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Día: 4 de marzo de 2015 (página 1 de 1)

Judíos, ¿un pueblo?

Nicolás Bianchi

En un libro publicado no hace mucho tiempo titulado «El problema nacional judío», el sociólogo vasco José Antonio Egido se pregunta si los judíos -algo tratamos aquí el 17 de febrero de este año sobre esta temática- son un pueblo, una comunidad nacional o una religión. Señala que el sionismo lo tiene claro: todos los judíos del mundo, al margen de su nacionalidad, del país en que viven y de su relación con la religión, son un pueblo con derecho a residir en (el Estado de) Israel. No se dice «obligación» porque entonces el poderoso lobby judío neoyorkino tendría que dejar sus piscinas y, claro, esto va a ser que no.
Kautsky -apunta Egido- niega la condición de «pueblo» a los judíos, y Marx -judío él mismo- escribe que «la cuestión judía adquiere un aspecto diferente a tenor del Estado en el que el judío se encuentra». Los judíos alemanes, por ejemplo, estaban muy asimilados hasta la llegada de la barbarie nazi. Se les recordó algo que tenían casi olvidado: ¡que eran judíos!, un exutorio social, un desagüe, una válvula. Piensa Egido que fue con la diáspora que el judío perdió su condición de pueblo. También cree que fue en el exilio, en Babilonia (el Irak de hoy, o lo que quede de él), donde se «construye» la religión judía. Cuando los judíos pueden ejercer plenamente su condición de ciudadanos iguales con el resto de los habitantes de un país -y esto fue lo que pasó con la Revolución francesa que los «emancipó»-, su tendencia general es a asimilarse allí donde se trasladan. Antes de existir la noción de «ciudadano» el judaísmo es una religión y nada más. Jamás una ideología política como llegó a ser el sionismo, que es lo contrario de la esencia del judaísmo ortodoxo, esto es, un mesianismo.
El historiador judío italiano Arnaldo Momigliano (1908-1987), no muy conocido por estos pagos, estudia la definición weberiana del judaísmo como religión… paria (sic) Para Max Weber un «pueblo-paria» significa que eran un pueblo-huésped ritualmente segregado por el ambiente social que les rodeaba. La conclusión de Weber es que los propios judíos decidieron ser parias por su actitud religiosa. No en balde era el «pueblo elegido» por Dios-Yahvé, lo que te obliga, no a creerte superior, no, pero sí a diferenciarte de los demás, a cerrarte. Toda la tradición religiosa hebraica presupone que los judíos están obligados a obedecer a una ley divina -la Torá- y tienen derecho a poseer un territorio concedido por Dios. Ningún avatar histórico cambiará esto. Simplemente la tierra prometida queda aplazada a una era mesiánica. Para Weber la falta de «territorialidad» sería la razón de la condición paria de los judíos.
Para George Steiner (1929-), crítico literario de origen judío, a falta de territorio, la Torá reemplaza a la tierra física y se convierte en el «territorio nacional»: el libro constituye la patria de los judíos (negrita mía).
Los sionistas, la mayoría ateos -como los cardenales del Vaticano empezando por el Papa, no es una osadía lo que digo-, lejos de ser un movimiento de liberación nacional, vale decir, se transmutan en un movimiento de colonización para lo cual tienen que expulsar a los legítimos propietarios de una tierra: Palestina, único pueblo, este sí, y nación sojuzgado.

Terrorismo mundial: atando cabos

Benjamin Netanyahu
José Steinsleger

En los años del mundo «bipolar», cuando las diferencias entre «política» y «política exterior» parecían prestarse a confusión, un gran líder de masas de América Latina sentenció: la política exterior es la política.
Sin embargo, en el capitalismo salvaje la guerra dejó de ser «continuación de la política por otros medios». Y las políticas interior y exterior de Occidente se convirtieron a secas en alas de un mismo pájaro. El pájaro de la guerra que enlaza, por ejemplo, tragedias como las de Ayotzinapa, Palestina y tantas más.
Desde el 11 de septiembre de 2001, de espaldas a lo «singular» y «plural» de los pueblos, el capitalismo salvaje (neoliberalismo) impone su ley. Una ley que, apoyándose en el resbaladizo concepto de «seguridad», arrasa con lo que hasta ayer nomás entendíamos por «independencia», «soberanía», «derecho».
Por allá y por acá, los neoliberales asocian toda manifestación humanitaria o de resistencia con lo que de plano ejecutan con singular y perversa maestría: el terrorismo. El terrorismo financiero, mediático, intelectual, judicial, criminal.
Si tomásemos la palabra a los neoliberales (que el mundo es «interdependiente», etcétera), podríamos atar algunos cabos sueltos que, tan sólo en el último trimestre, conmovieron el escenario mundial. Veamos:
El 2 de diciembre pasado, la Asamblea Nacional de Francia vota en favor de reconocer el Estado de Palestina (339/151 votos), tal como lo habían hecho Gran Bretaña, España, Irlanda y Suecia. Luego, Portugal, el Parlamento Europeo y Luxemburgo (días 12, 15, 17), que se pronunciaron en igual sentido.
Por su lado, el tribunal de la Unión Europea anulaba, por «vicio de forma», la justificación legal por la que en 2001 el Consejo Europeo (CE) inscribió al movimiento palestino Hamas en la lista de «organizaciones terroristas». Según el tribunal, el CE se había basado en “…imputaciones factuales recabadas por la prensa internacional e Internet”.
El premier del enclave colonial llamado «Israel», Benjamin Netanyahu, declara entonces que la decisión del tribunal mostraba que “…los europeos no aprendieron nada del Holocausto”. Y pide a la Corte Penal Internacional de La Haya (CPI) rechazar a Palestina como miembro, ya que esta solicitud “…no proviene de un Estado, sino de una entidad”.
En represalia, «Israel» bloquea transferencias de 127 millones de dólares recaudados para los palestinos. Dijo: «No permitiremos que se arrastre a nuestros soldados al tribunal de La Haya por crímenes de guerra». Se refería a las masacres de julio de 2014, cuando el «Estado judío» asesinó a 2.200 palestinos en Gaza, destruyendo 96.000 casas.
El 7 de enero (día en que la CPI incorpora a Palestina), un comando paramilitar asesina en París a la plana mayor editorial de la revista satírica Charlie Hebdo. Una semana después, en Buenos Aires, el fiscal Alberto Nisman acusa a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por «encubrimiento» de los acusados (iraníes) de haber dinamitado la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en julio de 1994.
El día 15, en Verviers (Bélgica), son abatidos un par de presuntos «islamitas» que «pensaban» atacar cuarteles de la policía belga. Al día siguiente, luego de que la CPI da curso a la investigación de crímenes de guerra israelíes, el canciller fascista Avigdor Lieberman exige la «disolución» (sic) de la Autoridad Nacional Palestina. Y el 19 de enero, a horas de fundamentar sus cargos en el Congreso, el fiscal Nisman aparece muerto en su departamento.
El 14 de febrero, en Copenhague, sangriento ataque contra la conferencia Islam y libertad y una sinagoga cercana; dos muertos, cinco heridos. La policía mata a un sospechoso de «aspecto árabe». Y Netanyahu vuelve a invitar a los judíos europeos a que inmigren masivamente a «Israel», por motivos de «seguridad».
Simultáneamente, los medios escamotean las muertes de tres periodistas estadunidenses, ocurridas el 11 y 12 de febrero: Bob Simon, presentador del programa 60 minutos, de la CBS (accidente automovilístico); Ned Coll, corresponsal de la cadena ABC («derrame cerebral masivo») y, el mismo día, David Corr sufre un colapso en su oficina del New York Times.
Bob, Ned y David habían presentado los documentos requeridos para consultar los archivos confidenciales del Kremlin, que contienen informes relacionados con los atentados del 11-S. Qué pena. Ninguno pudo enterarse del fallo de un tribunal de Nueva York (día 23), condenando a la ANP y a la OLP a pagar más de 218 millones de dólares por «atentados» perpetrados en «Israel».
En tanto, en Argentina, la nueva fiscal de la causa AMIA, Sabrina Namer, declara: «Vamos a ver por qué se descartó la pista siria». En efecto: desde el primer día, durante 21 años, Tel Aviv, Washington y el gobierno del presidente Carlos Menem habían culpado a Irán del dinamitazo. ¿Pruebas? ¿Qué importan las ­«pruebas»?
Finalmente, el 27 de febrero, un día después de que un juez argentino rechaza por insostenible las acusaciones del suicidado o asesinado fiscal Nisman, el líder opositor Boris Nemstov muere asesinado a tiros en Moscú.
Al igual que en Buenos Aires, los medios sionistas acusan al gobierno de Vladimir Putin, y asocian el crimen a «una fuerte corriente de antisemitismo en el mundo».

La Jornada, 4 de marzo de 2015
http://www.jornada.unam.mx/2015/03/04/opinion/027a1pol

Pablo Iglesias es un lameculos del imperialismo

En una reciente entrevista en Tele 5, a Pablo Iglesias le preguntaron por su opinión acerca de la detención del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, acusado de golpista por el gobierno de Maduro.
El cacique de Podemos, que llevaba meses evitando pronunciarse sobre Venezuela, volvió a demostrar que es un membrillo. Rechazó el encarcelamiento afirmando: «No hay ningún matiz. A mí no me gusta que se detenga a un alcalde. Otra cosa es que después se pruebe que este señor ha cometido un delito, pero ni la prisión preventiva ni la detención de cargos públicos son algo que a priori me guste. No me gusta», enfatizó Iglesias.

La misma condena pronunció Sergio Pascual, secretario de organización de Podemos: «Es condenable que se encarcelen alcaldes e inadmisible que se conculquen garantías procesales», dijo en referencia a la detención del regidor golpista de Caracas, Antonio Ledezma, y el dirigente de la extrema derecha, Leopoldo López.

Los de Podemos tienen la oportunidad de explicar la realidad por la que atraviesan muchos gobiernos latinoamericanos, como Cuba, Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, víctimas permanentes del terrorismo yanqui. Pero se callan. Yes we can’t. Son fieles lacayos de sus amos yanquis, que les han ordenado mantener la boca cerrada.
Hay que decir, pues, lo que Podemos calla: quién es ese golpista y terrorista venezolano llamado Antonio Ledezma. Entonces entenderemos lo que Podemos pudo decir y no dijo.
Como responsable político de la policía metropolitana de Caracas, hoy disuelta, Ledezma es responsable de numerosos asesinatos cometidos por ella en los años ochenta.
Como gobernador del Distrito Federal de Caracas en 1992, Ledezma es responsable de la represión de las movilizaciones sociales, en particular, contra estudiantes y periodistas.
Más concretamente, en noviembre de 1992 Antonio Ledezma fue responsable de la masacre de la cárcel de Catia, en la que se produjeron cerca de 200 muertes.
También fue responsable del asesinato aquel año de la periodista María Verónica Tescaci.
Antonio Ledezma participó en los sangrientos golpes de estado de abril y noviembre de 2002, causando pérdidas por más de 21.000 millones de dólares.
Ledezma también participó en el frustrado golpe de estado del pasado 12 de febrero. Es uno de los dirigentes de “La Salida”, en el que participan grupos paramilitares, como el encabezado por Lorent Gómez Saleh, de Operación Libertad, quien reconoce que recibe órdenes de Ledezma.
El golpe suponía el bombardeo del Palacio de Miraflores y de Telesur, entre muchos otros blancos ubicados en el centro y en el este de Caracas. Según las declaraciones de los golpistas detenidos, Estados Unidos no sólo les concedió asesoramiento sino que los funcionarios de la embajada norteamericana tuvieron una participación activa en varias reuniones donde se elaboró el plan.
En ese plan uno de los que iba a encabezar el llamado “gobierno de transición” era Antonio Ledezma.
La fiscalía venezolana le acusa de los delitos de “conspiración y asociación” por su vinculación en los “planes conspirativos” recogidos en el Código Penal y la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo.
Podemos son lameculos del imperialismo y de los sicarios que el imperialismo tiene repartidos por todo el mundo. Dan verdadero asco.

El Mossad financió los atentados del 11-S

El viernes por la noche se oyó un desliz en el plató de Canal Plus, durante el debate Grand Journal. El invitado especial era el periodista de Le Monde Serge Michel, uno de los cien que a lo largo del mundo han destapado lo que ya todo el mundo sabía desde hacía tiempo: el papel de la mafia bancaria HSBC en todo tipo de crímenes, lo que ahora llaman «escándalo Swissleaks» que quieren reducir a una red de evasión fiscal.
Al periodista de Le Monde se le escapó lo siguiente: entre los miembros de la red de evasión fiscal había un sujeto israelí traficante de armas, drogas y diamantes que fue quien financió al grupo de Al-Qaeda cuando se disponía a cometer los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York.
Los otros asistentes se quedaron atónitos y silenciosos, hasta que después de varios carraspeos le lanzaron preguntas tales como «¿Cuánto dinero pagó a los miembros de Al-Qaeda?» A nadie se le ocurrió profundizar con preguntas del calibre «¿Quién era ese israelí?» que son las típicas de un periodista recién salido de la facultad.
Hay preguntas incómodas que conducen a respuestas aún más incómodas. ¿Un israelí financió los atentados contra las Torres Gemelas?, ¿Israel paga a los fundamentalistas islámicos?, ¿al terrorismo? Las preguntas hay que relacionarlas con el debate que la cadena quería haber puesto encima de la mesa: la sucursal suiza de HSBC, evasión fiscal, blanqueo de capitales, tráfico de armas, de drogas… ¿Qué papel juega Israel en todos esos asuntos?
Un sabueso se encaminaría a la hemeroteca de Le Monde para hurgar en la herida abierta. Encontraría una noticia publicada el 14 de febrero que da el nombre del israelí que financió a los terroristas de Al-Qaeda: Shimon Yelinek.
Yelinek en el Congo: de los diamantes a las armas
Dos días antes que el diario francés, el suizo L’Hebdo evocó también la figura de Yelinek, de quien dijeron que es un comisionista con oficina abierta en Panamá, donde fue encarcelado. La prensa centroamericana le conoce bastante bien desde hace más de una década.
Nacido en Israel en 1961, Yelinek vivió en África entre 1980 y 2001. Fue jefe de seguridad y consejero del régimen de Mobutu Sese Seko en la República Democrática del Congo, entonces llamada Zaire. En el país africano conoció al traficante libanés de diamantes Aziz Nassur ya que Mobutu exportaba diamantes al puerto belga de Amberes procedentes de Liberia y Sierra Leona, entre otros países. Todos ellos tenían algo más en común: eran clientes preferentes del banco HSBC.
Los diamantes financiaban la compra de armas para el Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona. Dado el embargo de la ONU sobre Liberia y Sierra Leona, el papel de Nassur consistía en falsificar los certificados para simular que las armas acababan en Costa de Marfil.
Para introducir armas en África, Yelinek utilizaba los servicios de otro israelí llamado Ori Zoller, al que Le Monde presenta como un «antiguo miembro de las fuerzas especiales israelíes» que tiene una empresa de venta de armas en Guatemala.
Ambos, Yelinek y Zoller, han utilizado al menos una parte del dinero engendrado  por el tráfico de armas y diamantes para financiar a Al-Qaeda a través de Nassur, el libanés que Yelinek conoció en el Congo. El asunto lo destapó la ONG Global Witness.
En 2000 dos miembros de Al-Qaeda, Ahmed Ghailani y Fazul Abdullah Mohammed, viajaron a Kinshasa, la capital del Congo, para ponerse en contacto con Nassur. Hacía casi dos años que los terroristas habían cometido los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, en los que ambos habían participado. Para financiar futuros atentados y borrar el rastro del dinero, Ghailani y Mohammed querían sacar los fondos que Al-Qaeda tenía en los bancos y comprar diamantes.
En aquel momento Nassur preparaba una operación con su primo Samih Ossaily para comprar diamantes al Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona, sostenido por Charles Taylor, el reconocido criminal de guerra que pretendía llevar a cabo en aquel país un golpe de Estado similar al que había llevado a cabo en Liberia. Había vendedor (Frente Unido Revolucionario), había comprador (Al-Qaeda) y había intermediario (Nassur). Había negocio.
Según una de las claúsulas del acuerdo, Nassur se comprometía a suministrar armas para Taylor y el Frente Unido Revolucionario, para lo cual se puso en contacto con Yelinek, que entonces vivía en el Hotel Mariot de Miami y utilizaba el nombre en clave de «Sierra». A su vez, Yelinek se puso en contacto con Zoller, que en aquel momento estaba embarcado en la Operación Otterloo.
Operación Otterloo
Según una minuciosa investigación llevada a cabo en 2003 por la Organización de Estados Americanos, Yelinek desempeñó un papel fundamental en la Operación Otterloo. A finales de 2001 un cargamento de 3.117 fusiles Kalachnikov y 5 millones de cartuchos desembarcaron del buque Otterloo en el puerto de Turbo, en Colombia. Habían sido compradas al ejército de Nicaragua para vendérselas a la policía de Panamá pero, con la complicidad del anterior gobierno nicaragüense, Yelinek se las apañó para que acabaran en poder de un grupo paramiliar colombiano de extrema derecha: Autodefensas Unidas de Colombia.
La investigación de la Organización de Estado Americanos confirma que Zoller fue miembro del espionaje israelí y que representaba en Guatemala a la empresa israelí «Military Industries» que es titularidad del propio Estado de Israel y a la que  van destinados importantes giros de divisas procedentes de Tel-Aviv.
En junio de 2002 el diario Miami Herald Tribune se hacía eco de una información publicada en el diario Panamá América que, a su vez, procedía de una fuente confidencial del Consejo de Seguridad Nacional del país centroamercano según la cual Zoller aún era agente del Mossad en la época de 1999 a 2001 en la que colaboraba estrechamente con Yelinek, una etapa en la que se producen los atentados contra las Torres Gemelas.
Este relato recuerda la detención de cinco israelíes por parte de la policía de Nueva Jersey el 11 de setiembre de 2001 por haber manifestado una extraña alegría tras ver al primer avión chocando contra una de las dos torres del World Trade Center.
Después de 71 días detenidos, los enviaron a Tel Aviv. Ciertos medios locales como The Record o la revista judía neoyorquina The Forward revelaron este hecho y esta última señaló que dos de ellos eran agentes encubiertos del Mossad.
La pregunta que cabe hacerse es por qué dos agentes del servicio de inteligencia israelí estaban cerca de la Torre Norte tomando fotos y expresando su alegría.
Según un informe del FBI, uno de los cinco israelíes detenidos mantuvo contactos telefónicos con “un individuo localizado en América del Sur que tiene vínculos con militantes islamistas de Oriente Medio”.
Esta detención no es más que la punta del iceberg. Unos 200 espías israelíes, camuflados como estudiantes de arte o vendedores de juguetes y sospechosos de espionaje, fueron detenidos sobre suelo norteamericano inmediatamente después del 11 de septiembre de 2001.
Aún más extraño es el hecho de que varios de ellos eran vecinos de los supuestos autores de los atentados.

Fuentes:
– http://www.lemonde.fr/afrique/article/2015/02/14/shimon-yelinek-criminel-polyvalent-mais-pour-hsbc-un-client-sans-histoire_4576775_3212.html
– http://www.almanar.com.lb/spanish/articletoword.php?nm=20150218142656&eid=85622&frid=23&seccatid=30&cid=23&fromval=1
– http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1338914
– http://www.laprensa.com.ni/2003/08/18/nacionales/865733-enjuiciarn-a-ori-zoller-por-el-caso-de-las-armas

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