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Día: 19 de enero de 2015 (página 1 de 1)

En Asia los católicos tratan de cambiar las culturas autóctonas

El Papa de Roma acaba de regresar de su periplo por Asia, donde ha visitado Filipinas y Sri Lanka. Hacía 20 años que un Papa no visitaba esos países. Hace seis meses estuvo en Corea del sur, un país que el Vaticano tampoco visitaba desde hacía 25 años.
El interés de la diplomacia católica por Asia corre paralela a su crisis en Europa, sacudida por los escándalos financieros y sexuales. En el viejo continente el número de sacerdotes y seminaristas ha disminuido un 20 por ciento en los últimos 25 años. El Vaticano está pidiendo a sus misioneros que regresen a sus países de origen.
Por el contrario, Asia es una apuesta de futuro. El Papa tiene puestos los ojos en la pujanza económica del continente. Pese a ser una minoría, en Asia hay un crecimiento sostenido del catolicismo. El aumento del número de sacerdotes en los últimos 25 años ha sido del 60 por ciento.
Dos terceras partes de los católicos asiáticos viven en Filipinas, donde son mayoría gracias al colonialismo español.
Pero el catolicismo está muy desprestigiado en Asia, por su estrecha asociación con las conquistas coloniales. Durante la expansión europea, el catolicismo trató de impedir la resistencia, a costa de que los pueblos de Asia perdieran su identidad cultural y nacional.
Los indígenas convertidos al catolicismo fueron los únicos que se opusieron a las huelgas y a las luchas de liberación, especialmente en Filipinas, que el Vaticano utilizó como campo de pruebas para su expansión en Asia. En las Islas el catolicismo se impuso a sangre y fuego en el siglo XVI, matando a todos aquellos que rechazaron la nueva religión.
En Vietnam los católicos son actualmente un 10 por ciento de la población. Los procedimientos de penetración estuvieron ligados al colonialismo francés. Los misioneros estuvieron dirigidos por Alejandro de Rodas y en pocos años llegaron a incorporar a 80.000 prosélitos con la consigna de infiltrarse entre las clases dominantes para acelerar el proceso de expansión religiosa. Este procedimiento provocó numerosas y sangrientas luchas políticas.
En Asia el catolicismo siempre estuvo asociado al colonialismo. En el siglo XVII los católicos se agruparon en torno a los jesuitas de la Sociedad de las Misiones Extranjeras, con sede en París para tratar de derrocar al rey de Tailandia. La tentativa provocó una insurrección budista que expulsó a los católicos del país.
No es casualidad que todos los jefes de los regímenes pro-imperialistas en Vietnam desde Ngo-Dien Diem a Nguyen Van Thieu durante la guerra de liberación fueran católicos. De ahí que los católicos vietnamitas sean vistos con enorme recelo por el gobierno de Vietnam, que no mantiene relaciones diplomáticas con el Vaticano.
El catolicismo sólo logró imponerse en los países que practicaban el budismo mahayana, mientras que en los países de budismo hinayana fracasaron. Utilizaron los mismos métodos que hoy emplean las «revoluciones» de colores.

Se agrava la guerra en el Donbás

Ayer el portavoz del Kremlin anunció que el gobierno Kiev se había negado a retirar la artillería pesada del Donbás. El miércoles el Primer Ministro ucraniano Porochenko firmó un decreto de movilización para llevar al frente un mínimo de 50.000 reservistas. Teniendo en cuenta que hay unos acuerdos de paz firmados en Minsk, el significado de la movilización no deja lugar a dudas sobre las verdaderas intenciones de Kiev.
No obstante, el ministro ruso de Asuntos Exteriores Lavrov manifestó que esperaba que la movilización ucraniana no se tradujera en una agravación de las hostilidades armadas.
Desde luego que sus buenos deseos no se están cumpliendo. Desde comienzos de año los combates se han intensificado. El ejército regular de Kiev ha atacado el aeropuerto de Donetsk. Según el portavoz del operativo, Andrei Lissenko, el asalto ha sido un éxito. El ejército regular ha logrado ocupar el territorio que le corresponde por las líneas de demarcación aprobadas en los acuerdos de Minsk.
Por su parte, las milicias de Donetsk y Lugansk han informado de que el ejército ha empleado bombas de fósforo y que las instalaciones han quedado completamente destruidas. También apuntan que otras 15 posiciones han sido atacadas en Gorlovka y otras regiones por el ejército regular.
Aunque el consejero del ministro del Interior de Kiev, Anton Gerashchenko, asegura que los cinco partidos de la coalición gobernante apoyan la movilización acordada por el gobierno, los ucranianos se oponen a ella. Ya no hay voluntarios. En medio de un profunda crisis económica, la movilización ha supuesto un choque para muchos ucranianos.
Los que no quieren combatir han emigrado al extranjero y otros se han escondido para evitar ir al frente. En las ciudades ya no se ven hombres por las calles. La movilización tiene su contrapartida en la deserción, para la que el gobierno de Kiev tiene previstas medidas draconianas, como la ejecución sobre el terreno.
El estado de ánimo respecto al año pasado ha cambiado radicalmente desde que en la Plaza Maidan todo pareciera un estallido de alegría. Menos de doce meses de combates se han llevado la vida de 4.800 personas, a las que hay que añadir otras 10.468 que han resultado heridas. Los funerales y féretros han inundado los cementerios de los pueblos de Ucrania.
A pesar de los acuerdos de paz firmados en Minsk el número de víctimas aumenta sin cesar. En un vídeo una mujer que tiene varios hijos en edad de ser reclutados pregunta: «¿Por qué no llevan al frente a todos aquellos que se manifestaban el año pasado en la Plaza Maidan?»
Antes la guerra era cosa del cine o la televisión. Ahora se habla de ella en primera persona. Los relatos de la guerra en Donbás corren de boca en boca. La opinión más generalizada es que la lucha se agrava por momentos y que el conflicto se puede generalizar a terceros países.
La movilización empieza mañana y el gobierno de Kiev ha prometido que durará sólo tres meses, un plazo en el que casi nadie confía. Afecta a los reservistas comprendidos entre los 18 y los 40 años, aunque para los oficiales superiores alcanza hasta los 65 años de edad.

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