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Día: 5 de marzo de 2015 (página 1 de 1)

La mejor agitadora de nuestra época

Mary Harris (1837-1930) fue una destacada dirigente y organizadora del proletariado de Estados Unidos. Los obreros la llamaban «Mother Jones».
Nació en un hogar campesino de militantes independentistas irlandeses y muy joven conoció el exilio, cuando su familia tuvo que huir a Toronto, Canadá, ya que los ingleses ahorcaron a su abuelo por participar en la lucha nacionalista irlandesa.
En Canadá obtuvo su título de maestra. Ya en Estados Unidos, después de trabajar unos pocos meses, renuncia al estricto convento donde dictaba clases, porque “prefería zurcir que mangonear a niños pequeños” y se mudó a Chicago, donde trabajó como costurera.
En 1861 se casó con George Jones, un obrero fundidor, con quien tuvo cuatro hijos. Junto a su compañero dará sus primeros pasos en la lucha proletaria. Pero seis años después, su marido y sus cuatro hijos mueren en una epidemia de fiebre amarilla y, en 1871, un incendio destruye su casa y la fábrica donde trabajaba. Esta tragedia moldeó su personalidad: Mother Jones, organizadora sindical, una gran oradora. La socialista Elizabeth Gurley Flynn, la definió como “la mejor agitadora de nuestra época”.
Mother Jones se incorpora a la organización semiclandestina Caballeros del Trabajo, que reunía a los sectores más explotados del movimiento obrero -entre ellos mujeres, negros e inmigrantes-. A partir de 1890, se suma a los esfuerzos de los mineros para fundar su propio sindicato. 
El desarrollo del capitalismo en Estados Unidos alentó la lucha obrera. Los capitalistas se llevaban millones de dólares a costa de la explotación más descarnada de hombres, mujeres y niños. Las condiciones laborales imponían mutilaciones, enfermedades crónicas y muerte. La voz de Mother Jones repicaba en las minas y las fábricas, se amplificaba en las luchas por la jornada de ocho horas. Cuando le preguntaban dónde vivía, decía “en cualquier parte, allí donde haya una lucha”. Solía compartir las precarias viviendas con los trabajadores, las carpas cerca de las minas, sin contar sus estancias en comisarías, juzgados y cárceles.
En 1902 el fiscal de Virginia occidental, Reese Blizzard, ordenó su detención diciendo que era “la mujer más peligrosa de Estados Unidos”. No había obedecido su orden prohibiendo organizar reuniones públicas con los mineros en huelga.
Al año siguiente organizó una marcha de los niños que trabajaban en las fábricas y minas de Kensington, en Pennsylvania. Se fueron desfilando hasta Oyster Bay, cerca de Nueva York, donde vívía el presidente Theodore Roosvelt. Portaban pancartas en las que se podía leer: «¡Queremos tiempo para jugar!» y «¡Queremos ir a la escuela!». El presidente no quiso recibir a una delegación de los niños, pero su campaña levantó una ola formidable de apoyo en Estados Unidos, poniendo en cuestión el trabajo infantil.
En su autobiografía describe las penosas condiciones de trabajo de los niños y niñas en las fábricas: «Con los pies desnudos, las niñas y los niños iban y venían entre las interminables filas de máquinas tejedoras, acercando sus pequeñas manos desnudas para enhebrar los hilos rotos. Se metían bajo las máquinas para engrasarlas. Noche y día, noche y día cambiaban los pernos. Eran niños pequeños de seis años con rostros envejecidos de sesenta años que cumplían con sus ocho horas de trabajo diarias por diez céntimos. Cuando se dormían les arrojaban agua fría a la cara y la voz del director tronaba por encima del ruido infernal de las máquinas».
En 1905 ingresó en el Partido Socialista y al año siguiente fue la única mujer entre los 27 firmantes del manifiesto fundador de la Industrial Workers of the World, que llamaba a organizar a todos los obreros y obreras industriales.
En 1912, en medio de una violenta huelga minera, organizó un gran movimiento de solidaridad, que incluía movilizaciones de las mujeres, hijos e hijas de los huelguistas, para rodear y presionar a los patronos.
Durante una huelga, en 1913 la detuvieron junto a otros luchadores por denunciar las duras condiciones de trabajo en las minas. La acusaron de intento de asesinato y después de una farsa judicial la condenaron a 20 años de cárcel. Pero su firmeza ante los jueces hizo que el Senado del Estado de Virginia occidental investigara las condiciones de las minas. Finalmente, fue liberada y absuelta ante la ofensiva de protestas obreras que se desencadenó.
Meses después la volvieron a detener a causa de una huelga de los mineros del carbón en Colorado. La llevaron a juicio varias veces, acusándola de sedición, ya que en aquella época aún no se había inventado el delito de terrorismo.
Siendo una anciana, en 1925 dos matones penetraron en el domicilio en el que vivía. Logró matar a uno de ellos, pero los tribunales conviertieron a la víctima en victimario. La volvieron a acusar de asesinato y la detuvieron. Más tarde se demostró que los dos delincuentes actuaban por cuenta de un capitalista de los alrededores.
Sin aquellas penalidades la clase obrera no hubiera logrado victorias. Por ejemplo, tras la masacre de Ludlow Mother Jones se entrevistó con John D. Rockefeller, de quien obtuvo una importante mejora en las condiciones de trabajo de los obreros.
Mother Jones murió a los 93 años. Poco antes publicó su autobiografía, que desde entonces no ha vuelto a ser reeditada. Su última voluntad fue que su cuerpo fuera enterrado en el cementerio de Mount Olive, en Illinois, cerca de los mineros que habían sido asesinados tras el levantamiento de Virden en 1898.
Su memoria no se ha borrado de la clase obrera. En 1976 una revista estadounidense tomó su nombre «Mother Jones» para su cabecera.

Los monopolios tecnológicos de Estados Unidos pueden despedirse de China

En una entrevista concedida el martes a la agencia Reuters, Obama exigió del mandatario chino Xi Jinping cambiar los planes del Gobierno de aprobar una nueva ley sobre datos personales si el país asiático quiere seguir haciendo negocios con Estados Unidos.
Anteriormente, el Gobierno de China presentó para su revisión pública un proyecto de ley destinado a modificar la legislación para garantizar una oposición eficaz a la amenaza terrorista por parte de los fundamentalistas islámicos de la región noroccidental de Xinjiang.
Si la ley entra en vigor, todas las compañías en línea que operan en el mercado chino y que ofrecen servicios a ciudadanos chinos tendrán que almacenar los datos personales de los usuarios chinos en centros de datos situados físicamente en el país asiático, y proporcionar un registro de las actividades de los usuarios a petición de los organismos de seguridad del Estado. Además, las empresas extranjeras y chinas que comercializan en territorio chino dispositivos dotados de mecanismos de encriptación de datos estarán obligadas a proporcionar a los servicios de seguridad chinos las claves especiales que permiten acceder a los datos y los canales de comunicación en caso de necesidad.
Cabe mencionar que el Gobierno chino opta por los fabricantes locales y ya ha excluido de la lista de productos permitidos para la adquisición estatal los dispositivos y programas de varias multinacionales estadounidenses como importantes, como Cisco, Apple, Intel, McAfee y Citrix Systems. Además, el país asiático, a diferencia de la Unión Europea, tiene sus propios equivalentes de los gigantes norteamericanos: la compañía de telecomunicaciones Tencent, el motor de búsqueda Baidu, el análogo de Twitter (Weibo) y la empresa Xiaomi Tech con su versión de Android, totalmente independiente de Google.
La situación de Estados Unidos en el mercado tecnológico chino ya es difícil, y si las declaraciones por parte de la Casa Blanca continúan, las dos partes no podrán evitar un conflicto que puede afectar a toda la economía mundial, comenta hoy el diario ruso Gazeta (*). El gobierno de Pekín no piensa ceder a las presiones de Washington. En respuesta a las críticas del presidente Obama sobre el proyecto, la portavoz de la cancillería china ha destacado que la formulación de la ley antiterrorista china es un asunto interno de ese país asiático.
(*) Китай избавляется от США, Gazeta, 5 de marzo, http://www.gazeta.ru/tech/2015/03/03_a_6433453.shtml

De Moscú a Kiev pasando por Chechenia

Las primeras pistas sobre el asesinato en Moscú de Boris Nemtsov están orientando a la policía rusa hacia la posibilidad de que el crimen haya sido cometido por Adam Osmaev, comandante del batallón Zojar Dudaiev, quien también aparece implicado en un intento de asesinato de Putin.

La policía estudia la hipótesis de que el asesinato haya sido ejecutado por los mercenarios que han combatido en el Donbás contra las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk, cumpliendo un encago de los servicios secretos ucranianos. Su objetivo sería desacreditar a los dirigentes del Kremlin y desestabilizar la situación interna de Rusia.

Un portavoz de la policía ha declarado a los medios de comunicación que los investigadiores tienen pruebas de que los servicios secreatos ucranianos han desempeñado un papel importante en el asesinato de Nemtsov. El mismo día del asesinato el portavoz del comité de investigación, Vladimir Markin, anunció que los investigadores estudiaban la posibilidad de que el asesinato tratara de desestabilizar la situación política en Rusia:

“Es posible que el asesinato sea una provocación planificada por personas poco escrupulosas en la elección de métodos políticos para desestabilizar la situación, haciendo de Nemtsov una especie de cordero pascual”, dijo Markin a Izvestia.

Pero los investigadores siguen otras posibles pistas con los grupos fundamentalistas chechenos, el turbio mundillo de los negocios y la propia situación personal de Nemtsov. En cualquier caso, no cabe duda de que el crimen es obra de profesionales. Según Izvestia, el asesino disparó a sólo unas pocas decenas de metros de las murallas del Kremlin, a pesar de lo cual no hay grabaciones de los disparos porque era el único punto negro al que no pueden acceder las cámaras de videovigilancia.

Además, los asesinos eligieron un momento del día en el que no había atascos de tráfico por las calles de Moscú, al tiempo que la circulación de vehículos era lo suficientemente densa como para que el vehículo en el que huyeron pasara desapercibido.

De momento la policía concentra su atención en la participación de los servicios secretos ucranianos en el asesinato, ya que podría tratarse de una venganza por la muerte de Isa Munaiev, que aparece en la foto de portada, fallecido el 1 de febrero durante la batalla de Debaltsevo. Su puesto fue ocupado por Adam Osmaev, comandante del batallón Zojar Dudaiev y posible autor material de los disparos.

En marzo del pasado año Munaiev creó el batallón Zojar Dudaiev, que se dice “defensor de la paz internacional”. El nombre procede de uno de los primeros dirigentes de la guerra de Chechenia, en la que Munaiev, que había sido jefe de policía de Grozny, empezó a combatir a los rusos. Tras la derrota de 1999, Munaiev se proclamó a sí mismo comandante del sector sudoeste e inició una brutal campaña de atentados terroristas.

En 2006 huyó de Chechenia a Dinamarca, donde le concedieron asilo político y donde fundó el movimiento Cáucaso Libre que financia la comisión de los actos terroristas que se han seguido cometiendo en el Cáucaso.

Cuando el año pasado el gobierno golpista de Kiev atacó al Donbás, Munaiev se trasladó a Ucrania invitado por el multimillonario Igor Kolomoisky. Una vez llegado al Donbás, anunció la formación del batallón Zojar Dudaiev con dinero del multimillonario Igor Kolomoisky.

El batallón se formó con los supervivientes de los fundamentalistas chechenos que habían combatido a Rusia en el Cáucaso, al que se sumaron mercenarios procedentes de otros países de Europa.

Lo mismo que otros comandantes de batallón que luchan en el Donbás, Munaiev también tiene una orden de busca y captura por terrorismo emitida por el presidente de Chechenia Ramzan Kadyrov.

La policía rusa está intentado establecer el número de personas que han participado en la ejecución del atentado contra Nemtsov. No excluyen la posibilidad de que además de los autores materiales de los disaparos y sus colaboradores, exista en Moscú una célula encargada de evaluar sobre el terreno las consecuencias de la acción. Uno de ellos podría ser el diputado ucraniano Alexei Goncharenko.

Si la hipótesis ucraniana se confirma, el asesinato de Nemtsov sería un golpe importante que compensaría al gobierno de Kiev por la derrota militar padecida por sus tropas en Debaltsevo, al menos en el terreno político. Durante varios días Putin ha tenido que padecer los ataques retóricos de toda la prensa mundial.

El ‘caso Nisman’ es un intento de desestabilizar al gobierno argentino

Stella Calloni

Estadunidenses e israelíes manipularon desde un inicio la investigación de un cruento atentado en Argentina en 1998. Durante dos décadas buscaron acusar a Irán, pero ni una sola prueba pudieron ofrecer. El último fiscal del caso reportaba secretamente a la inteligencia estadunidense los avances en la investigación y le consultaba el rumbo que tomarían las pesquisas. Con la muerte de este funcionario argentino, ahora Estados Unidos busca hacer una jugada de tres bandas: además de implicar al siempre incómodo Irán, ahora ha orquestado un golpe de Estado blando contra la presidenta Cristina Fernández. De prosperar, seguiría Venezuela, con lo que se debilitaría el bloque de países suramericanos que han puesto dique a los intereses de Estados Unidos en la región.
El pasado 18 de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la Unidad Especial que investigaba la causa sobre el cruento atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de junio de 1994, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza, en el baño de su departamento y con todas las puertas de su casa cerradas por dentro. Cuatro días antes había presentado una denuncia, sin prueba alguna, mal redactada y con serias contradicciones, en la que acusaba a la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman, y a otras personas, de intentar encubrir a funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– de ser culpables del atentado. En días se había puesto en marcha un golpe encubierto de mano externa.
El fiscal había sido colocado al frente de la investigación en 2004, después de 10 largos años, cuando se cerró el más escandaloso e irregular juicio de la historia, sin lograr encontrar a los culpables del atentado que dejó 85 muertos y centenares de heridos. Este hecho aparece como un eslabón más de un golpe en desarrollo, en el que participan un sector de la justicia, la oposición, los medios masivos de comunicación y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) y el Mossad, de Estados Unidos e Israel, respectivamente.
Para entender esto hay que entender de qué se trata el caso AMIA y conocer, precisamente, las graves irregularidades cometidas por haber entregado en la década de 1990 la investigación a los servicios de inteligencia estadunidenses e israelíes, que operaron conjuntamente con el grupo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE).
Investigación bajo control externo
El cruento atentado conmovió al país; el juez que quedó a cargo de la investigación en julio de ese año fue Juan José Galeano, quien comenzó su actuación bajo una presión muy evidente.
La inteligencia israelí –que envió sus hombres a colaborar en las primeras horas del hecho– y la CIA, en sólo 24 horas después del atentado acusaron a la República de Irán y a Hezbolá de Líbano, sin pruebas.
Sin haber iniciado la investigación, ofrecieron un testigo importante a Galeano, quien viajó a Venezuela, para entrevistarlo. Se llamaba Manouchehr Moatamer y se presentó como un exfuncionario iraní, que había huido de su país y acusaba al gobierno de Irán de ser responsable del atentado, sin ninguna prueba. Sus dichos erráticos, al poco tiempo se cayeron. Es decir que habían vendido un testigo falso.
Moatamer se había ido de Irán con su familia en 1993. Falta saber cómo llegó a Venezuela en 1994, y cómo terminó al final en Los Ángeles, Estados Unidos, como “testigo protegido de la CIA”.
La causa de Galeano siguió navegando en un mar de irregularidades; pero aún en 1997 fue a ver nuevamente a Moatamer a Estados Unidos. Nada agregó a su testimonio anterior. En 2008 finalmente éste confesó que había mentido para obtener la visa estadunidense.
En 1998, nuevamente la CIA y el Mossad ofrecieron otro supuesto testigo, en este caso radicado en Alemania, Abolghasem Mesbahi, llamado el “testigo C”. Mesbahi había sido desplazado en 1989 de algunas tareas menores para la inteligencia iraní, sospechoso de ser agente doble. Se dedicó a la actividad privada y realizó una serie de estafas, tras lo cual se fue a Alemania donde se radicó desde 1996.
En ese tiempo acusó a Irán de cada uno de los “atentados terroristas” que no se esclarecían en el mundo –lo que siempre sucede con los atentados de falsa bandera– como el Lockerbie, Escocia, y otros.
El “testigo C”, que ganó fama por el misterio que rodeaba su nombre, vio una nueva oportunidad acusando a Irán, con la anuencia de los servicios alemanes, estadunidenses e israelíes de la voladura de la AMIA.
Sin pruebas contó su versión en Alemania ante un juez del lugar y el argentino Juan José Galeano, que viajó a ese país en 1998. “Mesbahi declaró cinco veces bajo juramento en la causa, y en los puntos esenciales dio cinco versiones distintas y contradictorias de éstos, que no podrían servir nunca como prueba. Sólo dichos y palabras, y por supuesto, conjeturas y deducciones de inteligencia”, resume el abogado Juan Gabriel Labaké en su libro AMIA Embajada, ¿verdad o fraude?
Este abogado, por cierto no oficialista, viajó a Teherán, a Europa y Estados Unidos, reuniendo datos entrevistándose con fuentes importantes, y finalmente llegó a la conclusión de no existían pruebas contra Irán en el juicio de AMIA tanto bajo la dirección de Galeano, como bajo la del fiscal Nisman, quien sólo refritó los expedientes de su predecesor, le dio cierto orden pero acusando, como ordenaron Washington y Tel Aviv, siempre a Irán.
El periodista Gerth Porter, de The Nation, escribió en una nota el 16 de mayo de 2010 que el embajador de Estados Unidos en Argentina en el momento del atentado a la AMIA, James Cheek, le dijo en una entrevista: “Que yo sepa no hay ninguna evidencia real de la participación iraní. Nunca probaron nada”.
Lo extraño es que cuando Nisman acusa a Irán en 2006 ya se sabía que ambos testigos no eran creíbles, y la justicia británica había devuelto, por falta de pruebas, un pedido de extradición del exembajador iraní en Argentina Hadi Soleimanpour. El diplomático iraní estaba haciendo un curso en Londres cuando lo detuvieron en 2003 hasta que llegara el exhorto de extradición. Debieron soltarlo en 2004 y pagar una indemnización de 189 mil libras esterlinas.
También la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) devolvió un primer pedido de alerta roja por falta de pruebas, y el segundo pedido en 2013, y que está hasta estos días, por especial pedido del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Héctor TImerman, tampoco tiene aún el fundamento de las pruebas que el juez Rodolfo Canicoba Corral le pidió a Nisman que investigara. Ahora se sabe que Nisman no había cumplido con reunir pruebas, sino simples deducciones de inteligencia que no sirven a la justicia ni a la verdad.
El juicio primero de la AMIA debió ser cerrado por escándalos e irregularidades graves, una de las cuales consistió en que el juez Galeano, con apoyo del entonces presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas-Argentinas (DAIA), Rubén Berajas, pagó 400.000 dólares a un reducidor de autos robados, Carlos Telledín, para que acusara a diplomáticos iraníes y a policías de la provincia de Buenos Aires.
Estos últimos estuvieron 5 años detenidos y debieron ser liberados por absoluta falta de pruebas, sin vinculaciones con la causa. Así escandalosamente terminó ese juicio.
La enmarañada red de falsedades y mentiras, presiones e intereses que eran los expedientes de la causa del cruento atentado contra la mutual judía AMIA obligó a terminar con el juicio en 2004, y el entonces presidente Néstor Kirchner (2003-2007) exhortó a la justicia a avanzar, profundizando en la causa hacia la verdad.
Se creó entonces la Unidad Especial de la Causa AMIA, que quedaría por decisión de la Procuraduría en manos del fiscal Alberto Nisman, lo que sorprendió, ya que también había sido parte del fracaso del juicio iniciado en julio de 1994 y cerrado 10 años después, sin haber logrado nada.
El caso Nisman
Nisman había comenzado en 1997 su camino hacia la actual Fiscalía, en Morón, provincia de Buenos Aires. En su historia hay un caso que marcó su camino y fue la investigación sobre el destino de Iván Ruiz y José Díaz, dos de los participantes en el fracasado ataque al cuartel de la Tablada en enero de 1989, dirigido por el exjefe guerrillero Enrique Gorriarán Melo, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Ambos detenidos, después del cruento enfrentamiento que dejó varios muertos y heridos, fueron vistos por última vez brutalmente torturados y llevados por militares y policías en un automóvil Ford Falcon.
Hasta ahora están desaparecidos, pero Nisman y un juez que lo puso a cargo de la investigación apoyaron la versión oficial del Ejército de que “habían muerto en combate” a pesar de las evidencias de su desaparición forzada.
En julio de 1997, el entonces procurador general Nicolás Becerra lo convocó para sumarse a los fiscales que investigaban el atentado contra la mutual judía AMIA, José Barbaccia y Eamon Mullen, por pedido expreso de ambos.
De acuerdo con Infojus Noticias de Argentina “el equipo de Nisman, Barbaccia y Mullen trabajó hasta el juicio oral, pero no terminó bien”. Durante ese juicio por la llamada “conexión local”, muchos testigos dijeron que ellos y el juez Juan José Galeano habían cometido una serie de irregularidades que se comprobaron.
Al final del debate, el Tribunal Oral absolvió al delincuente Carlos Telleldín, a quien el propio juez entregó 400.000 dólares para acusar a funcionarios iraníes y a policías, con el visto bueno de Rubén Berajas entonces presidente de la poderosa Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas.
En los fundamentos del fallo se acusó a Galeano –quien terminó destituido y procesado–, a su equipo y a los fiscales Mullen y Barbaccia, también procesados. En el juicio oral quedó demostrado que no se investigó absolutamente nada” en la Causa AMIA , afirmó a Infojus Noticias el abogado Juan Carlos García Dietze, defensor de Ariel Nizcaner, quien fue absuelto de haber participado en la adulteración de la camioneta Traffic, que supuestamente fuera usada en el atentado. “Siempre hubo un tema parádojico: Barbaccia y Mullen quedaron imputados, y Nisman siguió a cargo. Es extraño”, reflexionó García Dietze.
En 2004 Nisman, ya a cargo de Unidad Especial para concentrar todas las investigaciones vinculadas al atentado, se acerca a un hombre clave de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, la antigua SIDE, Antonio Stiusso, alias Jaime. Éste había sido desplazado de la Causa AMIA como parte de las irregularidades del juicio, pero con Nisman recuperó un lugar de importancia. Ambos trabajaban con la CIA y el Mossad.
La Unidad Especial recibía importantes sumas de dinero para investigar, pero Nisman sólo se dedicó a clasificar los expedientes de Galeano y continuó responsabilizando a los iraníes, sin haber producido, en los últimos 10 años ninguna prueba para confirmar la acusación. Su primer pedido de alerta roja contra 12 iraníes, diplomáticos y funcionarios acusados fue devuelto por falta de pruebas. Como sucedió con el pedido de extradición a Londres del exembajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour, cuando la justicia británica devolvió la solicitud por falta de pruebas, indemnizando al diplomático en 2004. Una vergüenza para la justicia argentina.
Nisman y la embajada de Estados Unidos
Durante 10 largos años los expedientes que investigaba Nisman siguieron incorporando “informes basados en deducciones y armados”, sin prueba real, imposibles de comprobar que proveía la CIA y el Mossad, al igual que hicieron al proveer los falsos testigos.
En 2010, cuando se publicaron en Argentina una serie de cables secretos referidos al caso AMIA, del Departamento de Estado de Estados Unidos revelados por WikiLeaks, quedó en evidencia que el fiscal Nisman anticipaba las medidas que iba a tomar en esta causa a diplomáticos de esa Embajada.
Estos descubrimientos no dieron lugar a tomar una medida clave, la de separar al fiscal de esta causa ya que no se puede ser “juez y parte”, como sucedía en su relación de subordinación a Estados Unidos e Israel.
La pista iraní no lograba reunir pruebas concretas, pero sin duda favorecía a los intereses geopolíticos de ambos países que continúan intentando invadir Irán, enlazando esta situación con el anunciado plan imperial de un Oriente Medio ampliado, que significó invasiones y ocupaciones coloniales de varios países en esa región en el siglo XX. Jamás la inteligencia estadunidense o israelí debieron haber participado, monitoreado y armado la Causa AMIA.
En un despacho del 22 de mayo de 2008, desde la sede diplomática estadunidense en Buenos Aires, se especificaba: “Los oficiales de nuestra Oficina Legal le han recomendado al fiscal Alberto Nisman que se concentre en los que perpetraron el atentado y no en quienes desviaron la investigación”.
Eso fue precisamente cuando el entonces juez federal Ariel Lijo ordenó la detención e indagatoria del expresidente Carlos Menem, de su hermano Munir –ya fallecido–, del entonces titular de la SIDE Hugo Anzorreguy, y otros, como el magistrado Juan José Galeano y del excomisario Jorge Palacios, por encubrir el atentado.
Nisman no había informado de esa medida a la Embajada estadunidense como lo hacía normalmente. Otros cables de WikiLeaks demostraron que el fiscal de la Causa AMIA se había disculpado con los oficiales estadunidenses por no haber anticipado los pedidos de detención. Hay varios cables referidos al tema, publicados por el periodista Guillermo O’Donell.
Ya en 2013, Memoria Activa y familiares y amigos de las víctimas del atentado de julio de 1994 se pronunciaban por un alejamiento de Nisman de la Causa AMIA. En noviembre de 2013, en una carta abierta al fiscal, los familiares respaldaron el Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán y cuestionaron “la falta de compromiso de Nisman y la inacción en la causa”, por considerarlo “funcional a los intereses de los que siempre nos quieren alejar de la verdad”.
El Memorándum de Entendimiento con Irán es un verdadero documento de política exterior que podía sentar precedentes en la resolución de conflictos sin salida, como era el caso AMIA. Se trataba de que los jueces de la Causa AMIA pudieran ir a Teherán a indagar, ante la presencia de una Comisión de personalidades reconocidas y neutrales, a los altos funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– del atentado. Por primera vez se podría saber la verdad, fuera la que fuera.
Al cumplirse 20 años del atentado, el 19 de julio de 2014 los familiares de las víctimas no sólo reclamaron una vez más el esclarecimiento del hecho, sino que solicitaron formalmente que se apartara a Nisman del caso por “haber mostrado su total incapacidad para investigar en esta Causa”, como denunció entonces Diana Malamud de Memoria Activa.
Irán siempre ofreció su cooperación, pero la CIA y el Mossad rechazaban toda posibilidad. Ningún país soberano en el mundo iba a entregar a un grupo de funcionarios acusados sin presentar las pruebas necesarias a la justicia de terceros países. Incluso surgió de Irán una propuesta de crear una Comisión mixta, argentina-iraní, para investigar el tema AMIA.
En Irán no existe extradición y por eso el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner trató de hallar un camino, que fue rechazado incomprensiblemente por el gobierno de Israel.
La DAIA y la AMIA, que habían apoyado en principio el Memorándum debieron plegarse al mandato israelí. La oposición argentina rápidamente se alió a este rechazo y surgieron jueces que declaraban la inconstitucionalidad de la ley, lo que era una aberración jurídica.
Irán quedó a la expectativa frente a esta situación. Lo que nadie sabía es que, con base en falsas denuncias, convertirían este tema en una maniobra golpista contra el gobierno de Fernández de Kirchner, el que más trabajó a favor de la verdad, como se puede constatar en los esfuerzos ante la Organización de las Naciones Unidas y en el propio Memorándum.
El 12 de enero de 2015, en plena Feria Judicial, e interrumpiendo un viaje que lo había llevado a recorrer Europa para festejar el cumpleaños 15 de una de sus hijas, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la investigación sobre el atentado contra la mutual judía AMIA decidió regresar imprevistamente a Argentina, según él mismo comunicó a las amistades más allegadas en un mensaje de WhatsApp.
Sólo 1 día después de llegar a Buenos Aires, anunció que iba a presentar una denuncia contra la presidenta de la nación, el canciller, el diputado Andrés Larroque, dirigente del movimiento juvenil La Cámpora y contra dos dirigentes sociales, Luis D’Elía y Fernando Esteche, por el intento de presunto encubrimiento de los iraníes acusados mediante un pacto secreto con Irán por “intercambios comerciales”, que nunca existió.
Trama de guerra sucia
El 18 de enero fue encontrado muerto, como se conoce, en su departamento. Y la rigurosa investigación fiscal continúa para no dejar ningún espacio de duda en su conclusión final.
La Feria Judicial le permitía elegir el juez, y buscó a Ariel Lijo, quien lleva causas creadas por denuncias basadas en informaciones periodísticas y sin pruebas contra funcionarios gubernamentales. El 14 de enero presentó la denuncia, generando un gran escándalo, sin aportar pruebas a sus incriminaciones, pero tampoco nada sobre el atentado que mató a 85 personas en 1994.
De inmediato la dirigencia opositora salió a respaldarlo, porque esta noticia les permitía montar un ataque brutal contra el gobierno en año electoral.
Prometía Nisman dar a conocer escuchas telefónicas (ilegales hasta ahora) para justificar su acusación, y el 19 de enero iba a hablar de su denuncia ante la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, citado por la oposición, aunque iba a asistir también el oficialismo, que pedía hacer público este evento, y no cerrado.
Las escuchas trasmitidas ilegalmente por un canal de televisión opositor de conversaciones entre dirigentes sociales y una persona de la comunidad islámica jamás podrían ser pruebas de nada. Pero el 19 su muerte conmocionaba al país y atrajo la atención también fuera de Argentina.
En las declaraciones ante la fiscalía de la exesposa de Nisman, la jueza Sandra Arroyo Salgado, quien estaba en Barcelona, España, con otra de las hijas del matrimonio, señaló que éste la llamó el 12 de enero desde el Aeropuerto de Barajas, en Madrid, para decirle que debía regresar urgente a Buenos Aires porque su madre se iba a operar de un brazo y que luego iba a volver a Europa para continuar su viaje.
Arroyo Salgado dice haber discutido porque se negó a que Nisman regresara con su hija a Buenos Aires y convinieron en que la dejaba en el Aeropuerto para que su madre llegara a recogerla desde Barcelona.
Se agrega a esto que la propia madre de Nisman, Sara Garfunkel, declaró en la causa que ella ya se había operado del brazo antes. Nisman había mentido a su familia en un regreso muy apresurado.
Por eso la pregunta es: quién lo llamó tan urgentemente para presentar una denuncia sólo 2 días después de su regreso, nada menos que contra la presidenta. La fiscal que ahora investiga su muerte, Viviana Fein, a todas luces bajo intensa presión, dijo que el occiso ya había sacado el pasaje de regreso para el día 12 desde el 31 de diciembre. Esto abre entonces una interrogante: ¿Por qué envió un mensaje de WhatsApp a sus amigos más cercanos, según transmitió la propia prensa opositora antes que la fiscal revelara la compra anticipada del boleto, de que tenía que regresar de forma intempestiva? ¿O era una trama ya urdida de antemano?
La incriminación fue la noticia bomba de comienzos de un año electoral, y la diputada derechista Patricia Bullrich, de Unión Por Todos-Propuesta Republicana, organizó rápidamente que Nisman explicara la denuncia a una Comisión del Congreso.
Bullrich, quien habló varias veces con el fiscal antes de su muerte, está ligada a fundaciones estadunidenses en Argentina, y de la misma manera la diputada Laura Alonso, destacadas ambas por apoyar a los sectores más fundamentalistas de Estados Unidos contra Cuba, Venezuela, Argentina o cualquiera de los países claves en la integración latinoamericana.
El domingo 18 de enero por la tarde, el fiscal Nisman fue encontrado sin vida, por su madre, llamada por dos custodios ante la falta de respuesta de éste. El departamento estaba cerrado por dentro, incluyendo la puerta de servicio, que tiene dos cerrojos; el de arriba, que podía abrir la madre, pero el de abajo tenía una llave trabada por dentro y debieron llamar al cerrajero para que la abriera.
El cuerpo de Nisman obstaculizaba abrir la puerta del baño. Tenía un disparo en la cabeza, una pistola y un casquillo de bala calibre 22 estaban en el piso a su lado. Una imagen desoladora. Tenía 51 años. Y los primeros resultados de la autopsia realizada por reconocidos forenses con presencia de expertos peritos determinaron que “no habían intervenido terceros”.
Toda la información, incluyendo lo que se conoció después, mencionaba un disparo sólo a poco más de 1 centímetro de la sien derecha, lo que llevaba a pensar en un suicidio. La muerte se caracterizó como “dudosa” hasta que se terminen las pericias, algunas repetidas para que no queden dudas.
La presidenta Fernández de Kirchner, en su primera carta en Twitter, nunca dijo que fuera un suicidio. Lo puso en duda al escribir la palabra entre signos de interrogación; y en su segunda carta sostuvo con mayor precisión que no creía en un suicidio. En todo caso en un suicidio inducido, y no precisamente por el gobierno, ya que en realidad era el único afectado en este juego de servicios de inteligencia extranjeros y locales y la oposición interna, mayoritariamente dependiente de Washington y sus fundaciones.
Desde Bolivia, el presidente Evo Morales definió certeramente esta situación: le pusieron una emboscada a la presidenta argentina, dijo al denunciar los sucesos.
Es de un simplismo aterrador pensar que a un gobierno a cuya presidenta se acusa sin prueba alguna, con una denuncia tan deficiente que nadie cree fue redactada por el fiscal, podría convenirle la trágica muerte de éste, después de presentar una denuncia en su contra.
La oposición política local, que ya armó varios escenarios golpistas en el país, se tomó el hecho como una bandera para acusar al gobierno. Los medios de comunicación y especialmente el Grupo Clarín, que se niega a cumplir con la Ley de Medios Audiovisuales que debe terminar con los nefastos monopolios mediáticos, comenzaron a especular confundiendo a la población, cautiva de ese enorme poder desinformador.
Es tal la intoxicación informativa, que nadie sabe distinguir entre el informe de la Fiscalía investigadora y los “juicios paralelos” que se escenifican en televisión.
Fue el gobierno el que insistió que la reunión en el Congreso fuera pública, es decir, que todo el mundo pudiera ver lo que se iba a debatir allí, lo que curiosamente la oposición rechazaba. Los legisladores del oficialismo desde el primer momento que Bullrich convocó la audiencia especial, afirmaron que concurrirían para interrogar profundamente al Fiscal con la determinación de llegar al fondo del asunto. La muerte del fiscal se lo impidió.
La muerte de Nisman está siendo utilizada de una manera perversa por los medios de comunicación opositores y por toda la red de desinformación mundial al servicio del poder hegemónico, intentando responsabilizar al gobierno en una de las campañas más duras que se recuerde.
El golpismo encubierto está siendo desarrollado por un sector del Poder Judicial, una estructura decadente que nunca se democratizó, los medios de comunicación masiva, la oposición y la acción de los servicios de inteligencia locales que fueron desplazados por el Ejecutivo y venían desde la pasada dictadura y antes de ésta. Pero, indudablemente, por Estados Unidos y también Israel.
El Estado israelí publicó en Estados Unidos un comunicado breve la mañana del 19 de enero de 2015 sobre “la trágica circunstancia” de la muerte de Nisman, término que se utiliza para describir un suicidio; y el mismo día el secretario general de la DAIA, Jorge Knoblovits, dijo a los medios argentinos –como está registrado– que “creían que era un suicidio” y que esa entidad estaba preocupada por el destino de la Causa. ¿Por qué luego cambiaron de rumbo?
Siguiendo el lineamiento del Estado israelí, exhortaban a continuar con la Causa –como si alguien hubiera mencionado abandonarla– y además a llevar a la justicia a los culpables del hecho y continuar con lo que estaba actuando Nisman. Es decir –y esto no puede perderse de vista– mantener la acusación contra Irán, lo que significa continuar en el cerrado círculo que comenzó en julio de 1994 con pistas y testigos falsos. ¿Qué hay en las sombras de esta Causa?
En la escena del crimen
El colaborador cercano del fiscal fallecido, Diego Lagomarsino, “experto en informática”, contratado por Nisman con un salario inusualmente altísimo, fue a ver al fiscal el sábado 17 de enero. Él mismo se presentó espontáneamente a la justicia para decir que le había llevado un arma vieja, la pistola calibre 22 con la que luego se “suicidó” el fiscal.
Primero dijo que le pidió la pistola para defenderse, pero en realidad concurrió dos veces al edificio donde vivía el fiscal supuestamente seguro y altamente vigilado como se ofrecía a los compradores de departamentos en el lugar. De la última visita en la noche no hay registros de salida. La investigadora Fein dijo que, según lo registrado, Lagomarsino salió el domingo en la mañana, es decir, al día siguiente de la muerte de Nisman.
La denuncia publicada íntegra el día 20 de enero es absolutamente una pieza sin valor jurídico, por su redacción, sus contradicciones y la falta de pruebas. Las escuchas telefónicas ilegales, que un canal de televisión opositor dio a conocer también violando toda norma, no agregan nada, al contrario, resultan hasta pueriles. Reconocidos juristas señalan que aunque todo lo que se dice fuera cierto no constituye delito porque nada de eso se realizó.
El curioso –y desconocido en el medio– periodista colaborador en el sitio de internet del Buenos Aires Herald Damián Pachter, quien en la noche del 18 de enero dio la primicia por Twitter que se había encontrado muerto al fiscal Nisman sin avisar a su medio, decidió irse del país argumentando “miedo”. Primero sacó un boleto de ida y vuelta a Uruguay, pero de pronto apareció en Tel Aviv.
Pero lo extraño es que sale hacia Uruguay y sigue hasta Israel, donde dice que pidió refugio. Luego se sabe que Pachter es argentino-israelí, y viajó con su pasaporte de Israel. ¿Porqué pidió asilo, si era ciudadano israelí y estuvo 3 años en el Ejército de ese país? Lagomarsino también gestionaba la actualización de su pasaporte, para lo cual concurrió a las oficinas pertinentes el propio día 12, cuando Nisman hizo pública su imputación. Inmediatamente tras la muerte del fiscal las autoridades le retuvieron el documento y se le prohibió salir del país.
La sospecha sobre Pachter aumentó cuando dio entrevistas a medios europeos hablando de la persecución de periodistas en Argentina, donde los medios opositores publican notas insultantes contra la presidenta y otros funcionarios sin ningún problema.
Otro dato importante a registrar. El fiscal Nisman utilizaba un automóvil de alta gama, un Audi, de un yerno de uno de los denunciados como encubridor local en el caso AMIA, Hugo Anzorreguy, el exjefe de la SIDE en el momento de la voladura de la AMIA. Y además ligado al exagente de la CIA Frank Holder, de oscura historia en Centroamérica, que como tantos exagentes de otros países manejan agencias de seguridad locales.
En Estados Unidos, los sectores más recalcitrantes como el republicano Marcos Rubio, Bob Menéndez y otros, acusan a la presidenta y al gobierno sin prueba alguna, lo cual es una amenaza y una presión sobre la justicia local, la misma que ejercen los medios masivos de comunicación argentinos, que de diversas formas advierten a fiscales y jueces que esta causa, como la de la AMIA, tienen que tener los “culpables” que ellos determinen. Los llamados de esos legisladores, además, evidencian su conexión con la derecha argentina.
Quieren una destitución aparentemente “institucional” del gobierno, un golpe blando, pero con muertes. No quieren la verdad.
Además de golpear a Argentina en el mismo momento en que se acrecienta el golpismo en Venezuela contra el presidente Nicolás Maduro, intentan debilitar a los organismos de unidad e integración que se consolidan en América Latina.
Si algo faltaba al terminar esta serie, se conoció que el expresidente José Mujica, de Uruguay, desmintió la versión de que un diplomático de la Embajada de Irán en Montevideo fuese expulsado 2 semanas antes por estar vinculado a la colocación de un aparente artefacto explosivo en las inmediaciones de la Embajada israelí en esa ciudad. Esa versión la publicó el diario israelí Haaretz y la retomaron varios medios en el mundo.
Queda entonces la pregunta que puede tener una rápida respuesta: ¿qué están preparando los expertos en atentados de falsa bandera en nuestros países?

Obama amenazó a Israel con derribar los aviones que atacaran Irán

Citando fuentes “bien situadas”, el sábado el periódico kuwaití Al Yarida informó que el año pasado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, abortó un ataque militar israelí contra las instalaciones nucleares de Irán.
El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, tomó la decisión de llevar a cabo ataques contra instalaciones nucleares de Irán después de mantener consultas con su ministro de Defensa, Moshe Yaalon, y con el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, en presencia de altos responsables militares israelíes.
Esta decisión llegó, según Al Yarida, después de que Israel descubriera que Estados Unidos e Irán habían llevado a cabo conversaciones secretas sobre el programa nuclear iraní a sus espaldas y estaban cerca de firmar un acuerdo.
Tras cuatro noches de deliberaciones, Netanyahu y sus comandantes ordenaron al jefe de Estado Mayor del Ejército israelí, Beni Gantz, que preparara una operación contra las instalaciones militares iraníes, a pesar de las reticencias de varios expertos militares que pusieron en duda la eficacia de una tal operación y advirtieron sobre sus graves repercusiones.
Además, Netanyahu y sus ministros decidieron hacer todo lo que pudieran para impedir un posible acuerdo entre Irán y Estados Unidos porque tal acuerdo sería, según ellos, una amenaza a la seguridad de Israel.
Gantz y sus jefes militares prepararon el plan que se les había pedido y los aviones israelíes se entrenaron varias semanas para la operación. Sin embargo, un ministro israelí reveló los planes al secretario de Estado, John Kerry, y como resultado Obama amenazó entonces con derribar los aviones israelíes antes de que ellos pudieran alcanzar sus objetivos en Irán.
De este modo, Netanyahu tuvo que abortar la operación y desde entonces las relaciones entre Israel y Estados Unidos han estado declinando. El miércoles, el secretario de Estado, John Kerry, dijo que Netanyahu había cometido un error al oponerse a las negociaciones con Irán en relación al programa nuclear de ese país.
En noviembre de 2013, Netanyahu dijo que un acuerdo interino entre el Grupo 5+1 e Irán sobre su programa nuclear “no impediría a Irán dotarse de armas nucleares”, sino que oficializaría este hecho.
El lunes de la pasada semana, cables del Mossad filtrados y publicados por el periódico británico The Guardian, contradijeron, sin embargo, las afirmaciones de Netanyahu, realizadas en un discurso en la ONU en 2012, de que Irán estaba a menos de un año de fabricar un arma nuclear.
Por otro lado, según el diario Times of Israel, la reciente retirada de Gantz, después de 38 años de servicio, ha puesto de manifiesto la disputa existente en el seno del gobierno israelí y entre éste y el aparato militar en lo que respecta a un posible ataque militar contra Irán. Según el periódico, Gantz ha mostrado su oposición a una operación de este tipo, lo que plantea la cuestión de si él habría llevado a cabo maniobras para sabotearla.
La oposición de varios jefes militares y del aparato de seguridad de Israel, preocupados por la reacción iraní e internacional a este ataque, había impedido a Netanyahu y otros dirigentes políticos llevarlo a cabo. Gantz negó, sin embargo, una declaración del ex ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, que afirmó que la capacidad de Israel de actuar militarmente contra el programa militar iraní estaba “declinando y sufre el peligro de erosionarse”.

Prensa y capital monopolista

[…] Cuando se habla de libertad de prensa o del periodismo de manera abstracta o teórica suele excluirse, generalmente de manera deliberada, que detrás de la información, de la defensa de valores, de las presuntas o verdaderas vocaciones y sacerdocios hay un negocio formidable y, por supuesto, mucho menos romántico que la imagen inmaculada que por mucho tiempo ha gozado el ejercicio del periodismo. Esto que digo es una obviedad, pero como la prensa, por razones elementales, tiene buena prensa, muchas veces el público ajeno a la actividad no considera este punto.

La prensa es el único producto que se vende a la mitad de su costo de fabricación. Y esto puede ser así porque el verdadero negocio no es vender la información al público, sino el público a los anunciantes, de manera que el lector o televidente es, desde el punto de vista estrictamente comercial, el producto del que los medios de prensa se apoderan para ofrecer a sus anunciantes.

Por otra parte, desde mediados de la década del 90, el periodismo no quedó ajeno al fenómeno de brutal concentración de poder característico de la globalización. Algunos analistas sostienen que el sector periodístico es el que ha sufrido mayor concentración, junto con los sectores petroleros, el comercio de armas y la industria aérea.

[…] Algunos datos relacionados con el control de los medios de prensa.

En los Estados Unidos, en 1945, ocho de cada diez diarios pertenecían a propietarios independientes; hoy, en cambio, el 85% depende de grandes grupos, que además se van fagocitando entre sí, por lo que son cada vez menos y al mismo tiempo más poderosos. En Europa la concentración es aún mayor, y a ella sólo sobreviven un reducido número de imperios mediáticos: Berlusconi, Bertelsmann, Murdoch, Hachette, Hersant…

Este fenómeno se da de manera simultánea con otro no menos importante: el crecimiento del capital necesario para la creación de nuevos medios. De manera que cuando hablamos de la prensa libre en Occidente, deberíamos añadir que es libre siempre y cuando tenga los recursos suficientes para su existencia. De ese modo es el Norte el que informa al Sur, que permanece en silencio. La visibilidad o invisibilidad del Sur quedan por lo tanto sujetas a la voluntad del Norte. Se reproduce así un moderno sistema de colonización de las ideas. Quizá la batalla futura que deba darse por un mundo más justo sea la de la “descolonización de la información”.

Voy a citar algunos datos para saber dónde estamos parados cuando hablamos de medios de información:

— Estados Unidos, Japón y la Unión Europea controlan el 90% de la información y la comunicación de todo el planeta.

— Sólo cinco agencias de prensa distribuyen el 96% de las noticias mundiales.

— Desde hace 25 años, cuatro de cada cinco mensajes emitidos en el mundo provienen de los Estados Unidos o de empresas de capital norteamericano. Lo que se añade como fenómeno relativamente reciente es la inversión en las nuevas tecnologías y en el sector de la imagen: actualmente, el 80% de los programas audiovisuales que se producen en el mundo (ya sea televisión, vídeo o cine…) son norteamericanos.

— Estados Unidos controla el 71,5% de todos los programas de TV que se difunden en Europa y el 80% de las salas de cine.

— De cada 100 palabras de información internacional que se difunden en América latina, 90 provienen de 5 agencias de prensa internacionales (la norteamericana Associated Press, la británica Reuters, la francesa France Press, la española EFE y la italiana ANSA). Y de ese 90 por ciento, el 70 por ciento corresponde sólo a dos agencias: la norteamericana AP y la británica Reuters.

— De las primeras 300 empresas internacionales de información y comunicación, 144 son norteamericanas, 80 son de la Unión Europea y 49 japonesas. Es decir que de las 300 empresas de información más importantes, 293 son de los Estados Unidos, de Europa o de Japón y sólo 7 de otras naciones.

— En materia de medios audiovisuales, el magnate de la televisión Rudolph Murdoch controla, de manera directa o indirecta, la información y el entretenimiento visual que consumen 3.000 millones de personas, es decir, casi la mitad de la población mundial.

¿Quién decide lo que deben decir los medios? ¿Quién da al periodista su materia prima? De hecho, casi siempre las mismas fuentes: gobierno, administración y empresas. Como alimentarse de las fuentes institucionales es más barato, cada día hay numerosas informaciones preparadas de antemano, tomadas de los servicios de información al público que todos los gobiernos, empresas y entidades tienen, incluido el ejército. Es tan obvia la influencia de la prensa en la toma de decisiones, que en los últimos años ha cobrado mayor importancia el periodismo institucional o de empresas. Cuando hablamos de “hacerle la prensa” a un producto, a un político o a un libro nos referimos a darle a los medios de prensa una noticia previamente digerida que ayude a imponer en la consideración del público nuestro producto, sea éste un objeto, una política o una idea.

En ese contexto, el ejercicio del periodismo independiente debe sortear numerosas dificultades para mantenerse al margen de las necesidades y operaciones del poder.

Cuando Estados Unidos había decidido iniciar su ofensiva militar en Afganistán, el secretario de Defensa norteamericano fue lo suficientemente claro cuando anunció que los periodistas acreditados en el Pentágono no podrían acompañar a las tropas y recordó una frase de Churchill, que alguna vez dijo que “la verdad a veces debe ser cuidada por los guardaespaldas de la mentira”, lo que obviamente es la legitimación de la mentira con fines patrióticos. Al mismo Churchill se le atribuye otra frase terriblemente cínica: “la responsabilidad por asumir como ciertas las promesas de los políticos corren por cuenta de quienes las creen”.

En escenarios de conflictos, el periodista, aunque se esfuerce por mantener una posición equidistante y neutral, no puede evitar enfrentarse a dificultades operativas concretas en el terreno, fundamentalmente el dilema de exponerse a la manipulación de alguno de los actores, en caso de trabajar en alguna de las filas, o a enormes riesgos para su vida si opta por desplazarse de manera independiente.

Los medios de comunicación funcionan frecuentemente como verdaderas armas de control social. A veces, por propia voluntad y otras tantas por efecto de presiones o manipulaciones desde el poder.

Existe una auténtica ingeniería de la persuasión, de manera que si queremos superar ese tipo de analfabetismo que muchas veces nos proponen, debemos aprender a decodificar el lenguaje de los medios y la jerarquía selectiva que se les da a las noticias. La lectura crítica de las informaciones emanadas desde el poder es un ejercicio indispensable, en primer lugar para los propios periodistas y luego, para los receptores de las noticias.

La manipulación de la opinión pública es, ciertamente, muy antigua, pero quisiera hacer una breve referencia al período moderno y cómo los medios de comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.

Como bien señala el semiólogo norteamericano Noam Chomsky, la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno ocurrió en los Estados Unidos bajo el mandato de Woodrow Wilson. Éste fue elegido presidente en 1916 como líder de una plataforma electoral que podría calificarse de pacifista cuando promediaba la Primera Guerra Mundial. La población norteamericana de entonces era mayoritariamente opositora a la idea de involucrar a los Estados Unidos en la guerra; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había, por lo tanto, que inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra, para lo cual se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida como Comisión Creel, que en sólo seis meses logró quebrar la vocación pacifista de la población y convertirla en una sociedad profundamente histérica, dispuesta a combatir el peligro que significaba para el mundo no ya la Alemania en guerra sino los alemanes en general.

La Comisión Creel alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: usando la misma metodología, al final de la guerra, logró avivar el terror al comunismo, lo que permitió la destrucción de sindicatos tachados de filocomunistas y establecer restricciones a la libertad de prensa y de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y algunos medios de comunicación adictos fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron toda clase de beneficios.

Los medios utilizados fueron muy amplios. Pero el más burdo y al mismo tiempo más efectivo fue la fabricación de relatos de atrocidades que supuestamente cometían los alemanes, en las que se incluían niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo de perversiones inventadas por el ministerio de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento -tal como queda reflejado en la desclasificación de sus deliberaciones secretas- era el de dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo.

El principio moral que sustenta estas políticas es la creencia nunca confesable por las dirigencias de que la opinión pública en general está incapacitada para comprender a fondo los intereses nacionales, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo hicieran. Hay que domesticar al rebaño desconcertado, utilizando la misma lógica que nos dice que sería incorrecto permitir que un niño de tres años cruce la calle solo. Así como no damos a los niños de tres años este tipo de libertad porque partimos de la base de que no saben cómo utilizarla, negamos a los individuos del rebaño desconcertado la participación activa en la discusión de las ideas.

Reinold Niebuhr, uno de los intelectuales dilectos de Kennedy, afirmaba que la racionalidad es una habilidad al alcance de muy pocos y que la mayoría de la gente se guía por emociones e impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lógica tienen, entonces, que crear ilusiones necesarias y simplificaciones acentuadas desde el punto de vista emocional, con objeto de encaminar a una masa desvalida e ignorante. Este principio se ha convertido en un elemento sustancial de la ciencia política contemporánea.

Los Estados Unidos crearon, en la década de 1920, los cimientos de la industria de las relaciones públicas. Tal como decían sus principales mentores, su compromiso consistía en controlar a la opinión pública. Basados en el éxito de la Comisión Creel y del “miedo rojo”, y de las secuelas dejadas por ambos, las relaciones públicas experimentaron una enorme expansión, obteniéndose grandes resultados a la hora de conseguir una subordinación total de la gente a las directrices procedentes del mundo empresarial.

Las relaciones públicas constituyen una industria que mueve, en la actualidad, presupuestos en torno del billón de dólares al año, y desde siempre su cometido ha sido el de controlar a la opinión pública, que es el mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones.

Como contraparte a la enorme concentración de grandes medios a los que me referí anteriormente, la creciente irrupción de las nuevas tecnologías (especialmente Internet) abrió una fisura en ese enorme dique informativo aludido, con voces verdaderamente independientes de los grandes poderes. El problema que ahora debemos enfrentar desde el lugar de receptores no es el de la falta de información sino el de la subreabundancia de ella y la manipulación a la que es sometida.

Ciertamente, la aparición de Internet facilitó la entrada en el mundo de la información de actores que de otra manera estarían silenciados. El problema, aquí, no es la posibilidad de incorporar información, sino la de hacerla “visible”. Aun cuando hay gran diversidad de buscadores, en la práctica su uso constituye una forma oligopólica a escala mundial pues unos pocos -Google, Yahoo, Lycos, Altavista- acaparan la mayor parte de las búsquedas. Al efectuar una búsqueda determinada se obtiene una lista de páginas web ordenadas por criterios propios del buscador, lo que significa una jerarquización de la información no controlada por el receptor. Pero tampoco nos permite el acceso a toda la información que dice haber encontrado. Por ejemplo: si pedimos a Google que rastree las páginas referidas a “la sociedad de la información”, nos indicará que ha encontrado más de un millón y medio de entradas, pero solamente nos dará acceso a unas 800, es decir, sólo el 0,05% de lo existente […]

Ricardo López Dusil, Ponencia presentada en el Congreso de la Organización de la Conferencia Islámica, Bakú, Azerbaián, 26 al 28 de abril de 2014

El guardián de las dos mezquitas sagradas

Adrián Mac Liman
Hace apenas unas semanas, cuando el príncipe Salman Bin Abdel Aziz al Saud ascendió al trono del Reino de Arabia Saudita, los medios de comunicación occidentales se hicieron eco de los espectaculares cambios institucionales anunciados por el nuevo monarca. No, no se trataba de medidas innovadoras, destinadas a reformar o modernizar el régimen autocrático impuesto por la Casa de Saud, sino de una simple reorganización administrativa. Detalle interesante: el guardián de las dos mezquitas sagradas, título que ostenta el jefe de la Casa Real, decidió relevar de su cargo al jefe de los todopoderosos servicios de inteligencia, el príncipe Jaled Bin Bandar, al secretario del Consejo de Seguridad Nacional y exembajador en Washington, el príncipe Bandar Bin Sultan, así como a los imanes que dirigían el Ministerio de Justicia y la policía religiosa.
¿Terremoto o simple tormenta en un vaso de agua? Aparentemente, se trata de una cuestión dinástica; el rey Salman trata de prescindir de los incondicionales de su hermanastro, el recién fallecido rey Abdalá, para dar paso a familiares directos. En clave sociopolítica, ello se traduce por un notable retroceso, ya que el nuevo monarca pertenece al ala más conservadora de la dinastía saudí.
Mientras algunos politólogos occidentales se limitan a comentar el papel preponderante desempeñando por los saudíes frente a la creciente amenaza del chiismo iraní, otros procuran destacar la postura ambivalente de Riad, que participa en la guerra contra el Estado Islámico, empleando al mismo tiempo ingentes cantidades de dinero para proyectar la imagen del islamismo radical tanto en los países musulmanes como en el Viejo Continente. Uno de los pilares de este operativo habrá sido, en las últimas décadas, el… príncipe Salman, es decir, el actual monarca.
Según informes elaborados por las Naciones Unidas, la justicia estadounidense y los servicios de inteligencia occidentales, durante los años 80 y 90 del siglo pasado, Salman se dedicaba a centralizar la ayuda financiera saudí destinada a Al Qaeda, tanto en Afganistán como en Bosnia. Los envíos de fondos se efectuaban a través de distintas asociaciones benéficas creadas o presididas por multimillonarios saudíes.
En la década de los 90, durante la guerra de los Balcanes, el príncipe ostentó el cargo de Alto Comisionado Saudí para la ayuda a Bosnia Herzegovina, organismo internacional que, según los expertos de las Naciones Unidas, transfirió 120 millones de dólares a la Third World Relief Agency, una asociación fundada por el príncipe que financiaba a Al Qaeda. Los funcionarios de las Naciones Unidas encargados de supervisar las cuentas de la oficina saudí estiman que los fondos no se emplearon para fines humanitarios.
En mayo de 1997, los militares franceses destacados en Bosnia advierten que el Alto Comisionado Saudí utiliza la cobertura de la ayuda humanitaria para fomentar la islamización de Bosnia y radicalizar a la juventud. El periodista galo Roland Jacquard, que tiene acceso al documento, asegura que se trata una estratagema destinada a  establecer la plataforma idónea para las acciones de Al Qaeda en Europa.
Aun así, los servicios de seguridad estadounidenses respetaron el estatuto diplomático del Alto Comisionado Saudí en Bosnia hasta… el 11 de septiembre de 2001. En un registro llevado a cabo poco después de los atentados de Nueva York, los norteamericanos encontraron de la poco diplomática sede directrices para la falsificación de los pases del Departamento de Estado y ¡ay! apuntes relativos a conversaciones con Osama Bin Laden.
No hay que extrañarse, pues, que el Presidente Barack Hussein Obama haya decidido precipitarse a rendir pleitesía a su aliado Salman. Con amigos así, más vale ser prudente. Con aliados así, la tan cacareada guerra contra el Estado Islámico podría convertirse en una perpetua pesadilla.
Fuente: http://adrianmacliman.blogspot.com.es/2015/02/el-guardian-de-las-dos-mezquitas.html

Los fundamentalistas cristianos amenazan por un disfraz de la Virgen del Rocío

En los pasados carnavales celebrados en una localidad de Huelva, alguien se disfrazó de la Virgen del Rocío, lo que fue grabado en vídeo y difundido por las redes sociales.

La grabación ha provocado cientos de amenazas e insultos procedentes de los fundamentalistas cristianos, sin que nadie haya salido en defensa de la libertad de expresión.

¿Qué hubiera ocurrido si el disfraz hubiera sido de Mahoma y no de la Virgen del Rocío?

¿Qué hubiera ocurrido si las amenzas las hubieran proferido los fundamentalistas islámicos y no los fundamentalistas cristianos?

Una captura de pantalla con las amenazas:

Fuente: http://www.larepublica.es

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