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Canarias: ¿qué tipo de colonia?

Tamaimos, 21 de noviembre de 2014

A cuentas de la imposición de las prospecciones de petróleo en nuestras aguas ha cobrado auge el viejo debate sobre el trato colonial que España dispensa a Canarias. “Nos tratan como a una colonia”, repiten muchos, empezando por el presidente Rivero. “Es que somos una colonia”, responden otros, los menos, casi siempre desde sectores independentistas.
El debate sobre si Canarias es o no una colonia debería, creo, estar superado. Si usted ve algo con forma de mesa, que se emplea a modo de mesa, fabricado con materiales propios de una mesa, lo más probable es que lo sea.
Desde el punto de vista semántico, Canarias se adapta a la perfección a la definición que, en su tercera acepción, da la RAE para el término “colonia”: “Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales“. Llámese REF, trato diferenciado de Región Ultraperiférica o como quieran. Desde el punto de vista histórico, además, Canarias es un territorio que sufrió un proceso de conquista y colonización en el siglo XV, como narra cualquier manual. Como quiera que no ha habido un proceso de descolonización, lo que resulta es una colonia.
Ahora bien, lo que sí me parece interesante es dilucidar qué tipo de colonia somos y hacia cuál vamos. Me explico: una colonia fue, por ejemplo, el Congo Belga, considerada posesión personal del rey Leopoldo II, donde los europeos arrasaban por el caucho y el marfil, donde se intercambiaban mujeres y niños por materias primas, se amputaban las extremidades de los nativos con enorme facilidad, estaba extendido el uso de la ‘chicotte’ y se calcula el exterminio de unos 10 millones de personas. Pero también es una colonia el actual Gibraltar, con sus ventajas fiscales, su amplio autogobierno, su alto nivel de desarrollo económico y, quizás por ello, con una población queprefiere mayoritariamente seguir siendo británica. Más allá del ideal anticolonial que muchos compartimos debemos convenir que las condiciones materiales y morales de vida son decisivas al tratar estas cuestiones.
Las características ambientales y geológicas de las islas Canarias hicieron que, desde aquella conquista y colonización de siglo XV, este Archipiélago tuviese mayor valor geoestratégico que por lo que aquí se extrajese o produjese. Por nuestro origen volcánico y reciente, no tuvimos la desgracia -obviamente, desgracia- de naciones conquistadas poco después, como México o el Perú, que, por sus abundantes minerales preciosos, fueron sistemáticamente saqueadas por el aparato colonial y sus poblaciones nativas explotadas de modo masivo mediante trabajos forzados y penosos.
Pero tampoco convenía a la metrópoli dejar a estas islas “de la mano de Dios”, desatendidas hasta su posible despoblamiento, como ocurría con amplias regiones de América, porque todas las potencias de todas las épocas habrían estado deseosas de ocupar un archipiélago casi en pleno centro del océano que atraviesa el mundo, en medio de las rutas trasatlánticas.
Supongo que esa es una de las principales circunstancias que motivaron la articulación de un colonialismo propio para Canarias, que ha permitido que, siendo una de las primeras colonias del mundo, hoy seamos de las pocas últimas. La libertad de comercio con América o la aduanera de los puertos francos son algunas evidencias de ese “pactismo” histórico entre España con, no tanto las islas, sino sus élites económicas, a las que la metrópoli, estratégicamente, ha tratado de mimar.
Ahora bien, nos encontramos con que en pleno siglo XXI se intenta colocar en las islas una industria extractiva de hidrocarburos, como la que planean Repsol y el Gobierno español, con la oposición mayoritaria de la sociedad y las instituciones canarias. Esto no hace que empecemos a ser una colonia. Pero sí que se intenta cambiar, unilateralmente, la relación colonial que, mejor o peor, ha mantenido vinculado a este archipiélago respecto a su metrópoli. Quieren que nos convirtamos en una colonia de expolio de materias primas, pura y duramente. Que una multinacional machaque nuestro fondo marino, extraiga un recurso valiosísimo en términos económicos y no deje nada en el país, más allá de los bocadillos que puedan encargar sus operarios. Quieren hacerlo sin permitir que la población autóctona sea consultada, sin que su opinión sea tenida en cuenta. Y, quizás lo más grave, están decididos a hacerlo poniendo en riesgo nuestro modo de vida, nuestro medio ambiente y nuestra subsistencia, que depende del agua de mar desalada. Quieren implantar el peor de los colonialismos.
Realmente, el independentismo canario no es hoy por hoy un problema para España, pero es seguro que este cambio radical, impuesto y altanero del vínculo colonial traerá consecuencias graves para la relación de nuestro país con aquel Estado. Tampoco era un problema muy importante el independentismo catalán hace apenas 6 años, y miren cómo están las cosas. Y comparado con la imposición y el peligro que supone la extracción de petróleo en nuestras islas, lo del ‘Estatut’ queda reducido a una tarde en el SPA.
Esto mismo ya pasó en Escocia, donde la aparición del petróleo y el posterior grito de “el petróleo es de los escoceses” espoleó al independentismo de ese territorio respecto al Reino Unido. Y no está más cerca Londres de Edimburgo que Madrid de Tuineje. Además, de haber petróleo, se caería a trozos uno de los falsos pero utilísimos mitos que afianzan al españolismo en Canarias: la idea incierta pero extendida de que España nos mantiene. ¿Podría continuar ese espejismo si hubiese aquí petróleo para abastecer a 4 millones de personas -el doble de la población canaria-, como dice Soria, y nos obligaran a extraerlo?
Siempre habrá quien piense que nos mantendremos fieles a España por motivos sentimentales. Pero como hemos dicho, las condiciones materiales y no los sentimientos son las que suelen marcar este tipo de procesos. Y si de sentimiento se trata, en Canarias tenemos el menor espíritu de pertenencia a España del Estado, tras Euskal Herria y Cataluña, según el CIS español.
Pasa que los niveles de corrupción y rebenquismo de quienes nos gobiernan les impiden observar incluso el devenir histórico de nuestro pueblo. Van los peperos defendiendo las prospecciones al mismo tiempo que la españolidad de Canarias, cuando su trabajo a favor de una multinacional terminará teniendo las consecuencias contrarias, especialmente de encontrarse petróleo. Quién sabe. Si no fuese por lo impresentable del individuo, podríamos terminar erigiendo a Soria como prócer de la Patria.

Fuente: http://www.tamaimos.com/2014/11/21/canarias-que-tipo-de-colonia/

La Iglesia católica desnuda algunas de sus vergüenzas

El 5 de julio de 2011 se anunció la desaparición del Códice Calixtino, un valiosísimo manuscrito del siglo XII que llevaba 800 años en la catedral de Santiago de Compostela.

Un año después Manuel Fernández Castiñeiras, un electricista que había trabajado para el cabildo, fue detenido. El electricista mantenía una relación estrecha con el déan de la catedral y cuando fue detenido tenía en su poder las llaves de todas las habitaciones y dependencias.

La policía registró un garaje cerca de su casa familiar, encontrando dos millones de euros y el Códice Calixtino. Además, en el registro encontraron 31 libretas en las que el electricista relataba los encuentros sexuales entre sacerdotes, miembros del Cabildo catedralicio, además de presuntos abusos a monaguillos de la Catedral. Según las mismas fuentes, el contenido de esas 31 libretas comprometería gravemente a medio centenar de personas, incluidos sacerdotes de la diócesis.

El 14 de febrero de 2013 Fernández Castiñeiras presentó un escrito en el que relataba las prácticas sexuales, además de los robos cometidos por los curas de la catedral.

El electricista cuenta que entre los curas formadores del Seminario compostelano había algunos que visitaban a los seminaristas y que, aprovechando que era verano y muchos dormían solo con la ropa interior puesta, les acariciaban el pene o el culo según en la postura en que estuviesen y si alguno abría los ojos le decían: “¡Hay que taparse que te va a coger el frío!”

Había una enemistad tremenda entre el canónigo que tenía una relación con un hombre y otro miembro del cabildo debido a que ambos estaban enamorados de un chico que era seminarista. Relata cómo presenció que uno insultaba al otro por intentar quitarle la pareja: “¡tú me sacas a ese chico!”, le decía.

Un sacristán que al acercar el cordón por detrás a los dos canónigos que se peleaban por el mismo chico estos le agarraban fuertemente las manos y se las acariciaban sin dejar que se soltara, marchándose diciendo “asquerosos” porque siempre tuvo novia y no es homosexual.

Fernández Castiñeiras afirma que él mismo presenció aquellos episodios, pero que también escuchó las quejas del sacristán sobre los sobamientos de los canónigos. El propio arzobispo podía haber tenido conocimiento de la existencia de estas libretas y de su contenido hace más de dos años.

El próximo día 1 de diciembre comenzará en Santiago el juicio por el robo del Códice. Los obispos gallegos temen que la defensa de Castiñeiras trate de enmierdar el proceso con asuntos que nada tienen que ver con el Códice. De salir a la luz pública el contenido detallado de las libretas el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, se encontraría en una situación insostenible.

La Diócesis ha elevado la petición de pena de prisión para Castiñeiras de 15 a 31 años. Pero el juicio llega en el peor momento para la Iglesia, después de la reciente desarticulación en Granada de una banda eclesiástica que llevaba 20 años violando y abusando de menores.

Afortunadamente para el Vaticano, el eurodiputado de Podemos Pablo Iglesias, como buen lameculos, se ha desvivido en loas a la Iglesia tras el discurso del Papa en el Parlamento Europeo esta mañana. Iglesias ha dicho que le encantaría reunirse con el Papa, con quien está de acuerdo “en muchas cosas”, según confesión propia a los medios.

La OTAN bombardeó Afganistán con armas de uranio radiactivo

La OTAN bombardeó Afganistán con uranio empobrecido y como consecuencias de ello se han vertido más de 1.000 toneladas de óxido de uranio radiactivo que tendrá efectos desastrosos a largo plazo sobre la población y el medio ambiente. El uranio aumentará de forma exponencial el número víctimas por cáncer entre la población.

Como consecuencia de los bombardeos hay zonas enteras que se han tornado inhabitables. En esas regiones la población comienza a padecer terribles enfermedades, sobre todo cáncer y deformaciones genéticas.

El uranio es un metal pesado, piróforo, es decir que quema al impactar. El uranio empobrecido es tóxico radiológicamente y su explosión genera una nube de micropartículas que pueden ser ingeridas por inhalación o por su entrada en la cadena trófica, contaminando radiactivamente el cuerpo desde su interior.

Las ojivas de las bombas no están fabricadas con uranio empobrecido en estado puro sino procedente de residuos nucleares que, a su vez, están previamente contaminados con elementos altamente tóxicos como U235, U238 o incluso plutonio. Así hay que hablar no sólo de uranio empobrecido sino de uranio sucio, mucho más contaminante.

Si en Kosovo se comenzaron a probar prototipos, en Afganistán se han lanzado más de 6.000 bombas guiadas, lo que lleva a una estimación de que se han lanzado más de 1.000 toneladas de uranio, empobrecido o no.

A diferencia de la guerra del Golfo o de Kosovo, en Afganistán no han sido los proyectiles antitanques los más utilizados. El protagonismo ha correspondido a los bombardeos masivos con misiles y bombas guiadas dirigidos a destruir fortines, instalaciones y refugios subterráneos.

Las bombas antitanques lanzadas en Kosovo pesaban unos 5 kilos mientras que las bombas guiadas usadas en Afganistán van desde una tonelada hasta las 10 toneladas, llevando, respectivamente, una ojiva de uranio empobrecido potencial de 500, 1.500 kilos y 5 toneladas.

En Kosovo, la OTAN obstaculizó las investigaciones sobre los proyectiles de uranio empobrecido. En Afganistán no se reconoce su empleo y en consecuencia no se está realizando ninguna vigilancia médica ni medioambiental sobre contaminación por uranio en las áreas de potencial contaminación por uranio, ni un seguimiento del estado de salud de las poblaciones expuestas a estas armas, y por tanto no hay ningún tipo de ayuda médica y protección medioambiental para todas las comunidades civiles en riesgo.

Las bombas y proyectiles de uranio son bombas radiactivas, armas con efectos indiscriminados prohibidas por la Convención de Ginebra, por lo que la intervención del imperialismo en el país es doblemente ilegal. La invasión de Afganistán por la OTAN no fue autorizada por la ONU. En septiembre 2001, tras los atentados contra las Torres Gemelas, el Consejo de seguridad ni siquiera mencionó a Afganistán, ni autorizó atacar al país. La ocupación se pretendió aprobar retroactivamente el 20 diciembre de aquel año (resolución 1.386 del Consejo de Seguridad) con la creación de la llamada Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, una decisión que se justificó por el apoyo de “las autoridades afganas”. Lo que la farsa de la ONU no aclara es que eso que llama “autoridades afganas” es el gobierno impuesto por la propia invasión.

Así funciona la ONU: primero invaden el país, luego derrocan al gobierno e imponen uno nuevo que, a su vez, justifica la invasión y el derrocamiento del anterior. A eso le llaman “legalidad” e intervención por razones humanitarias para contar con la coartada de las ONG.

Pues bien, España ha participó tanto en la farsa como en el crimen, para lo cual inventó la consabida patraña de los telediarios, el niño afgano Ali Basur que padecía un linfoma diagnosticado, quien fue trasladado a Madrid para su curación. Era una invasión por razones de salud que ha creado un serio problema de salud para millones de personas de consecuencias incalculadas.

Fue el gobierno del PSOE, Zapatero, el responsable de aquella decisión, para lo cual se negaban a calificar a la intervención en Afganistán como “guerra”. Ellos eran los del “no a la guerra”. Iban a Afganistán a matar por razones humanitarias. El “no a la guerra” del PSOE era una reedición del no a la OTAN de 1982.

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