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La ‘gran estrategia’ de Estados Unidos en Siria al descubierto

No son sólo unos pocos, sino decenas de millares los mensajes de Hillary Clinton que han acabado en internet. Se menciona la cifra de 30.000 pero otros hablan de hasta 50.000.

La producción epistolar de Clinton como Secretaria de Estado ha sido prodigiosa. Algunos textos son extremadamente largos. Nos preguntamos de donde sacará el tiempo, además de para sus discursos, entrevistas y especulaciones sobre la política exterior de Estados Unidos.

Los mensajes parecen haber sido puestos a disposición del público en virtud de la ley de libertad de información por el Departamento de Estado.

Una parte considerable de los correos los escribió durante su etapa en el Departamento de Estado, de 2009 a 2013. En ellos aparece muchísima información.

Nos detendremos aquí en un solo mensaje, muy largo y muy detallado, sobre la política estadounidense respecto a Siria, tal y como la concebía Clinton a finales de la primavera de 2012, ya que en el mismo su autora precisa que “La rebelión en Siria lleva ya más de un año”.

El documento expone la “gran estrategia” de los Estados Unidos en Siria, según la secretaria de Estado, ante la crisis en ese país. Toda la atención se centra en los intereses de Israel respecto al poder de Irán, intereses que pueden verse reforzados por la caída del gobierno de Damasco. Ahí nos encontramos con las diversas maniobras, engaños y montajes del gobierno de Obama que, en aquella época, cuando eran denunciadas se las tachó como propias de las teorías de la conspiración o de disidentes antisistema.

Clinton muestra muestra mucho interés por Israel. Además de Israel, los principales aliados que nombra son Arabia, Qatar y Turquía.

La secretaria de Estado sigue el lema que enunció con el asesinato de Gadafi: “Llegamos, vimos, murió”. El objetivo también es acabar con Al-Assad y con toda su familia y derrocar al gobierno para hacer de Siria un vasallo de los Estados Unidos alineado con los demás aliados de la región, con Israel a la cabeza.

El otro objetivo es aislar a Irán y asfixiar a Hezbollah rompiendo sus lazos con Irán.

La primera parte del mensaje expone la situación estratégica, sobre todo de Israel e Irán. Aparece por primera vez que la finalidad de Israel no es tanto impedir a Irán disponer de una bomba nuclear como conservar el monopolio nuclear en la zona.

La mejor forma de ayudar a Israel a tratar la creciente capacidad nuclear de Irán es ayudar al pueblo de Siria a derribar el régimen de Bashar Assad”.

“Las negociaciones para limitar el programa nuclear de Irán no solucionarán el dilema de seguridad de Israel. Tampoco podrán detener a Irán en mejorar la parte esencial de cualquier programa de armas nucleares: la capacidad de enriquecer uranio. Como mucho, las conversaciones entre las mayores potencias del mundo e Irán que comienzan en Estambul en abril y continuarán en Bagdad en mayo permitirán a Israel retrasar unos pocos meses la decisión sobre si lanzar un ataque contra Irán provocaría una gran guerra en Oriente Medio”.

“Puede parecer que el programa nuclear y la guerra civil en Siria no tienen relación, pero la tienen. Para los dirigentes israelíes, la amenaza real de un Irán nuclear no es la posibilidad de un loco líder iraní lanzando sin previa provocación un ataque nuclear contra Israel que llevaría a la aniquilación de ambos países. Lo que realmente temen los líderes israelíes, pero de lo que no pueden hablar, es perder su monopolio nuclear. La disponibilidad de armas nucleares por Irán no solo acabaría con este monopolio nuclear, sino que impulsaría a otros adversarios como Arabia Saudí y Egipto a hacerse con armas nucleares. El resultado sería un balance precario, en el que Israel no podría responder a provocaciones con armas convencionales en Siria y Líbano, como hace hoy. Si Irán alcanza el nivel de Estado con armas nucleares, Teherán vería mucho más fácil animar a sus aliados en Siria y Hezbollah para atacar a Israel, sabiendo que sus armas nucleares servirían como elemento disuasorio para que Israel respondiera contra el propio Irán”.

“Volviendo a Siria. Es la relación estratégica entre Irán y el régimen de Bashar Assad en Siria lo que hace posible para Irán minar la seguridad de Israel. No  mediante un ataque directo, que en los treinta años de hostilidad entre Israel e Irán nunca ha ocurrido, sino mediante sus intermediarios en Líbano, como Hezbollah, que son apoyados, armados y entrenados por Irán mediante Siria. El fin del régimen de Assad terminaría esta peligrosa alianza. El liderazgo israelí sabe bien que derrotar a Assad es de su interés […] El ministro de Defensa Ehud Barak argumentó que el derrocamiento de Assad sería un gran golpe al eje radical, un gran golpe para Irán […] Es el único puesto avanzado de influencia iraní en el mundo árabe […] y debilitará enormemente tanto a Hezbollah en Líbano y a Hamas y la Yihad Islámica en Gaza”.

“Derrotar a Assad no solamente sería una enorme bendición para la seguridad de Israel, también aliviaría el comprensible miedo de perder su monopolio nuclear. Se haría posible que Israel y los Estados Unidos desarrollaran unos puntos de vista comunes sobre cuándo el programa iraní sería tan peligroso que necesitara una acción militar. Ahora mismo, la combinación de la alianza estratégica de Irán con Siria y el rápido avance en el programa de enriquecimiento nuclear es lo que ha llevado a los líderes israelíes a considerar un ataque por sorpresa, si hace falta por encima de las objeciones de Washington. Sin Assad, y con un Irán incapaz de amenazar a Israel a través de intermediarios se hace posible que Estados Unidos e Israel puedan llegar a acuerdos sobre las líneas rojas del programa iraní, y sobre sus niveles aceptables. A corto plazo, la Casa Blanca puede aliviar la tensión que se ha suscitado en Israel respecto a Irán haciendo lo correcto en Siria”.

“La rebelión en Siria lleva ya más de un año. La oposición no va a abandonar, ni el régimen aceptará una solución diplomática desde el exterior. Con su vida y su familia en riesgo, solamente la amenaza o el uso de la fuerza cambiará la opinión del dictador sirio”.

La segunda parte del mensaje aborda los aspectos operativos de una operación militar contra Siria, que incluiría una ofensiva aérea de las fuerzas armadas de Estados Unidos:

“La administración Obama ha sido comprensiblemente cautelosa ante una operación aérea en Siria como la de Libia por tres motivos principales. Al contrario que la oposición libia, los rebeldes sirios no están unificados y no controlan territorio. La Liga Árabe no ha hecho llamamientos a una intervención militar exterior como hizo en Libia. Y Rusia se opone”.

“Libia fue un caso más sencillo. Pero aparte del laudable propósito de salvar a los civiles líbios de probables ataques del régimen de Gadafi, la operación libia no tuvo consecuencias permanentes para la zona. Siria es más complicada. Pero un éxito en Siria sería un suceso que transformaría Oriente Medio. No solo sucumbiría otro implacable dictador a una oposición de masas en la calle, sino que la zona se vería cambiada a mejor, en tanto que Irán ya no tendría un punto de apoyo en Oriente Medio desde el cual amenazar a Israel y minar la estabilidad en el área”.

“Al contrario que en Libia, una intervención triunfante en Siria necesitaría un sustancial liderazgo diplomático y militar de Estados Unidos. Washington debiera iniciarlo expresando su voluntad de trabajar con aliados regionales como Turquía, Arabia Saudí y Qatar para organizar, entrenar y armar a las fuerzas rebeldes sirias. El anuncio de esa decisión causaría probablemente, por si solo, deserciones sustanciales en el Ejército sirio. Entonces, utilizando el territorio de Turquía y posiblemente en Jordania, los diplomáticos estadounidenses y los funcionarios del Pentágono pueden empezar a reforzar a la oposición. Esto llevará tiempo. Pero la rebelión va a continuar durante mucho tiempo, con el apoyo estadounidense o sin él”.

“El segundo paso es desarrollar apoyo internacional a una operación aérea en coalición. Rusia nunca apoyará esa misión, por lo que no tiene sentido operar a través del Consejo de Seguridad de la ONU. Algunos argumentan que la intervención norteamericana tiene el riesgo de una guerra extensa con Rusia. Pero el ejemplo de Kosovo nos enseña otra cosa. En aquel caso, Rusia tenía lazos étnicos y políticos con los serbios, lazos que no existen entre Rusia y Siria, e incluso entonces Rusia hizo poco más que quejarse. Rusia siempre ha reconocido que no se interpondrá si llega la intervención”.

“Armar a los rebeldes sirios y usar el potencial aéreo para neutralizar a los helicópteros y aviones sirios es un proyecto de bajo coste y alto beneficio. Mientras que los líderes políticos de Washington se mantengan firmes en la ausencia de despliegue de tropas de tierra, como hicieron en Kosovo y Libia, los costes para los Estados Unidos serán limitados. La victoria no vendrá rápida ni fácilmente, pero llegará. Y los beneficios serán sustanciales. Irán se verá aislado estratégicamente, incapaz de ejercer influencia en Oriente Medio. El régimen que resulte en Siria verá a Estados Unidos como amigo, no como enemigo. Washington obtendría un sustancial reconocimiento de defensor del pueblo en el mundo árabe, contra los regímenes corruptos. Israel vería facilitada su lógica de ataque a las instalaciones militares de Irán. Y el nuevo régimen sirio estaría rápidamente dispuesto a reanudar las congeladas conversaciones de paz con Israel. Hezbollah, en el Líbano, quedaría aislado de su patrón iraní al dejar de ser Siria un punto de tránsito para el entrenamiento, la asistencia y los misiles. Todos estos beneficios estratégicos y la perspectiva de salvar a miles de civiles de asesinato a manos del régimen de Assad (10.000 han muerto en el primer año de guerra civil)”.

“Con el pueblo sirio libre del velo del miedo, se decidirán a luchar por su libertad. América puede y debe ayudarlos, y haciéndolo así ayudará a Israel y ayudaría a reducir de una guerra de más envergadura”.

Aparte del interés documental, el mensaje sobre los métodos y maquinaciones imperialistas tiene otros aspectos que merecen atención.

Para Clinton Israel es prácticamente una parte integrante de Estados Unidos en la defensa de sus intereses, tanto como los mismos Estados Unidos. En ningún momento se cuestiona el valor moral y político de la pretensión israelí de tener monopolio nuclear en la región (“disminuiría el comprensible miedo de Israel a perder su monopolio nuclear”).

Las referencias a Gadafi y a Libia se pueden calificar de repugnantes. Clinton afirma que la crisis en el país norteafricano no tuvo consecuencias de largo alcance para la zona: “Aparte del laudable propósito de salvar a los civiles libios de probables ataques del régimen de Gadafi, la operación libia no tuvo consecuencias permanentes para la zona”.

Esto lo afirma un año después del inicio del caos y sólo algunos meses después del asesinato del embajador de los Estados Unidos en Bengasi.

Pero “Siria es otra cosa”, reconoce Clinton, hasta el punto de que el mensaje lanza la hipótesis de un ataque de Estados Unidos en su contra.

Europa no pinta nada, ni siquiera como comparsa. No hay ni una mención a los europeos. En cuando a Rusia, la secretaria de Estado observa con desprecio que se vería impotente. El único “fastidio” de Rusia estriba es que su posible veto obligará a actuar fuera del marco de la ONU.

La evaluación de la postura rusa toma como referencia su actitud durante la guerra de Kosovo en 1999, la primera guerra de agresión postmoderna del imperialismo, empredida por su marido y -seguramente- instigado por ella:

“El segundo paso es desarrollar apoyo internacional a una operación aérea en coalición. Rusia nunca apoyará esa misión, por lo que no tiene sentido operar a través del Consejo de Seguridad de la ONU. Algunos argumentan que la intervención norteamericana tiene el riesgo de una guerra extensa con Rusia. Pero el ejemplo de Kosovo nos enseña otra cosa. En ese caso, Rusia tenía lazos étnicos y políticos con los serbios, lazos que no existen entre Rusia y Siria, e incluso entonces Rusia hizo poco más que quejarse. Rusia siempre ha reconocido que no se interpondrá si llega la intervención”.

Eso es lo que pensaban los imperialistas de Rusia en 2012. Ahora los estrategas estadounidenses han empezado a considerar que algo se les pasó por alto.

La lección la han aprendido durante los últimos ejercicios de la OTAN en los países fronterizos con Rusia, principalmente en los países bálticos. La alianza militar imperialista no parece capaz de responder ante una posible acción rusa. No solamente harían falta tres semanas para que los primeros refuerzos serios pudieran estar disponibles en los países de primera línea, sino que además Rusia ha creado extensas regiones denominadas AA/AD (Anti Acceso / Área prohibida), auténticas “burbujas” de control electrónico y comunicación que impiden al adversario el acceso a su espacio aéreo, cuando no a un teatro de operaciones entero.

El ejército rusos puede cegar completamente los medios de intervención de la OTAN en presentes en Polonia y en el Mar Báltico en caso de guerra. Sabedores de los resultados de las maniobras, los dirigentes de los países bálticos han comenzado a cavilar sobre las desventajas que les da apoyarse en la OTAN para desafiar a Rusia.

Esta misma semana Putin lo ha vuelto a poner de manifiesto en relación con el espacio aéreo de Siria en una intervención que no tiene desperdicio: Rusia ha creado una “burbuja” electrónica que convierte al país en impermeable a cualquier agresión. En Siria la tapa del puchero es Rusia.

Rusia no se ha marchado de la guerra de Siria

El general Sergei Rudskoi
En setiembre nos sorprendió la intervención rusa en la guerra de Siria; ahora nos sorprende exactamente que se hayan marchado. Eso se debe a que entonces no entendimos los motivos por los que entraron, ni tampoco los motivos por los que se han ido.

Si lo miramos de una cierta manera, los rusos no llegaron a Siria en setiembre, ni tampoco se han ido ahora. Siguen allá, aunque han suspendido los bombardeos.

Con la intervención aérea Rusia ha alcanzado todos los objetivos que se había propuesto, especialmente un protagonismo en la mesa de negociaciones que antes no tenía. El contraste con Libia así lo demuestra.

Desde 2013 el gobierno de Damasco venía pidiendo a los rusos apoyo militar en la guerra, por lo que cabe suponer que durante años el Kremlin se negó a participar en ella. Pero la situación en 2015 no era la de 2013.

Si en su momento no entendimos la campaña aérea es porque no hicimos caso a lo que Putin dijo en la televisión rusa cuando la anunció: se trataba de una participación limitada. No hicimos caso porque estamos acostumbrados a que los políticos nos engañen y, por lo tanto, a buscar sus “segundas intenciones”. Al menos en este caso no las había.

La intervención rusa ha sido muy limitada. Han bastado unos 50 bombarderos, algunos ataques de largo alcance desde territorio ruso y el Mar Caspio, así como lanzamientos de misiles desde la base naval de Latakia.

También ha sido muy limitada en el tiempo; menos de seis meses. Ahora Rusia no sólo se sienta en la mesa de negociaciones sino que es garante del alto el fuego que, como era de esperar, los “moderados” no respetan.

Dado que ambas potencias son garantes, el respeto del alto el fuego les compete a ambos y, naturalmente, Estados Unidos hace caso omiso de las violaciones de los acuerdos. Por eso, Kerry está hoy de visita Moscú.

Cualquiera que sea lo que se hable allá, el general Serguei Rudskoi ha anunciado que ellos sí van a imponer -por las buenas o por las malas- el alto el fuego, es decir, que si Estados Unidos no hace nada, ellos van a cumplir sus compromisos hasta el final.

Pero hasta aquí nos estamos refiriendo a la oposición “moderada” que, como se ve, lleva el mismo camino sanguinario que la otra, el Califato Islámico y el Frente Al-Nosra, a quienes los acuerdos de paz no les conciernen.

Por lo tanto, la guerra contra ellos continúa y aunque el periódico Alquds Alarabi había difundido que las milicias de Hezbollah también dejaban los campos de batalla, esta semana una entrevista con el ayatollah Nasrallah ha dejado bien claro que estarán en la guerra hasta el total exterminio de los salafistas.

De momento, ayer el ejército regular de Damasco ya se situó a 800 metros escasos de la ciudad de Palmira, que está a punto de caer.

Desaparecen 2.000 millones de dólares pagados por el Pentágono en Irak

El Departamento estadounidense de Defensa es incapaz de justificar el destino de 2.000 millones de dólares de dinero irakí en los años que siguieron a la invasión de 2003.

Según un informe de la oficina del Inspector General para la Reconstrucción de Irak (SIGIR), el Pentágono no puede justificar el destino unos dos tercios de una suma aproximada de 3.000 millones de dólares, puesta su disposición por el gobierno irakí para el pago de contratos aprobados por la Autoridad Provisional de la coalición, antes de su disolución en 2004 y su sustitución por un gobierno local.

La mayor parte de los fondos (2.800 millones de dólares) fue colocada en una cuenta bancaria de la Reserva Federal de Nueva York y 217,7 millones de dólares en una caja fuerte en el palacio presidencial de Bagdad. Según los documentos aportados por el Banco Central norteamericano, 2.700 millones de dólares han sido retirados de la cuenta neoyorquina por el Departamento de Defensa, pero no existe “precisión sobre los pagos o documentos financieros como facturas, para justificarlos”, destaca el SIGIR.

“Para efectuar los pagos únicamente era necesaria la aprobación escrita” del gobierno iraquí y el Pentágono no ha podido justificar el empleo de “unos 1.000 millones de dólares” del total de 2.800 millones. No puede tampoco justificar el empleo de 193,3 millones en efectivo, que quedaron en la caja fuerte durante la disolución de la Autoridad Provisional de la coalición que dirigió Irak entre 2003 y 2004. El SIGIR apunta que 24,4 millones fueron devueltos al gobierno iraquí, en marzo de 2008.

Para Mouzer Mahammad Salah, gobernador adjunto del Banco Central de Irak, Estados Unidos debe actuar para defender su “reputación […] y su papel en Irak en aquel tiempo”. Washington debe “encontrar el dinero” e investigar “a quienes hayan hecho esto”. Irak es uno de los países del mundo capaces de controlar la corrupción, según una investigación del Banco Mundial, citado en el mismo informe del SIGIR.

Las guerras imperialistas son como esas pastillas que ponemos en el caldo del cocido: no sólo cuecen sino que enriquecen.

http://www.lemonde.fr/elections-americaines/article/2012/01/30/les-etats-unis-ont-perdu-la-trace-de-2-milliards-de-dollars-d-argent-irakien_1636611_829254.html

El general Castres entierra el mito de los ‘rebeldes moderados’

El general Didier Castres
Caroline Galacteros

La verdad acaba siempre por resplandecer. Al principio hay algunas débiles señales (como el título de esta serie de artículos), y otras veces hay ruidos sordos que se hacen poco a poco más detectables, hasta que acaban por inundar por completo el debate público y alcanzan finalmente el núcleo duro de las tesis oficiales.

Cuando se trata de los rebeldes sirios, amablemente caracterizados desde hace algunos años de moderados, estamos todavía en la etapa de las señales débiles, pero la situación evoluciona en el buen sentido. No podemos por menos que alegrarnos por el reportaje “Una ojeada sobre Siria” (dirigido por Anthony Forestier, presentado por Sarah Soulah y difundido en France 2 el 18 de febrero), que presenta una nueva mirada sobre el conflicto sirio… cinco años después de su comienzo. Frente a las inconsecuencias de la política exterior nacional y a sus consecuencias militares difíciles de gestionar en el aspecto operativo, el propio “establishment” militar se atreve a señalar algunos hechos embarazosos. Los hechos son testarudos y están a mil leguas de la moralina que destila principalmente el Quai de Orsay desde hace tres años.

El general Didier Castres, subjefe de operaciones del estado Mayor de los Ejércitos, fue oído el 16 de diciembre de 2015 por la Comisión de Asuntos Extranjeros, de Defensa y de las Fuerzas Armadas del Senado. Y he aquí lo que el oficial francés saca a la luz del día.

“Las fuerzas de combate del Califato Islámico se estiman en unos 30.000 efectivos en Siria y en Irak, de ellos un 40 por ciento de combatientes extranjeros. Se enfrentan a 140.000 kurdos del norte de Irak, 7.000 kurdos sirios y 130.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Además en Siria existe una constelación de diversos combatientes del orden de unas 100.000 personas, de los cuales Francia considera que 80.000 pertenecen bien a grupos terroristas designados como tales por las Naciones Unidas, bien a grupos salafistas extremistas”.

Aclaremos algunas cifras para medir la amplitud de la distancia entre los datos del mando militar y las gesticulaciones de nuestra cancillería.

Primera información: la potencia del Califato Islámico está ampliamente sobreestimada en nuestros medios de información. Disponiendo solamente de 30.000 hombres (otras fuentes hablan de 50.000) en Iraq y Siria, el Califato Islámico no supone un peso considerable en el aspecto militar. Su expansión territorial desde hace tres años muestra lo que numerosos observadores sirios (entre ellos el arzobispo de Alepo) han denunciado amargamente: los occidentales han hablado mucho, pero extrañamente han hecho poco para destruir esta hidra de color verde oscuro.

Segunda información: si los miembros del Califato Islámico están repartidos de una forma más o menos equilibrada entre Irak y Siria, se puede considerar que hay entre 15.000 y 20.000 combatientes del Califato Islámico principalmente alrededor de Raqqa. Son muchos menos que los otros terroristas islamistas presentes en Siria, de los que el general Castres nos dice que probablemente son alrededor de 80.000 en las zonas que nuestros medios y nuestros representantes políticos califican fácilmente de rebeldes. Tenemos pues una relación de 1 a 4 entre los islamistas del Califato Islámico y los otros (de los cuales una aplastante mayoría, alrededor del Frente Al-Nosra están afiliados oficiosa u oficialmente a Al-Qaeda, cuna original del… Califato Islámico). Las cancillerías oficiales, si tuvieran en cuenta las cifras que les proporcionan principalmente la inteligencia militar, debieran en consecuencia tener sus propósitos mucho más cercanos a los mantenidos por Sergei Lavrov o el mismo Bachar el-Assad. Pero negar la realidad es un pecado muy extendido, y es más fácil acusar a los periodistas de France 2 de repetir la propaganda del régimen sirio que admitir un sesgo político o un déficit de comprensión de la situación. Como, por otro lado, fue más fácil hace algunas semanas acusar a los periodistas de Canal+ de repetir la propaganda del Kremlin en su reportaje sobre la revolución de Maidan y la guerra civil ucraniana en el Donbass.

Tercera información. Quedan pues un poco más de 20.000 rebeldes denominados moderados, según la investigación militar francesa. Son pocos… sobre todo porque combaten en las mismas zonas que los 80.000 terroristas, de los que son en la práctica aliados sobre el terreno. Sobre este punto, invitamos a leer el artículo de Bouger les Lines sobre la escala de colores de los rebeldes que recuerda el mosaico de coaliciones en Siria en el seno de todas las falanges rebeldes, desde el verde pálido al más oscuro, que para algunos son rivales y para muchos avatares presentables de los grupúsculos más radicales, combatiendo juntos muy frecuentemente, principalmente con el Frente Al-Nosra, o por cuenta de éste.

La víspera de esta edificante audiencia del general Castres, el 15 de diciembre de 2015, el ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian prestaba también declaración ante esa misma Comisión del Senado. Si se cruzan las dos declaraciones y teniendo en cuenta que nuestro ministro no podía ignorar las informaciones de la inteligencia militar, la brecha entre ambas se hace inquietante.

“En Siria las dificultades se concentran en el Oeste, en la frontera con Turquía, en donde los ejércitos leales apoyados por Rusia y los pasdarans iraníes ganan terreno en los territorios controlados por los insurgentes, pero menos deprisa de lo que esperaban. La presencia rusa es significativa, con una cuarentena de cazas con base en Latakia. Rusia emplea igualmente su aviación a larga distancia, para los ataques contra Raqqa y Deir Eizzor por bombardeos que despegan del aeródromo de Mozdok, en el sur de Georgia, o con lanzamiento de misiles desde el crucero Moskva, en la orilla de Latakia. Se nota una inflexión de la acción militar rusa. Estimamos así que los ataques contra el Califato Islámico representan entre un 20 y un 30 por ciento del total de ataques rusos estas últimas semanas, contra un 5 por ciento anteriormente. Respecto al apoyo a los rebeldes, la acción militar norteamericana y francesa se ha reforzado, apoyada desde hace poco por los ataques británicos”.

Primera información: si se tienen en cuenta las cifras del ministro Le Drian y se las compara con las del general Castres, se deduce que Rusia repartió un 20-30 por ciento de sus ataques contra los 15-20.000 combatientes del Estado Islámico, y un 70-80 por ciento contra los 100.000 rebeldes (de los cuales 80.000 son terroristas islamistas). Los ataques rusos están pues en perfecta coherencia con las investigaciones militares francesas, lo que no es el caso de los ataques… franceses.

Segunda información. ¿Como comparar la declaración del ministro de Defensa sobre el refuerzo a la ayuda a los insurgentes con la del general Castres sobre los 80.000 terroristas entre los 100.000 rebeldes, sin llegar a la conclusión de la manifiesta imposibilidad de tal comparación?… salvo que se entienda que Francia y los países occidentales apoyan directa o indirectamente el terrorismo islamista.

En tanto que un alto el fuego muy parcial y frágil parece establecerse, pero que los perfiles de un acuerdo político de la cuestión siria parecen estar aún en el limbo, estas informaciones oficiales presentadas a la representación nacional nos dan medida de toda la inconsciencia y la ceguera que han llevado desde hace cinco años a Occidente a entrometerse en el Levante. Estos elementos son elocuentes, pero muy inquietantes. ¿Cómo no interrogarse sobre la función del Califato Islámico? El Califato Islámico y sus terroríficos y espectaculares modos de acción ¿no son, al menos parcialmente, el horroroso biombo que cristaliza la atención popular, mediática y política, el escondite de una empresa mucho mas grave de desestabilización profunda de la región y del mundo? El Califato Islámico hace olvidar a Al-Qaeda, que actúa en segundo plano, y como una eficaz cortina, a la manera de las raíces subterráneas. Sus múltiples avatares, ahora etiquetados como “rebeldes”, “insurgentes” o “islamistas moderados”, se han hecho, en contraste, recomendables, y prosiguen su metódico desmembramiento del Estado.

Fuente: http://galacteros.over-blog.com

La yihad en Rusia

La violencia en la región rusa del Cáucaso Norte, que ha vivido conflictos armados desde hace dos décadas, ha disminuido de forma sustancial en los dos últimos años, en parte porque la mayoría de los radicales de la zona se han unido a los combatientes extranjeros en Siria e Irak. En junio de 2015, casi todos los grupos insurgentes locales habían jurado fidelidad a Daesh, quien posteriormente designó a la región como nueva “provincia”, Vilayat Kavkaz. Algunos grupos pequeños en Daguestán y Kabardia-Balkaria todavía siguen siendo leales al Emirato del Cáucaso (EC), la violenta organización yihadista de la zona, pero sus apoyos y su capacidad son mínimos.

Rusia y Daesh están directamente enfrentados: los responsables de seguridad han anunciado que el pasado año evitaron varios atentados terroristas inspirados por el autoproclamado Estado Islámico, que ha prometido hacer daño a Rusia y ha reivindicado, además del derribo en octubre del avión en el que murieron sobre el desierto del Sinaí 224 rusos que volvían de Egipto, dos atentados en Daguestán. Además de proteger su seguridad nacional, el Kremlin debería hacer un esfuerzo mayor de desradicalización, prestar atención con la máxima urgencia a las reclamaciones legítimas en el Cáucaso Norte y abordar sistemáticamente las causas fundamentales de la violencia.

Las circunstancias de los seguidores de la yihad en el Cáucaso Norte cambiaron radicalmente en vísperas de los Juegos Olímpicos de 2014 en Sochi. Los servicios rusos de seguridad derrotaron y paralizaron al EC, que vio imposibilitadas sus operaciones y comunicaciones justo cuando lo que Daesh denomina su “yihad de cinco estrellas” adquiría cada vez más popularidad. Varios miles de habitantes de la zona se unieron a la lucha, desde su país y desde los lugares en los que está establecida su diáspora, en Europa y Oriente Medio. La exportación de la yihad a esta última zona le ha creado a Rusia nuevos enemigos y ha hecho que el problema deje de ser local para internacionalizarse.

Desde la represión del salafismo antes de los Juegos Olímpicos en Rusia, Turquía se ha convertido en uno de los destinos favoritos tanto de los yihadistas rusos que se dirigen a Siria como de los musulmanes conservadores y pacíficos que, con sus familias, han establecido allí su nuevo hogar. Los nuevos “muhajirun” (inmigrantes) procedentes de Rusia han formado comunidades cerradas, casi autosuficientes, sobre todo en torno a Estambul. Hasta los atentados inspirados por Daesh que golpearon suelo turco en 2015, las autoridades no se habían mostrado muy preocupadas por ninguno de estos grupos. Los enlaces del autoproclamado Estado Islámico que hablaban ruso y ayudaban a los recién llegados a cruzar la frontera con Siria trabajaban con gran eficacia. Se ha dicho que había varios agentes e ideólogos destacados del EC en el país, dedicados a facilitar el paso a grupos distintos de Daesh. Además, desde 2003 han muerto asesinados en Turquía ocho personajes vinculados a la insurgencia chechena, el más reciente en 2015, aparentemente por personas a sueldo de los servicios federales rusos de seguridad. Las autoridades turcas dicen que muchas veces les faltan pruebas suficientes para actuar con más decisión, pero dentro de la ley. No obstante, en los últimos tiempos han reforzado considerablemente la seguridad.

Los combatientes procedentes del Cáucaso Norte luchan en Siria e Irak no sólo con Daesh, sino también con Jabhat al Nusra, además de grupos rebeldes no afiliados. En general lo hacen bajo el mando de jefes chechenos, que tienen fama de ser combatientes intrépidos, por lo que es frecuente que se les encargue el mando de grupos pequeños o que enseguida asciendan a puestos de segunda y tercera categoría dentro de Daesh. Según las informaciones, Abu Omar (Umar) Shishani, el combatiente del Cáucaso Norte que ocupaba uno de los puestos más alto entre los yihadistas, resultó herido o muerto en un ataque reciente de Estados Unidos. Parece que sus logros militares, en especial al frente de operaciones para capturar la provincia de Anbar en Irak y varias partes del este de Siria, contribuyeron a que Abu Bakr al Baghdadi proclamara su califato y colocaron a Rusia en la mira de Daesh. En 2014, para tratar de reforzar su poder en la organización, Shishani y su ambicioso confidente y propagandista de Karacháyevo-Cherkesia, Abu Jihad, decidieron captar a los rebeldes del Cáucaso Norte. El resultado fue la deserción más numerosa de combatientes de la zona a Daesh.

Los servicios de seguridad rusos, al parecer, abrieron las fronteras para que los radicales locales se fueran de la zona antes de los Juegos Olímpicos, a pesar de que Rusia considera delito la participación en grupos armados en el extranjero que vayan en contra de “los intereses de la Federación Rusa”. Sin embargo, desde la segunda mitad de 2014, las autoridades han recortado las salidas y persiguen de forma sistemática a los encargados de reclutar gente y recaudar fondos y a los posibles combatientes, al tiempo que han intensificado la presión sobre los salafistas no violentos, especialmente en Daguestán. En Chechenia, el tratamiento de los salafistas ha sido siempre más duro. El Ministerio del Interior checheno lleva a cabo campañas periódicas contra ellos; se habla de numerosas detenciones en 2015 e incluso de desaparecidos en la última parte del año. El líder ingusetio, Yunus-Bek Yevkurov, ejerce una política de no enfrentamiento; evitó que el clero oficial se quedara con la mezquita salafista más importante en Nasyr-Kort y trata de consolidar la base de fieles en la república. En Kabardia-Balkaria, los fundamentalistas tampoco se quejan de acoso sistemático por parte de los servicios de seguridad.

Los salafistas de la región subrayan que la religión es un motivo fundamental para que los rebeldes del Cáucaso Norte se unan a la yihad en Siria. Al contexto religioso inmediato hay que sumar unos agravios más de fondo que impulsan la radicalización: los conflictos no resueltos, gobiernos que no suelen rendir cuentas ni ser transparentes, malas circunstancias socioeconómicas y un profundo sentimiento de injusticia y privación de derechos. La oportunidad que les ofrece Daesh da a los violentos una alternativa a emprender una aventura suicida en su propio país, y hace aún más atractiva la idea de marcharse a cumplir sus compromisos religiosos.

Los radicales convencen a los jóvenes de que hacer la hijjra (emigración) o luchar por Daesh es la obligación individual (fardh ‘ajn) de cada musulmán, y quienes no lo hacen incumplen su deber para con Alá. Además, Daesh se presenta como un proyecto político factible, con un gobierno islámico eficaz. Asegura que es un Estado igualitario en materia de bienestar y proporciona pisos y subsidios a las familias de los combatientes. También da la oportunidad de ascender por méritos y de ejercer una venganza muy pública por la supuesta humillación mundial de los musulmanes.

Para impedir que el Cáucaso Norte siga proporcionando refuerzos a Daesh, Rusia debe desarrollar una estrategia de desradicalización que aproveche los recursos intelectuales de varios ámbitos y varias disciplinas, con expertos en la región, responsables de seguridad, educadores y dirigentes religiosos moderados. Los líderes fundamentalistas respetuosos con la ley pueden desempeñar un papel crucial entre la gente joven. También es importante la creación de cauces controlados y seguros para el regreso y programas para prevenir la radicalización en las prisiones. Los relatos de quienes vuelven desilusionados de Siria e Irak son tal vez el arma más poderosa para evitar nuevos reclutamientos.

Fuente: http://www.esglobal.org/la-insurgencia-en-el-caucaso-norte-y-siria-una-exportacion-de-la-yihad/

El hundimiento del Kurdistán irakí

Andre Vltchek

Se presentaba como ejemplo de un enorme éxito. Se nos decía que, en medio de un Oriente Medio devastado, rodeado de desesperación, muerte y dolor, una tierra en donde corría la leche y la miel brillaba como una antorcha de esperanza.

¿O era más bien un pastel delicioso rodeado de putrefacción? Este lugar excepcional se denominaba Kurdistán irakí, y oficialmente la “Región de Kurdistán”.

Era allí en donde el capitalismo victorioso inyectaba “masivas inversiones” en tanto que Occidente “garantizaba la seguridad y la paz”, las empresas turcas construían y financiaban innumerables proyectos, mientras que sus camiones cisterna y luego un oleoducto transferían cantidades pasmosas de petróleo hacia el Occidente. En el moderno aeropuerto internacional de Erbil, hombres de negocios europeos, soldados y expertos en seguridad se mezclaban con expertos en desarrollo de la ONU. Lufthansa, Austrian Airlines, Turkish Airlines, MEA y otro compañías aéreas importantes, se dedicaban a inaugurar vuelos hacia este nuevo centro neurálgico “chic” de Oriente Medio.

No hay que inquietarse si el gobierno de la Región de Kurdistán sigue chocando con la capital, Bagdad, respecto a las reservas de petróleo, la extensión de su autonomía y muchas otras cuestiones esenciales. No hay que preocuparse si (como a menudo se produce en las sociedades capitalistas extremas) los indicadores macroeconómicos revelan bruscamente un contraste aterrador con la creciente miseria de la población local.

En tanto que el petróleo corría, esta región autogobernada juraba su fidelidad eterna a Occidente. Después la economía comenzó a disminuir la velocidad; después llegó a detenerse por completo, y todos los indicadores sociales han caído en picado. La felicidad de los inversores occidentales y turcos, especialmente la de los manipuladores políticos, se hacia cada vez más molesta e insultante para aquellos que trabajaban duro en unir los dos extremos.

Y el día de mi partida, el 9 de febrero de 2016, en el “Kurdistán irakí” estallaron repentinamente una serie de violentas protestas a propósito de las “medidas de austeridad para evitar un hundimiento económico”.

Reuters informaba así: “Las protestas se han intensificado el martes en la Región de Kurdistán irakí. El boom económico de diez años en la región autónoma se ha detenido repentinamente en 2014, cuando Bagdad redujo drásticamente los subsidios tras la construcción por la Región kurda de su propio oleoducto hacia Turquía, y comenzó a exportar el petróleo de forma independiente. La consecuencia para el gobierno regional kurdo (GRK) fue que tuvo que emplearse a fondo para pagar los salarios de los funcionarios que se elevaban a 875.000 millones de dinares ir es, unos 721 millones de euros al mes. El KRG intentó equilibrar el déficit elevando las ventas independientes de petróleo a unos 600.000 barriles por día, pero, con los precios actuales, la región sigue con un déficit mensual de 380-400.000 millones de dinares, unos 646 millones de euros”.

Pero el conflicto con Bagdad y el déficit financiero no son las únicas cuestiones que han llevado a la actual situación, Las políticas sociales de la Región kurda eran grotescamente insuficientes desde hace mucho tiempo, y la ayuda social a la población local no fue nunca considerada como una prioridad.

Una noche me encontré con una especialista en educación de la ONU, Eszter Szucs, residente en Erbil. Tuvimos una entrevista corta e intensa: “El Kurdistán ir  no es desde luego un Estado social. La gente está descontenta con la situación. Protestan mucho, pero no consiguen nada. Los recursos naturales son privados. Los servicios sociales son en su mayoría muy caros, y aquellos que se lo pueden permitir viajan para su tratamiento médico a Turquía. La Región turca es un lugar muy complejo”.

“¿No es un paraíso en medio de un Oriente Medio carbonizado?”, pregunté, irónicamente. “Ciertamente, no” me respondió. “Hay, naturalmente, inversiones verdaderamente importantes procedentes del extranjero; principalmente de Occidente y de Turquía. Pero se orientan hacia un crecimiento macroeconómico. A la industria petrolífera. Poco llega a los bolsillos de la gente normal”.

Esto ya lo sé. He visto a la “gente normal” arrancar raíces sucias para cenar en medio de pueblos situados justo al lado de las refinerías de la KAR, la compañía petrolífera kurda.

El 9 de febrero, los manifestantes han estado en las calles de Suleimaniya, de Koya, de Hlabja y de Chemchemal. Era evidente que el “éxito” del Kurdistán ir  era un castillo de naipes. La situación ha llegado a ser insostenible, y todo ha empezado a hundirse gradualmente.

Mientras recorremos la carretera nº 2, que une Erbil con Mosul, he preguntado a mi intérprete: “¿Por que cree que no hay fondos para pagar los salarios, las pensiones, incluso los salarios de las fuerzas armadas locales, los peshmerga?”

“No hay dinero porque el precio del petróleo se ha desplomado, y debido a la guerra con el Califato Islámico”, dice el intérprete. “Antes, Bagdad cubría el 75 por ciento de los costes de los servicios sociales para nuestra gente… Ahora no envían nada”.

Planteo otra pregunta: ”Pero ¿por qué debieran ustedes recibir dinero de Bagdad si están mucho más cercanos a Washington? Ustedes continúan jurando fidelidad a Occidente, y se enfrentan al resto de Irak, amenazando con declarar la independencia. Incluso han construido ustedes un oleoducto directo a Turquía”.

“Pero Bagdad es aún nuestra capital”.

“Pero ustedes han roto sus relaciones con Irak y Medio Oriente”.

Silencio.

“¿Obtienen ustedes algún dinero, alguna ayuda sustancias de los Estados Unidos?”, le pregunto.

“No”.

“¿Está decepcionado el pueblo kurdo porque no recibe ningún apoyo de Occidente?”

“Si, muy decepcionado”, responde mi intérprete. “Nos sentimos poco seguros en nuestro propio país, especialmente en los últimos tiempos. Podría hundirse en cualquier momento. La gente de está deseando irse, ir a Estados Unidos o al Reino Unido”.

La carretera está rodeada de vertederos, y las líneas eléctricas y altas alambradas dividen la tierra. Y la tierra queda abandonada. Casi no existe agricultura. Todo es petróleo, bases militares, inactividad y apatía.

Nuestro vehículo se ve detenido en numerosos puntos de control. Mi colega se ve un poco agobiada, porque tiene un visado sirio en su pasaporte. Yo tengo otro iraní en el mío… Mientras se examinan nuestros documentos, camiones y camiones cisterna turcos nos pasan sin problemas, libremente, gozando de privilegios no explicados, pero evidentes.

Al sur de Erbil, en los pueblos cerca de Qustapha, la carretera está seriamente dañada por los camiones turcos y kurdos. En esta ruta que une Irak, Turquía e Irán, parece haber más camiones y camiones cisterna que coches o autobuses ordinarios. Todo ello tiene que ver con los negocios, el “comercio”. Las personas apenas viajan.

Hace unos días, furiosos ciudadanos bloquearon la carretera, exigiendo un cambio en las políticas sociales, y exigiendo que el gobierno actúe. Llego al pueblo de Degala. Allí, los guardias y la población local me miran con desconfianza. “¿Por qué protestaban ustedes?”, les pregunto. Intentan primero evitar las auténticas cuestiones: “Queremos que se repare la carretera”.

Vuelvo a insistir. “¿Por qué, realmente?”

Tras cierto tiempo se rompe el hielo y uno de los aldeanos comienza a hablar de sus quejas: “No hemos cobrado durante seis meses. En esta carretera lo vemos claramente: hay comercio, hay dinero, pero no obtenemos absolutamente nada. Estamos realmente enfadados. Los camiones transportan alimentos y petróleo, pero no se paran. Estamos abandonados”.

Durante el viaje a Erbil, compruebo el total abandono: los campos están sin cultivar. No hay diversificación de la economía. Le pregunto a mi conductor: “¿Era antes como ahora? ¿Producía alimentos el Kurdistán con Saddam Hussein?, ¿Había agricultura?”

“Si”, contesta, levantando los hombros. “Era… un país diferente”.

“¿Mejor?”, pregunto.

“Naturalmente, mucho mejor”.

Después, silencio.

Y ahora, hay una guerra.

Hace un año conseguí llegar a la línea del frente, a sólo 7 kilómetros de Mosul. Me enseñaron las colinas en poder del Califato Islámico, el puente destruido que cruzaba el río Khazir, y después Sharkan, Hassan Shami y otros pueblos bombardeados y arruinados por las fuerzas estadounidenses.

El comandante de batallón, coronel Shaukat, de la policía militarizada de Zeravani (una parte de las fuerzas armadas de los peshmerga) me llevó a dar una vuelta en su 4 x 4 blindado. Metralletas, humo y bravatas.

Le pregunté por el número de civiles muertos en aquellos pueblos.

“Ninguno”, me respondió. “Lo juro. Hemos proporcionado muy buenas informaciones para que las fuerzas de Estados Unidos supieran lo que había que bombardear”.

Me trataba como si fuera un novato en mi primera zona de guerra. Han muerto centenares, Era algo evidente y los parientes de las víctimas me lo confirmaron más tarde. Apenas alguna cosa quedaba en los pueblos. Más verosímilmente, la mayoría de las poblaciones han desaparecido durante el ataque. El coronel Shaukat se formó principalmente en el Reino Unido. Sabía cómo hablar.

Esta vez hablo con Omar Hamdy, el director de un hotel de cinco estrellas, el Rotana, en Erbil. “Yo soy irakí, de Mosul. Perdí a mi hermano y a mi tío en ese pueblo cuando la tomó el Califato Islámico. Desde luego que el Califato Islámico ha sido creado y sus fuerzas adiestradas por Occidente y por Turquía. Pero yo culpo igualmente al ejército irakí: 54.000 de sus efectivos han abandonado sus armas y han huido”.

“Pero”, le digo, “estaban muy probablemente acobardados, sabiendo que detrás del Califato Islámico se encontraban los países de la OTAN”.

“Si, efectivamente”, me responde.

“¿Y que diría usted de Rusia?”

“Me interesa mucho Rusia, mucho, y lo que ahora ha hecho en Medio Oriente. Rusia lucha de verdad contra el Califato Islámico. Estados Unidos llega, bombardea las poblaciones tomadas por el Califato Islámico, mata sobre todo a civiles y arroja armas ‘por error’ sobre los sectores a los que el Califato Islámico puede acceder… Tengo muchos amigos que luchan verdaderamente contra el Califato Islámico, en Mosul. Por ello estoy bien informado”.

Las familias están a los dos lados de la línea del frente, y los móviles funcionan. Es posible estar al corriente de la situación en Mosul llamando a los parientes y amigos.

Luego, Omar continúa: “Incluso aunque Mosul se liberara del Califato Islámico, habría muchas facciones y los conflictos serían perpetuos”.

“¿Nada diferente del escenario libio?”, le interrumpo.

“Exactamente. Nada diferente del escenario libio. Y además lo que me inquieta es lo que llega a los niños de Mosul, El Califato Islámico les adoctrina intensamente”.

“Esto sucede en muchos de los países que Occidente ha desestabilizado”, añadí.

El no lo sabía. Sabía solamente que esto se produce en su ciudad y en su país. A mi regreso al hotel, un británico hablaba de política con un recepcionista. Hablar de asuntos militares, a propósito del entrenamiento de los militares locales, y luego de producción petrolífera, está de moda o al menos es aceptable como interacción social entre la gente “distinguida” y los extranjeros varones.

Hay expertos de seguridad privada, militares, instructores, agentes de inteligencia y consejeros. Es una mezcla pasmosa de bravuconada militar, claramente condimentada con dogmas turbo capitalistas.

He estudiado las fuentes locales, y, cuanto más lo hago, más se hace evidente que las cosas van de mal en peor.

El director de estadísticas de Suleimaniya, Mahmud Osman, declaró recientemente a BasNews: “En comparación con 2014, los gastos de cada familia en 2015 han disminuido en un 30 por ciento. Esto incluye la compra de bienes básicos, para la casa, los transportes…la tasa de paro en la región [de Kurdistán] era del 7 por ciento en 2013, y ahora alcanza el 25 por ciento”.

También crece dramáticamente la pobreza. La región tiene formas muy laxas de calcularla: si una familia gasta menos de 105.000 dinares (78 euros) al mes, la familia se considera pobre. Esto corresponde a 20 euros por persona y mes, menos de 0,90 euros al día. Es necesario tener en cuenta que las familias kurdas tienen de media más de cuatro miembros.

Pregunto a mi conductor cuánto necesita una familia de cinco personas para sobrevivir dentro y fuera de Erbil.

“Como mínimo, 900 euros al mes en la ciudad, y 540 euros en el campo”.

“¿Cuántas familias ganan eso?”

“Ni la mitad… Mucho menos que la mitad”, dice.

Estoy desconcertado. Quiero saber, oír de la gente de la “Región” si su nivel de vida realmente se ha hundido.

En el pueblo de Kawergosk, un hombre de edad, Muhamad Ahmad Hasen, responde franca y fríamente sobre el tema. “Ellos [el gobierno, el sistema] no nos ayudan en nada. Ahora no tenemos nada absolutamente. ¿Ves tú allí aquella enorme refinería de petróleo? Son los únicos, y estamos abandonados. No hay nuevos empleos y subsistimos día a día”.

En otro pueblo hablo con una de las muchas familias que han conseguido escapar del territorio ocupado por el Califato Islámico. Vienen de la ciudad de Hammam al-Alil, cerca de Mosul. Están todos de acuerdo en que las cosas estaban mejor antes de la invasión estadounidense: “Cuando Saddam Hussein estaba en el poder, Irak era un país orgulloso y decente. La seguridad era buena. Ahora no sabemos ni quienes son nuestros enemigos, y quien está tras de ellos”.

En la puerta de al lado, una mujer me confía su difícil situación. Según la conservadora cultura de Mosul, no le está permitido hablarnos, pero tiene muchos hijos, todos al borde del hambre. Está desesperada y nos dice que “nuestros hombres están en los peshmergas. Combaten al Califato Islámico. Tengo siete hijos. Mi vecina tiene siete hijos. Ahora nadie trabaja. No existe ninguna ayuda. Ni los peshmergas cobran. ¡Todo es dificilísimo, y no se como vamos a sobrevivir!”
Los camiones y las cisternas turcas van y vienen por las carreteras, noche y día.

Hace poco tiempo, durante nuestra reunión en Estambul, el profesor E. Ahmet Tonak recapituló la situación entre Turquía y el Kurdistán irakí: “Turquía apoya mucho al régimen de Erbil: si no para grandes asuntos, si al menos por motivos económicos. Al que va allí, (al norte de Irak), a lo que nosotros llamamos el Kurdistán del Sur, notará que las sociedades turcas dominan casi totalmente esta región kurda…Hay petróleo, evidentemente, pero igualmente hay otro factor político: el régimen kurdo ir  es la única fuerza kurda en toda la zona que mantiene amistad con Ankara”.

Pero los aliados de la Región de Kurdistán no parecen demasiado interesados por la difícil situación de la población local. Mientras que el sistema social se hunde, Erbil se transforma en uno de los lugares más divididos de la tierra: con carreteras de doce carriles, las comunidades fragmentadas, ningún transporte público, casi ni un establecimiento cultural, pero si una abundancia de centros comerciales para los ricos, y hoteles de lujo para los extranjeros.

En un sector en el que la mayoría de personas viven con menos de 1 dólar al día, una habitación de hotel adecuada cuesta más de 315 euros, y el alquiler de un coche para un día de hotel es de alrededor de 360 euros. Una gran incertidumbre se siente en la Región de Kurdistán. Y esa incertidumbre engendra la cólera. Y la cólera puede llevar a la violencia contra el corrupto régimen pro-occidental.

¿Y cuál es la “solución” de Erbil?

Así informaba Reuters el 11 de febrero de 2016: “Massud Barzani, presidente de facto de la región de Kurdistán en Irak, admitió a principios de febrero que ‘ha llegado la hora de que los kurdos del país celebran un referéndum sobre la independencia’”.

Bagdad observa y advierte: “No lo hagan. No pueden vivir sin nosotros”.

Pero el régimen de la Región de Kurdistán parece muy testarudo. Como en todas las colonias de Occidente, siempre son los negocios: “El beneficio está por encima de la población”.

Vista de la ciudad kurda de Erbil

La criminalización de Hezbollah por la Liga Árabe es parte de la victoria de Siria

Amin Hoteit

Inmediatamente después de su derrota en Líbano en 2000, Israel comenzó a buscar la respuesta que compensaría su fracaso ante Hezbollah. Para ello, organizó la primera “Conferencia de Herzliya”. Luego llevó a cabo una serie de acciones hostiles contra la región, antes de llegar a su guerra contra el Líbano en 2006. Agresión sobre la que apostó el proyecto norteamericano-sionista como punto de partida de la creación de un Oriente Medio controlado por Estados Unidos, en donde no existiría un lugar para la resistencia ni para los que podrían soñar con ella. Pero el combate heroico de Hezbollah disipó sus sueños hostiles, resultando victorioso en esta guerra, instaurando las bases de una “disuasión activa” dolorosa para Israel.

Una de las consecuencias de esta victoria de 2006 fue el giro de los planificadores de ese proyecto de ocupación colonizadora hacia la estrategia denominada “soft power”, traducible como “poder inteligente”, tal y como el adoptado por las fuerzas de la OTAN en 2010, que tuvo como resultado el catastrófico incendio que Occidente presentó como la “primavera árabe”; en realidad una primavera norteamericana-sionista destinada a devastar el “Eje de la Resistencia” a partir de su principal baluarte, Siria.

Pero pese a la multiplicación de planes y estrategias, Siria, el Eje de la Resistencia y últimamente Rusia, han conseguido crear una nueva perspectiva fundamentada en tres constataciones:

– la agresión es incapaz de alcanzar sus objetivos, permaneciendo Siria unida e indivisible
– el peso militar y estratégico del Eje de la Resistencia es ahora más importante que hace cinco años
– el tiempo juega a favor de la Resistencia, y los agresores, cada día que pase, podrán obtener menos que el día anterior

De ahí procede la terrible decepción y la horrible frustración de los agresores y de sus aliados, estando cada uno de ellos condenado a escoger el camino para aliviar sus pérdidas y, eventualmente, invertir la situación en el momento oportuno. Eso es lo que explica la dispersión de la tomas de posición y la discordia convertida en la característica dominante en el seno de su bando, dividido entre realistas y los que se niegan a ver los hechos. En esta última categoría se encuentran Arabia saudí e Israel, protegidos por Estados Unidos, que, sin embargo, presiden la parte de los realistas, dirigiéndose hacia una solución política.

Arabia saudí considera que su fracaso en Siria se añade a todos sus demás fracasos en la región, lo que anula su espacio estratégico vital y lleva inevitablemente a la pérdida de su capacidad de controlar las decisiones del mundo árabe y musulmán.

En cuanto a Israel, este fracaso significa el fin del sueño por el que ha trabajado desde hace al menos quince años: destruir a Hezbollah, desmantelar el Eje de la Resistencia. Además, este fracaso coincide con el refuerzo de las capacidades militares de Hezbollah, que le permite alcanzar una nueva igualdad de disuasión estratégica, colocando a Israel ante la incapacidad de llevar a cabo por si solo una guerra victoriosa.

Y, como guinda para exacerbar la amargura de unos y otros, la cuestión siria emprende el camino de una solución política que supone, en caso de ser aplicada por todas las partes, consagrar los beneficios de los ganadores y las pérdidas de los perdedores, con algunos regalos de compensación que harían el fracaso menos estrepitoso.

Un contexto que ha llevado a israelíes y saudíes a intentar invertir la situación y volver al terreno para compensar estas pérdidas, alcanzando sus objetivos en todo o en parte. De ahí la alianza israelí-saudí declarada públicamente, tras haber sido durante mucho tiempo secreta, sin ninguna contemplación hacia palestinos, árabes y musulmanes, una alianza cuyo plan se resume en cuatro puntos:

El primer punto es la criminalización de Hezbollah y su resistencia, rodeándole por todos los flancos para hacer creer que constituye un peligro para el mundo entero, alcanzando así condiciones para una coalición internacional en su contra, semejante a la formada contra el Califato Islámico. Israel podría formar parte de esta coalición y por consiguiente no tendría que asumir en solitario la carga de combatir, escapando a la reciente situación de disuasión estratégica que se le ha impuesto. En este objetivo, los dos aliados compartirían las tareas.

Arabia saudí se ha encargado de presentarlo como una “organización terrorista”, bajo el pretexto de que representa “una amenaza para la seguridad nacional árabe”. Ha comenzado a trabajar a nivel local, antes de acudir al Consejo de Cooperación del Golfo y al Consejo de Ministros árabes de Interior. Tendrá que continuar su búsqueda en la cumbre árabe prevista para abril, y luego en la ONU.

Por lo que respecta a Israel, su tarea consiste principalmente en centrarse en la amenaza que Hezbollah representaría para “la población civil israelí y para la estabilidad de Oriente Medio”, y de ahí proceden sus declaraciones sobre sus capacidades ofensivas de 41.000 combatientes muy experimentados y 100.000 misiles, cuyo alcance sería de 10 a 350 kilómetros.

El segundo punto se basa en la explosión de la situación de seguridad libanesa y en la apertura de numerosos frentes contra Hezbollah, asociado al corte de sus medios y refuerzos. Es la causa de la escalada en el tono del discurso político y del transporte de armas hacia el Líbano.

Forma parte de esta operación el barco abordado actualmente en Grecia, que tras partir de Turquía se dirigía hacia Trípoli (Líbano) con 6.000 armas de fuego a bordo, incluyendo fusiles de alta precisión y 45 toneladas de municiones y explosivos. Y, de otra manera, la anulación de la “donación” saudí al ejército y a las fuerzas de seguridad libanesas formaría parte de esta misma operación, con el fin de privarlos de los medios necesarios para el restablecimiento de la seguridad una vez instalada la desestabilización.

El tercer punto consiste en desencadenar la guerra contra Hezbollah, tras la constitución de una amplia coalición internacional parecida a las que hemos conocido en el transcurso de las tres últimas décadas, comenzando por la instrumentada para liberar a Kuwait de Saddam Hussein y llegando a la supuesta coalición, siempre dirigida por Estados Unidos, contra el Califato Islámico. La idea de los diseñadores de este proyecto saudí-israelí es que esa coalición infligiría a Hezbollah una larga guerra que lo agotaría hasta el punto de exterminarlo.

El cuarto punto estriba en el torpedeo de cualquier solución política en Siria, planteando condiciones previas inaceptables hasta el fin del mandato presidencial de Obama, con la esperanza del regreso de los republicanos antes de concretar cualquier acuerdo. Así sería mucho más fácil discutir el asunto sirio y todos los demás asuntos, incluyendo el de Hezbollah. De ahí la obstinación del ministro saudí de Asuntos Exteriores en bloquear la solución prevista, aferrándose a la destitución del Presidente sirio.

La fase inicial de este proyecto, desarrollado por el régimen sionista en Israel, se está ejecutando por Arabia saudí utilizando todas las posibilidades mediáticas, financieras y políticas. Pese a ello, descartamos la posibilidad de que el plan saudí-sionista alcance el éxito yendo más allá de este estadio, porque las evoluciones en el escenario sirio y regional así como la coyuntura de las relaciones internacionales y regionales no le anuncian el triunfo. Hay que recordar el fracaso de su coalición árabe, de su coalición islámica y, últimamente, el rechazo al acatamiento por parte de los ministros de Interior de los principales Estados árabes, para afirmar que la locura saudí no lleva al éxito.

En cuanto a Israel, podría considerarse ganador cualquiera que sea el desenlace, porque le basta recoger los beneficios de la “normalización con los árabes”, con los que se situaría en la misma trinchera contra Hezbollah, contemplado como el enemigo que lo obliga a gastar el 80 por ciento de su producto nacional en su defensa y en su seguridad.

Lo más peligroso de esta alianza denominada “árabe-israelí”, es que pueda pasar página de la cuestión palestina, llevando a su abandono por los árabes. Consideramos que Hezbollah prepara para cada situación la respuesta que conviene, a fin de ofrecer a quienes le apoyan la victoria que merecen.

Fuente: http://thawra.sy/_kuttab_a.asp?FileName=42100984920160306222201

Dora La Exploradora está con el Califato Islámico

Los milicianos kurdos han abatido un globo de helio con una imagen de Dora La Exploradora. Según el diario Daily Mail (*), a falta de drones, el Califato Islámico utiliza globos de helio  en tareas de reconocimiento.

A falta de drones los equipan con cámaras de vídeo miniaturizadas y los envían más allá de las trincheras para vigilar al enemigo.

Los globos les obligan a los yihadistas a estar pendientes de la meteorología y, sobre todo, del viento.

Los kurdos lograron derribar uno de los globos y han publicado la foto de Dora La Exploradora en internet.

La Agencia France Press dice que el artilugio es consecuencia de la actual falta de medios de los yihadistas, que están faltos de personal y tienen que recurrir -cada vez más- a mujeres y niños.

De esa manera se explica la presencia de la heroína infantil en los globos. Dora La Exploradora es un personaje animado de la televisión muy conocido en los medios infantiles.

Mujeres y niños están siendo utilizados cada vez con más frecuencia en atentados suicidas. Las últimas explosiones se han ejecutado con bombas de fabricación casera.

(*) http://www.dailymail.co.uk/news/article-3485064/Cash-strapped-ISIS-using-Dora-Explorer-balloons-spy-peshmerga-forces-t-afford-drones.html

Los kurdos desplazan en masa a la población árabe de Irak

Los peshmergas del gobierno regional del Kurdistán en el norte de Irak han arrasado con bulldozers, incendiado, volado y reducido a cenizas millares de viviendas con el aparente fin de desarraigar a la población árabe, en represalia por su supuesto apoyo al Califato Islámico.

Imágenes obtenidas vía satélite muestran la amplia destrucción sembrada por los peshmergas, y en algunos casos por las milicias yazidíes y los grupos armados kurdos de Siria y Turquía que actúan en colaboración con los peshmergas.

Las fuerzas armadas del gobierno regional del Kurdistán parecen ser la punta de lanza de una campaña concertada dirigida a desplazar a las poblaciones árabes, destruyendo pueblos enteros en las zonas recuperadas al Califato Islámico en el norte de Irak.

Los residentes árabes que huyeron de los combates en sus localidades se ven ahora impedidos por las fuerzas del gobierno regional de Kurdistán de volver a las zonas recuperadas y tienen grandes dificultades para sobrevivir en campamentos improvisados en donde las condiciones son desesperadas.

Muchos han perdido sus medios de subsistencia y todas sus propiedades, y no tienen lugar al que volver, al haber sido destruido su domicilio.

Los desplazamientos forzados de la población y las extensas destrucciones de vivienda han sido especialmente intensos en las provincias de Nínive, Kirkuk y Diyala, que fueron recuperadas por los peshmergas al Califato Islámico entre septiembre de 2014 y marzo de 2015.

Si bien los responsables del gobierno regional de Kurdistán justifican los desplazamientos de población árabe invocando la seguridad, parece que esta práctica tiene por finalidad castigar a esta población por su supuesta simpatía hacia el Califato Islámico.

Las milicias kurdas pretenden consolidar las ganancias territoriales en zonas en disputa que siempre han reivindicado para sí. Esto se inscribe en el contexto de una voluntad de rectificar los abusos cometidos por el régimen de Saddam Hussein, que había desplazado por la fuerza a los kurdos e instalado después a los árabes en estas zonas.

La población de Raqqa saluda al ejército regular sirio

La población de Raqqa, ciudad del noreste de Siria ocupada desde 2013 por el Califato Islámico, se ha manifestado contra la presencia de los terroristas y en apoyo del ejército regular.

Cinco barrios de Raqqa, donde los yihadistas habían instalado su centro de operaciones, han sido escenario de combates entre residentes de Raqqa: los de Dariya, Ramliya, Firdus, Al Uyaili y Al Bakri. Los manifestantes han izado en ellos la bandera de la República Árabe Siria.

Las banderas aparecieron en los cinco barrios de Raqqa, lo que incitó a los habitantes de los mismos a descender a las calles para expresar su apoyo al ejército regular.

Poco después, se produjeron violentos enfrentamientos entre residentes y terroristas takfiríes.

El sábado los milicianos del Califato Islámico bloquearon las salidas de la ciudad para impedir cualquier abandono del feudo por parte de sus habitantes.

Sin embargo, unos 200 combatientes decidieron pasarse al lado del ejército regular y luchar contra sus antiguos compañeros.

Según fuentes militares, los combates entre los ciudadanos de Raqqa y los terroristas del Califato Islámico se intensificaron en los cinco barrios mencionados.

Los habitantes tienen sus esperanzas puestas en los avances del ejército regular y sus aliados populares en el este de la provincia de Alepo y el noreste de la de Hama, que están amenazando a la autoproclamada capital del Califato Islámico.

Desde octubre de 2015, el ejército regular ha capturado unas 50 localidades en el este de Alepo durante una ofensiva que levantó el sitio impuesto por el Califato Islámico a la base aérea de Kuweires.

Además, las fuerzas del gobierno han avanzado a lo largo de la Autopista M45 de Hama a Raqqa y han alcanzado el lado occidental de la provincia de Raqqa. Por su parte, los combatientes kurdos del las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG) han tomado el control sobre la zona norte de la provincia.

Fuente:http://www.almanar.com.lb/spanish/adetails.php?eid=121724&cid=23&fromval=1
 

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