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Día: 1 de agosto de 2015 (página 1 de 1)

La guerra por los datos

Sede de la NSA en Washington
Marc Bassets

La sociedad estadounidense se mueve por oleadas. A épocas de repliegue siguen épocas de expansión. Estados Unidos vive ahora en la era del repliegue. El repliegue es visible en la política exterior, en la voluntad del presidente Barack Obama —no cumplida del todo— de acabar con las guerras de Irak y Afganistán. Y también se ve en otro brazo de la política de seguridad: el espionaje. Cuando, a finales de los años setenta, el Senado expuso por primera vez los abusos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), aquellas investigaciones coincidieron con la retirada de Vietnam y la resaca del escándalo del Watergate.

La política sigue a la sociedad. El 2 de junio, el demócrata Obama firmó la USA Freedom Act”, o Ley de la Libertad, la mayor reforma de la NSA —la agencia de espionaje electrónico más poderosa del mundo— desde 1978. La ley prohíbe el almacenamiento de metadatos — número de teléfono, hora de llamada y duración— por parte de la NSA. El programa comenzó a aplicarse después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con el republicano George W. Bush en la Casa Blanca. No se trata de escuchas, pero el cruce de los datos telefónicos permite extraer información valiosa sobre los usuarios.

La nueva ley, que reforma la llamada Patriot Act, sintoniza con los recelos de los estadounidenses hacia los poderes vigilantes del Estado […] Tras el 11-S, este era un país conmocionado, atenazado por el temor a otro atentado. Casi todo valía, desde embarcarse en una guerra en Irak en busca de unas armas de destrucción masiva inencontrables, a ampliar en seceto los poderes de la NSA.

En The secret sentry (El centinela secreto, seguramente la biografía más completa de la NSA), el historiador Matthew Aid explica que, entre 2001 y la llegada de Obama a la Casa Blanca, en 2009, el personal militar y civil de la NSA pasó de 32.000 a más de 60.000. El presupuesto, continúa Aid, se disparó: de 4.000 millones de dólares a unos 10.000.

La necesidad de evitar otro 11-S justificaba la expansión. El desarrollo de Internet y los teléfonos móviles en los años previos tuvieron un efecto doble. Facilitaron el trabajo a los terroristas y ayudaron a la NSA, que trasladó su misión primigenia, captar señales durante la Segunda Guerra Mundial, a la Red.

Sin Edward Snowden, probablemente los detalles del espionaje de la NSA no se habrían conocido. Sus revelaciones han impulsado la reforma de la agencia.

La supresión del programa de datos telefónicos —el primero que Snowden reveló— permitirá a los residentes en EE UU realizar sus llamadas sin el temor de que la NSA las recopile. Snowden es uno de los vencedores del debate de la NSA. Un vencedor a medias.

El otro vencedor es la propia NSA. Porque la vigilancia de las comunicaciones sospechosas en el extranjero y de EE UU con el extranjero escapa a la nueva ley y está cubierta por otra leyes y decretos. La ‘USA Freedom Act’ deja en pie la mayoría de programa de la NSA, una pieza central, para el Gobierno estadounidense, en las ciberguerras del futuro.

Unos días después de adoptarse la ley, la Administración Obama dio a conocer un ciberataque, supuestamente procedente de China, con el objetivo de recopilar, no información comercial, diplomática o militar, sino datos de millones funcionarios estadounideses. La batalla mundial por los datos no cesa y nadie se desarma unilateralmente. Tampoco la NSA.

La importancia de llamarse Omar

El periódico Akhbar al Khaleej de Bahréin contaba recientemente que 3.000 iraquíes que se llamaban Omar habían pedido cambiar de nombre “por temor a ser asesinados”. Si la denominación que a uno le dan sus padres es importante en cualquier parte del mundo, en Irak puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Simplemente por el nombre es posible establecer con muchas probabilidades de acierto la afiliación religiosa de una persona. Y en un país cada vez más dividido por líneas sectarias, con milicias de todas las confesiones imponiendo su ley, no es conveniente encontrarse en el lado equivocado. De ahí, la angustia de los 3.000 Omar iraquíes.

Omar, como Abu Bakr y Osman, es un nombre eminentemente suní. Los tres corresponden a los primeros califas del islam, cuya legitimidad cuestionan los chiíes. Es inconcebible que un chií elija alguno de ellos para sus hijos. Así que en un Irak dominado por esta comunidad, llamarse Omar da el cante. De igual modo, el Gobierno tuvo que cambiar la designación del operativo para recuperar Ramadi porque la inicial hacía referencia a Husein, un imam chií, y para la población local (suní) era una provocación.

Desde el derrocamiento de Sadam Husein, muchos iraquíes (musulmanes, cristianos y de otros credos) se han cambiado el nombre cuando han tenido que vivir en un área en la que eran minoría, para evitar el acoso. Al parecer, el número de solicitudes ha aumentado en el último año debido a los desplazados por el Estado Islámico, en su mayoría suníes que se ven obligados a refugiarse en zonas chiíes. Pero si el fenómeno es nuevo para estos, otras comunidades llevan décadas sufriéndolo.

El recientemente fallecido Tarek Aziz, que fue ministro de Sadam, se llamaba en realidad Mikhail Yuhanna. Aunque todo el mundo sabía que era cristiano, en la época del panarabismo baasista le fue muy útil elegir un apelativo “más árabe”. No fue el único. Muchos kurdos, turcomanos, yazidíes, shabaks y kakais eran animados a arabizar sus nombres para evitar ser discriminados en los trámites administrativos o en el trabajo.

Panyihadismo en África

Sami Nair

África subsahariana se envuelve poco a poco en el torbellino yihadista. Se trata de una ofensiva global. El 22 de julio, dos atentados suicidas en un centro comercial de Maroua, en el norte de Camerún, se cobraron como mínimo 13 muertos y decenas de heridos. Autores supuestos: la secta fanática Boko Haram, que ha declarado, por otra parte, una verdadera guerra contra Nigeria, donde dos ataques también han provocado la muerte de decenas de civiles. En Níger, Chad, Somalia, Malí y Kenia, el yihadismo golpea sin contenerse. Los atentados suicidas de estos últimos meses fueron perpetrados, eso es nuevo, por jóvenes mujeres, a veces todavía adolescentes. La guerra se extiende por doquier, a mano de un panyihadismo militarizado saliendo de las entrañas profundas del mundo árabe y del África subsahariana. ¡La guerra!, no solo actos terroristas o guerrillas. Boko Haram es un ejército, el Estado Islámico también.

En los años 2000, la estrategia de Al Qaeda consistía en movilizar terroristas individuales y mandarlos a la muerte de manera indiscriminada. Ahora, se trata de formar grupos permanentes de combatientes para ocupar territorios. Al Qaeda formaba núcleos nómadas, hoy se construyen ejércitos móviles, a menudo con fuerzas nacionales. Es el modelo del Grupo Islamista Argelino, creado en los años 1990 antes del surgimiento de Al Qaeda, el que se está generalizando. Se trata de una situación cualitativamente nueva, que demuestra el debilitamiento de los Estados naciones y el fortalecimiento de un islamismo político militarizado, postnacional, funcionando a base de fanatismo radical.

Ahora bien, salvo Egipto y Camerún, todos los países blancos han jugado, en un momento u otro, con el islamismo político para debilitar a la oposición democrática y secularizada. Durante décadas, Arabia Saudí ha incentivado al integrismo ideológico, tanto en el mundo árabe como en Asia y África subsahariana. Billones han sido gastados para sembrar lo que podríamos llamar la infraestructura mental sobre la que se cosecha hoy el integrismo. El monstruo creado para oponerse a la modernización política y democrática se escapa de las manos de sus dueños y se vuelve contra ellos.

Que esta guerra total toque a África subsahariana es particularmente grave. El islam subsahariano siempre ha sido moderado, conservador y apolítico. Estamos asistiendo, frente al fracaso del Estado-nación y del desarrollo social inclusivo, a una versión renovada de islamización postestatal, que tiende a rediseñar las fronteras heredadas del periodo colonial. De ahí el carácter transfronterizo de todos los grupos militarizados yihadistas.

De Somalia a Malí y de Kenia a Libia, los regímenes vigentes no han podido, ni, quizás, querido contener el peligro. La fuerza africana multinacional impulsada por Francia, que debía entrar en acción a finales de julio, se encuentra aún lejos de hacerlo. Ahora bien, sabemos que, desgraciadamente, las únicas batallas que se pierden seguramente, son las que no se libran.

Podemos forma parte de un plan del espionaje fascista dirigido contra Catalunya

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que depende de la vicepresidenta del Gobierno y está capitaneado por el general del Ejército Félix Sánz Roldán, aprovechó el auge político de Pablo Iglesias y de sus partidos afines en Cataluña para luchar contra el proceso secesionista en la comunidad.

En un primer momento, el organismo que depende de la vicepresidenta del Gobierno, CNI movió los resortes para intentar desactivar a la formación de Iglesias, que nació en enero de 2014. Finalmente, la cúpula de inteligencia consideró que el crecimiento de los partidos de izquierdas en Cataluña ahuyentarían a los ciudadanos de las pretensiones soberanistas del ejecutivo de Artur Mas y su socio de gobierno, Oriol Junqueras, según explican fuentes cercanas a la operación.

La jugada se demostró el pasado 24 de mayo en las elecciones municipales de Barcelona. Ada Colau desbancó a Xavier Trias debilitando el proceso soberanista. La líder de Barcelona en Comú consiguió 11 escaños, frente a los 10 con los que se hizo el líder de CiU en la ciudad condal, Xavier Trias. Pese a los malos resultados de las elecciones locales para la independencia, Artur Mas sigue adelante con su hoja de ruta y mantiene firme su convocatoria de elecciones para el próximo 27 de septiembre.

Por el momento los partidos ICV-EUiA, Podem y Procés Constituent ya estudian la posibilidad de concurrir a los próximos comicios en una candidatura conjunta al estilo Ada Colau en Barcelona. Los últimos sondeos realizados por Feedback para La Vanguardia y publicados el pasado mes de mayo ya quitaron el triunfo al actual gobierno. CiU conseguiría sólo 35 o 36 escaños, según la encuesta, frente a los 50 que ganó en 2012.

El CNI lleva más de dos años centrado en desarticular el movimiento independentista catalán. Bajo el nombre “Horizonte después”, los servicios de inteligencia españoles elaboraron un plan que seguía tres líneas estratégicas, según publicó la revista Interviú en abril de 2013. La hoja de ruta, presupuestada en 10 millones de euros, comenzaba por pagar a periodistas y tertulianos para defender en los medios catalanes la convivencia entre España y Cataluña. El segundo paso continuaba por financiar a los medios de comunicación españolistas que había en la autonomía. Finalmente, el tercer paso, que después salió a la luz, era recopilar información sobre el dinero que tenía la familia Pujol en los paraísos fiscales. Un informe de Hacienda y la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, determinó después que Jordi Pujol Ferrusola movió hasta 55 millones de euros a destinos como Suiza, Luxemburgo, Andorra o Liechtenstein.

La jugada es doble cuando candidatos como Manuela Carmena o Teresa Rodríguez se empeñan en desligarse de Pablo Iglesias. Por un lado, la líder de Podemos Andalucía ya marcó un punto de inflexión cuando contradijo la postura de Iglesias sobre que hubiera una sola circunscripción para elegir al candidato a las elecciones generales. Rodríguez planteó el proceso de descentralización de primarias. Manuela Carmena también ha dicho en varias ocasiones que ella no tiene vinculación política con Podemos ni con ninguno de los partidos que forman Ahora Madrid, la plataforma que le aupó al ayuntamiento de la capital.

Fuente: http://informalia.eleconomista.es/interstitial/volver/343978222/informalia/actualidad/noticias/6876765/07/15/-El-CNI-aprovecho-a-Pablo-Iglesias-para-desactivar-el-proceso-independentista-catalan.html

El Fondo Monetario Internacional no prestará más dinero a Grecia

El jueves el Fondo Monetario Internacional decidió no participar en el último recate de Grecia. Exige aplicar drásticas quitas a la deuda helena dado que su volumen es insostenible y declaradamente impagable. Como Merkel se niega a aplicar quitas a la deuda, el Fondo declara que no participará en el tercer recate.

Ahora bien, Merkel señaló que solo negociaría un nuevo rescate a Grecia si contaba con la colaboración del Fondo Monetario Internacional. Por lo tanto, el rescate está condenado al fracaso.

El Fondo Monetario Internacional se lava las manos como Pilatos, como si no hubiera tenido nada que ver con los dos rescates anteriores, que también resultaron otros tantos fracasos.

La deuda griega que el año 2007 era del 95 por ciento del PIB, hoy es del 180 por ciento del PIB y los actuales programas de rescate la elevarán al 220 por ciento del PIB en 2017. Esta es una situación insostenible.

La retirada del Fondo Monetario Internacional deja a Alemania en solitario para afrontar el programa de rescate de 86.000 millones de euros acordado formalmente con Grecia el 13 de julio. El préstamo puente por 7.000 millones de euros concedido el 20 de julio, le permitió a Grecia pagar ese mismo día 2.100 millones de euros al FMI y 4.200 millones de euros al BCE, de los cuales más de 400 millones de euros eran intereses.

Para Schäuble, el ministro alemán de Finanzas, todos los países del sur de Europa abandonarán tarde o temprano el euro. El ministro alemán, al igual que Draghi, presidente del Banco Central Europeo, consideran que el euro en su forma actual, es un fracaso.

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