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Día: 29 de enero de 2015 (página 1 de 1)

Botín no forma parte de la ‘casta’ según Podemos

Es más que evidente que a Podemos se le va viendo el plumero a medida que van abriendo la boca y reparten etiquetas entre quienes forman parte de la casta y quienes no, aunque no sabemos en virtud de qué se han atribuido a sí mismos la facultad de dictaminar tan salomónica decisión.
Según Jesús Montero, secretario general de Podemos en Madrid, la familia Botín no forma parte de la casta. Así lo ha manifestado en un reportaje del periodista John Carlin que publicó ayer El País.
Confesamos que ya nos hemos perdido con Podemos porque -ingenuamente- suponíamos todo lo contrario: que si había alguien que era castizo por antonomasia eran los Botín, propietarios del Banco de Santander, prototipo del capital financiero español.
Ya ni eso. Montero dice que hay que diferenciar entre dos tipos de empresarios: la casta y los que contribuyen al «bienestar social», con lo que tomamos nota de que según las huestes de Podemos no hay que hablar de capitalistas sino de «empresarios» y le ha faltado poco para decir «emprendedores» que es como se dice últimamente.
Además hay algunos capitalistas que no explotan sino todo lo contrario: contribuyen al bienestar social, aunque tampoco nos aclaran si por bienestar entienden el paro, la falta de vivienda, el copago de las medicinas o el desastre de la enseñanza.
Un ejemplo de este último tipo de empresarios, dice Montero, es la familia Botín.
Rebobinemos. Hasta ahora nosotros creíamos que lo de la casta derivaba de aquella consigna que surgió el 15-M de «No nos representan» y como nadie representaba al «español medio» tal como somos, o sea, con fidelidad, necesitábamos otra organización distinta a las que hasta entonces habían funcionado. Por eso surgieron organizaciones como Podemos como algo distinto a «lo que hay».
Pues ahora resulta que no es así. En lo que había hasta entonces no todo era exactamente casta. Nos equivocamos, pues, colectivamente al gritar «No nos representan» y debimos decir «Queremos que nos representen otros», es decir, otros distintos a los que hasta ahora nos han representado.
Antes nos quejábamos porque «No nos representan» pero ahora ya tenemos a nuestros representantes: los de Podemos sí nos representan. A pesar de ello seguimos sintiéndonos engañados porque quienes sí nos representan dicen las mismas cosas que quienes antes no nos representaban y sospechamos que unos y otros son iguales. Volvemos a lo de siempre: son todos iguales.
El 15-M y Podemos nos siguen engañando con el famoso «empoderamiento». Ya lo dijo en su día el empoderado de «Democracia Real Ya» el abogado Gándara Pumar: «Nosotros queremos que la gente vaya a las urnas», pero cuando le preguntaron si Llamazares no se estaría aprovechando del 15-M, respondía: «No queremos que ningún partido se apropie de lo que estamos haciendo. Lo tenemos claro» (*).
¿Nadie?
Parece que no está tan claro. Podemos se «empoderó» del 15-M que, según prometió, lo había apostado todo por el anonimato y la colectividad, mientras que Podemos es lo más personalista que se puede encontrar. Ha convertido a Pablo Iglesias en un nuevo Caudillo, en una parte de la casta.
Hace ahora justo un año Izquierda Anticapitalista junto con un grupo de personas vinculadas a la camarilla Ceps (Pablo Iglesias, Monedero, Errejón) lanzaron el manifiesto «Mover Ficha», en el que llamaban a construir una candidatura «de ruptura».
Ahora la pregunta es: ruptura ¿con qué? Si quieren romper con alguien que empiecen por el principio. Que rompan con Botín.

(*) http://elprogreso.galiciae.com/nova/89992.html

Share o no share

Ves los índices de audiencia de televisión -los “shares”- y se te sublevan las tripas. ¿Cómo es posible que la gente – ese nuevo sujeto político, “la gente”, para “Podemos”- vea tanta telebasura? La pregunta es capciosa. Como apuntara el lógico matemático G. Frege, la interrogante es en sí misma un significado que adolece de dos sentidos: uno, descriptivo -lo que vemos es basura- y otro normativo -yo he decidido que lo que vemos es telestiércol-. Esto último es susceptible de irritar susceptibilidades. Algo así como decir: “yo no veo el guano televisivo, ergo: no soy masa, soy diferente y me libro de la molicie, de la “multitud”, de la “gente”. Podría enervar aún más a eso que llaman “audiencia” y esputar esto: “El programa tal de la cadena equis ha experimentado una subida de ¡cien mil estúpidos más con lo que crece el espectáculotariado!” De “multitud” y “gente” ya pasamos a ser “audiencia”, “publico”, “share”. Ese altar donde nos sacrifican en aras de la publicidad, que eso es el “share”. El casticismo alegaría que lo mío es elitismo y ensoberbecimiento: este va de listo (de soberbio) y, encima, nos llama estúpidos por no beber sus vientos. Se ve que le gusta Roxy Music y “Avalon” y el fachilla Brian Ferry.

No soy ofensor. No revelo nada nuevo si digo que las imágenes no son sólo mercancías sino armas (ideológicas) bajo el capitalismo. Es como discutir sobre la inmortalidad del alma, algo estéril. Y lo es porque, al margen de que el hombre sea inmortal o no, lo cierto es que, como decía el cura revolucionario colombiano que murió empuñando las armas en 1966, Camilo Torres, el hambre sí es mortal. O sea, la discusión era, es, bizantina.

Yo siempre he escrito en este blog de izquierda consecuente. Tampoco hace tanto. Hay plumas que se intitulan de izquierdas y firman en periódicos de derechas, o sea, casi todos. ¿Es esto contradictorio? No lo sé, pero, si lo es, contradictorio, estas personas exquisitas que, normalmente, están de vuelta de todo (si es que alguna vez han ido a alguna parte), resuelven esas antinomias, esa contradicciones, que acaso les hayan reconcomido los hígados una noche de verano, las resuelven. digo… en la cabeza, en el coco. No en la práctica, sino en la pelota. Con tal de no admitir -se supone que son intelectuales con un ego exorbitante y desmedido-, salvo tomando copas nocturnas, que hay que comer (bien) y vivir (mejor), algo loable y natural que diría el utilitarista (“estúpido”, para Marx, que le ponía malo) Bentham, se absuelven a sí mismos perdonando la vida y exonerando el mal gusto de los demás. Se muestran complacientes y peroran que no será tanta la basura que se ve cuando tanta gente la contempla, otrosí: algo tendrá el agua cuando la bendicen. Es aquí donde yo irrogo de antipático -cada uno lo que es, qué vas a hacer- por reiterar la idea de que mirar -ver, semióticamente, sería otra cosa más crítica- telebasura nos convierte en lerdos, o, mejor dicho, pretenden que lo seamos. De un tonto hacer dos tontos, diría Alberti. Es evidente que el pueblo, perdón, “la gente”, no lo es y lo mismo mañana pone todo mangas por hombro, o sea, las cosas en su sitio… y no donde están, como decía el maestro don José Bergamín. Que todo es posible, que decía Nuestro Señor Don Quijote a su escudero Sancho.

“Have a nice day”.

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