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Día: 19 de septiembre de 2015 (página 1 de 1)

Las barricadas pasan la noche en silencio

La tercera noche después del golpe de Estado ha sido tranquila en Burkina Faso, especialmente en la capital, aunque el toque de queda ha sido violado en otras zonas. Los relatos de testigos presenciales coinciden en describir que las calles están cerradas con barricadas y neumáticos ardiendo, especialmente en los barrios de la capital. Son los testigos mudos del pulso entre la guardia presidencial y el levantamiento de las masas.

En el hospital de Yalgado, el principal de la capital, el número de víctimas por disparos del ejército es de 10, a los que hay que añadir 80 heridos, también por arma de fuego. Esta mañana los bomberos seguían llevando heridos al hospital.

Las movilizaciones han sido especialmente fuertes en Bobo Diulasso y en el norte del país. Cuando la tropa logró dispersar a los manifestantes en la capital, las masas se trasladaron a otras localidades cercanas en las que se pudieron escuchar disparos de armas automáticas durante la noche.

El levantamiento ha sido espontáneo, aunque los partidos políticos han llamado a la huelga general. Cheriff Sy se ha autoproclamado continuador del gobierno depuesto y ha llamado a concentrarse en la capital para continuar la lucha contra el general Dienderé y sus seguidores.

La calma momentánea se ha logrado gracias a la llegada a Uagadugu, la capital, del presidente senegalés, Macky Sall, y del homólogo beninés, Boni Yayi, que fueron recibidos en el aeropuerto por el general Dienderé, que encabeza el golpe de Estado, que se presentó acompañado de su esposa como si se tratara de una acto protocolario.

Tras entrevistarse se alojaron en el hotel Laico, donde tendrán lugar las negociaciones. Por la tarde se entrevistaron con el general Zagré, con el obispo Paul Uedraogo y son Jean Baptiste Uedraogo, aunque no ha trascendido el contenido de ninguna de las entrevistas.

El antiguo primer ministro Isaac Zida sigue secuestrado en el palacio presidencial. Su situación se explica porque Zaida procede del mismo equipo militar que los golpistas, los antiguos guardaespaldas del presidente Balise Campaoré, que se sienten traicionados tanto por su política como por sus intentos de disolver la guardia presidencial. Los rumores que circulan por Uagadugu refieren que ha sido torturado, que no se encuentra bien de salud o que está en huelga de hambre.

Conforme a la carta fundacional de la Unión Africana, desde ayer por la tarde el país está sujeto a sanciones internacionales. Un comunicado oficial califica como “terroristas” a los responsables de la asonada, ha congelado sus haberes en todos los países miembros y les ha prohibido viajar a cualquiera de ellos.

El interrogante más importante es la decisión que va a adoptar el resto del ejército, si es que va a tomar alguna, ya que hasta la fecha se ha mantenido pasivo ante las acciones del general Dienderé y el resto de los guardaespaldas. No obstante, el general Zabré, jefe de Estado Mayor, ha condenado la represión ejercida contra las masas por la guardia presidencial.

El ejército sigue, pues, la misma línea de los imperialistas franceses, que tienen acantonado un contingente de 220 miembros de las tropas especiales. El jueves Hollande explicó la postura oficial de su gobierno, que es la misma que el la guerra civil española: no intervención. Aunque condenan el golpe, no están ni con unos ni con otros.

Por supuesto que es mentira. En octubre del año pasado fue Francia quien ayudó a que el presidente Blaise Campaoré saliera indemne del país tras su destitución.

¿Han encontrado Rusia y Estados Unidos un principio de acuerdo sobre la guerra de Siria?

Choigu, ministro ruso de Defensa
En un comunicado el Pentágono ha informado que se han reanudado las conversaciones telefónicas entre los ministros de Defensa de Rusia y Estados Unidos, que habían quedado interrumpidas en agosto del año pasado como consecuencia de la guerra de Ucrania. El motivo de dichas conversaciones ha girado en torno a la guerra de Siria, por lo que ambas potencias encuentran en Siria lo que han perdido en Ucrania.

A partir de ahí el comunicado es confuso. El Pentágono asegura que hay un principio acuerdo entre ambos para “desconflictuar” (textualmente: deconfliction), la situación en Siria, cuando en realidad lo que hay es una guerra, que es bastante más que un conflicto. En una guerra como la de Siria, además de un gobierno legítimo, hay una parte no reconocida como tal a la que, en todo caso, alguien debería dirigirse para “desconflictuar. ¿O pretenden que sea el gobierno de Siria quien rebaje la escalada militar?

Al mismo tiempo, el comunicado habla de una campaña contra el Califato Islámico, lo que parece contradictorio con lo anterior: si hay “desconflictuación la campaña debería remitir en cierta medida, lo cual supone que el Califato Islámico saldría indemne de la guerra, y posiblemente con una posición política reforzada.

Sin embargo, sobre el terreno no sólo no hay “desconflictuación sino todo lo contrario. Según el Wall Street Journal, Rusia ha reforzado su presencia en Siria con el envío de 500 soldados de la infantería de marina y helicópteros de ataque Mil Mi-24 Hind y de transporte Mi-8 Hip.

Además, la inteligencia militar estadounidense asegura que Rusia ha enviado a Latakia, al norte de Siria, 4 aviones de combate Su-27 Flanker, es decir, aviones diseñados para la supremacía aérea.

El periódico desliza que “no está claro” que dichos aparatos vayan a ser tripulados por pilotos sirios, es decir, que van a ser los rusos los que se pongan al mando de los mismos. Finalmente, el reportero da otra pirueta más y sigue especulando: dichos aviones podrían “contestar” a los de la coalición (léase: Estados Unidos) que “luchan” contra el Califato Islámico. Es posible que sobre el cielo de Siria se puedan producir “encuentros inoportunos” entre los aviones de unos y otros.

Resumiendo por dónde van las disquisiciones: la aportación rusa no sólo no añade nada a “lucha” de Estados Unidos contra el Califato Islámico sino que la entorpece.

Como buenos intoxicadores, los del Wall Street Journal son capaces de ponerlo todo del revés. Así es imposible entenderse.

Aroma de gol

Nicolás Bianchi

¿Es el fútbol un mero juego? Sabemos que no desde que, ya en los años 30 del siglo pasado, y aún antes, se impuso la profesionalización del jugador, del player. ¿Será acaso un deporte? Lo dudo en vista de que, sin hablar de los intereses comerciales y, por supuesto, políticos, que rodean el Planeta Fútbol, el romántico «fair play» desapareció e inclusive se guiña el ojo de manera cómplice cuando un futbolista trata de engañar alevosamente al árbitro simulando penalties imaginarios, algo que un gentleman british -pioneros amateurs en la elitistas universidades inglesas- no hubiese tolerado bajo ningún concepto. ¿Concluiremos que el fútbol es un arte? La pregunta es arriesgada e, incluso, en primera instancia, osada, rozando lo ridículo. Me inclinaría por una respuesta afirmativa viendo a Messi o a, entonces, Romario, verdaderos «artistas», ¿no es cierto? Del primero, el entrenador del Arsenal londinense -equipo histórico-, Arsène Wenger, dijo que «es un jugador de play-station». Del segundo, Valdano opinaba que era un futbolista «de dibujos animados». Jugadores de enorme talento que le insuflan belleza al fútbol, pero que no son «cracks». El fútbol es una disciplina colectiva y combinada, pero un «crack» no es un goleador tipo Cristiano Ronaldo (y el otro Ronaldo, mucho mejor y plástico que el portugués, a mi juicio, aunque menos efectivo), sino quien pide la pelota para jugarla tipo Xavi y, antes, el mejor: Cruyff. O el olvidado George Best. Hoy le llaman «fútbol de autor». Estos son los «cracks»; los demás, «killers» del área. Claro que también hay quien cree que -y parece una boutade pero tiene su aquel- «el fútbol es un juego donde se patea con la cabeza y se piensa con los pies». Suena a chiste fácil. Pep Guardiola decía que de su infancia sólo recordaba el balón. O el ditirambo de A. Camus que dijo aprender a filosofar bajo los palos de una portería de fútbol.

Y es que el fútbol, como decía el míster escocés Bill Shankly, descubridor del legendario jugador de los años 60 y también escocés, Denis Law, «no es asunto de vida o muerte, sino algo mucho más importante». Típico british sense of humour. Había un sketch, absolutamente genial, de Monty Python, en el que la selección alemana de fútbol se enfrenta con la griega, pero los jugadores teutones, vestidos con túnicas y clámides helenos, son figuras como Hegel, Leibniz (a Kant no le hacemos pateando el esférico, la verdad) y Heidegger -por un lado- y Sócrates, Aristóteles y Pitágoras (a Heráclito tampoco le vemos rematando de chilena), por el otro. ¿Por qué resulta desopilante el absurdo? Probablemente porque hay pocas cosas que se consideran tan distantes, pero no antagónicas,  como el fútbol y la filosofía. Carlos Goñi Zubieta, doctor en Filosofía, tituló un libro suyo como «Fútbolsofía». Bueno, es ocurrente. Hay más (libros), sobre todo británicos y argentinos y también españoles sin que conste alguno firmado por el «catedrático» Manolo el del Bombo.

Para el polifacético escritor mejicano Juan José Arreola, el fútbol era menos intelectual que, por ejemplo, el tenis o el ping-pong (o pimpón), particularmente porque aquél «carecía de la intermediación de la raqueta». Los movimientos del fútbol -añadía- «ocurren en bruto, sin pasar por un instrumento civilizatorio y, además, prescinde de las manos, fundamento de la cultura»… Para Arreola, la práctica del soccer (sic) era un regreso a la edad temprana del hombre sin utensilios. No se le ve al jalisciense muy entusiasta  (igual que Borges que abominaba de «esa cosa estúpida de ingleses… un deporte estéticamente feo») del deporte-rey, que digamos.

Menos mal que a los que gustamos -otra cosa es entender- del balompié nos redime la bonhomía del recién fallecido Eduardo Galeano señalando -en su ya clásico «El fútbol a sol y sombra»– que «el mundo intelectual siempre ha adoptado una actitud despectiva y arrogante con el fútbol y todo lo que este deporte desata como pasión colectiva. Este juego ha sido condenado por intelectuales de derecha y de izquierda. En la derecha porque, dicen, es la prueba de que el pueblo piensa con los pies; y en la izquierda, porque creen que el fútbol tiene la culpa de que la gente no piense». Más tarde, la «intelligentsia» fue saliendo del armario y declararse forofo de un equipo determinado -aunque no fuese el de tu ciudad- vestía fetén. Eso sí, sin ser fanáticos, eso la plebe, la chusma. El fútbol era el «opio de los pueblos». Tal vez dicho por quienes ni probaron el opio ni sabían lo que era el pueblo. Un fenómeno social de masas, del pueblo, tan universal, y transversal, por fuerza tenía que imponerse más allá de aquella lapidaria frase que lo señalaba allende la religión, como «opio del pueblo», expresión de manifiesta resonancia marxista, como es sabido (en los tiempos de Marx en Londres, se fundó el primer «team» -equipo- de «foot-ball», el Sheffield, en 1855). Incluso aunque así fuese, un opio, igualmente merecería toda la atención del caso. Claro que, como decía el exfutbolista inglés Kevin Keegan, de extracción obrera, no se ha encontrado nada mejor para reemplazar al fútbol.

César Luis Menotti, entrenador campeón de Argentina del Mundial de 1978, con la dictadura, hablaba -desbrujulado socolor de sofisticado, a mi modo de ver- de fútbol «de izquierdas» y otro «de derechas». El primero buscaría el espectáculo (o sea, él) y el segundo el resultado (esto es, Bilardo, Clemente o ahora Simeone, fútbol que no agrada mucho o nada en Argentina, dicho sea de paso), espectáculo y resultadismo. Pier Paolo Pasolini, que le diera patadas a la bola en su Bolonia natal, dividió el fútbol en «poético» (el brasileño con regate y gol, aroma de gol) y el «prosaico» que sería el europeo con «catenaccios» y sin imaginativos gambeteos (dribblings). Son paridas, chorradas, a mi modo de ver. Como la vertiente psicoanalítica que habla de un «nosotros» que forzosamente implica un freudiano «ellos» y de aquí las rivalidades cuasiépicas y semibelicosas que tanto explotan los mass media. O la anulación simbólica de las clases sociales -y ya no hablamos de ninguna tontería- en un estadio animando por igual a tu equipo del alma, algo así como suspender la lucha de clases, una tregua (cuya estratificación refleja la propia grada con tribuna, general, preferencia, etc) por noventa minutos… más el añadido.

Lo cierto, y esto es básico y elemental, es que no hay fútbol sin público, al igual que un partido jugado a puerta cerrada por sanción es un partido-fantasma, sin espíritu, desgarrado (sin garra). Ahora el «stablishment» nos quiere a todos sentaditos en las bomboneras, y ni tan mal, pero calladitos como quien ve, mudo, un partido de tenis. O asiste a la escucha del himno nacional… sin pitada. Y no, oiga, que ya es moda.

El dinero del transporte de emigrantes se invierte en comprar armas

Los desplazamientos masivos de personas son algo mucho más organizado de lo que pensamos. Nada queda a la improvisación. En ellos intervienen profesionales de la logística, normalmente emigrantes que quieren hacer ellos también el viaje. Los pasadores actuales son los pasajeros del futuro. Para hacer el viaje primero deben hacer negocio pasando a otros.

En ocasiones los desplazamientos los organizan intermediarios sobre el terreno, a los que la policía y los medios de comunicación califican estúpidamente como “mafias”. Europol, la agencia europea de cooperación policiaca, estima que el número de personas implicadas en el transporte de emigrantes es de unas 30.000, según ha dicho su director Rob Wainwright.

La Organización Internacional del Trabajo estima que 161 países están involucrados en movimientos poblacionales internacionales. Los beneficios mundiales anuales generados por la emigración alcanzan los 28.350 millones de euros.

La Organización Internacional para las Migraciones dice que al menos 364.000 personas han cruzado el Mediterráneo en el último año.

Según un informe del Centro de Terrorismo Internacional de la Academia de Policía de Turquía, en 2011 más de 9.000 transportistas en Turquía acumularon ingresos de 268 millones de euros para trasladar emigrantes.

Un guardia asignado para proteger a los emigrantes en Estambul, por ejemplo, cobra 26,60 euros. En una semana muy ocupada un barco puede hacer unos 20 portes. El dueño del barco cobra unos 3.000 euros semanales y el guía de una expedición a la costa italiana recibe casi 9.000 euros por cada viaje.

Los barcos se cargan con 350, 700 u 800 refugiados. La policía italiana asegura que los transportistas se llevaron 2,5 millones de euros del viaje del barco Ezadeen, con 359 personas a bordo y con cada viajero pagando entre 3.500 a 6.200 euros cada uno.

Para poder cruzar el Meditérráneo, antes hay que llegar hasta Marruecos o hasta Libia, un viaje muy largo que cuesta mucho dinero. Una enfermera de Eritrea pagó 6.200 euros para llegar a Libia desde Sudán. Un sirio tuvo que pagar 7.000 euros (el doble del sueldo anual en Siria) para llegar a Italia que, con 200 pasajeros hace un viaje generar 1.400.000 euros.

Para impedir las llegadas masivas de emigrantes la Unión Europea ha decidido entregar el control del Mediterráneo a la Marina de Guerra y a la aviación. Ha puesto en marcha la segunda fase de su operación Eunavfor Med en Libia, que empezó en junio. Los buques de guerra podrán abordar en aguas internacionales cualquier embarcación sospechosa de trasladar emigrantes.

Alemania ya tiene dos navíos en la operación y ha anunciado la movilización de 950 marinos.

Gran Bretaña ha decidido enviar a la fragata HMS Richmond y su ministro de Defensa, Michael Fallon, se ha preocupado de diferenciar ante la prensa a los pasajeros (“nos preocupamos mucho por ellos”) de los pasadores (“hay que acabar con las redes”), aunque no ha aclarado cómo los marinos van a diferenciar a unos de otros.

Francia es la causante principal de la destrucción de Libia y ahora le quiere poner remedio por la misma vía militar. Ya tiene un Falcon 50 a disposición del operativo europeo, así como medios satelitales para seguir las rutas que hacen los refugiados. Va a llevar también una fragata dotada con helicóptero y comandos de la marina.

En una larga entrevista a “Le Monde”, el Ministro de Defensa galo, Jean-Yves Le Drian, es tan hipócrita como todos los demás. Insiste en que “lo principal es salvar a los emigrantes”, luego hay que destruir las embarcaciones y, finalmente, encarcelar a los transportistas.

Llegar hasta las redes de transportistas, dice el ministro, es imprescindible porque algunos de ellos están vinculados al tráfico de armas en las regiones del Sahel y el Sáhara: “El dinero de los pasadores sirve también para el tráfico de armas en el conjunto de la zona que va de Libia a las regiones en laas que se encuentra Boko Haram. Lo hemos constatado”.

No tenga la cara tan dura, señor ministro: no lo han constatado, lo han creado Ustedes “de toutes pièces”, como dicen en su idioma. El dinero del transporte de emigrantes no se invertiría en armas si no hubiera una guerra. Por lo tanto, para acabar con los desplazamientos masivos de personas, no hay que acabar con las redes de las que tanto hablan; hay que acabar con Ustedes, los imperialistas.

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