Fuente: http://www.tamaimos.com/2014/11/21/canarias-que-tipo-de-colonia/
Día: 25 de noviembre de 2014 (página 1 de 1)
El 5 de julio de 2011 se anunció la desaparición del Códice Calixtino, un valiosísimo manuscrito del siglo XII que llevaba 800 años en la catedral de Santiago de Compostela.
Un año después Manuel Fernández Castiñeiras, un electricista que había trabajado para el cabildo, fue detenido. El electricista mantenía una relación estrecha con el déan de la catedral y cuando fue detenido tenía en su poder las llaves de todas las habitaciones y dependencias.
La policía registró un garaje cerca de su casa familiar, encontrando dos millones de euros y el Códice Calixtino. Además, en el registro encontraron 31 libretas en las que el electricista relataba los encuentros sexuales entre sacerdotes, miembros del Cabildo catedralicio, además de presuntos abusos a monaguillos de la Catedral. Según las mismas fuentes, el contenido de esas 31 libretas comprometería gravemente a medio centenar de personas, incluidos sacerdotes de la diócesis.
El 14 de febrero de 2013 Fernández Castiñeiras presentó un escrito en el que relataba las prácticas sexuales, además de los robos cometidos por los curas de la catedral.
El electricista cuenta que entre los curas formadores del Seminario compostelano había algunos que visitaban a los seminaristas y que, aprovechando que era verano y muchos dormían solo con la ropa interior puesta, les acariciaban el pene o el culo según en la postura en que estuviesen y si alguno abría los ojos le decían: “¡Hay que taparse que te va a coger el frío!”
Había una enemistad tremenda entre el canónigo que tenía una relación con un hombre y otro miembro del cabildo debido a que ambos estaban enamorados de un chico que era seminarista. Relata cómo presenció que uno insultaba al otro por intentar quitarle la pareja: “¡tú me sacas a ese chico!”, le decía.
Un sacristán que al acercar el cordón por detrás a los dos canónigos que se peleaban por el mismo chico estos le agarraban fuertemente las manos y se las acariciaban sin dejar que se soltara, marchándose diciendo “asquerosos” porque siempre tuvo novia y no es homosexual.
Fernández Castiñeiras afirma que él mismo presenció aquellos episodios, pero que también escuchó las quejas del sacristán sobre los sobamientos de los canónigos. El propio arzobispo podía haber tenido conocimiento de la existencia de estas libretas y de su contenido hace más de dos años.
El próximo día 1 de diciembre comenzará en Santiago el juicio por el robo del Códice. Los obispos gallegos temen que la defensa de Castiñeiras trate de enmierdar el proceso con asuntos que nada tienen que ver con el Códice. De salir a la luz pública el contenido detallado de las libretas el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, se encontraría en una situación insostenible.
La Diócesis ha elevado la petición de pena de prisión para Castiñeiras de 15 a 31 años. Pero el juicio llega en el peor momento para la Iglesia, después de la reciente desarticulación en Granada de una banda eclesiástica que llevaba 20 años violando y abusando de menores.
Afortunadamente para el Vaticano, el eurodiputado de Podemos Pablo Iglesias, como buen lameculos, se ha desvivido en loas a la Iglesia tras el discurso del Papa en el Parlamento Europeo esta mañana. Iglesias ha dicho que le encantaría reunirse con el Papa, con quien está de acuerdo “en muchas cosas”, según confesión propia a los medios.
La OTAN bombardeó Afganistán con uranio empobrecido y como consecuencias de ello se han vertido más de 1.000 toneladas de óxido de uranio radiactivo que tendrá efectos desastrosos a largo plazo sobre la población y el medio ambiente. El uranio aumentará de forma exponencial el número víctimas por cáncer entre la población.
Como consecuencia de los bombardeos hay zonas enteras que se han tornado inhabitables. En esas regiones la población comienza a padecer terribles enfermedades, sobre todo cáncer y deformaciones genéticas.
El uranio es un metal pesado, piróforo, es decir que quema al impactar. El uranio empobrecido es tóxico radiológicamente y su explosión genera una nube de micropartículas que pueden ser ingeridas por inhalación o por su entrada en la cadena trófica, contaminando radiactivamente el cuerpo desde su interior.
Las ojivas de las bombas no están fabricadas con uranio empobrecido en estado puro sino procedente de residuos nucleares que, a su vez, están previamente contaminados con elementos altamente tóxicos como U235, U238 o incluso plutonio. Así hay que hablar no sólo de uranio empobrecido sino de uranio sucio, mucho más contaminante.
Si en Kosovo se comenzaron a probar prototipos, en Afganistán se han lanzado más de 6.000 bombas guiadas, lo que lleva a una estimación de que se han lanzado más de 1.000 toneladas de uranio, empobrecido o no.
A diferencia de la guerra del Golfo o de Kosovo, en Afganistán no han sido los proyectiles antitanques los más utilizados. El protagonismo ha correspondido a los bombardeos masivos con misiles y bombas guiadas dirigidos a destruir fortines, instalaciones y refugios subterráneos.
Las bombas antitanques lanzadas en Kosovo pesaban unos 5 kilos mientras que las bombas guiadas usadas en Afganistán van desde una tonelada hasta las 10 toneladas, llevando, respectivamente, una ojiva de uranio empobrecido potencial de 500, 1.500 kilos y 5 toneladas.
En Kosovo, la OTAN obstaculizó las investigaciones sobre los proyectiles de uranio empobrecido. En Afganistán no se reconoce su empleo y en consecuencia no se está realizando ninguna vigilancia médica ni medioambiental sobre contaminación por uranio en las áreas de potencial contaminación por uranio, ni un seguimiento del estado de salud de las poblaciones expuestas a estas armas, y por tanto no hay ningún tipo de ayuda médica y protección medioambiental para todas las comunidades civiles en riesgo.
Las bombas y proyectiles de uranio son bombas radiactivas, armas con efectos indiscriminados prohibidas por la Convención de Ginebra, por lo que la intervención del imperialismo en el país es doblemente ilegal. La invasión de Afganistán por la OTAN no fue autorizada por la ONU. En septiembre 2001, tras los atentados contra las Torres Gemelas, el Consejo de seguridad ni siquiera mencionó a Afganistán, ni autorizó atacar al país. La ocupación se pretendió aprobar retroactivamente el 20 diciembre de aquel año (resolución 1.386 del Consejo de Seguridad) con la creación de la llamada Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, una decisión que se justificó por el apoyo de “las autoridades afganas”. Lo que la farsa de la ONU no aclara es que eso que llama “autoridades afganas” es el gobierno impuesto por la propia invasión.
Así funciona la ONU: primero invaden el país, luego derrocan al gobierno e imponen uno nuevo que, a su vez, justifica la invasión y el derrocamiento del anterior. A eso le llaman “legalidad” e intervención por razones humanitarias para contar con la coartada de las ONG.
Pues bien, España ha participó tanto en la farsa como en el crimen, para lo cual inventó la consabida patraña de los telediarios, el niño afgano Ali Basur que padecía un linfoma diagnosticado, quien fue trasladado a Madrid para su curación. Era una invasión por razones de salud que ha creado un serio problema de salud para millones de personas de consecuencias incalculadas.
Fue el gobierno del PSOE, Zapatero, el responsable de aquella decisión, para lo cual se negaban a calificar a la intervención en Afganistán como “guerra”. Ellos eran los del “no a la guerra”. Iban a Afganistán a matar por razones humanitarias. El “no a la guerra” del PSOE era una reedición del no a la OTAN de 1982.
