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Día: 27 de noviembre de 2014 (página 1 de 1)

Iniciativa Comunista denuncia la falta de libertades y exige amnistía

Ayer los cuerpos represivos volvían a dejar en evidencia la falta de libertades que se vive en el Estado español deteniendo a Juan Manuel Olarieta, Suso Cela y Aitor Cuervo en sus respectivas localidades acusándoles de “enaltecimiento del terrorismo”, ese viejo mantra que el Estado utiliza para detener a gente solidaria con los presos/as políticos y luchadores y luchadoras del bando de la clase obrera.

De nuevo será la Audiencia Nacional quien juzgue los delitos de opinión de la izquierda revolucionaria, pues es la misión de este Tribunal de excepción, heredero del TOP, la de asegurar  por cualquier medio la hegemonía de las ideas de la clase dominante, condenando y persiguiendo a quienes se atreven a alzar la voz contra este sistema.

Desde Iniciativa Comunista mostramos nuestra repulsa ante estos hechos, como la mostramos ante cualquier acto de represión hacia el pueblo trabajador y exigimos la inmediata liberación sin cargos de estos tres compañeros, así como la amnistía para todas y todos los presos políticos, pues la solidaridad es un principio irrenunciable para cualquier comunista. El único terrorismo que se ejerce aquí es el terrorismo del Estado capitalista.

¡Liberta sin cargos para los detenidos!
¡Libertad presos y presas políticas!
¡Ante su represión nuestra solidaridad!

http://www.iniciativacomunista.org/comunicados/876-iniciativa-comunista-ante-las-detenciones-de-juan-manuel-olarieta-suso-cela-y-aitor-cuervo

En libertad los 3 detenidos

Los 3 detenidos, Jesús Cela Seoane, Aitor Cuervo Taboada y Juan Manuel Olarieta Alberdi, acusados de presunta apología del terrorismo, han sido puestos en libertad condicional esta misma mañana.

Red Roja exige la libertad de los tres detenidos por ‘exaltación del terrorismo’

Ante las detenciones del ex-preso político comunista Suso Cela Seoane, del abogado Juan Manuel Olarieta y del poeta antifascista Aitor Cuervo, Red Roja expresa su más firme solidaridad y exige la libertad para todos ellos.

Lo hemos hecho siempre frente a las acciones represivas de este auténtico régimen de contrarrevolución preventiva que padecemos, muy lejano de la supuesta “democracia” garantista que quieren ver algunos y que, como ejemplifican detenciones como estas, brilla por su ausencia. Los tres compañeros han sido detenidos por dar una charla y reivindicar la resistencia popular; y han sido detenidos, cómo no, bajo la eterna acusación comodín de “apología del terrorismo”. Ya se sabe: la mejor máscara de la represión desde 1978.

Nos solidarizamos, pues, y nos ponemos a disposición de todas las movilizaciones por la libertad y la amnistía que se produzcan. No podía ser de otra manera. Nuestra organización también sabe lo que es sufrir en sus propias carnes los ataques del Estado. Y ya lo decía el último número de nuestra revista, de reciente aparición, en un artículo titulado “Libertades políticas, represión y solidaridad”: “La crisis nos obligará a movilizarnos para que no nos lo roben absolutamente todo, y esto provocará la reacción de una oligarquía que jamás en la historia entregó sus privilegios por las buenas. Así que ya vamos con retraso en la tarea de crear una cultura de solidaridad antirrepresiva. Hacerlo no es solamente generosidad y altruismo. Es también -lo entendió Niemoyer- lo que necesitamos para estar seguros de que seremos defendidos cuando vengan a por nosotros”.

En situaciones como esta es cuando más obligados estamos a ser solidarios. Efectivamente, Red Roja plantea que la línea de demarcación de la seriedad política de una organización no está en la defensa de causas dignas pero lejanas como las de Palestina o Colombia, aunque, por supuesto, eso también sea necesario. Será la solidaridad con los antifascistas de nuestro propio Estado (que es la que tiene un coste real y va más allá de la mera “frase”) la que distinguirá quiénes están y quiénes no están dispuestos a sumar fuerzas a la causa revolucionaria.

Así pues, emplazamos a todas las organizaciones no ya de izquierdas, sino simplemente antifascistas o mínimamente progresistas, a solidarizarse y sumarse a las campañas por la amnistía. Sí, en situaciones como esta es donde nos jugamos el verdadero crédito político y la credibilidad.

¡Libertad para Suso, Juan Manuel y Aitor!
¡Liberación de los presos políticos antifascistas!
¡No pasarán!
Fuente: http://redroja.net/index.php/comunicados/3097-libertad-para-los-tres-antifascistas-detenidos

¿Era Sade sádico?

Nicolás Bianchi

Mala prensa tiene el Marqués de Sade. Usas la palabra «sadismo» y de inmediato se piensa en tortuosas prácticas y siniestras intenciones para dar gusto a mórbidos instintos infligidos a masoquistas. Los que en nombre del pueblo jamás han creído en él, suelen decir que el pueblo tiene el gobierno que se merece y le llaman «masoquista» (con un gobierno «sádico»), sobre todo cuando elige «democráticamente» a quién le va a putear en los próximos cuatro años. Es posible, pero no hay vida más allá del «pueblo», por lo tanto siempre apostaremos por él.

En Aline et Valcour, su obra más política y menos conocida, quien naciera en París en 1740 y muriera en el manicomio -por desclasado- de Charenton en 1814, después de numerosas detenciones, pone en boca de uno de sus personajes que los tribunales sólo hacen justicia de clase, es decir, justicia a favor de los ricos: «el juez generalmente toma la parte del más fuerte, tanto por interés personal como por esa secreta e invencible inclinación que nos hace poner de parte de nuestros iguales». Entonces, como ahora, ser honesto es incompatible con la miseria. Eso tan cañí de pobre, pero honrado, quedó para los entremeses del castizo Arniches o para el «que se jodan» que dedicó la diputada del PP hija de Fabra a los parados desde su escaño. ¿Una hijaputa? Una, uno, más.

Para Sade, el objeto de la ley no es impedir el crimen, sino mantener al crimen dentro de ciertos límites. En lugar de que los más fuertes tengan el poder, como sucedía en tiempos primitivos, el poder está ahora en manos de los ricos y de los bien nacidos (el término «clase social» no se estilaba todavía), escribe este aristócrata y escritor maldito. Y dice más: «Las leyes de un pueblo son el resultado de los intereses de los legisladores» (esto es en Juliette). Para Sade, cierto es que no pensaba en «delitos políticos», el objeto de las leyes es multiplicar los crímenes o permitir que éstos sean cometidos con impunidad. Sólo los delincuentes menores pueden ser atrapados: «Yo no robé bastante; con un poco más de audacia todo hubiera quedado en paz, pero…» Lesmes, actual presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, que dijo que la ley «está hecha para los robagallinas», suscribiría lo dicho por Donatien-Alphonse-François, marqués de Sade, caso de saberlo este descubridor de la pólvora al que, en vez de caérsele la cara de vergüenza, ahí sigue en el machito. Nil novi sub sole.

Cree Sade que los castigos de la ley fueron creados por el espíritu de venganza (que se lo pregunten a los presos abertzales, comunistas o antifascistas). Hombre impregnado de la Ilustración, le parece que la tortura, la cárcel y la pena de muerte son barbaridades obvias que debieran hacer ruborizar de vergüenza al ciudadano del país en que se empleaban. Entiende que las cárceles son inútiles como ejemplo pues los delitos se cometen por dos razones, según él: por necesidad o por pasión (hoy diríamos, y eso quería decir, política). Si uno de estos dos estímulos -afirma- es bastante fuerte, no habrá miedo capaz de contener al pobre de solemnidad o al «terrorista».

¿Era Sade sádico? ¿Era Marx marxista? ¿Es la piedra piedrista? ¿Soy yo «nicolasbianchista»? Preguntas metafísicas. ¿Fueron pre o revolucionarios? Esto tiene ya más sentido.

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