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Nazis y sionistas: ¿cuándo acabará el mayor tabú histórico de la posguerra?

Son cosas tan sabidas como calladas. Incluso los propios sionistas lo han reconocido desde hace muchos años, pero es algo que interesa mantener bajo la alfombra, todo un tabú que ya forma parte de la historia, sobre todo de la historia de la manipulación.

En 1989 el diario israelí “Jerusalem Post” admitió los vínculos de los sionistas con los nazis porque unos y otros perseguían el mismo objetivo: sacar a los judíos de Alemania para llevarlos (deportalos, en realidad) a “su sitio” (Palestina).

El diario se refería a un caso concreto: los vínculos establecidos en 1941 entre el III Reich y los sionistas-terroristas de Stern Gang que dirigía Isaac Shamir.

En realidad tales vínculos proceden de la llegada de los nazis a la Cancillería en 1933, pero pasaremos por alto este detalle (al menos de momento).

Cuando el “Jerusalem Post” destapó el asunto, la agencia Reuters lo reprodujo, calificándolo como “el fin de un tabú nacional”, creyendo que bastaba la divulgación “nacional” en Israel para que los vínculos entre nazis y sionistas fueran conocidos por todo el mundo. Si los israelíes, que estaban implicados de manera directa, los admitían, la historia de la Segunda Guerra Mundial debería acabar con sus propios mitos.

Obviamente, no ha sido así; seguimos leyendo toda clase de basura sobre la Shoah, el Holocausto (con mayúsculas) judío y demás, con el agravante de que es algo que no se puede poner en duda porque te acusan de nazi, de negacionista e incluso te meten a la cárcel porque está considerado como un delito.

En el caso concreto de Shamir, que fue Primer Ministro de Israel en los ochenta, el asunto es harto evidente: además de compartir los mismos objetivos políticos, los nazis y los sionistas utilizaban los mismos métodos terroristas, por lo que no es de extrañar que llegaran a acuerdos entre ellos.

Hay otra conclusión obvia: a los sionistas les importaba un bledo que los nazis asesinaran masivamente a los judíos porque ellos nunca intentaron defenderles sino defender la creación de un nuevo Estado en Palestina a su imagen y semejanza, es decir, terrorista, basado en la deportación y el exterminio de los árabes.

En 1941, cuando la “Solución Final” ya estaba en marcha en Alemania, Shamir buscaba la cooperación de los asesinos en la creación de lo que siete años después se convirtió en el Estado de Israel.

Para ocultar sus propios planes, los sionistas divulgaron que en la Segunda Guerra Mundial quienes se aproximaron a los nazis no fueron ellos sino los árabes.

Se trató de una disputa típica entre potencias imperialistas, donde la hegemonía regional correspondía entonces a los británicos. El plan de Shamir consistía en poner a su banda terrorista al servicio del III Reich contra los británicos y les dio muestras de su eficacia: en 1944 Shamir asesinó a Lord Moyne, virrey de Gran Bretaña en Oriente Medio.

Shamir no sólo era un sionista y un terrorista. No sólo trató de venderse a Hitler sino también a Mussolini porque era un fascista. El mundo ha tenido que soportar sin sonrojarse que alguien así estuviera hasta 1992 a la cabeza de un Estado moderno.

Tan moderno que tiene armas nucleares a su disposición. Ahora pensemos por un momento en un nazi-sionista como Shamir provisto de tales capacidades armamentistas…

El III Reich creó esta medalla para recordar su alianza con los sionistas. A un lado tenía la cruz gamada y al otro la estrella de David

‘Preferiría que me lo hubierais dado cuando estaba vivo’

Dos años después de la exhumación, los restos de cuatro guerrilleros asesinados por el franquismo han regresado a casa. Eran combatientes del ejercito guerrillero gallego asesinados diez años después del fin de la guerra. Los familiares se han emocionado en el homenaje.

Los restos de cuatro guerrilleros asesinados por el franquismo, una mujer y tres hombres, han sido entregados a sus familiares en un homenaje en la localidad coruñesa de Val do Dubra. Entre aplausos, los han depositado en el escenario de un auditorio, cubiertos con la bandera gallega y una rosa blanca.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica lleva casi dos años reclamando sus restos, desde que los exhumaron en la fosa común de Paramos. «Algunos son hijos de estas personas que llevan toda la vida esperando este momento y este tipo de actos siempre son una enorme carga emotiva», ha dicho Bonifacio Sánchez, portavoz de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica.

«Preferiría que me lo hubierais dado cuando estaba vivo», se ha expresado emocionada Ermitas, hija de una de las víctimas del franquismo. Perdió a su padre cuando tenía 13 años y, por fin, después de casi 70 años, se reencuentran. Otros también tenían la esperanza de encontrar a su familiar perdido en la fosa, pero las pruebas de ADN les obligan a seguir buscando.

Algunos vecinos de la localidad, incluso, fueron obligados a participar en los enterramientos. Julio, siendo apenas un niño, tuvo que cavar la fosa: «El cura que llevaba la parroquia dijo: esta gente no puede enterrarse en sagrado». Pero, después de la espera, por fin podrán descansar junto a su familia.

https://www.lasexta.com/noticias/nacional/los-cuatro-guerrilleros-asesinados-por-el-franquismo-llegan-a-casa-preferiria-que-me-lo-hubierais-dado-cuando-estaba-vivo_201807285b5cc3d90cf2dabc9cc38d44.html

‘Que mi nombre no se borre en la historia’: la orgía de fusilamientos del verano de 1939 en Madrid

En la madrugada del 5 de agosto de 1939, cincuenta y seis personas fueron fusiladas en la tapia del cementerio del Este de Madrid. Entre ellas estaban las «Trece Rosas».

El mes de abril de 1939 fue caótico en Madrid. En la capital conquistada -donde regía el estado de guerra impuesto por el general Espinosa de los Monteros, comandante del I Cuerpo de Ejército y primer gobernador militar, reinaba la sed de venganza y se produjeron numerosas ejecuciones extrajudiciales.

Superados esos primeros días, se puso en marcha la máquina judicial del nuevo régimen, con consejos de guerra sumarísimos sin garantía alguna para los reos, y que solían desembocar, sin piedad alguna, en condenas a la pena capital.

La primera ejecución en la tapia del cementerio data del 16 de abril de 1939. El día más terrible fue el 24 de junio (ciento dos ejecuciones), seguido del 14 de junio (ochenta y dos ) y el día 4 de junio del mismo mes (cuarenta). El 24 de julio fueron ejecutadas cincuenta personas, pero el ritmo se redujo durante una semana (solo cuatro reos fusilados el día 29). El 31 de julio fueron llevados al paredón treinta y cinco republicanos.

Todos los asesinados aquella mañana del 5 de agosto -trece mujeres y cuarenta y tres hombres- residían en Madrid, Puente de Vallecas y Chamartín de la Rosa, salvo uno, de Ciudad Real. Los más jóvenes eran Virtudes González García, José Gutiérrez González, Isidro Hernández de la Fuente, Victoria Muñoz García, Gil Nogueira Martín y Luisa Rodríguez de la Fuente. Tan solo dieciocho años. Una gran mayoría tenía menos de treinta.

Hasta aquel día habían sido fusiladas dieciocho mujeres (María Panticosa Riaza el 7 de mayo; Milagros Albarrán Muñoz el 26 de mayo; Concepción González Martínez el 4 de junio; Manuela y Teresa Guerra Basanta el 24 de junio; Ángeles Pomariega Panizo el 8 de julio; Felicitas Manjón García el 12 de julio; Carmen Santos Bueno el 14 de julio;  Francisca Orejón López el 17 de julio; Ángela Jiménez Sebastián, Josefa Perpiñán García y Clotilde Vidal Martín el 24 de julio; Juana Benito Sanz, Visitación Blanco González, Josefa Gutiérrez Moreno, Isabel Huelgas de Pablo, Aurora López Lobo y Josefa Rodríguez Fernández el 31 de julio). Solo aquella madrugada del 5 de agosto fueron fusiladas trece. Las «Trece Rosas». En su carta de capilla, Julia Conesa Conesa escribió:

«Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar.  Besos para todos, que ni tú ni mis compañeros lloréis. Que mi nombre no se borre en la historia»

Entre 1939 y 1940 se ejecutó en la tapia a unas 2.000 personas. Los fusilamientos continuaron hasta 1944 (el último data del 4 de febrero de ese año), aunque la media diaria fue decreciendo, y posteriormente en las instalaciones militares de Carabanchel. En el listado oficial del Ayuntamiento de Madrid pueden consultarse los nombres de los casi 3.000 ejecutados.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/5-agosto-epicentro-terror/20180725095702154210.amp.html

Lenin: la transformación de la guerra imperialista en guerra civil

El derrotismo es un concepto que habitualmente se emplea en un sentido negativo, como pesimismo. El derrotista se rinde antes de empezar la batalla.Sin embargo, durante la guerra ruso japonesa de 1905, la Segunda Internacional defendió la derrota del zarismo, que en el caso de los marxistas rusos suponía la derrota de su propio país, e incluso más: la derrota de todo un continente, la vieja y reaccionaria Europa, frente al Asia emergente, escribió Lenin.

El movimiento obrero internacional defendió esta postura a pesar de que se trataba de una guerra de naturaleza imperialista, una situación que se reprodujo en 1912, ya antes de estallar la Primera Guerra Mundial.

A partir de entonces el derrotismo adquirió un nuevo significado: positivo, internacionalista y revolucionario, aunque la Segunda Internacional se deshizo de él, pasando a ser asumido exclusivamente por los leninistas. Ante la guerra imperialista los revolucionarios asumen, pues, una postura que no tiene nada que ver con la de ninguna otra organización política.

Según la conocida caracterización de Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Por lo tanto, no todas las guerras son iguales. Hay que analizar la naturaleza de cada una de ellas en concreto, decía Lenin: “Hay que situar esta guerra [la Primera Guerra Mundial] en las condiciones históricas en que transcurre. Sólo entonces se puede determinar la actitud ante ella”.

“La actitud ante la guerra debe ser distinta en momentos diferentes”, añade Lenin, porque su carácter cambia con el tiempo. Mientras las guerras del siglo XIX fueron revolucionarias, las del siglo siguiente fueron reaccionarias, como consecuencia de la entrada en la fase imperialista del capitalismo, una época caracterizada por las guerras precisamente, el rearme y el belicismo. Las guerras actuales son inherentes al imperialismo, lo mismo que las revoluciones. “La guerra significa la revolución”, escribió Lenin, lo que a veces se expresa diciendo que “o la revolución impide la guerra, o la guerra desencadena la revolución”.

“El marxismo no es pacifismo”, escribió también. Los marxistas no están “contra la guerra” ni son neutrales dentro de ella, ni se lavan las manos con la excusa de las contradicciones entre unos imperialistas y otros, que se plantean como si se tratara de algo que les resulta ajeno. No se escudan en frases vacías, como la de que no hay imperialismo bueno, o que le resultan indiferentes tanto la victoria como la derrota o expresan el deseo que no haya vencedores ni vencidos. Sólo hay una línea realmente marxista: “En una guerra reaccionaria, una clase revolucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno”, afirmó Lenin.

El derrotismo es lo más opuesto posible a la que el chovinismo y patrioterismo burgués quiere arrastrar porque se dirige contra su propio país, por lo que en todas partes los revolucionarios son acusados de traidores, de vendidos al “enemigo” o a unas u otras potencias, frente a las cuales sólo cabe la neutralidad. La burguesía aprovecha la ocasión para acusar a los internacionalistas de “falta de amor a la patria”, una especie de vacío nacional o de raíces, e incluso de desarraigo. Una vez más fue Lenin quien lo tuvo que aclarar: a los bolcheviques “nos invade el sentimiento de orgullo nacional”, escribió en 1914, aunque la Rusia que amaba Lenin no era la zarista precisamente, sino la otra, la que luchaba contra el zarismo.

La postura leninista frente a la guerra también se opone a los reformistas, que se convierten en un apéndice de la propia burguesía, es decir, en socialimperialistas y, por lo tanto, acaban con el internacionalismo, que es el signo distintivo del movimiento obrero

El enemigo de la clase obrera no es otro país, ni mucho menos el proletariado de otro país, sino la burguesía propia, que es la que conduce al país a la guerra y los revolucionarios tratan de derrotar a esa burguesía, de donde deriva la consigna de “transformar la guerra imperialista en guerrra civil”, a la que Lenin califica como “la única consigna proletaria justa”.

“Lo que ve y siente todo obrero consciente es que, si debemos perder la vida, que sea luchando por nuestra propia causa, por la causa de los obreros, por la revolución socialista y no por los intereses de los capitalistas, de los terratenientes y los zares”, escribió.

La neutralidad de los reformistas conduce siempre a la peor de las políticas posibles, la pasividad, que convierte la “lucha” contra la guerra imperialista en frases vacías, tales como “guerra a la guerra”. En medio de una guerra, por reaccionaria que sea, el movimiento obrero internacional, además de tomar partido abiertamente, debe llevar a cabo una actividad práctica, revolucionaria: “Las acciones revolucionarias contra el gobierno propio en tiempos de guerra significan indudable e indiscutiblemente no sólo el deseo de su derrota, sino tambien aportar un concurso activo a esa derrota”.

Incluso dirigentes reconocidas del movimiento obrero, como Rosa Luxemburgo, criticaron el derrotismo de Lenin y sostuvieron que tanto la victoria como la derrota de unos u otros eran malas alternativas, una postura que, por un costado o por el otro, se vuelve a plantear dentro del movimiento obrero internacional, una y otra vez.

Luxemburgo no entendió nunca la postura de Lenin, y la propia prensa del Partido bolchevique llegó a censurar algunos de sus artículos. El derrotismo, escribió Lenin, no se podía plantear sólo desde un punto de vista nacional sino también internacional. Tanto la victoria como la derrota de una determinada potencia en una guerra tiene consecuencias, tanto internas como internacionales.

Por lo demás, el derrotismo que los bolcheviques preconizaban no sólo se refería a Rusia como país, ni tampoco como potencia imperialista. Se refería a la derrota de un régimen político, el zarismo, el enemigo principal de la clase obrera:

“En cada país, la lucha contra el gobierno propio que sostiene la guerra imperialista no debe detenerse ante la posibilidad de la derrota de dicho país como resultado de la agitación revolucionaria. La derrota del ejercito gubernamental debilita a ese gobierno, contribuye a la liberación de las nacionalidades que oprime y facilita la guerra civil contra las clases dirigentes.

“Esta tesis es acertada especialmente si se aplica a Rusia. La victoria de Rusia traería consigo el fortalecimiento de la reacción mundial, la intensificación de la reacción dentro del país…”

Tanto los zaristas como los trotskistas criticaron el derrotismo leninista porque -según decían- deseaba la victoria de Alemania. ¿Acaso los bolcheviques preferían la victoria de los alemanes en lugar de los rusos? Ni entonces ni ahora se entendió que, movido por su partidismo, para Lenin la derrota de Rusia en la guerra era un “mal menor”, una expresión que repite una y otra vez machaconamente: “La derrota de Rusia ha resultado ser el mal menor, ya que hizo avanzar enormemente la crisis revolucionaria”.

Un análisis concreto, como el que lleva a cabo Lenin de la Primera Guerra Mundial, pone de manifiesto que los burgueses, los Estados, los imperialistas o los regímenes políticos de unos u otros países no son equiparables. Hace un siglo para el proletariado internacional era especialmente deseable la derrota del zarismo porque se trataba del gobierno “más reaccionario y bárbaro que oprime al mayor número de naciones y a la mayor masa de población de Europa y Asia”.

Por lo demás, los oportunistas siempre presentan la cuestión a la inversa. La guerra imperialista no sólo concierne al proletariado, sino también a la burguesía. En una etapa de crisis revolucionaria, escribió Lenin, la única manera que tenía el zarismo de mantenerse en el poder era participar en una guerra exterior de la que -naturalmente- confiaban salir victoriosos.

La experiencia histórica confirmó la exactitud de las previsiones de Lenin. La guerra imperialista no sólo inició la crisis revolucionaria en Rusia sino en toda Europa. No benefició a unos imperialistas (los alemanes) en perjuicio de otros (los rusos), sino que debilitó a ambos. Tras las guerras imperialistas en Rusia estallaron tres revoluciones en 1905, en febrero de 1917 y en octubre del mismo año, y lo mismo ocurrió en Alemania, donde también se abrió camino a la revolución.

Matanza de Badajoz 1936: los fascistas sembraron el terror a sangre y fuego

Campesinos que habían osado enfrentarse al feudalismo de los señoritos dando vida al sueño de la reforma agraria. José Herrera Petere: “La carne y la sangre viva, el trabajo, el sudor, las lágrimas y el hambre, salían al encuentro de la bisutería, las barras de carmín, los polvos, el colorete, las rentas artificiales, las trampas, la hipocresía”. República y al fin la tierra para quien la trabaja. Pacíficos jornaleros, a lomos de burros y pertrechados de azadas, dispararon a la tierra con sus arados en 280 pueblos, comenzando a labrar más de 3.000 fincas. Los terratenientes y sus caciques jamás les perdonaron aquella insolencia, el propósito de vivir dignamente, sin servidumbre ni amos.

El Ejército de África, el general Yagüe, las columnas de Asensio y Castejón se dirigieron a Badajoz, importante porque representaba el faro de la reforma agraria republicana. Pero Badajoz no se rendía, yunteros, lavanderas, ferroviarios, costureras, albañiles, maestras, mecánicos, criadas, médicos… decidieron resistir, defender la República. Durante días Badajoz padeció el bombardeo aéreo incesante y los obuses sembrando el terror, las columnas sublevadas habían puesto el cerco. Las milicias populares defendían la ciudad pero no llegaba artillería ni aviación de Madrid. La ciudad tenía sus horas contadas. A los republicanos les sobraba corazón, pero les faltaban municiones. La defensa heroica sucumbió. Badajoz cayó, empezó la escabechina, la carnicería más monstruosa que se pueda imaginar.

Los republicanos detenidos en la Catedral de San Juan fueron fusilados en los altares. Los arrestados por toda la ciudad congregados en la plaza del Ayuntamiento fueron ametrallados por grupos, a centenares, pero el genocidio no había hecho más que empezar: Mutilación, castración de cadáveres, ametrallamientos colectivos, saqueo indiscriminado, violaciones, degüellos. Yagüe ordenó el encierro de los prisioneros en la plaza de toros. Se entregaron invitaciones para acudir al festejo, se instalaron focos para iluminar. En los tendidos señoritos, falangistas, terratenientes, señoritas cristianas, devotas de la alta sociedad, monjas, frailes, aguardaban impacientes la orgía de sangre que se avecinaba.

Jorge Pinto, terrateniente de Olivenza hacía bailar a las mujeres antes de matarlas. El sargento moro Muley vestido de torero usaba la bayoneta como estoque contra la cara y cuello de los prisioneros. La gente de ley y orden daba olés y aplausos cuando los prisioneros eran banderilleados. El miliciano Juan Gallardo Bermejo le arrebató la bayoneta a uno de los legionarios-torero y lo mató. Se retiraron de la arena moros y legionarios y comenzó un ametrallamiento masivo. No más de 2 o 3 personas sobrevivieron de más de 4.000; se llenaron las fosas comunes. Texto de Julián Zugazagoitia: “Cientos de prisioneros atraillados como perros de caza, eran empujados al ruedo para blanco de las ametralladoras que los destruían con ráfagas implacables”.

El periodista Jay Allen, del Chicago Tribune contó 1.200 asesinados solo el día 15, entre ellos el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero y el diputado socialista Nicolás de Pablo. El día 25 publicó: “Les llevan al ruedo, hay ametralladoras esperándoles, la sangre subía un palmo del suelo… 1.800 hombres- mujeres también- fueron abatidos en 12 horas”. Jacques Berthet, corresponsal del Journal de Genève (actual Le Temps): “Alrededor de 1.200 personas han sido fusiladas, las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre, arrestos, ejecuciones en masa en la Plaza de Toros”. Le Populaire: “17 de agosto. continúan las ejecuciones en masa en Badajoz, sobrepasando los 1.500, entre ellos militares republicanos, el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega, suboficiales, soldados. Mario Neves, Diario de Lisboa: “En las avenidas principales, larga hilera de cadáveres insepultos, los legionarios y los moros encargados de las ejecuciones quieren que sirvan de ejemplo”. Yagüe lo confirmó al corresponsal del New York Herald, John Whitaker: ”Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez? En el libro “La columna de la muerte” Francisco Espinosa documenta 1.389 ejecuciones, y constata hasta 3.800. Según Paul Preston podrían ser 2.500.

La victoria final del bando sublevado y la desaparición de todos los archivos municipales y provinciales relacionados con los sucesos de Badajoz han hecho que estos jamás hayan sido llevados ante un tribunal. El partido popular, heredero directo de la dictadura, ha destinado cero euros, en sus cinco legislaturas, a todo lo relacionado con la memoria histórica. En España 140.000 personas siguen actualmente “desaparecidas”.

http://kaosenlared.net/badajoz-agosto-de-1936-cuando-el-diablo-sonrio-a-yague/

La fortuna delictiva de Juan Carlos de Borbón empezó con el franquismo

Javier Giral Palasí

España gracias a La Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado aprobada en 1947 y llevada a referéndum, quedaba constituida como un reino cuya jefatura del estado correspondía al general Franco hasta su muerte o incapacidad, y además quedaba encargado de nombrar, cuando lo estimase oportuno, a su sucesor a título de rey, lo que no ocurrió hasta 1969.

Tras la aprobación de La Ley de Sucesión, y tras la reunión entre Don Juan y Franco en el yate Azor, llegó a España en 1948 el pequeño Juan Carlos de Borbón, que contaba con 10 años de edad, para ser educado en territorio nacional. Aunque aún era pronto para saber a qué miembro de la familia real elegiría Franco.

Por aquel entonces Don Juan no tenía mayor fortuna que los restos que no había dilapidado su padre, el rey Alfonso XIII, en safaris, hoteles de lujo y burdeles y tras huir de España en 1931. Rey que se fue camino del exilio con una considerable suma de dinero, guardada en diferentes bancos extranjeros, y tras las famosas elecciones de 1931, que por cierto no ganaron los partidos republicanos sino las fuerzas monárquicas con una proporción de 4 a 1.

Al no poseer Don Juan una gran fortuna, tanto él como su hijo Juan Carlos tenían que ser entonces ayudados económicamente por varias familias de la nobleza española. Pero resulta que aquel niño Juan Carlos, que llegó a España con penurias y necesidades, actualmente posee una fortuna fabulosa.

En el año 2003 la revista Forbes publicó que el rey Juan Carlos de Borbón es dueño de una fortuna de 1790 millones de dólares, una cifra aproximada a la que después dio Eurobusiness. Otros medios (siempre extranjeros, pues aquí ha reinado  la ley del silencio durante décadas) como The New York Times elevaron esa cifra hasta los 2300 millones de dólares (unos 1800 millones de euros al cambio), además de hablar de una red de testaferros para ocultar esa fortuna.

Cifras que obviamente no cuadran con el sueldo oficial que tenía Juan Carlos de Borbón de 140.000 euros al año (gastos de representación aparte), pues desde el milagro de la multiplicación de los panes y los peces no hemos visto un hecho similar.

En España tras la información de la revista Forbes, la propaganda cortesana nos dijo que aquel dato no era correcto porque al parecer la revista Forbes había incluido el patrimonio nacional a la fortuna del rey, o sea, palacios, cuadros, obras de arte, etc. Algo que sólo se explica en el propósito de seguir tomándole el pelo al pueblo español.

A partir de 2013 la revista Forbes dejó de incluir a Juan Carlos en su lista de las 100 personas más ricas de España.  De repente la revista alegó desconocer la fortuna del rey Juan Carlos I, y entonces otros nos preguntamos a qué se debía esta “ignorancia repentina”, aunque el motivo lo podemos imaginar.

Pero, cortinas de humo aparte, hay quien ha indicado de dónde procede la mayor parte de la fortuna del rey Juan Carlos; como el Doctor en Ciencias Económicas D. Roberto Centeno, quien ha sido testigo de primera mano, y quien ha tenido que pagar su correspondiente precio siendo apartado y vetado en diferentes televisiones y radios.

Roberto Centeno fue Consejero Delegado de CAMPSA entre 1977 y 1991 (el antiguo monopolio del petróleo en España), y también  fue consejero de ENAGAS entre 1971 y 1977. Es un personaje de la derecha liberal y no sospechosa de republicanismo. Roberto Centeno ha contado en diferentes entrevistas grabadas en vídeo, que fácilmente podremos encontrar, como siendo consejero de CAMPSA y por tanto encargado de pagar los suministros del petróleo, descubrió como Juan Carlos de Borbón se llevaba entre uno y dos dólares por barril de petróleo que compraba el estado a los países árabes, para lo que Juan Carlos utilizaba como intermediario a Manuel Prado y Colón de Carvajal, persona que después acabó en la cárcel. Es decir, los españoles entonces pagaban el petróleo más caro gracias a las comisiones del monarca.

Roberto Centeno suele referirse a la anécdota que le sucedió en 1979 y en plena crisis del petróleo. Como Consejero Delegado de CAMPSA, tenía el mandato del Consejo de Ministros de conseguir el petróleo lo más barato posible. De este modo, y tras intermediación de Fernando Schwartz, embajador español en Kuwait, con los directivos de la Kuwait Petroleum Company, Roberto Centeno consiguió 150.000 toneladas de petróleo, al cual le debían seguir otros cargamentos a precio de mercado. La operación estaba hecha hasta que el intermediario del rey, Manuel Prado y Colón de Carvajal, apeló al entonces ministro de hacienda de la UCD, Francisco Fernández Ordóñez, para que no se llevara a cabo. Pues el rey ya tenía acordado otros cargamentos, con sus correspondientes comisiones, con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, a un precio obviamente superior.

Por tanto el origen de la fortuna del rey procede en gran parte de las comisiones del petróleo, pero no son las únicas, pues periodistas como Jesús Cacho, han constatado el cobro de comisiones incluso antes de llegar a la jefatura del estado, desde el negocio de la carne en Argentina, a la especulación financiera, la trama inmobiliaria, el robo de las obras de arte del ducado de Hernani, los contratos de venta de armas, o sus amistades con personajes de la élite económica que después terminaron enjuiciados (como Mario Conde, Javier de la Rosa, los Albertos o José María Ruiz Mateos); además de donaciones de banqueros, nobles y empresarios; sin renunciar a un crédito que recibió Juan Carlos de Borbón por importe de 100 millones de dólares y que a día de hoy no hay constancia que haya sido devuelto a la monarquía saudí (por más que esta lo intentó); sin olvidar la estafa al emirato de Kuwait con el escándalo KIO, por el que la mediación de Manuel Prado se llevó 160 millones de dólares (otros estiman  que  fueron  200 millones) por  prometer  que  los americanos pudieran  usar las bases españolas  en la guerra del golfo, algo que no era competencia del rey sino del gobierno.

Pero después de saber todo esto recuerde que según el artículo 56 de la Constitución del 78, “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” por tanto no se le puede enjuiciar, así que a los españoles que les ha tocado pagar el entramado corrupto de la monarquía partitocrática pueden seguir en el limbo de la ignorancia o pueden empezar a descubrir la verdad histórica de uno de los promotores de la cacareada Transición, pues la podredumbre de este tinglado de corrupción empezó por la testa coronada.

https://www.elplural.com/politica/franco-propicio-primer-robo-del-rey_200482102

La persistente malformación genética del diseño transicional de la ‘democracia’

Martxelo Alvarez

“Usted debe responder, señor Pérez Zukovich, por qué al pueblo indefenso contestaron con fusil…” Asi cantaba Víctor Jara en «Puerto Montt» y hoy, 45 años despues de su asesinato, un Tribunal chileno hace suyo al menos en principio ese “usted debe responder” y marca condenas y penas de prisión para nueve ex-militares golpistas chilenos autores o responsables en uno u otro grado del mismo en septiembre de 1973.

Mientras tanto el titular del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Pamplona ha considerado hace dos dias que los restos del general Sanjurjo, uno de los cabecillas del golpe militar del 18 de julio de 1936, sean sacados de donde reposan en estos momentos –en Melilla, donde sus restos fueron recibidos con honores militares– y sean de nuevo colocados en el “Monumento a los Caídos”, ese edificio construido para glorificar el golpe del 18 de julio de 1936, de donde fueron exhumados el 16 de noviembre de 2016 por decisión de la Alcaldía de la capital navarra.

Una más de esas “cosas” cuasi-cotidianas que siguen poniendo en evidencia la persistente malformación genética de diseño transicional de esta democracia que dicen que tenemos, ese terrible cromosoma que enlaza en perversa secuencia las sentencias de Altsasu y la de “la manada”, la continuada corruptela politica e institucional, las declaraciones en impávida banalización, reconocimiento y apologia de la tortura del guardia civil Manuel Pastrana, la vuelta de Sanjurjo a su mausoleo en implicito homenaje y reconocimiento a sus “servicios a la Patria”…

Y algunos aún pretenden entretenernos con aquello de ver los huesos de Franco a la intemperie mientras arropan y actualizan la metástasis encubierta de esa carroña distribuida promiscuamente por ministerios, despachos, juzgados, cuarteles y comisarias, desde 1975, dos años más de los que hace del asesinato de Victor Jara, ese que de haber sido vasco seguramente hubiera sido objeto de la mofa del democrático guardia civil ya mencionado Manuel Pastrana por todo lo que chillaba mientras le machacaban los dedos a culatazos…


https://www.naiz.eus/eu/iritzia/cartas/usted-debe-responder-senor

La vergonzosa desatención sanitaria del pueblo bajo el franquismo

El doctor Fraser Brockington
Un día de 2010, la historiadora Rosa Ballester se encontraba husmeando en los archivos de la Organización Mundial de la Salud en la ciudad suiza de Ginebra, en busca de informes antiguos sobre la poliomielitis en España. De pronto, entre la montaña de papeles descoloridos, apareció un documento de 43 páginas mecanografiadas en francés, con el título Informe sobre la organización de los servicios sanitarios en España. Misión efectuada entre el 28 de septiembre y el 15 de diciembre de 1967 por el doctor Fraser Brockington. Ballester se quedó con la boca abierta.

“Nadie conocía la existencia de este informe”, recuerda ahora. “Brockington inventó la medicina social y fue una de las grandes figuras de la salud pública en el siglo XX. Y nos descubrió las vergüenzas”, relata la investigadora, de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Brockington, que había sido catedrático de Medicina en la Universidad de Manchester, visitó España durante casi tres meses como consultor de la OMS y logró un acceso inédito a los despachos que manejaban la sanidad franquista. Su diagnóstico, una bofetada a la propaganda de la dictadura, ve ahora la luz por primera vez, más de medio siglo después de ser redactado.

El informe de 1967 denunciaba multitud de carencias. “Básicamente no existen consultas de especialidad ni consultas para cuidado prenatal, protección de la infancia, enfermedades venéreas y enfermedades pediátricas más que en las capitales de provincia”, sostenía Brockington. El médico también constataba “el fracaso de la Escuela Nacional de Sanidad en lo que respecta a la formación y a la investigación en Salud Pública” y alertaba del “desierto estadístico” que impedía conocer el estado real de la sanidad en España. “Los principios de la medicina social y preventiva”, escribía, “brillan por su ausencia”.

El denominado Informe Brockington deja claro que el estado de la sanidad española era “peor que el de muchos otros países en vías de desarrollo”, según subraya el historiador Esteban Rodríguez Ocaña, que acaba de publicar la traducción del documento en la revista especializada Gaceta Sanitaria. El expediente firmado por el médico británico era demoledor. Criticaba que Franco todavía no hubiese creado a esas alturas un Ministerio de Sanidad y que mantuviese descuartizadas las competencias en diferentes ministerios: la Dirección General de Sanidad pertenecía al Ministerio de Gobernación, pero la salud escolar dependía del Ministerio de Educación, los hospitales de la Seguridad Social se desarrollaban bajo la jurisdicción del Ministerio de Trabajo y la higiene ambiental recaía en los ministerios de Vivienda y Obras Públicas.

Era un caos con “efectos desastrosos”, según advirtió Brockington en 1967. “El escalón central se esfuerza poco o nada por coordinar su política. No existe un diálogo habitual entre los distintos ministerios”, alertaba. “Urge con premura resolver esta situación”.

Rodríguez Ocaña ha estudiado el origen de este embrollo organizativo. Tras el fin de la guerra civil en 1939, las facciones del bando ganador pelearon por repartirse el poder. Los militares católicos se hicieron con el Ministerio de la Gobernación y su Dirección General de Sanidad. Los falangistas, por su parte, se quedaron con el Ministerio de Trabajo y con el Instituto Nacional de Previsión, desde el que continuaron el programa de seguros sociales diseñado durante la República. El seguro obligatorio de enfermedad se aprobó en 1942, dejando fuera a la gran mayoría de los trabajadores del campo y a los desempleados. Con esta cobertura sanitaria, «el trabajador ya no sería un pobre que debería acogerse a la Beneficencia pública y vivir el rubor de ser hospitalizado entre mendigos, sino que sería un soldado a quien la sanidad de su ejército de paz atiende cuando ha sido baja en el servicio», aseguró en 1944 el ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco.

“La propaganda insiste en que el seguro de enfermedad lo inventó Franco, pero la ley del seguro de enfermedad estaba en julio de 1936 admitida en las Cortes. No se la inventaron los franquistas. Ya había fake news entonces”, explica Rodríguez Ocaña, de la Universidad de Granada. Tras el seguro de enfermedad se aprobaron el de vejez e invalidez, en 1947; el de desempleo, en 1961; y todos ellos se unificaron en un sistema de seguridad social en 1963, según relata Rodríguez Ocaña en su libro Salud pública en España. De la Edad Media al siglo XXI.

Otros expertos ya han mostrado que la propaganda franquista no coincidía con la realidad, como constató Brockington en 1967. “Los hechos no encajan con el interés mediático mostrado por la dictadura hacia el problema sanitario”, señalan la historiadora Jerònia Pons y la economista Margarita Vilar en su libro El seguro de salud privado y público en España. Su análisis en perspectiva histórica, publicado en 2014. “La partida de presupuestos destinados a la Dirección General de Sanidad como porcentaje del presupuesto total del Estado permaneció estancada entre 1943 (1,05%) y 1958 (1,02%)”, apuntan las autoras.

“Las recomendaciones de Brockington se quedaron en un cajón”, lamenta Rodríguez Ocaña. En 1936, el Ministerio de Sanidad era una bandera enarbolada por la República. La anarquista Federica Montseny había cogido las riendas del gabinete, convirtiéndose en la primera mujer ministra de un Gobierno español. Pero todo desapareció con la guerra civil. El Ministerio de Sanidad no se recuperó hasta 1977, dos años después de la muerte del dictador.

Durante su estancia en España, Brockington dispuso de un despacho en la Dirección General de Sanidad, en Madrid. Desde allí, viajó por varias provincias españolas para obtener información de primera mano. En su informe, el experto también denunciaba el pluriempleo de los médicos españoles. Rodríguez Ocaña ha encontrado unas notas autobiográficas en los archivos de la Universidad de Manchester en las que Brockington recuerda asombrado que el director de la Escuela Nacional de Sanidad, Valentín Matilla, compaginaba su empleo con otros 16 cargos. “Esa no era manera de trabajar”, sentencia el historiador.

Rodríguez Ocaña y Ballester sí reconocen algunas mejoras llevadas a cabo por el régimen franquista, como la erradicación de la malaria y la disminución de la mortalidad infantil. Antes de la guerra civil, entre 1930 y 1934, de cada 1.000 nacidos vivos morían 120 niños antes de cumplir un año, frente a los 80 de Francia. El número fue cayendo durante la dictadura, llegando a 70 en 1950 (52 en Francia) y a 28 en 1970 (15 en Francia), según los estudios de la socióloga Rosa Gómez Redondo.

Ballester pone el foco en el “desierto estadístico” que confirmó Brockington. “Ni siquiera había estadísticas. ¿Cómo iban a actuar las autoridades?”, reflexiona Rosa Ballester. “En el caso de la polio, había niños pequeños que quedaban paralíticos o no podían respirar. Cuando algunos de los gerifaltes españoles acudían a congresos internacionales presumían de contar con respiradores, los llamados pulmones de acero, en todas las provincias, pero cuando venían los observadores de la OMS veían que había tan pocos aparatos que los médicos tenían que elegir qué niño moría y cuál vivía”.

https://elpais.com/elpais/2018/07/05/ciencia/1530792287_881383.html

Severino Di Giovanni, un anarquista histórico

Darío Herchhoren

La vida de Severino Di Giovanni, siempre ha merecido la atención de escritores, cineastas y poetas, por la simple razón de que fue un hombre totalmente entregado a sus ideas, que llevó adelante sin miedo, y fue ejemplo para varias generaciones de anarquistas que siempre defendieron a la clase obrera y a los humildes.

Di Giovanni nació en Italia el 17 de marzo de 1903 y tuvo que exiliarse a Argentina como consecuencia a su oposición violenta a la dictadura fascista de Mussolini.

Fué periodista, obrero gráfico y poeta, y dejó una profunda huella en el pensamiento de la clase obrera argentina que en aquellos tiempos formaba parte de una central de trabajadores que se llamaba FORA (Federación Obrera Regional Argentina) y que tuvo entre sus miembros además de a Di Giovanni, al español Durruti, que se destacó en la guerra antifascista contra el franquismo en el conflicto que arrasó a España entre los años 1936 a 1939, a Simón Radovitsky, un anarquista ruso que acabó con la vida del coronel Ramón Luis Falcón y de su secretario como venganza de las decenas de muertos anarquistas que celebraban el primero de mayo como día de protesta universal por los derechos de los trabajadores, y que fueron reprimidos brutalmente por la policía de la capital en la plaza Lorea, frente al Congreso Nacional.

Sus amplios conocimientos de la obra de Bakunin y de Malatesta le llevaron a ocupar cargos de importancia entre los anarquistas de Argentina y llegó a ocupar el cargo de director del periódico «La Protesta», que aún se sigue editando a pesar de largas interrupciones durante las diversas dictaduras que asolaron a la Argentina.

Di Giovanni llega a Argentina con mujer e hijos y de inmediato se incorpora a las luchas obreras junto a los sindicatos sobre todo en la ciudad de Avellaneda, lindante con Buenos Aires, y sede de los grandes frigoríficos y fundiciones de hierro y acero, y lugar de origen de grandes manifestaciones reivindicativas, entre las cuales es imposible no resaltar la que dió origen a la semana trágica de 1919, donde el ejército reprimió durísimamente a los peones de la Patagonia. Es de lectura imprescindible el libro la Patagonia Rebelde del escritor anarquista argentino Osvaldo Bayer que fue llevado al cine con el mismo titulo, y donde el fallecido actor argentino Federico Luppi interpreta magistralmente a «Facón Grande» nombre que utilizaba uno de los más aguerridos dirigentes de esos trabajadores.

En esas luchas se distinguió Di Giovanni. Pero no es posible escribir algo sobre él sin mencionar a los hermanos Scarfó, italianos como él, que estuvieron a su lado en todo momento, y uno de ellos es fusilado con Di Giovanni el uno de febrero de 1931, a los 30 años de edad.

Pero hay una figura imprescindible en la vida de Di Giovanni, y es América Scarfó, hermana de los compañeros de Di Giovanni, que a los 14 años conoce a Severino, y se enamora perdidamente de él. Pero su vida no es una novela rosa. América es una anarco feminista de primera linea, y escribe sobre este tema extensos artículos, y se convierte a pesar de su juventud en una figura importante del naciente movimiento feminista argentino, que reivindica iguales derechos entre hombres y mujeres, derecho a una sexualidad libre; igual salario para hombres y mujeres; y es la musa que inspira a Severno.

Su hermano Paulino Scarfó acompaña a ambos en su proselitismo anarquista; y termina pagando con su vida cuando es ejecutado por fusilamiento junto a Severino.

Tanto Severino como Paulino participan en un atentado en el teatro Colón de Buenos Aires, el más grande e importante en el país donde se celebraba el 25 aniversario del reinado de Victor Manuel Saboya, conocido como Vittorio Emmanuele III, el rey fascita que nombra primer ministro a Benito Mussolini, con asistencia del presidente de la república Marcelo Torcuato de Alvear, y del embajador de Italia el fascista Luigi Maresoti. Estos hechos ocurren el 6 de junio de 1925 y se saldan con heridos y detenidos, que interrumpen el acto al grito de «fuera ladrones y asesinos».

Dos años más tarde, en 1927, Severino publica un comunicado en nombre del movimiento anarquista en solidaridad con Sacco y Vanzetti los dos anarquistas italianos acusados falsamente en EEUU y ejectados en la silla eléctrica.

Pero el culmen de Di Giovanni llega en el año 1930, cuando se produce el primer golpe de estado de la historia argentina. El 6 de septiembre de 1930, el ejército al mando del General José Evaristo Uriburu, y destituye por la fuerza  al presidente legítimo Doctor Hipólito Yrigoyen iniciando con ello lo que se conoce en la historia argentina como la «década infame» que en realidad duró trece años, hasta un nuevo golpe el 4 de junio de 1943, que abre las puertas al primer gobierno de Juan Domingo Perón.

La década infame fue quizá el período más negro de la historia argentina, solo superado por la última dictadura militar de 1976 a 1983 y fue la escuela de todas las dictaduras posteriores, con sus muertos, sus desaparecidos, sus parados, sus salarios de hambre y su represión, que se cebó especialmente en todos los gque luchaban por los derechos de los trabajadores. Fue el gobierno genocida del General Uriburu, quien acabó con la vida de Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó fusilándolos en la antigua Penitenciaría Nacional, que fué demolida muchos años despues, y en su lugar se construyó un parque infantil de juegos en la calle Las Heras y Coronel Diaz.

América Scarfó murió en soledad el 26 de agosto de 2006. Había Nacido en el año 1913.

El expediente Einstein

Bianchi

Existió una poco conocida campaña del FBI del siniestro J.Edgar Hoover para destruir el buen nombre de Albert Einstein (1879, Ulm, Alemania-1955, Princeton, Nueva Jersey, EE.UU.), incluido el intento de vincularlo con el espionaje soviético. Un intento de reescribir la historia para borrar la política radical de Einstein de su imagen pública presentándolo como un amable profesor (chiflado), conmiserativamente absorto, ya que su cerebro (entonces no se hablaba de «reptiliano») se movía en un plano más alto que el nuestro, tan concentrado en elevados pensamientos que no tenía tiempo nuestro hombre para las preocupaciones habituales de los demás mortales.

La única parcela de la vida de Einstein que han silenciado sus biógrafos, mayormente, es su actividad política. Era ese activismo, y no tanto los numerosos artículos y discursos políticos de Einstein, lo que la oficina de Hoover juzgaba peligroso. Mientras vivió prácticamente todas sus apariciones públicas (como una foto con el genial Chaplin), hasta cuando sacó la lengua a un fotógrafo, eran noticia. Pero desde que murió en 1955, mientras que su imagen se ha convertido en un icono, lo que en su tiempo fueron importantes crónicas de su enfrentamiento con los poderosos, se ha desvanecido. La iconización de Einstein lo ha reducido de una perspicaz crítica social a un extraordinario y absorto sabio con la cabeza (despeinada) en las nubes. Así se esteriliza la memoria con papillas biográficas.

El esfuerzo más intenso del FBI contra Einstein se produjo entre 1950 y 1955, en el momento culminante del histérico «pánico rojo» en Estados Unidos: «mi vida está dividida entre las ecuaciones y la política», dijo en varias ocasiones.

En 1895, con dieciseis años, Einstein renunció a la nacionalidad alemana y se trasladó a Suiza para no hacer el servicio militar obligatorio en los ejércitos del Káiser. Se nacionalizó suizo al acabar sus estudios. Fue en Suiza donde Einstein desarrolló parte de su obra más importante en física teórica sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento y el concepto de «éter», sustancia que entonces se creía que llenaba el espacio. En 1905 elaboró cuatro teorías relevantes, entre ellas la teoría especial de la relatividad con un apéndice en el que incluía la fórmula más veces citada: E=mc2. Volvió a Alemania -convencido por Max Planck- donde vivió la I Guerra Mundial que lo convirtió en antimilitarista e internacionalista. Al principio Einstein atribuía las guerras únicamente a la locura o la maldad humana pero pronto reparó en los factores económicos y sociopolíticos.

Einstein obtuvo el premio Nobel en 1921 (no se lo dieron antes por ser judío). Ya en periodo de entreguerras, a comienzos de 1932, Einstein pidió un boicot económico internacional a Japón para oponerse a la invasión de Manchuria. No para de alentar a los jóvenes a rechazar el servicio militar. Suya es la llamada «solución del 2%» frente a la guerra consistente en que, según sus cálculos, bastaría que el 2% de los jóvenes llamados a filas se negaran a combatir para que los gobiernos se vieran impotentes: no se atreverían a enviar a tanta gente a la cárcel. Durante su visita a los Estados Unidos en 1931 se incorporó al comité de Theodor Dreiser en defensa de los «chicos de Scottsboro», nueve afroamericanos falsamente acusados de violación y condenados a muerte.

El Departamento de Estado norteamericano, y esto es significativo, denegaba la admisión de cualquier refugiado que tuviera una ficha en la Gestapo (la viuda de Roosvelt, Eleanor Roosvelt, siempre sospechó que Hoover quería crear una Gestapo en EE.UU.). Si los nazis aseguraban que alguien tenía «tendencias comunistas», eso bastaba para proscribirlos en los USA. Lo que más agravó el conflicto de Einstein con la Administración Roosvelt fue su apoyo a los antifascistas en la guerra civil española, oponiéndose a la política de neutralidad del gobierno estadounidense. EE.UU. fue acusado de ser «neutral en favor de Franco».

Con la subida de Hitler al poder, Einstein repensó su pacifismo y defendió el uso de la fuerza militar contra él, sobre todo después del bombardeo de Guernica, la ciudad sagrada de los vascos: «al poder organizado solamente se le puede enfrentar otro poder organizado; por mucho que lo lamente, no hay otra vía», escribió. Urgió, junto con otros científicos, a Roosvelt a desarrollar una bomba nuclear antes que los alemanes, los nazis alemanes, fabricaran la suya. Mientras que el proyecto de Hitler fracasó, los científicos estadounidenses, británicos y canadienses consiguieron fabricar la primera bomba atómica.

En 1940 Einstein se hizo ciudadano americano, aunque nunca renunció a la nacionalidad suiza. Ese año fue apartado del «Proyecto Manhattan» para construir la bomba que él mismo había propuesto sin que nunca se le informara. Tuvo que conformarse con trabajar para la Oficina de Inteligencia Naval. Posiblemente, o con seguridad, no gustaran sus opiniones izquierdistas (donde Robert Oppenheimer, perteneciente al grupo, tenía una ficha del FBI de ¡7.000 páginas! hablando de su filocomunismo.) Ocurre que una vez que se tomó la decisión de fabricar una bomba atómica, la Administración Roosvelt reclutó los talentos necesarios para llevarlo a cabo… vinieran de donde vinieran. Cuando quedó claro a finales de 1944 que los nazis no iban a conseguir elaborar una bomba atómica, Washington comenzó a diseñar planes para utilizarla contra Japón, y no contra Alemania, varios de los científicos del Manhattan protestaron y algunos pensaron en abandonarlo. Sólo se fue uno. Einstein atribuyó el bombardeo atómico de Japón a la política exterior antisoviética de Truman (que sucedió a Roosvelt, fallecido). Japón se habría rendido al cabo de unos pocos meses aunque no se hubiera producido el ataque nuclear, pero había que exhibir músculo para hacer saber quién mandaba en el nuevo concierto internacional que se avecinaba.

Durante la II Guerra Mundial no se vigiló a Einstein de una manera directa;eso comenzó con el inicio de la «guerra fría» (cool war). Para el FBI, tan pronto como acabó la guerra, si no antes, todo lo que significara amistad con Rusia era antiamericano. El eje del «maccartismo» anterior a McCarthy fue el denominado «programa de lealtad» de Truman decretando el despido de los empleados del Gobierno sospechosos de «deslealtad». En el centro del macartismo no estaba el senador de Wisconsin, sino el FBI y el racista Hoover (contra judíos, negros e hispanos). Debería hablarse, con rigor, de «trumanismo».

Tras la derrota de los nazis, Einstein volvió a su pacifismo anterior (petición pública de clemencia para el matrimonio Julius y Ethel Rosenberg acusados de espiar para los soviéticos y pasarles secretos de la bomba atómica).

Einstein no era un comunista, pero tampoco un histérico y primario anticomunista, ni muchísimo menos.

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