La web más censurada en internet

Día: 30 de mayo de 2015 (página 1 de 1)

Un general ruso acusa a Estados Unidos de crear las redes yihadistas internacionales

El general ruso Igor Sergun
En un breve discurso público, el general Igor Sergun, director del servicio de información (GRU) del ejército ruso, ha asegurado que Estados Unidos ha fabricado las redes fundamentalistas que han practicado el terrorismo en todo el mundo.

El discurso lo pronunció el 16 del mes pasado durante la cuarta conferencia de Moscú sobre seguridad internacional. Se titulaba “Los aspectos calientes de la lucha mundial contra el terrorismo”. Es muy llamativo porque el GRU es un organismo muy reservado que en contadas ocasiones aparece en público, y menos emitiendo declaraciones públicas, que suele dejar para otras instancias.


La conclusión de la inteligencia militar rusa es que el terrorismo fundamentalista ni es un fenómeno espontáneo ni tiene tampoco un alcance exclusivamente regional, por lo que su origen hay que buscarlo en una única fuente, el imperialismo, y su objetivo es la desestabilización de aquellos países que se han convertido en un obstáculo a los planes del imperialismo.

El terrorismo internacional, dice Sergun, está adquiriendo rápidamente un carácter político, está en una etapa de expansión y se puede convertir en una fuerza capaz de tomar el poder en ciertos países.

Los terroristas que se reclaman de un islam radical, continúa Sergun, buscan crear zonas de inestabilidad no sólo en el interior de determinados países sino en regiones enteras, entre las cuales menciona expresamente a la Península Ibérica.

Esa expansión takfirista está coordinada, e incluso se ha anunciado la creación de un frente por una yihad mundial que dirigirá la lucha armada contra los principales enemigos del islam, que son Estados Unidos, los países de Europa occidental, Rusia y aquellos países árabes que tienen gobiernos laicos.

Al-Qaeda, dice Sergun, sigue siendo una de las organizaciones terroristas más poderosas y, en su época de auge, fue la bandera de la guerra contra los infieles en torno a la cual se agruparon los demás, aunque actualmente es el Califato Islámico quien está en expansión, sobre todo en Irak y Siria.

Sergun repasa a las distintas organizaciones takfiristas que operan en África, Oriente Medio, Asia central y sudeste asiático, asegurando que sólo en Afganistán, donde siguen existiendo campos de entrenamiento, combaten unos 50.000 islamistas fanáticos.

Uno de los escenarios de la yihad es Europa, en donde el riesgo de atentados terroristas ha aumentado a causa del retorno de quienes fueron a combatir a Siria. Sólo en Alemania en los últimos cuatro años han regresado 600 yihadistas.

Inmediatamente después Sorgún pasa al análisis de las causas que han generado dicha situación: “La actuación secreta de algunos Estado que persiguen sus propios objetivos de política exterior gracias a la financiación secreta de estructuras islámicas, participa en la desestabilización de la situación”.

Entre ellos hay “algunos países occidentales” que mantienen relaciones con los extremistas y creen que su estrategia de “caos controlado” en regiones lejanas no tendrá consecuencias trágicas para ellos, al menos a medio plazo. “Pero yo creo que se equivocan por completo”, añade.

Que esta situación la crearon en los años ochenta “nuestros colegas occidentales” no es un secreto para nadie. Para combatir a las tropas soviéticas en Afganistán asistimos a un armamento masivo, gracias a los fondos americanos “y de otros países de la OTAN”, de grupos dispersos de yihadistas y muyahidines que se aliaron para formar los principales movimientos terroristas.

“Gracias a la ayuda financiera y militar de Washington y de sus aliados y con el fin de eliminar al régimen establecido en Siria, que Occidente no admitía, se crearon el grupo Califato Islámico y Jabhat Al-Nusra. La intervención militar en Libia por la Alianza ha tenido un resultado similar: favorecer a los grupos extremistas”, denuncia Sergun.

La disponibilidad de fuentes seguras de financiación de los extremistas “es un motivo para inquietarse seriamente”. Las fuentes de financiación más fiables son las diferentes ONG y fundaciones. “Sólo en la Península Arábiga hay unas 200 organizaciones de ese tipo”.

Otra fuente de financiación es el control de la producción y el tráfico de drogas. “Sólo esta actividad reporta más de 500 millones de dólares anuales a los islamistas del Oriente Medio y Asia central”.

A menudo las acciones de Washington y de Occidente en diferentes regiones del mundo contribuyen a provocar serios problemas, “como el tráfico de drogas, el extremismo religioso y el terrorismo”, para que Washington movilice “heroicamente” a la comunidad internacional para tratar de solucionar los problemas que ellos mismos han creado.

El general ruso pronostica que bajo la consigna de una batalla por un islam puro, el terrorismo internacional se va a convertir en una actividad criminal internacional. En realidad ya se ha convertido un jugoso negocio de miles de millones, obtenidos de drogas, secuestros, tráfico de armas y de minerales.

En busca de beneficios, los yihadistas buscan incluso mantener relaciones con organizaciones nacionalistas, piratas y separatistas. A corto plazo debemos esperar que el nivel de amenaza terrorista siga siendo elevado. “El refuerzo de los grupos extremistas instigados por Estados Unidos y sus aliados, sobre todo en Oriente Medio y Asia central supone una amenaza real de exportación del terrorismo hacia los países europeos, las repúblicas de Asia central y la región del Pacífico”, concluyó Sergun en su discurso.

En la antesala de la Guerra Fría

Apasionante el artículo que publica Yuri Rubtsov, profesor de la Universidad Militar del Ministerio ruso de Defensa (*). Los documentos secretos que pone encima de la mesa demuestran que los imperialistas aún no habían acabado una horrible guerra y ya estaban haciendo planes para la siguiente.

Cuenta Rubtsov que poco después de acabar la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1945 el mariscal Zhukov estaba en Berlín tratando de cumplir con uno de los acuerdos aprobados por los aliados en las reuniones que celebraron en plena guerra: desarmar y disolver a las unidades militares alemanas y enviarlas a los campos de prisioneros.

Incumpliendo dichos acuerdos, Gran Bretaña estaba haciendo todo lo contrario: estaban preservando la capacidad de combate de las unidades militares del III Reich. La inteligencia militar soviética había captado un telegrama secreto enviado por Churchill al mariscal Montgomery, comandante de las fuerzas británicas, en el que le encomendaba recoger el armamento alemán y conservarlo preparado para devolvérselo a los nazis en el caso de que continuara la ofensiva soviética en Europa.

Por dicho motivo, en el Consejo Aliado de Control, compuesto por Estados Unidos, Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia, Zhukov protestó contra las actividades británicas. Dijo que la historia del mundo conocía pocos ejemplos de una traición de esas dimensiones y que Gran Bretaña se negaba a respetar los compromisos contraídos con el resto de naciones que, además, eran sus aliadas. Por su parte, Montgomery negó las acusaciones, aunque algunos años más tarde admitió que eran ciertas y que había recibido instrucciones en tal sentido y las había ejecutado.

Desde 1917 Churchill estaba obsesionado por la revolución socialista, a la que consideraba como un peligro mortal para el “mundo libre” y quiso abrir un frente en el este para contener la ofensiva soviética contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Consideraba la caída de la Alemania nazi como una amenaza y pretendió que fueran las tropas británicas las que tomaran Berlín y que fueran los estadounidenses los que liberaran Checoslovaquia y Praga, mientras que Austria quedaría controlada por todos los aliados en pie de igualdad.

En abril de 1945 Churchill encargó al Estado Mayor de su ejército la Operación Impensable, nombre en clave de un conflicto de las potencias occidentales con la Unión Soviética cuyo objetivo era “imponer a Rusia la voluntad de Estados Unidos y del Imperio Británico”. El 1 de julio de 1945 era fecha prevista para la invasión de la Europa ocupada por el ejército soviético. Por lo tanto, cuenta Rubtsov, ya en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, Churchill se preparaba para atacar a la Unión Soviética por la espalda.

La Operación Impensable pretendía desencadenar una guerra total para ocupar aquellas regiones de la Unión Soviética que hubieran tenido una importancia crucial en su esfuerzo bélico, a fin de dar un golpe decisivo a las fuerzas armadas soviéticas, haciendo imposible que la Unión Soviética pudiera continuar los combates.

El plan también tenía en cuenta la posibilidad de que el ejército soviético iniciara una retirada estratégica al interior de su territorio, siguiendo tácticas militares que ya habían utilizado en las guerras precedentes.

Dichos planes fueron estimados irrealizables por el Estado Mayor británico, dada la superioridad numérica de las fuerzas terrestres soviéticas, en una proporción de uno a tres en Europa y en Oriente Medio, a donde también alcanzaría la agresión contra la Unión Soviética. Por dicho motivo, Gran Bretaña necesitaba contar con las unidades del III Reich recién derrotadas.

El gabinete de guerra declaraba: “El ejército ruso ha desarrollado un alto mando capaz y experimentado. El ejército es extremadamente robusto, vive y se desplaza con medio de supervivencia más ligeros que todos los ejército occidentales y emplea tácticas audaces fundadas en gran parte en el desprecio de las pérdidas para la realización de su objetivo. El equipo ha mejorado rápidamente durante la guerra y ahora es bueno. Sabemos lo suficiente sobre su desarrollo como para asegurar que no es, ciertamente, inferior al de las grandes potencias. La facilidad que los rusos han demostrado en el desarrollo y la mejora de las armas y los equipos existentes y en su producción en masa, ha sido chocante. Ha habido casos conocidos en los que los alemanes han copiado las funciones básicas del armamento ruso”.

Los planificadores británicos llegaron a una conclusión pesimista. Efectivamente, el informe declara: “Si nosotros nos lazamos a la guerra contra Rusia, debemos estar preparados a comprometernos en una guerra total, que sería a la vez larga y costosa”. La superioridad numérica de las fuerzas terrestres soviéticas dejaba poco margen para el éxito. La evaluación, firmada el 9 de junio de 1945 por el jefe de Estado Mayor del ejército, concluye: “Está más allá de nuestro alcance lograr un éxito rápido pero limitado y nos veremos comprometidos en una guerra prolongada con posibilidades muy aleatorias. Por otra parte, esas probabilidades se convertirían en fantasías si los americanos se abandonan y se comportan de manera indiferente, atraídos por la guerra en el Pacífico”.

El 8 de junio el Primer Ministro recibió una copia del informe. Como era sagaz, Churchill no podía hacer gran cosa, dada la superioridad del ejército soviético. Incluso con una bomba nuclear en la despensa del ejército estadounidense, Harry Truman, el nuevo Presidente americano, tuvo que tenerlo en cuenta.

En un encuentro con el ministro soviético de Asuntos Exteriores, Molotov, Truman cogió el toro por los cuernos. Lanzó una amenaza apenas disimulada de empleo de las sanciones económicas contra la Unión Soviética. El 8 de mayo, sin previo aviso, el Presidente estadounidense ordenó reducir considerablemente los suministros, hasta el punto de que los buques americanos que navegaban con rumbo a la Unión Soviética regresaron a sus puertos. Poco tiempo después, anuló la orden de reducir los suministros. De lo contrario, la Unión Soviética no hubiera emprendido la guerra contra Japón, algo que Estados Unidos necesitaba imperiosamente. Pero la relación bilateral quedó comprometida. El memorándum firmado por el secretario de Estado Joseph Grew el 19 de mayo de 1945 declaraba que la guerra contra la Unión Soviética era inevitable. Llamaba a tomar una posición más firme en las relaciones con Moscú. Según él, era conveniente empezar la lucha antes de que la URSS pudiera reponerse de la guerra y restaurar su inmenso ejército, su potencial económico y territorial.

Los militares estaban impulsados por los políticos. En agosto de 1945, con la guerra contra Japón en plena ebullición, sometieron al general L.Groves, que estaba al frente del programa nuclear estadounidense, un plan de objetivos estratégicos en la URSS y en Manchuria. El plan contenía un listado de las 15 ciudades más grandes de la Unión Soviética: Moscú, Bakú, Novosibirsk, Gorki, Sverdlovsk, Cheliabinsk, Omsk, Kuibyshev, Kazan, Saratov, Molotov (Perm), Magnitogorsk, Grozny, Stalinsk (actual Donetsk) y Nijny Tagil.

Los objetivos militares se describían en términos de geografía, potencial industrial y prioridades de ataque. Washington abría un nuevo frente, esta vez contra su aliado. Lo mismo que Londres, olvidó inmediatamente que habían combatido codo a codo con la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, así como los compromisos adquiridos en las Conferencias de Yalta, Postdam y San Francisco.

(*) Yuri Rubtsov, Operation Unthinkable – Allies Were Bearing Secret Malice, http://www.strategic-culture.org/news/2015/05/25/operation-unthinkable-allies-were-bearing-secret-malice.html

A vuelapluma

Nicolás Bianchi

Lleva razón -otra cosa es tenerla- Pablo Iglesias cuando ironiza sobre Esperanza Aguirre rogándola que siga perorando con su «frente anti-Podemos» porque, de ese modo, le hace la campaña gratis y sin esfuerzo. Es tal la estolidez y burricie de esta aristocracia de baja estofa, ignorante y jactanciosa, que pintan a estos universitarios de «Podemos» como si fueran peligrosos bolcheviques a punto de tomar el Palacio de Invierno. Yo creo que una de dos: o no se lo creen ni ellos o, efectivamente, son burros de cojones. Incluido el mantra que los tilda de «bolivarianos», «chavistas», etc. Por cierto, que ni eso, que ya sería algo pero ni eso, ya digo.

Pero hay una cosa que me resulta especialmente repugnante y muy molesto de esta «neocasta» que es Podemos (al fin y a la postre, E. Aguirre es lo que es y no engaña a nadie, salvo cuando la llaman «fascista» y es que en este país, los fascistas no aguantan que les llamen lo que son: fascistas. Que a mí me llamen «comunista» me llena de orgullo porque lo tengo a gala y no lo oculto, aunque tampoco lo voy pregonando por ahí como un bocazas  a los cuatro vientos, pero a estos fatxas ya se ve que les jode), a saber: se trata de esa (falsa) risilla que pasa por ser cómplice e inteligente de estos hombres-blufs cuando, desde la caverna, les dicen que van a implantar en España, si ganan, una especie -la palabra se usó- de soviets. Ríen el chiste como diciendo ya ven ustedes la ceguera del facherío que nos confunde con lo que no somos ni de lejos; es más: ¡¡y ni ganas!! Algo que algunos ya presentíamos y presumíamos desde los inicios de este club de fans que nació en un plató o set de televisión.

Y la cosa es que a mí, personalmente, nada me gustaría más que, en efecto, fueran bolcheviques e implantaran soviets de soldados, obreros y campesinos, pero como ya no hay obreros ni campesinos y los soldados son mercenarios profesionales reclutados de por ahí… pero se ve que lo tomarían, estos chicos del maíz, como un insulto. ¿Sabes? Me han llamado «bolchevique», ¿no es gracioso? Qué diver…

Que les vaya bonito mientras les dure el invento y les bailen el agua y les rían las gracias.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies