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Día: 2 de septiembre de 2015 (página 1 de 1)

El ‘arte’ moderno es un arma de la CIA

El ‘arte’ que promocionó la CIA
Durante años se ha rumoreado una conexión entre la CIA y el auge del expresionismo abstracto, una de las corrientes pictóricas dominantes –si no es que una de las más reconocibles– del siglo XX. Sin embargo, ¿qué podían tener Pollock, De Kooning, Motherwell o Rothko que la CIA pudiese utilizar en su favor durante los años 50, en plena cacería de comunistas promovida por Joseph McCarthy? ¿El arte moderno de Estados Unidos, con su énfasis en el color y la textura, dejando de lado la figuración, podía ser un arma de reeducación ideológica a nivel mundial y propaganda encubierta de la libertad de expresión promovida en Occidente? A menudo desestimada como “otra” teoría de conspiración, la conexión ha sido admitida por uno de sus promotores, el hoy retirado agente de la CIA Donald Jameson.

“Con respecto al expresionismo abstracto, ¡me encantaría decir que la CIA lo inventó sólo para ver qué pasaba en Nueva York y en el SoHo al día siguiente!”, bromea el antiguo espía. “Pero pienso que lo que hicimos realmente fue reconocer la diferencia. Se reconoció que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que hacía parecer al realismo socialista mucho más estilizado y rígido y confinado de lo que era”.

Pero los agentes de la CIA no podían simplemente entrar en los talleres de los artistas y pedirles que pintaran para promover fuera de su país el sueño americano. Se necesitaba sutileza y eso es algo que en ocasiones hasta la CIA es capaz de lograr. Jameson sabía tan bien como el presidente que los artistas, al menos en su mayoría, “son gente que tenía muy poco respeto por el gobierno en particular, y ciertamente ninguno por la CIA. Si debíamos usar a la gente que se consideraba más cercana a Moscú que a Washington, pues bueno, tanto mejor”, pues de esta forma se evitaban sospechas.

Este programa fue conocido oficialmente como el Congreso por la Libertad Cultural, que financió importantes exposiciones como The New American Painting entre 1958 y 59, Modern Art in the United States de 1955 y Masterpieces of the 20th Century de 1952. Extraoficialmente sus agentes lo llamaron “la correa larga” (“the long leash”), e involucró a algunos de los más importantes museos del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o la galería Tate de Londres y a millonarios de la estirpe de los Rockefeller. La conexión cuenta con evidencia clara, que además demuestra la sutileza de la operación. William Paley, presidente de la CBS y uno de los fundadores de la CIA fue miembro de la mesa directiva del programa internacional del MoMA, liderado por John Hay Whitney, quien sirvió en la OSS, el antecesor histórico de la CIA, además de Thomas Braden, primer jefe de la División de Organizaciones Internacionales de la CIA, que fue secretario ejecutivo del museo desde 1949.

Braden explicó en una entrevista reciente que el objetivo era “unir a toda la gente que fueran escritores, que fueran músicos, que fueran artistas, para demostrar que Occidente y Estados Unidos estaban comprometidos con la libertad de expresión y el logro intelectual, sin ninguna barrera rígida de sobre qué se debía escribir, y lo que se debe decir, y lo que se debe hacer, y lo que se debe pintar, que es lo que ocurría en la Unión Soviética. Creo que fue la división más importante de la agencia, y creo que tuvo un papel enorme en la Guerra Fría.

¿Y por qué hacerlo en secreto? Según Braden, esto se debe a la hostilidad del público en general respecto al arte de vanguardia: “Era muy difícil hacer que el Congreso aceptara algunas de las cosas que queríamos hacer: enviar exposiciones de arte al extranjero, sinfonías al extranjero (sic), publicar revistas en el extranjero. Esa es una de las razones por las que debía realizarse en secreto. Debía ser un secreto. Para fomentar la apertura debíamos ser secretos”.

El expresionismo abstracto falló en llegar al “gran público”, pero eso no necesariamente fue culpa de los artistas. Muchos, como Rothko, se negaron a decorar los hoteles de 5 estrellas y las sedes corporativas de las grandes empresas, a pesar de que eran los miembros de las mesas directivas de estas empresas los que fungían de prestanombres para las fundaciones que financiaban sus exposiciones. Pero incluso el punto de vista de gente como Braden, a pesar de ser un poco cínico, no deja de recordarnos las raíces del arte occidental y del arte moderno.

Se necesita de un Papa o de alguien con mucho dinero para reconocer y apoyar el arte. Y luego de muchos siglos la gente dirá “¡Oh, mira la Capilla Sixtina, la creación más hermosa de la Tierra!”. Es un problema que la civilización ha enfrentado desde el primer artista y el primer millonario o Papa que lo apoyó. Y aún así, si no hubiera sido por los multimillonarios y los Papas, no habríamos tenido arte.

Fuente: http://www.independent.co.uk/news/world/modern-art-was-cia-weapon-1578808.html

China en la crisis capitalista mundial

Ayer Miguel Otero pronunció una conferencia en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander que resume bastante bien el punto de vista del imperialismo sobre la actual crisis. De manera muy gráfica, Otero calificó los 3,6 billones de dólares de reservas que tiene China en su poder como un “arma nuclear monetaria”. Lo que no aclaró es si el arma ya se había disparado, ni tampoco que el arma le puede estallar a China en sus propias manos.

Desde hace un año en occidente la burguesía viene ocultado un hecho decisivo que hasta el FMI destacó: que por tamaño China es -desde hace un tiempo- la primera economía capitalista y que ha desplazado de ese lugar de privilegio a Estados Unidos, algo que es tabú para la prensa imperialista. Aquí no se puede admitir que nadie diga que Estados Unidos no ocupa el primer lugar en nada.

Tampoco nadie admitirá nunca que gracias a China la recesión que comenzó en 2007 con la quiebra de Lehmann Brothers se pudo paliar ligeramente gracias a que China era la locomotora mundial y que su crecimiento espectacular ha aliviado la crisis o, mejor dicho, ha prolongado la agonía unos pocos años más.

La conclusión es bastante obvia: a diferencia de 2007, ahora el capitalismo mundial ni siquiera tiene a China de locomotora porque la locomotora también se ha gripado.

Las informaciones económicas que leemos en la prensa imperialista proceden de que las seudoteorías económicas burguesas no conocen las crisis. Para ellos el capitalismo no tiene crisis. En sus diccionarios ni siquiera existe la palabra crisis. A partir de aquí, para justificar una evidencia contraria utilizan eufemismos, como “desaceleración”, y hablan de que su origen está “fuera” de occidente (en China) y, muy posiblemente, fuera del capitalismo mismo.

Por lo tanto, la “culpa” de la crisis es de China, desde nos alcanza a nosotros (que no estábamos en crisis sino que íbamos “acelerados”). Una crisis económica es, pues, como el contagio de una enfermedad infecciosa; va de fuera hacia dentro.

El argumento es absurdo pues si China nos ha contagiado “su” crisis es porque se ha convertido en el corazón del capitalismo mundial. Es el núcleo de la intoxicación propagandística: los portavoces del imperialismo reconocen ahora la “culpabilidad” de China en la crisis cuando jamás reconocieron la misma “culpabilidad” de China en el “auge” económico anterior.

Pero los imperialistas tiene razón al destacar la novedad de que China está en crisis. Es una noticia que no se había oído en 40 años de éxitos económicos trepidantes. Es, pues, algo realmente histórico porque el capitalismo nunca había conocido, y menos en épocas recientes, una etapa tan prolongada de crecimiento económico.

Creíamos que eso sólo era posible en el socialismo y por ello algunos opinan que China es un país socialista. Pero China es un país capitalista y su crisis es una crisis típicamente capitalista que alcanza a todo el mundo capitalista. De ahí que se exprese en términos militares, tales como “guerra de divisas” y “arma nuclear monetaria” porque las crisis del capitalismo arrecian la competencia interna y el reparto de los mercados que, finalmente, conducen a la guerra porque sólo se pueden resolver por la fuerza.

En su conferencia Otero defendió posturas erróneas sobre ambos aspectos, tanto sobre la “guerra de divisas” como sobre el “arma nuclear monetaria”. Sobre la primera vaticinó que “en los próximos meses vamos a ver una divisa estable” y de la segunda ni siquiera se enterado: China ya ha hecho uso del “arma nuclear monetaria” que tenía en sus manos. La primicia la dio Zero Hedge y la confirmó hace poco la agencia Bloomberg: hace tres meses que se está deshaciendo de sus reservas de dolares discretamente.

Otero lo dijo como advertencia: si China vende “podría hacer mucho daño a Estados Unidos”. El conferenciante está en las nubes: China ya ha empezado a vender bonos del Tesoro por una valor total que se estima en más de 200.000 millones de dólares y puede llegar hasta 900.000 millones, lo cual sería una verdadera hecatombe para Estados Unidos.

Esta situación demuestra que, además, de ser la primera potencia capitalista por tamaño económico, China tiene en sus manos a Estados Unidos, y no al revés. Por eso es también absurdo lo que dijo Otero en Santander acerca de que Xi Jinping tiene “autonomía para decir no” a los mandatos de Estados Unidos. Por supuesto que sí. El problema es que Estados Unidos ya no tiene capacidad para emitir mandatos, y menos a China.

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