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Día: 28 de abril de 2015 (página 1 de 1)

El primer narcotraficante que llega a general de la Guardia Civil

El coronel García Santaella
El 12 de noviembre de 2004 durante un pinchazo telefónico a una banda de narcotraficantes apareció un referencia furtiva a un supuesto “Padre”. Casi un padrino siciliano.

Durante un desembarco de hachís procedente de Marruecos tres días después los narcos cayeron y confesaron que el “Padre” al que se referían por teléfono es Francisco García Santaella, coronel de la Guardia Civil.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Granada considera que hay indicios suficientes para acusar al coronel de haber colaborado en la introducción de tres alijos por la costa de Granada entre 2005 y 2006, por los que habría cobrado 120.000 euros por cada entrega.

Era la época en la que Santaella estaba destinado en la Comandancia de Granada. Hoy presta servicio en el corazón mismo de la Guardia Civil, a escasos metros de donde tiene su despacho el director general del Instituto Armado, Arsenio Fernández de Mesa. Miembro del Estado Mayor de la Guardia Civil, Santaella se encuentra a un paso de ascender a general.

Rachid Zairi era el hombre de la organización en Marruecos y en la mañana del 12 de noviembre de 2004 hablaba con David García, Cani, dirigente del grupo en Granada. Los narcotraficantes estaban preocupados porque los intermediarios no valoran adecuadamente el riesgo de la introducción de hachís que planean. Zahiri dice que los chicos sólo piensan en la ganancia y que muestra de ello es que les hayan pedido dinero por adelantado.

Tres días después se produjo el desembarco del hachís en la zona conocida como Barranco el Cambrona, en el término municipal de Salobreña. La Operación Golia se saldó con 17 detenidos y 33 fardos de hachís incautados.

En su interrogatorio David García, Cani, manifiesta que entre 2005 y 2006 hizo algunos trabajos con el coronel de la Guardia Civil que consistían en introducir alijos de hachís en las playas de Granada. También confiesa que con el “Padre” introdujo tres alijos entre 2005 y 2006. Pero el verdadero giro en la declaración se produce cuando añade: “Esta persona era un cargo de la Guardia Civil, de rango teniente o comandante, conocido con el nombre de Santaella”.

El 6 de agosto de 2001 la Guardia Civil puso al narco al frente de la Comandancia de Granada. Cuando se producen los hechos, el entonces comandante conocía bien la zona: llevaba al menos cuatro años destinado en la provincia. Cani explica a los agentes que la función de “Padre” era “dar seguridad al alijo para que entrara”.

El guardia civil habría cobrado 120.000 euros por cada uno de esos tres alijos, pero Cani solo se encargó de materializar el pago en persona de uno de ellos, aunque da por hecho que los otros dos se realizaron, habida cuenta de que Santaella siguió trabajando con ellos. Lo hizo en el despacho que Santaella tenía en la propia sede de la Comandancia, según su relato. Cuando le piden detalles el narco dice sin pestañear que el despacho del coronel estaba en la primera planta de la Comandancia de la Guardia Civil.

Luego explica que Santaella se enfadó por el atrevimiento de García, que lo sacó de la Comandancia en su “Nissan Terrano azul con pegatinas amarillas en los cristales” y lo llevó hasta el barrio de La Chana. Allí se bajo y dejó el dinero en algún sitio que él desconoce.

Durante su interrogatorio Zahiri confirma en que “Padre” es “un jefe, responsable de la Guardia Civil de Granada, un mando de Granada”. No conoce su nombre, pero lo describe como de unos 50 años y con gafas. Añade que trabajó con él en tres ocasiones, con entradas de hachís en los Yesos, Castillo de Baños y La Mamola, los puntos señalados por Cani. Y da cantidades: 2.000 kilos, luego 4.000 y un tercero que no recuerda. Al menos, seis toneladas de hachís.

También coincide en la parte que cobraba el coronel: 120.000 euros por entrega, con independencia de la cantidad. Era el dueño de la mercancía el que ponía el dinero para el guardia civil. Ambos detenidos reconocen por fotografías al coronel Santaella.

El marroquí dice que su socio conoció a Santaella al ser detenido por una estafa. La primera vez que colaboraron, el guardia civil les propuso preparar una falsa entrega. Los narcos accedieron: utilizaron una embarcación en mal estado –“una goma mala”– y “dos o tres mil kilos de basura”, en referencia al desecho de la planta del cannabis durante la elaboración del hachís. El trato era que hubiera incautación, pero no detenidos. Zahiri comprobó el poder del mando el día que lo conoció. Según su relato, Santaella subió a los dos narcos a su vehículo y entró en el puerto de Motril sin identificarse ante los agentes.

Cani llega a describir cómo el coronel García Santaella sustrajo una vez un alijo de droga previamente incautada a delincuentes y se lo entregó para que él la vendiera. “Esos fardos se los entregó desde un vehículo oficial, todoterreno de la Guardia Civil, que le encarga que los venda y se repartirían los beneficios en un cincuenta por ciento. Vendió la droga y obtuvo 60.000 euros por ella, dándole la mitad al coronel en el mirador de Alfacar.

Estos hechos elevan la cantidad presuntamente obtenida por el coronel narco a 390.000 euros solo con esta organización. En una de esas entregas, a punto estuvieron de ser interceptados en un control de carretera de la Guardia Civil, pero una llamada a “Padre” hizo que se despejara el peligro, según explicó el detenido.

El 21 de noviembre de 2006 ascendieron al coronel narco, que comenzó a dirigir la Intervención Central de Armas y Explosivos de Madrid, ya siendo teniente coronel. Allí está destinado hasta que el 28 de febrero de 2010 pasa a la Jefatura de Protección de la Naturaleza, también en Madrid. El 28 de octubre de 2012 el coronel Santaella pasó a la Secretaría Técnica de la Subdirección General de Personal donde continúa a pesar de las acusaciones que pesan contra él.

De 57 años de edad, Santaella acaba de realizar el curso de ascenso a general de la Guardia Civil y ya solo aguarda la decisión política de concedérselo. En estos 10 años el coronel nunca ha sido detenido. Es posible que pronto España tenga al primer narcotraficante que llega a general de la Guardia Civil.

El FBI falsifica las pruebas para llevar a los presos al corredor de la muerte

¿Ven Ustedes habitualmente las películas del CSI?, ¿han oído hablar de peritos?, ¿de huellas dactilares?, ¿de autopsias?, ¿de ADN?, ¿creen que la policía tiene algo que ver con la ciencia? En Estados Unidos un informe gubernamental ha tirado por los suelos todos esos fantasmas. Para elaborar el informe los investigadores estudiaron los informes periciales aportados por el FBI en 268 juicios celebrados entre 1980 y 2000 y su conclusión es que la policía falsificó los resultados de las pruebas, lo cual tuvo como consecuencia que unos inocentes fueron condenados a penas de cárcel y otros enviados al corredor de la muerte.

Nadie esperaba que el resultado fuese tan contundente, pero el Ministerio de Justicia lo ha reconocido formalmente: casi la totalidad de los médicos forenses de una unidad de élite del FBI prestaron un testimonio sesgado en casi todos los juicios que fueron revisados. Dado que sólo se han analizado 268 de ellos, una ínfima cantidad, podría tratarse del comienzo de algo mucho más serio, capaz de acabar con la credibilidad de los juicios penales, si es que alguna vez tuvieron alguna.

El Washington Post reconoce que decenas de ciudadanos fueron injustamente encarcelados y ejecutados entre 1980 y 2000 a causa de las falsificaciones de la policía en los análisis capilares al microscopio. De los 28 peritos de la unidad de élite del FBI, 26 exageraron sus conclusiones para favorecer las acusaciones de los fiscales en un 95 por ciento de los 268 juicios revisados hasta el momento.

En los juicios sometidos a revisión, 32 acusados fueron condenados a muerte y de ellos 14 fueron asesinados legalmente en prisión por las falsas pruebas aportadas por el FBI.

Los peritos del FBI testimoniaron su certidumbre “casi total” sobre los resultados de sus análisis del cabello en la escena del crimen, reforzando sus datos dudosos con estadísticas “incompletas o engañosas extraídas de su experiencia en casos individuales”. Hoy no hay manera de afirmar con seguridad la probabilidad de que el pelo de dos personas diferentes sea idéntico. Incluso los peritos del laboratorio del FBI que fueron sometidos a escrutinio tuvieron que cambiar sus técnicas de análisis a partir de esta investigación.

Ha sido una tarea asumida por la Asociación Nacional de Abogados Penalistas y el Proyecto Inocencia, una asociación que lucha contra los errores judiciales que ayudan al gobierno de Estados Unidos en lo que ha sido calificada como la mayor revisión de pruebas médico-legales tras la condena que se ha emprendido en aquel país.

Estamos ante uno de los mayores escándalos de la historia de la medicina legal. Cuatro inocentes recluidos en los penales ya han podido recuperar su libertad. Las conclusiones del informe ya se han remitido a 46 Estados a fin de que tomen las medidas oportunas para proceder a revisar condenas y evitar que en lo sucesivo se reproduzcan las falsificaciones policiales en los juicios.

Una investigación interna del FBI ha detectado que en 2.500 casos su laboratorio de análisis ha afirmado una identificación de los acusados basándose en el cabello. Todos ellos van a ser minuciosamente revisados.

El Pentágono apuesta por internet para la guerra imperialista

El jueves de la semana pasada el Secretario de Defensa estadounidense Ashton Carter visitó Silicon Valley, donde tienen su sede las principales empresas tecnológicas de Estados Unidos, pronunciando una conferencia en la Universidad de Stanford (1) en la que presentó las líneas maestras de la Estrategia Ciber del Pentágono (2) hasta 2018.

Es el primer documento en afirmar que Washington utilizará internet como un arma de guerra, al afirmar que Estados Unidos “debe ser capaz de utilizar las ciberoperaciones para quebrar las redes de mando y control, infraestructuras críticas y sistemas de armas de los potenciales adversarios del país”.

Las operaciones de piratería informática se integrarán plenamente en las operaciones militares. Para ello, el Pentágono creará una fuerza compuesta por 6.200 piratas repartidos en tres tareas principales relacionadas con la defensa, inteligencia y ataque. Los piratas del imperialismo no estarán formados únicamente por personal militar, sino también por personal civil y reservistas, a tiempo parcial.

En su discurso Carter dijo que el Pentágono tiene que estar a la vanguardia de la innovación tecnológica como elemento central de la tercera estrategia de compensación (Third Offset Strategy) presentada durante el pasado mes de octubre (3). Pero para el imperialismo la innovación tecnológica ya no tiene como motor principal al ejército.

El Pentágono seguirá financiando, a través de la Agencia de Proyectos Avanzados (DARPA) o de otras instituciones científicas, proyectos tecnológicos avanzados que luego serán explotados comercialmente. Sin embargo, el grueso del desarrollo tecnológico se financiará con recursos privados.

La visita de Carter a Silicon Valley tiene un claro mensaje: la guerra imperialista necesita una industria tecnológica de vanguardia, en especial, en el ámbito de internet. El Pentágono va a poner sobre la mesa miles de millones de dólares para dinamizar la industria tecnológica en el ámbito bélico. Creará la Defense Innovative Unit Experimental para estrechar las relaciones entre los monopolios informáticos y el Pentágono, estar al día de las nuevas tecnologías y ayudar a las nuevas empresas a iniciarse en la guerra.

Los imperialistas seguirán financiando nuevos proyectos informáticos a través de IN-Q-Tel, la empresa de capital riesgo financiada por la CIA que impulsó Google hasta la cúspide tecnológica en la que se encuentra ahora. IN-Q-Tel lleva más de 15 años trabajando en Silicon Valley financiando a empresas que desarrollan nuevas tecnologías bélicas.

El Pentágono considera que la formación de sus informáticos es inadecuada. Los capitalistas privados hace mucho tiempo que van por delante y por ello ha previsto programas de intercambio con el sector privado. Durante un par de años los informáticos militares trabajarán en empresas civiles donde aprenderán su modo de trabajo e intentarán trasladar sus métodos al Pentágono.

A la inversa, los principales informáticos en materia de piratería de las empresas privadas trabajarán en las actividades bélicas del Pentágono.

Hace años que el Pentágono sabe que el único camino para mantener la hegemonía de Estados Unidos sobre el mundo requiere de consolidar su dominio en internet y en las nuevas tecnologías informáticas.

(1): http://www.defense.gov/Transcripts/Transcript.aspx?TranscriptID=5621
(2): http://www.defense.gov/home/features/2015/0415_cyber-strategy/Final_2015_DoD_CYBER_STRATEGY_for_web.pdf
(3): http://www.thiber.org/washington-tenemos-un-problema-thiber-en-el-ieee/

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