El martes Trump prometió la formación de escoltas navales “lo antes posible”, para permitir que los numerosos barcos varados en el Golfo Pérsico puedan cruzar el Estrecho de Ormuz.
Además de la escolta, Trump también prometió conceder a los armadores garantías financieras “a precios muy razonables”, a través de la empresa estadounidense de financiación del desarrollo (US Development Finance Corp.), para cubrir los viajes que las empresas privadas tradicionales no quieren asegurar.
Sin embargo, menos de 24 horas antes, los miembros de la Marina estadounidense dijeron que no hay ninguna posibilidad de desplegar navíos de escolta y, por lo demás, una escolta naval no serviría para nada.
En 2023, durante la Guerra de Gaza, el intento de reabrir el Mar Rojo por parte de Estados Unidos (Operación Guardián de la Prosperidad) y la Unión Europea (Operación Aspides) fracasó frente a los huthíes. No hay ningún motivo para creer que ahora lo pueden lograr en Ormuz frente a los iraníes.
Por el Estrecho pasan diriamente entre 100 a 120 buques (petroleros, gaseros, quimiqueros, portacontenedores, graneleros), pero el lunes sólo cinco barcos se atrevieron a pasar por la arteria, de noche y bajo su propia responsabilidad: un petrolero griego, tres pequeños graneleros y un barco cargado de asfalto.
Por eso, todos los grandes armadores (MSC, Maersk, CMA CGM, Hapag-Lloyd, Cosco) se niegan a acercarse al Golfo Pérsico, prefiriendo hacer escala en puertos alternativos, con recargos exhorbitantes en los precios por riesgos de guerra, de 1.500 a 4.000 dólares por cada contenedor.
La ruta marítima entre Asia y Europa ya está evitando el paso por el Canal de Suez y recorre un largo trayecto a través del Cabo de Buena Esperanza, por el sur del continente africano.
Ahora las navieras eluden el tránsito por las cercanías de Ormuz y descargan en puertos seguros, pagando tarifas adicionales y continuando el tráfico por tierra.