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Día: 12 de septiembre de 2015 (página 1 de 1)

Suiza refina el trabajo infantil en régimen de esclavitud

No hay organización internacional humanitaria de postín que no tenga la sede o, al menos, una oficina en Suiza, por más que su campo de acción se extienda a los más recónditos países del Tercer Mundo, de esos que no sabemos ni pronunciar el nombre.

Por ejemplo, Berna es una ciudad suiza donde el 10 de marzo de 1968 se creó la “Declaración de Berna”, una organización que, entre otros objetivos, lucha contra la esclavitud y el trabajo infantil en el Tercer Mundo.

Algo así nos proporciona la agradable impresión de que para ver la esclavitud, lo mismo que para ver un safari, hay que viajar muy lejos. Nos reconforta porque no podríamos vivir con ello. Sin embargo, la esclavitud está muy cerca, a nuestro lado, en la oficina de enfrente. Sobre todo si tenemos nuestra oficina en Suiza, como les ocurre a las ONG.

Pero Suiza es un país que aparece mencionado muy pocas veces en las lamentaciones de las ONG, a pesar de que cada año importa varios miles de toneladas de oro procedentes de un país africano que lleva el nombre de Togo. Pero Togo no produce ni un gramo de oro. ¿De dónde llega ese oro a Suiza?

Según la “Declaración de Berna” procede de minas artesanales de Burkina Faso, otro país africano cercano a Togo, en las que los trabajadores que extraen el metal son niños que cada día se juegan la vida.

Suiza es una gran lavadora. Sus bancos lavan la mierda que se produce en el mundo entero. El dinero “negro” procedente del tráfico de armas, del tráfico de drogas, de la prostitución y de la evasión fiscal sale de Suiza completamente blanqueado, limpio y, por supuesto, anónimo. Nadie pregunta su origen. En realidad nadie pregunta nada.

El oro no es una excepción. La materia prima procedente de la esclavitud infantil se “refina” en Valcambi, una empresa suiza que tiene su sede en la frontera con Italia. Tampoco hay preguntas sobre el origen. La policía suiza no quiere saber nada de un oro que parece brotar de la nada, de un país que no tiene minas.

Mientras, en las minas de Burkina Faso los niños trabajan en jornadas agotadoras desde los 12 años de edad. Suponen entre un 30 y un 50 por ciento de la fuerza de trabajo. Descienden al fondo de la mina, a 170 metros de profundidad, atados con una simple cuerda de cáñamo, para esforzarse en unas galerías que carecen de ventilación.

De las minas de Burkina Faso, la materia prima viaja a Togo a través de las redes de contrabando, es decir, que en Burkina Faso no queda ni un miserable céntimo del oro que hay en su subsuelo.

En Lomé, la capital de Togo, una familia libanesa compra el material bruto para exportarlo hacia Génova, en Italia, donde lo compra Valcambi, la empresa suiza que se encarga de su refinado.

Las violaciones de los derechos humanos son mucho peores en Suiza que en Siria o en Libia. ¿No creen que la “comunidad internacional” y, sobre todo, las ONG, deberían intervenir en Suiza para bombardear los bancos y las fábricas helvéticas que blanquean y refinan la esclavitud infantil?

Vuelve el flamenco antifascista y republicano

Un cante en caló abre un doble disco de flamenco dedicado a la memoria. Esa letra gitana, que traducida dice “he huido de Madrid con mucha pena y dolor porque ha dicho el rey: matad a ese caló”, es la mejor tarjeta de presentación para un trabajo que recopila 26 canciones olvidadas.

En “Flamenco y República. Cantes de la memoria” se canta sobre la persecución secular al pueblo gitano, se reviven proclamas de libertad, se escuchan lamentos contra el abuso patronal y condenas a la violencia fascista en la Transición pero, sobre todo, se hace una reivindicación de la II República, sus héroes más conocidos y también sus protagonistas anónimos.

Todo ello mediante las letras, transmitidas por vía familiar y perseguidas por la dictadura, de cantes flamencos de artistas de la época como Manuel Vallejo, El Chato de las Ventas, El Niño de la Huerta, José Cepero, El Carbonerillo o El Piyayo, alguno de los cuales sufrió en carne propia el horror de la represión.

“Soy hijo y nieto de republicano, estos cantes forman parte de mi gen y de mi educación desde mi más tierna infancia”, reconoce Paco Moyano, uno de los cantaores que participa en el disco, grabado el año pasado en los estudios Cambayá de Antequera (Málaga), bajo la dirección artística de Manuel Arenas.

Moyano, nacido el 1 de noviembre de 1951, considera que con este trabajo no se pretende recuperar una tradición muerta sino hacer justicia y seguir insistiendo en la necesidad de ella y de la reparación a las víctimas: “El flamenco tiene una vida propia y una actividad permanente y constante y con estas canciones se trata de insistir, no de recuperar, para que se reconozca la historia de este país, que no está escrita de una manera amplia y generosa. La mitad de la historia se canta en corros, en la reja, en los bares. No se ha dejado de cantar ni de reivindicar. Pero esto no llega a los templos donde se administra el patrimonio y la ley. Hay un desequilibrio entre administradores y pueblo”.

En el disco, Moyano hace tres cantes: una soleá dedicada a su abuelo, un tanguillo con letra inspirada en el poema “Los reyes de la baraja” de Lorca y recuperada de juegos infantiles; y unas seguiriyas de homenaje a Torrijos y Riego.

En la reivindicación del flamenco como garante de la memoria popular, Moyano recuerda a uno de los pueblos más castigados, uña y carne con el cante jondo: “El mundo gitano está en el flamenco como el flamenco está en el mundo gitano. Forma parte del híbrido cultural que es Andalucía. Se les sigue persiguiendo como se persigue a todo lo popular, es una cuestión de lucha de clases más que racial.

El cantaor también se muestra muy crítico con la relación que desde las instituciones se ha establecido con el flamenco, que considera una suerte de silencio mediante el juego del palo y la zanahoria.

“Se puede torear mejor a la censura que a la subvención. En los años 60 y 70 había cantidad de espacios donde la censura no llegaba, u otros en los que se la podía burlar, haciendo encaje de bolillos de manera sutil para eludirla. Hoy en día casi todos los espacios para cantar y para actividades de tipo cultural están en manos de la Administración. Y ahí quien interviene es la subvención. O cantas para la Administración o no cantas. Para mí es mucho más complicado ahora porque yo no quiero cantar para la Administración”, reconoce.

Con este posicionamiento, la presentación en vivo del disco el sábado 19 de septiembre en el Teatro Echegaray de Málaga se antoja una ocasión excepcional. Moyano estará allí, aunque reconoce que ya está retirado del cante en público: “Canto casi todos los días pero para mí, cuando salgo a pasear con mi nieta, alrededor del agua o en algún ritual de carácter familiar. Hago alguna actuación social, pero son las menos. Apenas canto públicamente”.

Ámala Fernández es hija de Paco Moyano y también canta en el disco. Reconoce que no conocía la mayoría de las canciones y las que sí le sonaban, le llegaron escuchando a su padre. “El flamenco es mucho de tradición oral, las letras no están casi en ningún sitio, este disco surge de un trabajo de recuperación de memoria de los intérpretes y cantaores para recordar lo que cantaban en aquella época”.

Fernández es una de las dos únicas mujeres a las que se escucha en el disco, junto a Curra Vargas quien canta el lamento gitano de la apertura. Ella achaca esta escasez al incumplimiento de tres requisitos –“no será por falta de intención, seguramente no se cumplió la condición de mujer, cantaora flamenca y con conciencia republicana”– pero también apunta a otros motivos: “Creo que en aquella época eran más valientes. Había más cantaoras flamencas y republicanas que ahora, porque se nota el lavado de cerebro de los últimos setenta años.

Fuente: http://iniciativadebate.org/2015/09/12/flamenco-y-memoria-un-tablao-republicano-para-seguir-pidiendo-justicia/

Los reyes de la baraja
cante popular, Federico García Lorca

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

Un breve sobre el ‘caso Piqué’

N.B.

Que en eso lo están convirtiendo, en un «caso» en lo que debería ser una anécdota, pero sucede que los hay nerviosos  y/o interesados en hacer una montaña de un grano de arena. De todos modos, todo lo que acontece por la rua de este país de risa es significativo, denotativo y connotativo. Revelador. Y es que saltan las contradicciones y se rompen las costuras por todas partes sin importar mucho la dimensión y el calibre de la cosa y el contencioso, sea cual fuere el mismo. Por ejemplo una (contradicción) que he leído por ahí. ¿Cree el «amable lector» -como se decía en la prensa franquista- que el brasileño nacionalizado español, Diego Costa, se siente, cómo decir, muy español o tanto como Sergio Ramos (y antes Raúl) cuando este pone los ojos en blanco mirando al infinito cuando suena el himno (sin letra) español en los partidos internacionales? Me da que no, tengo ese presentimiento.

Pues bien este mercenario del balón, fue pitado en el pasado Mundial de Fútbol celebrado en Brasil por la «torcida» brasileña cuando tocaba la bola jugando con la mal llamada -por el difunto Luis Aragonés- «La Roja» (cuyo titular es Chile). Le pitaban como se pita a quien consideran un, vale decir, «traidor» a la patria y esas cosas. Ocurre algo parecido con Pique al que le abuchean porque se piensa que defiende una camiseta que no siente, y, si esto es así, pues que no venga (se viene a decir, ¿no es cierto?), o se vaya, pero ocurre que no se va, que sería lo puramente lógico, y encima pasa por ser un tío «sincero». No lo dudamos, pero también un tipo contradictorio e inconsecuente con sus sentimientos, pues es conocida su inclinación -aunque no la proclame a los cuatro vientos ni tiene por qué hacerlo- «separatista», que diría el facherío. Valiente, lo que se dice valiente y consecuente, fue el jugador del Barça, Oleguer Presas, que le dijo al seleccionador estatal, Luis Aragonés, que no le llamara porque no se sentía español y le parecía que estaba engañando a todo dios y a sí mismo. Aquello no tuvo mucha resonancia porque Oleguer -que se fue al Ayax a jugar, un Ayax muy devaluado- no es Pique ni se casó con una cantante famosa ni era precisamente un crack en esto del «furbo», que diría Villar.

A Pique le ha defendido, aunque con la boca pequeña, hasta el más rancio «españolismo», pero sólo porque defiende los colores «nacionales», que, si no, lo crucifican, lo linchan: «lo último que haría sería negarme a ir a la selección» (española, se entiende). Eso lo salvó. Si hubiera dicho: «no voy más en vista de cómo me tratan», la lógica de esa frase sería tan aplastante que el patrioterismo de tres centavos… no lo entendería de puras cartolas que lleva. Claro que Pique también declaró que él «es así». Pues vale. También mostró su cerval y casi irracional «antimadridismo» (y quien firma esto del equipo merengue, «rien de rien») sin caer en la cuenta ni él, ni nadie, o casi nadie, que es, dialécticamente hablando, precisamente su eterno rival, el Real Madrid, QUIEN HACE GRANDE AL FC BARCELONA. Y viceversa, el Barcelona hace grande al Madrid. Se necesitan mutuamente «ad maiorem dei gloria» del Planeta Fútbol. Ambos son piedra de toque.

Por eso cuando, desde la caverna y el trogloditismo, se dice que se vaya el Barcelona -en caso de una Catalunya independiente- a jugar una Liga catalana contra el Mollerusa -siempre ponen este ejemplo, no sé por qué misteriosos motivos-, el Lérida o el Hospitalet, sería el Real Madrid el primero en negarse a suscribir esa proclama. Y ello porque, ya se ha dicho, se necesitan, se retroalimentan. Y la prensa deportiva y demás medios circenses ídem de ídem. Que tengan un buen día. Buenas tardes.

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