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Día: 16 de junio de 2015 (página 1 de 1)

La intervención de Israel en la guerra de Siria

Siria e Israel están en guerra permanente desde 1948. Desde la  Guerra de los Seis Días de 1967 Israel ocupa los Altos del Golán y el Monte Hermon, que pertenecen a Siria. Durante la Guerra de Yom Kipur de 1973, Siria intentó recuperar la región, pero fracasó.

En 1981 Israel se anexionó oficialmente el territorio de los altos del Golán. Aparte de su valor estratégico, desde el Golán se controla el agua de la región. Allí nacen los afluentes del Jordán y de allí proviene el 15 por ciento del abastecimiento de agua de Israel. Un tercio de la producción vinícola israelí también procede del Golán.

Al año siguiente Israel avanzó hacia el Líbano. Sin embargo, el ejército sirio detuvo el avance del ejército israelí en la batalla de Sultan Yakub y la batalla de Ain Zahalta. El principal objetivo de la invasión israelí del Líbano (Plan Oranim) era la destrucción de las tropas sirias desplegadas en el valle de Bekaa hasta llegar al distrito de Baalbek en el norte del Líbano. El plan, que contaba con el apoyo de Estados Unidos, fracasó.

El 6 de setiembre de 2007 la aviación israelí desencadenó la Operación Orchard, bombardeando y destruyendo un reactor nuclear sirio. Todo lo demás se ignora: ¿cuántas víctimas causó los aviones israelíes?, ¿construyó Corea del norte el reactor?

No es, pues, extraño que desde el origen de la Primavera Árabe en 2011 Israel haya estado presente en la agresión contra Siria. Pero hace cuatro años nadie hablaba del Frente Al-Nosra ni del Califato Islámico sino de un autodenominado “Ejército Libre de Siria”. En aquellos primeros momentos los protagonistas del ataque se disfrazon como fuerzas “rebeldes” o “insurgentes”, e incluso como un levantamiento “popular”, frente a la dictadura de Bashar Al-Asad, para ocultar que el imperialismo y sus filiales sionistas estaban armando a los fundamentalistas como tropas de choque.

En marzo de 2013 Israel remitió al jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, el general Martin Dempsey, un plan en dos fases para aportar un apoyo creciente al “Ejército Libre de Siria”, con el propósito de crear una zona de exclusión aérea, además de sostener el “campo laico” frente a la “amenaza islamista”.

En una entrevista a la CNN en abril del mismo año el general Salim Idriss, jefe del Estado Mayor mayor del referido “Ejército Libre de Siria” reconoció que había “muchos, muchos” oficiales del servicio de inteligencia israelí operando en Siria (1).

En mayo Israel bombardeó Siria, lo que el gobierno de Damasco interpretó como una declaración de guerra (2). La excusa de Israel fue la de atacar las posiciones de Hezbolá (3).

En el mes de julio Laeth Horan, portavoz de la Brigada de los Mártires Yarmuk, integrante del “Ejército Libre de Siria”, agradeció a Israel las atenciones médicas dispensadas a los heridos en la frontera del Golán, afirmando que tras el derrocamiento del gobierno de Damasco llegarían diez años de cooperación con Israel (4).

En agosto la agencia de prensa iraní Ahlul Bayt afirmó que miembros del “Ejército Libre de Siria” vestidos con uniformes israelíes combatían a las tropas gubernamentales de Damasco. La información mencionaba a un oficial sirio del que no mencionaba el nombre. Este oficial dijo haber visto inscripciones en hebreo en el interior de los uniformes de los miembros de las Brigada de Al-Ghuta caídos en combate (5).

En setiembre el diario francés Le Figaro reveló (6) que “un primer grupo” de 300 hombres respaldados por comandos israelíes, jordanos e instructores de la CIA había cruzado la frontera el 17 de agosto, que dos días después cruzó otro grupo y que progresivamente se acercarían hacia Damasco.

Desde Damasco acusan a Israel de dar un apoyo “directo” a los yihadistas tras el bombardeo de las posiciones del ejército sirio que combaten contra el Califato Islámico.

El 18 de enero de este año, seis miembros de Hezbolá y un oficial iraní murieron durante un bombardeo israelí contra Quneitra, una ciudad fronteriza en los altos del Golán.

Como dice un comentarista israelí, Alex Fishman, Israel está involucrada “hasta el cuello” en la guerra de Siria. No podía ser de otra forma. Su consigna es “¡Que se desangren!” Es un riesgo muy calculado. O bien lleva a cabo ataques de “baja intensidad” o bien encubiertos, indirectos, a través de sus tentáculos takfiristas. Pero en Oriente Medio la experiencia enseña que no es fácil mantenerse mucho tiempo en una postura así. “Podría convertirse en parte integrante” de la guerra, dice Fishman (6).

En efecto. Ahora la guerra de Siria es contra el fundamentalismo. Pero es posible que acabe siendo una guerra contra Israel, otra guerra más contra Israel. En definitiva, en todas las guerras de Oriente Medio el protagonista principal es siempre Israel.

Notas:

(1) Free Syrian Army general: ‘Clear proof chemical weapons used, http://amanpour.blogs.cnn.com/2013/04/24/free-syrian-army-general-clear-proof-chemical-weapons-used/
(2) Advierte Siria que el ataque israelí es una ‘declaración de guerra’, http://www.lanacion.com.ar/1579257-advierte-siria-que-el-ataque-israeli-es-una-declaracion-de-guerra
(3) ¿Por qué ataca Israel a Siria?, http://www.abc.es/internacional/20130507/abci-siria-israel-ataque-201305061626.html
(4) Syrie: Pour qui roule la ‘Brigade des martyrs de Yarmouk’?, http://0z.fr/R3a28
(5) Rebels in Israeli uniforms fight in Syria, http://en.alalam.ir/news/1502466
(5) Syrie: l’opération anti-Assad a commencé, http://www.lefigaro.fr/international/2013/08/22/01003-20130822ARTFIG00438-syrie-l-operation-anti-assad-a-commence.php
(6) Israël est impliqué de facto en Syrie, http://www.i24news.tv/fr/opinions/69919-150504-analyse-israel-est-implique-de-facto-en-syrie

El corrupto de la FIFA era un soplón del FBI

Esto no es ni noticia: a petición de los medios de comunicación, un tribunal federal de Nueva York ha destapado esta mañana un chanchullo (o sea, un acuerdo) entre, uno de los dirigentes corruptos de la FIFA, Chuck Blazer, y la fiscalía de Estados Unidos en la que se demuestra que Blazer, además de trabajar para sí mismo, es decir, de ser un corrupto, y además de trabajar para la FIFA, también trabajaba para el FBI, al menos desde 2011.

Blazer fue secretario general de la Concacaf entre 1990 y 2011, y entre 1997 y 2013 fue el único representante de Estados Unidos en el comité ejecutivo de la FIFA. El apaño (o acuerdo) aparece firmado con Loretta Lynch en persona, que entonces era fiscal de Nueva York y hoy dirige la fiscalía de la Casa Blanca.

El juicio de corrupción contra la FIFA es un montaje. No es fácil decir si el corrupto es Blazer o Lynch o ambos. En el chanchullo Blazer se declaraba culpable de evasión de impuestos, fraude y conspiración para lavar dinero y, a pesar de ello (o quizá gracias a ello precisamente) colaboraba con la policía para que le rebajaran la condena.

En el trapicheo Blazer aceptó traicionar a sus colegas de la FIFA, pasar documentos al FBI, cooperar de forma secreta y testificar en Nueva York y en donde se lo pidiera la policía estadounidense.

Blazer admitió haber ganado más de 11 millones de dólares entre 2005 y 2010 y se comprometió a aceptar cualquier prohibición que en el futuro le impusiera la FIFA u otro colegiado del fútbol.

También aceptó pagar una multa (o mordida, según se mire) de más de 2,4 millones de dólares por impuestos pendientes entre 2005 y 2013, y un segundo monto a ser determinado por el tribunal antes de dictar sentencia.

En otras palabras: la fiscalía y la policía de Estados Unidos promovían la corrupción dentro de la FIFA a través de unos de sus jefes y cambio de impunidad. El axioma se cumple siempre: no hay peor delincuente que el policía que le persigue.

Pasteur el impostor

La ciencia no es lo que parece. La ciencia no son los científicos. La geometría no es Euclides, la física no es Newton, la química no es Lavoisier, etc. Ni siquiera son los científicos “de puertas afuera” porque una cosa es lo que hacen y otra lo que dicen. Parece fácil de entender, pero la mayor parte de las veces se olvida.

Pasteur, el fundador de la medicina moderna, es un ejemplo. Decía una cosa y hacía otra. Una cosa es lo que publicaba y otra lo que guardaba en su cajón. Durante casi cien años, hasta 1995 conocimos sólo lo primero; desde entonces conocemos también lo segundo, sus apuntes privados. Como tantos otros oportunistas, Pasteur escribía para la adulación del momento, para la subvención gubernamental y para la prensa. Como los militares, también los científicos quieren “hacer carrera”, aunque no sepan a dónde van.

Con la colaboración de la prensa, Pasteur fue de los primeros que convirtió a la ciencia en un carnaval ridículo. Creó una aureola a su alrededor, se rodeó de buenos contactos políticos y todo eso se tradujo en dinero. Puso las probetas al lado de los libros de contabilidad. Su laboratorio llegó a conseguir el 10 por ciento de las subvenciones del gobierno francés. Luego se convirtió en la multinacional Sanofi-Pasteur.

Con las vacunas, Pasteur convirtió la salud en un negocio. Algunos dicen que ha sido el gran avance de la medicina moderna, a la que califican como “científica”. Desde luego que los capitales más rentables del mundo tienen relación con ello. Posiblemente también tengan relación con que Pasteur haya pasado a los libros de historia como el prototipo del científico por antonomasia, una leyenda para consumo de mitómanos. Su nombre está en los hospitales, las academias, los centros de investigación y los colegios de todo el mundo.

En unos cuadernos Pasteur fue anotando sus hipótesis, las sustancias que utilizaba y los resultados de sus experimentos, los reales, los de verdad, no los que luego vendía a la prensa. Como un iceberg, la ciencia de Pasteur escondía más de lo que siempre apareció en público. A su muerte dejó 102 colecciones de notas que durante casi un siglo los investigadores no podieron consultar. Estaba prohibido. La ciencia ha estado bajo una estricta censura.

Por ejemplo, en su guerra particular contra Pouchet por desmontar la teoría de la generación espontánea, Pasteur guardó en su cajón el 90 por ciento de los resultados obtenidos en sus experimentos. ¿Qué escondían esos apuntes?

El investigador estadounidenses Gerald L. Geison los estudió, encontrando numerosas fraudes en las obras publicadas. Algunos de ellos conciernen a la verdadera paternidad de sus descubrimientos. Pasteur se aprovechó abiertamente del trabajo de sus colegas. Con total impunidad proclamó como suyos éxitos que pertenecen a otros.

Sus experimentos sobre la generación espontánea se basan en principios que se conocían desde hacía un siglo. Pasteur se interesó por la asimetría molecular y la fermentación cuando los estudios sobre el tema ya estaban muy avanzados. Por último, las vacunaciones son un descubrimiento originario de Oriente. Luego Edward Jenner, al que nunca admitieron en el Colegio de Médicos de Londres, las impulsó a finales del siglo XVIII. Sin embargo, los libros siguen asociando esos descubrimientos a Pasteur.

La primera vacuna contra la rabia la diseñó Victor Galtier, profesor de veterinaria en Lyon, el 25 de agosto de 1879. Se trataba de prevenir la rabia mediante una atenuación bacteriana in vitro que, a su vez, tomó de Pierre Henri Duboué.

No cabe duda de que Pasteur ensayó la vacuna contra la rabia en 50 perros rabiosos, con resultados concluyentes. Sin embargo, su experimento estrella de vacunación, el que le hizo famoso, no fue en un perro sino en un niño llamado Meister a quien utilizó como cobaya para experimentar una nueva versión de la vacuna que no se había probado antes en animales. El niño había sido mordido por un perro y se temía que pudiera contraer la rabia. Todo acabó felizmente y la prensa aireó que la vacuna había sido otro éxito de Pasteur. En efecto, hubiera sido posible contabilizarlo de esa manera si se supiera que el perro responsable de la mordedura tenía la rabia… Pero no es así.

Después de sus exitosas pruebas iniciales en el hombre, su vacuna se hizo famosa y la gente se vacunó en masa como si los perros se dedicaran a morder a las personas y como si todos ellos padecieran la rabia; cada “cura” se consideró como una prueba de la eficacia de esta vacuna.

En un experimento social de esa magnitud se conocieron experiencias de todo tipo. Una de ellas fue luctuosa: la muerte en 1886 del niño Jules Rouyer 24 días después de la inyección de la vacuna. El padre de la víctima presentó una querella contra Pasteur. Se practicó una autopsia para determinar la causa de la muerte. André Loir, sobrino y antiguo asistente de Pasteur, contó que un colaborador muy cercano al científico, Emile Roux, fue el encargado de hacer un primer informe. Se inoculó un extracto del bulbo raquídeo del niño a los conejos, que a continuación desarrollaron la rabia. Sin embargo, no dio a conocer esos resultados incriminatorios para Pasteur. A un forense, Paul Brouardel, le encargaron verificar las declaraciones de Roux. Ante el dilema, tomó partido por Pasteur: “Si yo no tomo posición en su favor, es un retroceso inmediato de cincuenta años en la evolución de la ciencia, ¡hay que evitarlo!». Afirmó que el niño no había muerto de rabia.

El fraude no sería posible, ni en la ciencia ni en los tribunales, sin ese tipo de cómplices que actúan por lo que ellos consideran como el bien de la ciencia, de la humanidad y del progreso. El caso del niño Ruyer no fue el único. También otros murieron antes de que la vacuna fuera prohibida, pero ya entonces la “ciencia” tenía buenos relaciones públicas. Los éxitos se airean y los fracasos se esconden debajo del felpudo.

A finales de la década de 1890, otro joven murió con síntomas atípicos: se trataba de una rabia humana con síntomas de la rabia del conejo; a esta enfermedad se la llamó rabia del laboratorio o incluso rabia Pasteur, ya que el científico francés hacía sus vacunas a partir de virus tomados de la médula de los conejos. En 1908 se abandonó el tratamiento en todo el mundo en favor de la vacuna fénica de Fermi, excepto en Francia, donde los estudios de Lépine y Sautter de 1937 demostraron que las vacunas fénicas protegen a los conejos en una proporción del 77,7 por ciento, mientras que el método de Pasteur protege en un 35 por ciento. La vacuna de Pasteur no se prohibió totalmente hasta 1973.

La vacuna contra el carbunco tampoco fue descubierta por Pasteur. Cuando aún no había logrado preparar ninguna vacuna propia, Henri Toussaint, profesor de la Universidad de Toulouse, desarrolló nada menos que tres preparados distintos. Pasteur no reconoció los descubrimientos de Toussaint públicamente, sosteniendo que una vacuna debía fundamentarse en la muerte de la bacteria, no en la atenuación de su virulencia. Sin embargo, intentó un procedimiento de atenuación mediante el aire, por la acción del oxí­geno y la temperatura, aunque privadamente en una carta a Roux de 17 de agosto de 1881 le confesaba que estaba experimentando con el procedimiento de Toussaint, comprobando que éste era más eficaz, por lo que fue el que utilizó en el experimento, si bien hizo creer que había utilizado el suyo propio, tal y como había anunciado en sus artículos “científicos” previos.

Dicha vacuna tampoco fue ningún éxito, hasta el punto de que se acabó prohibiendo su inoculación a los seres humanos.

Algunos de los fundamentos de la medicina moderna están basados en fraudes científicos como los de Pasteur y en que determinados “hechos” no son los que se enseñan en las facultades universitarias, ni los que llenan las portadas de los periódicos.

Una fábrica de mentiras: la agencia Efe

La agencia Efe es una máquina de propaganda al más puro estilo fascista e intoxicador que se creó en 1939, con los primeros días del franquismo y que tuvo entre sus impulsores al padre de Aznar. Hoy se ha convertido en una multinacional gigantesca de titularidad pública, una de las fuentes de noticias más importantes del mundo, y la primera en lengua castellana. Emplea a 1.148 trabajadores, 333 de ellos contratados en el extranjero.

Como toda la prensa, los suscriptores han disminuido drásticamente en los últimos tiempos y está en horas bajas. A pesar de los recortes, el año pasado cerró el balance con más de cuatro millones de euros de pérdidas.

Lleva años buscando una fuente alternativa de ingresos para evitar la quiebra. Ante la imposibilidad de recurrir abiertamente a la publicidad, está haciendo lo mismo que otras agencias, como Europa Press o Reuters: venderse al mejor postor, firmando oscuros contratos de propaganda para recaudar fondos de manera encubierta. Pero ya no se trata de vender perfume Cacharel sino de lavar la cara a gobiernos sátrapas o grandes multinacionales.

Por ejemplo, la agencia reconoce que en 2013 firmó en Astaná, la capital de Kazajistán, un contrato con el gobierno cuyos detalles no ha explicado porque existen “cláusulas de confidencialidad”. El contrato se disfraza como un “acuerdo de colaboración” con la agencia de noticias kazaja “Kazainform” en cuya firma, además del gobierno kazajo, estuvo presente Rajoy.

Es un negocio con varias facetas simultáneas: periodístico, político y capitalista. En el momento de la firma del contrato, además de Rajoy, estaban presentes una docena de empresas españolas con intereses en aquel país asiático. El contrato con el gobierno no sólo le lava la cara de sus actividades políticas sino que tiene, además, un componente económico: favorecer el turismo y las exportaciones de las empresas españolas en Asia, para lo cual es necesaria una “buena imagen” de España en Kazajistán y de Kazajistán en España, un intercambio de corresponsales y un flujo mayor de “informaciones”.

Tras la firma del contrato la agencia Efe organizó una corresponsalía muy barata en Astaná servida por dos periodistas locales. Al mismo tiempo la agencia Kazainform abrió una corresponsalía dentro de las instalaciones de Efe en Madrid.

Cuando las “noticias” empezaron a fluir, los afiliados de Comisiones Obreras de la agencia se quejaron: eso no eran “noticias” sino propaganda del gobierno de Nursultan Nazarbaiev, un sátrapa que preside el país desde 1991, que no respeta los derechos humanos, que censura la prensa, etc. En las entrevistas con los políticos kazajos “no hay preguntas comprometidas”, se muestran “cariñosos” con ellos, lamenta Comisiones Obreras. “No hay una cobertura crítica” de la situación interna del país, hasta tal punto que “el régimen” reproduce las “noticias” en sus medios de propaganda.

Todo eso está muy bien. Pero Comisiones Obreras protesta porque quien dirige la campaña publicitaria de Nazarbaiev dentro de la agencia Efe es Carmen Clara Rodríguez, su corresponsal en Astaná que fue presidenta por UGT del Comité Intercentros y recientemente ha sido ascendida a redactora jefe de la agencia.

Todo eso está muy bien. Pero Comisiones Obreras se atreve a ello porque el contrato de la agencia es con Kazajistán, un país paria, y sería bueno que denunciara contratos parecidos con otros países de mayor relieve o con multinacionales, que también exigiera una “cobertura crítica” en otro tipo de informaciones y que no siempre sean los mismos quienes soporten las “críticas” de los plumillas de la agencia, incluidos los afiliados a Comisiones Obreras.

La agencia Efe acabará como Canal 9, la desaparecida televisión valenciana. Empezará a ser menos “cariñosa” y más “crítica” cuando cierre sus instalaciones y despida a la legión de mercenarios que comen la sopa boba.

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