La web más censurada en internet

Día: 17 de noviembre de 2014 (página 1 de 1)

Talidomida: un veneno que empezó en los campos de concentración y acabó en la farmacia de la esquina

El mes pasado un tribunal de Madrid anuló la condena al laboratorio alemán Grünenthal por las malformaciones causadas por la ingesta de talidomida, un medicamento que causó graves secuelas en los fetos de las mujeres embarazadas que lo tomaron. La cifra de víctimas puede alcanzar a las 3.000 personas nacidas en torno a 1960. En todo el mundo el número sube hasta unos 12.000 perjudicados.

La talidomida es un fármaco que fue comercializado en 50 países del mundo bajo 80 etiquetas distintas entre los años 1958 y 1963. Los médidos lo prescribían como sedante y calmante para tratar la ansiedad y el insomnio. En aquella época los tranquilizantes más efectivos eran los barbitúricos, que se vendían con gran éxito en todo el mundo y tenían un mercado multimillonario. Pero eran muy tóxicos y cada vez más gente los usaba para suicidarse. También eran frecuentes las muertes por sobredosis accidentales. La empresa que encontrara un tranquilizante poco tóxico se enriquecería de inmediato.

Con una composición química parecida a la de los barbitúricos, la talidomida se promocionó por la supuesta ausencia de efectos secundarios. En una sociedad narcotizada, la talidomida era el narcótico perfecto; se la calificó como “la píldora durmiente del siglo”. A mediados del pasado siglo era la tercera droga más vendida y los alemanes consumían un promedio de 15 millones de píldoras al año.

También empezaron a recetar talidomida para las mujeres embarazadas, según decían los médicos, para prevenir las náuseas. Pero era un poderoso abortivo: cerca del 40 por ciento de los embriones expuestos al medicamento moría antes o poco tiempo después del parto. Además provocaba malformaciones congénitas en el feto, denominadas focomelias, es decir, recién nacidos con las extremidades (brazos y piernas) como las focas. La droga afectaba también a la concepción si lo tomaba el padre, ya que incidía sobre el esperma.

El último crimen de guerra de los nazis

Las Facultades de Medicina siguen afirmando que la talidomida la fabricó la farmacéutica alemana “Chemie Grünenthal” a mediados de la década de los cincuenta, pero es falso. En febrero de 2009 aparecieron los primeros indicios de que el medicamento fue una droga creada por los nazis y probada con los presos recluidos en los campos de concentración del III Reich durante la II Guerra Mundial. Trabajando por separado, dos investigadores encontraron una serie de documentos que muestran que no fue Grünenthal quien descubrió el fármaco.

La empresa alemana siempre sostuvo que la talidomida había sido descubierta por casualidad en 1953 por científicos que habían tratado de producir un antialérgeno pero, según informó “The Sunday Times” el 8 de febrero de 2009 el Dr. Martin Johnson, director de una asociación de ayuda a las víctimas de la talidomida en el Reino Unido, encontró documentos que sugieren que la droga fue descubierta antes de que Grünenthal la patentara en 1954.

Johnson afirmó que ya se había experimentado previamente sobre seres humanos, que probablemente la talidomida fue uno de un número indeterminado de productos químcos desarrollados en Dyhernfurth (un laboratorio químico) o Auschwitz-Monowitz bajo la dirección de Otto Ambros (1901-1990), el máximo experto nazi en guerra química, que trabajaba al servicio de la multinacional francesa Rhône-Poulenc, que estuvo bajo control nazi durante los años de la II Guerra Mundial. Por encargo de Rhône-Poulenc, Ambros buscaba un antídoto contra el gas sarín y tras la guerra se incorporó al laboratorio de Grünenthal.

En la posguerra esta empresa se limitó a registrar en la oficina de patentes los ensayos que se habían llevado a cabo en los campos de concentración, poniendo a la droga el rótulo de Contergan, nombre comercial de la talidomida en Alemania. Johnson califica a esta droga como el último crimen de guerra de los nazis.

Por su parte, el argentino Carlos De Napoli, que ha investigado a los nazis que huyeron a Sudamérica, también sostiene en su libro “Los laboratorios de Hitler” idéntica conclusión: que la talidomida tiene su orígen en los campos de concentración nazis y en la experimentación allá con seres humanos.

De Napoli ha descubierto un informe enviado el 13 de noviembre de 1944 por Fritz Meer, un ejecutivo de IG Farben, a Karl Brandt, un general de las SS que fue médico personal de Hitler y jefe de su programa eugenésico. El informe establece que la droga fue sometida a pruebas y que estaba lista para su uso. Meer era el superior jerárquico del Dr.Mengele en el escalafón jerárquico del partido nazi.

IG Farben fue el monopolio alemán que fabricó el gas Zyklon B, utilizado para el exterminio de los presos en los campos de concentración nazis. Se trataba de una poderosa empresa química de procesamiento de petróleo y caucho que utilizaba mano de obra proveniente de los campos de exterminio. En Nuremberg fueron condenados 24 directivos de I.G. Farben por cometer crímenes contra la humanidad, entre ellos Otto Ambros y Fritz Meer. Pero después de ser condenado, Meer fue liberado en 1952 y cuatro años después le nombraron director de la Bayer, una de las multinacionales herederas de IG Farben.

Cuando la prensa británica destapó el origen histórico del fármaco, Grünenthal rechazó cualquier relación con los nazis o con Rhône-Poulenc para el desarrollo de la talidomida. Insistió en que fueron tres de sus empleados los que descubrieron la droga. Posteriormente el laboratorio informó de que había perdido gran parte de los archivos con las pruebas. Por su parte, Sanofi-Aventis, que adquirió Rhône-Poulenc, precisó que también iba a “revisar sus archivos».

Se buscan enfermos para un nuevo fármaco

Es mentira. En 1954 el jefe del laboratorio de investigación de Grünenthal no era otro que Heinrich Mückter, antiguo médico del ejército alemán durante el III Reich. Mückter hizo lo que había aprendido con Hitler: decidió probar la talidomida en seres humanos. No lo hizo personalmente, sino que mandó distribuir la droga en forma gratuita entre los médicos alemanes, para que se la recomendaran a sus pacientes. ¿Por qué?

Porque inicialmente la talidomida se comercializó como un tratamiento para las convulsiones epilépticas. Más tarde se demostró que no era efectivo. Después se utilizó en unos ensayos clínicos como un nuevo antihistamínico como tratamiento de la alergia. Tras un tiempo, comprobaron que tampoco tenía efecto alguno. Tenían una medicina y necesitaban buscar una enfermedad para rentabilizar la inversión.

La explicación es, pues, la cuadratura del círculo en materia de salud, la medicina inversa: primero inventamos el fármaco y luego inventamos al enfermo que necesita comprarlo para curarse. De lo contrario, el dinero gastado se perdería.

Después de recomendar el fármaco a los médicos, Mückter recibió las respuestas que tanto esperaba. Los informes médicos describían a la talidomida como un poderoso sedante. Habían encontrado un remedio para el insomnio. Mückter falseó las pruebas y Alemania aprobó la talidomida para su administración a seres humanos. Unos meses más tarde, una gran campaña publicitaria anunciaba la aparición de una píldora totalmente inofensiva para dormir plácidamente.

En agosto de 1958 la empresa envió a más de 40.000 médicos alemanes una carta en la que recomendaba el Contergan para combatir las náuseas que la mayoría de las mujeres sufre en los primeros meses del embarazo: “No daña a la madre ni al hijo”, proclamaba la carta.

La campaña publicitaria giraba alrededor de su bajísima toxicidad y en algunos países el consumo masivo se vio favorecido al declarar libre su venta. Rápidamente los médicos de todo el mundo empezaron a intoxicar a sus pacientes. Recomendaban la talildomida para el resfriado, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y el insomnio. Incluso la promocionaban para tranquilizar a los niños en los propios consultorios médicos. En 1957 se convirtió en un medicamento para ayudar a las mujeres embarazadas.

Los primeros avisos

Un año después de comercializar su droga, Grünenthal recibió informes inquietantes: en 1956 nació el primer niño con las consecuencias de la talidomida. Un obstetra australiano, William McBride, se dio cuenta de que algo iba mal. Envió sus observaciones a la revista de medicina Lancet, pero su publicación se retrasó unos meses “por falta de espacio”.

Algunos de los pacientes que consumían la talidomida en forma crónica sufrían temblores, disminución de la presión sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían casos de pérdida del tacto en los píes, los tobillos, las pantorrillas y las manos. Pero los capitalistas de Grünenthal descalificaron estas advertencias. Cuando algún médico les preguntaba si habían recibido quejas sobre efectos secundarios, le mentían.

En febrero de 1961 la columna de cartas a la redacción del “British Medical Journal” publicaba una nota en la que un lector advertía que estaban llegando informes sobre “el posible peligro tóxico de esa droga sedante” y que había “síntomas negativos de neuritis periférica en pacientes tratados con talidomida por períodos de seis meses o más”.

Sin embargo, en octubre de aquel año, después de experimentar con animales, la empresa británica Distillers Co., puso a la venta otra variante de la talidomida bajo el nombre de Distaval, con la siguiente etiqueta de presentación: “Distaval se puede dar con completa seguridad a las mujeres y a las madres embarazadas, sin efecto nocivo alguno sobre el feto”.

En diciembre, los derechos para la comercialización de la droga fueron vendidos a la empresa sueca Astra para comercializarla en aquel país bajo el nombre de Neurosedyn y, muy poco después, la misma empresa advertía que el nuevo fármaco “podía ser peligroso para el feto”, pues ya se sospechaba de su relación con el nacimiento de 90 niños con malformaciones congénitas en Suecia.

Antes de que se hicieran públicos los terribles efectos de la talidomida y sin autorización de la FDA, en Estados Unidos la empresa Richardson-Merrill repartió dos millones y medio de tabletas entre 1.000 médicos estadounidenses. De esa manera, la droga llegó hasta unas 20.000 personas, incluidas cientos de mujeres embarazadas que dieron a luz hijos deformes.

Todo se encubre con dinero

En Alemania el juicio contra Grünenthal se prolongó durante más de tres años en los que la empresa farmacéutica expuso argumentos insostenibles: que las malformaciones se debían al efecto de aditivos alimentarios, detergentes o a los rayos emitidos por las pantallas de los televisores; que los fetos no tenían derechos legales; que las malformaciones eran la consecuencia de intentos de aborto entonces la responsabilidad, por lo tanto, era de las madres.

Finalmente todo se tapó con dinero. Nadie fue declarado culpable. Grünenthal ofreció 31 millones de dólares a los 2.866 damnificados que residían en Alemania y declaró que si el juicio continuaba, no podría cubrir los gastos y se tendría que declarar en quiebra porque le resultaba imposible pagar las indemnizaciones a los afectados. La asociación que agrupaba a las familias afectadas aceptó la oferta y el juicio terminó.

Hasta la fecha Alemania sólo ha indemnizado a las víctimas en el interior del país, aunque la droga se distribuyó en 46 países repartidos por todo el mundo. Hay otros países en los que los estragos de la talidomida siguen ocultos. Los médicos y las famarcéuticas son sagrados, los hechiceros modernos que deciden impunemente sobre la vida y la muerte de sus semejantes.

Cambalache

Nicolás Bianchi

Cuando sólo se tiene la fuerza pero no la razón y los partidos políticos burgueses pertenecen a la misma clase dominante o, como diría Gramsci, bloque hegemónico, eso que llaman «hacer política» es mero cambalache.

En el modo de corrupción, perdón, producción capitalista, en su fase imperialista y última, sólo se permite la libertad de robar, esquilmar y mentir amén de turnarse en el poder las distintas fracciones de una misma burguesía para mejor repartirse la tarta, lo mismo se llamen PP, PSOE, PNV, CiU o IU. ¿Y «Podemos» del que se dice que ha roto el llamado «bipartidismo»? Parvenus rastacueros recién llegados -e invitados- al festín del rico Epulón. ¿Deseo que pase esto? No, no lo deseo. Son buenos chicos y una sola palabra suya bastará para sanarme de mi puta manía de creerme en posesión de la verdad absoluta porque, es sabido, la verdad es relativa y se reparte en potitos bledine y en cachos y porciones, como los quesitos «El Caserío», que se conjugan verbalmente: yo tengo mi verdad, tú la tuya, aquél la suya, hasta los fascistas están convencidos «de su verdad». Realmente espléndido, divertido y hasta deportivo, que diría Ortega y Gasset, ese gentleman.

Partidos polícos –partitocracia le dicen algunos desde posiciones filofalangistas aunque se reclamen republicanos de alguna Republiqueta- que, al igual que los sindicatos «mayoritarios», son puros aparatos del Estado (fascista) que viven y se amamantan de él. No hacen «política» y, por lo tanto, no existe eso que le llaman «clase política». Los «políticos» no son una clase social. Son «cuentistas» que viven del «cuento», que decían nuestros padres y abuelos. Ayer fascistas y hoy «demócratas». Son parásitos que se nutren de la no solución de los problemas; por el contrario, los crean para mejor vivir de ellos como inquilino en una caracola. Es mejor impedir la palabra al pueblo catalán que dársela, mejor el problema que su solución. Y conste que soy de los que sostienen la patafísico-paranoica daliniana (de Dalí) teoría de que si este Gobierno hubiese tomado la iniciativa de dar la palabra al pueblo catalán hubiera ganado el sí al Estado español.

Encima, garrulos.

El vocablo «cambalache» (cambalacho en portugués) está compuesto por «cambio» y el sufijo «ache», de origen mozárabe (suena a «bacile», pero es así). Tanto en el Estado español como en la Argentina significa trueque de baratijas o abalorios de escaso valor. La palabra esconde un juicio pesimista: todo es igual, nada merece la pena. En el precioso tango «Que Vachaché» (1926), ya ha llovido, Santos Discépolo termina así: «¡Que vachaché, si hoy ya murió el criterio/vale Jesús lo mismo que el ladrón!» Más conocido es el comienzo desesperanzado salvo en un dios demiúrgico pero difuso del tango «Cambalache» (1935), también llovió: «Que el mundo fue y será/ una porquería, ya lo sé. / En el quinientos seis/ y en el dos mil también. Siempre han existido chorros (ladrones, NB), maquiavelos, estafaos… Pero ahora vivimos revolcaos en un merengue/ y en el mismo lado/ todos manoseaos». Y sigue el filósofo del tango, Discépolo, que ni es Schopenhauer ni dice qué es el hombre sino cómo es: «Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/ ignorante, sabio, chorro/ generoso o estafador… ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un profesor». No, estas letras no son de Víctor Manuel, precisamente.

Estos temas lunfardos hablan de la condición humana, de la confusión de valores y la desaparición de la escala axiológica. No se ponen ontológicos, sino abismales y abisales, Ni siquiera fáusticos y menos aún hamletianos, y es que la amoral burguesía de hogaño no tiene dudas porque a ella nunca le pasa nada. El problema son los otros que se resisten, que no entienden, que si les pasa lo que les pasa es porque se lo han buscado, como dicen los calvinistas, que hay una cosa que se llama statu quo.

Dedíquense al tango o a la poesía y dejen de joder, desnutridos, descamisados, etc.

Rusia se defiende de la propaganda de guerra del imperialismo

A finales de este año la CNN, una marca propiedad del monopolio Time Warner, pondrá fin a sus emisiones en Rusia. En 2010 Rusia limitó hasta el 50 por ciento la participación del capital extranjero en las empresas de radio y televisión, tope que este año 2014 se ha reducido al 20 por ciento. Además, en 2009 el organismo ruso que regula las telecomunicaciones, Roskomnadzor, exigió a los canales de televisión extranjeros distribuidos por las redes rusas por cable o satélite la tramitación de una licencia local, que la cadena de televisión estadounidense CNN no ha obtenido.

Por otra parte, Rusia ha pasado a la ofensiva en el terreno de la información. Para contrarrestar la visión occidental de las noticias, el 11 de noviembre presentó un proyecto informativo multimedia, con oficinas en más de 30 países, que constituirá la versión para el exterior de la agencia oficial Rusia Hoy, la antigua RIA Novosti.

La nueva marca, «Sputnik», es una agencia de noticias en internet con emisiones de radio en una treintena de idiomas y va dirigida exclusivamente a audiencias extranjeras. La nueva plataforma en línea sputniknews.com se basa en las tres webs de RIA en inglés, español y árabe, a las que se sumará a partir de diciembre un servicio en chino, y contará con redacciones multimedia en 34 países.

En la presentación el director general de Rusia Hoy, Dmitri Kisiliov, subrayó que «Sputnik» está «en contra de la propaganda agresiva que alimenta actualmente el mundo unipolar, una visión que es irreal». Por ello, «vamos difundir una visión más multipolar, más cercana en cada país a sus intereses, cultura y tradiciones».

«Creemos que el mundo está cansado de la propaganda machacona de un mundo unipolar, está cansado de que haya un país que se considera excepcional, exclusivo», en alusión a EEUU, y «vamos a dar un punto de vista alternativo», insistió el periodista, considerado uno de los ideólogos del gobierno de Putin.


«Decir lo que otros callan» o mostrar «el otro lado de la noticia» son los «leitmotiv» de la nueva marca informativa rusa en el exterior. Para llevarlo a cabo, la plataforma cuenta con redacciones regionales en 17 países del antiguo espacio soviético y otras tantas en 17 ciudades de Europa, Asia, Estados Unidos y Latinoamérica (Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro y México DC).

Además de las páginas web, las emisiones de radio, en 30 idiomas, se esperan que alcancen en 2015 las 800 horas diarias, desde estudios en 130 ciudades. Cada oficina regional multimedia -donde habrá también centros de prensa-, cuenta con entre 30 y 100 trabajadores, indicó Kisiliov.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies