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Día: 24 de noviembre de 2014 (página 1 de 1)

Internet es un nido de espías

El domingo la multinacional americana de informática Symantec anunció el descubrimiento de “Regin”, un nuevo programa furtivo de espionaje que estaba operativo desde 2008. Su complejidad técnica indica que ha sido creado por los servicios de información de algún Estado.

El programa “Regin”, un troyano extremadamente sofisticado, obtenía información procedente de varios países de manera discreta. Los equipos de Symantec han detectado brechas de seguridad en 10 países, en primer lugar Rusia y después Arabia saudí.

Por orden de importancia, los demás países afectados son México, Irlanda, India, Afganistán, Irán, Bélgica, Austria y Pakistán.

A diferencia de otro programa de espionaje, Stuxnet, que tenía como objetivo las centrales de enriquecimiento de uranio de Irán, el objetivo de “Regin” no era sabotear una planta industrial sino la obtención de datos.

Su compejidad indica que su elaboración se tuvo que dilatar en el tiempo y que se invirtió mucho dinero en ello, lo que pone de manifiesto la intervención de algún Estado. Los informáticos que lo elaboraron tuvieron que desplegar un esfuerzo considerable para lograr que el troyano fuera lo más discreto posible a fin de que perdurara instalado el mayor tiempo posible.

“Regin” fue descubierto por Symantec el año pasado y en una primera fase estuvo operativo hasta 2011, cuando fue retirado y sustituido en 2013 por una versión distinta, que aún está activa.

Los objetivos del espionaje son empresas, instituciones públicas y centros de investigación. Su presencia en empresas como la hostelería o las líneas aéreas demuestra que tenía por objeto rastrear los movimientos de las personas a lo largo del mundo entero.

El programa de espionaje podía capturar pantallas, tomar el control del ratón y el cursor de un ordenador, obtener las claves de acceso, vigilar el tráfico de datos de una red y recuperar los archivos borrados. Aunque se lo detecte, es difícil determinar lo que ha hecho o lo que buscaba hacer.

Banderita tu eres roja…

Nicolás Bianchi


banderita tu eres gualda, que cantaban las folklóricas en el franquismo
junto al recio y viril ¡Gibraltar español! Hoy sigue ondeando la misma
bandera, pero sin letra aunque con himno para impotencia de nuestros
bravos jugadores de «La Roja» (cuyo copyright, por decirlo así,
pertenece enteramente a Chile, a todo esto) ávidos por entonar aunque
sea el castizo «Porompompón».

Da cuenta Isidoro L. Lapuya -un perfecto desconocido- en su libro
finisecular del XIX «La bohemia española en París», que él mismo vivió,
de cómo se lo montaban notorios pero también anónimos artistas, bohemios
y exiliados de la I República española en Montmartre y Montparnasse.
Luego de referir Lapuya cómo eran las vidas y andanzas -nada glamourosas– de esta 
tropa (por allí andaba, por ejemplo, el violinista navarro Sarasate
admirado por el mismísimo Sherlock Holmes, al decir del personaje de
ficción
Sir Arthur Conan Doyle o Alejandro Sawa que inspirara el Max
Estrella de Valle-Inclán en la genial «Luces de Bohemia» o Ferrer i
Guardia
), se detiene en otro perfecto desconocido (no tanto en su época)
como Emilio 
Prieto, comandante de Caballería y estudioso de la cosa militar.
Escribiendo sobre el origen y «saludo a la bandera» (española, se
sobreentiende), nos dice que no siempre fue roja y amarilla. Algo que ya
sospechábamos pues nos daba el pálpito de que Pelayo, Indíbil y
Mandonio o el mismísimo Cid no la ondeaban… pues que no parecesnos
trapo milenarista y de por siempre jamás
.

Dice Prieto, que fuera húsar, que la bandera (nacional) sólo data del
año 1843 en que la impuso un Decreto firmado por Isabel II. Hasta
entonces la bandera roja y amarilla era exclusiva de la Marina de Guerra
en virtud de un Decreto de Carlos III dado en Aranjuez en 1785. Las
Cortes de 1820 (el Trienio Liberal) dieron a la bandera de Carlos III el
carácter de pabellón español: es lo que Isabel II reprodujo en su
mencionado Decreto. La revolución de 1868, La Gloriosa, inspirada por
un espíritu iconoclasta, se imaginó que la bandera rojigualda era
«símbolo de la dinastía destronada» (borbónica, cuya bandera o, mejor
dicho, «guión real», es blanca con la cruz de Borgoña en el centro) y
así, el Ayuntamiento de Madrid propuso al gobierno la adopción de una
bandera tricolor, de tres bandas iguales, morada, amarilla y roja. Con
Amadeo I, que trajera el general Prim porque no había otro percal mejor
en las dinastías europea, la proposición matritense no prosperó
pero sí con la República de 1873 y así ondeó la tricolor en el Congreso
de los Diputados (aunque ni la Marina ni el Ejército la usó en absoluto)
hasta que llegó a caballo el general Pavía y restableció el pabellón
rojo y amarillo hasta hoy salvo el paréntesis de la II República.

La bandera republicana, la tricolor, es, en realidad, la bandera del
Ayuntamiento de Madrid (su color municipal es morado como la cintilla
del escudo del Real Madrid en respeto, dicen, a la República) al igual
que pueda serlo la bandera de París, tricolor también, es la de la
República francesa. Fernando de Aragón trajo el estandarte amarillo e
Isabel de Castilla el carmesí. Lope de Aguirre, por ejemplo, Elcano u
Oquendo
(marinos vascos) o Colón llevaban estos lábaros (y no banderazas
como la actual de la madrileña Plaza de Colón que más parece reflejar
complejos freudianos) de Castilla y Aragón. Una bandera imperial. Como
la que se puso, ante la mirada atónita de una cabra, en la «estratégica»
isla de Perejil, tomada en plan Iwo Jima.

La farsa de la transición ya no da para más

Han estirado el negocio durante algo más de tres décadas gracias a la entrada en la OTAN y la Unión Europea, que creó un flujo de dinero procedente del exterior con el que se han forrado. Tuvieron que repartir algunas migajas para sostener un régimen clientelar, pero la crisis del capitalismo ha acabado con todo, porque el tinglado sólo se sostenía a base de tarjetas negras y ahora lo único que hay son deudas.

A la crisis económica le ha seguido la crisis política. Ya no saben qué inventar para seguir embaucando a la gente. De momento han cambiado los rostros de algunos caciques, más quemados que la fábrica de Campofrío. Han sustituido a un rey por otro, han cambiado a los directores de los principales periódicos, nos traen a los demagogos de Podemos, también van a cambiar a Lacayo Lara por otro igual, dimitió Rubalcaba… Cómo estarán las cosas que hasta el canalla de Alfonso Guerra se ha largado.

Necesitan caras nuevas, que no estén usadas, jóvenes que nos engañen con otras palabras y que arrastren nuestros cansados pies hasta las urnas más cercanas, aunque sea por última vez. Tanto los elegidos como los electores creen que los votos van a solucionar algo, es decir, que la manera de salir de la crisis son los votos. Hay que votar a alguien “diferente”. O mejor: hay que votar contra alguien y si es contra todos ellos, mejor aún.

Sin embargo, no van a solucionar absolutamente nada por una razón muy sencilla: porque la crisis (la económica y la política) no se soluciona con votaciones, y menos dentro de los estrechos parámetros creados en 1977. Va a ocurrir todo lo contrario: se va a generar una etapa de mayor inestabilidad política que la actual.

Un ejemplo: el semanario británico The Economist publicó el viernes (1) un artículo titulado “El tricornio” con muy mala leche en el que pone al PSOE como ejemplo y centro de la crisis política. Según The Economist la bancarrota del PSOE ya no tiene remedio, su época ha pasado y, de ahora en adelante, sólo podrá sobrevivir como partido bisagra, sin política propia. En las próximas elecciones el PSOE tendrá que decidir con quién pacta: con Podemos o con el PP. Lo segundo supondría formar la gran coalición a la alemana que están pidiendo algunos medios de expresión del imperialismo, como el New York Times.

Esa situación se produce a pesar de que los sondeos dicen que el PSOE sube en intención de voto, lo cual hay que interpretar en el sentido de que está un poco menos hundido que en tiempos de Zapatero y Rubalcaba. En cualquier caso la situación del PSOE es irreversible; nunca volverá a ser lo que ha sido: la columna vertebral del Estado creado durante la transición o, dicho con otras palabras, este Estado ya no tiene columna vertebral, salvo que alguien crea que la Guardia Civil puede ser esa columna vertebral, lo cual tampoco sería de extrañar.

The Economist también pone sus ojos en la otra gran esperanza blanca, Alberto Garzón, otro producto mediático creado a imagen y semejanza de Pablo Iglesias, otra criatura de las tertulias televisivas, que es donde se gestan ahora las nuevas caras de la política burguesa. El periódico que sirve de portavoz al imperialismo británico sugiere que ambos, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, formen un dúo, “una gran coalición de izquierdas” en la que el papel del PSOE quedaría aún más difuminado.

Para que vean Ustedes lo que son los programas electorales de la izquierda: el imperialismo quiere hacer exactamente lo mismo que proponen Podemos en España y Syriza en Grecia. Otro portavoz del imperialismo, esta vez Financial Times, apoya la propuesta de Podemos de revisar la deuda pública (2). Es más: Financial Times es mucho más radical que Podemos y quiere extender esa política a toda la Unión Europea. Dice que la deuda española, tanto pública como privada, supone una carga insostenible y que es necesaria una renegociación de los tipos de interés, una reestructuración, la apertura de un periodo de gracia y, además, una quita.

El caso es que “El tricornio” (Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Alberto Garzón) pasa tanto tiempo en la televisión que no han tenido tiempo de redactar sus respectivos programas electorales. Pero no importa porque en cualquier caso los votantes no van a votar a lo que ellos creen, sino una coalición que no saben cuál será.

Ocurre siempre con los votos de castigo, cuando no se vota a alguien sino contra alguien. Por ejemplo, más que votar a Podemos, muchos lo que quieren es votar contra “la casta”, contra los que ya están. Pero la anti-casta forma parte de lo mismo que critica y va a tener que pactar con ella. Por lo tanto, se va a producir todo lo contrario de lo que el voto de castigo pretende: seguir votando a los de siempre. Más de lo mismo.

Por eso el voto de castigo es masoquismo puro. Lo mejor es que se flagelen la espalda… aunque sea con su papeleta electoral.

(1) A three-cornered hat, http://www.economist.com/news/europe/21633855-podemoss-leader-seeks-sustain-its-position-spains-third-party-three-cornered-hat
(2) Radical left is right about Europe’s debt, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/48e6fa76-70bd-11e4-8113-00144feabdc0.html

46 millones de estadounidenses comen diariamente gracias a la caridad

El número de ciudadanos estadounidenses que se ve obligado a recurrir a los cupones de alimentación alcanza ya los 46,5 millones, lo que representa que un 20 por ciento de los hogares recurre a la beneficencia pública. Al hambre las estadísticas oficiales de Estados Unidos la llaman «inseguridad alimentaria».

Los cupones de comida que reciben millones de familias pobres se cambian en las tiendas y supermercados por comida y su valor es posteriormente reembolsado por el gobierno.

Los cupones alimentarios cuestan al presupuesto público unos 70.000 millones al año, más o menos la mitad que la guerra de Afganistán. Se espera que las cifras se disparen cuando Obama regularice a los millones de emigrantes que ahora viven clandestinamente, lo que resultará imposible de financiar en el futuro.

Desde hace 35 meses el número de personas que se alimenta diariamente gracias a los cupones crece imparablemente, según datos del Ministerio de Agricultura. «Es el desplome de la clase media más rápido ocurrido jamás desde que el gobierno empezó a medirlos hace medio siglo», dice CBS News.

En 1969 recurrían a los cupones alimentarios menos de tres millones de personas, lo que representaba a un 1,4 por ciento de la población. El año pasado el incremento fue de un 1.555 por ciento, llegado a los 47,5 millones de personas.

De los necesitados de la alimentación pública, la cuarta parte son niños. El Instituto de Política Económica afirma que sin la asistencia pública Estados Unidos estaría posicionado dentro de los cuatro países que tienen la tasa de pobreza infantil más alta del mundo.

Los niños que van al colegio hambrientos son incapaces de mantener la concentración. Una alimentación insuficiente o inadecuada provoca déficit de atención escolar así como problemas en el desarrollo cognitivo; por ejemplo dificultades para desarrollar el habla. Los niños malnutridos están condenados a tener una peor educación y, por lo tanto, les espera el peor futuro laboral.

Además, una alimentación deficiente se traduce en problemas de salud. Las familias con pocos recursos dedican su presupuesto de comida a alimentos baratos pero de poco valor nutritivo, como la bollería industrial. El resultado es un aumento alarmante de los índices de obesidad o diabetes.

Todo este drama sucede en un país que despilfarra más de un tercio de la comida que produce. Cada día toneladas de alimentos acaban en la basura.

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