabajadores que estaban jubilados. Otras grandes empresas, como Bosch, llevan años reincorporando a sus jubilados a los talleres y oficinas. En total ya tiene a unos 1.600 ancianos trabajando. El gigante de venta por internet Otto lazó su propio programa en 2012. En la actualidad tiene en nómina a unos 50 ancianos. Incluso se ha creado un programa “Space Cowboy” para que los jubilados acudan tres días a la semana a las fábricas.

Como los demás países capitalistas, Alemania ha ido reduciendo progresivamente la cuantía de las pensiones. Quienes se han jubilado a partir de 2000 con todos los años de vida laboral estipulados, cobraban una pensión media de alrededor de 1.000 euros. En 2011 esta cantidad se rebajó a poco más de 900. Actualmente el 30 por ciento de los jubilados alemanes cobra poco menos de 700 euros al mes.

Este año la renta límite de la pobreza en Alemania se ha fijado en 892
euros por persona. Con este umbral, el 15,5 por ciento de la población
vive en la pobreza. Hay, pues, más de 12 millones de alemanes
oficialmente pobres.

Pero el fenómeno no es exclusivo de Alemania. En Europa un promedio del 11,5 por ciento de los ancianos entre 65 y 69 años tienen que seguir en activo para poder subsistir. Las jubilaciones son cosa del pasado. Los ancianos tendrán que seguir trabajando toda su vida, estén sanos o incluso enfermos, o rebuscar en medio de las basuras.

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