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Día: 21 de febrero de 2015 (página 1 de 1)

50 años sin Malcom X

Hoy el centro Shabazz de Nueva York está recordando al dirigente afroamericano Malcolm X, al cumplirse 50 años del asesinato de una de las figuras más importantes de la lucha por los derechos de los negros en Estados Unidos. Malcolm X fue una de las caras más visibles de la lucha por los derechos civiles.

El centro Shabazz, que promueve el legado de Malcolm X y su esposa, la también militante Betty Shabazz, homenajea a la figura del dirigente afroamericano en el mismo lugar en el que fue asesinado medio siglo atrás, un acto para el que se han agotado las entradas. No se han facilitado detalles sobre el homenaje que se ofrecerá a la memoria del dirigente afroamericano.

Malcolm X abrazó las ideas de la Nación del Islam, una organización que congregaba a la comunidad negra y denunciaba las políticas segregacionistas de Estados Unidos. Durante 12 años, Malcolm X fue una de las principales cabezas visibles de la Nación del Islam, atrayendo a los ciudadanos afroamericanos y a personalidades como el boxeador Mohamed Alí, con discursos duros y de enfrentamiento contra el imperialismo.

En 1960, se reuniría en el Hotel Theresa, de la ciudad de Harlem, con el dirigente revolucionario cubano Fidel Castro, mientras éste participaba en Nueva York en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Según recogen las crónicas del momento, Malcolm X le aseguró a Fidel que “mientras el Tío Sam esté contra ti, sabes que eres un hombre bueno”.

Ernesto Che Guevara, en 1964, mientras participaba en un debate de la ONU en Nueva York, envió un mensaje a Malcolm X donde enviaba “los cálidos saludos del pueblo cubano y, en especial, los de Fidel, que recuerda con entusiasmo su visita a Harlem hace unos pocos años. Unidos venceremos”.

En su último discurso público en 1965, Malcolm X sentenció que “vivimos en una época de revolución, y la sublevación del negro norteamericano es parte de la rebelión contra la opresión y el colonialismo que ha caracterizado esta época”.

En febrero de 1965, mientras pronunciaba un discurso en el auditorio del Audubon Ballroom de la ciudad de Manhattan, Malcolm X fue asesinado con más de 15 disparos.

Su prédica e internacionalismo, la claridad de su idea de liberación en Estados Unidos, y la humildad de sus actos, serían los ejemplos que luego tomarían organizaciones como las Panteras Negras y el movimiento antibelicista norteamericano.

El espionaje imperialista controla al mayor fabricante mundial de tarjetas SIM

En 2010 la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y el GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno de Gran Bretaña) espiaron a Gemalto, el mayor fabricante mundial de tarjetas telefónicas SIM, piratearon su red interna y le robaron sus claves de cifrado.

Los documentos secretos de Snowden ponen en evidencia que una unidad conjunta de ambas centrales imperialistas, llamada MHET (Mobile Handset Exploitation Team), interceptaron las comunicaciones de Gemalto, una multinacional con sede en Holanda que opera en 44 países y cuenta con 1.500 millones de usuarios en todo el mundo. Gemalto instala programas “de seguridad” y otras aplicaciones, como tarjetas SIM y procesadores de tarjetas de crédito.

Entre sus clientes de tarjeta SIM se encuentran gobiernos y multinacionales como AT&T, T-Mobile, Verizon, Sprint y alrededor de 480 proveedores de redes inalámbricas repartidas por todo el mundo.

La penetración del espionaje fue posible gracias a un trabajador de Gemalto en Taiwán, lo que favoreció que ambas centrales espiaran las comunicaciones sin intervención de los operadores de telefonía.

En enero los documentos filtrados por Snowden revelaron que la Agencia de Seguridad Nacional efectuó ataques de red a otros países, en un intento de prepararse informáticamente para la nueva guerra imperialista.

En julio del año pasado, la publicación de nuevos documentos del antiguo agente de la Agencia de Seguridad Nacional demostró que el GCHQ manipuló encuestas y debates en línea, difundió mensajes, se infiltró en YouTube y realizó un seguimiento de los usuarios de Facebook.

Los imperialistas espiaron a 80 gobiernos de todo el mundo. Entre los que centraron la atención del espionaje imperialista estaban Irán, Afganistán, Yemen, India, Serbia, Islandia, Tayikistán y Pakistán.

Los documentos de Snowden demuestran también que la Agencia de Seguridad Nacional es capaz de descifrar de 12 a 22 millones de claves por segundo.

Pero, ¿qué otra cosa podíamos esperar? Anteriormente Alex Mandl, el presidente no ejecutivo de Gemalto, fue administrador de In-Q-Tel, el fondo de inversiones de la CIA para empresas tecnológicas, que también invierte en Google. Pero la doble militancia de Mandl no se acaba ahí. Además es miembro de Business Executives for National Security, un grupo militar que aconseja al Pentágono y a las centrales imperialistas de inteligencia.

Una alianza estratégica integral entre China y Argentina

Después de suscribir en Pekín un paquete de 22 acuerdos, la presidenta argentina Cristina Fernández calificó como una “alianza estratégica integral” la nueva relación de Buenos Aires con China inaugrada el 4 de febrero.
Los convenios incluyen los sectores espacial, minero, energético, financiero, ganadero y cultural, y entre ellos destaca la construcción de dos centrales nucleares y dos hidroeléctricas, consideradas claves para el autoabastecimiento energético del país sudamericano.
Supone un cambio radical respecto a una diplomacia que años atrás definía como “relaciones carnales” los vínculos con Estados Unidos.
Con ser muy importantes, los nuevos acuerdos y los que ya se habían suscrito previamente son insuficientes para definir la dimensión del compromiso bilateral, según Jorge Castro, experto en China y director del Instituto de Planeamiento Estratégico.

Castro recordó que Pekín es actualmente el principal socio comercial de América del sur, debido a su compra de materias primas, lo que implicaría una interdependencia, dado que “China ha colocado la seguridad alimentaria de su población en manos de países sudamericanos”.

En el caso argentino, China es el segundo socio comercial, después de Brasil, desplazando a otros históricos como Estados Unidos y países europeos.

El año pasado las exportaciones a China alcanzaron 5.006 millones de dólares y las importaciones sumaron 10.795 millones de dólares, lo que representó un récord bilateral y supuso 11,5 por ciento de la balanza comercial del país.

Pero “en los acuerdos de libre comercio en esta época del proceso de globalización, lo fundamental no es el comercio sino las inversiones”, afirma Castro. Para el experto se debe analizar la relación en un contexto mayor. Por ejemplo recordando que en los próximos 10 años, se calcula que la inversión directa china en el exterior, ascendería a 1,1 billones (millones de millones) de dólares. “La cuestión es cómo se logra ser parte de corriente de inversiones chinas en materia industrial en los próximos 10 a 20 años”, asegura Castro.
“La relación con China tiene para Argentina elementos fundamentales de inserción en el sistema internacional del siglo XXI, junto a otros países del Sur, encabezados por Brasil”. Es un vínculo “entre el nuevo eje de la economía mundial, China-Asia, y Argentina como nación y como unidad regional”, dice.
Antes de la visita de Fernández a China en febrero, ya existían acuerdos de inversión en sectores estratégicos, como el de la china Sinopec y la argentina YPF, dos empresas petroleras estatales, para la explotación de uno de los campos del megayacimiento de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta, en el sur del país.
También se había concretado la financiación china, de cerca de 2.500 millones de dólares, para la reconstrucción de la red ferroviaria de la empresa Belgrano Cargas y Logística, que posteriormente transportará productos agroalimentarios argentinos y brasileños hasta puertos chilenos del océano Pacífico.
En julio del 2014, Argentina alcanzó un acuerdo con China de canje de monedas (swap) por el equivalente a 11.000 millones de dólares, destinado a apuntalar las debilitadas reservas monetarias del país, y de las que en diciembre recibió un tramo de 1.000 millones.
El canje “ha sido un instrumento muy poderoso”, que se suma a medidas del gobierno y el Banco Central para promover la estabilidad cambiaria y ayudar a la desaceleración de la inflación, explicó la economista Fernanda Vallejos, integrante de un grupo que asesora al Ministerio de Economía y Finanzas Públicas.
“Los acuerdos de inversión con China son importantes en la medida que facilitan las condiciones para seguir generando, por ejemplo, la infraestructura para el desarrollo que la Argentina requiere, en un escenario de restricción externa (escasez de divisas)”, según Vallejos.
China construye una base espacial en la sureña provincia de Neuquén, para realizar, según el gobierno, “tareas de monitoreo, control y bajada de datos en el marco del programa chino de misiones para la exploración de la luna y el espacio”. El acuerdo cede a China 200 hectáreas por 50 años.
Por ahora no hay presencia militar china en las obras, pero la base conlleva riesgos geopolíticos mayores. Si hay confrontación entre potencias Argentina pasa a ser un lugar a tener en cuenta por los enemigos de China.
La alianza entre China y Argentina “trasciende lo económico para inscribirse en la búsqueda de un destino de independencia, tanto en lo económico como en lo político, que nos permita alcanzar las metas de desarrollo económico y social, rompiendo el yugo del neoliberalismo y la lógica imperio-dependencia”, asegura Vallejos.
China, a su juicio, “está muy alejada de la voracidad de las potencias de Occidente”. Es parte “de un nuevo ordenamiento mundial que puja por nacer, donde el rol de los países emergentes deja de ser el del coloniaje para pasar a asumirnos como artífices de nuestro propio destino”, dice la economista argentina.
“Esto no significa que China no obtenga beneficios de la relación con nuestras naciones, pero es posible construir una relación donde todas las partes ganen”, aclaró.

Humor y mala baba

Nicolás Bianchi

En su obra «Ensayo general sobre lo cómico», el dramaturgo Alfonso Sastre afirma la relatividad de lo cómico. Para él, no hay una realidad cómica objetiva -algo absolutamente cómico- , sino que lo cómico es una realidad histórica y cultural.
Luego nos dice -y dice muy bien- que la risa tiene una fuente esencialmente crítica, irónica y disconforme con lo que sucede, una risa carnavalesca. Opina que la risa -la «buena risa», la inteligente- ha sido siempre un importante signo espiritual, afirmativo de la cultura crítica en la historia. ¿Habría una «mala risa»? Según Sastre, por ejemplo, no es plausible tomar a Sócrates como objetivo de unas burlas en «Las nubes», y por eso la comedia ha servido muchas veces a causas reaccionarias; en el caso de Aristófanes, escribió valientes comedias antibelicistas, pero también hizo críticas cómicas al espíritu de lo nuevo. Y así tenemos dos dimensiones del humor: crítica (política) y desinteresada (apolítica). El humor crítico, añade nuestro sastrecillo valiente, lo puede ser bajo ideología de derecha o de izquierda.
Al cristianismo nunca le hizo gracia la risa, sobre todo desde que pasó a ser un constantinismo (de Constantino el Grande -hubo más- y su Edicto de Milán de 313 declarando la libertad de cultos incluido el cristianismo) organizado o un agustinismo político (de Agustín de Hipona) hegemónico. Tampoco parece que al Islam le haga maldita gracia ver a su profeta Mahoma en ofensivas viñetas. ¿Será que las religiones organizadas y lo cómico se repelen? Sospecho que para Sastre las viñetas sobre Mahoma -aquellas que se publicaron en 2006 en un periódico danés de extrema derecha- serían un ejemplo de «mala risa» (y del peor estilo) en el improbable caso de que, siquiera, estuviéramos hablando de humor. Y es que estamos en el terreno semoviente y resbaladizo del humor político que, cuando es agresivo y arrogante, como era el que hacía Charlie Hebdo a costa del islamismo, y no gratuitamente, por cierto, levanta ampollas. La primera el sacrosanto derecho a la libertad de expresión como derecho absoluto, lo mismo para ponerle límites aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que exacerbándolo y magnificando acríticamente. ¿Los musulmabes son unos sosos que no saben reírse de sí mismos y de su profeta? Parece que no, que tienen muy malas pulgas porque, se supone, y así se dice, pero no está claro, el humor consistiría en la capacidad de reírnos de nosotros mismos, o ahí empezaría (el humor). Hummm, no sé, no sé… Pienso que un musulmán es capaz de esto -de reírse de sí mismo- pero ocurre que se siente vejado e insultado -y el Corán para ellos es algo más que una religión- por la mala baba de un dudoso «humor occidental» con lo que este semantema connota y comporta. Si te quieres reír de ti mismo, vale, allá tú, pero si te vas a reír de Mahoma, mi profeta, te vas a reír de tu puta madre, vienen a decir pelín cáusticamente. Bueno, el papa Francisco dijo que es normal darle un puñetazo a quien se meta con tu madre, claro que no dijo matar…
Personalmente, como ateo, comunista y fanático del equipo vasco del Athletic (que viste igual que Estudiantes de la Plata) donde sólo juegan vascos -Luis María Anson diría «once españoles»-, debería abstraerme de esta polémica y hasta situarme por encima viendo cómo la risa dominante -occidental- se pitorrea de una religión que el cliché tacha de «fundamentalista». Pensaría que la preocupación por lo absoluto es un síntoma de patología que hurta la alegría de vivir. Habría que reírse de la filosofía, la religión, el Estado, pues todo es ligero y relativo y… posmoderno. Y, sin embargo, me posiciono. Y lo hago del lado musulmán, aunque sólo sea porque cuando se dice «nosotros, los occidentales», me incluyen sin pedirme permiso. Y menos cuando ahora fumo con narguile. Salud. 

La crisis del régimen del 78

Juan Manuel Olarieta

Dos periodistas muy envejecidos, Miguel Ángel Aguilar en la televisión y Juan Ramón Lucas en internet, han saltado a degüello, como si fueran talibanes, contra la tesis de Podemos acerca de la crisis del régimen del 78, una expresión bastante feliz, por lo demás, mucho más expresiva que lo de la «casta». Sólo cabe esperar y desesperar con que sean consecuentes con lo que dicen.
Lo que molesta a Aguilar y a Lucas no es tanto el reconocimiento de la crisis, que es evidente, como la expresión «régimen» que -según ellos- minusvalora la transición, es casi despectivo. Sin embargo, nunca protestan cuando en España los medios convierten a Cuba en «el régimen castrista», a la República Popular y Democrática de Corea en «el régimen norcoreano», a Venezuela en «el régimen chavista» y a la URSS en el «régimen bolchevique». Por lo tanto, no está mal pagar a los intoxicadores con un poco de su propia medicina.
El empleo de la expresión «régimen» tiene, además, una connotación de temporalidad, algo efímero que puede (e incluso debe) ser sustituido por otro, por otro «régimen» y por eso hay quienes hablan de una «segunda transición», lo cual supone reconocer que ha habido una primera y que esta segunda va a ser igual (de fraudulenta) que la anterior.
El franquismo también fue un régimen y en 1978 no fue sustituido sino reforzado por otro. No hay más que leer las propias normas oficiales con las que se llevó a cabo ese refuerzo, como la Ley para la Reforma Política de diciembre de 1976, por poner sólo un ejemplo. Las propias declaraciones oficiales dejaron claro que se trataba de «mejorar» el franquismo para evitar su desmoronamiento. Durante décadas casi todos colaboraron en aquella maniobra, pero especialmente lo que se llamó «la oposición». Los únicos que no se engañaron fueron ellos mismos que, si alguna vez fueron realmente oposición, se pasaron a la colaboración, se incorporaron a aquello contra lo que habían luchado formando un maridaje de intereses turbios que, finalmente, se ha venido abajo porque era extraordinsariamente endeble: no se basaba en otra cosa que el dinero, el manejo del dinero y los cargos desde los que se le puede meter la mano en el dinero. De esa manera el régimen de 1978 se convirtió en un gran soborno que sólo podía durar mientras hubiera dinero.
Reconoce Lucas en su artículo que «algo falló desde el origen». ¿Algo? Lo que falló fue el origen, o sea, todo. «Lo que mal empieza, mal acaba» y este regimen se arrastra por el suelo como los limacos, dejando tras de sí un asqueroso rastro de babas. Lucas dice que Monedero insulta «la memoria de los que aquí pelearon por la democracia». Pues yo no me siento insultado por Monedero sino por Lucas y por todos los que como él llaman democracia a cualquier cosa, como este régimen de 1978, porque es lo que disfraza su traición. Los demás luchamos entonces por la democracia (y por otras reivindicaciones) y seguimos ahora luchando por lo mismo, es decir, no hemos parado de luchar.
La manipulación de Lucas es doble. En la época de la transición -reconoce- no sólo se creyó lo de la «democracia» sino, además, que era «perfecta». ¡Hace falta ser torpe! Pero ahora se ha dado cuenta de que no lo es, asegura.

Sin embargo, el problema no es que sea «imperfecta» sino que no es tal democracia, ni lo ha sido nunca. No he escuchado a nadie gritando por la calle indignado que esta democracia no es perfecta, sino algo muy distinto: «Lo llaman democracia y no lo es». Lo llaman democracia y no lo ha sido nunca.

No obstante, desde 1978 ha cambiado algo importante: antes teníamos enfrente a los fascistas; ahora tenemos enfrente, además, a los socialfascistas. Antes la caja registradora la manejaban los falangistas, mientras que ahora vemos enfangados a los «sindicalistas» de UGT con los ERE, a los de CC.OO. con sobresueldos, a los de… No hay ninguna organización institucional que se haya librado de la corrupción, lo cual no es de ahora sino de siempre. Ese fue el precio que cobraron por participar en la farsa de la transición. Por eso precisamente algunos la llaman «traición» y otros no se conforman con haber padecido una sino que quieren otra.

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